Disclamer: Labyrinth no es de mi propiedad, lamentablemente. Tampoco Jareth o David Bowie, aún más lamentablemente. ¡¿Por qué me hacen repetir una y otra vez esta dolorosa realidad?! (En este momento amaterazuhime está desconsolada llorando en su lecho. ¡Pobre chica!) lol.
CAPÍTULO 2: EVERYTHING I'VE DONE, I'VE DONE FOR YOU. (TODO LO HECHO LO HE HECHO POR TI.)
El monarca permanecía apesadumbrado, arrellanado en su trono, con una pierna colgando sobre el brazo del mismo. Aún llevaba puesta su vestimenta blanca no se había molestado en cambiarse. La sala estaba vacía. No deseaba ver ni escuchar a nadie. Por otro lado, nadie deseaba escucharlo ni verlo a causa de su mal humor.
¡Maldita sea! ¡Ni siquiera con todos sus poderes podía quitársela de la cabeza! Y de su corazón. Su demacrado rostro lo hacía parecer algo avejentado. Y no era de extrañar, exhausto como estaba de darle todos los gustos. ¿Y, a cambio de qué? De un corazón roto. Gracias. De nada. ¡Como si tal cosa! Suspiró por milésima vez. Durante toda la noche no había conseguido dormir y cuando apenas lo conseguía lo asaltaban imágenes y sonidos de una pesadilla demasiado conocida. "¡Tú no tienes poder sobre mí!." El sólo recordarlo hacía lacerar su corazón. "¡Tonto!", se reprendió a sí mismo. ¡Hasta le había suplicado; le había rogado! "Pido tan poco." "Sólo témeme, ámame, obedéceme y seré tu esclavo." Los ojos del rey se humedecieron, pero, el agudo dolor pronto se transformó en furia cuando sus puños golpearon los brazos del sitial al ponerse de pie. "¡Tonto!"
-¡Su Majestad! ¡Su Majestad!- uno de los tantos goblins que habían permanecido fieles a él ingresó alarmado.
-¿Qué?- indagó con voz fría y el goblin se estremeció.
-¡Los traidores, Su Majestad!
-¿Qué sucede con ellos? ¡¿Acaso pretendes que los vaya a buscar de las orejas?! ¡¿Si ustedes no fueron lo suficientemente aptos para defender el castillo pretenden que también me haga cargo de eso?! ¡¿Qué más falta?! ¡¿Que cocine, que limpie, que alimente a los pollos?!- su enojo iba en aumento dispuesto a desquitarse con la pobre criatura.
-¡No, Su Majestad!- se excusó el súbdito en seguida. -¡Es que ellos están aquí, My Lord!
-¿Ellos? ¿Ellos quiénes?- su corazón parecía querer cobrar vida.
-¡Los traidores, Su Majestad!
-¿Y…, la chica?- cuestionó bajando la mirada intentando no mostrar interés.
-No, Su Majestad. Sólo los nativos del Underground.- la mirada del rey volvió a enfriarse en una expresión dura.
-¿Dónde están?
-Han aparecido uno tras otro en la ciudad, My Lord.
-¡Pues, encarcélenlos! ¡Ya me encargaré de ellos más tarde!- ordenó molesto. -¡Y más les vale que no escape ninguno!
-¡Sí, Su Majestad!- el goblin salió raudo de la sala y se juntó con otro ya fuera de esta. -¡Vamos, tenemos que atrapar a los traidores!
-¿Él lo ordenó?- cuestionó el otro asombrado.
-Quizás la muchacha lo venció, pero, no lo destruyó.- sonrió caminando con prisa para reunir a la guardia.
Horas más tarde, los goblins tenían la mazmorra llena como nunca antes. El soberano fue notificado de inmediato una vez que completaron su labor.
-¿Están todos?- apareció en la entrada del calabozo ataviado con una camisa blanca de seda; un chaleco con bordados en plata; pantalones grises; una chaqueta marrón de cuero con una sola hombrera de metal que abrazaba se pegaba a su cintura; botas negras y guantes haciendo juego.
-¡Sí, Su Majestad! ¡Tal como usted ordenó!- Jareth sonrió con placer. "Bueno, al menos podré desquitarme con alguien." E ingresó para comenzar a descender las escaleras hacia el oscuro calabozo.
