La Audiencia

Respire profundo y entre a la torre.

Se me revolvieron las entrañas.

La gran sala no estaba llena, como supuse que estaría. Solo estaban los tres ancianos, sentados en una especie de tronos, que se amoldaban a la redondes de la pared.

El rostro de los tres era serio, calmado y con tintes de escepticismo, el cual se desvaneció en cuanto nuestras miradas se cruzaron y su expresión cambio.

La marcada expresión de aburrimiento de Marco, se convirtio en interrogante y ladeo levemente la cabeza, hacia el lado derecho. Me vio de arriba a abajo sin decir una sola palabra. Cayo hizo una mueca de repulsión, que poco a poco se convirtió en hostilidad, al retraer el labio superior, mostrándome los dientes. De los tres lideres Vulturi, Cayo era el que mas me odiaba y el que había demostrado, que me quería eliminar a toda costa, sin importar el precio. Pero no contaba con los enormes lob...

Mire a Aro por primera vez.

A pesar de que sus ojos eran cubiertos por una capa lechosa, brillaban con intensidad, dándole una apariencia aun mas estrafalaria. Me miraba entre sorprendido y fascinado. Se movió hacia adelante sin levantarse de su asiento, para verme mejor, quizas.

Camine lentamente hasta situarme en medio de la torre. Cuando caminaba mis zapatos hacían un eco escalofriante. Estaba conciente de que cada paso que daba me acercaba mas a mis antiguos enemigos.

Pensandolo bien, esto había sido una pésima idea. Como se me había ocurrido ir a Volterra? No me había dado un ataque cuando supe que me querían en sus filas? Pero recordé la expresión de aquellos monstruos al decirme la intensión de los Vulturi, así que saber que les haría daño, aunque fuera el mas mínimo... si, soportaría las consecuencias de esta decisión.

Hice una pequeña reverencia a los tres ancianos.

-Gracias por recibirme - susurre con voz amable.

Aro sonrió ampliamente al escuchar mi voz.

-Renesmee -Aro dijo mi nombre como si lo cantara-. Mírate nada mas. Que extraordinaria criatura. Tan hermosa como extraña. Dime que traes una respuesta a mi invitación...

Se levanto de su silla y se acerco lentamente con una sonrisa.

-Me temo que mis capacidades no son suficientemente útiles como para que se me considere ser parte de algo tan... prestigiado, Aro - trate de que mi voz no temblara.

Aro sonrió de nuevo, como la sonrisa que le dedica un tierno abuelo a su nieto, que no ha visto en años. Luego su mirada se torno curiosa.

-Mi querida... en si, toda tu, eres algo digno de poseer. Tu eres la prueba de lo capaces que podemos llegar a ser. Eres la prueba de que lo... prohibido, puede llegar a ser extraordinariamente hermoso. Tu habilidad de la comunicación, por medio de tu don, si, no nos seria de gran utilidad, pero el solo hecho de tenerte, nos hace únicos. Pero claro a menos de que tu familia no lo quiera y tu tampoco...Y tu familia? - pregunto cayendo en cuenta de que iba sola.

Baje la cabeza, sin saber que responder.

-Ellos no saben que estas aquí, o si?

Negue con la cabeza, mirándolo tímidamente a los ojos.

-Tienes la misma expresión que Edward la vez que estuvo aqui - murmuro con aire distraido, pensativo y mirando el techo.

Giro a cabeza hacia mi con expresión de alarma.

-A eso has venido, Renesmee? A pedirnos que te eliminemos?

Cayo sonrió desde su lugar. Estaba claro que el mismo quería hacer el trabajo.

-No, no he venido a eso.

-Me quitas un gran peso de encima - puso la mano derecha sobre su muerto y frío corazón-. Por que la respuesta hubiera sido no.

Aquella conversación me parecía de lo mas absurda. De verdad, en que demonios pensaba cuando el venir a Volterra, me parecía buena idea?

-Para ser honesta Aro, me intriga la posibilidad de pertenecer a este lugar -mentira!- Pero no estoy muy segura, ya quien me asegura que cambiaran de opinión y encuentren otra escusa y...

-Me hiere profundamente que pienses de ese modo, nosotros nunca haríamos algo así -aja-. Pero en tus ojos puedo ver que esa no es del todo la razón de tu presencia. Ha ocurrido algo. Tus ojos no brillan; son hermosos de eso no hay duda, pero se ven apagados, sin vida - se acerco un paso mas y me vio directamente a los ojos-. Algo muy malo te ha ocurrido.

