Unos instantes más tarde, España entra al cuarto. Germania empuja más a Roma del pecho, sonrojándose y mirando al suelo.
—¡Papá! —protesta España al entrar.
—Ave! —sonríe el romano saludándole con la mano. Germania se arregla la poca ropa que siente que trae buscando sus calzas por ahí.
—¡No! ¡Ave no! ¿Qué estás pensando? ¿Sabes qué va a hacerte Veneciano cuando se entere?
—Estás exagerando, mi vida, no ha pasado nada...
Germania levanta las cejas. ¿Veneciano no era uno de los bebés llorones de Roma? El que... Oh, sí. El que estaba con Alemania.
—Sí que ha pasado y voy a castrarlo por ello —murmura Germania.
—Eres como... dios mío, ¡como si no hubiera tenido suficiente con Francia! —protesta España y Roma se ríe.
—¡Deja de reírte! No es gracioso en lo absoluto, al contrario —Germania le arrea en las costillas.
—¡Papá! —protesta España también al ver que se ríe y mira a Germania.
—¿Ves? Ni tus hijos te dan la razón esta vez.
—¡Pero es que no pasa nada, sólo es un beso! —protesta un poco Roma viéndoles a los dos.
—¡Pues no es algo menor! —le devuelve el germano.
—Tampoco algo mayor, tú no has querido —le mira de reojo. España Facepalm.
—¿Puedes decirle por favor que esta demente? —pide Germania a España.
—¡Basta! —España se cruza de brazos—. Tú, te vienes conmigo. Ahora.
—Espera, que me visto. ¿A dónde?
—No hablo contigo, papá.
Germania levanta las cejas porque evidentemente no esperaba que hablara con él.
—Was?
—Quid?
—Que me le llevo. Y pobre de ti que protestes. Venga, vístete —insta al sajón. Roma se tensa un poco, mirando a uno y al otro.
—¿A-A dónde? —balbucea Germania.
España se revuelve un poco, pasándose una mano por el pelo repitiéndose "no vaciles, no vaciles".
—Eso ya lo verás —le guiña un ojo a Germania y Roma levanta las cejas incrédulo. Germania carraspea.
—No más depravaciones, lo advierto.
—Hispaniae...
—Ni me vengas con Hispaniae, ni Hispaniae. Veneciano —sentencia el español. Germania encuentra sus calzas y se pone de espaldas a ellos para subírselas.
—Insisto... ¡Tu propio hijo me da la razón! —exclama Germania sintiéndose mejor con interiores.
—¿Y qué pasa con Romano? —pregunta frunciendo el ceño. España le FULMINA.
—Venga, ¿ya estás? —insta a Germania a irse.
—Sería útil saber a dónde vamos —se le acerca igual.
España mira a su padre y toma a Germania de la mano, a lo que Roma frunce más el ceño. Germania se tensa un poco mirando la mano y tratando de quitársela. España la aprieta fuerte y Roma vuelve a echarse sobre Germania besándole como si no hubiera mañana, asustado.
Algo dentro de Germania... Una vocecita, le hace sentir hoy especialmente... Deseado. Le responde a Roma cerrando los ojos y perdiéndose en el beso, como siempre.
España sonríe un poco sin poder evitarlo, cuenta cinco segundos y les separa cruelmente a mitad del beso tirando del germano, para llevárselo. Germania levanta las cejas negándose a irse del beso por unos segundos antes de sonrojarse y limpiarse los labios.
—Por Odín, Rom.
España tira con fuerza para llevárselo y Roma hace ademán de no soltarse hasta que Germania acaba por separarse, no sabe ni cómo, se queda ahí plantado mirándoles, parpadeando con carita de desconsuelo sin entender.
Germania mira a Roma un poco desconsolado.
—¿No puede venir él? —pregunta a España—. N-no que quiera pero...
—No, claro que no —España cierra los ojos haciendo tripas corazón para no verle hasta cerrar la puerta tras ellos, dejando al romano dentro.
Germania mira a Roma una vez más un poco triste antes de que se cierre la puerta. Y Roma, interiormente, se queda un poco más tranquilo con eso...
—¿Y ahora qué? —pregunta Germania.
—Ahora nos vamos pitando para que no pueda seguirnos, corre —tira de él y se ríe un poco.
—¿A dónde?
El español le sonríe y le guiña un ojo otra vez sin dejar de correr, metiéndole al cuarto de Prusia. Germania levanta las cejas.
—Shhh —pide silencio sonriendo y sacando el teléfono—. No te preocupes...
—¿Qué hacemos aquí? —vuelve a preguntar mirando al techo mientras Francia saca su teléfono porque suena.
