Hacía un rato que el café se había enfriado.
Severus Snape se encontraba inmóvil en su sillón, no había sido capaz de empezar la conversación con su conciencia, sabia de ante mano que la pelea estaba perdida. No entendía cómo había sucedido, pero lo cierto era que Granger se había metido en su mente desde hace un tiempo, concretamente desde que se presentó en su despacho con esa ropa muggle, mostrando más de lo que debería.
Pero Granger no había reparado de que él se había fijado en ella, no, ella solo tenía un propósito y no se desviaba de él. El del problema era él, que se había fijado en sus curvas, en su cabello que ahora no estaba como escoba, sino que la sabelot… no, Hermione (debía acostumbrarse a llamarla por su nombre) lo sabía manejar y hasta se veía sedoso.
Desde ahí Severus perdió la batalla para no fijarse en ella, había hecho todo lo posible por conocerla más, sus intereses, sus problemas, que quería hacer en el futuro… y con cada descubrimiento, ella se adentraba más en su corazón. Había sido un insensato, esto no estaba bien, pero ya nada no podía hacer.
En un principio había atribuido este interés en Granger en que tenía muchas cosas en común con Lily, su Lily. Había confundido los sentimientos que albergaba en su corazón como los mismos que sentía por Lily, sin darse cuenta que entre ellas no había nada en común, excepto claro ser hija de muggles y que ambas pertenecían a la Casa de Gryffindor, pero nada más...
¡Por Merlín! Él que creía que ahora podría vivir su vida tranquilamente con su deuda saldada con Lily, ahora llega Granger a torturarlo… no, si él era masoquista, le gustaba sufrir por mujeres que no podía tener.
Además, ella nunca se fijaría en él, ella, tan hermosa y tan perfecta nunca lo miraría de otro modo, ¿quién en su sano juicio se fijaría en alguien como él, feo, amargado, viejo y para rematarlo ex – mortífago…? no, si él estaba maldito desde el día que nació.
Desde su infancia había sabido que su vida sería miserable, lo que nunca se imaginó es el nivel de tortura que iba a tener que aguantar. Pero ahora… esto rayaba en la locura, seguro los crucios que había recibido le habían tocado alguna neurona y le había afectado la cabeza… y el corazón de paso… - le recordó su conciencia.
Y el corazón, asintió él dándole la razón a su conciencia, su corazón era el que más había sufrido con lo de Lily, y seguía sin aprender.
Levantándose de su sillón, se dirigió a su dormitorio con una decisión ya tomada. No sacaba nada con darle más vueltas al asunto, ya tenía las cosas claras.
Estaba enamorado de Hermione Granger y no había vuelta atrás, solo quedaba acostumbrarse a vivir con este dolor en el pecho al saber que ella nunca se fijaría en él. No se iba a comportar como un viejo verde que anda detrás de jovencitas - mujer Severus, mujer… - le recordó su conciencia… es lo mismo, él no iba a comportarse como un viejo verde y punto.
Solo se dedicaría a ayudarle con la poción para sus padres y nada más. Disfrutaría de su compañía hasta cuando durara, y luego… - se quedó de pie mirando la cama desde la puerta del dormitorio mientras tomaba una decisión… - luego…- cerró los ojos y se frotó la cara con las manos mientras suspiraba profundamente – después lidiaría con el dolor – decidió, tumbándose en la cama como el guerrero derrotado que era.
Los exámenes habían terminado por fin, las vacaciones de navidad habían comenzado y ahora solo quedaba la prueba de la poción con Snape. El colegio en pleno se había ido a sus casas, Ron y Ginny ya estaban en la madriguera esperándola para cuando terminara con las pruebas de la poción.
Estaba nerviosa, hoy era el gran día. Hermione tenía todo listo para probar la poción para sus padres, solo faltaba que su profesor llegara para comenzar.
Era raro que se demorara tanto, ya pasaban de las nueve y él aun no llegaba… ¿le habrá pasado algo? – se preguntaba mientras ordenaba nuevamente los viales y revisaba por enésima vez que no le faltara nada.
Había madrugado para tener todo listo, había enviado su solicitud para rendir las pruebas de ingreso a San Mungo para la carrera de Medimagia, necesitaría los temarios para las pruebas y ya solo quedaba la respuesta de sus EXTASIS. Iba por buen camino, ya estaba llegando el final de lo que se había propuesto, entrando en San Mungo, y con el regreso de sus padres con ella, se podría decir que lo había logrado.
