CAPÍTULO 13: CENA PARA DOS.
Disclamer: No, no tengo esa suerte. No son míos. Tampoco la letra de "When the world falls down," es del Camaleón más hermoso que yo haya visto. Je. Pero, sí Fussy es un personaje secundario de mi invención.
N/A: Hola, hola. ¿Qué tal? ¿Sarah les está poniendo los pelos de punta? Es lo mismo que me ha pasado a mí cuando vi la peli. ¡¿Cómo se puede rechazar a alguien tan hermoso?! Y, quería darles las gracias por seguir mi historia y decirme todas esas cosas lindas que me hacen tener ganas de subir más y más capítulos. Gracias, Lain3x por tu review. ¡Eres una máquina leyendo, muchacha, te pareces a mí! Yo los libros los devoro, no los leo. (Risas.) En serio. : - ) Espero que disfruten este nuevo capítulo. No sé si el martes voy a poder subirlo así que me di prisa y lo hago hoy, ya que el lunes a una de mis amigas le van a hacer cesárea, así que supongo que el martes estaré conociendo a su nuevo hijito, Santiago. Besos a todas.
Sarah quedó tan sorprendida como por la mañana con lo que veía en el jardín. Al fin, estuvieron próximos al cenador. Desde lejos, la joven podía advertir que había una tenue luz blanca proveniente de la glorieta. Afuera, una de las criadas les aguardaba y arqueó su cuerpo a modo de saludo.
-Buenas noches, Su Majestad; Lady Sarah. La mesa está servida, My Lord.
-Gracias, Fussy. Ya puedes tomar tu descanso.- le anunció él.
-¿Seguro, Su Alteza?
-Sí. Seguro. Yo puedo hacerlo.- le aseguró divertido.
-De acuerdo, My Lord. Buenas noches, Su Majestad; My Lady.- la goblin, mucho más joven que Twig se encaminó hacia el interior del castillo.
-My Lady.- sonrió haciendo un amplio movimiento con su brazo para cederle el paso a Sarah. La muchacha se encontró con un primoroso cuadro: las paredes de verdes hojas fueron adornadas con blancas guirnaldas con bordados en plata, varios faroles iluminaban dando al ambiente un halo misterioso y romántico… Esto le hizo reparar en la mesa servida, que misteriosamente había reducido su tamaño, ahora vestida de blanco. En el centro, una vela plateada con forma de flor flotando en una orbe de cristal, como las que usaba el monarca. Los cubiertos y platos eran de plata; sobre éstos, servilletas que hacían juego con el motivo de las guirnaldas. Las copas eran del más límpido cristal con pies y bases plateados. Notó que todo estaba perfectamente calculado para dos comensales. Y…, él había despedido a la única criada que estaba en el sitio. No pudo sino hacer una fuerte inhalación para calmarse. De repente, sintió como que el corset estaba muy ajustado. Trató de hacer memoria. ¿Él había hablado de cenar a solas? No; él le había preguntado si ella deseaba cenar allí, no si deseaba hacerlo con él. ¿Acaso…, esto era una… especie de cita? Tras estudiar nuevamente la mesa para verificar que no estaba errada, lo observó confundida.
-¿Y…, tu familia?- él sonrió con diversión.
-Bien, gracias.
-Quiero decir… ¿Por qué no están cenando aquí?
-Porque yo te invité a ti a cenar aquí. Ellos están cenando dentro y no nos extrañarán para nada, créeme.- se dirigió hasta uno de los asientos y lo corrió hacia afuera. -¿No te gusta?- indagó viendo a su alrededor el trabajo realizado.
-¡¿Cómo no podría no gustarme?! Sólo que…, pensé que íbamos a cenar todos juntos…- cobrando coraje fue junto a él.
-Bueno, no hoy.- la ayudó mientras ella se sentaba y se inclinó sobre su oído. -Además, habíamos quedado en hablar sobre tu deseo, ¿recuerdas?- Sarah sintió un escalofrío por su columna.
