Hola Chicas, sé que la espera ha sido larga, no tengo excusa… solo puedo decir "¡Enjoy!"

Capítulo 18.- No pienses, solo siente…

Ginny no lo podía creer, Malfoy prácticamente le había arrancado la Snitch de las manos.

Veía todo en cámara lenta, veía a sus compañeros hablarle, tomarle el brazo mientras hablaban y hablaban, pero ella no escuchaba nada, era como si la envolviera una burbuja que la aislaba del mundo exterior. Sólo había una cosa en su mente: Draco Malfoy pagaría esta ofensa. Ella no era de las que se conformaban con la derrota, no se quedaría así como así mientras él disfrutaba su triunfo.

Lo miró levantar la Snitch dorada y mostrársela a los de su casa con orgullo, mientras salía del campo de juego hacia los vestidores junto a su equipo envuelto en alegría juvenil.

- Vamos Ginny. – le tomó del brazo Ron. - Vayamos con el resto del equipo. –indicó mientras la arrastraba a sus propios vestidores.

Ginny sólo se dejó llevar, por pura inercia, estaba tan ensimismada que era incapaz de oponerse a esas manos que la empujaban. Cuando estuvo sola, automáticamente se despojó del uniforme de Quidditch y se metió a la ducha. Dejó que el agua caliente relajara los músculos de la espalda y cuello, mientras recordaba los últimos momentos del partido. No entendía como Malfoy le había arrebatado el triunfo. Estaba en shock…

NO.

No, no y no.

Cabreada era la palabra adecuada para describir su estado de ánimo. Seguro que había hecho trampa, no era posible que en un momento ella estuviera a unos centímetros de tomar la esfera dorada y en el último minuto Malfoy apareciera de la nada y ganara el partido. Recordó con furia sus palabras cuando iban camino a la cancha, "hoy veremos quién es el mejor Weasley, ya verás, Gryffindor caerá a los pies de Slytherin…" y acercándose a su oído susurró… "Tú caerás hoy a mis pies Ginny".

Abrió los ojos con sorpresa ante el recuerdo, sintiendo cómo la ira iba gobernando cada rincón de su ser. La rabia había tomado por asalto a su pensamiento, y a toda prisa salió de la ducha y sin secarse siquiera se vistió. Salió del vestuario hecha un mar de lava ardiente, cual volcán a punto de estallar.

No entendía como había sido tan idiota en dejarse influenciar por las palabras de Malfoy, estaba claro que sólo quería molestarla, hacerla enojar para que se desconcentrara y ella había caído redondita en su juego.

Pero no se iba a quedar así.


- ¿Te unes a nosotros en la sala común para celebrar el triunfo? – invitó un golpeador de su equipo. – Los chicos están tan impacientes que ya empezaron sin nosotros…

- En un momento, voy a poner en remojo los músculos un rato.- indicó el muchacho con la cabeza en dirección a las duchas.

- Claro compañero, tomate el tiempo que necesites – se despidió con un golpe suave en la espalda de Draco.

Estaba cansado. No tenía ánimo de ir a ninguna fiesta, sabía que no había ganado limpiamente, una sonrisa se dibujó en sus labios cuando recordó el encuentro con Ginny mientras se dirigían al partido. Estaba cansado de discutir con ella, de verdad necesitaba terminar con estas peleas que no los llevaban a ningún lado. Pero es que era tan cabezota, no entraba en razones. Esperaba que se desconcentrara con sus palabras, en realidad es que nunca había querido insinuar nada con lo dicho, pero con solo verle la cara había quedado pagado. Simplemente era un Poema.

Sintió como abrían la puerta de los vestidores, soltó un suspiro de resignación, tendría que dejar para después su remojo. Cerró la llave y tomó una toalla, en el instante en que se abría de forma brusca la puerta de la ducha.

- ¿Pero qué…?

No alcanzó a terminar de formular la pregunta cuando un mar rojo le empujara y cayéndole encima, haciendo que Draco perdiera el equilibrio y golpeara la espalda con la pared.

- ¡MALDITO, ERES UN SUCIO y TRAMPOSO SLYTHERIN!, ¡cómo te atreves a vanagloriarte con tu triunfo si sabes que no fue un juego limpio! – le gritó a bocajarro, empujándolo nuevamente cuando Draco apenas se había estabilizado.

