CAPÍTULO 6: A LAND SERENE. (UNA TIERRA SERENA.)
Disclamer: Labyrinth no me pertence. Tampoco la canción "Whitin You" sino a ¡ah…! David Bowie. ¿Y, por qué yo no puedo vivir contigo, entonces? ¡Rayos!
Sarah consiguió salir del basurero y alcanzar los lindes de Goblin City. Los portones permanecían cerrados. Aparentemente no había ningún guardia custodiando la entrada. "Qué extraño…"- pensó.
El ocaso otorgaba a Labyrinth tanto encanto como el amanecer. La joven empujó una de las hojas de ingreso y, a pocos metros, se encontró con otro juego de ellas; a un lado, había una especie de robot gigante. Sarah lo miró con aprehensión. ¿Sería sólo un adorno? En su mente se lo imaginó en movimiento atacándola a ella y a otros seres que curiosamente se parecían a algunos muñecos y adornos que tenía en su cuarto. "Espero que sólo sea decorativo…"- pensó pasando a su lado con cautela, entre tanto, se aproximaba a la siguientes puertas. Al igual que antes, tuvo que empujar, ésta vez con algo más de fuerza. Al fin, tuvo suficiente espacio como para atravesar el dintel y encontrarse en una silenciosa, vacía y serena Goblin City.
La ciudad no dejaba de ser pintoresca. Pero…, ¿vivía alguien allí? Tal parecía que ni el viento existía. ¿Y, qué era eso? Se preguntó al ver una galería, completamente hecha de cristal, conectada directamente desde la entrada hasta los diferentes puntos de la ciudad. Eso… ¿era normal? Bueno. Todo lo que tenía que hacer era avanzar directo al castillo, ¿verdad? Así que tomó el camino que aparentemente llevaba directo a él. ¡En verdad había resultado más fácil de lo que pensaba! ¡¿No era ella astuta?! Sonrió para sí y comenzó a andar segura de su triunfo.
-íSu Majestß! íSu Majestß!- un goblin ingresó corriendo a la sala del trono, donde el Rey Goblin, relajado en su trono como era su costumbre, supervisaba los últimos detalles antes del arribo de Sarah. Toby aún dormía.
-¿Qué?- cuestionó molesto con la interrupción.
-íLa chica!
-¿Qué sucede?
-íAtraves¾ la puerta!- Jareth observó el reloj; siete menos veinte.
-No hay problema. Terminen con todo lo que pedí. Por si acaso la observaré desde aquí.
-íSÝ, Su Majestß!- el mismo súbdito se retiró.
-¿Y el bebé?- cuestionó.
-La nana lo estß cambiando. íOlÝa como el Bog of Eternal Stench!- comentó uno y se oyeron las risotadas.
-¡¿Quién habla?!- rió Jareth -¡Recuerdo cuando tus padres te tuvieron! ¡Eras tan horrible como ahora y apestabas tanto que nadie quería cargarte!
-í┐Y, entonceÆ, c¾mo lo llevaban, mh?- cuestionó otro con curiosidad.
-¡Así!- aclaró el rey y le dio una patada que lo hizo volar a la próxima habitación y hubo más jolgorio. -¡Ahora, basta de risas y a trabajar! ¡Squeal!- nombró al goblin a su lado. -Avisa a la nana que aliste al bebé para después de las siete.
-¡Sí, Su Majestad!- se dio prisa; todos estaban expectantes y ansiosos. ¡Ésta vez tenía que resultar! ¿No?
Jareth se aproximó a la ventana, y con un pie en ella buscó con su vista a la muchacha. Cuando la halló sonrió. Allí estaba dándose prisa por llegar a horario por una de las galerías. ¿Estaría todavía enojada por dejarla en el basurero? ¡Sólo la había ayudado! De no ser así, el laberinto hubiera sido diferente a cuando ella arribó por primera vez. ¿No que era fácil? Pues, él no veía el por qué ella tendría que enfadarse con él. Bueno, al menos, no tanto. No pudo evitar reír por lo bajo cuando ella gritó frustrada frente a las puertas del castillo.