Se sentía bien con ella misma.
Terminadas las pruebas con la poción, iría a ver a Ron, estaba feliz y necesitaba compartir estos sentimientos con él.
…
Severus sabía que estaba siendo cobarde, pero estaba haciendo tiempo, retrasando lo inevitable, debía estar con Granger hacía media hora, pero ¿cómo la iba a mirar a la cara? No había dormido nada en toda la noche, la culpa por tener sentimientos por una mujer 20 años menor que él lo estaba carcomiendo.
Debía ser valiente y enfrentar a Hermione, así que tomando aire profundamente, se adentró a su laboratorio personal, en donde sabía que Granger estaría esperándole, le había escuchado trabajar en el laboratorio hacía rato.
- Buenos días Granger… - saludó en cuanto entró.
- Buenos días profesor, tengo todo listo para las pruebas – informó, orgullosa de la forma que tenía todo dispuesto.
- Así veo Granger, muy bien, comencemos entonces. - Dijo mientras se quitaba la capa y la colgaba.
Severus no le había dirigido la mirada en ningún momento, y aun así sabía cómo iba vestida, además que su perfume a jazmín entraba sin autorización por sus fosas nasales, mala idea haber esperado tanto tiempo en su habitación, ahora el laboratorio entero olía como ella, y eso lo estaba perturbando. Debía salir de ahí lo más rápido posible, y de paso, dejar la puerta abierta para que se ventilara.
- ¿Lista Granger? –
- Hum jum… - dijo asintiendo mientras lo miraba sonriendo.
- ¿Qué hace respondiendo como los monos? Con palabras Granger, que ya no es una niña pequeña. – la sermoneó cual niño de cuatro años.
- Lista profesor, no falta nada. – Hermione levantó el mentón mientras le contestaba con un dejo de soberbia.- ya se lo había dicho…
- Muy bien, entonces sígame, iremos directamente a por sus padres, a ver si podemos administrarle la poción y ver los resultados cuanto antes.
Se encaminaron a Hogsmeade, para aparecerse en Australia. Severus se había encargado de solicitar la autorización para la aparición internacional. Había pensado en todo. Llevaba los viales en unas pequeñas cajas forradas por dentro en terciopelo para evitar que se golpeen; había invertido mucho tiempo en aquellas pociones y no quería siquiera encogerlas con un hechizo, para que nada alterara sus propiedades… no es que dudara de su capacidad para las pociones, y sabía de sobra que Hermione era buen en los cálculos de aritmancia, pero prefería evitar cualquier accidente.
- Muy bien Granger, tómese de mi brazo – le indicó mientras veía como el rostro de la chica se tornaba con un débil color rosa. – como usted sabe exactamente en donde están sus padres, usted me guiará… supongo que puede con eso – le preguntó con sarcasmo.
Pudo ver como fruncía la frente antes de sentir el tirón en el estómago característico de la aparición. Maldita bruja, ni siquiera le había avisado cuando iba a aparecerse…
- Espero le haya quedado claro que sé aparecerme, profesor. - Le soltó Hermione una vez llegados a destino, con una sonrisa de suficiencia típica de ella, soltándose del brazo de Severus.
Menudo cabrón, si quería burlarse de ella no lo iba a lograr, ya no era su alumna, así que no tenía por qué aguantar sus sarcasmos…
- Granger, le voy a pedir que la próxima vez que quiera hacer alarde de su sabelotoidismo, use a otro, conmigo no funcionan esas tretas. – soltó de un tirón. Aún estaba un poco mareado, pero nunca lo admitiría en frente de ella. ¡jamás!
- Como quiera… - dijo encogiéndose de hombros.
- ¿En dónde están sus padres? – preguntó para cambiar el tema.
- Cerca del pueblo tienen una consulta odontológica, ahí es a donde nos dirigiremos primero.
- Muy bien, la sigo. – hizo un ademán con la mano indicándole que iba detrás de ella.
Caminaron un buen tramo hasta encontrarse frente a un edificio de dos pisos, blanco por donde se mirase, con una placa a un lado de la puerta que decía "Wilkins & Wilkins Odontólogos".