—Esperar. Austria me ha contado lo que ha pasado... y no está bien. Ya bastante grave es que haya hecho eso a Veneciano, pero no puede seguir por que seguro irá cada vez a peor si no lo detenemos... ¡Holaaa! —saluda al teléfono.
—Espagne! ¿Qué tal?
—¡Bien! ¿Dónde estás?
—Tomando unas copas con unos amigos del trabajo... ¿Tú? ¿Quieres venir?
—Pues te necesitaba aquí pero... que cojones, ¡seh, claro! —mira a Germania y sonríe—. Voy a traerme a un amigo, ¿dónde vamos?
—Nos vemos en Le Café de Flore... ¿Te acuerdas dónde está?
—Seh, vale, pillamos las cosas y estamos ahí en un momento, ¿vale?
—Bien. ¡No tarden! —sonríe contento diciéndoles a todos que va a venir España!
España cuelga mandando un mensaje a Romano y Veneciano para que vayan a evitar que Roma haga un desastre y mira a Germania. Sonríe.
—Venga, ponte unos pantalones, nos vamos a tomar una birras con Francia.
—¿Unas qué?
—Cervezas.
—¡Oh! ¡Eso suena mejor! No tengo esas cosas... ¿No puedo ir así?
—Y os contaré el plan a ver que os parece y decidimos como lo hacemos... Francia nos ayudará, seguro. Le va a encantar —España empieza de cháchara—. ¡No! ¡No! ponte unos de Prusia —abre el armario buscando algo, unos tejanos y se los pasa—. No le digas a Francia que te los he elegido yo porque siempre acaba riñéndome, aunque lo va a saber igual —risa idiota—. Venga, y ahora tenemos que salir de aquí sin que nos vean.
El germano, los mira poniéndolos y pensando que es una incomodidad absoluta.
—¿Salir de aquí sin que nos vea quién?
—¡Nadie! Papá, en especial... ¿tú cómo llevas lo de ir en coche?
—¿Lo de ir en coche? Es esa máquina diabólica sin caballo.
—Ya... bueno, vale, vamos andando —abre la puerta mirando al pasillo para asegurarse que no viene nadie y hace un gesto a Germania para que salga tras él, andando con cuidado hasta fuera de la casa.
Germania sale tras el mirando la puerta donde dejaron a Roma, que está cerrada, España tira de él al notarle.
—¿Qué planes tienes con Rom? —pregunta tensito de estar a solas con él.
—Iba a contártelo cuando estemos con Francia, pero bueno, ya se lo contaremos los dos... —empieza cuando están ya en la calle—. Lo que sucede es muy obvio, ¿vale? Tú le gustas, le gustas mucho, o sea, no me refiero como los demás que también le gustan...
—Por Odín... No se sí quiero escuchar esto.
—¡Sí hombre sí, venga! Lo que yo creo que pasa es que te tiene muy fácil y entonces... pues es aburrido, aunque te quiera y todo eso. Así que nos vamos a ir un rato para que te eche de menos y vamos a ver qué podemos hacer para que te desee.
—¡¿Perdona?! Es... Aburrido y vamos a... ¿A dónde vamos a ir?
—A tomar unas cervezas con Francia y a decidir entre los tres cómo podemos hacer para que te veas más ardiente, apetecible y deseable y tenga más ganas de ir a por ti en vez de a por... bueno los demás —explica—. Creo que le diré a Prusia también para que nos ayude.
—¿A-ardiente? ¿Apetecible y deseable? —levanta las cejas.
—Sí, hombre, para que vaya a intentar seducirte, ¿sabes? Quizás hasta puedas ir tú a seducirle a él, si al idiota del cejas le funciona con Francia, tú no tienes que tener muchos problemas, papá parece bastante receptivo y sensible a cualquier cosa que hagas tú en esa línea —sigue explicando mientras manda mensajes a Prusia.
—No sé si estoy entendiendo, pero tu padre es un idiota y no me interesa.
—Bueno —ojos en blanco—. Igualmente lo que queremos es que tú le intereses a él aún más.
—Yo no tengo idea de cómo hacer eso.
—No te preocupes, nosotros sí, así que haces lo que digamos y... —se detiene al escuchar al sajón carraspear.
—¿Y eso es en contra de tu padre, dices? —no ha entendido nada—. ¿A él va a molestarle?
Bueno, el caso es que Austria salió de ahí en plan "esto es un asunto de latinos de los que escapan a mi compresión, España. Ve y arréglalo". Y España hizo lo propio... Que es llevarse a Germania de copas. Y a mí me da que lo van a meter en un berenjenal... Pero en un BERENJENAL.