-Veo. Después de todo, parece que ustedes aún tienen algo de mérito.- se dirigió a sus soldados. -Sin embargo, quiero verlo con mis propios ojos.- avanzó por los escalones con los dos guardias detrás. -¡Oh, vaya!- clamó ya frente a los prisioneros algo amontonados, a excepción de las dos fairies que estaban en una pequeña jaula para aves. -¡¿Pero, qué tenemos aquí?! ¡Si son las ovejitas extraviadas que regresaron al rebaño!- Los encarcelados se quedaron congelados. ¡Traición! ¡El peor delito contra su rey y ellos estaban a su entera merced! -¿Qué sucedió?- sonrió con mofa viéndolos en general para finalmente reparar en Hoggle. -¿Su cabecilla se cansó de jugar con ustedes y los envió de paseo? ¿O… vinieron a espiar?- dijo con maldad, como dando por hecho de que tenían mucho por lo que temer.
-N-no, Su Majestá.- respondió Hoggle. -Nosotros… sólo…
-¿Sí?- indagó viéndose los dedos como si estuviera analizando si su manicura estaba bien hecha, pese a sus guantes. No. Definitivamente la situación para los traidores era más que sólo grave. Hoggle no podía hallar las palabras o el valor para que la voz le regresara. Jareth volvió a verle desde arriba con superioridad.
-¡Desaparecimos y aparecimos aquí, Su Majestad!- interrumpió Sir Didymus ganándose ahora la atención del rey. -¡My Lady dormía plenamente y comenzamos a desaparecer uno por uno!- Jareth elevó una ceja incrédulo.
-¿Oh, realmente?- "¿Con que sí, eh? O sea que, después de todo, tampoco los necesitaba a ellos, ¿verdad? ¿O sería porque en su propia estupidez él incluso le había concedido esto último y de alguna forma ella descubrió que él lo permitió y por lo tanto lo rechazó?." -¡Qué extraño! Aunque…, viéndolos no lo es. ¿Quién querría tener a su lado a semejantes bichos asquerosos?- rió junto con sus guardias. Y luego, volvió a posar sus fríos ojos en ellos. -¿Entonces…, no saben por qué llegaron de nuevo a Labyrinth?
-¡No se haga!- explotó Hoggle. -¡Usté nos ha traído!
-¡¿Yo?!- clamó entre sorprendido y ofendido. -¡¿Te atreves a acusarme, Higgle?!- El enano se enfureció. ¡¿Por qué siempre tenía que confundir su nombre?!
-¡Es Hoggle! ¡Y no hay otro con el pode' de traerno' de regreso!
-Ya veo.- dijo peligrosamente sereno e hizo una pausa llevándose una mano a su barbilla pensativo. -Bueno, ya que así piensan… procuraré que tengan un castigo ejemplar.- les dio la espalda para verlos aterrados por encima de su hombro. -Mientras tanto, espero que disfruten su permanencia tras las rejas mientras… "dure", porque, créanme que les parecerá placentero en comparación con lo que les espera.- sonrió burlón y sacudió con un golpe la jaula de las fairies. Seguidamente dejó oír su perversa carcajada al ascender las escaleras. Los cautivos se miraron los unos a los otros preocupados.
¡Vaya acontecimiento más raro! Él no se había ni molestado en alejarlos de ella, por el contrario, había accedido en complacerle ese último anhelo. Un momento de debilidad que no volvería a ocurrir. ¡Nunca más! Pero, ellos estaban allí. Ella no poseía el poder como para ordenarles ir y venir del Aboveground al Underground y viceversa… A menos que… hubiera madurado por completo… No, no podía ser semejante cosa de un día para el otro. Era gracioso, lo mismo que le permitió que ella lo convocase era lo mismo que la alejó de él… Se obligó a concentrarse en el motivo del regreso de los traidores. Como fuera, ella no poseía tanto poder como para regresarlos a voluntad…, pero, sí para derrotar al idiota que le dio ese poder…
-¡Nunca más!- habló en voz alta ya frente a su trono. Mas, debía resolver el misterio y sólo había una forma de averiguarlo. Una esfera surgió de su mano y la observó como si se tratara de algo a punto de estallar, no era fácil el saber que debía volver a enfrentarse con su imagen. Su desconfianza se esfumó cuando la vio dentro de su orbe. Sarah se encontraba cambiando los pañales a Toby con bastante dulzura para alguien tan joven que lo había convocado para librarse de su hermanito. Entonces, no le desagradaban los niños, sólo que ella no tenía ninguno propio y le molestaba tener que hacerse cargo del pequeño porque sus padres salían todos los fines de semana, único tiempo que tenía libre para jugar. "Si hubieras aceptado, nuestro juego no hubiera tenido límites de tiempo." Se concentró en como volvía a vestir al pequeño. Quizás, algún día ella querría tener su propio bebé más adelante. Pero, no con él, claro. Esa idea lo enfureció y arrojó la esfera contra la pared haciéndola estallar en mil destellos que se disiparon. ¡Que tuviera bebés con quien se le diera la gana! ¡Niña tonta! ¡Él debería hacer lo mismo! ¡Casarse con la primera que se cruzara en su camino y…! Sus pensamientos fueron interrumpidos por una vieja goblin que era su criada y reconsideró lo dicho. "No; mejor no." Decidió y se quedó mascullando sus reflexiones.
