CAPÍTULO 20: NO ONE CAN BLAME YOU. (NADIE PUEDE CULPARTE.)
N/A: ¡Hola a todos! Aquí estoy de nuevo, la gripe no pudo conmigo. Ya saben, hierba mala nunca muere. (Je, je. ¡JE, JE!) Krissel, no te preocupes, es imposible deshacerse de Conrand, él es muy mono, ¿no? Especialmente si se parece a su primo. (¡Qué babosa!) Ahora, bien, quién lo va a aguantar si ya se hace de fans. Lain3X, pues, sí, Jareth iba a tener dificultades de quedarse quietito, por eso se lanzó un conjuro sobre ambos, por si acaso. ¿Clases de comunicación oral para Jareth de mejor oyente para Sarah? ¡¿Y, entonces, de dónde voy a crearles problemas a estos dos que están que echan humo, dime?! : /) Es que tengo que entretener a ambos con algo, si no... sería todo el tiempo tener que apagar incendios en todo el Underground. . Aunque a veces están cerca, ¿no? ¡Gracias por su incondicional apoyo a todos! Nos vemos y espero que les guste.
Disclamer: Labyrinth no me pertenece, sus habitantes tampoco. Salvo por los que ya saben, Erwin, Alin, Conrad, Gontran, Twig, y demás.
Sarah logró traspasar la sala del trono y alcanzar la puerta principal del castillo que permanecía cerrada. Intentó abrirla sin suerte alguna; y no tenía tiempo para perder así que se dirigió hacia otro pasillo que nunca antes había recorrido. Corrió por él hasta llegar a unas escaleras que conducían a un sótano; junto a éstas, dos goblins durmiendo en horas de guardia. En el aire podía percibirse cada vez más fuerte la fragancia a durazno, cedro y pino. Sarah no lo pensó dos veces y descendió las mismas, ¡debía hallar un escondite! Sujetándose la falda descendió con prisa iluminada por las pocas antorchas. Al descender el último escalón notó que allí había más oscuridad que en las escaleras. Cerca de la antorcha más cercana, había pequeño estante con un candelabro y una vela, se apoderó de ellos y aprovechando el fuego encendió la mecha y avanzó. Cuando advirtió de qué lugar se trataba y quiénes lo ocupaban se llevó una mano a su boca, controlando el grito de angustia. ¡Él…! ¡Él los tenía encerrados! ¡A todos! De entre las sombras, tras su espalda, surgieron dos manos revestidas de negro. En la celda, los ocupantes todavía dormían profundamente, como todos los días, hasta que los guardias les trajeran su ración matutina.
-¡Hoggle!- consiguió exclamar antes de que una de las manos cubriera sus labios y la otra se apoderara de su cintura. En un parpadeo, el candil cayó al suelo y una oscura y dominante bota extinguió la llama para luego esfumarse con la chica.
Hoggle despertó al sentir su nombre, pero, todo estaba a oscuras. Tan sólo se sentía el aroma de un mechero quemado y un dejo de durazno, cedro y pino.
-¡Sarah!- masculló por lo bajo presintiendo que ella había estado allí y que ahora, estaba en peligro.
Sarah pensó que iba a desmayarse ante el fuerte agarre del que se veía sujeta. Pese a quedar totalmente a oscuras, sabía que no estaban en el mismo lugar, así como sospechaba quién era su captor.
