Capítulo 43:

Dolor. Aunque apenas podía moverse solo sentía dolor. Desde hacía tres días Hermione sufría torturas diarias que acababan con ella inconsciente y con heridas y fracturas por todo el cuerpo. Remus no sabía ya cómo vendarla con las exiguas vendas que confeccionaba con sus ropas y cada día estaba más preocupado por ella.

-No va a sobrevivir si siguen así- musitó Remus a Will una de las veces que Voldemort salió de las mazmorras- Apenas tiene fuerzas y ya ni si quiera puede comer. Esto es inhumano.

El pequeño Will tomó la mano de Hermione y le acarició el brazo, como si el simple roce de su mano pudiera insuflarle nuevas fuerzas a la joven.

-No va a morirse ¿verdad?- preguntó el niño con la cabeza gacha- Ella dijo que vendrían a salvarnos.

-De seguir así no aguantará- se lamentó Remus, pero al ver que Will empezaba a llorar lo abrazó- Esperemos que se den prisa.

Al cabo de unas horas Hermione empezó a moverse.

-¿Estás bien?- preguntó Will.

-Me duele el brazo- musitó ella con un hilo de voz. Tenía los labios agrietados- Tengo sed.

Remus agarró el odre con el agua y lo sostuvo con una mano y con la otra alzaba a Hermione como si fuera un bebé para que su amiga bebiera.

-Esta vez fue rápido- sonrió débilmente Hermione.

-Porque estás sin fuerzas, maldita sea- estalló Remus, sin embargo la dejó en el suelo con total suavidad.

-No puedo traicionarles. Las personas que componen la Orden van a ser muy importantes en el futuro, no deben morir- explicó Hermione con dificultad.

-¿Y por eso debes dejarte morir?- dijo Remus- ¿Qué pasa con Sirius?

Hermione cerró los ojos ante un espasmo de dolor.

-Yo no soy importante- dijo con dureza- Todo debe ocurrir como tendría que haber ocurrido si yo no estuviera.

-¿No entiendes que ya ha cambiado el futuro? Todo es diferente ahora. Evitaste muertes, evitaste emboscadas de mortífagos…

-No cambié lo esencial- cortó Hermione- si traiciono a la Orden… morirán personas que conozco, que aprecio… y que en un futuro conoceré. No insistas Remus, no lo haré.

Remus abrió la boca para replicar, pero se abrió la puerta y entraron Voldemort, Bellatrix y un tipo que iba con una capa cubierta por una capucha. En cuanto los vio entrar, Hermione se deshizo de la presa de Remus y, en un esfuerzo supremo, se sentó en el suelo donde minutos antes estaba tumbada. No iba a dejar que la vieran vencida.

-Veo que has despertado- dijo Voldemort- Bien, me alegro, así podré ver tu cara cuando te dé las buenas noticias.

-¿Qué buenas noticias?- dijo ella con altivez.

-Hemos asaltado Azkaban- dijo Voldemort.

Hermione palideció, ya que allí había peligrosos mortífagos capturados en misiones pasadas.

-De hecho… todos quieren pasar… a saludarte- continuó Bellatrix, con una sonrisa enorme en su cara.

Remus miró a su amiga, esperando que dijese algo, pero Hermione se había quedado paralizada, con la boca abierta de pánico.

-No sigáis más con esto, por favor- suplicó entonces Remus- La vais a matar si seguís a este ritmo.

Con las palabras de Remus Hermione despertó de golpe.

-Calla- susurró- No voy a decir ni una palabra.

-¿No?- rió Voldemot- Entonces a lo mejor te sueltan la lengua dos mortífagos: Bellatrix y… creo que ya os conocéis ¿verdad?

El hombre que tenía el rostro cubierto por una capucha se quitó la capa y ambos amigos sintieron que se les caía el alma a los pies. Era un hombre joven, de unos veinte años, con el pelo castaño un poco más largo de lo normal y los ojos azules, serios.

-Anthony- consiguió pronunciar ella.

-¿Creías que te habías librado de mí, verdad?- dijo él con una sonrisa cruel.

-Yo os dejo- dijo Voldemort- Espero que lo hagas bien, chico- dijo dirigiéndose a Anthony- Te hemos ayudado mucho anteriormente.

Anthony asintió.

-Estará orgulloso de mí.

Voldemort salió de las mazmorras y cerró la puerta. Antes de que se cerrara Remus se abalanzó sobre Anthony con intención de quitarle la varita y conseguir huir, pero Bellatrix lo hizo a un lado con un movimiento de su varita. Nada más tocar el suelo aparecieron unas cadenas que lo maniataron, igual que a Will, al suelo.

