Capítulo 9.- Decepciones e Ilusiones
Con la información que le había sonsacado a Rosmerta, Severus Snape se propuso saber más de Granger. Estaba claro que lo que él suponía que sabía de la muchacha, no era ni por asomo cómo era ella realmente.
En sus clases comenzó a observarla con más atención, como preparaba las pociones, como interactuaba con sus amigos en los días que estaba en el colegio, en como conversaba con Minerva y los otros profesores, y con el tiempo, se dio cuenta de que la chica no era igual a sus amigos. Él la había catalogado dentro del grupo de alcornoques como sus compañeros, pero al fijarse más se convenció en lo errado que estaba, había prestado atención a las conversaciones sobre ella que hacían sus colegas y llegó a la conclusión de que en realidad era diferente a los demás alumnos. Sin darse cuenta, empezó a interesarse en Hermione, en sus modales, tomó nota de las conversaciones que mantenía con el resto del profesorado.
Por su parte, Hermione pasaba dos mañanas a la semana en el colegio por causa de las clases de Pociones. No quería incordiar a su profesor, por lo que no le había dicho nada por lo tarde de las clases. Realmente disfrutaba esas mañanas en las que por causa de su profesor ella debía ocupar el dormitorio que le había ofrecido Minerva. Había decidido que sacaría lo mejor de ello, y eso se traducía en que compartía el desayuno en la mesa de los profesores o con sus amigos en la mesa de Gryffindor.
Hoy precisamente era uno de esos días en los que compartía el desayuno con Minerva.
- ¿Qué tal va tu investigación Hermione?- preguntó la anciana con verdadero interés.
- ¡Oh! Muy bien Minerva, muchas gracias por ese dato que me diste. Ahora ando en busca de un ingrediente para mejorar la poción de agudeza. – le dijo Hermione con una sonrisa, mientras untaba una tostada con mermelada de frambuesa.
- ¿Poción de agudeza? Tal vez el Profesor Snape podría ayudarte… – le dijo mirando de reojo al maestro sentado al otro lado.
Severus la miró con esos ojos oscuros e inclinó la cabeza.
- Si quiere puede pasarse por mi despacho después del desayuno, tengo la siguiente hora libre.- Comentó con aire de aburrimiento y dando el último sorbo a su café, se levantó y salió sin más del comedor.
Tanto Minerva como Hermione se quedaron con la boca abierta. Por un momento creyeron que el profesor se negaría, pero ante esta invitación…
- Mejor voy de inmediato, no vaya a ser que se arrepienta de camino a su despacho… - Minerva la animó con la mano a que saliera tras el oscuro hombre. Hermione tomó su tostada y una manzana y salió rauda tras su profesor.
Minerva aún en una pieza no lograba reaccionar… ¿Pero qué había sido eso? Snape siempre la terminaba desconcertando.
Hermione llegó al despacho de su profesor, quien al notar que ella lo seguía, había dejado la puerta abierta. Sabía que la chica no iba a dejar pasar una oportunidad como esa.
- Permiso profesor… - Hermione se encontraba muy nerviosa, su profesor nunca se había ofrecido a ayudar a nadie, menos a ella, la amiga de san Potter…
- Dígame señorita Granger ¿Qué es exactamente lo que busca? – le preguntó mientras ordenaba teatralmente los ingredientes de su despensa.
- Bueno, mmm… - Hermione no sabía por dónde empezar, mientras pensaba cómo explicarle a su profesor, se rascaba distraídamente la sien derecha, justo al inicio de su cabello. - No sé exactamente qué es lo que busco, pero necesito algo para potenciar la poción de agudeza…
- ¿Y para qué quiere usted lograr potenciar la poción de agudeza? Desde ya le digo que no va a hacer que usted sea más inteligente o entienda mejor las cosas. – le dijo con su sarcasmo habitual. – Debería saber que esta poción sólo sirve para ayudar a recordar lo que uno ya sabe… y no creo que usted pueda superar su sabelotoidismo con esa poción. – dijo como último insulto.
- No se preocupe profesor, que no es para mí. – le dijo con evidente molestia. Sabía que aceptar la ayuda de su profesor no iba a ser fácil, pero necesitaba el ingrediente, así que se mordió la lengua de las ganas que tenia de responder y se quedó callada mientras Severus la miraba a los ojos.