- No son muy originales sus padres… - dijo con sarcasmo, sin poder ocultar una pequeña sonrisa en la comisura de los labios.
- No es cosa de ser originales, profesor, son odontólogos… no hay nada más que se pueda agregar. – dijo, encogiéndose de hombros nuevamente y dirigiéndose a la clínica.
Severus vio cómo Hermione comenzaba a caminar hacia la cínica sin esperar que él le siguiera. Se veía hermosa como iba vestida, se la quedó viendo fijamente, disfrutando de su manera de caminar, de lo decidida y contenta que se veía. Esperaba que todo fuera bien, no soportaría ver como sus sueños se derrumbaban.
Siguió a Hermione hasta la clínica, habían ideado un plan, se presentarían como Elena y Christian Mc Donald; quienes estaban de paso por el pueblo, pero necesitaban en forma urgente un dentista, un accidente con el pan de ajo en el almuerzo, había provocado que un diente se le dañara. Sabían que era una pobre excusa, pero debían hacer que los padres de Hermione estuvieran dispuestos a estar con ellos solos y juntos al mismo tiempo.
Entraron a la recepción de la clínica, estaba la secretaria y unos pocos pacientes. Se registraron y asegurando que esperarían, se sentaron juntos, un poco apartados de los pacientes para aguardar su turno.
Hermione no podía estar quieta, su nerviosismo era latente, tomaba una revista, la ojeaba y dejaba de lado tomando otra para repetir el mismo procedimiento.
- Cualquiera diría que eres tu quien se va a atender – le dijo Severus libreando la revista de su mano que estaba toda doblada. – ven, siéntate aquí a mi lado.
- No puedo, no aguanto más, estoy muy nerviosa…. ¿Cuánto más tenemos que esperar? – Severus le tomó las manos y le dio un pequeño apretón para darle ánimos.
- Tranquila, solo quedan esas dos personas de ahí- dijo señalando a una pareja y una mamá con su niño.
- ¿No puedes hacer algo para que se arrepientan y se vayan? – preguntó Hermione sin pensar.
- ¿Qué pasó con la Gryffindor que yo conozco? – preguntó con sarcasmo
- Se fue de paseo y solo quedé yo… - respondió con una sonrisa nerviosa. No sabía por qué se estaba comportando así, ella era valiente, pero en este momento toda la valentía de la cual había hecho alarde en la guerra se había esfumado.
Severus solo sonrió, en cierto modo la entendía, se estaba jugando su felicidad en que la poción funcionara. Con un movimiento disimulado de su varita, envió un hechizo no verbal a la chica de la pareja que estaba esperando, la cual le dijo algo al oído de su novio y se levantaron, hablaron con la recepcionista y se alejaron de la consulta. Hermione los observó sin creérselo. Miró a Severus por la comisura de los ojos, pero no vio nada extraño en su postura, habría pensado que solo era suerte de no ser porque su varita que había estado guardada hasta hace un momento, se encontraba ahora entre sus manos.
- Gracias – dijo Hermione con una gran sonrisa.
- No sé de qué hablas Granger…- se hizo el desentendido Severus. Hermione solo asintió.
- No, en realidad yo tampoco sé.- y con un suspiro volvió a tomar la revista.
Esperaron una hora más hasta que salió la madre de Hermione para preguntar a la recepcionista si quedaba alguien más. La mujer le dijo algo y luego señaló hacia ellos.
Hermione se había quedado en una pieza al ver a su madre, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, como cada vez que iba y la vigilaba desde que la habían encontrado. Habían sido dos años muy largos sin ella, y pensar que quedaba poco para estar de nuevo en sus brazos.
Vio cómo su madre de encaminaba hacia ellos con una sonrisa en los labios.
- Señores Mc Donald buenas tardes, soy Mónica Wilkins un gusto conocerlos – dijo de un tirón ofreciéndoles la mano para saludarles.
- Buenas tardes, Christian y Elena Mc Donald – Severus saludó y tomó a Hermione del brazo para hacerla reaccionar – mucho gusto.
- Si gustan acompañarme – le indicó Mónica - mi esposo no tarda en atenderlos.
Con su varita, Severus hizo que Mónica despachara a su secretaria indicándole que ellos cerrarían la consulta.
