CAPÍTULO 23: ¿REORDENAR EL TIEMPO?
N/A: Hola a todas o a todos, hasta ahora no me enterado de ningún 'niño.' Aunque nos alcanza y sobra con nuestro rey, ¿verdad? Agradecimientos: Krissel Majere, Lain3x, Kayla Metallium (Nuevamente te doy la bienvenida). Ahora, paso a responder sus reviews, aunque ya lo haya hecho individualmente. (No sé a ustedes, pero, a mí me gusta, es como estar un poquito más cerca, como compartir un café en una mesa de compañeras de trabajo o amigas, ¿no creen?) Antes que nada, gracias por sus palabras. Primer ítem: ¿Por qué Sarah desconfía aún de Jareth? Bueno, supongo que no es fácil para ella desde el momento que a él le gusta tenderle pequeños trucos (aunque nosotras mataríamos por que nos haga siquiera la mitad de uno y que nos enseñe su lado cruel. Temo que él saldría perdiendo. Jaja. Lo siento, estoy hablando por mí.), después, piensen que ella viene de una familia con padres divorciados y que de alguna forma se siente traicionada allí, en lo que consideraba algo imposible de quebrarse. Algo así como… si no puedo confiar en mis padres, entonces, ¿en quién? A su vez ni siquiera confía demasiado en ella por su crisis púber, su pérdida (a recordar que no tiene a ningún familiar en el Underground y que todo lo conocido, afectos, familia, a quedado atrás; y quienes son sus amigos están encerrados) y demás blabla. ¡Madura, Sarah, o te quitaremos a Jareth entre todas! Segundo ítem: "Sarah-odio-todo-loque-tenga-que-ver-con-Jareth" celosilla y la curiosidad de rechazo-atracción. Sarah es más cabezadura que un burro, de ahí a no aceptar lo que en verdad siente por él. Además, en su mente de niña, aceptarlo significa derrota, y su orgullo ya está herido con ello en este segundo intento de cruzar el laberinto. Además, pasa por el mero orgullo de mujer, ¿no piensan igual? ¡Era hora, Sarah! Ítem 3: A no preocuparse, que escenas románticas no estarán en escasez, aunque al estilo te odio-te quiero. ¡Pero, TE QUIERO! . Ítem 4: Tal parece que nadie esperaba que Jareth tuviera cortesanas por allí. Jeje. Créanme que antes de insinuarlo lo pensé profundamente, y me dije, él es un fey, sí, pero es un hombre con sus necesidades y defectos. (¿Quién se los ve? ¿Y, a quién le importa de todos modos?), supuse que sólo le daría al personaje más… realismo y…, ejem…, bueno, experiencia sobre nuestra ingenua Sarah. (¡Si quiere que venga a enseñarme a mí también! ¡Nunca está de más!) Item 5: Me pone contenta la aceptación que ha tenido la familia más cercana a Jareth. Veo que especialmente Conrad se va ganando adeptos. (Por cierto, gracias a ti, Lain·X lo tengo aquí junto encogiéndose constantemente de hombros y diciendo '¿Qué me importa? Ese… grandulón no es tan gracioso…') La relación entre Gontran y Alin es de quienes han tenido que depender el uno del otro en momentos difíciles, y aprendieron a confiar entre sí para poder sobrevivir. Además, con respecto a la picardía de Gontran, les dije que para ser familiar de Jareth hay que tener ese granito de travesura. Erwin, es un padre ejemplar. Yo le tengo mucho aprecio a este personaje y me lo imagino maduro, pero, muy elegante y atractivo. Sorry, me excedí un poquito en esta nota de autor. Me ato las manos por un rato y les dejo leer tranquilas el capítulo. ¡Que lo disfruten!
Disclaimer: Labyrinth no es mío. Pero, soy propietaria de una mente demencial donde habitan Erwin, Conrad, Gontran y Alin en este capítulo.
La cena, si bien no fue presuntuosa, resultó ser formal con todos los invitados más importantes de Labyrinth. Sarah se sorprendió que Jareth no la molestara como acostumbraba, si bien, no hubo momento en que no tuviera sus ojos puestos en ella. ¿Acaso quería impresionar a alguien haciéndose el correcto y protocolar monarca? ¡Tsk! ¿A quién quería engañar? Se cuestionaba mirando con cierto disimulo a lo largo de la mesa. Allí la mayoría de los presentes eran goblins del estilo de Twig y del resto de los sirvientes. Todos eran considerablemente respetuosos con ella, como temiendo faltarle el respeto; ¿de qué se preocupaban si su dichoso rey no tenía ningún reparo en ello? Excepto cuando le convenía. Suspiró.