Trate de desviar la mirada, pero no pude.

-Tus padres estan bien? Como esta mi querido amigo Carlisle? Como esta la encantadora Alice? Como es que ellos que te defendieron con tanta vehemencia de las acusaciones que... bueno -sonrió a modo de disculpa-. Por que has venido realmente Renesmee? - exigió con voz suave y aterciopelada.

Aro acaricio el aire con su pálida y huesuda mano, como si estuviera acariciando mi rostro. Sus ojos se oscurecieron por la sospecha. Respiro por la boca, cerrando los ojos y saboreo con la lengua el olor de mi sangre.

Trataría de mostrarle lo ocurrido en la playa, mi huida, a William... para que no viera todo lo que había en mi mente y tenerlo bloqueado. No sabia si funcionaria, pero no perdía nada con intentarlo.

Extendí mi mano hacia Aro.

-Puedo? - pregunte muy seria.

En sus ojos surgió una chispa divertida. Tal vez penso que esa linea le correspondía a el decirla. Levanto la mano, no sin cierta vacilación de su parte y la unió a la mía. Cuando recordé todo aquello para mostrarselo a Aro, sentí como se desgarraba mi pecho de nueva cuenta. Abrí los ojos y vi Aro tenia los suyos cerrados y el ceño ligeramente fruncido. Deje que el dolor, la pena ,el enojo y la ira, tiñeran las imágenes.

Me detuve hasta el momento en que caí en los brazos de Felix.

El vampiro de piel pergaminosa me miro con ternura y después me miro confundido.

-Interesante -murmuro juntando sus manos y alejandose de mi unos cuantos pasos-. Siento mucho lo que ha ocurrido. Pero creo que estas equivocada. No te han mentido, te han ocultado ciertas cosas, pero no es mentira lo que sienten por ti. Edward -me estremecí al escuchar su nombre- te adora por completo.

Negue con la cabeza compulsivamente.

-Estuve dentro de su cabeza Renesmee - me recordo con ternura.

-Ese no es el punto! Ellos me mintieron, me ocultaron cosas que yo debería saber. No los quiero volver a ver nunca.

De reojo vi como Marco y Cayo se miraron rápidamente.

Quería que sufrieran tanto como yo. Y que mejor forma de hacerlos sufrir que estar bajo el cuidado de los Vulturi. Unirme al enemgo. No quería volver a pasar lo que viví en Londres. Y sabia que ellos no se atreverían a ir a Volterra por mi. Seria una misión suicida.

-Tu me hiciste una invitación Aro y estoy considerando seriamente aceptarla. Pero primero me gustaría pasar un tiempo con ustedes. Ver si me adapto, si encajo con el ambiente, las costumbres, las ideas... Esto no es algo que se tome a la ligera y no puedo decidirme aun. No cuando mi pensamientos son un caos.

Aro escucho mi balbuceante delirio, con rostro inescrutable. No sabia que me diría. Por su parte Marco suspiro y puso su cara de aburrido, Cayo me hizo mala cara.

Claro que yo nunca encajaría en un lugar como ese. Pero necesitaba un muy buen pretexto para poder quedarme y que ellos no vinieran a buscarme. Sabia que la psíquica pronto dejaría de ver Volterra, si es que la estaba buscando en sus visiones. Pero estaba segura, que no llegarían tumbando puertas, para rescatarme de las manos codiciosas de Aro.

Esperaba que los Vulturi dejaran que William me acompañara. No quería ponerlo en peligro, pero lo necesitaba para mitigar el dolor y no estar sola en aquel lugar que me asutaba. Ya estaba ahí y no había vuelta atrás.

Por fin Aro pareció cobrar vida, poco a poco me sonrio. Su sonrisa se fue agrandando hasta mostrarme sus afilados y blancos dientes.

Yo estaba muy nerviosa.

-Tus palabras me hacen tan feliz Renesmee! Has alegrado la vida de estos tres viejos tristes y solitarios - estaba segura que solo lo hacia feliz a el - Eres bienvenida!

-Gracias Aro -respire con alivio en lugar de temblar de pies a cabeza-. No sabes cuanto te lo agradezco -le sonreí-. Pero te puedo pedir un pequeño favor?

-Por supuesto.

-Vengo acompañada... te importaría que el se quedara también?