-Has tenido suerte, sangre sucia- dijo Bellatrix que, aunque más joven y hermosa que como la conoció en su tiempo, seguía siendo la misma horrible persona- Ha venido conmigo una persona que te tiene tantas ganas como yo- rio como una loca al decir aquello, pero nadie más rio- De hecho, Anthony lleva suplicando que se le conceda desquitarse contigo desde que lo sacamos de Azkaban hace dos días y le dijimos que estabas prisionera.

-Qué suerte la mía- dijo Hermione sin dejar de mirar a Anthony- Tú y yo fuimos buenos amigos, Anthony… por favor, no lo hagas, me conoces.

Anthony la miró como si fuera un bicho en la suela del zapato.

-Tantos meses en Azkaban han hecho que todo lo que sentía por ti se desvaneciera. Me despreciaste- dijo con rabia- Solo te importaba tu querido Sirius. Pues bien, ahora ha llegado el momento de desquitarme.

Bellatrix y Anthony se pusieron frente a Hermione, que lo miraba con lágrimas en los ojos.

-No, por favor- suplicó Hermione- Eres mi amigo.

Anthony la miró inexpresivo.

-Ya no. CRUCIO.

Hermione se encogió en posición fetal y aguantó hasta que él levantó la varita… sin gritar.

-SUPLICA, ESTÚPIDA, SUPLICA POR TU VIDA- gritó Bellatrix- CRUCIO.

Hermione se sujetaba el torso con los brazos con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, pero no gritó.

-No te daré ese gusto, maldita- escupió Hermione.

En ese momento Hermione vio que Anthony hacía un movimiento de varita hacia ella, pero no pronunció ningún hechizo. Se encogió esperando otra ola de dolor, pero no pasó nada. Bellatrix, que no había visto a su compañero porque estaba de espaldas a él, estaba enloquecida.

-Ahora verás- sonrió- CRUCIO.

Hermione volvió a encogerse pero, a pesar de ver el hechizo cruciatus impactar contra su cuerpo no sintió nada y miró a Anthony, alucinada. Bellatrix, sorprendida, siguió la dirección de su mirada. Sin embargo, no llegó a volverse del todo, ya que un hechizo desmaius de Anthony la hizo caer al suelo.

-Anthony… ¿Qué demonios?- balbuceó Hermione mientras él liberaba a Remus y Will de sus ataduras.

-¿No creerías en serio que me uniría a los mortífagos, eh?- dijo Anthony con una sonrisa.

-¿Qué vas a hacer con nosotros?- inquirió Remus, enfrentándose a Anthony.

-Vengo a salvaros- explicó Anthony- Dumbledore vino a verme a la cárcel de Azkaban diciéndome que, hace unos meses, tú les dijiste que Voldemort iba a liberar presos de Azkaban un día de esos. También me contó que te habían hecho presa y que no tenían forma de saber dónde te tenían encerrada. Me pidió que les hiciera creer que deseaba venganza por mi amor no correspondido- movió la mano para dar a entender que eso era agua pasada- y que deseaba torturarte yo mismo, así que eso hice. Los acabé convenciendo (que gran actor soy, por cierto) y me trajeron aquí. Estos dos días los pasé averiguando los puntos débiles de la casa y ver por donde podríamos salir. Y eso es todo. He venido para llevaros al cuartel general. Por cierto, saludad a esa pared, que nos estarán mirando- dijo Anthony, saludando a la pared.

-¿Qué dices?- inquirió Hermione.

-Voldemort hizo un hechizo hace tres días. Esa pared está encantada y todo lo que ocurre en esta mazmorra se ve como si fuera una teletutión en el cuartel general.

-Televisión- corrigió Remus.

-Por cierto, ahora que me acuerdo- dijo Anthony, mirando la pared- Estamos en la mansión Lestrange y los voy a sacar por las cocinas.

-¿Te han oído?- preguntó Hermione.

-Claro- sonrió él- Les dije que cuando os fuera a liberar les iba a decir a través de la pared donde estábamos para que, si había algún contratiempo, nos pudieran ayudar.

-Genial- sonrió Will.

-Vamos, no tenemos tiempo. He robado vuestras varitas- dijo Anthony, tendiéndole a Remus su varita y la de Hermione.

-¿Cómo lo hacemos?- dijo Remus.