—Hombre, molestar... —se detiene al verle la cara—. Seh, seh, claro, MUY molesto. Mucho. Tremendamente. Ya has visto la cara que ha puesto cuando te me he llevado.
Germania sonríe de lado levemente.
—Bien.
España le mira con cara de "qué mono eres". Germania frunce el ceño sonrojándose un poquito porque... España se parece a Roma BASTANTE y esa cara es familiar.
—Ya sé por qué le gustas tanto a papá —risita.
—Was? —pregunta sonrojándose más.
—Pues es que eres muy mono y eso que te pareces un montonazo a Alemania y Alemania no me gusta nada, siempre me pone nervioso...
—¡No soy mono! —le mira con el ceño fruncido—. ¿Por qué te pone nervioso Deutschland?
—Ah, porque siempre está con esa cara tan seria y siempre viene "¡Spanien, estás malgastando el presupuesto! Si no cumples los números no te voy a prestar dinero" pero luego bien que se pasa el verano en mi casa dándole a la sangría y acabando rojo como camarón... yo creo que lo que pasa es que tiene envidia por que gané el último mundial de futbol... ¿te lo contaron? Fue increíble, un gol de Iniesta que juega en el Barça, que es el mejor equipo de fútbol del mundo, sólo el Madrid puede hacerle frente... el Madrid es otro equipo de mi casa, el de la capital. Barcelona, el Barça está en la playa y Madrid en el centro... en realidad los catalanes no quieren ser españoles y me da mucha pena porque creo que lo pasamos muy bien todos juntos pero bueno, ¡Francia cree que se van a hacer Franceses, ja! Y una porra, por que... —va a seguir así hasta que lleguen.
Germania hace su mejor esfuerzo para seguirle, fallando miserablemente... pero bueno, realmente nunca pensó que fuera posible que alguien hablara más que Roma... hasta ahora.
—...Oye, pues luego en casa me lo pides y te hago unos pescaditos fritos, porque si pruebas los del cejas te vas a morir del asco, ¡ah! Ya sé y voy a hacer churros para deayu... ¡FRANCIAAA! —saluda con la mano.
Francia se levanta sonriendo y sonríe más al ver a quien traen.
—¡Ohh! ¡Cuando has dicho traer a un amigo no pensé que fueras a traerles a ellos! —abre los brazos para saludar a España —. ¿Cómo estás, mon amour?
—Bieeeen —le abraza—. Pero tenemos un problema súper gordo, en realidad sólo traigo a Germania... ¿tú qué tal?
—Bien, muy bien... contento, y cansado después de una semana pesadísima (seguro fue a trabajar un par de días... tuvo que hacerlo) —le da un beso rápido en los labios al separarse y sonríe—. ¿Qué problema gordo tienen?
—Es papá, tío, la está liando parda... le he castigado un poco pero ya ves el caso que me va a hacer, pero es que... Veneciano... es peor que tú y mira que tú eres tremendo.
Francia se ríe acercándose a Germania y dándole tremendo abrazo con metida de mano y arrimón.
—Peor que yo... ¡Si serás dramático!
—No, no, es que... Veneciano lo va a MATAR… Que no esté ya la cosa nostra en la casa...
—¿Qué hizo? No puede ser tan grave... —sonríe el francés notando la terrible incomodidad del germano con el beso y la manoseada.
—Bueno, no lo fue, pero podría haberlo sido... anda, cuéntaselo —le pide a Germania, mirándole.
—Espera, antes de contarme... ¿por qué no se sientan en esa mesa de allá?, voy por mi copa, les digo a los muchachos que se olviden de mí y les traigo algo de beber. Germania... cerveza supongo, tú... te traigo una copa del mío, está espléndido —les sonríe a ambos señalándoles una mesa y acercándose al grupo con el que venía.
—Pide una para Prusia, que está viniendo —asiente España.
Francia asiente a lo lejos mientras Germania sigue tallándose el trozo de mejilla en el que el galo le ha dado el segundo beso, molestamente cercano a la boca. Mira a todos lados al notar el gentío y el ruido.
España le toma de la mano otra vez para que no se le pierda, tirando de él a una mesa vacía.
—Hay mucho ruido... y gente. Huele extraño —protesta el germano sentándose donde le pide España y agradeciendo que sea un rincón donde al menos no pasa todo el mundo. Se sienta tenso abriendo mucho las piernas, porque sigue pareciéndole que los pantalones le sostienen demasiado... todas las partes.
Francia vuelve unos segundos más tarde con dos cervezas en una mano y dos copas de vino en la otra, riéndose con noséquién.
