Mónica y Wendell Wilkins se quedaron con la mirada perdida por un momento, instante en que Severus y Hermione aprovecharon para lanzarles el contra hechizo para el Obliviate.
- Olim In Ánimo… - dijeron al mismo tiempo, mientras movían sus varitas completamente sincronizadas, ambos concentrados en su coreografía mágica.
Aguantaron la respiración, tan sólo les quedaba esperar que la poción funcionara, mientras contemplaban esperanzados, como los ojos de cada uno se volvían más y más lúcidos.
Hermione sonrió a Severus quien le devolvió una tímida sonrisa, feliz y llena de esperanzas al ver como poco a poco se volvía realidad lo que más anhelaba.
Severus no podía borrar esa sonrisa que se le había dibujado en el rostro al ver a Hermione tan feliz. Le tomó la mano apretándosela con delicadeza y complicidad. Ella le devolvió el apretón, dedicándole aquella sonrisa llena de felicidad.
Si ella era feliz, él también lo era.
De reojo advirtió a Mónica desviar la vista de donde la tenía fija, esa era la señal que indicaba que la poción había dejado de hacer efecto.
Soltó a Hermione de las manos y se dirigió hacia Mónica. Con cuidado le tomó el mentón con una de sus manos y miró sus ojos frunciendo el cejo… la soltó y se dirigió hacia Wendell con el mismo resultado.
Hermione lo miraba hacer con detenimiento ¿Qué sucedía?
-¿Profesor? – preguntó con preocupación.
- Vamos Granger, ayúdame. – le pidió mientras tomaba la varita y con cuidado hacía un scanner al padre de Hermione.
Ella solo se quedó mirando a Severus mientras éste iba de uno a otro con el ceño fruncido.
No entendía qué pasaba, algo no marchaba bien y no entendía el qué.
Lentamente fue acercándose a Severus mientras éste le entregaba unos viales.
– Haz que tu padre se lo beba. – le ordenó de forma brusca, sin dejar de administrar un vial igual a Mónica.
Mientras hacia lo que le había ordenado su profesor sin demora, contemplaba la mirada perdida en los ojos de su padre.
Sintió un vacío desolador creciendo dentro de ella.
- No funcionó, ¿verdad? – no era una pregunta, sino una afirmación. Estaba segura de que habían fallado, no sabía en qué, pero claramente esto no era lo que habían esperado.
- No Granger, algo falló y no sé qué. – respondió con frustración.- No te quedes ahí sin hacer nada, debemos salir de aquí antes de que recuperen la conciencia. ¡Vamos, muévase! – la apuró tomándola del brazo y llevándosela casi a rastras de la consulta.
Cuando llegaron al punto de aparición, Severus se detuvo y soltó a Hermione del brazo para poder activar el traslador que los llevaría de regreso a casa.
- Granger, tómese de mi brazo, debemos volver a Hogsmeade… - cuando vio que ella no lo hacía, la miró a la cara y pudo ver que se encontraba ida, la mirada perdida e incapaz de reaccionar.
- Granger, reacciona, debemos irnos…
Nada, ni siquiera se movía, parecía una estatua de yeso, hasta había palidecido.
– Granger, que no tenemos todo el tiempo, debemos irnos… ¡Ya!- casi gritaba de pura frustración.
Nada, seguía sin reaccionar, unas silenciosas lágrimas comenzaron a recorrer su rostro.
- ¡Maldición Hermione! - La abrazó, activó el traslador y se desapareció con ella, llevándosela de ese lugar tan alejado.
Una vez llegados a su destino, se dirigió al castillo sin atreverse a soltar a Hermione. Podía escuchar como decía cosas como "les he fallado", "nunca los volveré a tener conmigo", "los he perdido para siempre", "he fallado", "he fallado"… lo repetía una y otra vez mientras las lágrimas caían libremente por su hermoso rostro.
No se dirigió al despacho de McGonagall, sino que la llevó directo a su laboratorio. Debía darle una poción calmante antes de ver qué mierda había fallado.
