CAPÍTULO 14: TRUEQUE POR UNA VIDA.
Disclamer: No es mío ni Labyrinth ni sus habitantes originales. ¿Bien?
N/A: ¡Hola a todas! Gracias por enviarme sus reviews y sus opiniones. A mí me sirven mucho. Krissel Majere y Lain3X, ustedes son FORMIDABLES, de veras, les estoy infinitamente agradecida por sus halagos, me alegro que les guste tanto, chicas, de veras. Lain3X, gracias por tus buenos deseos para mi amiga y su bebé. Por suerte todo salió bien.
Saludos a todos los que leen y no se animan o no tienen tiempo de enviar sus reviews, no importa, yo sé que están ahí y puedo leer sus mentes… (No, si ya sabía yo que algún tornillo de la cabeza se me había caído. Jeje.)
Sarah estaba incómoda y confundida, y él sabía que era su culpa. No debió haber expulsado a la criada; si bien no deseaba que estuviera presente cuando ellos discutieran su nuevo 'trato', mas, sabía que esto podía pasar, ¿no? Él no era un muchachito. No debió haberla besado, no debió haberse permitido pasar una velada tan encantadora. No cuando debía hablar sobre Toby; no cuando ella tendría que elegir. No cuando él todavía no sabía cómo reaccionaría ante todo el asunto, ni ella…, ni él mismo. Jareth gentilmente la atrajo nuevamente hacia sí y besó su frente. Sarah oyó un pesado suspiro encima de su cabeza.
-Caminemos y… tengamos finalmente nuestra charla sobre tu hermano. ¿Te parece?- la apartó con tanta suavidad como la había aproximado.
-Sí. He estado todo el día luchando contra la impaciencia de saber qué será de Toby.- confesó ella.
-Bueno…,- volvió a liberarla y a poner una corta distancia entre ambos -lo que será de Toby ya te he dicho queda en tus manos. Ven.- extendió su mano para buscar la suya y así la llevó fuera de cenador para caminar hacia el castillo por un sendero distinto al que ella conocía. Sarah observó la construcción a lo lejos, no tan lejos; se corrigió; y recordó la frase que él había usado antes de que ella se internara al laberinto. "Más lejos de lo que crees. El tiempo es corto." -Ésta tarde consulté a los poderes de Labyrinth, y les planteé nuestra… situación.
-¿Y…?- cuestionó ansiosa con algo de temor en su voz. -¿Qué dijeron? ¿Al menos Toby puede regresar?- Jareth la miró por un segundo. "¿Todavía deseas irte?"
-Él puede regresar.- respondió con serenidad. -Pero, como te he dicho varias veces, está en tus manos que regrese con sus padres o permanesca aquí como mi heredero.
-¡Dime qué te dijeron! ¡¿Qué piden a cambio?!- él la observó con profundidad. ¡Cuánta inseguridad había en esos ojos, cuánto temor de no poder deshacer lo hecho!
-Primero, déjame explicarte el por qué de lo que se pide a cambio.
-¿Tan difícil es, acaso?- cuestionó curiosa y nerviosa.
-Sí. No. Para mí no. Para ti… no sé.- murmuró. -Yo espero que no.
-Por favor,- con ambas manos aferró su brazo suplicante -dime todo de una vez.- insistió al ver que él había quedado en silencio.
-Al tomarlos a ambos del Aboveground, se produjo un intercambio entre los dos mundos. Considéralo algo parecido a lo que ustedes llamaban antiguamente 'alquimia.' Como sabrás, yo nunca hubiera tenido acceso para tomar a Toby y a ti y traerlos hasta aquí a no ser por tu llamado.
-Sí. ¿Pero…, qué significa?
-Yo no soy el rey del Aboveground, Sarah. Por ende, no tengo poder allí. Si yo regreso a tu hermano, él sería como un desequilibrio en la balanza, porque lo que se dio al Aboveground a cambio de ustedes no hay forma de recuperarlo. Y yo no tengo poder sobre el Aboveground. ¿Entiendes? Entonces, la única solución…
-¿Y si… nos enviaras a ambos?- al monarca eso ya le estaba molestando.