Alin observó a Sarah con una gentil sonrisa en sus labios. ¡Cómo le gustaría poder hacer algo por ella! Y de hecho, lo había intentado, ¡pero, ella era más cabezadura que su primo! Observó a éste sonriendo con triunfo a la muchacha que inspirando giró sus ojos hacia arriba dándole vuelta la cara. Ella ya le había hablado con respecto a darle un poco más de espacio a su novia y de no ser tan… arrebatado. Por la primer parte, él prometió intentar, y si él lo prometía, no había problema, aunque sólo fuera "intentar." Por lo segundo sólo obtuvo risas y una confesión que la hizo sonrojar como una tonta, a ella, la mujer casada. "Primita, si yo fuera tan arrebatado como piensas, entonces, ya no sería un caballero. Y…,- agregó viéndola directamente a los ojos color miel. -si me excedo un poco en mis modos, es simplemente porque ella lo desea de esa manera. A ella le gusta jugar conmigo, y… yo estoy más que dispuesto a seguirle el juego." Alin suspiró nuevamente. Esos dos eran difíciles de tratar. Como su padre había dicho, ellos necesitan tiempo y privacidad para conocerse bien; pero… ¿Sarah no debería tener una acompañanta? Examinando de nuevo a la pareja, pensó que era imposible poner a un tercero entre esos dos. ¿Quién sobreviviría a la tempestad de un lado y del otro? No sólo eso, sino que tendría que abandonar a su esposo por un buen tiempo; y a ella sinceramente no le gustaba esa idea.
Al término de ésta, los hombres se retiraron a un cuarto donde disfrutarían de café o tragos y cigarros, para acompañar, en tanto, las charlas de negocios. Las damas, permanecieron en otro informándose de los últimos chismes y bebiendo té con confituras. Sarah tuvo que soportar que todas la felicitaran, que le dijeran lo afortunada que era. "Sí, muy afortunada. ¿Una cortesana con título, no? La buena y estúpida esposa se quedará en casa, y el señor se irá a ver cómo están sus 'propiedades.' ¿Por qué no nos pone a todas juntas, si total somos parte de su harén?", pensaba en un rincón solitario.
-¿Sarah?- Alin se aproximó a ella con cierta preocupación. -¿Estás bien?
-Sí, Alin. Tan bien como puedo estar.
-¡Oh, Sarah! En verdad quisiera ayudarte de alguna forma, pero, no sé cómo.- no iba a decirle que había hablado con él, ya que…, sus respuestas no eran muy prometedoras, como las de la muchacha que tenía frente a sí cada vez que ella intentaba hacerle ver las cosas como eran.
-No te preocupes. Quizás, no sea un trabajo tan duro con todas esas… cortesanas suyas. Después de todo, una reina debe saber compartir con sus súbditos; una reina no puede ser egoísta, ¿no? Es más, con suerte, una vez que tenga su heredero ya no tenga que volver a soportarlo. Ellas estarán felices por ello.
-¿Cortesanas? ¿De qué hablas?- ella sabía que su primo las había enviado lejos poco después de conocer a Sarah, aún sin que ella supiera la relación del aquel búho en el parque con él. -Aquí no hay ninguna…
-Alin, sé que no hay ninguna aquí. No importa. No viene al caso, olvídalo. Sólo estoy muy cansada de sólo tener que pensar en el mañana. ¿Crees que pueda retirarme?
-Si fuera por mí, sí. Pero…, debes quedarte hasta que el último invitado se marche. Eres la anfitriona junto a…
-Hazme un favor. No lo nombres.
-Está bien.- suspiró resignada. -Sarah, cualquier cosa que necesites…,- giró su muñeca y apareció una orbe cristalina con un leve tinte rosado, notablemente más diminuta que las que Jareth podía convocar -llámame. No es que yo pueda venir al rescate como un caballero armado, nadie tiene tanto poder como… él. Pero…, si necesitas hablar…- Sarah sonrió con sinceridad. Ésta fey sería una perfecta amiga si no tuviera ningún vínculo familiar con ESE.