España está escribiendo en el móvil a Romano, contándole donde están y pidiendo noticias. Romano... no tiene ninguna noticia especial, sólo ha hablado con su hermano que aún no ha visto a Alemania. En ese momento, Prusia entra por la puerta, mirando a todas partes.
Francia, que es quien acaba de sentarse y mira hacia la puerta, hace un gesto con la mano a Prusia cuando le ve, que sonríe y se acerca a ellos, levantando las cejas al ver la cabellera de su padre.
—Heil!
Germania gira hacia Prusia levantando las cejas cuando le oye.
—Preussen. Hallo —saluda con el brío y alegría de siempre, haciendo unos gestos con la cara sumamente pronunciados (es decir... poniendo la misma cara de siempre -.-) porque le da gusto verle.
—¡Hey, tío! —España le pone el puño y Prusia le da con el suyo saludándole.
Germania levanta las cejas sin saber si esta es una nueva forma de saludo, cierra el puño también igual que España, mirándole con seriedad, levantándolo hacia su hijo.
Prusia sonríe al verlo y le da con el suyo igual que ha hecho con España. Germania sonríe de lado un poco y Francia le da unas palmaditas a Prusia en la espalda.
—¿Cómo has estado?
—Bien, estaba con Ungarn hasta que el chalado este me ha dicho que tenía que venir corriendo como si se acabara el mundo —responde Prusia y España le pasa su cerveza.
—Es que dice que pasa algo terrible porque papa es terriiiible, mucho peor que yo, bla bla bla... todo un draaaaama que tiene que ver con Veneciano —explica Francia en burlilla.
—¿Eh? ¿Con Italien? —Prusia mira a España y a Germania.
Germania se sonroja e incómoda un poquito.
—Rom... es Rom. Hace cosas idiotas, siempre.
—¿Pero qué ha hecho? —pregunta Prusia—. Aún no hemos revisado los videos de hoy, ¿algo interesante? —malignillo—. ¿A qué hora ha sido?
—Pues me lo ha dicho Austria hará como... veinte minutos... no sé sobre tres cuartos de hora o una hora cálculo yo —responde el español.
—Eso mismo queremos saber todos, que ha hecho tan terrible. Deja de darle vueltas, mon amour... o tú, acusa directamente al perpetrador —Francia le cierra un ojo al germano. España mira a Germania esperando que lo cuente.
—Oh... ehh... —se revuelve porque no quiere contarlo en realidad y menos enfrente de Prusia. Ya bastante humillante es en sí la historia. Vacila un instante—. Rom, que es un idiota... y a mí no me importa lo que haga realmente, decidió que besar a Deutschland era la fantasía del día...
—Was? ¿A West? ¡Oh! ¡Tío! ¿Por qué? —protesta Prusia y suena más a "¿por qué a West?, ¡idiota con suerte!" que "¿por qué le beso?, es súper raro".
—Oh... papa... —Francia se ríe levantando las cejas entendiendo el asunto de Veneciano—, ¿y qué ha dicho Allemagne? Seguro le ha besado de vuelta.
España se ríe con la respuesta de Prusia y luego se vuelve a Francia.
—Ah, Austria no me lo ha dicho eso... pero bueno, es que el beso no es lo peor... sigue sigue —le pide a Germania. Este vacila mirando a España.
—Nada más... es un idiota.
Francia mira a España también, con los ojos entrecerrados, sabiendo perfecto que ese no es el problema.
—¿Qué es lo peor?
—¿Eh? —Prusia vacila sin entender.
—Digamos que no era el mejor momento... —responde España—. A papá le apetecía un menage.
—Ohhh... ¡con Allemagne y Germania! —Francia se ríe.
—Seh —asiente España.
—Espera, was? ¿Ha tenido sexo contigo y con West? —pregunta Prusia a Germania.
—NEEEEIN! NEIN! —Germania levanta las manos y niega fervientemente con la cabeza. Francia se ríe un poco más mirando a España.
—Eso es... pfff... papa —niega con la cabeza—, ¿y qué ha dicho Veneciano? ¿Cómo estaba Allemagne?, supongo que casi se muere.
—No, tío, he dicho quería... —responde España a Prusia que sigue mirando a su padre con la boca abierta, incrédulo—. No lo sé, yo sólo he hablando con Austria y me he ido corriendo a por papá... Romano dice que Veneciano no ha hablado aun con él.
—Ahora entiendo el lío —sonríe el francés cerrándole un ojo a Germania —. Mon dieu, Germania... no le hagas caso a papa.
—No, venga, Francia, es que hay que hacer algo, no puede andar desmontando el mundo así, Veneciano le va a meter una cabeza de caballo en la cama.
—Pero... pero... —Prusia aun no entiende del todo.