-Sí, pero…- él ya estaba sentándose frente a ella.
-Hay temas que no deben ser expuestos tan liberadamente frente a otros, mi chiquitita.- la observó con una atrevida mueca y sonrió. -Ya aprenderás eso también.- ella no pudo responder a eso. Sólo se sonrojó sin comprender bien el motivo y volvió a respirar.
-Bueno…, ya que no hay criados supongo que deberé servir yo ya que tú eres el rey.- Jareth rió con soltura.
-¿My Lady, me consideras una especie de bárbaro como para que no sea galante con una belleza como tú?- Sarah pareció dar un respingo en su asiento y quedar sin aire. Él no pudo sino soltar una risita por lo bajo. -¿Sorprendida? Deberé esforzarme más, entonces.- dijo girando su muñeca los cubiertos de servicio comenzaron a maniobrarse por sí solos. Sarah miraba asombrada el suceso y luego a él, que parecía disfrutar de cada pequeño asombro que le llegaba a ocasionar.
-¿Por qué tienes criados si puedes hacer eso?- indagó con extrañeza, mientras, sus platos comenzaban a colmarse.
-¿Por qué emplear día a día mi magia si hay quienes pueden hacerlo? Además, a la larga me resultaría aburrido y, ellos necesitan vivir de algo. Aquí nadie es esclavo, Sarah mía. Ellos me sirven por propia voluntad. Aún el que alguna vez haya sido castigado gana su dinero para vivir con dignidad.
-Oh. Entiendo. Es… como en la tierra, sólo que… allí…
-Allí no siempre se respeta el equilibrio, lo sé. Yo soy el rey, y por ende, tengo poder, dinero y cuanto puedas imaginar. Pero, debo hacer valer mi título por medio de mi labor. A mí no me sirve un pueblo que no me rinda frutos, y a ellos no les sirve un rey que sólo haraganee y a su vez, voluntaria o involuntariamente no les ayude a rendir frutos. Llamémoslo… una simbiosis. ¿Vino?- cuestionó indicando la botella con su mano. Ella parecía dudar. Si pedía jugo parecería una niñita, y él… no la estaba tratando como tal; de hecho, la conversación ciertamente no era propiamente de adolescente.
-¿Es… muy fuerte?- él hizo una mueca entre jocoso y apacible.
-No ésta vez.- le mostró la botella y ella se inclinó sobre la mesa y simplemente no podía creerlo. Se trataba de un fino vino dulce con poca graduación proveniente del Aboveground.
-¡¿Cómo…?! ¡¿Cómo obtuviste eso?!- él rió con desenvoltura y Sarah por primera vez descubrió lo agraciado que podía ser ese sonido. Si bien siempre su voz hizo estragos en su persona, eran pocas las veces que lo había oído reír, y ésta no era para nada aquellas carcajadas siniestras que solía oír durante su primer viaje en Labyrinth.
-Yo soy un rey, y tengo mis influencias.- comentó de muy buen humor y sirvió en las copas sin usar su magia. -Primero, debes saber cómo apreciar un buen vino.- le anunció elevando su copa haciendo girar suavemente el contenido para acatar su aroma. Sarah estudiaba en detalle todo el proceso de la catación de la bebida. Había oído algo al respecto, mas, jamás había visto hacerlo. -¡Excelente!- volvió a sonreírle. -¿Quieres intentar?
-¡Seguro!- afirmó saliendo de su distracción hacia él e iba a tomar la copa de la parte superior, cuando él la detuvo con una mano abierta.
-¡Espera! Primero, nunca debes sujetarla de arriba; sino, de ésta manera.- le mostró con la propia rodeando el pie de plata con sus largos dedos. Su voz estaba cargada de paciencia. Sarah siguió sus pasos y levantó el recipiente.
-¿Y…, ahora?