-Está bien, Alin. Gracias.- la abrazó sin previo aviso antes de tomar su oferta. -Sé que haces cuanto está a tu alcance, y eso es suficiente para mí.
-Eres bienvenida, Sarah.- ambas se sonrieron. Bueno, al menos algo bueno iba a salir de todo esto; pensó la mortal. -Tengo una idea, ¿por qué no llevas eso a tu cuarto, te tomas cinco minutos para respirar un poco y regresas? A nadie le molestará que te ausentes por tan poco.
-¡Cierto!- habló con contento. -¡En seguida vuelvo!- se dirigió hacia las escaleras.
Cuando los caballeros volvieron a reunirse con las damas, Sarah todavía no había regresado. El monarca volvió a tensarse. ¿Dónde estaría? ¿Se habría escapado? De inmediato contactó a su prima.
-¿Alin, dónde está ella?
-Fue a su cuarto.
-¿Cuándo dejará de desafiarme?- murmuró él apartándose. Mas, unas manos sujetaron su enguantada mano. -¿Alin, qué haces?
-Jareth, ella volverá. Prometiste dejarle algo de espacio. ¿Cómo vas a hacer si no la dejas mover un pie fuera de tu vista?
-¡Ella es mía!- fue su explicación en voz muy baja.
-¡Deja de comportarte como un asno!- fue la respuesta de la joven fey casi en un siseo; impactando al soberano. -¡Sólo fue a guardar un obsequio que le di! ¡¿Qué hay de malo en eso?!
-Nada.- la miró a los ojos. "Obsequios," pensó él con sorna. -Ella no toma muy bien los regalos, ¿sabes?
-Ya basta con eso, Jareth. ¡¿Ambos son imposibles, sabes?!- sintió unas fuertes manos sobre sus hombros.
-Cariño, ven conmigo.- sintió la voz de su esposo. -Te extraño.- rodeó con un brazo su cintura. Jareth elevó una ceja con una sonrisa. "¡Por todos los cielos!," pensó Alin. "¡Ahora, entiendo cómo se siente Sarah!"
-¡Odioso!- susurró al pasar junto a él, antes de que su marido la arrastrara suavemente hacia el otro lado del salón. Jareth no pudo evitar reír. Especialmente, al ver a su primo prestando atención a su hermana con hilaridad. Algunos pocos invitados ya habían comenzado a prepararse para irse.
Sarah descendió las escaleras y se dirigió de nuevo al salón donde notó que ya no sólo encontraban las mujeres. En uno de los divanes estaba sentada Alin y su esposo. Automáticamente las miradas de las dos jóvenes se hallaron. Entonces, Sarah supo que, seguramente, al 'todopoderoso' Rey Goblin le había molestado su ausencia. Rió para sus adentros. Si hubiera sabido, ni siquiera se hubiera molestado en regresar al salón. Avanzó hacia la fey quien viendo hacia un punto determinado intentó ponerse de pie, pero, su esposo se lo impidió tomándola de la cintura.
-¿Y…, dónde estabas, mi mascota?- sintió una muy conocida voz detrás de ella. Sarah cerró los ojos y con un suspiro de agobio giró para enfrentarle.
-¿Qué importa?- él dibujó una sonrisa, sus ojos no mostraban enojo; al contrario, parecía disfrutarlo.
-Sí, importa.- su tono fue melódico. Sarah permanecía desdeñosa. "Sí; el desgraciado se está deleitando." -Eres mi prometida. Y…, por lo tanto, debo estar al tanto de ca-da-pa-so-que-das.- se acercó para hablarle más cerca. Los invitados les observaban risueños, pensando en lo maravilloso que se veían juntos diciéndose palabras de amor. Si Sarah hubiera oído los comentarios, se hubiera largado a reír allí mismo.
-No me molestes, Rey Goblin.- iba a apartarse, mas, él la sujetó de una mano y la acomodó en su brazo. "'Rey Goblin.' Eso merece un castigo, ¿no?"
-Nada de eso, cosita. Debemos despedir a nuestros invitados.- hizo una gran sonrisa y habló, entonces, en voz alta. -Mis súbditos, lamento tener que despedirlos por ésta noche, pero, les aseguro que pronto tendremos algo más importante y duradero que festejar.- hubo risas de alegría y bendiciones por el salón que hicieron brotar un suspiro de los labios de la muchacha, mientras, su "prometido" la conducía hacia la salida con la más monumental de las sonrisas en su rostro.
