Faltaban unas horas para la nochebuena y Draco sabía que tenía que hacer frente a Lucius, aunque no le apeteciera.
Estaba haciendo tiempo para retrasar el momento del encuentro, no quería verlo, ni hablar, ni respirar en la misma habitación que él. Si lo soportaba, solo era por darle en gusto a su madre.
Recordó su encuentro con la chica Comadreja el día antes de tomar el tren de regreso a la Mansión Malfoy. Iba de camino a su sala común después de hablar con su padre, llevaba un cabreo de mil demonios cuando se la encontró.
Caminaba por los pasillos con la frustración dibujada en su rostro. Su padre estaba más loco de lo que creía si pensaba que él iba a tirar por la borda todos los meses invertidos en el colegio para que le aceptaran. Había tenido que tragar mucha mierda para conseguir al fin un lugar para que viniera él a fastidiarlo. Él no iba a delatar a sus compañeros y menos iba a hacer algo que pudiera dañar a Hermione. Ella era ahora su amiga, la única que tenía en realidad. No lo juzgaba y lo había aceptado sin más, olvidando todos los insultos con la que había intentado dañarla en el pasado.
No, no iba a hacer lo que su padre le pedía. Punto.
Ya vería después cómo se lo sacaba de encima…
Mientras caminaba hacia su sala común, vio que se acercaba su otro problema, Ginny Weasley. No sabía que más hacer con aquella testaruda, había tratado por las buenas hacer más llevadera su relación, pero ella se lo ponía tan difícil… con un suspiro de resignación, se desvió de su camino para hacerle frente.
- Quítate de mi camino Hurón. ¿No ves que molestas?
- Necesito hablar contigo, sígueme. – Dijo con voz de mando y sin esperar respuesta, la tomó del brazo y la arrastró junto a él mientras buscaba un aula desocupada.
- ¡Pero qué te crees! – replicó Ginny mientras trataba de soltarse del amarre de Draco sin ningún esfuerzo.
- Por Salazar, deja de forcejear. – dijo Draco y sin miramientos, la empujó dentro del aula, soltándola al fin mientras cerraba la puerta.
- Muy bien, necesito que te calles de una buena vez y me escuches.- demandó con rudeza.
- No tengo nada que hablar contigo, así que déjame salir de aquí. ¿No ves que tú sola presencia me enferma?
- No me importa qué tengas que hacer y menos si quieres o no hablar conmigo. – dijo mientras se acercaba a ella y la obligaba a sentarse en una silla del aula y se sentaba a la vez sobre el pupitre. – Soy yo quien tiene que hablar contigo.
- ¿Y se puede saber que es tan importante que necesitas secuestrarme? Te lo advierto, si no me presento al entrenamiento, van a empezar a buscarme por todo Hogwarts y nos les van hacer gracia cuando se enteren que por tu culpa no me presen…
- ¿Te puedes callar de una buena vez? – gritó interrumpiéndola con frustración. Tal vez no era buena idea tratar de conversar con la comadre... con Ginny.
- Mira Ginny, sé que tu no me soportas y que yo no te soporto, déjame hablar por favor…- dijo al ver que ella iba a replicar algo
- No me había dado cuenta...– el sarcasmo era evidente.
- Como sea… - la cortó – te traje aquí porque me interesa hacer las paces contigo.- Los ojos de la pelirroja se abrieron por completo ante las palabras del chico. - Hermione es mi amiga, y no me gusta que por nuestra culpa pase malos ratos, sé que a ella le gustaría que nos lleváramos bien, o por lo menos nos toleráramos. Sé que tú no confías en mí, pero es verdad que yo cambié. – Se levantó y comenzó a caminar alrededor del aula, mientras Ginny no entendía que era lo que había pasado, porque a este Draco que tenía ante ella no lo reconocía, y si era sincera consigo misma, no se creía nada de lo que escupía de sus labios de serpiente, pero lo dejaría hablar para luego irse lo más rápido de ahí, no le gustaba nada el rumbo de las palabras de Malfoy.
- Sé que me porté como una mierda con ella en el pasado, pero como le dije a Hermione, era un hijito de papá que sólo le importaba él y nada más, pero la guerra me hizo ver que las cosas no son lo que te hacen creer, que hay otras formas de ver la vida y a las personas. - Se detuvo en una ventana a mirar las montañas cubiertas de nieve que se veían desde el aula, estuvo así varios minutos sumido en sus pensamientos, hasta que se dio cuenta y continuó. - Ella lo entendió, y me gustaría que tú también me creyeras. No quiero decir con esto que quiero ser tu amigo, solo te pido tolerancia, yo por mi parte, te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para no decir o hacer algo que pueda terminar en alguna discusión entre nosotros.