El maestro de pociones sabía que ella se estaba aguantado las ganas de replicar a sus comentarios, por lo que se sorprendió que se quedara callada y aguardando a que él dijera algo.
Debía ser muy importante para ella lograr su objetivo… ¿tendrá que ver con sus padres? Se preguntó - ¿Qué más iba a ser Severus?- le respondió su conciencia, - ¿es que no has entendido aún, que ella tiene un objetivo fijo? ¡RECUPERAR A SUS PADRES! ¿Por qué no lo entiendes?
Severus bufó, bastante molesto era tener a la comelibros Granger enfrente mirándose las manos para que además venga su conciencia y le grite. Mirándola nuevamente a los ojos, optó por no ser tan bastardo por una vez.
- Entonces Granger, ¿me puedes explicar para qué quieres mejorar una poción que de por sí, ya funciona a la perfección?
Con un suspiro de resignación, Hermione le contó todo a su profesor. La difícil decisión que tomó antes que comenzara la guerra, y cuando todo había acabado, su afán por recuperarlos. Su dedicación en sus ratos libres, desde contratar a los detectives para encontrar a sus padres, hasta ver qué pociones necesitaría para volverlos a su estado normal en el menor tiempo posible.
- Ya sé dónde se encuentran, - continuó con su explicación la muchacha, claramente emocionada. - les puse un hechizo de rastreo para no volver a perderlos. Sé que al deshacer el obliviate, ellos tardarán un tiempo en recuperar la memoria, por lo que he estado investigando que otras medidas podía tomar para acelerar el proceso de recuperación de su memoria. Hasta este momento, he pensado que la poción de Agudeza me puede ayudar, pero como usted debe saber, su efecto no es inmediato. – terminó de explicar Hermione.
Severus que había estado escuchando cada palabra de la chica, no podía creer que hubiese avanzado tanto. Con razón Minerva estaba tan orgullosa de ella. A medida que la chica iba hablando él había estado pensando en otros procedimientos y hechizos que a la castaña no se le habían ocurrido, pero eran muy invasivos y deberían trabajar y emplear mucho tiempo, por lo que iba a estudiar la forma de plantearle esto a Granger. Eran hechizos muy avanzados y algunos estaban catalogados como magia oscura.
- Como bien sabe Granger, modificar una poción ya existente tiene sus riesgos, y también debes saber porqué el creador de la misma no incluyó que ingrediente específico cuando sería lo más lógico y otro que tal vez no tiene importancia si lo incluyó. – le explicaba Severus mientras ella lo miraba fijamente y tomaba nota mentalmente. – si quieres que te ayude, debes seguir mis indicaciones al pie de la letra, ¿Queda claro? – le dijo mirándola seriamente.
Hermione no se podía creer que su profesor le iba a ayudar a modificar una poción ya existente, ¡Estaba alucinando con todo lo que iba a poder aprender!
- Claro profesor – le aseguró la chica. – haré lo que usted me diga.
- Muy bien, entonces empezará por hacer una lista de cada ingrediente presente en la poción, sus propiedades y cómo influye en la misma al mezclarse unos con otros. – empezó a indicar Severus.- va a necesitar además, de su equivalente en aritmancia y por su reacción al modificar su masa y volumen. – y así siguió Severus enumerando una larga lista de cosas a seguir para lograr su objetivo.
Trabajaron todo el resto de esa hora, hasta que Snape la tuvo que despachar porque estaba por empezar su clase. Hermione se fue directo a la biblioteca del colegio, estaba abocada al cien en lo que le había pedido su profesor. No se dio cuenta de la hora que era hasta que Ron llegó a su lado.
- No sabía que aún estabas en el colegio… - le reprochó en cuanto llegó a su lado.
- Estoy haciendo una investigación sobre unas pociones para el profesor Snape. – le dijo sin dejar de escribir en uno de sus cuadernos, a lo muggle, como lo hacía cada vez que se adentraba en una investigación que le demandaba tiempo y concentración.
- No sé cómo puedes escribir en esas cosas, además, si es un trabajo para el murciélago, ¿porque no lo haces en un pergamino?
