—Oh la la... —susurra Francia acariciándole a Germania la mejilla y sonriendo un poco, encontrando al germano tenso, sí, sin duda... y distinto al inglés, claro está, con ese dejo de falta de soltura que tienen al principio todos los germanos.

—Raro... pero lo hace bastante bien, ¿verdad? —España mira a Francia de reojo.

—Además, algo tiene de sensual un gran beso de papa Germania —susurra Francia dándole otro beso rápido en los labios. Germania mira a uno y luego al otro.

—A mí me costó bastante enseñarle a Austria, así que sé de qué hablo —España le guiña un ojo a Germania. Prusia sigue riéndose nerviosito.

—Te costó bastante enseñarle a Austria, claro... y di que aprendió.

—Joder si aprendió, luego los usaba para chantajearme —se ríe. Francia hace los ojos en blanco.

—A menos de que seas insufrible, no vas a chantajear a papa con los besos, eso es ridículo. Y él se volvió un sin cerebro desde que estaba con él hasta que le dejó.

—No es verdad, no le hagas caso que me tiene unos celos porque yo fui el primero y él no ha podido nunca...

—No te tengo ningún celo, a mí no me interesa ese estirado... pero... —murmura entrecerrando los ojos —, eso no funcionará con papa.

—No estoy seguro de qué sea lo que funcione con papá —le mira.

—¿Qué funciona con papa, Germania? —pregunta el francés.

España le mira también, interesado.

—¿C-Con Rom? —balbucea... —, y yo qué sé.

—¿Cómo que no lo sabes? Tú eres quien...

—Pues... es que no sé qué quieren saber.

—Pues que es lo que haces cuando quieres que esté contigo.

—Yo no quiero que esté conmigo —mira a Prusia de reojo, este le mira de vuelta —. Es verdad, no quiero que esté conmigo.

—Oh... ese asunto —España suspira por que se había olvidado por un momento.

—Germania... en serio, no es necesario que nos digas eso, ya lo sabemos... ahora, cómo es que consigues que esté contigo cuando no quieres que lo esté —declara. España se ríe.

—¿Eres como Schweiz? —pregunta Prusia.

—¿Cómo Schweiz?

—Le da vergüenza decir que está con el señorito... claro que no me extraña, a cualquiera se la daría.

—¿Eh? —pregunta Germania inclinando la cabeza.

—Olvídalo, contéstale a Francia...

—Pues... no hago nada, de hecho no quiero, es él el que viene, pasa tiempo, un tiempo ridículamente intenso, que me... me ahoga casi, luego se larga —carraspea—, así como vino. Gracias a Odín.

España mira a Francia y suspira.

—Es verdad, yo no hago nada... se larga y yo sé que lo hace a propósito, es... completamente claro lo que hace —insiste Germania.

—¿Por qué se marcha? —pregunta España suavemente.

—¡Y yo qué voy a saber!

—En fin... creo que deberíamos ir por los básicos y algo debe funcionar.

—Hay algo que le da miedo a papa —indica Francia de repente.

—¿Qué? —España le mira.

—Quizás le de miedo enamorarse... ¿por qué podría darle miedo enamorarse? —pregunta pensando.

—Darle miedo... eso explicaría por qué se marcha de repente —asiente el español.

—¿Eh? —Prusia intenta seguirles

—Yo... —Francia vacila. España y Francia en su mundo—. Germania debe ser realmente muy especial, Espagne...

—Eso se ve, de hecho, en la forma en que le mira.

Non, claro que se ve, siempre se ha visto... pero si le da REALMENTE miedo, Espagne...

—Eso sí...

Francia sonríe ampliamente.

—¿Te estás dando cuenta de que papa...? —mira a España y suspira como con ensoñación.

—Miedo...

—¡Papa es un poco inocente y le da miedo enamorarse! ¡Hemos superado a papa!

—¡Pero eso significa que no lo ha hecho nunca de verdad!

A Francia le brillan los ojos. Germania mira a Prusia como si los otros dos hubieran perdido la razón. Prusia le mira sin saber muy bien lo que dicen pero sabiendo que no la han perdido.

—El problema es que si le da miedo volverá a huir...

—Siempre ha huido, Espagne... por eso nos íbamos tan rápido. Germania, es importante. ¿Qué pasó cuando vinieron a Roma?

—Tiene sentido —asiente mirándole.

Y vuelven a mirar a Germania. El mayor de los germanos hace los ojos en blanco.

—Dije que no quería hablar de ello —murmura.

Oui, oui... pero es importante, Germania... mira... quizás lo que siempre creíste no es lo correcto.

Vati... puedes confiar en ellos dos —asegura Prusia mirándole—. Van a ayudarte.

—Son sus hijos.

—Son mis mejores amigos en el mundo, mis bruders —responde Prusia.

