Capítulo 42:
Cuando Rodolphus y Bellatrix Lestrange se casaron fueron a vivir a la mansión familiar de la familia Lestrange. Era una mansión en toda regla: quince habitaciones perfectamente arregladas, todas con su saloncito y baño privado, tres piscinas en el interior, una cocina enorme, gimnasio, biblioteca… y mazmorras. Bellatrix había convencido a su esposo para que cediera las mazmorras a los rehenes que hicieran los mortífagos en sus "salidas". Y allí era donde habían acabado Will, Remus y Hermione. Tras mucho insistirle, Will había aceptado acercarse a ellos y ahora estaba sentado en el suelo junto a Remus escuchando muy atento el cuento de Babitty Rabitty y su cepa cacareante que le contaba el muchacho. Hermione, mientras tanto, intentaba ver a través de un ventanuco que había en la puerta.
-¿Puedes ver algo?- preguntó el niño.
-No, nada- gruñó Hermione- Esto empieza a ser desesperante.
-Tarde o temprano vendrán a vernos, tranquila- dijo Remus.
Hermione suspiró dejándose caer al lado de Remus. Se le daba muy mal ser paciente.
-¿Cómo te encuentras tú de los cortes?- preguntó refiriéndose a los cortes que le había hecho Voldemort.
-Bien, ya casi no me duelen- sonrió Remus, pero ella sabía que mentía- Podrías ser una gran medimaga.
Hermione puso los ojos en blanco.
-No creo, mis aspiraciones se van más al terreno de la Ley Mágica- explicó.
-¿Quieres ser auror?- exclamó Will, con los ojos abiertos como platos.
-No, más bien abogada.
-Mi sueño es ser profesor- dijo Remus- Pero no creo que pueda lograrlo, por mi… problema.
-Nunca renuncies a tus sueños- susurró Hermione- Lucha, el no ya lo tienes, no te rindas.
-Dices cosas muy bonitas, Hermione- dijo Will.
-Hablo por experiencia, cielo- sonrió ella- Con una voluntad fuerte hasta el más inútil puede triunfar.
-Yo de mayor quiero ser rompedor de maldiciones, para Gringotts- dijo el pequeño.
Hermione sonrió y pensó en Bill, el hermano mayor de Ron, que era rompedor de maldiciones en Egipto.
-Es una profesión difícil- dijo Remus- Pero si a ti te gusta…
Los tres rieron. En ese momento se abrió la puerta de un golpe y entró Voldemort en las mazmorras. Hermione y Remus se levantaron de un salto dejando al niño detrás de ellos.
-Vaya, veo que ya habéis despertado- sonrió Voldemort.
-¿Qué quieres de nosotros?- inquirió Hermione.
-Directa al grano, así me gusta- dijo Voldemort.
-No me hagas perder la paciencia- avisó la chica.
-Que arisca- observó Voldemort- ¿Es siempre así?- preguntó a Remus.
Remus lo fulminó con la mirada.
-Bien, si deseáis empezar tan pronto las hostilidades… de acuerdo- aceptó Voldemort- Verás, Hermione, desde el verano pasado tenemos noticias entre mis mortífagos y yo de una bruja de extraordinario talento entre las filas de Dumbledore. Esa chica eres tú. Al principio di orden de que, de tener oportunidad, acabaran con tu vida. Ayer por la noche me di cuenta de cuan grave error habría cometido. No solo eres una magnífica estratega, sino que has sido capaz de desarmarme a mí, lo cual puedo asegurarte que no ha pasado nunca.
Hermione lo miraba atónita mientras Will la miraba con creciente admiración.
-Es por ello que detuve a Bellatrix e impedí que te mataran- continuó Voldemort- Una bruja como tú, un talento como el tuyo no es algo que surja al azar. Eres extraordinaria, como yo soy extraordinario. Te admiro tanto como llegué a admirar a Albus Dumbledore- sonrió- Es cierto, lo admiro, aunque también lo odio.
-¿Qué es lo que intentas decirme?- dijo Hermione con un hilo de voz.
-Pretendo que te unas a mis mortífagos- propuso Voldemort ante la mirada atónita de sus tres cautivos- Eres inteligente y sabes que hay ciertos conocimientos, ciertas artes que nunca podrás desarrollar del todo porque son artes… prohibidas, artes que se consideran malignas. ¿Por qué se consideran malignas? El conocimiento es poder, Hermione, tú lo sabes. Si conocieras las artes oscuras, podrías desarrollar ampliamente tu potencial, serías la mejor bruja del mundo. Nadie podría superarte.