-Sarah; ya te dije que no es negociable tu partida.- le recordó con severidad. Y antes de que abriera de nuevo la boca le respondió. -Si los enviara a ambos la situación sería la misma, pero, por doble. Eso no es bueno ni para éste mundo ni para el otro. ¿Comprendes?
-Entiendo.- bajó la mirada; y se recuperó pensando en Toby. -¿Entonces?
-Toby iba a ser mi heredero. De todos los niños que han sido deseados afuera ninguno fue tan… digno de tal honor. De regresarlo, queda un vacío aquí, en el Underground, y un doble exceso en el Aboveground que deben ser corregidos o ambos mundos perderán la estabilidad. Recuerda como te dije, para traerlos di algo a cambio de cada uno.
-¿Es eso tan malo?- indagó con ingenuidad caminando a su lado tomada de su brazo.
-Tan malo como si te pidieran que te pares sobre el meñique de tu mano.- le sonrió con indulgencia. -¿Podrías hacerlo? No aquí.- le advirtió. -En el Aboveground.
-No…- susurró. -Creo que ni siquiera podría con una mano. -¿Pero…, y en mi primer viaje, entonces…?
-Tú ganaste. Era diferente. Al ganar, lo que di por ustedes regresó por sí sólo.
-¡Oh!- dijo con cierto pesar. -Entonces…, al ganar aseguré el equilibrio.
-Sí.- la estudió con preocupación; mas, ella parecía simplemente estar atenta a lo que él le estaba planteando y haciendo una introspección en sí misma. -¿Entonces…, comprendes la importancia del 'intercambio'? No importa que aquí resida la magia. Las reglas son reglas, aquí y allá.
-Sí. Supongo que es como… un sacrificio.
-Espero que no lo veas así.- la apenada expresión del rostro del monarca le indicó que debía comenzar a preocuparse.
-¿Qué es, Jareth?- ¿No era maravilloso?, pensó él con ironía. Ella ahora lo estaba llamando por su nombre cuando seguramente lo iba a odiar e iba a preferir que su hermano se pudriera antes que… Él detuvo la caminata; ella dejó que sus manos se deslizaran de su brazo.
-Debemos nivelar las dos cosas, Sarah. La falta aquí y el exceso allá.
-¿Eso significa…?- lo miró con incertidumbre.
-Que… se te piden… dos cosas. Una relacionada con la otra.
-¿Qué es?- exigió ésta vez.
-Por lo que di por Toby…, se te pide un vínculo con… Labyrinth y… conmigo.- su voz y su mirada no podían ocultar su aflicción. Sarah trataba de entender a lo qué él llamaba 'vinculo.' Pero, ahora eso no importaba, ya tendría tiempo para cuestionar; ella sólo quería a su hermano donde pertenecía.
-¿Y por Toby en sí?- le cuestionó tratando de ignorar los escalofríos que recorrían su espalda. Su verde mirada reflejaba tanto dilema como la bicolor frente a ella. Él no sabía con qué palabras anunciárselo; era obvio que no quería abrir los ojos ante la primera demanda… Si bien, él tampoco usó una palabra que fuera directo al asunto… -¡Jareth!- exclamó ella ofuscada ante su silencio. Él no se atrevió a verla a los ojos; no deseaba ver el desprecio en ellos cuando le dijera.
-De permanecer, Toby sería el futuro rey…- muy a pesar suyo enfrentó aquellos ojos que se movían inquietos sobre su rostro, como si trataran de leer sus pensamientos. -A cambio de él… tanto el Labyrinth como yo pedimos un heredero.- Sarah quedó shockeada. ¡¿Estaba diciendo lo que estaba diciendo?! ¡No; no podía ser! ¡Seguro se refería a otra cosa! Rió nerviosamente.
-¡¿Y…, de dónde se supone que conseguiré un niño?!- continuaba notablemente perturbada. -¡¿Debo ir a robar el hermano a alguna compañera de colegio en la tierra o tú y tu Labyrinth se conformarían con un bebé goblin?!