Nein, tus bruders son Österreich... —enumera. Francia se caga de la risa—, Deutsch... —se detiene.

Nein, nein... ellos son mis bruders, nosotros tres. Y West, pero West es diferente.

—¡Oooh tío! —España le abraza porque como es un sentimental de mierda estas cosas siempre le... bueno. Francia le sonríe a Prusia.

—¿Cómo van a ser estos tus bruders? Esa rivalidad ridícula entre hermanos —ojos en blanco.

—Pues es que así es —responde dándole unas palmaditas en la espalda a España.

—Germania, venga... confiesa. ¿Peleaste con papa por algo?

—En realidad ninguno somos hermanos realmente, ¿verdad? Nos encontrasteis a todos y nos criasteis... así que... ¿qué más da?

—Pues yo te crié... con tus bruders —insiste Germania nervioso sin querer contestar.

—Pues de un tiempo en adelante, nosotros tres nos criamos solos juntos y ahora somos hermanos —responde España—. Pero volviendo al tema...

Oui, volviendo al tema... el pleito.

—¡Qué insistentes son! —protesta el germano.

—Uh... mon ami, no tienes ni idea...

—Es que necesitamos saber para entender y confirmar la teoría, sobre ella se basa el plan —explica España sonriendo.

—¿Qué es lo que hay de entender? ¿Qué les mandó su padre para recordar malos tiempos?

—Germania, cálmate. Estamos intentando ayudarte y entender una cosa... —Francia vacila por solo un segundo y luego sigue con determinación—, que podría incluso ser más vergonzosa para papa que para ti.

España mira a Francia de reojo, sólo moviendo los ojos y sonríe.

—Creemos que papá siempre ha estado realmente enamorado de ti, de una manera especial, necesitamos confirmarlo, pero éramos demasiado pequeños para recordarlo y entenderlo.

Germania vacila otra vez, sonrojándose.

—Tu vater me echó de la casa. ¿Contento? No me parece que eso sea en lo absoluto de alguien realmente enamorado, es absolutamente absurda la idea y no me interesa en lo absoluto que no lo sea. Finalmente quería irme igual.

—Bueno, si tenía miedo de enamorarse, encaja... por eso queremos saber los motivos —explica España.

Germania parpadea, porque esperaba que eso causara un enorme impacto. Francia se revuelve un poco, toma su copa de vino y suspira. Prusia sigue la conversación mirando a España y a su padre.

—Quizás... pueda imaginarme a alguien saliendo huyendo a media noche por la ventana cuando las cosas se ponían demasiado... personales —confiesa con sonrisa fingida, realmente como si hablara de alguien más —, así que sí, encaja.

España le mira de reojo y sonríe.

Rom huía, por cobarde, porque no se le daba la gana estar con... —carraspeo —, nadie. Así ha sido siempre, va se acuesta con todo el mundo, pasa tiempo con todo el mundo, conmigo huye, sigo sin entender a qué vienen todas estas preguntas.

—No huía con nadie más ¿Qué te dice eso? —pregunta España.

—¡Pues lo evidente! Conmigo no quería estar... ¡¿qué interés hay en regodearse y darle vueltas a eso?!

—¿Y por qué iba a por ti para empezar?

—Es Rom... Iría por un caballo si se lo permitieras.

—No, mira. Yo no recuerdo del todo, pero he leído sobre ello. Me parece que si no le gustaras habría sido más fácil hacer como con Cartago o Egipto o Helena... insistir hasta conquistarte del todo y quitarte del medio.

Cher, papa te quiere... eres especial, nosotros lo sabemos... no le hemos dicho con sinceridad eso a nadie nunca. Ahora... calma, sonríe y confía en nosotros.

Germania se revuelve un poquito mirando a Francia de reojo.

Vati, confía en ellos, de veras saben ver estas cosas, ni siquiera sé cómo lo hacen, pero se les da bien —asiente Prusia. Germania se revuelve un poquito más.

—¡Pues ya les estoy diciendo cosas! —¡más de lo que nunca le he dicho a nadie! piensa mientras se sonroja.

—Me refiero a que creas lo que te dicen —explica el albino.

—¿Que crea qué? Que está ena... —carraspea y se cruza de brazos sonrojado—. Detesto esto, lo detesto, debería partirle el cuello.

—No, lo que deberías hacer es explotar eso. Hacer que sea aún más intenso —responde España.

—¿Explotar qué? —le mira.

—Pues que sienta eso, evidentemente. Mira, cuando he ido por ti... he ido con toda la intención. Estoy seguro que cree que ahora mismo estamos haciendo algo y está celoso. ¿Has visto con que posesividad te ha besado antes de irnos? Podrías conseguir que enfocara todo su talento y habilidad en ti si quisieras, no me digas que no te gustaría.

—Ehhhh... —demasiado complejo España...