Hermione lo continuaba mirando impertérrita. Remus, por su parte, lo enfrentó con rabia.
-¿De verdad crees que va a aceptar?- repuso- Ella no es como tú, nunca aceptaría las artes oscuras.
-Cállate, niño- se burló Voldemort- No lo entiendes. La magia oscura no es tal. Nos han hecho creer que sí pero no lo es. Lo que llamáis magia oscura es simplemente aquella clase de magia que ciertos magos han rechazado porque no la comprenden y porque aquellos que sí lo hacen son más grandes que ellos. Por eso lo rechazan, porque ansían ese poder pero no lo comprenden.
-Basta- cortó Hermione con el rostro serio.
Voldemort retrocedió unos pasos hacia la salida de la mazmorra.
-Nunca aceptaré unirme a tus mortífagos- dijo ella mirándole a los ojos.
Voldemort la miró furioso.
-Haré como que no he oído eso- dijo- Volveré mañana por la mañana para oir tu respuesta, tienes toda la noche para reflexionar. Si la respuesta es afirmativa, os sacaré a ti y tu amiguito Remus de estas mazmorras y si es negativa… bueno, sabré a qué atenerme.
Con un movimiento de cabeza salió de las mazmorras, dejándolos en la oscuridad de nuevo.
-Dime que no piensas aceptar- susurró Remus.
-¿De veras me crees capaz de aceptar?- se indignó ella.
-No, claro que no- suspiró aliviado Remus.
-Parece mentira que me conozcas, Lunático- sonrió ella.
S&H
Dumbledore se dejó caer en una silla del cuartel de la Orden del Fénix. Estaba agotado. Había escrito el día anterior cartas para las familias de James, Sirius, Peter y Lily explicándoles la situación y comunicándoles los deseos de sus hijos de unirse a la búsqueda. Todas las familias, excepto la de Sirius, habían respondido afirmativamente a la petición, por lo que los cuatro muchachos se hallaban en las habitaciones superiores descansando del largo día de registros buscando a Remus y Hermione.
-¿Señor?- dijo Sturgis Podmore- Ha llegado una lechuza para usted en su ausencia.
-Gracias, Sturgis- dijo Dumbledore. Tomó el sobre que le alargaba y leyó la misiva, conteniendo una sonrisa.
-¿Buenas noticias?- preguntó Sturgis.
-Más o menos. Espero que me ayuden a encontrar a Hermione y Remus- aclaró Dumbledore, poniéndose en pie con renovada energía- Me voy, tengo que reunirme con alguien.
S&H
Al día siguiente Voldemort entró por la puerta de la mazmorra seguro de su éxito. Con una bruja de la talla de la joven a su lado du conquista del mundo mágico sería cuestión de unos cuantos meses… pero no esperaba su respuesta.
-No- respondió la chica nada más verle entrar. Concisa y directa.
Voldemort clavó en ella su mirada furiosa. Miró al niño y a Remus, de pie al lado de Hermione.
-¿Estás segura?- preguntó con voz fría por la rabia- No concedo segundas oportunidades.
-Antes se congelará el infierno- siseó ella.
Voldemort asintió lentamente y se giró hacia la puerta. Oyó tras él el suspiro de alivio que soltó Remus y sonrió. Rápidamente dio media vuelta y apuntó hacia donde estaban los tres prisioneros.
-AGACHAOS- gritó Hermione, tirando al suelo a sus compañeros de martirio.
El hechizo, un gran invento por su parte, dio contra la pared, haciendo que emitiera un brillo verdoso. Con ese hechizo, inventado por él mismo, los miembros de la Orden del Fénix iban a ver como si fuera una televisión todo lo que ocurriera en la mazmorra. Sonrió por el dolor y las ansias de venganza que provocaría en ellos lo que iba a hacer a continuación. Hermione le dirigió una mirada fulminante. Iba a averiguar quién era él. Con un solo giro de muñeca hizo aparecer en el suelo unas cadenas que maniataron al niño y a Remus.
-¿No quieres unirte a mí?- susurró con una voz peligrosamente dulce, acercándose a ella- Bueno, por lo menos me concederás el honor de saber dónde está el cuartel general de la Orden del Fénix.
-Nunca- dijo ella. Tenía los ojos dilatados por el pánico, que intentaba mantener a raya.
-Respuesta equivocada- negó él- CRUCIO.