Sarah avanzó por el camino más directo hacia el castillo. No sabía qué hora era, pero, de seguro no tenía mucho tiempo para rescatar a su hermano del poderoso, arrogante, elegante y fastidioso Rey Goblin.
Ya a pocos pasos del castillo, pensó que ya la corona de laureles era suya. Él le había ofrecido una, ¿no era así? Pues, bien. Ella la había conseguido por sí misma. Sonrió jactanciosa. ¡Pobre Rey Goblin! ¡Ella ganaría y lo obligaría a pedirle disculpas por todas las maldades que le había hecho y las horribles cosas que le había dicho! ¡Y por llevarse a su hermano y decir esas tonterías de que se llamaría como él y que sería su heredero y demás! ¡Oh, sí! ¡Él tendría mucho de qué arrepentirse!
La gran sonrisa satisfactoria se borró cuando notó que la galería era un camino muerto a tan sólo un par de metros de los portones. No había salida por allí, y no había nada con qué golpear el cristal frente a ella.
-¡Ah!- gritó sintiéndose malograda. ¡¿Cómo pudo hacerle ésto?! ¡¿Por qué…?! "Espera un momento… ¿por qué sé que ésto no debería estar aquí? ¿Por qué estoy tan segura que lo hizo adrede si yo nunca he estado aquí antes para comprobar que ésto no estaba ya desde antes?" -¡No importa! ¡Ahora, debo buscar la entrada!- regresó sobre sus pasos hasta la siguiente galería que halló y comenzó a recorrerla. A veces, alejándose del castillo; a veces acercándose, pero, todavía sin disponer de una entrada. Y otra, vez, tuvo que elegir otro camino. -¡Sí!- gritó con alegría al advertir que ahora estaba en la senda correcta y que ya no había cristal que le impidiera alcanzar los pesados portones. Empujó éstos varias veces, hasta que al fin tuvo espacio suficiente. Pues, no tenía quién la ayudara. Y una imagen de ella abriendo esa entrada con otra ropa, con algunos seres ayudándola a empujarla, pareció golpear su mente. ¿Por qué? Sacudió su cabeza para quitarse esa loca idea de la cabeza. ¡No era momento de soñar despierta! Dio unos pasos más y se dirigió por un pasillo hasta la sala del trono. Ésta estaba completamente vacía. Observó el antiguo reloj, ¡sólo tenía menos de cinco minutos! ¡¿Cuánto tiempo había perdido en esas malditas galerías de cristal frente al castillo?! Y se dirigió hacia unas escaleras, sólo por allí podía haberse fugado el Rey Goblin.
Aquellos pocos escalones, la condujeron al Escher Room, donde las escaleras ascendían y descendían de maneras imposibles y fuera de toda lógica. Ella se detuvo pasmada. ¡Ésto era como… el póster en la pared de su cuarto! Apenas conteniendo el aliento, se adentró y comenzó a caminar por las escaleras sujetándose la falda de su vestido. ¡¿Por qué no se habría dejado el jean y la camisa debajo?! ¿Acaso no había nadie allí?