-Bueno, bueno…- murmuró la aterciopelada voz con regodeo en su oído. -¿Pero…, qué tenemos aquí, mh? ¿A un pequeño gazapo extraviado? ¡Qué lástima!- chasqueó su lengua como negando un fatal destino para su presa. -¡Y tan… lejos de su madriguera!- Sarah comenzó a temblar pensando que todo había sido una argucia; que en verdad todo lo que había buscado era vengarse de ella. ¿Qué sería de ella ahora; qué torturas le esperarían? -Supongo,- siguió la voz acariciando su oído -que no vale la pena gastar explicaciones contigo, cosa preciosa. Así como dicen que no hay mejor ciego que el que no quiere ver, presumo que se atribuye también a los sordos y…, en tu caso, podemos aplicar ambas conjeturas. ¿No es así, mi mascota?- liberó sus labios para rodear ahora su hombros y aguardó unos segundos. Nada. Salvo su temblequeo, ni una palabra, ni un movimiento. Bajó e inclinó su cabeza para verla desde su posición. Sarah podía sentir el masculino pecho totalmente pegado a su espalda. -Exactamente así se ven las presas antes de que sean tomadas…- volvió a aproximarse para hablarle a milímetros de su piel. -Y yo… pienso tomarte…, conejita…- aspiró sobre la curvatura de su lóbulo hasta su hombro sin siquiera rozarla. -Sospecho que sabes tan deliciosa como hueles… y… yo soy un depredador…- recorrió con sus labios y su nariz la piel de su cuello de regreso a su oreja.
-P-por…- su voz parecía estrangulada. -P-por favor…
-¿Por favor?- rió por lo bajo. -¿Por qué debería el malvado, perverso, odioso, engreído, demente, maldito demonio, tramposo, insoportable, pervertido, patán, sucio, desgreñado, degenerado, canalla, detestable, insoportable, bastardo, cruel, idiota, embustero y estúpido Rey Goblin ceder a una imploración de su pobre e ingenua víctima?- Sarah cerró los ojos reconociendo que todas esas palabras alguna vez habían salido de sus labios. -¿Cómo luego voy a complacer tus expectaciones de ser el desalmado villano?
-¡Yo nunca quise que fueras así!- luchó ahora por liberarse y él la liberó sin más. Ella giró quedando frente a frente.
-¿Ah, no?- le sonrió con vileza. -¿Y…,- dio unos pasos hacia ella con las manos en las caderas -cómo te gustaría que fuera, entonces, conejita? ¿Tierno, afable y… dúctil para que me manejes a tu capricho?
-¡Yo…! ¡Yo no tengo la culpa de cómo eres!- hizo una pausa tratando de recobrarse y retrocediendo; mas, en seguida, chocó con una pared y se inquietó más de lo que estaba. -¿Dónde…? ¿Dónde estamos?
-¿Bonito, verdad?- le cuestionó con socarronería. -¿No lo reconoces?
-¿Un… oubliette?- cuestionó casi sin aire.
-¡Bravo, mi mascota!- extendió sus brazos con mofa. -¡Tu castigo será apenas un poco menos severo por adivinar!- ella lo observó con temor, ansiedad y desafío.
-¿Castigo por qué?- cuestionó tratando de no mostrar qué tan asustada estaba.
-¿Por qué? Soy cruel, Sarah mía… ¿Por qué debo tener motivos para castigar a mi… 'prometida'?- siseó con displicencia.
-¡Yo no soy tu prometida! ¡Es mentira!- lo enfrentó con coraje apartándose un poco de la pared, quedando separada de su enemigo a sólo cinco pasos.
-¿Mentira? No, querida mía. Lamentablemente para ambos, eso no es mentira. Tú eres mi prometida y te casarás conmigo. Tú serás mi reina y me darás hijos. No uno, si no muchos.- siseó con ruindad. -Será interesante, por tu lado, tendremos una familia numerosa como los conejos y… por el mío, estaremos juntos toooda la vida, como los búhos. ¿Lindo, no? No todos los matrimonios pueden decir lo mismo.- hizo un amplio ademán con sus brazos con jocosidad. Ella parecía horrorizada, con la vista fija en el piso. -¿Te imaginas todas las noches que nos dedicaremos a cumplir con tal labor?- la provocó con una sonrisa ladina y cuando obtuvo de nuevo su atención se hizo el incauto. -¿Te dije que los feys podemos mantenernos despiertos por días enteros? Eso te hace una mujer muy afortunada, ¿verdad? No tendrás un esposo a tu lado que agotado se duerma sin…- avanzó hacia ella.
-¡Basta!- ordenó ella con deseos de llorar. -¡No voy a casarme contigo! ¡No tengo por qué hacerlo! ¡Tú me mentiste, me engañaste! ¡Así que si tú no mantienes tu palabra, yo no tengo por qué mantener la mía!