Harry caminaba distraídamente por los pasillos, después de una clase con los de primero, recordando su conversación con Hermione. Sabía que no había sido del todo sincero. Si bien es cierto que no había nada entre Luna y él, tenía claro que si continuaba con sus visitas a las cocinas, acabaría haciendo algo realmente malo y él no quería hacer daño a Ginny y menos a Luna. Se detuvo un momento en la puerta de su despacho con una idea fija en la cabeza. Entró rápidamente, dejó los pergaminos en su escritorio y salió raudo hacia dónde sabía que podía encontrarla, necesitaba aclarar algunas cosas y debía hacerlo ahora, antes de que fuera demasiado tarde.
Cuando llegó a las gradas del campo de quidditch, la encontró inmersa en su entrenamiento, volando despreocupadamente en su escoba, con su cabello de fuego a son del viento y se sintió feliz, ella era lo que estaba bien, lo que debía ser.
Ginny no tardó en verle y se dirigió dónde estaba Harry esperándola, aterrizó limpiamente a su lado y con una gran sonrisa en sus labios se arrojó a sus brazos, cosa que él no rechazó. La besó y abrazó con una necesidad impropia en él, como si necesitara convencerse de que esto era lo que realmente quería.
- Te extrañé – le susurró Ginny en el oído una vez que se separaron.
Harry solo se dedicó a abrazarla y sentir como su nariz se iba impregnando de su olor a canela y caramelo, ese olor que lo traía loco desde sexto año.
Estuvieron así por un largo rato hasta que la oscuridad de la tarde les indicó que debían volver al castillo.
Tomados de la mano caminaron lentamente hasta llegar a las grandes puertas del castillo.
- ¿Vas a ir a Hogsmeade este fin de semana? – preguntó Ginny.
- Eso creo, primero tengo que terminar unas cosas para Minerva y Snape, también tengo que llenar unos documentos para el ministerio. Espero tener todo listo para el viernes. – le explicaba mientras avanzaban lentamente.
- Te voy a extrañar… - comenzó a decir Ginny, pero Harry la interrumpió.
- Lo sé, yo también te voy a extrañar, pero ya tendremos tiempo para estar juntos. – dijo en tono de promesa, volviéndola a besar con énfasis casi en la entrada al castillo.
A lo lejos, casi al borde del bosque prohíbo, Luna contemplaba la escena con un extraño sentimiento en el pecho.
Sabía que lo que sentía por Harry no estaba bien, ya le había prometido a Hermione que no se interpondría en la relación de Harry y Ginny, sabía que ella tenía razón, que terminaría sufriendo, anhelando algo que nunca iba a pasar. Pero a pesar de todas aquellas razones, por muy ravenclaw que fuera, el cerebro no mandaba nunca en el corazón, por eso no podía dejar de tener sentimientos por Harry.
Él se había metido muy en el fondo de su corazón.
Con un suspiro giró sobre sus talones y volvió a internarse en el bosque, no quería ver como Harry besaba a Ginny, se sentía traicionada por él, aunque sabía que no debía sentirse así, él nunca le había prometido nada.
Él no era nada suyo, él pertenecía a otra.
Después de dejar a Ginny en la entrada de su sala común, Harry caminaba con paso decidido a sus habitaciones cuando decidió dar un paseo por los pasillos antes de acostarse. Su paseo con Ginny le había dado que pensar, debía aclarar sus sentimientos cuanto antes, pero le era muy difícil…Ginny era la mujer que siempre había amado, con ella era lo que debía ser. En cambio Luna… aún no sabía que sentía por Luna, solo estaba seguro de que con ella encontraba la paz que siempre necesitó, saberse tranquilo, que podía decir y hacer cualquier cosa y no sería cuestionado por sus actos, era su puerto seguro.
Aún no entendía que le había pasado a Luna por Navidad, su forma de comportarse con él no era a lo que le tenía acostumbrado. Luna ahora tenía unos cambios de humor un poco raros, por decir lo menos. Un día estaba feliz con él en las cocinas y luego no le hablaba… iba a tener una conversación con ella, la próxima vez que se encontraran iba a saber qué es lo que le pasaba.
Y quizás así podría poner un poco de orden en su cabeza.
Con la decisión ya tomada, se encaminó al despacho de Minerva.
Había llegado al tercer piso, cuando unas sombras que subían por las escaleras le llamaron la atención, no era hora para que los estudiantes anduvieran por el castillo.