-Ahora, haces que el vino gire lentamente y lo aproximas a tu nariz para poder descubrir su esencia…- ella imitó según lo había visto a él antes. -Eso, con gentileza. Cierra los ojos y aspira suavemente.- Sarah se dejó guiar con docilidad. -¿Puedes percibir su dulzura? Su fragancia habla por sí sola de las horas que los granos fueron acariciados por el sol, que la lluvia los agasajó, del ferviente trabajo de quienes los cultivaron, y de la quisquillosa selección para conseguir la perfección de la que ahora estamos disfrutando.- Sarah parecía estar soñando, en tanto, le recitaban un poema. -Ahora, mi pequeña belleza, haz que tus labios acaricien el elixir de la vida, que apenas se asome en tu boca, pero, que dure lo suficiente como para poder entender de qué te está hablando.- Sarah obedeció, aún con los ojos cerrados. No pudo evitar suspirar ante la exquisitez de la voz y de lo que decía. -¿Lo tienes?- casi susurró admirando a la mujer frente a sí.
-Es… suave, terrenal…, sabe a… ¡calurosos días de verano!- clamó abriendo sus ojos. El gobernante hizo una mueca de satisfacción.
-¡Esa es mi chica!- habló con una profunda mirada. -Ahora, comamos antes de que se enfríe.- eludió el placer de incomodarla para conseguir una distendida cena y se hizo de los cubiertos para comenzar a cortar su ración de carne rellena con verduras.
-Hablas como si tú no pudieras solucionarlo.- sonrió ella cuchillo y tenedor sobre ya trabajando sobre su plato.
-Bueno…, supongo que después de todo, sí tengo algo de rey haragán.- bromeó y ambos rieron.
-No necesitas de mucho para convencerme de ello.- dijo de igual talante.
-¿Oh, realmente?- inquirió fingiendo preocupación. -Al menos, ahí tengo la seguridad de que puedo convencerte de algo…, por empezar.- se cruzó con su mirada. Sarah mordió su labio inferior, en medio de una sonrisa y sus mejillas tomaron color. -¡Vaya! ¿Apenas un sorbo y ya tu cara se torna roja? Creo que tendré que deberé confiscar tu copa, chiquitita.
-¡Oh, tú, malvado Rey Goblin!- se molestó ella sonrojándose más.
-Malvado Jareth.- corrigió él con una abierta sonrisa. -Si me llamas por mi nombre prometo no molestarte más con respecto a tu… poca tolerancia al alcohol.- Sarah resopló enfadada.
-¡Entonces, déjame agregar esto: antipático Jareth!- él pareció quedar conforme porque volvió a estar hilarante.
-Muy bien. Ahora me veo obligado a cumplir. Mis disculpas, My Lady.- se arqueó levemente.
-Las aceptaré cuando vea los resultados.
-De acuerdo.- Eso sonó a desafío.
Ambos estaban disfrutando enormemente de su cena y se habían mantenido en silencio por varios minutos, comentando ocasionalmente sobre los alimentos que estaban deglutiendo o sobre lo jamás en su vida probarían. De la boca de Sarah brotó una risotada cuando él confesó con aversión que si había por lo que estaba agradecido de haberse convertido en rey era de que jamás volverían a hacerle comer brócolis.
-¡Eso no puede ser cierto!- tuvo que poner las manos sobre su estómago. -¡Oh…, cielos…!- intentó recobrar el aire. -¡Tendrías que ver tu rostro, Jareth!- lo nombró por primera vez en la noche sin que él tuviera que pedírselo. Él sonrió, mas, sabiamente no hizo alusión del hecho. -¡Parecías un niño de siete años!
-Para ti es fácil hablar así cuando tenías la fortuna de que a tu padre tampoco le gustase la sopa de cebollas.- se defendió con una sonrisa. Sarah supuso que su acentuada mirada sobre ella se debía a su descarada hilaridad.
-¡Oh, pero, tampoco me agradan las habas, y de eso no me he podido salvar!
-De acuerdo. Estamos a mano, entonces.- reconcilió él y los platos fueron cambiados por dos copas de crema y frutas. -Apuesto a que en esto coincidimos.
