CAPÍTULO 17: ÉSTA ES MI RESPUESTA, REY GOBLIN.

N/A: ¡Hola a todos! Sí, ya sé, puse varios capítulos juntos y ahora lo he corregido. En verdad les agradesco que me lo hicieran notar, obviamente algo hice mal allí para que eso ocurriera. Con respecto al capítulo 18, seguramente lo subiré en el fin de semana. ¡No se quejen, que han tenido unos cuantos a la vez! (Risas. ¿Distraída yo, quién dijo?) Bracias y bienvenida Vermilion22; también a mis siempre fieles Krissel Majere y Lain3X (es estimulante tu fanatismo). Les envío un enorme beso y un Jareth a cada una. (Ojala pudiera, pero, bueno, la intención es lo que cuenta) ; )

Disclamer: No me pertenece. Sí son míos los siguientes: Foster y Twig.

Sarah pasó el resto del día junto a Toby. ¿No era una belleza el mocoso? Sonrió. Sí que lo era. Cuando fuera un muchacho, seguro que Karen estaría con un garrote en mano para que ninguna muchacha vaya a lastimar el corazón de su más preciado tesoro.

-Esa sería una buena venganza, ¿no crees?- lo miró a los ojos, mientras lo sostenía por debajo de los brazos quedando en el aire. Suspiró. -Y seguro hace unos días atrás hubiera sido capaz de ello.- lo atrajo hacia su regazo. -Tú mereces una mejor hermana. ¿Sabes?- besó su cabecita. -Te amo, Toby.- lo acunó con dulzura.

-¿My Lady?- alguien llamó su atención. Sarah se dio vuelta para ver de quién se trataba descubriendo a Twig junto con la nana de Toby. -Es la hora, My Lady. Entréguele el niño a Foster y permítame guiarla.- Sarah no pudo ocultar la angustia en sus ojos, y aferró al pequeño más a su cuerpo.

-Te amo, Toby.- susurró al pequeño dormido en sus brazos. -Por favor, recuerda eso.- dio un último beso a la rubia cabecita que le sonrió en sueños. Con brazos temblorosos se lo devolvió a Foster, su nana.

-Vamos, My Lady. Cuanto más pronto, más pronto terminará todo.- la alentó Twig. Sarah pensó que se refería a evitar la cólera del monarca; y suspiró aún viendo a su hermano.

-Tienes razón. Vamos.- acarició la suave mejilla por última vez.

Sarah se detuvo detrás de Twig, mientras, ésta golpeó la gruesa puerta de madera. Del interior de la sala se oyó una voz masculina dando la orden de que ingresaran. Sarah aspiró con fuerza; no debía huir, no debía llorar, NO debía ser débil. Y NO debía mostrarse afectada por SU presencia. Twig abrió la puerta e ingresaron. Él parecía muy concentrado en unos papeles sobre su escritorio ya que ni siquiera les dirigió una mirada.

-Su Majestad, aquí está Lady Sarah.

-Gracias, Twig.- seguía con su trabajo. -Puedes irte.- ésta vez dirigió un amable esbozo de sonrisa a la goblin. -Y avisa a Brisky que ya puede traernos el té. Gracias.

-Sí, My Lord.- ella le sonrió con cierto afecto antes de darle la espalda y dar una materna mirada a la muchacha y cerrar la puerta tras ella.

Sarah permanecía de pie, sin decir ni una palabra. Él aún terminaba de firmar y sellar con cera unos papeles más.

-Siéntate.- indicó con su mano hacia donde había un sofá y una mesita que ella reconoció como lo que había visto en el oubliette en su 'hora del té.' -Por si no lo has notado tengo suficientes columnas a mi alrededor y no necesito de una más.

-¿Debo decir gracias?- dijo con cinismo mientras se ubicaba en el mismo.

-Si tienes algo de educación.- la miró de soslayo ocultando su diversión. Ella resopló y se arrellanó en el mueble. En eso, Brisky golpeó e ingresó junto a otra criada que acarreaba la bandeja con el juego de té y botanas dulces para acompañar.

-Su té, My Lord.

-Gracias, Brisky. Puedes dejarlo sobre la mesa, Fussy.

-¿Su Alteza necesita algo más?

-No, Brisky. Eso es todo por ahora. Pueden retirarse.- ambos hicieron una cabezada y se marcharon. Jareth salió se incorporó observando a la joven que perturbada mordisqueaba levemente la yema de su pulgar. Con una ceja elevada se encaminó hacia ella y se detuvo justo frente a ella. -Al fin solos. ¿Verdad, mi nena?- susurró con su cabeza próxima a la suya. Sarah lo observó con cierto temor; él sólo rió por lo bajo y se ubicó a su lado. -¿Cómo quieres tu té, querida?- su voz era nuevamente cortés, como lo había sido cuando se dirigió a sus criados. Sarah se obligó a calmar tanto sus nervios como su rabia.

