CAPÍTULO 24: It doesn't look that far. (ESO NO PARECE TAN LEJOS.)
N/A: ¡Hola! ¿Cómo han estado? Gracias a todas. Ya se van sumando las que quieren acorralar a Jareth en el oubliette, ¿verdad, Kayla? ¡Ja ja! ¡Pobre! ¿Creen que llegue enterito para su boda? Ya verán qué tal se porta aquí. (Haga lo que haga igual envidiamos a Sarah, reconozcámoslo.) Y aquí viene el capítulo que esperabas Krissel, ¡espero que sea de tu gusto ya que me tuve que recorrer toda Goblin City con ese fastidio de Conrad tan sólo por darte el gusto e inspirarme! A ustedes les parecerá muy simpático pero, soy yo la quien tiene que lidiar con él. (Sí, ya me he vuelto loca y paseo con mis propios personajes. ¿Qué esta… camisa blanca que tengo puesta? ¡Ah, sí, ya recordé! ) Gontran y Alin son el uno para el otro, como dos cabezaduras que conocemos bien. Dodmalaley, gracias por tu PM, aunque aún no sé si te referías a esta historia o a Ruego tu perdón. Gracias por tu review, ondine(); creo que la parte que quieres será muy disputada. ;)
Ahora… ¡Qué risa! Mi idioma natal es español, y por ende, de ahí puede que salga mi muy literal traducción. Suelo recurrir a la obra original para poder trabajar en el fic. ¡Necesito un/a beta bilingüe ya que estoy poniendo esta historia en inglés también! (Suspiro. Tengo muy arraigada las maneras de pensar latinas como para manejar el inglés como quisiera, pero, creo que no es tan malo ya que lo aprendí por mí misma.)
Disclaimer: Por si alguno no lo sabía, Labyrinth no lo he inventado yo.
Sarah podía distinguir el castillo a lo lejos. Él todavía la tenía en sus brazos y avanzaba hacia un lago con una pequeña caída de agua. Sobre la superficie, se podían ver diminutas luces que Sarah creyó que eran luciérnagas. Al aproximarse, notó cuán errada estaba, eran diminutas fairies. En su vida había visto nada tan… mágico, tan quimérico. Ya a pasos de la orilla, él la dejó pisar la hierba, y tomó su mano, mientras, desprendiendo los botones de su chaqueta, se sentaba junto a una roca para usarla de respaldo. Una pierna se mantenía doblada.
Su mirada se elevó hacia su persona. Ella parecía cautivada con la vista. Él suspiró mirando hacia el lago. ¿Cuántas veces había soñado pasar noches enteras aquí con ella; escapando de las obligaciones del reino?
-Sarah, siéntate conmigo.- ella lo miró confundida, si era una orden no lo parecía. Tampoco su cuerpo le desobedecía, pero, ella tenía el control. Sarah se ubicó a su lado, su columna derecha, como la de una reina o la de una muchacha con temor a ser imprudente junto a un hombre. -Ponte cómoda.- la acercó más hasta que su espalda quedó reclinada sobre su torso. La joven sintió un escalofrío al sentir el roce del cuero del chaleco, la suavidad de la seda de su camisa, el frío metal del emblema colgando en su cuello y de su piel contra la propia expuesta. Un brazo aferró su cintura y hubo un armonioso silencio, en tanto, disfrutaban del cielo y de la visión frente a ellos. Sarah se relajó y su cabeza descansó más sobre el masculino hombro. ¿Se podría detener el tiempo? Una brisa fría los acarició con gentileza; Sarah no pudo evitar cubrirse con sus propios brazos. -¿Tienes frío?- cuestionó en un murmullo la voz detrás suyo. La noche apenas estaba algo fresca.