- ¿De qué estás hablando? Sabes bien que te gané limpiamente, porqué no aceptas que fui más rápido que tú…

- Sabes perfectamente que no fue así, usaste tus encantos para confundirme… - Cuando vio la sonrisa aparecer en los labios de Draco, se dio cuenta de lo que había dicho y su cara tornó al mismo color que su pelo.

- ¿Así que te confundo con mis encantos?– preguntó con voz seductora y la sonrisa más amplia si podía

- No te lo tengas tan creído, Malfoy…- dijo la chica, casi escupiendo su apellido.

- ¿Entonces? – preguntó acercándose a la chica mientras se ajustaba la toalla a la cintura ya que con los empujones se le había soltado un poco. Ginny tragó con cierta dificultad. No podía quitar la vista del cuerpo húmedo de Draco.

"Realmente está como quiere" fue el pensamiento de la chica al recorrer el torso bien trabajado de Draco. Vio la fina línea de vello rubio que nacía desde el ombligo hasta perderse en la cadera del chico bajo la toalla blanca que llevaba puesta.

Lo vio moverse en cámara lenta, acercándose lentamente hacia ella, pero ella estaba paralizada. Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca para oler el perfume del jabón que había usado se dio cuenta que estada demasiado cerca, desvió la vista del cuerpo, reaccionando y mirándolo a los ojos. Draco sonreía, pero no dijo nada, solo la sujetó de los brazos, Ginny no podía dejar de ver su pelo rubio oscurecido por la ducha, mientras veía cómo las gotas de agua se iban acumulando en las puntas del cabello, cayendo lentamente en su cara, lo tenía muy cerca, demasiado para su gusto. Esto no estaba bien, él era el maldito hurón oxigenado, el Slytherin que le hizo perder el partido más importante, un mortífago, el engreído príncipe de las serpientes, era Draco Malfoy, el odiado Draco Malfoy, a quien veía cada vez más cerca de su cara, sus ojos estaban de un gris acerado, como es posible que viera tan claramente el color de sus ojos, tan llenos de matices y brillantes… ¿tan cerca estaba?

Solo cuando sintió los labios de Draco sobre los suyos es que se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, e inexplicablemente, no hizo nada por romper el beso. Cuando sintió que Draco pedía permiso para adentrarse en su boca, es que ella con un gemido que no supo de donde venía (y si era de ella), abrió los labios para dejarle paso y ya no supo de nada más. No le importó que fuera Draco Malfoy, ni que fuera un mortífago, ni el príncipe de las serpientes. Sin proponérselo, levantó los brazos y los enredó en el cuello del chico, uniendo sus cuerpos y profundizando más el beso, que de un momento a otro pasó a ser una pelea de lenguas, manos que acariciaban cada parte del cuerpo del otro, Draco no podía entender cómo es que la pelirroja lograba encenderlo de esa manera, y Ginny ya no sabía que pasaba, solo que no quería dejar de sentir el torbellino de sensaciones que le hacía sentir el hurón. Solo no quería parar.

No quería pensar…tan sólo deseaba sentir.

Draco rompió el beso y la miró a los ojos, aún la tenía sujeta por la cintura mientras que con la otra mano le acariciaba el brazo y viajaba por su cuello hasta perderse en su nuca, acariciando ese pelo rojo que hasta ahora no le llamaba mayormente la atención, pero que se había dado cuenta que (aún húmedo por la ducha que claramente había tomado antes de llegar), era fino y suave.

Ginny no podía apartar los ojos de los de Draco, grises como la ceniza que escupe un volcán en plena erupción, mientras bajaba las manos de la nuca, acariciando en el proceso los bien torneados bíceps del chico.

Subió las manos hasta los hombros y con un suspiro, se alzó en la punta de sus pies y volvió a besarlo, ahora con más fuerza, mordió el labio inferior para que le diera acceso a su boca, demandando… no, exigiendo que la recibiera.

Draco se sorprendió por la reacción de la chica, pero sólo pudo responderle con más ímpetu.

Ginny no quería parar, no quería detenerse a pensar. Sabía que esto era un error, pero no podía, realmente no podía ni quería pensar, sólo sentir.