Y otra vez las congratulaciones y demás. Cuando se retiró el último de ellos, Sarah se liberó de su brazo con brusquedad. Él la observó con el ceño fruncido, mas, todavía no con verdadero enfado. Ella ni siquiera iba a dar la vuelta para verle. En aquel momento, nuevamente los brazos la atraparon, ésta vez, uno en su cintura y otro sobre sus hombros.
-¿Airada, cosa preciosa?- indagó en su oído.
-Deseo ir a mi cuarto, Rey Goblin.- ella espetó entre dientes.
-¿Quieres que regresemos a lo de ésta mañana, verdad, mi querida? Quiero decir…, allí en la oscuridad…, la pared…- Sarah sintió como la sangre se concentraba en su faz.
-¡Nunca!- juró.
-¿Entonces…?- se puso a besar su sien y a descender hacia su oreja.
-¡Maldito seas! ¡Está bien! ¡Jareth! ¡Jareth! ¡¿De acuerdo?!- volteó echa una furia y él la liberó, a excepción de la mano que mantuvo en su cintura. Su gesto seguía siendo jovial y con una mueca la trajo hacia él y elevándole la barbilla con su otra mano no le dio tiempo para protestar.
Conrad pensaba ir a su alcoba, mas, al encontrarse con esa escena regresó sobre sus pasos, cerró las puertas y se puso de espaldas contra las mismas no permitiendo que ninguno de sus familiares se retirara.
-¿Qué pasa, hijo? ¿Por qué no quieres dejarnos pasar?
-Es que… ellos están ocupados, allí.
-¿Ellos?- cuestionó Alin con curiosidad.
-Sí; ellos. Jareth y Sarah.
-¡¿No me digas que la está molestando otra vez?!- ya iba hacia la puerta, y otra vez, la detuvieron, ésta vez, no sólo su media naranja, sino su padre.
-Alin, dijimos que no íbamos a entrometernos. Mañana nos iremos y los dejaremos en paz. Nada se resolverá si no aprenden a convivir con sus… temperamentos.
-¡Pero, padre, tú no sabes lo que él le hace a esa pobre chica! ¡Es como… como…!
-Es como un cazador y su presa.- suspiró Erwin; Alin lo miró asombrada. -¿Hija, cuál es la insignia de nuestra familia?
-¡Un búho, pero…!
-Pero nada, mi muchacha. Gontran y tú también tuvieron sus divergencias, pero, bueno, de depredador a un gran depredador es más… parejo. ¿Estoy en lo cierto, Gontran?
-No estoy tan seguro.- rió el hombre que tenía la capacidad de convertirse en un formidable águila. -Pero, el poder volar juntos hace una gran diferencia.- besó la mejilla de su amada. Erwin sonrió.
-Ahora, bien; aguardemos unos minutos más y veremos si podemos irnos a nuestras alcobas. Y si no, a usar magia para ir hasta allí.
Sarah no podía resistirse a sus besos, terminaba respondiéndole por mucho que luchara contra ello, y de veras que lo hacía. La mirada que él le dio cuando abandonó sus labios ya no era aquella que había llevado durante toda la velada; ésta estaba cargada de efervescencia.
-Muy bien, Sarah mía.- su voz era comparable a una caricia. -Ahora, vamos a desear las buenas noches a mi familia y…- los ojos de la muchacha se agrandaron. "¡¿Como que 'vamos' y qué era eso de 'y…'?!" -tú y yo saborearemos ésta noche.
-¡¿Qué qué?!- exclamó ella alarmada. -¡De ninguna manera!- intentó apartarse.
-¡Sarah!- su voz fue firme. -¡Obedece!- La joven mortal se detuvo de golpe. -Ahora, ven a mí.- Sarah no pudo evadir la orden. Su cuerpo regresó sobre sus pasos y fue directo a su encuentro pese a su desesperada lucha interna para que sus acciones le pertenecieran. -Vamos, vamos; cosita.- la recibió con sus brazos abiertos. -Demostremos que podemos ser lo suficientemente civilizados como para hacer esto juntos.- sonrió con befa mirando a esos ojos que expresaban lo mucho que lamentaría que le estuviera haciendo esto. -¿Algún problema, amor?- Los verdes ojos se encendieron más. -¡Oh, eso! Bueno, en cuanto…, estemos a solas quitaré el hechizo.- sonrió con divertimento.