—Pues... es que no creo que haya tanto que hacer para que no desmonte el mundo así. De hecho creo que no va a desmontarlo, va a... montarlo —Francia sonríe y suspira —. ¿Qué pretendes que hagamos?
—No sé a qué se refieran con una cabeza de caballo... pero sólo eso nos falta —murmura Germania realmente sin entender el asunto de la cabeza pero imaginando algo gráfico y sexual.
—Pues a una cabeza de caballo, ¿sabes? Sí sabes lo que es un caballo... pues un caballo, le cortas la cabeza y la metes en la cama mientras duerme y al despertar la encuentra ahí —explica España.
—Es... un caballo —cara de infinito desagrado—. Eso no lo hacemos nosotros al menos... no que yo sepa.
—Roma me lo hizo a mí una vez con una tortuga, sé que no parece la gran cosa, pero yo la quería mucho a esa tortuga... solo porque quemé una camisa mientras la estaba planchando... dijo que él quería mucho también esa camisa —le cuenta el español.
—T-Te hizo... con... —levanta las cejas con los ojos muuuuuy abiertos—. ¡¿Cuando hizo eso?!
—Pues... hace un par de años, pero da lo mismo, porque luego resultó que la camisa estaba pasada de temporada igual pero se fue y se compró otras tres.
Germania parpadea realmente perdido.
—E-Es que... hacer esas cosas con animales. ¿Eso hacen ahora? —pregunta a Prusia escandalizado.
—Vamos, lo que digo es que estoy seguro que los últimos tres coches del señor Moschino o como se llame los he pagado yo. Por lo menos cuando vuelve de comprar siempre vuelve feliz y me da unos besos que... tíos —hace un gesto con la mano.
—Nah, es un exagerado, eso lo vimos en una película —responde Prusia a su padre—. Pero igual Italien es muy dulce, sólo Romanito es el vengativo.
—¡Eh! ¡Eh! ¡Ni te pases! —protesta España.
—Pues aunque sea exagerado... ¡es una perversión! ¡Yo no sabía que Rom hacía esas cosas, pero sexo con animales está decididamente MAL, menos aún con una cabeza!
—¿Sexo? —pregunta España y Prusia a la vez.
Francia le mira... y sonríe.
—Mon dieu, non. Papa no... No es sexo. Germania —sonríe más—, ¿qué pasó con eso de sólo pensar en sexo? No todo es sexo, hablamos de una cabeza... es para asustarte. La cabeza de tu caballo favorito en tu cama en la mañana.
—Claro, es una amenaza, para que sepas lo que harán con tu cabeza a la próxima... —explica Prusia.
—El asunto es que son de ese modelo de gente rencorosa y vengativa... —España con un tono de voz y una sonrisita de "y eso me pone que no veas"—. Lo que más me duele, de verdad es que Veneciano quiere mucho, mucho a Papá.
Germania se revuelve un poquito.
—Y papa quiere mucho a Veneciano... ¿por qué te duele eso? —pregunta Francia dándole un trago a su vino.
—Ya sabes, porque no creo que le haga gracia... yo me quedaría y me he quedado muy decepcionado de él.
—Creo que sólo es simple curiosidad... además de que Allemagne se parece muchísimo a Germania —valora Francia —, claro que quiere llevárselo a la cama. Me sorprende un poco... ¿qué pensaste tú Germania?
—¿Pero se lo llevó a la cama o no? —pregunta Prusia.
—Nein, no se lo llevó. CLARO que no se lo llevó, y claro que... ¿qué esperas que piense? Tu padre es un depravado, un degenerado y un demente. Deutschland es mi HIJO. ¡Esas cosas no se hacen con los hijos! —protesta Germania.
Francia se acerca a España y este se echa en la silla hacia él para escucharle.
—Qué maravilla esas épocas. Escúchale bien, dice que no se hacen con los hijos, lo que implica que los menages se pueden hacer, el problema es el asunto de... los hijos —sonríe el francés cerrándole un ojo —. Abre una feliz ventana de oportunidad.
—¡Oh, venga! —España se ríe—. No te me metas en líos, no te me metas en líos... que si considera que Alemania con Roma es una depravación va a pensar lo mismo con cualquier otro... el asunto es que hay que detenerlo, porque si papá no lo considera una depravación es cuestión de tiempo que empiece a ir por caminos más escabrosos.
—Lo sé... —admite poniéndose un poquito serio y sacando un cigarrillo sin que nos importe un pepino la ley anti tabaco. Suspira —. Demasiado bien que lo sé, y he pensado perfectamente que el único maldito idiota que se va a salvar eres tú. La cosa es que... si le conozco bien...