-No, sólo…- fue todo lo que pudo decir, en tanto, sentía que él la obligó a enderezarse y comenzó a moverse. Pronto, tuvo la chaqueta sostenida por las manos cubiertas de cuero frente a ella, cubriéndola y trayéndola nuevamente hacia su cuerpo, quedando ahora atrapada por ambos brazos que parecían querer brindarle tanto calor como la chaqueta. -Gracias.- dijo con timidez elevando su cabeza para encontrarse con su sosegada mirada. Su respuesta fue sólo una melancólica sonrisa y sus ojos pronto se dirigieron hacia las fairies del lago. Sarah descendió su rostro; ¿por qué se sentía terriblemente mal? Culpable. Una y otra vez se sentía culpable. "Tan sólo quisiera saber de qué, por qué." Dejó escapar un suspiro.
-Sarah…
-¿Sí?- su voz fue débil.
-¿Me temes?- Silencio. Ella cerró los ojos por un segundo. ¿Le temía a él o aquella sensación incógnita que él despertaba en su ser? No podía asegurarlo, pero, de todos modos, ambas cuestiones estaban relacionadas con él.
-Sí.- dejó escapar en un suspiro. "'Sólo témeme…' Al menos, es algo," consideró él. Mas, no se atrevió a preguntar las otras cláusulas de su antiguo ofrecimiento.
-¿Y…, ahora mismo?- cuestionó en cambio.
-Yo… no sé. Ahora mismo… estoy…bien, creo.- él sonrió junto a su oreja.
-¿Bien? ¿Cómo es eso?
-No sé. En paz, tranquila. Quizás…, me ayudó llorar. O quizás me agotó hacerlo.
-Quizás.- repitió y hubo otro cese. -¿Suficientemente tranquila como para…- Sarah tragó ante ese breve alto -hablar sobre nuestra boda?- La muchacha entre sus brazos, al menos, volvió aflojarse junto a un suspiro. "Al menos, no se puso histérica."
-Puedes intentar.- respondió dudosamente, no prometiendo nada con respecto a cómo reaccionaría con lo que tuviera que decirle.
-De acuerdo.- convino. -Tú sabes…, que te di mi palabra de esperar todo el tiempo que necesites para hacerte a la idea, ¿verdad?
-Sí. También me diste tu palabra sobre Toby.
-Y cumplí. Lo de Toby lo discutiremos más adelante, Sarah. Ahora no saques temas para pelear y hacer las cosas más difíciles.- ella giró para verlo algo ofendida. -¡No!- le advirtió. -¡No comiences!- ella se sintió intimidada por su firmeza, y volvió a darle la espalda que nuevamente se apoyó en él. "No vamos tan mal." -Yo sé… que para éste tipo de cosas no hay un tiempo establecido. No sé cuál es el tuyo, no sé cuándo te sentirás preparada, pero…, para el arreglo que hemos hecho con los poderes del Underground, no podemos extendernos más de un mes, mi querida.
-¡¿Un mes?!- sus ojos crecieron enormes frente a los suyos. -¡¿Por qué?! ¡No es justo!
-Sarah, yo no decido eso. Con gusto te daría un año entero si eso te ayudara en algo. Y, sí, es justo. Tu hermano ya está en el Aboveground y las inestabilidades entre ambos mundos levemente templadas. Hemos pedido, se nos ha dado y todavía no hemos dado nada a cambio. ¿No es eso generoso?- ella dejó escapar una espiración.
-No quiero hablar de generosidad.
-¿Por qué?
-Malos recuerdos.- contestó. Ésta vez fue el soberano quien dejó escapar un resoplido.
-Dímelo a mí.- su vista se halló otra vez con esos furiosos ojos; él no apartó los suyos. -¿Quieres discutirlo?- su voz fue fría, desafiante y firme, digna de quién está seguro de lo que habla; y… cruel.
-¡¿Nada hago bien, verdad?!- clamó indignada dando vuelta el rostro como la noche en que llegó tarde a casa para cuidar a Toby y sus padres intentaron hacerle entender sus razones. La noche que lo conoció. Él permanecía calmo.