Los siguió con sigilo al reconocer a uno de los estudiantes.
- Ronald ¿Dónde vamos? Hoy no tenemos ronda y si algún profesor nos ve, nos castigarán.
- Tranquila Lina. – la tranquilizó tomándola de la mano – Confía en mí – le susurró guiñándole un ojo con picardía.
- Pero Ronald… ¿Me vas a decir que hablaste con Hermione Granger? – preguntó con recelo - ¿Es cierto eso que terminaste con ella?
Ron se detuvo de improviso, en realidad no había hablado con Hermione, es más, hacía mucho que ni siquiera la veía por culpa de esa dichosa idea de recuperar a sus padres, no había compartido ni un solo minuto con ella. Cuando supo que se quedaba en el colegio para navidad y que no iba a ir a la madriguera, había intentado todo, pero no le hacía ni puñetero caso, ella no le daba ni la hora… todo su tiempo se lo dedicaba a la famosa poción y a Snape… ¡Snape! Se pasaba el tiempo encerrada con aquel enorme murciélago y hasta parecía encantada de ello.
- Claro linda, tú sabes que sólo tengo ojos para ti. – le respondió tomándola de la cintura y besándola en la boca. Estuvieron así hasta que el aire se hizo necesario en ellos. – Ven, acompáñame, iremos a un lugar en donde nadie nos molestará…
- Te amo Ron Weasley – Atinó a decir aquella joven enamorada, mientras se dejaba guiar por Ron.
Ninguno se percató de la sombra del joven profesor de DCAO que los seguía con sigilo por el pasillo.
Hacia un rato que se había quedado dormida en el sofá de su despacho. La veía dormir bajo la influencia de la doble dosis de poción calmante y poción para dormir sin sueño.
Aún tenía el rostro húmedo por las lágrimas derramadas y los ojos hinchados de tanto llorar.
Mientras la miraba dormir, no dejaba de pensar en qué habían fallado. Estaba seguro que los cálculos para hacer la poción estaban correctos, lo habían revisado una y otra vez e incluso lo habían probado en ellos más de una vez sin problemas, aparte de un dolor de cabeza leve que duraba unas cuantas horas, pero nada más.
Y verla en ese estado, hacía que su corazón se encogiera de dolor, no soportaba verla así. Sentía su dolor como propio, y una frustración anidó en su pecho al saber que la poción había fallado. Los últimos tres meses de trabajo invertidos no habían servido para nada. Se sentía responsable del error. Él era el profesor, el que debía saber qué había salido mal, y por más que lo pensara no lograba encontrar el fallo.
Con un suspiro de resignación, la cubrió con la manta mientras acariciaba su cabello, en antaño indomable y ahora tan dócil y suave al tacto. Sin poder contenerse, se acercó y depositó un leve beso en su sien, mientras aspiraba fuerte para impregnarse de su olor, ese que desde un tiempo lo tenía pensando en cosas que sabía eran imposibles.
Dedicándole una última mirada, salió de su habitación para dirigirse al despacho de Minerva para contarle lo sucedido.
Harry no daba más de si de lo ofuscado que estaba, no podía creer lo que había visto y oído… ¡Ron engañando a Hermione con una niña de quince años!, ¡a SU hermana!
No podía creer lo bajo que había caído Ron, eso no podía estar pasando.
Mientras cavilaba en lo que debía hacer y luchando contra las ganas de ir a machacarlo, se encontró en la entrada de las cocinas, inconscientemente había caminado hacia allí, como si su cuerpo supiera de antemano que es lo que necesitaba, y al sentir el inconfundible olor al chocolate recién hecho, una sonrisa se instaló en sus labios.
- ¡Dobby! – llamó a sabiendas que el elfo correría a satisfacer lo que le pidiera.
- ¡Harry Potter, señor! ¿En qué puede Dobby ayudarle? Solo tiene que pedirlo, Harry Potter
- Por favor Dobby, ¿me puedes traer una taza de chocolate caliente?
- Dobby traerá un chocolate caliente para Harry Potter, ¿Desea el señor que se lo lleve a la mesa junto a la señorita amiga de Harry Potter?