La muchacha se encogió de dolor y empezó a gritar, cayendo al suelo. El niño empezó a llorar por el sufrimiento de la chica. Levantó la varita y oyó a Hermione sollozar, acurrucada en el suelo.
-Dime donde se ocultan- presionó él.
-No- dijo ella con dificultad.
Voldemort sonrió y miró hacia la pared, deseando que Dumbledore estuviese allí para ver su rostro.
-CRUCIO.
Esta vez mantuvo el hechizo durante cinco largos minutos, en los cuales Hermione gritó y se retorció en el suelo mientras Will sollozaba y Remus gritaba que parase.
-¿No vas a decírmelo, Hermione?- preguntó.
Hermione sollozaba en el suelo y negó débilmente con la cabeza.
-CRUCIO- conjuró por tercera vez. Al minuto Hermione se desmayó y él retiró el hechizo. Entonces se giró hacia sus otros prisioneros y los liberó de sus cadenas. Ambos corrieron hacia la chica y la examinaron para ver cómo estaba.
-Solo está inconsciente pero cuando despierte más os vale convencerla de que acepte revelarme donde está el cuartel general, por su propio bien y el vuestro- dijo Voldemort y, con un revuelo de su túnica, se fue de las mazmorras.
S&H
Toda la orden se encontraba desayunando cuando ocurrió. La pared del salón donde se encontraban desapareció y en su lugar apareció una escena de una mazmorra. En ella, de espaldas a ellos, estaban tres figuras que reconocieron como Hermione, Remus y un niño. Frente a ellos estaba Voldemort.
-Dios mío, Hermione, Remus- susurró James.
Sirius miró la pared con desesperación. Por lo menos parecía que estaban bien, enteros.
-¿Y ese niño?- preguntó Lisa, sujeta de la mano de Xennophilus, su novio.
-Se llama Will French- contestó Dumbledore junto a Sirius- Es el hijo de dos aurores del ministerio. El niño desapareció hace un tiempo.
En ese momento Voldemort maniató a Remus y al niño y empezó a hablar a Hermione.
-¿No quieres unirte a mí?- susurró, acercándose a ella- Bueno, por lo menos me concederás el honor de saber dónde está el cuartel general de la Orden del Fénix.
-Díselo- susurró Moody, desesperado.
-No lo hará- dijo Kate- Es muy terca.
-Eso es lo que me preocupa- dijo Moody.
-Nunca- dijo Hermione y todos gimieron.
-Respuesta equivocada- negó él- CRUCIO.
La muchacha se encogió de dolor y empezó a gritar, cayendo al suelo.
-NOO- gritó Sirius.
-Sirius, no podemos hacer nada- dijo Dumbledore.
-Sí, podemos, tenemos que encontrarlos y pararle- dijo completamente enloquecido.
-Dime donde se ocultan- presionó Voldemort en la mazmorra.
-No- dijo ella con dificultad.
-CRUCIO- gritó de nuevo.
Cada segundo que pasaba se hacía eterno para todos ellos. Todos querían y apreciaban a Hermione, por lo que cada grito que ella profería era como un cuchillo en sus almas. Al fin, tras cinco eternos minutos, paró.
-¿No vas a decírmelo, Hermione?- volvió a preguntar.
Hermione sollozaba en el suelo y negó débilmente con la cabeza.
-CRUCIO- conjuró por tercera vez.
Impotentes, los miembros de la Orden solo podían mirar y desear que el tormento de la chica terminase pronto y si para ello había de traicionarles, pues bienvenida sea esa traición. Al minuto Hermione se desmayó y todos respiraron aliviados. Entonces se giró hacia Remus y el niño y los liberó de sus cadenas. Ambos corrieron hacia la chica y la examinaron para ver cómo estaba.
-Como ahora empiece a torturarles a ellos también os juro que no descansaré hasta matarlo poco a poco- juró Sirius.
-Y nosotros te ayudamos- dijo James, firme.
-Solo está inconsciente pero cuando despierte más os vale convencerla de que acepte revelarme donde está el cuartel general, por su propio bien y el vuestro- dijo Voldemort y, con un revuelo de su túnica, se fue de las mazmorras.
Observaron como Remus mandaba al niño a por un poco de agua del odre para poder curar las heridas de Hermione con su ayuda. Dumbledore se levantó al cabo de unos minutos y dijo:
-No es posible esperar- dijo con voz fría, colérica- Hay que actuar rápidamente. Tengo un plan que no puede fallar.