-Yo no soy tu padre, Sarah.- le hizo ver él y ella sintió como un cubetazo de agua fría. -Sería bueno que entiendas que no obtendrás de mí las mismas cosas que de ellos.- "Si alguna vez te las dieron," pensó. La muchacha pareció rendirse porque se recostó más sobre él. -¿Podemos volver a nuestro asunto?
-"Vuelve, vuelve antes de que sea tarde."- murmuró inconscientemente con un dejo de sarcasmo.
-¿Sigues recordando?- la espió y ella pareció despertar. -Yo estoy aquí; considero que es mejor que estar en tu memoria.- ella lo observó un segundo y apartó la mirada avergonzada. "¿Estás sólo en mi memoria, Rey Goblin?"
-Lo siento. Es que eres… difícil de olvidar.- respondió a modo de broma, sin darse cuenta de lo que había hecho. En el rostro del fey se dibujó una amplia sonrisa.
-Lo sé.- afirmó trayéndola más hacia sí. Sarah tardó unos segundos en comprender. ¡Oh, no! ¡¿Qué había dicho?! ¡Idiota lengua que no sabía callar sus secretos!
-¡Espera…! ¡No es lo que yo…!
-"Lo dicho dicho está"- remató él con media sonrisa.
-¡Ya basta! ¡Di lo que tienes que decir y ya!- se cruzó de brazos por debajo de la chaqueta que la cubría. Él rió por lo bajo.
-De acuerdo. Otra cosa que debes conocer y que… debes prepararte para aceptar es que una vez que intercambiemos nuestros votos; luego de la celebración y demás…; sí o sí debemos… consumar nuestra unión… ¿Entiendes… lo que digo?- la observó por sobre el hombro. Ella sintió esa sensación helada en su espalda, pero, era imposible, no había espacio entre ellos para que el viento pasara… -¿Cosa preciosa, oíste?- "Sí; oí. Sólo que… no puedo respirar bien contigo… tan cerca. De hecho, mi corazón no se comporta como siempre… contigo cerca. ¡Todo es tu culpa!"
-S-sí.- su voz se quebró pese a que intentó esconderlo.
-Como dije antes, no puedo hacer nada contra los tiempos que nos han dado y además…, si no lo hiciéramos el matrimonio quedaría anulado.- "De hecho, si no conseguimos un heredero…;" él agitó su cabeza por éste lúgubre pensamiento. Él había prometido una vida, y una vida daría. "Eso no importa. Si llegara a pasar…, no importa. Un pequeño sacrificio de mi parte por vivir contigo tanto como pueda y mantener la armonía entre ambos universos. Tú estarás bien. Lo prometo." -Esa noche…, de una manera u otra, Sarah, deberemos 'elegir el camino entre las estrellas.'
-¿A… eso te referías?- lo observó anonadada. Los labios del soberano dibujaron la más seductora de las sonrisas y su mirada casi se transformó en una prometida diablura.
-Quizás.
-¡Odio cuando respondes eso!- le dio la espalda y lo sintió carcajear. Ella estaba decidida a dejarlo allí riéndose cuanto quisiera, pero, sus brazos se ajustaron más sobre ella.
-¿Qué? ¿Quieres que te asegure de qué estaba hablando esa noche?- murmuró en su oído.
-¡Cállate! ¡No quiero oír tus… tus descaros!
-¿Y…, qué quieres oír de mí, cosa preciosa?
-¡Nada!- "Y todo." -¡No quiero oír nada! ¡Si quieres ser… grosero… atraviesa tus enormes propiedades e innumerables cortesanas!
-¿Mis innumerables cortesanas? ¡Wow! ¿No crees que me das mucho crédito?- la estudió sorprendido y divertido. "¿Celos, mi amor? ¿O sólo orgullo?"
-¡No te hagas! ¡Sé que tienes unas cuántas desparramadas por ahí, en algún sitio escondido!