—¿QUÉ? —le mira de reojo. Prusia les mira a uno y otro intentando saber qué hablan.
—¿No te da curiosidad a ti, Espagne? —le mira a los ojos —, ¿o a ti Prusse? ¿O a ti mismo, Germania...?
—¿Curiosidad el qué? —pregunta Prusia.
—A ti sí que te da curiosidad, y querrías por supuesto tirarte a Rom si se diera el caso —levanta las manos en rendición—. No que diga que vaya a pasar.
—Was? —Prusia se echa para atrás en la silla, sonrojándose de golpe. Germania frunce el ceño y aprieta los ojos.
—Es normal... la diferencia es que si papa tiene fantasías y curiosidad igual que todos... en vez de dejarlas sólo en fantasías, HACE por cumplirlas.
—Ese es el problema, Francia —responde España—. Es lo mismo... es decir, papá no, porque es papá, pero ni tú ni yo podemos mirar a Germania y decir "oh, no venga, ni harto de vino me lo tiraba" porque no se lo va a creer nadie. La diferencia es que todos los problemas que eso conllevaría... queremos ahorrárnoslos.
—El problema, mon amour... es... detenerle. Habría que demostrarle los problemas que conllevaría, por ejemplo... si se acostara con... —carraspea y se pasa una mano por el pelo —, yo qué se...
Germania les mira a uno y luego al otro suspirando, pensando como siempre que es completamente innecesario discutir ESA faceta que Roma que de por sí es bastante molesta.
—No, no, porque no va a entenderlo eso, siendo como es, no creo que "evitar que Germania se enfade" sea un motivo suficientemente fuerte porque ellos no se enfadaban por esas cosas ya que todos las hacían todo el tiempo —explica España—. Lo que yo creo que tiene que ser el motivo es que hacer eso le rompa el corazón a Germania y que a él le duela suficiente si se lo rompe. Es la única manera.
Germania levanta las cejas hasta el techo, tensándose MUCHO de repente, mirando a España.
—A-A mí no va a romperme el corazón —tartamudea con voz grave.
—Lo hará si te enamoras de él —responde España sonriéndole.
—¡YO NO VOY A ENAMORARME DE ÉL! —chilla Germania sonrojado.
—Hmm... Evidentemente esa es la parte más fácil —asegura Francia mirando a Germania —. También es la más peligrosa, Espagne...
—Claro... lo que hay que hacer es que papá se enamore de vuelta, eso hizo milagros contigo, creo que funcionaría con él también —sigue el español.
—No hizo milagros conmigo... —replica Francia—. Yo ya había pasado por ahí, llegado un punto el mundo ya no le parece a uno tan interesante. Fue decisión PERSONAL, no fue que me enamorara.
España se ríe.
—Hablo en serio... es decir, enamorarme también fue mi decisión pero eso vino después —se cruza de brazos.
—Claro, claro, lo que tú digas...
Ojos en blanco franceses.
—Bien, funcionaría que se enamorara de Germania, sin duda alguna... la pregunta principal es por qué se ha resistido hasta ahora.
—Pero ellos lo estaban, ¿no? Es decir, yo nunca lo entendí, pero recuerdo una vez cuando éramos pequeños, en el río... —empieza Prusia. Francia sonríe de lado y mira a Germania de reojo porque ya que Prusia se haya dado cuenta...—. ¿Os acordáis o no? Hace como miles de años pero... estaba contigo, Spanien creo... es que me impresionó mucho porque era la primera vez que lo veía... ¿o era en la bañera?
—La verdad, no tengo ni idea de por qué podía resistirse a enamorarse de él, no es como que él le quisiera matar como a ti Inglaterra... ¿Tú tienes idea? —le pregunta a Germania—. Es que nosotros éramos muy pequeños...
—Nein, nein, Nein —aprieta los ojos sonrojado—. Claramente nadie estaba enamorado de nadie y... Definitivamente nadie tiene por qué estar hablando de esto en lo absoluto.
—También pasó en la bañera... pasó varias veces, sólo que... —Francia mira a España tratando de hacer memoria porque esto fue hace muuuuucho tiempo—. Los viajes a Germania eran especialmente cortos, ¿te acuerdas que alguna vez lo hablamos?
—No, pero me acuerdo que lo eran, siempre pasábamos semanas con Britania y con Egipto... o a mí se me hacían muy largos.
Germania se revuelve, porque el tema le tensa terriblemente y además estos niños del DEMONIO, al parecer sabían darle al clavo a las cosas que a él le preocupaban o molestaban. El francés mira a Germania de reojo notando la incomodidad.