-Sarah…- pareció rogarle. -Por favor…, no hagas esto más difícil. ¿No te das cuenta que no tiene sentido seguir contrari…?
-¡No te atrevas, Rey Goblin!- espetó ella con los ojos empañados señalándolo. -¡No te atrevas a decirme que no tiene sentido, porque lo tiene! ¡Todo esto…!- tuvo que detenerse para vencer a las lágrimas. -¡Todo esto es tu culpa! ¡Todo esto fue tu idea…!
-Sarah, nunca planeé regresar a Toby.- se intentó defender. Porque sí había planeado cortejarla y hacerla suya, pero, no de ésta forma; no con ese rencor y esa desconfianza de por medio.
-¡…Todo esto…- continuaba ella -no es más que parte de tus trucos!
-No, Sarah. ¡Créeme!- siguió rogando.
-¡Al igual que… toda esa… fingida amabilidad! ¡Todo ese… aparente buen talante! ¡Todo ese falso esfuerzo de conseguir mi confianza!
-¡No es así!- explotó él.
-¡No es más que tu deseo de venganza! ¡No es más que…!
-¡Sí!- gritó encolerizado consiguiendo enmudecerla. -¡No es más que mi deseo! ¡No es más que mi retorcida idea, no es más que mi retorcido truco! ¡Y sí, no es más que mi dulce venganza! ¡¿Eres feliz ahora?!- ella aún no podía moverse. Lo había visto enfadado antes, pero…, nunca así. -¡Estoy cansado, Sarah! ¡Soy un rey, y soy un hombre! ¡No soy tu subordinado ni un muchacho con el cual puedas jugar! ¡Tú pediste por tu hermano, ida y vuelta, no yo!
-No es justo…- murmuró queda con lágrimas en sus ojos, su cabeza inclinándose hacia el suelo. Él la oyó. ¡Cómo odiaba que usara esa frase! Como un torbellino fue junto a ella y se puso a caminar a su alrededor.
-No; no lo es. Nunca lo fue.- le aseguró con frialdad. -El mundo no es justo, tú no eres justa, y por tanto, yo tampoco lo soy. ¿No es así? Mas, visto de esa manera parece ser justo.
-¿Por qué yo?- sollozó.
-¿Por qué otra?- la enfrentó con crueldad. Después de todo, era lo que ella quería, ¿no? Los buenos modos no iban con ella. No en lo que a él se refiriera.
-¡Eres… un bastardo!- su mirada cobró fuerza impulsada por el rencor.
-¡Oh, no, cosita! Si fuera uno no podría ser rey. Es por la única razón que debo casarme contigo si estás dispuesta a que tu hermano regrese a lo que llamas… "hogar."- ¡¿Cómo podía ser tan cruel?! Sarah normalmente sabía qué decir, cómo actuar. Ella siempre tenía la última palabra.
-Te odio.- ¿Ella creía que con esas palabras podía seguir lastimándolo? ¿Aún más?, pensó con cinismo. Las palabras tenían poder, eso todos lo sabían. Las palabras lo habían llevado hacia ella y las palabras lo habían derrotado. Las palabras los habían vuelto a enfrentar. Pero, los hechos lastimaban más que las palabras. Dos simples palabras que eran repetidas con tanta facilidad como tantas otras no eran armas contra él.
-Me alegro.- sus labios hicieron una insolente mueca. -El sentimiento es mutuo, cosa preciosa. Y…,- se acercó a su rostro y lo elevó con una mano en su barbilla -por si esto facilita tu elección…- su voz era sedosa, cruda, peligrosa -sin importar si decides por sí o por no, serás mía, cosita.
-¡Nunca!- juró ella. Él dejó escapar una risotada como esas que ella había conocido desde siempre.