-De acuerdo. Las tengo. ¿Quieres que las despida? Puedo hacerlo.- le sujetó de la barbilla para forzarla a verle. -Pero…, asume las consecuencias.- elevó una ceja con picardía.
-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!
-Porque… "mi voluntad es fuerte como la tuya y mi reino es grande…"
-Y yo no tengo poder sobre ti, ¿verdad?- terminó ella considerando que por más que le molestara eso sí que era justo. Diente por diente, ojo por ojo.
-Quizás…- su voz acarició la curvatura de su oreja. -Quizás empieces a tener algo de poder sobre mí…, con el tiempo…
-Seguro.- habló descreída. Él la examinó con sorpresa.
-Tú puedes. No de la manera que… conoces, pero…, puedes.
-¿Cómo?- cuestionó con inocencia. Él bajó su rostro con una endiablada sonrisa antes de volver a verla.
-¡Ah! No puedo decirte. Lo descubrirás… con el tiempo.
-Habladurías.- murmuró. Y hubo un silencio donde el contento en el rostro del Rey Goblin se volvió reposado.
-¿Sarah?
-¿Qué?
-Volviendo a… nuestra noche de bodas…,- la muchacha volvió a cerrar los ojos rogando que no quisiera hacerlo antes de esa fecha. ¡Ella prefería que fuera mucho más que un mes! -me preguntaba… ¿Prefieres… que surja todo esa misma noche o… quieres… un verdadero cortejo?- ¿En verdad le estaba consultando? ¿Cómo saber lo que era más… prudente?
-Yo… no sé mucho sobre ninguna de las dos cosas, Re… Jareth.- "Tú eres todo lo que conozco."
-Gracias por recordarlo.- susurró suavemente al besar su mejilla. -Sé que no sabes ninguna de las dos cosas.- "No más de lo que el malvado Rey Goblin te enseñó. Y…, hay mucho más por aprender." Sonrió con picardía. Se obligó a silenciarse y una de sus manos se ubicó en su mentón pensativamente. Había muchos matrimonios por conveniencia en que los novios se conocían recién el día de su enlace; él no creía que eso fuera lo más indicado para nadie, menos, para una muchacha ingenua. Otros, como ellos, tenían algo de tiempo para conocerse e intentar gustarse el uno al otro, lo cual facilitaba las cosas cuando la noche de bodas inevitablemente llegaba. Él había visto mujeres odiar por siempre a sus esposos por haberlas forzado y hombres jactarse de su poder sobre sus débiles esposas. Él no quería eso; y su Sarah, no era débil. Él podía aconsejarle, mas, ella no iba a creer en algo que él le dijera, ¿o sí? Sarah giró su rostro y lo encontró con ese gesto meditabundo.
-¿Cómo… sería?- se atrevió a cuestionar con la garganta seca. Él parpadeó anonadado. Ella se sonrojó descendiendo la mirada. -Quiero decir…, el… cortejo. En la tierra…, los muchachos llevan a sus novias al cine o a cenar, o ambas cosas…; van al parque, les regalan flores… Bueno, algunos; y…- la mano del soberano se acomodó sobre la femenina mejilla hasta que consiguió capturar su mirada.
-Sería como ésta noche, como éste momento, mi cosa preciosa…- susurró viendo aquellos labios que entreabiertos invitaban a ser besados. -Será como esa cena a solas en el jardín…; como aquel beso en el balcón del Ballroom…; aquí no hay cines, pero…, podemos ir a bailes y a teatros, si gustas. Yo prefiero disfrutar éste tipo de espectáculos.- indicó el lago. -Mas, si a ti te gusta el teatro, estará bien para mí. Flores siempre tendrás, pese a que ninguna podrá ser lo suficientemente hermosa para ti.- sonrió con dulzura, recorriendo ahora la agraciada nariz con su dedo índice. -Y…, te conseguiré chocolates y de esos horribles muñecos peludos como los que tenías en tu cuarto.- ella estaba dentro de sus ojos; ella podía verse allí. No podía explicarlo, pero…, ella estaba allí. -¿Eso te agradaría?- Sarah no podía contestar perdida en él. -¿Sarah?