- ¿Luna está aquí? – preguntó sin poder evitar que su sonrisa se ensanchara.
- La señorita amiga de Harry Potter llegó hace un momento a pedir un chocolate caliente, pase, pase Harry Potter señor, ya le lleva Dobby su chocolate. – diciendo eso, el elfo se retiró a las profundidades de las cocinas.
Harry se dirigió en forma automática a la mesa que siempre compartía con Luna en las cocinas, alejada de cualquiera que entrara por casualidad y los pudiera ver.
La vio allí sentada, con la taza en las manos y la mirada fija en un punto indefinido, llevaba puestos los pendientes que él le regalara para navidad, fue en ese momento, al mirarla de lejos, tan concentrada en sus pensamientos, esa sencillez y candidez que la envolvía, que la encontró la mujer más bella que había visto.
Harry se dio cuenta de lo mucho que la había extrañado, no su sonrisa, no sus conversaciones, tampoco su compañía al tomar un chocolate… sino que toda ella, en el conjunto, tan diferente a Ginny, tan singular, no había nadie igual a ella, era única, ella le daba la paz que hace tiempo buscaba y no había logrado encontrar, y ahí estaba, sentada en las cocinas de Hogwarts con una taza de chocolate en las manos.
Se acercó todo que pudo sin que ella se percatase de su presencia, disfrutando el poder observarla a sus anchas.
- Hola – dijo cuándo su presencia se hizo evidente. No pudo evitar sonreír al advertir el pequeño respingo de Luna al escucharlo, tan concentrada estaba en sus pensamientos que no había advertido su llegada.
- ¡Harry! – gritó mientras apoyaba una mano en su pecho, notando como su corazón palpitaba desbocado al escuchar su voz. – Me asustaste.
- Así veo… - sonrió con esa cara de bobo que se te pega en la cara cada vez que ves o piensas en la persona que te gusta.
- ¿Vienes a tomar una taza de chocolate? – Luna no podía evitar sonrojarse al ver a Harry sentándose a su lado mientras no apartaba sus ojos de los suyos.
- Aunque no lo creas, Luna, no sé muy bien el por qué estoy aquí, pero no sabes cuánto me alegro de haber entrado – Harry no apartaba sus ojos de Luna – ¿Y tú Luna? ¿Viniste solo a tomar chocolate?
Luna sólo bajó la mirada, había estado evitando encontrarse con Harry, no quería verlo después de presenciar los arrumacos y besos que se había estado dando con Ginny.
- Vengo del bosque – dijo queda – fui a ver a los Thetrals cuando se hizo de noche, con el frío que hace es bueno tomar una taza de chocolate caliente. ¿No crees? – preguntó apartando la vista mientras cogía su taza y se la llevaba a sus labios.
Harry la miraba embelesado, no podía apartar los ojos de Luna, se acercó más, y tomando la taza de sus manos la dejó sobre la mesa sin dejar de sostener sus manos, lo que hizo que Luna levantara la vista hacia los ojos color esmeralda, esos que la hacían pasar las noches en vela.
- Harry…
- Luna yo…
Los dos hablaron al mismo tiempo, se sonrieron con una timidez absurda.
Ella avergonzada y él nervioso…
Harry debía salir de la duda, así que sin pensar mucho en las consecuencias, acarició el rostro de Luna, sin dejar en ningún momento de mirarla a los ojos y lentamente fue acercándose a su rostro, cada vez más cerca, midiendo la reacción de la chica, quien no se podía mover, como si hubiera recibido el hechizo "pretificus totalus", solo era consciente de las manos de Harry acariciando su rostro y de sus labios acercándose lentamente a los suyos.
Cuando por fin sus labios se unieron, el cúmulo de sensaciones liberadas solo fue comparable a la explosión de miles de fuegos pirotécnicos lanzados al mismo tiempo.
Nunca un beso fue tan esperado, tan deseado y soñado como aquel.
Harry fue besando los labios de Luna casi con mimo, estos se sentían como las alas de una mariposa, tan delicados y suaves al tacto que fácilmente se podría perder en ellos toda la eternidad.
Lentamente fue pidiendo permiso con su lengua, el que fue concedido con un leve suspiro, mientras Luna subía sus manos y las cruzaba en su cuello para abrazar a Harry.