—Una vez nos llevaste a Rom, yo me acuerdo —suelta Prusia—. Además es que el viaje era como súper largo y siempre me daba la sensación de "y para qué vamos si es como una semana de viaje y sólo estamos dos días" —sigue.
—¡Oh! —Francia sonríe porque se acaba de acordar del viaje a roma—. Oui! ¡Es verdad! ¡Fueron a casa una sola vez! Algo... algo raro pasó.
—¿Tú no te acuerdas? —le pregunta Prusia a su padre. Germania traga saliva porque SÍ que se acuerda. España mira a Francia de rojo con las expresiones del germano.
—No puedes no acordarte, para ti no ha pasado tanto tiempo... —presiona Prusia. Germania carraspea, porque realmente esa fue una de las PEORES con Roma.
—Es que si no... —detiene España a Prusia pensando que lo que sucede es que Germania no entiende, conociendo a los sajones—. Lo único que se puede hacer es presionar a que pase de nuevo.
—Non, non... espera. Germania, ¿pasó algo ese día, verdad? —pregunta Francia después de observarle atentamente con los ojos entrecerrados.
España y Prusia le miran esperando a que hable. Germania suspira rascándose la mejilla y apretando los ojos. Francia le pone una mano en el hombro al germano, suavemente.
—Tranquilo, no pasa nada —le trata de confortar España tomándole una mano también, porque tiene cara de dramas.
—No quiero hablar de eso —sentencia el Germano soltándole la mano a España, nervioso. Prusia les mira a los tres.
—Creo que tenemos un comienzo. Los problemas sieeeempre son un buen lugar donde empezar.
—¿Y qué planeas? —pregunta España a Francia.
—No sé si papa quiera contarnos el problema... Germania claramente no quiere hablar de eso —Francia mira a España —. Nosotros tenemos un problema... no sé, quizás podamos adivinar.
—Es que a las malas podemos presionar, entonces lo veremos con claridad.
Francia sonríe.
—La pregunta es, ¿a quién es más fácil presionar?
—Porque no sé qué tan sinceramente nos cuente papá, ya lo sabes... ya le conoces, siempre haciendo creer a todo el mundo lo maravilloso que es todo y como es que no pasa nada.
—Ehh... —Germania les mira, otra vez sin entender cómo es que siempre acaban por hablar de él como si no estuviera.
—No, no, hay que presionar la situación, hay que tirar a los dos a la piscina, esto no funciona si no es a ambos —niega España para Francia mientras Prusia sigue más o menos entendiendo lo que pretenden.
—¡Bien, sabes que el método directo siempre es el que más me gusta!
—Para eso le he traído, así que... ¿cuál es el plan? —sonríe el moreno.
—Primero creo que hay que darle unos besos para poner el marcador en ceros —sentencia Francia sonriendo. España se muere de risa y Germania levanta las cejas.
—¿A quién? —pregunta Prusia.
—A ti también si quieres —responde España para el albino.
—Uno y uno... —sonríe Francia acariciándole la espalda a Germania y acercándose a él.
—Tú primero —España hace un gesto para ello.
—N-Nein, nein... esperen... —susurra Germania.
—Oh, venga, sabes que siempre me has gustado bastante —Francia le da un beso en la mejilla y España se ríe con el nerviosismo... se acerca a Germania del otro lado, apoyándole la cabeza en el hombro, por la simetría.
La mano de Francia repta por la pierna del Germano hacia la zona de peligro, dándole un beso ahora en la mandíbula.
—Es lo justo, cher... él hubiera hecho más cosas aún —susurra. España cierra los ojos y le come el cuello abriéndole un poquito la túnica por arriba.
—Él lo hubiera hecho TODO —le apoya el ibérico.
—N-Niños... —susurra Germania intentando no ponerse nervioso, preguntándose a sí mismo qué COÑO pasa hoy con la gente que está así de... ¡así!
—Calma, Germania... conociendo a papa, y si estaban en eso hace rato, estoy seguro de que no vas a empalmarte ni tan rápido ni tanto como para que sea vergonzoso —explica Francia mordiéndole el lóbulo de la oreja.
Germania detiene la mano de Francia antes de que llegue al lugar de los hechos, y al intentar alejarse de España consigue acercarse a Francia.
Prusia les mira a los tres y se ríe nerviosito, como siempre, aunque no tanto como cuando es él quien está ahí. Germania aprieta los ojos.
—Paren... paren, paren, no tengo idea de que hacen pero paren —protesta Germania apretando los ojos.
España aprovecha echándosele un poco más encima, acariciándole el cuello y el pecho. Francia levanta una mano, le toma de la mandíbula y le gira la cara hacia él, entreabriendo los labios y besándole directamente y con bastante intensidad en el momento en que España aprovecha para darle un lametazo en el cuello.