-"Cómo cambias mi mundo, tú, cosa preciosa…"- una voz comenzó a oírse, una voz conocida y llena de pena, como si aquella melodía lo transportara a un triste pasado; voz que ella intentó hallar. -"Me tienes hambriento y casi exhausto… Todo lo que hice lo hice por ti…"- Sarah tomó otra escalera, por momento quedando cabeza abajo, por momentos aparentemente de costado. -"No muevo estrellas adie… Corres tan rápido, corres tan lejos…"- Jareth, ahora vestido totalmente de negro, sentado en una ventana, la observaba yendo y viniendo por las distintas escaleras. -"Tus ojos pueden ser crueles…"- arrojó una esfera de cristal hacia ella, la cual cayó a su lado y comenzó a guiarla, en tanto, ella trataba de no perderla. -"Sólo como yo puedo ser cruel… Oh, sigo creyendo en ti…; sí, lo hago."- hizo una pausa teniéndola ya frente a sí, se puso de pie, ambos se quedaron viendo. -"Vivo sin tu luz… Amo sin tus latidos…"- él se acercó a ella con calma. -"Yo… Yo… no puedo… vivir… dentro tuyo…"- terminó la canción; y la observó con profundidad y una suave sonrisa. -Pero, ya no más, Sarah.- su voz era como una caricia. -Ésta vez, si cometes el mismo error nos perjudicarás a ambos. Y yo te di mi palabra de que jamás dejaría que algo te dañase.- extendió su mano hacia ella. Sarah observó aquella mano enguantada y tragó saliva. ¿De qué error estaba hablando? ¿Por qué otra vez actuaba y se expresaba como si ellos… se hubieran conocido antes?
-¿Dónde está Toby?
-Sarah, él está bien atendido aquí. ¿Qué clase de monstruo piensas que soy? Además, tu hermano me agrada.
-¡Eso no tiene nada que ver! ¡¿Tú… sólo quieres hacerme perder el poco tiempo que tengo, verdad?!- se enfadó al recordar aquel horrible laberinto de cristal, eso sí que no fue fácil, ni agradable, ni nada por el estilo. Lo miró con reproche. Pronto, ya no estuvieron en el Escher Room, si no debajo de éste, donde la última vez sus destinos se habían separado, partes de paredes y de otros elementos flotando en el aire alrededor de ellos. Sarah no supo por qué, mas, las palabras vinieron a su mente como un acto reflejo. El Rey Goblin continuaba con negra vestimenta, mas, Sarah se lo imaginó por un segundo ataviado totalmente de blanco, exhausto, desesperado y dolido.
-Sarah…- él la nombró y ella dio un paso hacia atrás. Su tono casi era de disculpa y de súplica. De pronto, ella sentía deseos de llorar tontamente. ¿No era ridículo? ¿Por qué sentía esa angustia dentro suyo? ¡No podía mostrarse así! ¡Ella…! ¡Ella no podía perder! ¡No quería perder! ¿O sí? ¡¿Qué clase de trucos le jugaba su mente?! ¡¿Por qué venían imágenes a ella; imágenes que no entendía, pero, conocía?!
-Entrégame al niño.- Jareth no pudo sino suspirar con amargura. ¿Otra vez tendría que pasar por ese amargo momento? Si ella lo quería de la manera difícil…
-Sarah, cuidado. He sido generoso, pero, puedo ser cruel.- se acercó a ella ahora ataviado absolutamente de blanco. Una capa imitaba el plumaje de un búho blanco.
-¿Generoso? ¿En qué has sido generoso?
-¡En todo!- volvió a recordarle enfadado como aquella vez. Y comenzó a circundarla. -Hice todo lo que quisiste. Quisiste que tomara al niño, lo hice. Temblaste ante mí. Yo infundía temor. ¡He reordenado el tiempo! ¡He dado vuelta al mundo! ¡Y lo he hecho todo por ti! Estoy agotado de hacer tu gusto. ¿No es eso generosidad? ¿Y más aún cuando lo hago por segunda vez?- Sarah tragó saliva. ¿Por segunda vez? ¡¿Qué segunda vez?! ¡Está bien! ¡Pese a su fastidiosa persona, él la había ayudado en varias ocasiones, pero…, no por eso debía soportarlo y entregarle a su hermano! ¿No? ¡No! Se dijo testarudamente y comenzó a avanzar hacia él con aquellas palabras que fluían tan naturalmente de sus labios. El Rey Goblin retrocedió con cada paso de ella. ¡Si ella supiera cómo dolía! ¡Cómo su alma gritaba de angustia con cada palabra!