-¿Yo no la mantuve?- movió su muñeca creando un cristal que acercó a la chica. -Mira bien, cosita; y dime si no cumplí con mi palabra.- Sarah observó la esfera con aprensión. Dentro, distinguió a Karen amorosamente dándole los buenos días a Toby, y éste le extendió sus brazos con la mejor de sus sonrisas. Sarah contuvo el aliento.
-Toby… Pero… ¡tú piensas volver a robarlo!
-¿Qué importa ahora?- sonrió él echando el orbe hacia arriba para desvanecerla. -Lo importante es que cumplí con mi parte, y… tú, mi chiquitita, cumplirás con la tuya, quieras o no.
-¡Pero, no es justo!
-¿De qué te quejas?- se mostró irónicamente sorprendido. -Según tú yo soy injusto. ¿Por qué ahora esperas lo contrario?
-¿Por qué eres tan cruel?- su voz pareció quebrarse.
-Te advertí que podía serlo, cosa preciosa.- puso sus manos a cada lado de su cabeza. De repente, ella no se sintió tan desafiante, mas bien…, intimidada. -La primera vez que me enfrentaste te ofrecí todo, incluso a mí mismo… Aún así, no fue suficiente para ti, no fui 'generoso,' según tú. Vuelvo a cumplir todos tus caprichos, mas, no soy generoso. Sí todo lo demás, pero, nunca; NUNCA generoso… Pese a todo, serás mi reina y considero que…, aunque no lo mereces, es algo bastante generoso como para… recompensar mis anteriores carencias de altruismo. ¿No es eso generosidad?
-¡No! ¡Es horrible y… despótico!- exclamó agitada.
-Bueno…, entonces, no será nada nuevo para ti. Sigues siendo afortunada, después de todo, ya que…, me conoces bastante y no te asustarás tan sólo por…- acarició su mejilla -conocerme un poco más…- Le sonrió con sensualidad. Sarah no pudo evitar arrinconarse más contra la pared. ¿Acaso… pensaba forzarla? ¡Por más atractivo que fuera… ella no quería eso! Se obligó a no dejar caer las lágrimas. Jareth celebró por lo bajo agachando su cabeza. -No, no.- le dijo viéndola divertido a los ojos. -Ahora no. Sé que debes estar desesperada por… mis atenciones, amor, pero…, ahora no tengo tiempo para ti, tengo… asuntos más importantes que atender. Debes ir acostumbrándote, mi conejita. Mientras tanto, tendrás oportunidad de reflexionar qué tanto quieres satisfacer a tu rey o… a ti misma.- se apartó de ella dándole la espalda.
-¡Eres un monstruo! ¡¿Cómo puedes pretender que sea tu… tu… reina cuando no sólo me has engañado, sino que además mantienes a mis únicos amigos encerrados!- Cuando el monarca oyó su protesta giró para verle con arrogancia.
-¡Una cualidad más para agregar a las restantes, chiquitita!- fue hacia ella como un rayo y la aferró de los brazos. -¡Y…, una vez más te equivocas! 'Tus' amigos me traicionaron. Ahora, ¿no crees que de no ser misericordioso ya estarían muertos?
-¡Hipócrita! ¡Tú dijiste que los enviaste para ayudarme! ¡¿Ves como te enredas en tu propio ovillo?!
-¡No, no, cosita! ¡Yo nunca dije que los envié! ¡Jamás les ordené ayudarte! ¡Mis órdenes fueron bien claras y precisas: 'Protegerla y detenerla'! ¡Jamás ordené que te ayudaran o que te facilitaran las cosas más de lo ya estaban facilitadas! ¡Pero, no! ¡Ellos tenían que hacer todo a tu modo! ¡Y, de verdad no debería culparlos sabiendo lo 'aprovechada' que eres con toda tu bonita persona y esa engatusadora sonrisita de niña buena! ¡Si ellos están donde están, es gracias a ti, no a mí!- las miradas se desafiaron furiosas. -Sarah…,- le advirtió -por tu bien, no juegues con mi paciencia. Intento con todas mis fuerzas mantenerme bajo control, pero…, si sigues tirando de la cuerda, conejita…,- sujetó con fuerza los cabellos de su nuca para obligarla a elevar la cabeza y enfrentar más así sus ojos y la besó con furia, Sarah intentó escaparse de su abrazo, pero, él se apoderó de su boca sin cuidado alguno. Cuando terminó con el beso, la muchacha quedó jadeando y conteniendo pequeños sollozos, él todavía la tenía sujeta y la forzó a mantener su mirada -te comeré antes de la boda…- hizo una maligna mueca y desapareció abandonándola en el más oscuro de los oubliettes.