—Podrías lograr que quisiera estar solo contigo —resume al notar la cara. El sajón levanta las cejas—. Pero tendrías que esforzarte un poco... no sé qué tanto. Pero estoy seguro que es posible.

—Esforzarte... Incluye hacer lo que nosotros digamos —explica Francia. Germania vacila de nuevo.

—En realidad no creo que sea especialmente complicado —sonríe España.

—Hacer lo que ustedes dicen no es un plan muy convincente —murmura el germano.

Nein, nein, vati... a mí me ayudaron mucho con Ungarn. Te ayudarán.

—¿Y si sale mal?

—Estamos aquí para ayudarte a resolverlo también, ya no somos niños pequeños... —España le guiña un ojo.

—No va a salir mal, Germania... Nunca nos ha salido realmente mal.

—Y si sale mal cambiaremos de estrategia hasta que salga bien... ¿Es que no quieres que papá caiga en tus encantos?

—No es que no quiera... —murmura y cierra la boca al darse cuenta de lo que ha dicho, sonrojado. Francia sonríe con la declaración acercándose a él y abrazándole.

—¡Es tan mono!

—¡Ya lo séeee! ¡Se lo he dicho antes! —asiente España, Prusia mira a los dos y luego le sonríe a su padre.

—¡No soy mono! —protesta el Germano cruzándose de brazos.

—¡Sí que lo eres! Y me gusta tu pelo —le susurra Francia al oído antes de darle un beso en la mejilla—. Entonces, ¿cuál es la estrategia? —pregunta a los otros dos.

—Pues el clásico, ¿no? lo ponemos guapo y lo mandamos a una cita ¿o crees que eso sea demasiado básico para papá? Es que sin saber cómo es difícil.

—Una cita... No me imagino una cita de papa... Va a sonreírle a todas las meseras y a hacer una orgía en el restaurante... —brillante manera de empezar el plan perfecto, Francia.

—No, no... Tienen que estar solos... y en algún lugar en que papá no pueda marcharse corriendo dado el caso... —asiente España.

—Podíamos... —se lo piensa—. Prepararles una cena bonita y romántica. Prusse... ¿Alguna idea?

—Mmmmm... —Prusia se lo piensa—. Es que, ¿si lo hacemos en casa va a volver a intentar con West?

(XD Roma y Germania en una cita... Los dos bestias comiendo como bestias)

Oui, tiene que ser un lugar íntimo y sin distracciones. Yo me... Quizás si los encerramos tres días...

—Pero encerrarles donde, ¿en un cuarto? —pregunta Prusia.

Nein. No van a encerrarme tres días con ese lunático —protesta Germania.

—Quisiera algo menos miserable con papa... Algo más moderno.

—Mmmmm... A ti te encerraron en un barco —suelta España para Francia.

—¡No me encerraron! —sonríe. España se ríe—. Me SEDUJERON en un barco, que es diferente.

—Les podemos meter en un avión, se cagarán de miedo... o en una isla desierta... —sigue Prusia.

—Seychelles seguro tiene una. Tu papa va a terminar rojo como camarón.

—Una isla... como una prueba de supervivencia... —piensa España.

—Quizás papa se eche a nadar histérico —de burla un poco Francia. España se ríe—. Perdona, aún no supero que le de pánico —sonríe el francés levantando la copa—. ¡Por nuestros padres! Non, non... ¡por nuestros ENAMORADOS padres! ¡Para que consigan la felicidad que sólo se encuentra con el amor sincero! —propone.

España brinda con él muerto de risa y Prusia sonríe mirando a Germania.

—Yo no estoy enamorado de Rom —frunce el ceño.

—Ya lo estarás —se encoge de hombros Españ se revuelve nerviosito.

—¿Y cómo vamos a hacerlo? ¿Solamente llevándoles y... ya? ¿Sin explicaciones? —pregunta Prusia.

—¡Claro que ya lo estará! Completamente enamorado —Francia le abraza del cuello y le da un beso en la mejilla.

—De verdad, ¡¿pueden dejar de hablar de mí como si no estuviera?! Yo me sé incluso su ridículo plan de llevarme a una isla con él y... Es absurdo y una pérdida de tiempo.

—Pero vati, es mejor si lo sabes... ¿no? —pregunta no muy seguro.

—Toma esto como unas vacaciones —declara el francés.

—¿Vacaciones? —no creo que sepa lo que significa.

—Lo que hace uno cuando no trabaja —aclara el español.

—Un viaje divertido... Más de un día con papa, eso es novedad, Non?

—No creo aguantarle.

—No seas cruel... Claro que sí lo aguantarás.

—Mira, qué débil, cree que no puede ni pasar tres días a solas con papá —se burla España.

—¡No es debilidad, es que tu vater es imposible!

—¿Por?

—Lo es... Es molesto y siempre aparece y me pone la vida de cabeza.

—Creo que tú deberías hacérselo a él, vati —comenta Prusia.