-¡Seguro!- exclamó hundiendo la cuchara en la esponjosa substancia. -¡Mh…!- murmuró exaltada al probarlo. -¡Durazno!
-Sí. Es mi favorito. Pero, no es lo único que hay allí.- comentó con una porción de crema y frutilla en su cubierto.
-¡Puedo verlo!- sonrió ella estudiando a través del recipiente. Hubo otro momento de intermediario silencio. -¿Y…,- comenzó a jugar con su cuchara y la crema en su copa -qué hay sobre… mi hermano?- cuestionó con temor a tener que soportar una rotunda negativa. Él le sonrió con calma.
-No pienses que me he olvidado de ello. Sólo que… prefiero que lo discutamos más tarde.- no quería arruinar lo que tenía planeado y la forma en que tenía proyectado en decírselo.
-¿Por qué?- se preocupó ella.
-Porque…, quizás haya algunos puntos que discutir.- Sarah dejó la cuchara sobre la mesa con su cabeza baja. ¡Seguramente se opondría a que al menos Toby regresara! Él pudo ver a dónde iban sus pensamientos. -Sarah,- la nombró con amabilidad tomando su mano sobre la mesa -sólo ten paciencia; te he dado mi palabra y la última en decidir el destino de tu hermano serás tú.- esto hizo que ella lo mirase con desconcierto y renovada esperanza.
-De acuerdo.- afirmó junto a un movimiento de cabeza con una débil sonrisa.
-¿Entonces, podemos seguir disfrutando de la mutua compañía sin… barreras, como hasta éste momento?- Sarah se cuestionó quién le había dicho a él que ella disfrutaba de su compañía; aunque, debía reconocer que una vez superados los temores de tener que estar a solas con él, había olvidado por completo que se trataba del poderoso, fastidioso, vanidoso y tiránico Rey Goblin.
-Sí. Perdona.
-No hay nada que perdonar. Yo… entiendo… un poco.- ella le sonrió tratando de agradecerle y terminaron su postre en silencio. Hasta que él intentó romper el hielo, de la única manera que sabía posible hacerlo. Sonrió para sus adentros y giró su muñeca haciendo aparecer una cereza sin que ella se percatara y acomodando una en su cuchara la usó de catapulta calculando el punto exacto de su objetivo. Con estrategia y una menudencia de magia todo era posible.
Sarah sintió algo frío que cayó dentro de su escote y pegó un salto junto a un gritito. Del otro lado surgió una franca carcajada. Ella apenas podía creer que él se hubiera atrevido viéndolo con la boca abierta. "El perfecto caballero de Twig", pensó con indignación. ¡No, si Twig no lo conocía como ella!
-¡¿Cómo te atreves?!- hurgó con dos de sus dedos para sacarse el fruto de entre su ropa. Y la maldita baya se le escapaba.
-¿Necesitas ayuda?- se ofreció elevando una ceja; ella lo fulminó. -¡¿Qué?! Estoy más que voluntarioso a socorrerte.
-¡Ésta sí que no te la perdono, Su Majestad, Su Alteza, Rey Goblin, Jareth o quién seas!- consiguió quitarse la cereza y se la arrojó por la cabeza. Jareth la atajó con una mano y la estudió antes de comerla con divertido placer.
-¡Mh…! ¡Creo que definitivamente comenzarán a gustarme más las cerezas que los duraznos!- se puso de pie al ver que ella ya estaba incorporándose.
-¡Jareth!- gruñó ella yendo hacia él, mas, éste se escudó al otro lado de la mesa. -¡Quédate quieto!
-¡Oye, chiquitita, que yo soy el rey! ¡No puedes darme órdenes!
-¡Oh, te daré todas las órdenes que quiera después de que te golpee lo suficiente como para que obedescas!- prometió ella furiosa. Él hizo una de sus muecas burlonas.