-Enormes peligros e innumerables penurias he atravesado para llegar al castillo y recuperar al niño que robaste. Porque mi voluntad…- su voz pareció quebrarse, y trató de recuperarse, en tanto, se sentía una verdadera villana. ¡Pero, estaba haciendo lo correcto! ¡Estaba haciendo lo correcto! Se repitió a sí misma. - mi voluntad es fuerte y mi reino tan grande…"
-¡Detente! Espera, Sarah.- la mano de Jareth se extendió hacia ella para detenerla. -Mira, lo que te ofrezco.- le presentó un cristal. -Tus sueños. Por favor, entiende.- Sarah observa aquella orbe tan familiar, y sí. Deseaba tomarla. Pero, no debía. Ella… debía hacer lo correcto.
-Y mi reino tan grande…- Todo era exactamente igual; pensó él. Pero, luego, se dijo que no. No lo era. Pero, sí. Debía ser.
-Pido tan poco.- le rogó. -Sólo déjame gobernarte y tendrás todo lo que quieres. Date cuenta, Sarah.
-Y mi reino tan grande…- apartó la mirada de la suya. -¡Nunca puedo recordar esa parte!- Jareth se aproximó a ella con el cristal en su mano.
-Sólo témeme, ámame, haz lo que digo y seré tu esclavo. Seré tuyo, Sarah.- la observó con plegaria, temor, dolor y amor. Hizo otra tentativa de que se adueñara de sus sueños.
-Y mi reino tan grande… Y mi reino tan grande…- lo miró con triunfo. ¡Se había acordado! ¡Todo lo que tenía que decir eran seis simples palabras! -Tú…- pero, parecía que se estrangulaban en su garganta y nuevamente sentía ese irrefrenable deseo de llorar y ese inexplicable sentimiento de culpa, de dolor. ¿Por qué? -Tú… no…- Jareth cerró sus ojos. "Muy bien, Sarah. Entonces, será de ésta forma. No me dejas alternativa. Ya no puedo cambiar; y si me empiezas a odiar; pues, que así sea. Yo ya no puedo hacer otra cosa." -Tú no tienes… poder… sobre…- antes de que ella completara su sentencia. Jareth avanzó hacia ella, pese al dolor emocional y físico que le causaban aquellas malditas palabras y sorpresivamente la atrajo hacia sí. Y ella no pudo agregar ni una sola palabra más, porque sus labios fueron sellados por un apasionado beso que la obligó a entreabrir sus labios. Los ojos de Sarah observaron su avance con gran sorpresa, y permanecieron así hasta que durante el beso, ella comenzó a sentirse tan débil…, mas, a la vez tan bien… La joven cerró los ojos y sus sentidos se intensificaron. Él sabía tan dulce como aquel durazno… Él sabía a durazno… Las campanadas del reloj anunciaron que el tiempo del reto se había acabado.
Jareth se obligó a terminar con el beso. Ahora, ambos estaban ataviados como aquella noche en la cual bailaron en el Ballroom. La miró con satisfacción, pero, sin rastro de maldad. Sarah todavía estaba atónita. ¿Él… la había besado? ¡¿Él la había besado…?!
-¿T-tú…?- fue todo lo que la muchacha pudo gesticular.
-Sí. Yo. ¿A quién esperabas?
-¿Cómo…?- todavía no conseguía ajustar sus sentimientos. -¡¿Cómo te atreviste?! ¡Quiero a mi hermano!
-Y lo tendrás. Pero, déjame llevarte hacia donde se encuentra, por favor.- le indicó que aferrara su brazo. Y la condujo hacia un pasillo, donde una goblin sostenía al bebé en brazos. Sarah no pudo contener su alegría y corrió hacia ellos.