—¿Hacerle qué?

—Ponerle la vida de cabeza.

—Seducirle, amarle, recordarle por qué te quiere a ti más que a nadie... Sólo... Se tú mismo, cher... La vida se le va poner sola de cabeza —sonríe el francés.

—Y si trata de huir... prueba a decirle nuestra teoría de que tiene miedo, dile que te lo explique hasta que lo entiendas. No te pongas nervioso —pide España.

Germania suspira nervioso.

—¿Cómo pretendes que no me lo ponga...? Tú no le conoces bien.

—Pero conozco a tus hijos y me imagino como debes ser tú. Ponte en plan tempano de hielo y quédate en el "no lo entiendo y no haré nada hasta que lo entienda" hasta que se quiebre y te lo explique todo exactamente.

—Él, Spaniaen, él es quien se pone... Grita, chilla y me echa, y un minuto después viene y llora y... Realmente no le entiendo —murmura avergonzadillo.

—Romanito hace eso también —asiente España—. Sólo que no viene llorando...

—Eso lo haces tú —indica Francia al español sonriendo.

—¿Eh? Yo no grito.

Mon amour... Claro que sí gritas y chillas, pataleas, lloras y haces un sonoro drama —Francia mira a Prusia—. No me dejarás mentir.

—Es verdad, tío, lo haces —asiente Prusia.

Francia le cierra un ojo al germano.

—¿Sabes qué le pasa a papa? Siente... Siente MUCHO contigo.

Germania le mira sin estar muy seguro.

—Así somos... de sangre caliente —se encoge de hombros España.

—Siente, con esto —mano al pecho del germano y luego al estómago—. Y esto. Pierde el control y TÚ haces que se le remueva todo esto.

—Yo tampoco lo entiendo —asegura Prusia. Germania parpadea reconociendo un poco esa sensación, sin mucha seguridad.

—Sí que la conoces. Es... Eso que sientes cuando Hongrie te mira después del sexo.

—Se os va la olla —niega Prusia.

Non, no se nos va... —Francia sonríe.

—Suena a algo como el enfado —admite Germania tratando de entender—. Y él a mí me enfada mucho en realidad...

—Nah, no es enfado —niega España. Germania se encoge de hombros.

—Son igual de complicados que su padre... ¿Cómo puedes llamarles hermanos? —pregunta para el albino.

—Me ayudan y me quieren, ¿qué otra cosa van a ser?

—Unas pestes —les mira y niega con la cabeza. Carraspea—. ¿Cuándo pretenden...?

—Cuanto antes, no voy a arriesgarme a algo peor que lo de hoy —sentencia el español. Germania se pellizca el puente de la nariz.

—Déjenme hacer algunas llamadas, ¿bien? Creo que puedo conseguir una isla para... Mañana —sonríe Francia levantándose.

—Mañana, bien —sonríe Prusia.

—Oye, tienes que llevarte hoy a tu padre, creo que será mejor que no le vea —comenta España a Prusia.

—Vístelo bien... Arréglalo y déjalo guapo —pide el francés.

—¿Y no será mejor que os llevéis vosotros a Rom para que no se quede con todos en casa?

—Eso sería útil —Francia sonríe aún de pie a punto de salir con el teléfono—. Una cena tranquila y feliz... Hablando de Germania.

—¡Quizás nos cuente de sus miedos!

—No se nos puede escapar.

—Le interrogaremos, ¿voy a por él mientras tú acabas con eso y nos vemos en una hora?

Oui... Mon dieu! ¡Cómo me encanta hacer de cupido! —confiesa Francia sonriendo y España se ríe y le abraza porque está muy contento—. ¡Quiero que funcione, Espagna!

—Y yo, si no lo han... es que... es que si ni se ha dejado que le pase nunca va a flipar.

—Y va a asustarse mucho, mucho también, por motivos distinto. Confío en Germania... —sonríe ilusionado.

—El problema es que no lo veremos.

—Eso... Me da tristeza —admite mordiéndose el labio.

—¿Cómo podríamos hacerlo?

—¿Qué tan estúpido es irnos y luego volver por el otro lado de la isla? —pregunta sonriendo de lado.

—¿Crees que funcione si nos ve?

Non —admite arrugando la nariz.

—Quizás no nos vea...

—Veremos qué puedo conseguir, nos vemos en una hora con papa, ¿vale? —pide tomándole del cuello. El español asiente y la abraza la cintura—. Reunir a la pareja milenaria y hacer que papa se enamore de verdad —sonríe recargando la frente en su hombro—. Esto es como nuestro examen profesional.

—Creo que tenemos que hablar con él con mucho cuidado.

Oui, no creo que le haga ninguna gracia el tema —Francia se encoge de hombros blandiendo el teléfono—. Voy a hablarle a Seychelles y tú ponte pensar en cómo llevarles en avión sin que se nos mueran del susto —propone acercándose a Prusia y a Germania dándole un beso en la mejilla al primero y otro al segundo—. Nos vemos mañana.