Lentamente se fueron moviendo y acercando a una de las bancas que existía en el vestidor de hombres de Slytherin. Con una urgencia incontrolable, Ginny empujó a Draco sobre una banca que estaba en un rincón cayendo los dos encima de las toallas desperdigadas sobre este. Con un movimiento, se posicionó a horcajadas sobre Draco quien no terminaba de reaccionar, besándolo con una demanda que no sabía de donde procedía. Comenzó a moverse lentamente sobre la erección del chico, sin dejar de besarlo y acariciarlo. Draco tampoco quería pensar mucho, sólo sabía que tenía a aquella Diosa encima y estaba haciendo estragos con su erección.

Rompió lentamente el beso, apoyando su frente en la de la chica, aun con los ojos cerrados, la respiración de ambos era agitada y sentían que el corazón se les iba a escapar en cualquier momento.

- Esto no está bien – intentó replicar, pero Ginny volvió a la carga con más ímpetu.

- No… Ginny para…- insistió Draco – esto no está bien…

- No me importa, solo… - Draco abrió los ojos, que mantenía cerrados sin poder abrirlos para no mirarla a la cara. – solo dejémonos llevar, solo… - Draco vio deseo en los ojos de Ginny y ya no pudo detenerse.

La sujetó de la cintura y la levantó un poco para sacar la varita de ella que estaba en el bolsillo del pantalón, y lanzó un hechizo silenciador y un segundo hechizo para que nadie pudiera entrar a los vestidores. Volvió al ataque con más fuerza, un deseo que no sabía de donde venía lo consumía por dentro, reforzado por cómo era correspondido. Tomó la parte de debajo de la camiseta de Ginny y tiró de ella hasta sacársela por la cabeza, dejándola desnuda en la parte superior, ya que por las prisas en vestirse, ella solo se había puesto la camiseta, olvidando la ropa interior en los vestuarios.

Draco se deleitaba con la vista de sus pechos desnudos, pequeños y firmes. Los pezones erectos por el deseo lo llamaban como un imán. Sin pensarlo mucho, los tomó con ambas manos y acercó su cara para besarlos alternadamente. El gemido de Ginny le indicó que iba por buen camino. Comenzó a masajear un pecho mientras se llevaba el otro a la boca. Ginny gimió y se sujetó de los hombros del chico, mientras comenzaba nuevamente con el movimiento sobre las caderas de Draco, quien llevó una mano hasta la cadera de la chica presionándola hacia abajo, para profundizar el movimiento de sus caderas. El gemido que escapó de ambos fue suficientemente fuerte para que se dieran cuenta de lo que estaban a punto de hacer. Con la mirada llena de deseo, Draco intentó incorporarse, pero Ginny fue más rápida, y con un movimiento, tomo la varita del lado de Draco y terminó de desvestirse. Draco solo pudo mirar la desnudez de Ginny y contener la respiración, extasiado con lo que veía. Ginny, con una sonrisa pícara, tomó la toalla que cubría a Draco y la abrió, quedando así ambos en igualdad de condiciones.

Con un valor que no creía tener, tomó el miembro erecto del chico y lo acarició con una lentitud tortuosa. Draco aún no podía entender que es lo que estaba pasando, pero tenía encima de su cuerpo desnudo a Ginny Weasley, también completamente desnuda y acariciando su miembro como si fuera lo más maravilloso del mundo. Y como si el mundo estuviera al revés, lo estaba disfrutando como hacía mucho no disfrutaba.

No lo entendía, pero no quería parar.

Pasó las manos por las piernas de la chica, lo que hizo que ella lo mirara y sonriera. Se detuvo en lo que estaba haciendo y se incorporó para besarlo, apoyó las rodillas en la banca y lentamente comenzó a balancearse, frotando el miembro de Draco contra su entrada, ahogando un gemido, se incorporó un poco más y con la ayuda de su mano, introdujo toda la longitud de Draco dentro de su cuerpo mientras lo miraba fijamente a los ojos. Ambos contuvieron la respiración mientras sus cuerpos se acostumbraban a la sensación de estar tan unidos, sin dejar de observarse, comenzaron a moverse al unísono, admirando cada gesto en el rostro del otro. Cada vez se movían con mayor rapidez, perdiéndose en las sensaciones, acariciando cada parte del cuerpo del otro, conociéndose de esta manera tan íntima; cuando ya no aguantaban más, los movimientos de ambos se volvieron erráticos, los gemidos cada vez más fuertes, los besos más demandantes, hasta que una fuerza eléctrica los envolvió a ambos explotando en un grito que fue amortiguado por la boca del otro. Las respiraciones en grandes bocanadas, los corazones acelerados, y las manos apoyados cada uno en el otro, ambos temblando por el orgasmo alcanzado, sin querer volver a la realidad, ambos envueltos en la bruma del post coito. Sabiendo que esto no debía haber pasado, que no estaba bien, pero no queriendo separarse uno del otro.