Cuando terminó de hablar, Draco se quedó inmóvil, aguardando de pie dónde estaba parado, viendo cómo ella procesaba en su pelirroja cabecita lo que le había dicho. Llevaba mucho tiempo pensando en cómo hablar con ella, pero no había encontrado el momento, y ahora que se iban de vacaciones de navidad, sabía que si no hablaba con ella, no encontraría la oportunidad.
Ginny no dejaba de pensar en que esto era una vil mentira por parte del Hurón, no entendía cómo Hermione había podido creer en él.
- Pues no te creo, sigo creyendo que estás planeando algo en contra de mi amiga. – Mientras hablaba se levantó de la silla y se acercaba lentamente hacia él. – A mí no me engañas Malfoy, y te voy a volver a decir lo que ya dije en su oportunidad: - hundió levemente en su pecho el dedo índice, le advirtió. – No te metas con mi familia Hurón, si no quieres sufrir las consecuencias, y ello incluye a Hermione.
Diciendo esto, lo rodeó y salió del aula dejando a un Draco frustrado a más no poder.
- ¡Maldita comadreja cabeza dura! – gritó mientras golpeaba el escritorio con el puño, haciendo que este sangrara, pero no le dio importancia.
Debía hablar con Severus, pero este debía estar con Hermione en Australia por lo de sus padres, y no había manera de comunicarse con ellos.
Ginny esperaba con ansias que llegara Harry a la madriguera, le había prometido que llegaría para la cena de navidad, pero aún no había dado señales de vida.
Necesitaba estar con él, su conversación con Luna la había dejado intranquila.
Ella estaba segura que la nueva postura de niño bueno que llevaba Malfoy, no era más que una fachada para esconder sus oscuros propósitos, sean cuales fueren. Ella no le creía ninguna de las palabras que le había dicho el día antes de salir de vacaciones. Era muy sospechoso que de un día para otro, Malfoy haya madurado y aceptado de buenas a primeras que el estatus de sangre no tenía validez. Y menos tomando en cuenta lo que decía su padre de Lucius, más difícil se le hacía creerle.
Su padre había contado que Lucius Malfoy había enviado a Draco al colegio para que investigara y le informara de los alumnos sangre limpia que asistían ese año al colegio. Al parecer, quería presionar a los padres sangre limpia a que se unieran a una nueva cruzada impulsada por él, para erradicar a los sangre sucia de la comunidad mágica, y que en realidad no necesitaban al señor oscuro para hacer la limpieza de sangre…
Luna nuevamente había tratado de convencerla de que Draco sí había cambiado, de que su amistad con Hermione era real, que también con ella se comportaba diferente, hasta su actitud con Neville había cambiado, pero ella no confiaba, no podía confiar en él.
Recordó lo que le dijo a principio de año, en su viaje a Hogwarts, de que estaba cambiado y que se veía diferente, pero para ella era otra forma de lograr sus objetivos, su forma de llevar el cabello algo despeinado, su nueva forma de vestir sin tanto formalismo y sin tomar en cuenta de que estaba como quería… Ginny terminó por golpearse la frente, hacía tiempo que se había fijado en el cambio de Malfoy, pero no quería pensar en el asunto. ¡Es Malfoy, por Merlín!
Con ese pensamiento se levantó para ir a ayudar a su madre con los preparativos de la cena. Cómo deseaba que Harry llegara pronto para refugiarse en sus brazos y así poder sacar de su mente a cierto rubio.
- ¡Maldito hurón oxigenado! – gruñó mientras golpeaba el colchón de su cama y salía de la habitación enfurecida.
Con un respiro profundo, Harry se desplomó en el sillón de su habitación, por fin podía decir que estaba libre para ir a la madriguera.
Miró el regalo que estaba encima de su mesita de noche y sintió una punzada en la boca del estómago… no estaba seguro de porqué lo había hecho, y tampoco cómo haría para entregarlo, pero no le apetecía nada enviarlo por lechuza, lo encontraba tan impersonal.
Vio la hora, se le hacía tarde para llegar a la cena de navidad en la madriguera, pero si no entregaba el regalo, no se lo iba a perdonar.