-Sólo con dos de azúcar, gracias.- y para evitar verlo a la cara, se concentró en sus enguantadas manos. ¡¿Cómo alguien podía tener unas manos tan… elegantes?! ¡Tan perfectas! Se cuestionó si sin ellos se verían así. Jareth sirvió el té en las dos tazas y agregó azúcar en ambas. Revolvió el dulce con una cuchara y se lo entregó a la joven a su lado. -El tuyo, My Lady.- le sonrió con ironía. Sarah lo tomó tensando sus facciones. "Odioso. Odioso."

-Gracias, 'Rey Goblin.'

-De nada.- siguió con su postura insufrible ahora con su propia taza en sus manos. -¿Cómo ha sido tu día, querida?

-Muy fácil.- lo desafió como aquella vez en el túnel.

-Eso supuse.- dio un sorbo a su taza. -Es normal en gente… como tú.- Sarah sabía que la estaba insultando, pero, él hablaba como si tan sólo fuera una mera conversación.

-Bueno, entonces, se ve que entiendes perfectamente, 'Rey Goblin.'

-Claro que sí. Soy un rey.- la miró con maldad. -Y…, hago y tomo lo que quiero cuando quiero si es que quiero. ¿Quién mejor que yo para entenderte?- elevó una ceja sugestivamente. Sarah se sonrojó y enderezó su espalda incómoda. -¿Un pastelito?- le ofreció él con una sonrisa haciéndole saber que estaba disfrutando su entorpecimiento. Sarah tomó uno sin quitarle los ojos de encima.

-¿Éste tiene algo?- le cuestionó soberbia. -¿Un hechizo, veneno, droga, gusanos?

-Sí.- respondió con una encantadora sonrisa. -Justamente ese hace que todos a tu alrededor aparescan desnudo. ¡Oh! Eso te incluye.- se le mofó.

-Idiota.- murmuró.

-¡Oh…! ¿No es de tu gusto?- tomó otro del plato. -Toma éste, entonces. Tiene el poder de hacerte más inteligente.- ella lo fulminó dejando el suyo nuevamente en el plato.

-¡Cómetelos tú, 'Rey Goblin'!

-Bueno. Elegiré éste, entonces.- dejó el de la 'inteligencia' por el que ella había desechado. -Al menos me divertiré más que tú.- sonrió ladino dando un buen mordisco. Sarah lo vio horrorizada. ¿Y si era cierto…? -¡Mh…! ¡Exquisito!- clamó ya habiendo tragado el bocado y la miró a la cara, siempre con satisfacción. Luego bajó su mirada hacia su pecho con desparpajo y se hizo el sorprendido. -¡Oh! Realmente…- Sarah espantada con la idea de que él la estuviera viendo se cubrió con ambas manos. El monarca se echó a reír con todas sus ganas. -¡Oh, Sarah! ¡¿Cómo puedes creer en semejante tontería?!

-¡Eres… un… maldito canalla!- se puso de pie furiosa, en tanto, su compañero apenas dejaba de sacudirse y secó una lágrima de su ojo color miel.

-Lo siento. No lo tenía planeado, pero, tú…- volvió a reír. -¡Eres tan ingenua!

-¡Basta!- ordenó ella. -¡Rey Goblin, basta! ¡Jareth!- gritó finalmente exasperada. Y él entonces, se detuvo ganador.

-De acuerdo, mi querida. Mis más sinceras apologías. No volverá a suceder… Hoy al menos. Vuélvete a sentar y bebe tu té. No dejes que se enfríe.- ella lo observó con rencor y tras unos segundos regresó a su sitio, poniendo más distancia entre los dos. -Los alimentos no tienen nada, Sarah. Si tuvieras tanto pánico a que te diera algo, entonces, no deberías comer nada. ¿O piensas que de darte algo sólo tendría que ser cuando estamos a solas? Es más, podría enviar a alguien más para dártelo, como aquella vez. O simplemente indicarle al cocinero que eche el encantamiento en tu plato. ¿No crees que ya no me hace falta eso, cosita?

-Supongo… que no.- dijo aún desconfiada.

-Come, si no quieres que me ría de nuevo en tu cara.- le advirtió él.