Auf viedersehen —se despide Prusia sonriendo y empuja un poco a su padre de los hombros.

Au revoir! —se despide Francia mientras Germania se deja empujar y le hace un leve gesto de despedida con la cabeza.

Finalmente, un par de horas más tarde, varias llamadas a Seychelles, unos cuantos regaños después a la pobre chica, una vez superados unos cuantos golpes a la tarjeta de crédito de Alemania y (de Francia), este último toca la puerta del cuarto de usos múltiples. Abre la puerta y mete la cabeza.

Allô?

Y Veneciano le aparta saliendo de ahí echando humo por las orejas. Francia se muerde el labio, dejándole pasar porque los italianos enojados, mejor con pinzas

Roma suspira y se deja caer en una butaca, agotado. El francés entra al cuarto, menos sonriente, mirando un segundo a su padre y luego buscando a España con la mirada.

—¿Cómo ha ido esto?

—Mal... —responde España suavemente sentado en la otra butaca. Francia suspira acercándose a Roma, que le mira de reojo, pasándose una mano por el pelo y sonríe un poco.

—¿Estás bien? —pregunta sonriéndole un poquito de vuelta pero sin quitar la cara de gravedad.

—Claro, mi vida, sólo está un poco enfadado, pero creo que lo ha entendido bastante bien —responde sonriendo falsamente y desde luego no le cree ni un poco acercándose a él y dándole un suave beso en los labios como los que suele darle a España todo el tiempo.

—¿Y tú has entendido el problema? —pregunta acariciándole la mejilla, agachado sobre él. Roma le hace sentarse en sus rodillas, abrazándole sin dejar de sonreír. Francia le sonríe, recargándose en él y pasándole un brazo por los hombros.

—Es bastante diferente a lo que estoy acostumbrado, sólo es eso.

—Lo es... Ahora hay otras reglas...

—Eso me ha dicho —le mira a los ojos.

—Nosotros no matamos gente, ya no hay esclavos y... El sexo es algo sutil y a veces tabú.

Roma se ríe con toda la lista.

—Suena terrible.

—Hay otras ventajas, papá —interviene España.

—Hay bastantes garantías... Nadie puede invadirte, por ejemplo.

—Eso suena aburrido, ¿cuál es el motivo de vida entonces? Admito que me fascina como hacéis las cosas, pero no estoy seguro de entenderlas.

—Entiendo que para ti es complejo pensar en una vida cuyo propósito no sea invadir a todos —indica Francia suspirando e inclinando la cabeza. Roma suspira de nuevo—, pero te aseguro que la estabilidad, la riqueza y el mejorar la calidad de vida de las personas es sólo otro modo de vivir. Toooodos pasamos por la etapa de querer conquistarlo todo, todos perdimos y todos aprendimos mejor a cuidar lo que tenemos.

—Sólo tengo que acostumbrarme —sonríe y le acaricia un poco la cabeza—. No os preocupéis por mí, ma puers, soy rápido aprendiendo.

Oui, claro que eres muy rápido aprendiendo, pero también eres un bestia aprendiendo... y en otros tiempos lo hacías a golpes o enfadando a toda la humanidad. Lo de hoy es la sutileza, cher —beso en el temple.

—¿Nada de enfadar a nadie? —saca un poco el labio falsamente triste con ello.

—Cielos, Prusia tiene suerte de no estar aquí, con tu filosofía de vida estaría besándote los pies en menos de dos minutos —se ríe España al ver esa respuesta. Francia se ríe.

Prusiae siempre me ha caído muy bien —se ríe Roma.

Prusse, Allemagne y tú podrían planear conquistar al mundo en un par de horas... tsk tsk tsk... no nos conviene.

—Veneciano me contó que llevan toda la vida intentándolo.

—Y los demás cada vez se lo ponemos más difícil, ahora se hace con la economía y los muy perros lo están casi logrando de nuevo, pero no... —responde España.

—Al menos esta vez no pretenden hacerlo por encima de mi cadáver... —murmura el Francés.

—Algo me han contado de eso también... mi muchacho al que le pesan las espadas —le acaricia la mejilla sonriendo.

—Eh, eh... ya no me pesan las espadas porque conseguí hacer unas delgadas y ligeras... y de hecho soy el mejor espadachín del mundo —asegura entrecerrando los ojos, picadito—, y yo también fui un imperio y les conquiste a todos.

—Eso es algo que sí me gustaría ver —le da un beso en la mejilla.

—Pues cuando quieras, papa... dile a este que saque una espada y verás —señala a España y sonríe, sintiéndose un niño de nuevo a momentos, ahí sentado en las piernas de su padre.

—Será otro día porque ahora tenemos que irnos —se levanta España.