-¡¿Que tú qué?!- espetó su prima escandalizada. -¡¿Acaso te has vuelto loco, Jareth?! ¡¿Cómo va a creer que no eres un monstruo si la dejas allí?!
-Alin, créeme, ella es feliz así.- Jareth, recostado en su trono, hizo una mueca divertida. -Si la trato bien siempre tiene algo de qué quejarse.
-¡No puedo creerlo!- seguía furiosa. -¡¿Cómo puedes ser tan… tan…?!
-¿Cruel?- elevó una ceja con naturalidad. -A ella le gusta. Así puede decírmelo todas las veces que quiera.
-¡Jareth, no juegues al irónico conmigo!- espetó ella; desde que él se había sentado en la mesa para desayunar había venido acumulando toda su indignación. -¡Te conozco!
-¡Si me conocieras mejor, entonces, sabrías que estoy cansado de ser paciente con ella! ¡No importa lo que yo haga, no importa lo que yo diga!- se puso de pie. -¡Yo siempre seré el terrible monstruo de sus pesadillas! ¡Entonces, si eso desea yo la complaceré como con todo lo demás!- Alin observó a su padre indignada.
-¡¿Padre, podrías hacerlo entrar en razón?!
-Alin, él ya es un hombre, y es el rey.
-¡Es tu sobrino!
-Sí, pero, ya no es un muchacho. Supongo que él sabrá lo que hace, y confío en que no la matará.- miró a su sobrino casi con un dejo de diversión. Claro que él no estaba de acuerdo en que la encerrara en un lugar tan… oscuro como un oubliette, pero, fuera de eso, la chica no corría peligro. Y…, quizás, la haría entrar en razón o…, a lo sumo hacerla más cabezadura. Lo que fuera, ambos se cocinarían en su propia salsa y ellos no podían hacer mucho al respecto. Alin simplemente estaba que explotaba y lo hizo saber con un gran resoplido antes de desaparecer del trono hecha una furia. Gontran suspiró y observó con pena a Jareth.
-Por favor, perdónala. Sabes que a ella le afectan mucho los encierros.
-No te preocupes, Gontran. Lo sé. Mejor… ve con ella y dale consuelo.
-Sí, My Lord.- se inclinó antes de desvanecerse. Misteriosamente, Conrad permanecía serio y muy callado. Demasiado.
-Jareth, nosotros partiremos mañana por la tarde hacia nuestras tierras.- comentó Erwin. -Pero, cualquier cosa que necesites, no tienes más que acudir a mí.
-Sí, tío. Te lo agradezco.- observó a su primo que parecía muy concentrado con un brazo sobre su pecho y la otra mano sosteniendo la barbilla concienzudamente. -¿Y, a ti qué te pasa?
-Nada.- comentó con casualidad. -Sólo… pensando.
-Eso es raro.- el rey comentó extrañado.
-Bueno…, ahora tengo que irme.- Conrad avanzó hacia la salida.
-¿A dónde vas?- interrogó una vez más el rey con curiosidad.
-Mh… Negocios.- respondió con una maquiavélica sonrisa repiqueteando su barbilla.
-Mejor no quiero enterarme qué será ésta vez.- suspiró su padre viéndolo partir. Y ni bien desapareció de su vista, regresó la mirada a su soberano que con un gesto desconfiado parecía querer atravesar las puertas y paredes para leer la mente de su primo. -¿Jareth, puedo cruzar unas pocas palabras contigo?- El nombrado lo observó y suspiró.