Tras unos minutos, ella ya estaba probando uno de los pasteles. Debía reconocer que eran deliciosos, pero, el motivo que la había llevado allí la conmocionaba demasiado como para poder disfrutarlo.

-Bien…- habló él dejando a un lado su taza vacía junto a un suspiro. -Al grano. ¿Has pensado bien qué vas a hacer?- le cuestionó serio sin burla ni superioridad en su voz o en su mirada.

-Sí…- ella descendió la suya. -Ésta es mi respuesta, Rey Goblin…- se detuvo para respirar. Seguro ahora vendría la burla y quién sabe qué más, pero, no tenía alternativa.

-¿Entonces…,- se mordió los labios -ya puedo nombrarlo oficialmente mi heredero?- sonó medio a broma, mas, en el fondo había un dejo de pena. La respuesta tardó en llegar, consiguiendo inquietarlo, aunque no lo demostrara. Sarah quedó turbada por aquel tono, y ya no pudo ocultar mas su sentimientos con respecto a su hermano.

-N… No.- su susurro se quebró y sus ojos se nublaron. Jareth se mantuvo quieto, se obligó a quedarse así. -Él… debe irse a casa. Y yo… cumpliré con mi parte.- se recuperó e intentó mostrarse con dignidad. Jareth hubiera preferido que fuera de otra forma. 'Su parte,' su parte del trato, del negocio. Pensó él molesto. ¡El hablaba de casarse, de formar un hogar con ella…! -Pero…, necesito tiempo…- suplicó con una lágrima en su rostro.

-Lo tendrás.- prometió él viéndola a los ojos con gravedad. -No demasiado, me temo…- ella iba a protestar. -Sarah, está fuera de mi voluntad.- le advirtió. -Pero, lo tendrás. En ningún momento dije que todo se haría de inmediato. Y…,- aferró su mano - haré cuanto esté a mi alcance por satisfacerte, Sarah.- besó su palma. Quizás, si él le mostraba que no había malas intenciones… -Ahora, con respecto a tu hermano…, si lo prefieres, lo haré regresar mañana por la mañana. Cuanto menos tiempo pase en el Underground , mejor.

-¿Por qué?

-Porque inevitablemente, el Underground aumenta los sentidos. Y…, sabemos cómo los mortales tratan a los que tienen más sensibilidad que los demás. Si quieres que siga siendo un niño normal, entonces, cuanto antes vuelva al Aboveground, mejor.

-¿Una… noche más puede afectarlo demasiado?- cuestionó con otra lágrima en sus bellos ojos.

-Lo afectaría más que si se marchara ahora mismo, claro.- habló con serenidad y tolerancia, aún con su mano entre las suyas.

-Entonces…,- cerró los ojos -¿puedes… regresarlo…? ¿Puedes regresarlo ésta noche?

-Sí, mi chiquitita. Puedo.- la trajo hacia él para reconfortarla. -¿Sarah, no te arrepentirás, verdad?- indagó besando su cabeza que aceptó el consuelo de su pecho. -¿Estás segura de que es esto lo que quieres para él? Mira que…, una vez hecho…- Sarah se aferró más a su camisa.

-Sí…- dijo antes de largarse a llorar.

-Sh… Si esto es lo mejor para él no tienes por qué llorar, cosita. Él será un gran muchacho, y nosotros velaremos por él.- Ella seguía llorando. Él suspiró viéndola. -Sarah, si lo deseas, él puede quedarse como tenía planeado desde un principio. Y…, el resto podemos manejarlo de otra manera. Sin… presiones.

-¡No!- continuó porfiada. -¡Él debe estar con sus padres! ¡La única…! ¡La única 'rareza' allí soy yo! ¡La única que no pertenece allí soy yo!

-Por supuesto que no.- sonrió viéndola con ternura por debajo de sus pestañas. -Porque tú perteneces a éste mundo, Sarah mía.- la trajo más hacia sí. -Tú perteneces a Labyrinth…, y… ahora, a mí.- besó su cabello una vez más para apartarla y verla a la cara. -Ahora, recompónete. Ve a donde Toby y pasa el tiempo con él.- ella intentó atajar las lágrimas entre sorbos. -Ésta noche le daremos una pequeña fiesta de despedida si te parece bien.- giró su muñeca y el cristal formado en sus dedos pasó a ser una pequeña prenda.

-¿Una fiesta?- secó las lágrimas con el pañuelo que le ofrecieron.

-Sí. Una pequeña fiesta para un bebé; todos los niños que llegan aquí reciben una. En éste caso, sería la tercera que tu hermano tendría y a él le fascina, créeme. Pero, Sarah, te advierto, no le arruines la diversión gritando como una histérica.