—Ves... ahora me tiene miedo él a mí —se ríe Francia levantándose y estirando una mano hacia su padre para ayudarle a ponerse de pie.

—No tengo miedo, es que va a venir Prusia y tenemos que irnos a cenar —replica España y Roma se levanta tomándolos a los dos de los hombros.

—Eso dice, que no tiene miedo —el francés le pica un poco la costilla a España por la espalda de su padre y este salta un poco y se ríe intentando pellizcarle también.

—¡Eh, eh! —se ríe el romano separándoles un poco, sin soltarles—. En realidad me han contado la historia por encima —mira a Francia de reojo—, dicen que te hizo caer como imperio el mismo que casi se muere contigo por salvarte de los germanos... una historia muy bonita.

—Una historia muy bonita... al parecer todos estamos destinados a cometer los errores de nuestros padres —le mira de reojo riéndose y sonrojándose un poquitíiiiiito. El romano le abraza hacia sí con más fuerza mientras salen.

—¿Los errores de los padres? Mira tu hermano, Hispaniae, ¡ahora quiere culparme a mí!

—Pues claro que voy a culparte a ti... Tú y sólo tú eres el culpable de todo lo bueno y malo que somos...

—Eso es realmente dulce —sonríe y les abraza con fuerza, humedeciéndosele los ojos.

Francia le abraza también, a él una España. Abrazo de Teletubbie de los tres idiotas.

—¡Los quiero mucho a los dos! —susurra Francia.

—Y yooo —sueltan los otros dos coordinados.

—¿Quieren salir a cenar o que YO les prepare cena?

—No podemos quedarnos en la casa, Francia —insiste España.

—¿Por qué no? —pregunta Roma.

—Porque no tengo suficientes cosas para preparar comida —recuerda Francia sonriendo, el buen actor.

—Oh... —Roma un poco alicaído—. Hoy no está siendo mi día de suerte.

—Pero conozco un restaurante que es fantástique... Y muy exclusivo. Conozco bien al chef, va a gustarte.

Roma le sonríe a Francia y mira a España de reojo un instante... se muerde el labio y acaba por negar con la cabeza sonriendo.

—¡Pues vamos!

Quoi? ¿Qué estás pensando?

Quid? —parpadea—. En el restaurante...

—Pero me has mirado y te has mordido el labio —responde España.

—No es nada —le quita importancia negando con la cabeza.

—Ni creas que no te conocemos, papa... No digas que no es nada —indica Francia dándole un beso en la mejilla.

—Lo que me refiero es que no es importante.

—¿Por qué no va a ser importante algo que sientas? —pregunta Francia deteniendo un taxi.

—Sólo quería saber si Hispaniae ha hablado con Romano en su caja negra esa que tiene —miente de forma convincente.

—¿Con Romano? —pregunta Francia mirando a España.

—No... En realidad no —responde España sacando su teléfono y marcando a Romano.

—Pregúntale como está Veneciano —pide Roma. Francia sonríe a su padre considerando al menos que su padre está siendo empático con Veneciano.

—Estaba hecho una fiera —explica a Francia negando con la cabeza y suspira, subiéndose al taxi con los otros dos y tensándose cuando se pone en marcha, como cada vez.

—¡Pues claro que iba a estar hecho una fiera! —asiente Francia acariciándole la pierna para tranquilizarle.

Y cinco segundos más tarde, Roma se emboba con la canción de la radio que lleva el taxista, pidiendo a Francia silencio. Francia se calla sonriendo de lado y mirando a España, que está con el teléfono. Francia tararea un poco la canción, abrazando a su papa y cerrando los ojos.

—¿Quién canta eso? —pregunta Roma suavecito.

—Son... The Beatles —sonríe un poco de lado —. Eran unos genios.

De bitels... —repite Roma en un susurro, asintiendo.

Angleterre puede hablarte muuuuucho de música moderna —le mira y sonríe y luego de lo piensa—, cuando esté yo.

Ol ma lobiin nanana—canta un poquito Roma y sonríe a Francia—. ¿Por qué cuando estés tú? ¿También quieres aprender?

Non —sonrisa levemente falsa—, sólo se pone nervioso, ya lo sabes. Papa, quería preguntarte algo...

Quid? —sigue escuchando la radio de fondo pero como ahora hablan, ya no hace tanto caso.

—Tú... Bueno, antes que nada, ¿qué piensas de mí y Angleterre? —lo sentimos, pero ESTA es la manera de empezar sutilmente.

—He aprendido la lección con Veneciano, Franciae, no te preocupes por eso —le acaricia la mejilla—. Por mucho que me llame la atención. Además Britannia da más miedo que Germaniae —se ríe, aunque hay parte de verdad en ello. Francia le mira y sonríe de lado negando con la cabeza y riéndose un poco de sí mismo.