-Otro joven? -asentí-. Me encanta que la gente joven venga. Felix! - dijo en voz alta.

-Si amo - murmuro el aludido al entrar a la torre.

-Trae al amigo de la encantadora Renesmee, por favor.

Aro se acerco muy sonriente a mi. Por primera vez ve fije en su atuendo y en el de los otros dos ancianos.

Llevaban puesto pantalon de vestir oscuro y camisas de seda.

-Quiero decirte que en verdad lamento lo ocurrido con tu familia -parecía sincero, pero no le creí tanto, ya que eso lo habia beneficiado-. Durante tu estancia con nosotros, quiero que te sientas en confianza, que nos veas como tus tres abuelos - me sonrió con ternura.

Que?

-William! - exclamo con alegría.

Voltee a verlo y ambos suspiramos de alivio. Mi amigo se acerco a nosotros con expresión cautelosa.

-Me han hablado solo maravillas de ti. Gracias por cuidar de ella - Las palabras de Aro seguían siendo como las de un tierno abuelo.

-De nada, señor.

-Lo siento, no los he presentado correctamente -me disculpe, tomando del brazo a Will-. Willam te presento a Aro, culpable de que tengas una identidad secreta, y puedas vivir en las sombras sin ser reconocido por lo que en verdad eres.

-Mucho gusto - musito mi amigo algo nervioso.

Aro sonrió ante mi presentación y extendió la mano hacia Will, a modo de saludo. Pero lo que en realidad quería era entrar en su mente. Estaba casi segura de que Aro solo vio lo que yo le había mostrado, por lo que vio que William era mi único amigo y compañero en eso momentos. Y que ambos no sabíamos nada de quien fue su creador.

Will me miro con la interrogante en sus lindos ojos dorados. Asentí para darle valor. Ambos vampiros juntaron sus manos solo unos segundos. Aro frunció el ceño y abrió los ojos extrañado y maravillado al mismo tiempo.

-Por todos los cielos! Estuviste tu solo por tu cuenta? No reconosco la voz de tu creador. No sabes como me gustaría ayudarte a encontrarlo y hacerlo pagar por andar creando vampiros y no encargarse de ellos -mascullo Aro con cierto enojo-. Luego me encargare de eso -después poso su mirada en mi-. Veo que tus sentimientos, por la bella Renesmee son sinceros.

Sonrió y un brillo especial surgió en sus ojos.

Que? Que los sentimientos de Will por mi eran sinceros?

Oh oh.

William bajo la mirada, luego me miro de reojo.

-Y muy fuertes -agrego Aro con su escalofriante sonrisa aun mas ancha-. Oh, lo siento, perdón! Pensé que Renesmee ya lo sabia, por la forma en que piensa de ti, pensé que era algo mutuo, que los sentimientos de ambos -me tense al sentirme incomoda-. Lo lamento de verdad, que entrometido estoy esta mañana - soltó una risita ligera.

-Noche - corregí.

-Noche? Los años no pasan en vano mi querida Ya no puedo distinguir... - suspiro.

-Felix! - murmuro Marco a la espalda de Aro, levantándose de su asiento.

-Si amo - respondió entrando de nuevo a la torre.

-Arregla todo para la estancia de nuestros jovenes invitados -murmuro con voz monótona-. Separados pero cerca - no supe a que se refería.

Marco el vampiro mas antipático del mundo -aparte de Alistair-, mando a su soldado mas letal a arreglar una habitación o tal vez una mazmorra para mi?

Cayo hizo un sonido de disgusto, desde lo mas profundo de su garganta.

Felix asintió.

-Todo estara listo en un momento - musito Aro con voz amable.

-Gracias, desde el fondo de mi corazón, gracias -le dije a los tres ancianos. Marco me... sonrió?-. Pero no creen que habra algún problema con los... demás, por nuestra inoportuna presencia?

-Desde luego que no - respondió el lider de pelo negro

-Regresamos mañana Aro. Tenemos nuestras cosas en una posada de la cuidad - le avise a nuestro anfitrión.

-Mañana? -pregunto desilusionado-. No, regresen hoy mismo. Es mas Demetri y Santiago los acompañaran.

Aro organizo todo en unos pocos segundos mientras, Cayo salio a toda prisa, no soporto un minuto mas en mi presencia, supongo.

Diez minutos después, William, Santiago, Demetri y yo entramos de nuevo al castillo por una entrada mas convencional con nuestras bolsas y maletas en mano.


Capitulo largooo!