-¿En verdad? Eso suena interesante.- siguió eludiéndola hacia un lado y hacia otro. La muchacha desesperada, se inclinó sobre el otro lado de la mesa y estiró sus brazos intentando alcanzarlo. El Rey Goblin retrocedió veloz y en el momento en que ella volvió a bajar sus brazos depositó rápidamente un beso sobre sus labios antes de que ella pudiera enderezarse de su posición. Sarah quedó por un segundo estática, había sido tan rápido que no estaba segura, pero, al ver su ladinos ojos no dudó y volvió a chillar.
-¡Eres un abusivo!
-¿Vago y abusivo? ¡Debo ser el hombre más buscado por las mujeres, entonces!- se mofó y esquivó la servilleta que voló a su lado. Una dos o tres vueltas más alrededor de la mesa y Sarah se golpeó la rodilla con una de las sillas quedando agachada para frotarse donde se había accidentado. Jareth voló junto preocupado. -¡¿Sarah, estás bien?! ¡¿Te hiciste daño?!- la ayudó a sentarse en uno de los confidentes contra la pared y él a su lado. -¡Oh, Sarah, lo siento tanto!- se lamentó. Y de pronto, unas manos se apoderaron de sus orejas y ella comenzó a reír; milagrosamente recompuesta.
-¿De veras? ¿Y, ahora a dónde vas a escabulliste?- se jactó de su argucia.
-¿Me engañaste?- cuestionó asombrado y descreído.
-¡Oh, Rey Goblin! ¿Acaso olvidaste que mi madre es una actriz y que yo misma he actuado muchas veces frente a tus narices? Bueno, frente a tu pico, supongo.- pensó.
-¿Y, ahora me castigarás?- sonrió seductor.
-Ahora te golpearé como prometí.- ella hizo más presión sobre su presa.
-¿Te cautivan mis orejas?- la provocó y ella nuevamente se ofuscó.
-¡Debería arrancártelas!- amenazó.
-Intenta.- la desafió y puso sus enguantadas manos sobre las de ella y las tomó entre las suyas para llevarlas una por vez a sus labios. Ella se encontró dentro de sus ojos y, segundos después, en sus brazos, con la cabeza sobre su pecho desnudo. No supo en qué momento él la empujó hacia sí y había comenzado a tararear la aquella canción que le había cantado la primera vez que bailaron juntos. Por momentos, el arrullo distraídamente se convertía en frases y de vuelta en zureos. -"Un amor que durará…" "…pero, estaré allí por ti, mientras el mundo se cae…"
-"…pensamos que éramos extraños, hasta ahora…"- Sarah cantó casi en un susurro arrobada recordando el momento. El Rey Goblin bajó su mirada sobre ella con una sonrisa sin que ella se diera por enterada, pues, seguía cómodamente con su cabeza sobre su pecho; una de sus manos se sujetaba de su camisa, la otra descansaba junto a su cadera.
-"…elegiremos el camino entre las estrellas. Dejaré mi amor, entre las estrellas…"- otra vez la melodía sin letra hasta que ella la retoma.
-"…Esto no tiene sentido para nada. No tiene sentido caer…"
-"…mientras el mundo cae. Cayendo. Enamorándose."- Nuevamente unos segundos de insonoridad, como si no fueran necesarias más palabras. -Tú… recuerdas.- pudo pronunciar él con cierto asombro y cierta prudencia. Ella esperó un momento para responder.
-Sí. Recuerdo.- y en sus labios se dibujó una pequeña sonrisa. -Sólo han pasado un par de días desde entonces. Y yo no tengo… setecientos veinte años.- pudo oír y sentir la grave risa en su pecho.
-Bueno, por tener setecientos veinte creo que tengo mejor memoria que tú, chiquitita.- ella lo observó por debajo de sus pestañas.
-De acuerdo; tú ganas, 'abuelo'.
-¡¿Qué?!- rió él y ella quedó ahora atrapada con la espalda sobre el confidente y él encima suyo. -¡¿Y luego yo soy el insoportable y no sé cuántas cosas más?!
-Bueno, ¿tienes setecientos veinte o no?- lo aguijoneó ella.