Hermione dejó de escribir y lo miró como se mira a un niño de cuatro años y debes explicarle las cosas.
- Porque este no es el trabajo, Ron. – le informó. – sólo son notas que estoy tomando para prepararlo. Y si escribo en un cuaderno muggle es porque aquí tengo toda la información junta y no desperdigada por todas partes como con los pergaminos. – tomó su cuaderno y cerrándolo lo echó a su mochila. – además las puedo llevar a todas partes. – Ron tenía cara de no entender. Decidiendo que no era importante cambió de tema.
- ¿Qué vas a hacer este fin de semana? – preguntó como si nada.- tenemos salida a Hogsmeade… pensé que tal vez podíamos ir juntos – le preguntó mientras le tomaba las manos.
- Me encantaría, hace tiempo que no estamos juntos. – le contestó con una sonrisa.
- Perfecto, ¿nos vemos el sábado en las tres escobas?- le dijo acariciándole la mejilla con el dorso de la mano. Hermione solo asintió y le dio un casto beso en los labios.
- Veo que no está haciendo lo que le pedí Granger – se oyó que decía Snape desde un rincón de la biblioteca.
Los dos se separaron del susto que les dio el profesor, ninguno se había dado cuenta de que estuviera en la biblioteca. Ron solo lo miró con cara de pocos amigos, y dándole un suave apretón de manos a Hermione se dio media vuelta y salió apresurado a su próxima clase.
Hermione se dispuso a ordenar los libros que había estado usando en su investigación cando vio que su profesor se había acercado a ella.
- No debería dejar que su novio Weasley le distraiga de sus obligaciones Granger. – le dijo mordaz. – si hace eso, no logrará su objetivo.
- No me estaba distrayendo profesor, sólo vino para invitarme a Hogsmeade este sábado. – no sabía por qué le estaba dando explicaciones, pero sentía que debía.
- No crea que me interesa Granger, sólo espero que no me esté haciendo perder mi tiempo al ayudarle. – y diciendo esto, salió de la biblioteca.
Hermione lo miró molesta mientras se retiraba, si había estado todo el tiempo allí, se habría dado cuenta de que ella había estado haciendo lo que le había pedido. Con un suspiro tomo su mochila y se dirigió a las afueras del castillo para aparecerse a Grimmaud Place.
La semana había pasado y Hermione se encontraba en las Tres Escobas con un café en las manos esperando a sus amigos que llegaran. Estaba muy contenta, había terminado con todo lo que le había pedido Snape y le había quedado tiempo para avanzar en las otras materias. Esperaba poder dedicarse el domingo entero a ver cómo estaban sus padres. Se sentía responsable por lo que les pudiera pasar, así que los estaba monitoreando cada domingo para ver que estuvieran bien.
A lo lejos vio como empezaban a llegar los estudiantes de Hogwarts, y se apresuró a terminar su café para esperar a sus amigos.
Pero solo llegó Ron, cosa que le extrañó. Pensando que sus amigos vendrían más tarde le sonrió y esperó que se sentara a su lado.
- Hola Herms, ¿llevas mucho tiempo esperando? – le preguntó mientras le besaba.
- Un rato, ¿y los chicos? – preguntó mientras Ron pedía unas cervezas de mantequilla.
- No vendrán, se quedaron en el castillo. – le dijo con una sonrisa.
Hermione se sintió un poco triste, deseaba conversar con Ginny. Iba a tener que esperar hasta el lunes.
- Herms... – le llamó Ron mientras tomaba un sorbo de cerveza. – había pensado que tal vez podíamos pasar un tiempo juntos… a solas. – le dijo mientras la tomaba de las manos y la miraba a los ojos – No sé, quizás dar un paseo, ¿te gustaría? – Hermione solo asintió mientras sonreía.
- Está bien, ¿pero dónde podemos ir? – preguntó – no puedes salir de Hogsmeade siendo alumno de Hogwarts.
- Lo sé, no te preocupes, yo sé de un lugar en que nadie nos molestará. – y dejando unos galeones para pagar su consumo, la tomo de la mano y salió con ella de las tres escobas.