-¡Toby!- extendió los brazos hacia el niño que sonriente se inclinó hacia ella y acabó abrazado. -¡Oh, Toby! ¡Lo siento tanto! ¡Todo es mi culpa!- Toby comenzó a moverse inquieto para arrojar sus bracitos hacia el soberano con una risita como si dijera: "¡Oh, vamos! ¡Hagamos otra vez aquello de 'Danza magia, danza'!" Jareth correspondió la sonrisa al pequeño que se esforzaba por alcanzarle. La joven no podía dar crédito a lo que veía. ¿Desde cuándo su hermanito iba tan complaciente a los brazos de un extraño? ¡Él siempre lloraba buscando a Karen! ¡¿Por qué era tan… amistoso con él?! ¡¿Justo con él?! Observó a Jareth con recriminación. -¡¿Qué le hiciste?!- espetó.
-Sarah. Yo no le he hecho nada. Ambos simpatizamos; eso es todo. ¿Es tan difícil de creer?
-¡Tú no puedes simpatizarle a nadie! ¡Eres… un malvado, tramposo e insoportable sujeto!- Jareth sólo mostró una mueca ladina en sus labios.
-Cosita, mejor te calmas.- tomó al niño entre sus brazos pese a que ella intentó evitarlo. -Por si no lo sabes, a todos los feys nos gustan los niños. Bueno, a casi todos. Y…,- Toby lo obligó a hacer una pausa, pues, se había adueñado de su nariz -con respecto a ti…, ahora me acompañarás al Ballroom. Nuestros invitados nos están aguardando.- entregó al pequeño a la nana dándole indicaciones. -Ésta noche llévalo a su cuarto.- la nana cabeceó afirmativamente y tras una inclinación se retiró con el bebé en brazos.
-¡¿Nuestros?!- se asombró.
-Sí, mi amor. Nuestros. Tú eres mi pareja. Por ende, ellos son nuestros invitados. No tienes por qué temer. Allí no hay ningún fey como la vez pasada. Me encargué que ésta vez la compañía sea más… a tu gusto.
-¡¿Rey Goblin, puedes decirme por qué siempre hablas como si yo ya hubiera estado aquí?!- se exasperó. Él la miró fijamente sujetándola de los hombros.
-Porque éste es tu segundo viaje, Sarah. No creo que hayas olvidado todo por completo. ¿No has sentido como… si lo hubieras soñado, o algo así?
-¡Oh, no…!- se lamentó y sus ojos se llenaron de lágrimas. -¡No puede ser…! ¡¿Todas esas imágenes…?! ¡¿Todos esos momentos que venían a mi mente…?!
-Sí.- le confirmó él tratando de confortarla con una caricia en su rostro.
-¡¿Eso…?! ¡¿Eso fue anoche, verdad?!- ella casi gritó. ¡¿Oh, cómo podía haber deseado dos veces deshacerse de su pequeño hermano?! ¡¿Qué clase de monstruo era?!
-Sarah…, eso no es tan importante ahora. Por favor; más tarde, cuando el baile acabe hablaremos sobre ello. Pero, ahora, querida mía, ven conmigo. Te dije que las penurias de tu viaje serían recompensadas una vez en mi castillo.
-¿Por qué?- cuestionó ella dolida. -¡¿Por qué me pusiste esa maldita trampa frente al castillo?!
-Sarah, ahora no.- pareció advertirle. -Tenemos una celebración aguardándonos.- tomó su brazo y lo ubicó sobre el suyo. -Todo estará bien. Y todo será aclarado después de la fiesta.
-¿Y qué celebramos?- sonó irónica. -¿Mi derrota? ¿Lo tonta que soy por…?- se silenció. No. Ella no confiaba en él. ¿Qué estuvo a punto de decir?
-Sarah, celebramos porque… tú estás aquí. Y de ninguna manera, tu derrota.