-Sí. Sí los tengo. Pero, nuestros años no son como los de los humanos.- se defendió.
-Está bien, entonces. Mis disculpas, Su Majestad.- bromeó. -¿Ahora, ya puedes dejarme levantar?
-Nnnnno.- le sonrió.
-¡¿Por qué?!- se inquietó.
-Porque voy a poner el cielo dentro de tus ojos, como prometí en mi canción.- con su dedo hizo que echara su barbilla hacia atrás y en esa posición se encontrara con las infinitas estrellas que podían apreciarse en el centro del cenador. Si Sarah pudiera verse a sí misma, sabría que él no estaba mintiendo. Mientras tanto, quedó hechizada con ese cielo tan despejado y atestado de constelaciones. El monarca le permitió regocijarse con el espectáculo del firmamento; mientras él se regocijaba con el de sus verdes ojos. Después, se incorporó y aferró su mano; ella se sentó. -Baila conmigo.- le sugirió.
-¿Qué?- rió tontamente. -¿Si no hay música cómo pretendes bailar?
-¿Olvidas quién soy, cosita?- giró su muñeca y de una esfera surgió la vieja caja musical con la muñeca que tenía la melodía que hacía momentos habían cantado y quedó sobre uno de los confidentes. Con otro movimiento de su mano, hizo que la mesa y la sillas desaparecieran, quedando todo el centro del cenador vacío. Y trayéndola hacia sí, comenzaron a danzar como aquella vez, con más libertad, con sorpresivos giros que la hacían reír y con los cuerpos más cerca uno del otro. Él no pudo evitarlo, y cumplió su sueño de aquella noche que se había escapado de sus manos, y la besó disminuyendo la fluidez de la danza. Sarah, había estado tan compenetrada en él como aquella vez; preguntándose una y otra vez en dónde estaría el truco. Porque, seguramente debía haber alguno, ¿no? Mas, pese a todo, la noche había sido tan… especial, que éste beso sólo podía hacerla olvidar sus temores y arrastrarla más a él. Sobre sus cabezas, descansaba uno de los arcos formados por las ramas de los muérdagos. De repente, ya nadie estaba bailando. La música seguía flotando en el aire, en tanto, el beso se hacía más exigente.
Sarah pensó que esa noche perdería más que la cabeza. Su fuerte brazo en su cintura y en su espalda como no deseando dejarla escapar; sus labios sobre los suyos, sobre su piel, en su rostro, en su cuello, en sus hombros… ¿O sería culpa del vino?
Jareth sabía que debía detenerse. ¿Pero, cómo cuando entre sus brazos tenía todo lo que deseaba? ¿Acaso los niños malcriados no se arrojaban desesperados con una sonrisa sobre lo que querían una vez obtenido? Desde que tempranamente se había convertido en rey, se había convertido en un niño malcriado. Pero, ahora, ya no era un niño. Sonrió pensando en ello y, luego, suspiró gravemente. Con más razón debía controlarse. Él quebró el beso. Ambos se vieron agitados.
-Lo siento…- se dispensó con ella aún en su abrazo. -No debí… dejarme llevar…- la soltó para tomar ambas manos y llevarlas juntas a sus labios para besarlas con vehemencia. -Perdóname, Sarah mía. A veces…, olvido cuán inocente eres…- ¿Él…, el poderoso Rey Goblin le estaba pidiendo perdón? ¿A ella?
-Es-está bien…- trató de recomponerse. Si él olvidaba cuán inocente era ella, ella olvidaba cuán sexy era él como para hacerle reaccionar con tanta facilidad… Tendría que recordárselo la próxima vez. No más cenas a la luz de la luna con el Rey Goblin si quieres seguir siendo… 'casadera.' -No hay problema.- se mordió el labio inferior y aspiró y exhaló para calmar la loca carrera de su corazón, de su mente. ¡Ya ni sabía cuales de todos ellos participaban o cuál estaba aventajado! ¡Maldito Rey Goblin! ¡Ese era su truco, aunque pareciera tan… dulce y… honesto!