Después de caminar un buen rato, en donde la castaña le hablaba de sus logros con sus padres, de cómo Minerva le había ayudado a colocar el hechizo de rastreo en ellos, y de la ayuda que estaba consiguiendo con Snape, no se había dado cuenta de adonde se dirigían. Sólo cuando Ron se detuvo, es que ella se fijó en donde estaban.
- ¿La casa de los gritos? – preguntó con sorpresa. – no me gusta mucho estar aquí, no me trae buenos recuerdos… - le dijo mientras recordaba la sangre de Snape esparcida por todo el piso, la angustia, el miedo y la desesperación al pensar que el profesor muriera en sus brazos.
-Tranquila, ya todo eso es historia, nada nos puede dañar, Voldemort está bien muerto. – dijo mal interpretando el escalofrío de la chica. – no debes sentir miedo, yo estoy aquí, nada te pasará.- y la abrazó mientras se aparecía con ella dentro de la casa.
Hermione sólo se abrazó de Ron, no quería mirar el entorno, así que cuando la besó ella simplemente respondió. Siguieron besándose hasta que sintió cómo Ron empezaba a empujarla hacia atrás. No le dio importancia, y siguió besándose, las manos de Ron se movían por todo su cuerpo. Ella sin pensarlo siquiera, empezó a corresponder a las caricias, recorriendo los brazos y luego el pecho de Ron, mientras él le sacaba lentamente la camiseta que llevaba puesta, cuando sintió el frio recorrer por su cuerpo, se detuvo y abrió los ojos.
- Ron, no debem…
- Shh… no hables, sólo déjate llevar… - le interrumpió él mientras volvía a besarla.
Con un movimiento Ron terminó de empujarla y Hermione sintió el borde de algo blando, y cuando cayó se dio cuenta de que estaba sobre una cama. Abriendo bien los ojos, miró a su alrededor y advirtió que nada estaba como lo recordaba. En un rincón de la habitación había una cama con doseles, había una chimenea que aún no era encendida y estaba todo muy limpio. Miró a Ron a los ojos y en su mirada pudo ver las intenciones de él. Se soltó de su abrazo y se desapareció dejando a un Ron frustrado y derrotado, y lo peor, es que todo sin haberle dicho una palabra. Había visto sus ojos, la decepción en su mirada era evidente. Harry le había advertido que no era una buena idea llevar a Hermione a la casa de los gritos, pero él confiaba que con las mejoras y los arreglos que había hecho Hermione iba a caer redonda a sus pies. No entendía qué le pasaba a ella, cualquier chica se habría sentido honrada de que se hubiera tomado tantas molestias para tener un lugar decente donde estar juntos. Con esos pensamientos, la frustración y un gran dolor entre sus piernas, se dirigió de vuelta a Hogsmeade.
Tal vez encontrara a alguien que quiera compartir la cama con él.
Se había cansado de esperar.
…
Harry estaba esperando a Ginny para dar un paseo por los jardines del castillo, hacía tiempo que no compartían un momento a solas, entre las clases y sus obligaciones como aprendiz de Auror casi no le quedaba tiempo para ella, sabía que tenía un poco abandonada la relación con ella, pero en realidad no le alcanzaba el tiempo. Iba a tener que organizarse mejor si no quería perderla.
Mientras pensaba en esto se encontró con Luna que volvía del bosque prohibido, venía descalza y un poco desabrigada. No sabía por qué cada vez que hablaba con Luna o la veía a la distancia conversar con sus amigas, o simplemente verla caminar sola por los jardines del castillo sentía un calor reconfortante que no sabía cómo nombrar.
- Hola Luna, ¿No tienes frio? – preguntó viéndola de arriba abajo.
- Un poco – le respondió con una sonrisa – pero es por poco tiempo.
- No te vayas a resfriar – Harry en un acto caballeroso que no sabía que existía dentro de él le colocó su capa por los hombros. – ven te acompaño a tu torre.
- Gracias Harry, pero no voy a la torre. – le dijo con una sonrisa tímida frente al acto del chico.
- ¿Entonces? –quiso saber.
- Voy a las cocinas por un poco de chocolate caliente, siempre que vuelvo de mis paseos en el bosque, los elfos me regalan uno para entrar en calor.