-A ver, no te ofendas, pero tú no tienes fuerzas para un duelo- Remus negó con la cabeza, ya que era inútil negarlo. Anthony prosiguió- Así que he pensado que yo voy primero con la varita lista, tú vas detrás de mí llevando a Hermione en brazos y Will detrás de ti.

-Puedo andar perfectamente- se molestó Hermione.

Los dos chicos la miraron y arquearon una ceja con incredulidad.

-Bueno, vale- aceptó ella a regañadientes.

Minutos más tarde Anthony abrió la puerta de la mazmorra y asomó la cabeza:

-No hay nadie, vamos- dijo.

Remus avanzó, llevando a Hermione en brazos, y seguido por Will, que lo agarraba de la túnica como si temiera perderse.

-Vamos.

Ascendieron las escaleras que daban acceso a las mazmorras y, al final de éstas, encontraron una puerta.

-Esta puerta nos lleva a un corredor- explicó Anthony- Hay girar a la derecha. Al final del pasillo hay una puerta que nos llevará a las cocinas. A esta hora no hay elfos domésticos allí, están limpiando.

Remus cruzó la puerta como un rayo con Will y Hermione en cuanto Anthony la abrió. Ando a zancadas hasta la puerta de la cocina y allí esperaron a que se reuniera con ellos Anthony. Cuando lo hizo, llevaba el entrecejo fruncido.

-¿Qué?- susurró Remus.

-Es extraño, no había nadie en el pasillo… ni un alma.

Remus sintió que se le ponía la piel de gallina, pero agarró con fuerza a Hermione y dijo:

-Tenemos que continuar, si no, es seguro que nos atraparan.

Anthony asintió y abrió la puerta de la cocina, pero pesaba mucho para sostenerla él solo con una mano, así que Remus entró de espaldas, para apoyar la puerta en su espalda y sostenerla mejor. Cuando se dio la vuelta se quedó helado, ya que por lo menos treinta mortífagos los miraban sonrientes. Miró a Anthony que tenía la misma cara susto que él.

-¿No creerías en serio que me iba a fiar de ti de buenas a primeras, verdad?- dijo la voz fría de Voldemort desde una silla.

-La verdad, me sorprendió ser tan buen actor, si- dijo Anthony mirando a Voldemort con asco. Qué diferencia con la mirada de sumisión que le dedicó apenas media hora antes.

-No saldréis vivos de aquí- escupió Voldemort.

-Yo creo que sí- dijo una voz de espaldas a Voldemort.

Detrás de todos los mortífagos estaba la Orden del Fénix al completo, junto con Sirius, James, Lily y Peter.

-MATADLOS- gritó Voldemort. Estaba furioso porque su hechizo, que utilizó para que la Orden sufriera viendo cómo torturaba a una de los suyos, había servido para que averiguaran dónde estaban.

Anthony cogió a Remus y lo obligó a ponerse de rodillas, cubriendo a Hermione y Will con su cuerpo.

-Dolohov- rugió Anthony a continuación y empezó a pelear contra el mortífago.

Remus, por su parte, sacó su varita y empezó a lanzar hechizos contra todo mortífago que veía acercarse a ellos mientras avanzaba hacia sus amigos, a los que había divisado a lo lejos. Cuando apenas le quedaban cinco metros de camino Sirius lo divisó, lanzó un hechizo contra el mortífago con el que peleaba y corrió hacia ellos.

-Sirius- sollozó Hermione y le tendió los brazos. Sirius, muy pálido, la cogió de entre los brazos de Remus, que ya no podía sujetarla más, y la abrazó con fuerza. James, que venía tras Sirius, abrazó a Remus.

-Menos mal que estás bien- dijo en su oído- CUIDADO- gritó y lo apartó de la trayectoria de un hechizo de color verde.

Lily, que en ese momento estaba abrazando a Sirius y Hermione a la vez, se acercó corriendo a Remus y, abrazándolo por la cintura, lo sacó de la cocina junto con Sirius y Hermione.

-Allí hay unos trasladores- dijo Lily, señalando unas zapatillas- Vamos, nos llevará al cuartel general y allí os curaré.

-¿Tú?- susurró Remus.

Lily le guiñó un ojo.

-Sabes que soy la mejor en hechizos curativos y de defensa. Hermione sonrió imperceptiblemente.

Los cuatro amigos tocaron con un dedo las zapatillas. En seguida notaron como si un gancho los agarrara por debajo del ombligo y los llevaba lejos del campo de batalla.