-¡¿Por qué dices eso?! ¡¿Qué clase de fiesta le das a los niños?!

-Bueno…, aquí todo es posible. A los niños les gustan los goblins y a los goblins los niños. Ellos pasan un gran momento juntos, ¿sabes? Pero, si, justo en ese momento se te da por comportarte como un adulto, entonces, personalmente te arrastraré y te encerraré en un oubliette para que no fastidies al pequeño Ja… Toby.- se corrigió con una triste sonrisa. Él lo extrañaría. ¡Ese niño era de lo más avispado que había visto! ¡Tenía sus ojos…! Bueno, al menos, uno de sus ojos. ¡Y hasta su cabello se le semejaba bastante! ¡Y los goblins lo adoraban! Él todavía se acordaba de los buenos momentos que él solía pasar cuando niño con ellos. Suspiró. Hasta que empezó a viajar de casa en casa.

-Me asustas. ¿Qué es lo que hacen los goblins y los niños?- lo observó con preocupación parándose ante la sugerencia de la mano que él le ofreció.

-Ya lo verás.- se puso de pie. -Ahora,- hizo aparecer otra esfera -si ya no hay vuelta atrás…- arrojó la orbe hacia arriba y al atajarla se convirtió en una preciosa cadena plateada con un delicado búho hecho en plata y diamantes que escapaba de entre sus finos dedos. Sarah no podía dejar de ver aquella primorosa pieza. -¿Me permites?- le indicó y ella cabeceó suavemente y le dio la espalda. Las manos de Jareth pasaron por encima de su cabeza junto con el colgante hasta quedar delante de su rostro. Finalmente el colgante reposó en su pecho, debajo de sus propias manos que sintieron el impulso de tocarlo; mientras, sentía el roce del cuero en tanto que los dedos trabajan sobre el broche. Luego, se posaron sobre sus hombros con suavidad. Y una voz comenzó a susurrar muy cerca de su oído; invitante, profunda que le provocó un escalofrío a lo largo de su columna. -De ahora en más debes usarlo, mi chiquitita. Es el símbolo para las damas de mi familia, y… el de mi prometida.- Sarah observó al búho reposando sobre su pecho. Todavía le costaba creerlo. ¿Ella? ¿La prometida de Jareth? ¿¡Es decir, del Rey Goblin?! ¿Sería… un sueño? ¿No habría sido todo un largo sueño? Los masculinos brazos la hicieron volverse para enfrentar al dueño de los maquillados ojos. -¿Te gusta?- le cuestionó con sinceridad viéndola a los ojos. Sarah se preguntaba si él se refería exactamente al collar.

-S-sí. Gracias.- logró pronunciar algo incómoda. Su respiración parecía levemente anormal, mas, no lograba comprender el por qué. Y otra vez aquella mirada que parecía conquistar toda su atención. Una mano capturó levemente su barbilla; el otro brazo rodeó su cintura. Lentamente, su boca descendió sobre la suya, sus pestañas a mitad de camino, con un dejo de satisfacción de sólo pensar que al fin, las cosas estaban acomodándose en su lugar. Sarah cerró los ojos en anticipación al beso. ¿Por qué no lo rechazaba? Pues, era su prometida ahora, ¿no? ¿Acaso…, no era esa una buena excusa? Ella estaba obligada a hacerlo. Ella estaba obligada; se repitió una y otra vez librándose de culpa de disfrutar de ese casi casto contacto.

-Ve con Toby, mi Sarah. Cuando sea la hora de la fiesta, haré que Twig te encuentre. Y…, no llores. Juega con él, pasen un buen momento. Nadie los molestará hasta que sea la hora de la cena. ¿De acuerdo?- Sarah cabeceó suspirando para recobrar la compostura.

-De acuerdo.- le sonrió agradecida. No estaba segura si era totalmente sincero, pero, al menos, no se había burlado de ella con respecto a eso y debía reconocérselo. Caminó hacia la puerta. -¿Jar…? ¿Jareth…?- lo nombró y giró antes de llegar a la salida. Él todavía estaba con sus ojos posados en ella con una seria expresión en su rostro.

-¿Sí?

-Gracias.- enfrentó su mirada para que supiera que en verdad apreciaba la contención brindada. A primera vista, se podría decir que él no esperaba tal acción, pues, pareció sorprendido por unos segundos.

-No es nada. Eres bienvenida, Sarah.- ella hizo una leve afirmación con su cabeza y se retiró. -Muy bienvenida.- murmuró para sí junto a un suspiro.