Draco abrazó a Ginny por la cintura y la atrajo hacia sí, recostándose en la banca, usando como respaldo la toalla olvidada y hundiendo el rostro en el cuello de la chica.

-¡Por Merlín, Ginny! ¿Qué se supone que vamos a hacer ahora? – preguntó mientras le acariciaba la espalda con mimo.


Harry esperaba fuera de la sala de los menesteres a que Ginny llegara para pasar un rato de calidad con su novia, hacía tiempo que no compartía absolutamente nada con Ginny… se quedó un minuto pensando en sus verdaderas intenciones. Él no quería pasar un rato con Ginny porque la echara de menos, sino que quería tantear el terreno para conversar con ella de su relación. Aunque le costaba mucho, esta situación no era justo para ella ni para Luna. Esperaba que le hubieran dado el recado de que la esperaba en el séptimo piso, ella sabría entender el mensaje.

Llevaba dos horas esperándola cuando decidió desistir en sus intenciones, seguramente su novia estaba sumergida en una gran depresión por haber perdido con Slytherin, tan grande, que no había querido salir ni siquiera para encontrarse con él. No la culpaba, él también estaría deprimido si hubiera perdido algún partido con Slytherin y si tomamos en cuenta que su rival era Draco Malfoy, no quería ni pensar en el cabreo de la chica. Era mejor dejar la conversación para otro día menos estresante.

Dándose media vuelta, se dirigía a su despacho cuando se encontró con Ron que venía de no sabía dónde, pero recordando que tenía una conversación pendiente con él, lo llamó a gritos para llamar la atención del muchacho.

Tal vez el día no estaba tan perdido.


Cuando Hermione dejó a Ron en la entrada del castillo, se dirigió directamente a su habitación. Le había contado a Ron todo lo sucedido con sus padres, el fallo de la poción y el ofrecimiento de Snape de volver a trabajar en la misma, pero con ingredientes frescos. Sorprendentemente, Ron se había mostrado de acuerdo con el profesor de que no debía abandonar, y que si para ser feliz y estar con él, ella necesitaba a sus padres de vuelta, él la esperaría el tiempo que fuera necesario.

Así que Hermione se sentía bien, Ron la amaba tanto que la esperaría el tiempo que hiciera falta. Hablaría con Severus y le diría que continuaría con la poción y que aceptaba su ayuda, ahora sólo quedaba el tema de su declaración y no sabía cómo abordar el problema.

Estaba claro que ella no tenía sentimientos por su profesor, tal vez, a lo más que podía optar era tener una amistad, pero difícilmente podría despertar en ella cualquier sentimiento romántico hacia Snape. Hermione frunció el ceño. Cada vez que pensaba en la declaración de Snape y en el beso que le había dado, una opresión se instalaba en su pecho. Aquello ya se estaba volviendo recurrente.

Terminó de arreglar su habitación con varios golpes de varita y cruzó el pasillo decididamente hacia el despacho de su profesor.

Últimamente entraba sin llamar al laboratorio, pero ante las nuevas circunstancias… prefirió llamar. No sabía en qué posición estaba ante Severus.

"Severus"…

Se daba cuenta que cada vez le llamaba más por su nombre dentro de su mente, no sabía si esto era bueno, tal vez ella ya lo empezaba a ver como un amigo. Sacudió la cabeza, él había dejado claro que no quería ser su amigo, él quería ser algo más y ella no podía darle lo que quería. Con un suspiro de resignación llamó a la puerta del despacho, dejando de lado todos los pensamientos que la abrumaban con respecto a su profesor.


Severus esperaba a Hermione como cada tarde en su laboratorio para comenzar con la poción lo antes posible.