-¿Me reprenderás como tu hija?- se mostró agotado.
-No realmente. Sólo, quisiera saber cuáles son tus planes… Sé que no me debería entrometer, pero…, hijo, no quiero verte caer en tu propio juego. Siempre has sido un buen muchacho, pero, cuando te empacas puedes ser en verdad espeluznante. Cuando muchacho era algo… peligroso debido a tu posición desconociendo los límites de tu poder; pero, ahora, que ya eres un hombre y que conoces no sólo los límites del poder, sino que conoces lo que es el poder…
-Tío,- pareció algo dolido -¿acaso tú también vas a desconfiar de mí? ¿Piensas que sería capaz de lastimarla? ¿Piensas que…?- el hombre mayor lo irrumpió con una mano en alto.
-Jareth, sé quién eres. Sé que jamás le harías daño, pero, ten cuidado. Ten cuidado de ti mismo, ten cuidado de las situaciones que pueden arrastrarte a tu propia oscuridad.- el joven soberano estudió la sincera faz de Erwin y le sonrió con afabilidad.
-No te preocupes, tío. Me mantendré a raya. Y ante la menor señal de desorden, me abofetearé, en privado, pero, lo haré.
-¿O…?- le sonrió Erwin. Jareth suspiró casi riendo.
-O le pediré a algún viejo fastidioso que venga a enderezarme un poco.- bajó los pocos escalones que los separaban y se aferraron de los brazos con fuerza y se sonrieron.
-Eso sería divertido.- Jareth rió con ganas.
-Tío, eres tan perverso como yo.
-¡Oh, vamos, muchacho! ¡¿Ahora soy yo el que se parece a ti?! ¿Qué seguirá luego? ¿Que me copié de tus malos hábitos?- volvieron a reír.
Sarah suspiró. ¿Qué más podía hacer? Él la había dejado en ese oubliette, que parecía aún más pequeño que el de las otras veces. A su alrededor no había nada, no había nadie. Sólo oscuridad. Ni siquiera entraba demasiada luz desde la entrada del techo. Volvió a dejar escapar un suspiro sentándose otra vez en el suelo, con su cabeza sobre sus rodillas.
¿En verdad él pensaba… forzarla a contraer matrimonio? ¿Por qué quería que fuera su reina si la odiaba tanto? ¿Por qué se sacrificaría a una vida completa junto a ella? Claro que, ella viviría menos que él… y…, quizás, para él esa cantidad de tiempo no significara nada, siendo inmortal. ¡Pero, de sólo pensar estar a su entera merced…! Dudaba que él fuera amable con ella una vez casados; de hecho, dudaba que él se volviera a mostrar amable alguna vez. No podía evitar las lágrimas, no podía evitar sentir miedo. ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué sin importar dónde siempre se encontraba de ésta manera?! Su cuerpo fue sacudido por la tristeza y la incertidumbre.
Los pasadizos estaban a media luz, las falsas alarmas advertían al intruso que tuviera cuidado, pero, éste parecía hacerles caso omiso como si las conociera muy bien. La capa con capucha ocultaba su identidad y se mezclaba con su negro vestuario. Su paso, elegante y ligero, casi etéreo. No había dudas de que se trataba de un fey.
De pronto, pareció presentir algo que se aproximaba. Algo que estaba por aparecer. Comenzó a caminar sobre sus pasos con cierta vacilación, cuando de repente, otra figura oscura se materializó. Espalda con espalda chocaron, las dos oscuras criaturas gritaron sobresaltadas y como quien lleva el diablo giraron para enfrentarse.
-¡Tú!- ellos dijeron al mismo tiempo.
-¡¿Conrad, qué demonios haces aquí abajo?!- cuestionó la última en aparecer.
-¡Yo podría preguntarte lo mismo!- reclamó la sombra más alta cruzando los brazos sobre su pecho.
-Bueno…; no tenía nada que hacer hasta la hora del almuerzo y estaba aburrida…, entonces, decidí explorar un poco el resto del castillo y del laberinto.