-Tal pareces que olvidas algo, ¿no?- la miró fijamente a los ojos. -Tú, mi querida, no tienes poder sobre mí. Pero, yo sí tengo poder sobre ti…- acarició con sus dedos uno de sus hombros haciéndola sobresaltar. -¿Tengo que recordártelo?- Sarah no podía creer que ese fuera el mismo hombre con quien hacía tan sólo unos minutos atrás había tenido una perfecta cena romántica, con quién había cantado, bailado y… besado. El monarca se apartó de ella dándole la espalda. No toleraba un segundo más el dolor en su mirada. Él podía contener y tolerar el propio, pero, no el de ella. -Como siempre, seré… generoso y te dejaré pensar tu decisión hasta mañana a la tarde. Ahora, vuelve a tu cuarto…- "…juega con tus juguetes y tu vestuario. Olvida al bebé." Ella tuvo una especie de 'deja vu' que sólo la hizo sentir más miserable. -Vuélvete, Sarah. Vuélvete antes de que sea demasiado tarde.- murmuró cuando escuchó sus pasos alejarse con prisa sobre las hierbas. Jareth cerró los ojos, una lágrima amenazó con caer, pero, antes de que naciera fue arrastrada con desprecio. Y el Rey Goblin desapareció.
Sarah corrió tan rápido como podía, deteniéndose sólo unos segundos para recobrar el aliento entre lo sollozos y continuar huyendo hacia su alcoba. Cuando entró fue directo a la cama donde se arrojó para ahogar su ahora liberado llanto. ¡No era justo! ¡Para nada justo! ¡Él era un villano! ¡Siempre lo había sido! ¡¿Cómo pudo ella permitirle que la besara, que la acariciara?! ¡¿Cómo pudo ella encandilarse una vez más con su mirada?! ¡¿Cómo pudo ella mostrarse tan… ingenua?! ¡Oh, sí! ¡Ella lo era! Él le había pedido que confiara en él y ella lo intentó; ¡de verdad que lo intentó! Expulsando cada pensamiento negativo cuando amenazaban asomarse en su mente. ¡¿Y, qué obtuvo a cambio?! ¡Otra decepción! ¡Igual que su primer Ballroom! ¡Porque, por más que Twig le dijera lo contrario, ese había sido su primer Ballroom! ¡Qué tonta era! ¡Ahora, no se sorprendía porque sus compañeros de la escuela la veían como a un fenómeno! ¡Ella era demasiado tonta, tanto como para creer por segunda vez que los cuentos de hadas siempre terminaban bien!
Jareth reapareció en su trono, donde se dejó caer malhumorado. A esas horas, los goblins estaban todos descansando. Bendita y maldita soledad. Eterna soledad…, pensó tenebrosamente. Dejó caer su rostro en una de sus manos. ¿Qué había hecho de malo en ésta vida para estar malditamente condenado? ¿Cómo podía una noche maravillosa convertirse en ruinas? ¿Cómo podía ella transformarlo con tanta facilidad en el perverso personaje otra vez? ¡¿Cómo no?!; se repitió con ironía; ¡si se notaba que le encantaba sentirse en el abismo frente a él! ¡La valiente heroína, la desgraciada princesa; esos eran sus pequeños juegos! ¡Pues, bien, ahora iban a jugar los suyos; el fey frío y tirano, el monarca vicioso y cruel! Suspiró. Al menos que ella se arrepintiera y pidiera disculpas, que entendiera. "¡No seas tonto!", se dijo. "¡¿Ella disculpándose por algo?! ¡¿Y, nada menos que a ti?! ¡Ja! ¡Y, mucho menos esperes que entienda! Las criaturas egoístas poco pueden o quieren entender." Fatigado, se arrellanó más con su habitual pierna colgando en uno de los brazos del trono. Sus manos frotaron su rostro. Necesitaba descansar; mas, no era prudente ir a su alcoba donde… sólo los separaba una puerta. Él estaba furioso, seguramente ella también, allí podía haber peligro. Además, y podría jurarlo, ella estaría llorando a moco tendido sobre su cama diciendo tonterías como '¡No es justo! ¡Qué alguien me lleve de éste horrible lugar!,' pensó con burla. Su propio pensamiento lo hizo sonreír. Sí, eso era lo que necesitaba, ser el odioso, fastidioso y… ¿qué más? Bueno, todo eso de lo que lo acusaba. Ser el poderoso y temible Rey Goblin.