Y Hermione llegaba tarde a pesar de su escrupulosa puntualidad. Sabía que hoy había sido el partido de Quidditch entre Slytherin y Gryffindor, él no había ido a verlo para prepararse la sesión con Hermione.

No sacaba nada con ponerse nervioso, pero esperaba que ella hubiese decidido seguir con la poción para sus padres. Necesitaba saber que ella seguiría.

Sintió que llamaban a su despacho y frunció el ceño, molesto. ¿Quién osaba molestarle a esas horas? Sus alumnos sabían que estaba reunido con Hermione, por lo tanto, no se atrevían a llamar a menos que fuera algo muy importante y no pudiera esperar.

Cuando abrió la puerta se quedó en una pieza, Hermione lo miraba y se notaba que estaba nerviosa.

- Señorita Granger… – saludó. – Adelante.

- Gracias – Severus la miró caminar lentamente hasta detenerse a mitad del despacho, sin avanzar al laboratorio.

Caminó hacia el laboratorio, pasando por el lado de Hermione, quien al sentirlo cerca dio un pequeño salto. Se detuvo, dio media vuelta y la miró.

- Creo que necesitamos aclarar ciertas cosas, antes de comenzar con la poción profesor. – Comenzó diciendo Hermione en un mar de nervios.

- Es bueno saber que vas a continuar con la poción…

- No era precisamente sobre eso que quiero hablar…- le interrumpió, pero no dijo nada más, mirando una esquina de la habitación evitando su mirada.

Severus la miró fijamente, asintió en silencio y se dirigió a su escritorio para sentarse mientras le indicaba a la chica que hiciera lo mismo.

- Si lo que quieres es hablar sobre lo que te dije ayer…

- Por favor profesor… – lo interrumpió Hermione – sólo quiero entender, ayer… - se rascó la sien con un dedo mientras encontraba las palabras adecuadas para continuar. – lo que pasó ayer…

- Hermione, por favor, escúchame. – paró Severus su charla entrecortada. – Lo que pasó ayer fue un gran error de mi parte, nunca debí declararte mis sentimientos, no debí decirte nada, no debí besarte...

- Lo sé, yo… yo lo había empezado a ver como un amigo. – Severus no pudo ocultar el asombro al escuchar a Hermione. No estaba precisamente acostumbrado a que la gente le brindara su amistad. – Pero ahora… ahora ya no sé si sería prudente…

Severus se puso de pie rápidamente y se acercó a Hermione, tomo sus manos y la miró fijamente. Ella miró sus manos unidas y luego a sus ojos, no pudo rehuir otra vez su mirada oscura.

- Hermione, te lo dije ayer, no volveré a hacer mención de mis sentimientos hacia ti, está claro que tú no sientes lo mismo. – Hermione bajó la vista y retiró las manos de las de su profesor como si quemaran. – Lo acepto, pero por favor, no me quites tu amistad. – subió su mano hasta el mentón de la chica y la hizo mirarlo a los ojos. – Te lo prometí y pienso cumplir con mi palabra… y ahora mismo renuevo mi promesa, no volveré a besarte… a menos que tú así lo quieras pero por favor, no me quites tu amistad… es muy importante para mí.

- Pero...- comenzó a decir llena de incredulidad- ¿Cómo quiere que le dé mi amistad si sigue insistiendo en que yo querré que usted me bese? – preguntó molesta soltándose del agarre y levantándose de la silla, mientras Severus sólo se quedaba mirándola fijamente.

- La verdad es que yo tampoco lo sé. Creo que sabes que la esperanza es lo último que se pierde. – Dijo dedicándole una sonrisa franca, de esas que no compartía con nadie.

Hermione se quedó en una pieza… ¿Severus le estaba pidiendo que fueran amigos y además aún tenía esperanzas de que ella lo quisiera algún día? No sabía qué hacer, pero si era sincera con ella misma, le gustaba el profesor relajado que la trataba como a un igual, sin tanto formalismo, que la tuteaba, que compartía con ella sus conocimientos y que le pedía que fueran amigos… ¿Tan malo era que le diera una oportunidad?