Non, non... Ya sé que aprendiste, además a mí no me harías eso, obviamente... —asegura mirándole a los ojos—. Pero no estoy hablando de eso, hablo de mí y Angleterre, quería preguntarte algo más mío y personal.

—Toda la vida me habéis parecido adorables —sonríe—. Y me hizo mucha ilusión saber que al final habías logrado lo que querías.

—A mí también me hace ilusión, aunque a ratos... —mira a España de reojo cual si le preocupara un poco que oyera—, no sé... a ratos me da un poco de miedo...

España nota la mirada y asiente pensando que es para que cuelgue.

—¿Qué te da miedo? —pregunta Roma.

—Mmmm... Non, no es miedo en realidad —hace un gestito con la mano—, más bien es... preocupación.

—¿Por? —pregunta y España cuelga nerviosito, porque por lo visto, cuando Germania ha llegado a la casa con Prusia, Veneciano se le ha echado encima...

—Es algo que siempre he querido, ¿sabes? Y... yo he disfrutado mucho la vida, papa... me... les he seducido a todos, me he acostado con prácticamente todos, pero Angleterre... es especial.

—Ajá... —le insta a seguir cuando el taxi se detiene.

—Me ha costado trabajo que lo entienda... —le mira de reojo sacando la cartera y dándole dinero al taxista—, no sé papa... ¿tú... algún día lo lograste?

—¿Lograr qué? —pregunta sin estar muy seguro. Francia vuelve a mirar a España de reojo.

—Pues que alguien entienda que es especial —explica España que ha seguido un poco la conversación. Francia mira a su padre con la mirada más directa y sincera que es capaz. Roma les mira a los dos y parpadea.

—Por supuesto, ¿tenéis problemas con ello?

—No es especialmente fácil hacer entender a alguien, después de acostarte con todo el mundo, que él es... ÉL especial. A estas alturas, estoy seguro de que Angleterre no está cien por ciento seguro.

—Pero cariño... una cosa no tiene nada que ver con la otra —responde Roma mirándole, porque cada vez que conquistaba a alguien lograba justo eso.

Ah non? —Francia le mira de reojo antes de hablar con el capitán de meseros y pedir una mesa para tres.

—Pues hay más cosas además del sexo que hacen sentir a una persona especial... —explica—. En realidad, casi nunca es el sexo lo que lo logra en realidad.

—Eso... he terminado por aprenderlo —admite Francia. España mira a Francia de reojo y sonríe.

—¿Entonces cómo es que Ingleterre lo duda? —pregunta.

Francia suspira, porque no es que le guste hablar de esto en realidad, pero ha considerado que es la manera más fácil de conseguir que su padre empatice con él.

—Lo duda porque... es fácil dudarlo. Es fácil pensar que igual que tengo sexo con los demás, puedo hacer cosas bonitas por los demás y no sólo por él. No es tan simple entender los motivos...

—¡Pero no debes dejarle pensar eso! —exclama mientras se sientan a la mesa que ya les han preparado. Francia le mira, tratando de entender esa frase y lo que implica.

—No es tan fácil... Angleterre y yo hemos estado peleando toda la vida y muchas veces le insté a pensarlo para lastimarle...

—A mí tampoco me parece tan fácil —responde España.

—Muchachos... hay muchas cosas buenas que funcionan con las personas, ¿cómo hacer que alguien se sienta especial? Haciéndole especial. Aunque a todos el mundo le gustan los besos, los regalos y las muestras de cariño, hay cosas que dicen "he estado pensando en ti y sólo en ti" esas son las cosas que sirven...

—Mmmm... —Francia inclina la cabeza y mira a España, y vacila un poco.

—¿Y qué pasa cuando hay propensión a que piensen que es todo un montaje? —pregunta España.

—Pues que hay que esforzarse aún más, pero al final, con más o menos esfuerzo, si las cosas son claras, ha de ser muy idiota para no entenderlo.

Papa... ¿hacías eso con todos? —pregunta el francés mirándole con un poco de temor a la respuesta.

Roma le sonríe, vacila un instante y luego asiente. España mira a Francia de reojo pensando que suena un poco terrorífico y agradeciendo haber sido un niño.

Francia se muerde el labio y cierra los ojos porque, de todas las cosas que supuso un rato antes, de todas las cosas que pensó, valoró y dedujo cuando hablaban con Germania, él estaba todo el tiempo pensando que su padre pensaba como él mismo y él... siempre evitó hacer sentir especial a la gente que no lo era. Sólo eran diversiones pasajeras.

—Pero... ¿qué los hacía diferentes? —pregunta un poco descolocado, sintiendo extrañamente que llevan menos las riendas y que quizás esto será un poco más complicado.

—¿Diferentes? Cada uno era diferente de los demás, le gustaban e interesaban cosas diferentes, reaccionaban diferente, pensaban diferente... TODO les hacía diferente.