Se besaban sin pensar en nada, sólo sentían, se conocían, disfrutaban de las sensaciones que cada uno le hacía sentir al otro.
- ¡Dobby ha traído el chocolate que pidió Harry Potter!, ¿necesita algo más señor?
Se separaron solo para ver los ojos del otro, con una sonrisa en los labios y un leve sonrojo de parte de Luna. Dobby entendiendo que ellos deseaban estar solos, desapareció con un simple "plop".
Harry volvió a sonreír, Luna a sonrojarse, pero no por eso apartaron los ojos del otro.
Luna por fin tuvo lo que hacía mucho estaba esperando y Harry por fin confirmó lo que hace mucho tiempo necesitaba saber.
Ella era lo que necesitaba, tan sencillo como eso, tan sólo necesitaba a Luna Lovegood.
- ¿Estás seguro Severus que no se puede hacer nada?- preguntó la anciana con voz apenada.
- Seguro Minerva, ya he revisado todo varias veces, no cometimos ningún error en los cálculos.
- Pero algo debió salir mal, algún ingrediente tal vez no era el correcto…
Severus solo la miró fijamente
- Minerva, no quiero pensar que estás insinuando que no sé qué ingredientes puedo o no puedo usar en una poción, por favor, te pido que no insultes mi inteligencia.
. Lo siento Severus, tienes razón…- terminó por decir con un suspiro en tono de disculpa. – pero es que no lo entiendo, tenían todo bien planeado…
Lo sé – Severus se pasó las manos por el cabello, claro signo de la frustración que sentía. – y no lo entiendo.
Se puso de pie y se dirigió a la salida del despacho.
- Sólo te puedo decir que no voy a abandonar este proyecto, investigaré hasta saber qué fue lo que hicimos mal.
- No esperaba menos de ti Severus.
- Solo te pido que dejes que la señorita Granger siga utilizando las habitaciones frente a mi laboratorio, necesitaremos toda la ayuda para lograr que esta vez sí funcione la poción.
- Sabes que tienes todo mi apoyos Severus, lo que necesites solo debes pedirlo.
- Gracias Minerva.
Y con esto, salió del despacho de la Directora con el firme propósito de devolverles la memoria a los padres de Hermione, y no descansaría hasta lograrlo, por ella haría todo lo necesario, solo quería verla sonreír nuevamente, verla feliz.
Y Snape era un cabezota cuando se proponía algo.
¡Hola a todos! sorpresaaaa ¡siii! aquí estoy con un nuevo capítulo.
Como podemos ver, la poción no ha funcionado y Hermione está deshecha, pobre. habrá alguien que pueda ayudarle? jejeje
Nuestro profesor favorito no se va a quedar así como así, todas sabemos que es tan perfeccionista que no se iba a quedar tranquilo sabiendo que una poción había salido mal... y menos si esta afecta directamente a Hermione, si cuando un hombre está enamorado, hace cualquier cosa para que su amada sea feliz, aunque ella no lo sepa... XD.
Luna por fin ha conseguido un beso de Harry, y ahora él deberá tomar decisiones muy importantes al respecto... Luna? Ginny? se le viene difícil la pista,¡agárrense que vienen curvas!
De Ron no voy a hacer comentarios, porque de la forma que se está comportando es para cruciarlo que aquí a la eternidad, miren que engañar a Hermione y de paso también a Alina, pobre niña enamorada (sí Anita, te robé la frase XD)
por mi parte voy a esperar sentadita con una cerveza en mano bien heladita a esperar el desenlace de esto, veamos que hace Harry... ¿se irá de lenguas con Hermione o enfrentará de sopetón a Ron?
¡esto y mucho más en los próximos capítulos de esta historia!
nos estamos leyendo,
Valitos
PD. ¿y qué hará Ginny cuando se entere? (se tapa los ojos) ¡no quiero ver!
PPD. Recuerden visitar la página de Facebook "adictas al Sevmione" que está requete buena!
PPPD. está de más que les diga que las quiero mucho y me hacen feliz con cada Review que recibo cierto?
son todas un amorrrsh aunque lean en silencio. besos mil.