Todos miraron hacia las puertas cuando éstas se abrieron. "Bueno," pensaron cuando los vieron ingresar tomados del brazo; "quizás, han comenzado a entenderse."
-¿Todo en orden?- les cuestionó el monarca.
-Sí.- respondió Erwin. -Ya estábamos a punto de irnos a descansar. Al menos, claro, que nos necesites.
-Siempre los necesito, tío. Pero, no ésta noche.- dirigió su mirada a Sarah que no hizo gesto alguno. Alin los estudió con curiosidad. ¿En verdad podían estallar y reconciliarse así de sencillo? ¡Vaya! Miró a su esposo que le sonrió consentidor palmeándole la mano que descansaba en su brazo. Entonces, la fey observó de nuevo a la pareja con una cálida sonrisa, que comenzó a borrarse ante las llamas que advirtió en el interior de la mirada de su nueva amiga. "¡Oh, no!," se dijo Alin. "¡Esto no está nada bien! ¡Nada bien!" Todos los ojos se posaron en ella cuando carraspeó.
-¿Por qué no aprovechamos el buen clima y lo bonita que está la noche para recorrer el jardín?- sonrió a su primo con muy bien actuada candidez. Gontran la miró con los párpados entrecerrados, y luego, a la otra pareja. ¡Allí estaba la respuesta!, suspiró. A su pequeña esposa le encantaba meterse en donde no debía, especialmente si se trataba de algún familiar o amistad.
-Bueno…, en realidad, mi amor, yo preferiría descansar. Mañana nos aguarda un largo viaje.- trató de convencerla.
-Además, primita, Sarah y yo quisiéramos estar… un momento a solas. Últimamente estamos disfrutando mucho esos escasos momentos de intimidad que nos permiten conocernos más de lo que ya hemos hecho. ¿Verdad, mi chiquitita?- la trajo hacia sí.
-¿Y…, por qué no habla?- inquirió Conrad suspicaz. "¡Muy bien, Conrad!," festejó su hermana por dentro.
-Porque no quiere ser una bocazas como tú.- respondió el rey, y Erwin dejó oír su carcajada.
-Vamos, mis niños. Dejemos a éstos dos en paz.- se dirigió hacia la salida y puso una mano sobre el hombro de su sobrino y lo miró convincente para seguidamente aguardar junto a la puerta.
-¡Pero…!- clamó Alin.
-Alin, no. Vamos.- la instó su esposo a avanzar. -Si quieres pasear por el jardín te llevaré con gusto. Buenas noches, Jareth, Sarah.- se despidió encaminando a la fey con facilidad fuera del salón.
-Buenas noches.- le respondió Jareth con una sonrisa de complicidad y agradecimiento. Eso siempre le había gustado de ese sujeto; cuando decía no, era no. Justo lo que una muchacha como su prima necesitaba.
-Bueno…- Conrad se desperezó junto a un bostezo que ni siquiera intentó ocultar, cosa que su padre prefirió ignorar llevándose una mano a la cabeza. Sí, él le podía ocasionar no un dolor de cabeza, si no muchos a la vez. -Supongo que ya que no hay más diversión, yo haré lo mismo.- volvió a bostezar. -Hasta mañana, Sarah.- pellizcó su mejilla con una sonrisa. -Hasta mañana, primo.- lo despidió con un golpe en el hombro. -Espero que no me despierten con una de sus agarradas, ¿eh?- le guiñó un ojo al soberano.
-Pues…, si te despiertas te vuelves a dormir.- le dijo éste. -Al menos que quieras que yo vaya a cerciorarme de que tu sueño sea profundo.
-¡Oh, no! ¡Gracias! Tú eres capaz de darme con un garrote. Te juro que no me despertaré.
-Bien.- le mostró una mueca triunfante. Y al fin, quedaron a solas cuando Erwin cerró las puertas tras de sí. Jareth aguardó unos minutos como para que todos hubieran llegando al piso superior. -Muy bien…- Sarah sintió que su cuerpo volvía a pertenecerle. Mas, estaba libre del hechizo, no de su abrazo.
-¡Suéltame!- se esforzó en desligarse. -¡¿Cómo te atreves?! ¡Ya suéltame, Jareth!