- Chocolate caliente… Mmmm… - dijo Harry cerrando los ojos e imaginándose una humeante taza del líquido. – ¿Te moleta si te acompaño? – preguntó de repente.
- Para nada, estoy segura de que Dobby estará encantado de regalarte una taza a ti también.
- ¡Perfecto! – y sin pensarlo, Harry tomó de la mano a Luna y tirando de ella se dirigieron a hacia la torre de Hufflepuff.
- Harry, ¡Harry espera! – le llamó Luna.
- ¿Qué pasa?
- ¿Tú no ibas a los jardines cuando nos encontramos?, ¿No ibas a encontrarte con alguien?- le preguntó mientras Harry caía en la cuenta de que efectivamente se había olvidado de Ginny.
- Ehh... si… pero no era importante – le contestó sin pensar demasiado en las consecuencias por dejar plantada a Ginny. Solo deseaba no dejar de sentir esa calidez que emanaba de la mano de Luna y no sabía cómo llamarlo.
Entraron a las cocinas cuales delincuentes entran a robar a un almacén. Dobby, en cuanto los vio entrar se apresuró a ofrecer su ayuda en lo que necesitaran.
- ¡Harry Potter! – exclamó el elfo – ¿en que lo puedo ayudar señor?
- Hola Dobby, ¿Nos puedes traer chocolate caliente y galletas para Luna y para mí? – pidió con amabilidad.
- Claro que Dobby puede, Dobby traerá el mejor chocolate caliente y las mejores galletas a Harry Potter y a la señorita amiga de Harry Potter, Dobby está para servirles, tomen asiento, Dobby no demorará nada. – diciendo esto se dirigió a las cocinas.
- Gracias Dobby – le gritó Harry.
Esperaron en un silencio calmo mientras esperaban el chocolate, Luna se miraba las manos, mientras Harry la miraba detenidamente, sus rasgos, su pelo, la forma de mirar todo a su alrededor… Ginny no era tan delicada, ella iba siempre al choque, por eso le gustaba, pero Luna… Luna tenía una forma especial de decir y sentir las cosas.
Harry se preguntaba qué haría Ginny si la llevara a las cocinas a tomar chocolate… posiblemente incluiría a Ron y a Hermione, ella siempre los tomaba en cuenta. Nunca podía tener un día a solas con ella, solo para compartir un simple chocolate caliente, esas cosas sencillas eran las que a Harry les gustaban, pasear por el parque, compartir un chocolate, o simplemente sentarse a compartir un momento con la persona amada… nunca había tenido la ocasión de hacer algo así con Ginny, ella siempre estaba rodeada de gente, su familia, sus amigos, pero nunca los dos solos… excepto claro, cuando se escabullía a su dormitorio en la madriguera. Él quería paz en su vida, ser como cualquier persona y olvidar que era el héroe de guerra, ser solo un mago más, tener su familia y ser feliz.
Y ahora, se estaba tan bien compartiendo un momento de silencio con Luna, ella no lo obligaba a decir nada…
- Aquí esta Dobby con el chocolate para Harry Potter y su amiga señor – Harry se sobresaltó por la llegada del elfo, se había olvidado de los elfos en la cocina, solo estaban él y Luna como en una burbuja.
- Gracias Dobby, eres muy amable. – le dijo con una sonrisa sincera
- Si Dobby, - le sonrió Luna - ¡muchas gracias!
Se miraron en silencio con una sonrisa cómplice mientras se llevaban el chocolate a los labios al mismo tiempo.
¡Hola mis queridas lectoras!, aquí llego con un nuevo capítulo que sé que estaban esperando con ansias... jejeje
Como vemos, a Ron no se le quita lo borde... mire que llevar a Hermione a la casa de los gritos en plan romántico... no, si a la legua se ve que no es muy ingenioso que digamos, por decir algo suave...
Severus cada día se fija mas en Hermione, ¡y le va a ayudar con la poción! ¿no es tierno? ains...
¿y a quien no le gusta el chocolate caliente cuando hace frío? bueno, está claro que a Harry y Luna les encanta! jajaja ya veremos como se lo toma Ginny cuando se entere... (se frota las manos).
espero sus comentarios via lechuza!
saludos,
Valitos