Tomado una decisión de último minuto, tomó el regalo en cuestión y lo guardó en su bolsillo, se dirigió a las afueras del castillo para aparecerse en los límites de la madriguera.
Miró a todos lados, buscando una ventana en particular… la encontró de inmediato, era la única que tenía la luz encendida. Mantuvo su vista en ella por unos minutos, cuando cerró los ojos, se dio media vuelta y se encaminó hacia la torre inclinada que se perfilaba en su horizonte.
Una vez estuvo frente a la puerta, tomó una bocanada de aire y la soltó casi de inmediato, golpeó rápidamente, sabiendo que si lo pensaba una vez más se arrepentiría.
Con un nerviosismo impropio en él, aguardó a que abrieran la puerta. Pasados unos minutos sin que apareciera nadie y pensando que nadie abriría, dio media vuelta para retirarse cuando sintió la puerta abrirse muy lentamente.
Se dio media vuelta para encontrar a Xenophilus Lovegood mirándolo con el ceño fruncido.
- ¡Hola Harry! Creo que te equivocaste de casa, los Weasley viven al otro lado de la colina.
- Hola señor Lovegood, en realidad no me he equivocado, he venido un momento para ver a su hija Luna, ¿se encuentra ella en casa?
El hombre pareció claramente extrañado.
- Papá... ¿Quién llama? – se escuchó la pregunta de la chica desde algún lugar de la casa.
- Es para ti querida, es Harry Potter y pregunta por ti…- le grito confundido – ¡Pero qué desconsiderado soy! ¡Pasa, pasa! – le invitó una vez que se había repuesto de la impresión de tener al salvador del mundo mágico en su puerta la noche de navidad.
- Muchas gracias, – contestó mientras entraba a la casa seguido del Sr. Lovegood – realmente no quisiera importunar, solo estoy de paso antes de seguir a la madriguera….
No terminó de hablar, sólo podía mirar a Luna fijamente a los ojos, sin poder seguir hablando.
Papá ¿Nos dejas solos unos minutos? Estoy segura que Harry no tardará mucho en marcharse ¿No es así Harry? – preguntó con esa seriedad muy propia de ella mientras lo miraba fijamente y sin dejar espacio para algún comentario, empujó a su padre fuera de la sala.
Cerrando la puerta con un hechizo, insonorizó la habitación, sabía que esa conversación no era para que su padre la escuchara, ya lidiaría con él más tarde.
- Muy bien Harry, ¿qué es eso que venías a decir?
Sorprendido por la franqueza de la chica, Harry no supo que contestar por un minuto, perdido como estaba en sus ojos azules, solo cuando Luna desvió la mirada hacia la ventana, Harry pudo volver en sí.
- Hola Luna – comenzó diciendo. – ¿Cómo estás?- Nunca había sido muy locuaz, pero ahora su lengua parecía de trapo.
- Hace solo una semana que no nos vemos Harry ¿Estás seguro que sólo viniste a preguntarme cómo estoy?
La pregunta estaba llena de un claro sarcasmo que no le pegaba en absoluto a Luna, era tan raro escuchar aquel rudo tono en sus labios, que descolocó completamente a Harry.
- Cla… claro que estoy seguro Luna…
- Pero podrías haber enviado una lechuza, no era necesario venir en persona…
- ¿Qué es lo que te pasa Luna? – Preguntó un desconcertado Harry, no era normal ver a Luna molesta por algo. - ¿Estas enfadada por algo que dije o hice? Porque si es así, te pido me lo aclares porque no entiendo tu actitud.
- No pasa nada Harry, pero… ¿No te está esperando Ginny en su casa para compartir la cena de navidad contigo? No la hagas esperar. – dijo casi impasible. Su frialdad en el tono de su voz no se correspondía con su mirada.
- Solo pasé por aquí para dejarte un presente de navidad que compré para ti. – Se levantó del sillón, sacó el paquetito y lo dejó en la mesa que había entre los dos. – Espero te guste. – se encaminó hasta la puerta y antes de abrirla, se giró para mirarla una última vez. – Feliz Navidad, Luna.
Luna solo podía mirar el regalo que tenía entre las manos y que no había evitado tomar de la mesita cuando Harry lo había dejado.
Harry, al ver que no tenía respuesta de la chica, tan sólo silencio, bajó la mirada y salió de la casa para dirigirse a la madriguera.