-¿Entonces…?- se lo quedó viendo y se puso a analizar a medida que se dirigían hacia otro corredor. -¡¿Entonces, es mi despedida?! ¡Tú ganaste, así que te quedarás con Toby y me regresarás a mi mundo!- no pudo evitar que las lágrimas la traicionaran. ¡Ella no deseaba perder a su hermano! ¡No deseaba dejarlo allí, solo; lejos de sus padres, de su hogar!
-Sarah, creo que no entiendes nada. Creo que no importa lo que yo haga, tú siempre pensarás lo peor de mí, ¿no es así?- se mostró dolido.
-¡¿Y cómo quieres que piense lo contrario, si siempre estás maltratándome?!
-¡¿Yo te maltrato?!- él se ofuscó y detuvo su andar. -¡¿Ahora resulta que yo soy el que te lastima?! ¡¿Y dime, Sarah; si yo soy tal como tú dices que soy, qué se supone que yo debo opinar sobre ti?! ¡Estoy harto de mostrarte mi amabilidad! ¡Tal parece que no es eso lo que quieres! ¡Si te gusta mi lado más oscuro, entonces, eso es lo que tendrás!
-¡¿Qué si me gusta?! ¡Ja! ¡Tú no me gustas! ¡Eso es todo!- Jareth apenas podía contener su enfado. Y de repente, una máscara de frialdad cubrió su rostro. En sus labios, se dibujó una maquiavélica mueca.
-Entonces…, ¡qué lástima! Porque, yo no pienso deshacerme de ti. Y eso, chiquitita, es lo que realmente festejo. Ahora, bien; tú has rechazado tus sueños, y has perdido. Yo soy tu rey, ahora. Y tu hermano, será mi heredero como lo había planeado desde tu primer viaje. Ahora, vamos al baile, cosa preciosa.
-¡No lo permitiré!- se desprendió de su brazo. -¡Y no te acompañaré a ningún estúpido baile! ¡Si quieres celebrar cómo destruyes a los demás, celebra tú sólo, pues!- comenzó a alejarse.
-¡Sarah! ¡Regresa!- demandó ella no hacía caso ninguno. Otra vez, a la manera difícil. ¡Diablos! ¿Cómo no iba a creerlo un villano si ella no dejaba de comportarse de esa manera tan… desafiante ante cada cosa que él dijera o hiciera! -¡Te lo ordeno!- espetó y como si alguien la sujetara de brazos y piernas; ella se detuvo y una fuerza la arrastró hacia el monarca. Su espalda chocó contra su pecho, y pronto, los fuertes brazos la rodearon. -No eres rival para mí, Sarah. Tú eres ahora uno de mis subordinados.- susurró en su oído. Ella lo miró enfadada. -Te lo dije; soy tu rey.- la liberó para ofrecerle su brazo. -Ahora, si no quieres que te someta otra vez a éste tipo de encantamientos, sé buena chica y acompáñame al baile como la dama, que sé que eres.- Sarah se cruzó de brazos. ¡Vaya descaro! Tenía que refutarle con algo. ¡Debía y lo haría! ¡Quería que él se sintiera mal o algo así! Y sólo se le ocurrió decir algo que debería haber pensado dos veces.
-Yo soy menor de edad, Rey Goblin. ¿No sería correcto que le preguntaras a mis padres si puedo ir contigo a un baile?
-Tus padres me tienen sin cuidado alguno, querida mía.- se cruzó de brazos imitándola. -Y, con respecto a tu edad…,quizás en tu mundo seas menor, pero, aquí…- se inclinó para hablarle próximo a su oído, su voz se transformó en seda -estás a punto caramelo.- Sarah creyó que el corazón se le detuvo, mas, no; por el contrario, sus latidos estaban más agitados que nunca. -¿Por qué crees que siendo el rey de éstas tierras voy a dejarme gobernar por las de tu anterior mundo?- volvió a elevarse. -¿Ahora, mi chiquitita, vienes o te llevo?- volvió a extender su brazo. Sarah respiró con fuerza tratando de superarse y con incomodidad y recelo aceptó su guía.