-Sí.- respondió con la misma expresión que en su primer Ballroom. Jareth sonrió aliviado.
-Sí.- repitió. -Gracias.- ella parpadeó obligándose a despertar; para volver a vivir un sueño, en el cual, él la estaba besando con ternura y pausa. El beso fue quebrado con un suspiro de aquellos labios varoniles que sonrieron, en tanto, los femeninos párpados lentamente revelaban las verdes lagunas en aquel bello rostro. -Los besos son parte del galanteo.
-¿También… los anteriores?
-Quizás.- sus labios volvieron a curvarse. Ella frunció el entrecejo.
-¿Que no puedes solamente decir 'sí' o 'no'?
-Quizás.- reiteró con el mismo tono. Ella dejó escapar una especie de gruñido.
-¡Tú…!- él rió ahora sobre su cuello.
-¡Lo siento! ¡Es demasiado tentador!
-¡Te comportas como un niño!- le recriminó tratando de empujarlo.
-¿Estás segura que soy yo?- continuó bromeando. -'¡No es justo!'
-¡Por supuesto que no lo es!- se encaprichó.
-¿No, verdad?- la estudió de soslayo con entretenimiento. -La pobre chiquitita entre los brazos de un poderoso y maléfico, pero, apuesto rey que vive molestándola y robándole besos.- ella se mordió el labio inferior para no sonreír, aunque no supiera bien por qué, pues, esa no era más que la mera verdad. Jareth inclinó su rostro levemente y pudo advertir su gesto. -¡Qué lástima! Y todas esas…, otras pobres chiquititas tendrán que conformarse con correr el laberinto o con sus sueños, si es que los aceptan… ¡Qué lástima!
-Si quieres, ofréceles un lugar entre tus innumerables cortesanas.- siseó ella entre divertida y algo picada.
-Ésa es una excelente idea, querida mía.- le sonrió con desparpajo. -Ya estás pensando como una reina.
-¡¿Qué?!- giró tanto para verle que quedaron frente a frente.
-Bueno, tú no me contestaste si querías que me deshiciera de ellas o no. Y, ahora, sugieres que tome otras, así que…, supuse…
-¡Pues, supones mal! ¡Quizás soy ingenua en… en… muchas cosas! ¡¿Pero, no soy tonta, sabes?!- Jareth advirtió que en verdad estaba molesta. ¿Tanto le perturbaba que otra tuviera su atención? Interesante.
-¿Tonta? ¿Y, por qué lo serías, mi conejita?
-¡Porque…!- ella se sentía tan malograda en hallar una respuesta que le diera la victoria en esa mínima batalla. -¡Te odio!
-Bueno, sí. Si me odias es porque eres tonta, ¿por qué más sería?- seguía él con su serena voz. -Con más razón tendría que tener a mi lado mujeres que me amen, ¿no crees? Después de todo, las cortesanas están para brindarle a su rey lo que la reina no puede o no quiere.- atajó la chaqueta que casi cayó sobre su rostro. Sarah se incorporó y empezó a direccionarse hacia el castillo. -¿Por qué simplemente dices que estás celosa o que no quieres compartirme?- murmuró para sí antes de ir por ella igualando su velocidad, la cual parecía depender según su grado de enojo. -¡Sarah, espera!- pidió ya a pocos pasos de la joven.
-¡Déjame sola!- le gritó sin detenerse casi alcanzando los límites Goblin City, por el lado contrario de donde estaban las puertas principales. Ninguna luz se veía, excepto la de la luna y el farolito de la escondida taberna 'One-eyedchicken,' la más frecuentada por los goblins.