-¿Ataviada de negro? ¿Qué? ¿Gontran se dio cuenta de que eres una abusona y se arrojó por la ventana? ¡Auch!- chilló cuando la mano le dio con fuerza en su cabeza.
-¡Estúpido! ¡¿Y, qué hay sobre ti, eh?! ¿Acaso me vas a decir que conseguiste tener una cita con alguna pobre incauta? ¿O ya regresas porque antes de que llegaras pensó mejor las cosas y descubrió que eres un bobo? ¡Ay!- clamó ella cuando él le tironeó uno de los mechones de color miel que escapaban de su capucha.
-Sabes bien a qué he venido. A lo mismo que tú.- dijo y tras verse comenzaron a andar juntos.
-Cuidado… Cuidado…
-Ese no es el camino…
-¡Oh, cállate!- dijo él con un gesto despectivo hacia la roca; en tanto, Alin se arrimaba más a él; pues, sinceramente, los lugares bajo tierra la ponían nerviosa y las palabras de las falsas alarmas también la retraían.
-Si vas por allí vas directo a la destrucción…
-Sí, sí. A la destrucción de la estupidez de mi primo.
-¡Cállate!- le ordenó su hermana inquieta. -¡Él podría escucharte!
-¿Y qué? ¿Le tienes miedo?
-No. Pero, no me gusta tener que verlo enojado. ¿A ti sí?- Conrad se largó a reír.
-Verlo enojado es una de mis cosas favoritas.- Alin frunció el ceño y se detuvo sujetándolo de un brazo.
-¡Espera un segundo! ¿Tú no estarás haciendo esto sólo para divertirte a su costa, verdad?
-¡Oye! ¿Qué piensas que soy? Además, no sé por qué tienes tanto pánico. Todos sabemos que lo único que hay que evitar es decir su nombre, y yo no lo he nombrado. No he dicho ni Rey Go…- Alin le cubrió la boca con su mano.
-¡Mejor cállate, asno!- se mantuvieron en silencio al sentir un ruido y se relajaron al ver una rata goblin corriendo hacia otro pasillo. -¿Dime, ya sabes en cuál está?- le cuestionó con voz baja, sabiendo que deberían apurarse.
-No. Sé tanto como tú. Pensaba asomarme en cada uno de ellos hasta encontrar el correcto. ¿Tú?
-Ni idea.- suspiró. -Odio estar aquí, pero…, no podía dejar las cosas como están.- Conrad la observó con afecto.
-Hagamos lo siguiente; vuelve con tu esposo y yo haré esto solo. Si descubren que ambos faltamos…
-Sí…, seguro pensarán que estamos entrometiéndonos en lo que no debemos.- dijo como si fuera una habladuría. Conrad sonrió de oreja a oreja con regocijo.
-Eso es exactamente lo que estamos haciendo.- ella lo observó rendida. -Ahora bien. ¿Qué le llevas y qué querías decirle?
-Bueno…, pensé que… ella necesitará una manta, una lámpara, y… esto.- le alcanzó unos paños dentro de un recipiente vacío, todo lo que traía oculto bajo la capa y las faldas.
-¿También le trajiste maquillaje?- bromeó él y ella elevó sus ojos hacia arriba. -¿Y, para qué es esto?- cuestionó sacudiendo el recipiente con paños.
-Ella es una dama.
-¿Y? ¿Qué le digo; que le enviaste éste tazón para tomar un largo té?- rió por lo bajo. Alin no pudo con su exasperación y sujetándolo de una oreja le habló al oído. Conrad se sonrojó. -¡Yo no le voy a decir eso! ¡Que lo descubra por sí sola!
-¡Baja la voz!- espetó ella preocupada. -Y dile que no le haga caso a las terribles tonterías que nuestro primo le insinúe, que en todo caso, le siga la corriente como a los locos.
-Bueno… Ahora, vete antes de que me atrapen por tu culpa.
-¡Imbécil!- espetó ella viéndolo con los ojos entrecerrados por lo que él le mostró la lengua como de costumbre antes de que ella desapareciera.