"mientras no pase nada más…"

Lo miró fijamente, Severus estaba apoyado en el escritorio en una pose aparentemente relajada, pero ella se fijó que tenía las manos blancas de tan fuerte que las apoyaba, eso era un indicio de lo ansioso que estaba por su respuesta. "lo prometió, prometió que se mantendría la margen, que no volvería a besarte…" lo miró nuevamente a los ojos y solo vio sinceridad.

- Está bien, acepto su amistad – levantó la mano al ver que él iba a decir algo – con una condición… - al ver que él solo asentía, continuó – no hablaremos de esto, yo haré como que nunca pasó y espero que usted haga lo mismo.

- Haré lo que pueda para no hacerlo, aunque sabes que lo que me estás pidiendo es un poco difícil ya que… - al ver la mirada de ella se calló. – está bien – sonrió y le tendió la mano - ¿Amigos entonces?

Hermione se acercó a él con una sonrisa y se la estrechó.

Amigos – respondió

- Entonces… ¿Vamos al laboratorio, Hermione? – ella lo miró fijamente.

- Claro Severus…

La sonrisa en el rostro del profesor fue la más sincera y hermosa que le había visto. Debería sonreír más amenudo.

Juntos se encaminaron hacia la entrada al laboratorio, mientras Hermione sentía que por fin, las cosas se estaban arreglando.

Con ese pensamiento en mente, se adentró al laboratorio y sonrió de verdad por primera vez en días.


Harry esperó pacientemente que Ron llegara a su lado. Había estado pensando cómo abordar el tema, pero se convenció de que Luna tenía razón. Tal vez la chica no tenía culpa de lo que sucedía y por lo que había escuchado, Ron era el que estaba mintiendo… decidió hacerle frente con la mente abierta, no sacaba nada con alterarse. Respiró profundamente y esperó que llegara a su lado. Hablaría con él en forma tranquila y sin alterarse.

- ¡Harry, amigo! – saludó Ron alegremente cuando estuvo a su lado.

- Ronald…

Ron miró a Harry extrañado, él nunca era tan seco y nunca le llamaba por su nombre completo… se puso en alerta.

- ¿Pasa algo, compañero? – preguntó con cautela.

Harry lo miró fijamente un momento, para luego comenzar a caminar y pasearse tres veces ante la muralla.

Ron lo miraba fijamente mientras veía aparecer la entrada a la sala de los Menesteres.

- ¿Harry?- preguntó extrañado.

- Por favor Ron, necesito conversar contigo en privado…

- Claro – aceptó Ron.

Cuando entró, se encontró con que Harry había solicitado una habitación bien escueta, solo un escritorio y dos sillas amueblaban la sala.

- Tan serio es el tema de conversación que solo pediste un escritorio y dos sillas…

Harry solo lo miraba con cautela, mientras se sentaba en una silla e indicaba a Ron que ocupara la otra. Necesitaba poner una clara distancia entre ambos.

El silencio se prolongó por un tiempo, hasta que Ron no aguantó más la incertidumbre.

- ¿Harry?

- Te vi el otro día con la prefecta de Gryffindor… Alina creo que se llama…- soltó Harry de sopetón, sin rodeos. Ron puso los ojos como platos y sus orejas se tornaron del color de su cabello.

- No es lo que crees…

- ¿Y que es lo que creo? Porque te puedo asegurar que mis oídos escuchaban perfectamente y mis ojos, si bien necesitan gafas, estas funcionan perfectamente.

- Pero no es lo que parece…

- Ron, por favor, no me insultes. - estaba empezando a perder la poca paciencia. – Sólo dime que pinta Alina en todo esto. Porque por lo que tengo entendido, hasta donde tengo conocimiento, Hermione es tu novia… y no me gustaría que te estés burlando de ella, sabes que es mi hermana y no la quiero ver sufrir.

- Harry yo…

- Piensa bien en lo que vas a decir Ron.- dijo en un tono que comenzaba ser amenazante.

Ron quedó en silencio por un momento, pensando en qué decir. Harry le sostuvo la mirada, sin hablar, tan sólo sentado en su lugar mirándolo detenidamente. Cada vez se ponía más nervioso, no sabía que había visto exactamente Harry, pero por su mirada, no era nada bueno.