Se encaminaron hacia la habitación que hacía de consulta y los hizo esperar en unas sillas mientras su marido terminaba de anotar unas cosas en su computadora.
- Querido, - le llamo la atención Mónica, - ellos son Elena y Christian, vienen por una urgencia.
- Bien, buenas tardes – les tendió la mano. - ¿En qué les puedo ayudar?
Severus al ver que Hermione no reaccionaba tampoco a saludar, bufó y con un movimiento de varita, le envío a ambos un hechizo para aturdirlos.
- Granger, ¿qué crees que estás haciendo? – casi le grita - ¡reacciona!
- No puedo… no puedo aturdirlos… - había empezado a llorar.
- ¡Eso ya lo hice yo! – le reprochó - ¡rápido, las pociones! debe estar todo listo… voy a implantar unos recuerdos en su mente para que crean que están con nosotros… - al ver que no hacía nada, la tomó de los brazos y la zamarreó. – ¡Reacciona Hermione!
Ella lo miraba a los ojos sin entender… cuando volvió a sentir que era zarandeada, se dio cuenta de que estaba perdiendo un tiempo valioso y se puso a ordenar los frascos con pociones tal y como lo habían planeado, mientras Severus se ocupaba en implantar los recuerdos en la mente de sus padres.
Una vez preparados, Severus se sentó en el asiento de dentista, con la servilleta puesta y todo listo para hacerles creer que la consulta había terminado.
- Muy bien Christian, estamos listos – le indicó con una sonrisa. – tienes que tener más cuidado del pan que te llevas a la boca…
- Si, está claro. – respondió Severus levantándose.
- Cariño, por favor me das un vaso de agua…- pidió Wendell a su esposa.
Mientras ella se encaminaba a tomar un vaso, Hermione con su varita le envió un confundus y la hizo tomar el vaso que ella le tendía.
- Gracias… - le dijo y le tendió el vaso a su marido, quien lo tomó de un trago.
Severus mientras se encargaba con otro hechizo de hacer que Mónica tomara el otro vaso y se bebiera de un sorbo todo el contenido.
Una vez vaciado el contenido de los vasos, Mónica y Wendell Wilkins se quedaron con la mirada perdida por un momento, instante en que Severus y Hermione aprovecharon para lanzarles el contra hechizo para el Obliviate.
- Olim In Ánimo… - dijeron al mismo tiempo.
Severus y Hermione solo podían aguantar la respiración y esperar que la poción funcionara, mientras veían esperanzados como los ojos de cada uno se volvían más y más lúcidos…
¡Hola a todas! se que he estado perdida por muuuuucho tiempo, esta vez no tengo escusa... ni tampoco perdón de Merlín, ni nadie. así que como dicen que la escusa agrava la falta, aquí lo tienen.
Severus por fin fue sincero con el mismo, no podía negar por más tiempo esa atracción que sentía por Hermione... y ella... pensando aún en Ron.. si cuando escribía, no pude evitar desear poder darle una palmada en la frente para que se diera cuenta del hombre que tiene al lado... ¬¬
Por fin llegó el gran día en que fueron a probar la poción para recuperar a sus padres! la verdad, yo habría estado igual o más nerviosa que Hermione... si cuando se trata de los demás, ningún problema, somos capaces de enfrentar a medio mundo... pero cuando se trata de algo que nos afecta 100% a nosotros... no sabemos como reaccionar, y así es como se sintió Hermione, sin poder actuar al ver a sus padres en frente a ella... pobre.
No prometo que el próximo capítulo llegará luego, noooo queridos lectores... tardará un tiempo, pero no antes de fin de mes... de agosto, lo prometo! como buena Sly que soy XD.
Quisiera dedicar este Capitulo a mi Gran Amiga Mony Ann (alias Alina), que aunque me dejaste solita y te fuiste para las Europas, sé que me extrañas tanto como yo a ti mi querida Morticia. Me alegra que te hayas creado una cuenta en FF así me ahorras el estar enviandote los capis por separado jajajaja XD.
Como siempre, dar las gracias infinitas a todas las que comentan, agregan a favoritos y alertas, me hacen tan feliz... gracias, gracias, gracias mil!
así que ahora... vamos por el capi 14 que se puedeeeee!
cariños,Valitos.