Germania tiene un escalofrío, apretando los ojos sin poderse creer que le estén haciendo esto. Les empuja un poquito del pecho a cada uno. España, que de hecho está muy acostumbrado a que Romano le empuje, pues...
No es como que Francia no sepa lo que es eso, en lo absoluto. Sigue besándole tomándole de la nuca y haciendo lo que tiene que hacer, que no le cuesta demasiado, para fundirle el cerebro al Germano. No mucho más tarde, el Germano irremediablemente le devuelve el beso, haciendo un "mmmm" con lo que hace España en el cuello, que sigue en ello acariciándole un poco el pelo, buscando el rizo (rizo que no tiene).
No pasa demasiado tiempo antes de que Germania sea una absoluta masa balbuceante. Al cabo de un poco, España hace un ademán a Francia para que intercambien posición y el galo se separa con suavidad, agachándose para comerle el cuello al Germano, sonriendo y pensando que hay algo de... excitante en esto.
Y ahora es España quien sube a los labios, girándole la cabeza a Germania hacia su lado mientras Francia explora el abdomen del Germano y un poco más al sur, metiéndole las puntas de los dedos en el pantalón jugueteando con los pelillos de ahí abajo.
España siente muy raro el beso, claro y aunque no le besa con la pasión con la que besa a Romano, pues no es como que se quede corto tampoco. Un par de largos minutos más tarde, Francia le da un golpecito a España en el pecho y se separa más o menos de golpe. España también lo hace, con la respiración un poco agitada, se limpia la boca con el dorso de la mano.
—Oh la la... —susurra Francia acariciándole a Germania la mejilla y sonriendo un poco, encontrando al germano tenso, sí, sin duda... y distinto al inglés, claro está, con ese dejo de falta de soltura que tienen al principio todos los germanos.
—Raro... pero lo hace bastante bien, ¿verdad? —España mira a Francia de reojo.
—Además, algo tiene de sensual un gran beso de papa Germania —susurra Francia dándole otro beso rápido en los labios. Germania mira a uno y luego al otro.
—A mí me costó bastante enseñarle a Austria, así que sé de qué hablo —España le guiña un ojo a Germania. Prusia sigue riéndose nerviosito.
—Te costó bastante enseñarle a Austria, claro... y di que aprendió.
—Joder si aprendió, luego los usaba para chantajearme —se ríe. Francia hace los ojos en blanco.
—A menos de que seas insufrible, no vas a chantajear a papa con los besos, eso es ridículo. Y él se volvió un sin cerebro desde que estaba con él hasta que le dejó.
—No es verdad, no le hagas caso que me tiene unos celos porque yo fui el primero y él no ha podido nunca...
—No te tengo ningún celo, a mí no me interesa ese estirado... pero... —murmura entrecerrando los ojos —, eso no funcionará con papa.
—No estoy seguro de qué sea lo que funcione con papá —le mira.
—¿Qué funciona con papa, Germania? —pregunta el francés.
España le mira también, interesado.
—¿C-Con Rom? —balbucea... —, y yo qué sé.
—¿Cómo que no lo sabes? Tú eres quien...
—Pues... es que no sé qué quieren saber.
—Pues que es lo que haces cuando quieres que esté contigo.
—Yo no quiero que esté conmigo —mira a Prusia de reojo, este le mira de vuelta —. Es verdad, no quiero que esté conmigo.
—Oh... ese asunto —España suspira por que se había olvidado por un momento.
—Germania... en serio, no es necesario que nos digas eso, ya lo sabemos... ahora, cómo es que consigues que esté contigo cuando no quieres que lo esté —declara. España se ríe.
—¿Eres como Schweiz? —pregunta Prusia.
—¿Cómo Schweiz?
—Le da vergüenza decir que está con el señorito... claro que no me extraña, a cualquiera se la daría.
—¿Eh? —pregunta Germania inclinando la cabeza.
—Olvídalo, contéstale a Francia...
—Pues... no hago nada, de hecho no quiero, es él el que viene, pasa tiempo, un tiempo ridículamente intenso, se me... me ahoga casi, luego se larga —carraspea —, así como vino. Gracias a Odín.
España mira a Francia y suspira
—Es verdad, yo no hago nada... se larga y yo sé que lo hace a propósito, es... completamente claro lo que hace —insiste Germania.
—¿Por qué se marcha? —pregunta España suavemente.
—¡Y yo qué voy a saber!
—En fin... creo que deberíamos ir por los básicos y algo debe funcionar.
Germania... en que líos te metes. ¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!