- No sé qué es lo que sabes Harry, pero quiero que sepas que yo amo a Hermione…

- Entonces tal vez me puedas explicar ¿Por qué le dijiste a esa chica que habías terminado con Hermione? ¿Hasta dónde has llegado con ella? – Ron se quedó en silencio, sin saber que responder a las preguntas de Harry. Nunca pensó que podía ser descubierto y mucho menos por él, pero no había manera de que supiera que se había estado acostando con ella. Era imposible…

Lo miró a los ojos, no le podía mentir a su mejor amigo, él debía entender…

- Harry, por favor, entiéndeme… Hermione nunca me ha dejado… quiero decir, ella no…

- ¡Porque no está preparada, carajo! – Gritó poniéndose de pie y golpeando con fuerza la mesa. – Mierda Ron, yo que creí que respetabas a Hermione, que entendías sus razones para no acostarse contigo, pero nunca… ¿me oyes? NUNCA creí que caerías tan bajo acostándote con cualquiera… no respetando su decisión. – Harry estaba furioso, había tratado no enfadarse, de verdad que había intentado no enojarse con Ron, pero no podía evitarlo. – ¿Alina te da lo que necesitas cierto? ¿Cuánto llevas acostándote con ella? – preguntó con cautela, temiendo la respuesta, no sabía si iba a poder aguantar.

- Harry yo…

- ¿Cuánto Ron? – preguntó sin estar seguro de querer saber la respuesta.

- Desde las selecciones del equipo de Quidditch – dijo en un susurro. Harry ya lo sospechaba, Luna había tenido razón al decir que Ron miraba mucho a Alina ese día, lo recordaba con claridad. Pero no había creído que su amigo fuera a traicionar a su hermana. – Harry, yo nunca que querido hacerle daño a Hermione, ella lo es todo para mi…

- Rara forma de demostrarlo. – Comentó serio.

- Harry, por favor, no le digas nada a Hermione. – suplicó Ron – Te prometo que dejare de ver a Alina. Cortaré toda relación con ella.

- Harry no sabía si creerle, pero Ron parecía sincero.

- Está bien Ron, te creo. – Terminó por decir Harry. – No le diré nada a ella, pero te pido que termines toda relación que tengas con la prefecta, no quiero saber que sigues acostándote o viéndola, si yo me entero Ron… si me entero de que has hecho daño de alguna manera a Hermione, no me va a importar que seas el hermano de Ginny ni mi mejor amigo.

- Harry…

- Te lo advierto Ron… si me entero…

- No te preocupes Harry, me quedó claro.

- ¿Estás seguro?

- Si Harry, muy seguro. – dijo mirándolo fijamente a los ojos.

Harry le devolvió la mirada seriamente, asintió con la cabeza, se levantó y sin decir una palabra, salió de la habitación dejando a un Ron más blanco de lo que era.

Una vez solo, Ron soltó el aire que estaba conteniendo. Se tomó la cabeza con las manos y apoyó los codos en el escritorio. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo iba a ver a Alina sin que Harry ni Hermione se enteraran?

Debía encontrar la forma, no iba a perder a Hermione, de eso estaba seguro.


Quiero dedicar este capítulo a Eydren Snape, que siempre se preocupa por mi salud, ¡gracias linda!

Como siempre un saludo a las chicas y chico del Escuadrón Snape, ¡los quiero un montón!

A AnitaSnape, que aunque esté con mucho mucho trabajo, siempre encuentra un minuto para escuchar y aconsejar, discutir ideas y corregir. ¡sin ti esto no sería posible guapa!

A SamantaBlack30, porque me mostró un mundo que no conocía y ¡ahora por su culpa no puedo salir de él! XD (y tampoco quiero).

Como siempre, invitarlas a visitar la página en Facebook de "Adictas al Sevmione" que como dicen en España "¡cómo mola!" (Échenle la culpa a las largas conversaciones con Anita XD).

Les cuento que con una de las Administradora de "Adictas al Sevmione", hemos creado una nueva página en Facebook para todas aquellas que tenemos cierta fijación por el señor oscuro, Tom Riddle, Lord Voldemort, etc. Claro, no se crean que es como en las películas de HP, si no que en nuestra pervertida mente tiene rosto, cuerpo… y está como él quiere (o mejor dicho… como nosotras queremos XD). Denle una oportunidad, se llama "Mortífagas de Lord Voldemort" no se arrepentirán.

Y con esto, me despido.

Saludos y cariños, un abrazote apretado.