—Pero entonces no había realmente nadie especial —deduce España.

—Al contrario, todos lo eran —sonríe Roma. Francia le mira un poco angustiado.

—¿Pero no había nadie más especial que los demás? —pregunta con cuidado.

—¿Más especial en qué sentido?

—Pues... si hubieras tenido que elegir —propone España.

—Elegir siempre, siempre, siempre era un problema —confiesa el romano. Francia se revuelve un poco, sin poder terminar por concluir si admirar a su padre por ser capaz de hacer eso, o si asquearse de él.

—Es decir, ¿no tenías de antemano siempre la respuesta a quien era el que elegirías de ser necesario? —murmura cuando les traen la botella de vino que ha pedido a la entrada—. Y no hablo de elegir físicamente, hablo de aquí —se toca el corazón.

—¿Mi elección personal? —Roma se ríe—. No, mis pequeños. A pesar de lo que pudiera parecer, yo siempre procuraba actuar con esto —se señala la cabeza—. No con esto —se señala el corazón. Francia parpadea un poco confundido.

—Pero... —a Francia le late el corazón con fuerza, sintiendo cierta angustilla con esto. Su padre, su padre era el que siempre sabía qué hacer, debía ser el MEJOR en las cuestiones del corazón, sabía seducirles, sabía hacer TODAS las cosas que él siempre había admirado y al final, no podía salir con esa respuesta—. Non. Hablo de tú, de ti para ti... quizás sabías lo que te convenía y era lo que hacías siempre...

—Pero... —España abre la boca sin saber que decir.

—Lo que yo quería era ser el más fuerte, Franciae.

—¿Y nada más? —pregunta con la boca pequeña.

—Pues cualquier otra aspiración habría puesto en peligro la primera, así que... eran muy pocos los momentos.

—Papá... eso es tan sumamente triste —asegura el español casi con el corazón roto.

—Oh, papa... —Francia se tapa la boca, también con el corazón en un puño.

—Chicos... —Roma les mira agobiado, tomándoles las manos a los dos—. Os cuento esto porque creo que ya sois lo bastante mayores.

Papa... pero es que, de verdad hablas de "pocos los momentos". Yo no soy quien para hablar de ello, pero siempre he tenido muy, muy claro quién es quien, no puedo creer que tú lo tengas en tu mente como "pocos momentos" nada más.

—No, no, no... No me malinterpretéis. Sé quién es quién. Solamente utilizo mi cabeza para poner a cada uno en su sitio en vez del corazón. De esa manera puedo cambiarles de sitio.

Non... NON! No puedes cambiarles de sitio, porque para ti todos son diferentes, pero a la vez iguales. Todos son piezas que mover de acuerdo a lo que te conviene con esto —le señala la cabeza —, no con esto —corazón.

—Exacto.

—¡Pero papa! —Francia le suelta la mano y se pasa las dos manos por el pelo—. ¡Cómo es posible!

—Pues así era el mundo entonces. Nadie podía hacer lo que hacéis ahora. Era un suicidio —le explica.

—Lo era, lo fue para todos los que... bueno —traga saliva y le mira a la cara, inclinando un poco la cabeza.

—Es terrible... —susurra España.

—Lo supongo. Veo vuestras caras de incredulidad y pienso que debo pareceros... no estoy seguro.

—Pero, espera... espera —Francia se pellizca el puente de la nariz—, aun así, tú sabes, papa. Tú debes SABER. Fuera o no fuera un suicidio, sigo sin poder creer que todos fueran iguales.

—Es que... —España se disculpa un poco.

—Por supuesto, en realidad me alegro que ahora podáis vivir como lo hacéis, es un increíble progreso... y por eso me gustabais tanto, vosotros y los niños. Erais tan frágiles... podía quereros con el corazón sin miedo a que me dañarais y no tenía que dañaros yo a vosotros.

Francia aprieta los ojos y traga saliva, y un instante más tarde se incorpora un poco acercándose a su padre y abrazándole. Roma levanta las cejas y le abraza de vuelta, volviendo a humedecérsele los ojos... España se une.

—Qué vida tan horrible, con todo y todo... Tienes... tienes que hacer algo para arreglarla.

—¡Es verdad! ¡Ahora ya no estás en esa época!

—Hey, hey... parece duro pero lo pasaba muy bien y en realidad casi siempre hacía lo que quería, siempre he sido muy bueno con las personas y rara era la que no me gustaba, podía encontrarle a todos el lado bueno, en serio, podía amar a todos los que quisiera y ellos me amaban a mí, nunca me faltó amor realmente —se ríe un poco consolándoles.

Francia le da un beso en la mejilla y se limpia los ojos (otro dramático), pasándose una mano por el pelo. Roma les da unos golpecitos en la espalda, riendo un poco cuando España se separa también sorbiéndose los mocos y tomando su copa de vino.


¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!