Tenía una presión en el pecho que no sabría si iba a ser capaz de dejar a un lado y aparentar que estaba feliz. La indiferencia de Luna le había dejado un vacío totalmente palpable. Estaba tan acostumbrado que lo recibiera con su sonrisa sincera y su mirada de cielo que tanta paz le traía.
No entendía que le había pasado a Luna, ella siempre era amorosa con él, sus conversaciones, fueran del tema que fueran, eran tan amenas, que ver a una Luna arisca no era común.
Tal vez su compañía ya no era grata para ella.
Y con ese pensamiento y la angustia alojándose en su pecho, emprendió el camino hacia la Madriguera, Ginny seguro que ya le estaba esperando.
Luna no podía dejar de mirar el paquete que tenía entre sus manos, solo cuando escuchó el sonido de la puerta cerrándose, se permitió levantar la cabeza y dejar libre las lágrimas que estaban pugnando por salir.
Dejándose caer en su sillón favorito, se enjugó las lágrimas con la manga de su chaleco en una forma infantil que al darse cuenta, solo la hizo hipar más.
Luna no era de las que lloraban por cualquier cosa, la última vez que había llorado, fue cuando aquel accidente se llevó a su madre, y desde entonces, siempre había visto la vida en forma positiva, buscándole el lado bueno a las situaciones, cualesquiera que sean.
Pero con Harry, simplemente no podía.
Le había hecho una promesa a Hermione de que iba a tratar de olvidarle y no entrometerse en su relación con Ginny. Lo había estado logrando, sólo se había encontrado una que otra vez con Harry en las cocinas, y no había podido evitar sentir esas mariposas revoloteándole en el estómago. Pero era algo que no podía controlar.
Estaba poniendo todo de su parte, por eso había sido tan cortante y fría con él.
Había soñado con estar aunque fuera un momento con Harry en Navidad, pero nunca imaginó que él llegaría a su casa y con un regalo además, y ahora no sabía qué hacer con el regalo que tenía en sus manos.
Lentamente comenzó a abrirlo, con mucho cuidado lo desenvolvió y no pudo evitar un sollozo escondido en una sonrisa…
- Harry… - en sus manos tenía un par de pendientes en forma de dos tazas de chocolate. – y aferrando los pendientes fuertemente contra su pecho Luna por fin dejó que sus lágrimas cayeran libremente por su rostro.
Nunca una promesa le había dolido tanto mantenerla en pie, pero debía hacerlo.
¡Hasta aquí el capítulo de hoy!
¡Hola a todos! Como pueden ver, aún no he muerto, solo que mi musa se fue de paseo y no regresó hasta hace unos días y esto es lo que dejó. Si tienen la creencia de que es un capítulo de transición, es porque ES un capítulo de transición, pero necesario para entender en qué situación se encuentran estos personajes a los que he tenido un poco abandonados en la historia, pero no menos importantes.
Unas navidades un tanto tristes para algunos y otros un poco confundidos, pero la vida es así, con altos y bajos, no todo es alegría. ¿Qué sería de la vida sin problemas, penas y un poco de llanto? Pff sería de lo más simple y plana. No sabríamos apreciar las cosas bellas cuando se nos presenta.
Draco por fin ha puesto los puntos sobre las íes con respecto a Ginny, luego veremos si ella es capaz de aceptar lo que él le propone y entender que por el bien de Hermione deben llevar esta guerra en paz.
Harry, ¿no es tierno? Y los pendientes es un recordatorio contante del secreto compartido entre Luna y él. Qué pena que Luna esté sufriendo por su amor a Harry, pero una promesa es una promesa…
Como siempre, muchas gracias a quienes ponen la historia en favoritos y alertas, ¡me hacen muy feliz! Pero más feliz me hacen cuando dejan un review, ahí sí que soy la mujer más feliz del mundo.
Quiero dedicar este capítulo a Diosa Luna, ¡Chiqui cuídate mucho! Y recuerda, debes fijarte mejor por donde pisas… XD.
Muchas gracias a mi beta, sin ella no sé qué haría, si, si sé, mandaría todo a la mierda, así que… ¡Gracias miles por estar ahí!
Un "gracias totales" a las chicas del Escuadrón, sé que son incondicionales, ¡las quiero mucho!
Uff! Nunca había escrito una nota de autora tan larga como esta… creo que realmente me hacía falta subir capítulos… jajaja
Un besito a todas y hasta aquí llego, que no las quiero aburrir más.
¡Nos estamos leyendo!
Valitos.
