Muerte

El chofer me despertó cuando por fin se detuvo el auto.

-Señorita... señorita - escuche su voz a lo lejos.

-Jacob! - fue lo primero que dije al despertar.

-Señorita, me parece que es aquí.

Mire por todas las ventanillas.

Me parecía que estaba soñando. Estaba por fin en casa, estaba en La Push. Justo a la entrada de la reserva.

Con las piernas adormecidas por los nervios, me baje del auto. El conductor amablemente de entrego mis maletas. Camine por las calles aun dormidas, hasta la casita color rojo, con el corazón a todo galope. Deje caer las maletas y corrí hasta la puerta, llorando.

Era muy temprano, ya casi amanecía, pero sabia que Billy estaría despierto.

Le pediría a Jacob perdón de rodillas si era necesario. Toque desesperadamente a la puerta.

-Renesmee! - exclamo Billy sorprendido.

Se veía muy demacrado, ojeroso, e incluso unos años mas viejo. Era otro daño colateral, causado por mi.

-Donde esta Billy? Quiero verlo, necesito verlo.

-Me temo que ya es muy tarde, Renesmee - me miro acusatoriamente.

Sentí como mi corazón -bueno los restos de el- se convertía en piedra.

-No... no, no lo es... -solloce-. Dime donde esta por favor... te lo suplico.

Su mirada llena de dolor y rencor me provocaron nauseas. A mi mente llego la imagen, el recuerdo de esa pesadilla donde yo mataba a Jacob al beber toda su sangre. Bebí su sangre hasta que su corazón dejo de latir.

Ya no era una simple y espantosa pesadilla, era una realidad. Yo había matado a Jacob Black.

-No Billy, por favor. Donde esta?!

-Que haces tu aquí?! - pregunto Embry a mi espalda.

-Donde esta Jacob? Quiero verlo - mi voz era apenas audible para mi.

-Para que? Para rematarlo? Para clavar el ultimo clavo en el ataúd?

No! No, no, no. Yo lo mate. Yo lo mate!

Caí de rodillas frente a ellos.

Nadie dijo nada. Ni siquiera los pajaros cantaban, el viento no soplaba, el mar no se escuchaba... Todo estaba... muerto.

Como el, como yo.

Como pudo Jacob hacerme esto?!

Como pude hacerle eso a Jacob?!

Volvería a Italia. Tenia que morir. Merecía morir.

Me levante del suelo y corrí. Corrí con todas mis fuerzas. Corrí hasta que me encontré en un lugar extrañamente familiar y a la vez desconocido. Había una adorable casa de un color amarillo suave, a la mitad de un hermoso y grande claro.

Era nuestra casa. Estaba ahí! Olía a el.

Subí desesperada los escalones del poche y abrí la puerta. La casa estaba completa y amueblada. Todo olía a el. El había estado ahi, el la había hecho. Toque con manos temblorosas el pasamanos de las escaleras, fotografías mías de pequeña a un lado de un enorme lobo con abundante pelaje rojizo.

Era igual a la casa que planeamos aquella noche, en ese mismo claro. Era perfecta, pero el ya no estaba ahí. Ahí no había nadie mas que yo y mi dolor.

El había muerto, pero pronto lo alcanzaría y así, solo así, por fin podríamos estar juntos, toda la eternidad.

Llore con la cara pegada al suelo de madera del recibidor de la casa. Era tan linda. Era grande, de dos pisos, con un pequeño ático. Un ancho y largo porche rodeaba el primer piso de la casa, para poder pasar las tardes en el, tomados de la mano y bebiendo limonada. Con ayuda de Esme, habría logrado que crecieran rosales, junto a las escaleras del porche. Emmett y Jake harían un columpio, bajo los robles, por petición mía.

En esa casa habíamos planeado pasar el resto de nuestras vidas, vidas que ahora ya no teniamos.

Me levante cuando el sol ilumino el jardín. No se como lo hice, pero me levante. Tenia que buscar mis maletas y regresar a Italia. No iría a casa, con mi familia, ellos me impedirían regresar a Italia y mas si papa leía mis intenciones.

Camino a Volterra haría cartas para Bella y Edward... donde les diría que habían sido los mejores padres del mundo. La mala hija habia sido yo. Ellos habían estado ahí para mi desde un principio. Bella me había dado la vida, literalmente. Había dado su vida para que yo naciera. Me había amado incluso cuando yo la mataba desde dentro. Edward había armado un ejercito de vampiros para protegerme de los Vulturi. El me amaba por sobre todas las cosas. No podía haber mejores padres que ellos. Me habían protegido, incluso de ellos mismos.

Fui una ciega.

Ahora debía partir y enfrentar las consecuencias de mis decisiones. Yo misma nos había conducido a Jacob y a mi, a la muerte. Salí de la casa arrastrando los pies y recordando la ultima vez que vi a Jacob Black. Alto, fuerte, hermoso lleno de vida. Lo había visto convertido en lobo.

Ese día inicio la cuenta regresiva a nuestra muerte...


Miércoles - Fantasmas

Sábado - Sin Retorno

Domingo - Epilogo: Impulso. Y una sorprecita... a quien me la pida

Lunes - SUNSHINE