-¡Lo haré en cuanto dejes de pelear! ¡Yo no soy tu enemigo, Sarah! ¡¿Por qué no lo comprendes?!- la sujetó de los hombros zamarreándola un poco para que lo viera.
-¡Tú lo fuiste, lo eres y lo seguirás siendo!- él quedó paralizado por unos segundos. ¿Así que nada de lo que él hiciera valdría la pena, no? Pues, bien. Ella se lo había buscado. La volvió a abrazar y se tele transportaron a un sitio diferente. Ante la oscuridad, Sarah pensó que se trataba de un oubliette. Cuando él se alejó para encender una de las antorchas, pudo distinguir que era más bien una especie de calabozo, mejor preparado que aquel que albergaba a sus amigos, pero, igual de espantoso. Aquí no había rejas, sólo una pesada puerta de metal; una pequeña catrera; cadenas colgando de las paredes y una minúscula ventana. -¿Dónde… me has traído?- sintió pánico encerrada con él en aquel entorno. -¡¿Por qué estamos aquí?!- exigió.
-Porque aquí nadie te oirá gritar.- fue todo lo que le dijo aún estando de espaldas a ella. Sarah corrió hacia él colérica y asustada.
-¡Maldito bastardo…! ¡Te odio!- Sus ojos estaban cargados de lágrimas de frustración. Jareth volteó y recibió estoicamente los puños en su pecho hasta que ella se agotara y ésta vez surgiera el desconsuelo. -¡Te odio…!- su cuerpo se dejaba vencer y él le dio soporte trayéndola hacia sí. -¡Déjame…!- trataba de apartarlo inútilmente, advirtiendo hacia dónde se estaban dirigiendo. -¡Déjame…!- sus ojos seguían siendo dos cataratas incontenibles cuando la obligó a sentarse sobre el precario lecho junto a él. -¡No!- clamó horrorizada.
-Sarah…, basta.- su voz era serena.
-¡Déjame ir!- su voz ya era de ruego.
-Nunca, mi amor.- la elevó para sentarla en su falda, donde la instó a reposar la cabeza junto a su corazón. -Sh…- acariciaba su cabello. -Deja que salga, mi chiquitita. Llora si quieres; pero, nunca te dejaré caer.
-Déjame…- volvió a repetir escondiendo su rostro en su pecho. Él estrechó el abrazo cuando ella se aflojó expulsando toda su angustia.
-Tranquila, Sarah mía. Yo no voy a lastimarte. Jamás.
Sarah no supo cuánto tiempo estuvo entre sus brazos lamentándose y aferrándose a su camisa; cuánto tiempo él estuvo diciéndole palabras de aliento, palabras cariñosas, acariciando su pelo y hablándole como si fuera una niña. Tampoco, cuánto hacía que ella se había calmado y que ambos permanecían en silencio. Todo lo que conocía, era que estaba en su falda, recostada en su pecho; que una de sus gráciles manos descansaba en su cadera, y la otra en su hombro acortando la distancia. Debería alejarse de él, ¿verdad? Pero…, se sentía tan bien; tan cálida, protegida…, tan segura. Y se preguntaba si alguna otra vez había sentido algo así; ¿quizás, en su primer Ballroom? No; se dijo. Aquella vez…, cuando ella había advirtido el reloj, él había sonreído con maldad. Él había creído que triunfaría sobre ella y se había equivocado. ¿Por qué ésta vez no podía ser igual? Una enfundada mano en su mejilla la quitó de sus pensamientos.
-Ven, mi chiquitita.- tomó sus brazos y los puso alrededor de su cuello. Ella lo miró confundida, pero, las sombras no le permitían ver su expresión.
-Y-yo… Yo…- un dedo se posó en sus labios.
-Sh…- se puso de pie con ella en brazos. -Ahora…, comencemos de nuevo.- ella no comprendía muy bien a qué se refería. ¿Acaso reordenaría el tiempo otra vez para ella? Por el momento, todo se volvió incierto; él la estaba transportando otra vez a algún otro sitio.
N/A: Sí, otra más. Les quería comentar que he subido otro fic llamado Ruego tu perdón. Si gustan vayan a mi profile y déjenme saber qué piensan. Y a no asustarse, es sólo de un capítulo. :-). Hasta el capítulo 24. (¡Ya falta poco, Krissel!)
