Harry Potter es de JK y la Warner y yo hago esto sin ánimos de lucro.

Dad gracias a la rápida actualización a que mi profesora no ha venido y he tenido que matar una hora y media como he podido.

Este OS se basa en el Prompt XII: Amor Prohibido.


Capítulo II: Lo que calla Daphnee Greengrass.

Daphnee Greengrass es conocida por ser la única slytherin que no le gusta sobresalir. Por ser la única chica slytherin que no le gusta llamar la atención.

No es raro teniendo en cuenta el ambiente en el que se ha criado. La familia Greengrass, orgullosa familia sangre pura, con un linaje tan intachable que puede remontarse hasta la Época de los Fundadores de Hogwarts, es una de las familias más herméticas de la sociedad mágica.

Todo aquel que lleve el apellido Greengrass es fácilmente reconocible por su porte regio y su cara inexpresiva.

Porque todo aquel que nace bajo el apellido Greengrass es instruido, o educado, desde bien pequeño a comportarse de una forma determinada, a creer unas ideas concretas, a ser un mago, o bruja, con un determinado y bien definido perfil.

Todo mago que porte el apellido Greengrass es educado a actuar según un determinado rol y conducta tan rígidas, que es imposible crecer o desarrollarte como persona.

A Daphnee Greengrass todas esas enseñanzas le vinieron el doble de duras a causa de que ella era la principal heredera, y ese hecho venía condicionado a que era mujer. Por eso siempre se había visto obligada a seguir, a comportarse, según el patrón que le habían inculcado desde pequeña con más rigurosidad e inflexibilidad que cualquier otro miembro de su familia.

Los Greengrass no caminan encorvados. Caminan con la espalda recta, nunca apartan la mirada, nunca la bajan. Nunca miran a nadie si no es por encima del hombro. No hay nadie que merezca tus atenciones, ni siquiera otro sangre pura que pueda compararse a ti. No mostramos emociones, no tenemos de eso. Lo más importante es la familia, la familia y mantener puro el linaje y elevar su prestigio.

Honor et familia.

Daphnee aún puede escuchar las palabras de su abuela cada vez que sus pasos resuenan solitarios por los pasillos lúgubres de Hogwarts.

Aún puede sentir la penetrante mirada de su abuelo, clavada en su espalda, cada vez que se sienta y cruza las piernas.

Aún puede sentir las manos frías y entumecidas cada vez que sujeta su varita y finge aprender un nuevo conjuro. Porque ella ha sido educada desde bien pequeña en todas las artes mágicas. No hay nada que le enseñen en ese colegio que sus padres no se hayan tomado la molestia de que un profesor particular le haya enseñado por su cuenta ya.

Y es que nacer en el seno de una de las familias mágicas más poderosas del mundo a veces tiene sus ventajas.

Nunca verás a Daphnee Greengrass vestir cualquier cosa que no sea una tela de la más exquisita y fina calidad. Nunca la verás sin algo brillante de incalculable valor colgando de sus orejas o atado a su cuello, como su fuera una cadena y ella una presa.

Así que esa es la verdad, Daphnee Greengrass se siente presa, se siente atrapada en una jaula de marfil y piedras preciosas.

En una jaula opresiva y que cada vez la asfixia más.

¿Cómo puede soportar día tras día ver cómo su vida se le escurre entre los dedos y ella no puede hacer nada para evitarlo?

A Daphnee Greengrass le agobia, la ahoga, no tener una oportunidad de disfrutar. A Daphnee le aterra morir y no haber vivido nunca en absoluto.

Y quizás es por eso, quizás es por sus ansias de vivir, de aferrarse a algo que no está marcado como ella, que calla lo que calla.

Y es que Daphnee Greengrass se enamoró de la persona más inesperada.

Daphnee nunca admitirá ni dirá a nadie que en una temprana e incipiente mañana de verano se enamoró de Harry Potter, el niño que vivió.

Y es extraño, porque nadie diría que alguien como ella pudiera llegar a enamorarse de alguien como él.

Y no fue porque él la salvara de un apestoso troll, o derrotara a un dragón por ella. No, simplemente se paró y la ayudó a recoger sus libros, y cuando sus ojos, sus verdes ojos la miraron y le sonrieron, ella sintió que algo se quebraba dentro de ella y que jamás podría volver a como era antes.

Aquella mañana Daphnee Greengrass sintió cómo su corazón aleteaba por primera vez debido al amor.

Sin embargo, Harry Potter era un niño que a ella le estaba vetado. No sólo por su comportamiento o sus amistades, sino también porque había derrotado a Lord Voldemort, y eso era lo peor que cargaba ese niño a sus espaldas.

No obstante, el amor es imprevisible y te azota de las formas que menos lo esperas. Así que, contra todo pronóstico, Daphnee Greengras hizo la primera cosa que estaba absolutamente prohibida para ella: enamorarse de Harry Potter.

Aún recuerdo perfectamente al padre de ese chico. Era maleducado, un pretencioso y un auténtico sinvergüenza.

Daphnee se acuerda de las palabras de su sonrojada madre el día que casi se chocan con Harry Potter y la familia Weasley al salir de la estación de King Cross.

Dapnhee no supo qué le había hecho James Potter a su madre para que se sonrojara de aquella manera. Más a ella no le importaba, ella sólo se fijó en la forma en la que aquel niño sonrió y abrazó a Granger.

Daphnee quería que él la abrazara y le sonriera así.

La chica no sabe cuándo empezó exactamente esa extraña e impropia atracción que sentía hacía Potter. Sólo sabía que estaba ahí y que por nada del mundo se desharía de ella. Por muchos crucios que le lanzara su padre o por muchas horas que estuviera de pie descalza sobre la nieve porque las damas y herederas aguantan lo que sea.

Quizás se enamoró de Potter porque sin proponérselo, encontró una alma gemela en ese chico.

Potter también estaba marcado como ella. Él era el único heredero de una familia sangre pura antiquísima que muy fácilmente ganaba en linaje a los Greengrass. Él también debía comportarse y actuar según un rol prestablecido. Él era el Elegido. Todos esperaban algo de él, grandes cosas.

Y Daphnee envidiaba y admiraba al mismo tiempo cómo él, que no tenía nada, que sólo tenía un nombre, que no tenía aspiraciones y que era famoso por algo que ni siquiera había hecho conscientemente, podía sonreír despreocupadamente como si pudiera curar cualquier mal sobre la tierra.

Daphnee sabía que eso era imposible. Pero ahí estaba ella, observando cómo desprendía su luz, observando cómo parecía sanar a cualquiera que tocara. Observando cómo a pesar de todo él era una persona que valía la pena y que su alma era pura y brillante a pesar de todas las veces que su jaula intentaba resquebrajarla.

Daphnee tenía envidia de no poder ser así, de no poder aferrarse a la vida y vivirla como Harry Potter sí hacía.

Ella quería que Potter la enseñara a vivir.

Quería que Potter la bañara con su luz y la liberara de sus cadenas.

Pero eso no podía ser. Daphnee Greengrass había nacido con grilletes y éstos le quemarían la piel hasta que se muriera.

Es por eso que Daphnee calla, calla y se ahoga, en ese amor prohibido que siente hacía Potter.

Porque Potter a ella le está vetado, y aunque nunca pueda tenerlo, aunque nunca pueda aspirar a que sus profundos ojos verdes la reconozcan, el simple hecho de tener algo suyo que se sale de todo lo que ella debe ser le da fuerzas para levantarse cada día y consumirse más lentamente.

Ese amor prohibido es lo que le da fuerzas a Daphnee.