Cuando menos lo esperaba, oyó que alguien lo convocaba desde la tierra. ¡Los humanos resultaban ser una plaga molesta incapaz de resolver sus propios asuntos!
-¡Su Majestad! ¡Su Majestad!- volvió a interrumpir uno de los suyos. Uno de los pocos goblins que podían hablar con propiedad; los cuales eran parte de su séquito.
-¡¿Y ahora, qué?!- dejó ver su humor, en tanto, el cielo se encapotaba de repente. No era bueno hacer enojar al rey; especialmente cuando ya estaba de malas.
-¡Su Majestad, tenemos uno en camino!
-¡¿Uno?! ¡¿Uno qué?!- indagó molesto.
-¡Un bebé, My Lord! ¡Sólo necesitamos de su permiso, antes que se digan las palabras correctas, para traerlo!
-Bien, bien. Lo tienen.- habló casi sin interés. -Ahora déjenme en paz.
-¡Pero, Su Majestad, usted debe verlo! ¡Es necesario, My Lord!
-¿Por qué?- preguntó con cierto fastidio.
-¡Porque el niño ya ha estado aquí antes!
-¡Eso no es posible! ¡Nadie viene dos veces al Underground! ¡Nadie en su sano juicio! ¡Ustedes deben estar errados!- afirmó confundido. ¡Lo que faltaba tener que ver dos veces la misma cara del imbécil que se quiso deshacer de algo tan valioso como lo es un niño!
-¡No, Su Majestad! ¡Es ese niño al que usted…!
-¡Ya, ya! ¡Iré con tal de no oírte más!- se puso de pie y se dirigió hacia una ventana. -Ustedes traigan al bebé, yo iré a ver al ingenuo mortal que nos llamó.- se convirtió en búho y se marchó dejando a su lacayo con la palabra en la boca.
-¡Pero, Su Maj…!- el goblin se lo quedó viendo iniciar vuelo apartándose del castillo. Sacudiendo su cabeza, regresó sobre sus pasos para seguir con las órdenes de su soberano.
Bueno. Por lo menos volar era agradable, lo ayudaba a sentirse mejor; pensó ya surcando los cielos de los mortales. Pero, mejor era sólo eso, y mejor no siempre significaba bien. Especialmente cuando la verdad dolía como el infierno.
El barrio se le hizo conocido, y se maldijo para sus adentros. Ese era el parque en el que ella… ¡Al diablo con ella! Un rayo cayó por el parque como si alguna fuerza hubiera querido borrar su existencia o los recuerdos que hubieren allí. Pero…, esa ruta que lo arrastraba ante quien lo había convocado… Llegó a la casa y se posó sobre la rama de un árbol para espiar por la ventana antes de hacer su entrada. Sus súbditos ya se habían llevado al niño y estaban haciendo de las suyas en el cuarto, como normalmente hacían. ¡Pero, maldita fuera su suerte! ¡¿Por qué no vendría algún grupo de muchachitos tontos para arrojarles piedras o cosas así?! ¡O mejor aún, que lo capturase un taxidermista! ¡Rayos y más rayos! Y eso hubo. ¡Pero, debía hacerlo; así eran las reglas! Y comenzó a atacar el cristal de la ventana para finalmente conseguir que se abriera.
"Esta vez," se dijo mientras ingresaba, "no daré tantas vueltas. Directo al grano." Se posó en la ventana y su sombra comenzó a cambiar sobre la confundida y asustada joven que miraba algo llorosa a su alrededor como diminutas sombras y seres pretendían tomarle el pelo corriendo y escondiéndose de aquí para allá a la par que reían y cada tanto tironeaban de la falda de su vestido blanco.
N/A: ¡Me encantó este capítulo! ¡Mientras lo escribía tenía ganas de ir a consolar a nuestro afligido rey! ¿Y ustedes?