-¡Está bien! ¿Qué prefieres, el oubliette o la mazmorra? También tengo un cuarto de torturas, quizás, ese resulte más de tu agrado.- seguía burlándose.
-¡Seguro que sí si allí encuentro algo para golpearte!- clamó caminando con más prisa y los brazos alrededor de su cuerpo intentando mantener el calor que le había dado la chaqueta que ahora estaba nuevamente en poder de su dueño. Sarah pasó junto a un goblin ebrio que elevó su copa a ella antes de quedar inconsciente sobre un montón de heno a un lado de la puerta de la pintoresca 'One-eyedchicken.'
-¡Vaya, vaya, cosita!- clamó Jareth con juerga. -¿Con que te gustan ese tipo de juegos, eh? ¡Y yo que te hacía tan inocente!
-¡¿Qué quieres decir?!- giró echa un torbellino y él siguió avanzando hacia ella. Por suerte el pueblo descansaba plenamente, a no ser por algún gato que paseaba por los techos y algún inaudible cocleo de las gallinas que los habían advertido y parecían quejarse por la interrupción de su sueño.
-¿Yo?- cuestionó con fingido candor -'Nada. Nada. Tralalá.'- ella apretó los dientes antes de darle otra vez la espalda.
-¡Estúpido Rey Goblin!- exclamó atravesando el sendero de piedras y tierra entre las pequeñas casas. Si Sarah superaba en altura a la mayoría del las de un piso, Jareth casi podía tocar el techo de las de dos. Obviamente esa era la villa de los goblins más revoltosos y pequeños.
-¡Niña necia!- le respondió molesto ante esas dos palabras, mas, no demasiado. Éste era otro desafío, ¿verdad?
-¡Odioso!
-¡Ingrata!- continuaban echándose flores a la par que avanzaban, hacia el aún lejano castillo.
-¡Tramposo!
-¡Mentirosa!- ésta vez ella fue quién se dirigió hacia él con los puños prietos a los lados de su cadera. En el sendero, casi pisa a una rata goblin, como aquella que había subido con un cuchillo a atacar a Ludo aquella vez. Esta chilló y se escabulló hacia un barril junto al muro de una de las casitas.
-¡¿Cómo osas decirme…?!
-¿Qué? ¿Me vas a golpear de nuevo?- la provocó con sorna. -Todavía no me he enterado por qué fueron todos esos otros golpes. 'Quizás'- remarcó adrede -sea tu forma de mostrar tu pasión, y 'quizás' por eso te gustaría ver el cuarto de tortura.
-¡Cállate!- espetó ella echando fuego por sus ojos y poniéndose frente a él, tratando de verse amenazante. Si lo lograba, no estaba segura porque a él no se le borraba esa irritante mueca de los labios y ese mortificante brillo en su mirada.
-¿Por qué?- cuestionó volcando despreocupadamente la cabeza hacia un lado.
-¡Porque…! ¡Te odio!- él sonrió ampliamente.
-Eso ya lo dijiste antes, cosita.- ella dio un último grito de frustración tratando de regresar sobre sus propios pasos. Jareth extendió sus brazos y sujetándola de los hombros la presionó contra su cuerpo. -Siempre repites eso. Me pregunto con qué lo comparas. ¿Qué tal si te ayudo a tener una base de comparación?
-¡No te atrevas!- le advirtió ella al notar su mirada entrecerrada. -¡Si me pones un sólo dedo encima…!- no pudo clamar más nada porque ya no estaban en el paradisíaco lago, ni en medio de la ciudad, sino en el vacío y agónicamente iluminado centro del Ballroom, donde se hallaban todos aquellos coloridos almohadones.
-Cuatro, cinco…- contaba el monarca, entre tanto, tintinaba los dedos en la desnuda piel de la espalda de la iracunda muchacha. ¡¿Cómo podía un simple roce de él en su espalda hacerla temblar?! ¡Y con sus guantes! -Bueno, debo informarte que todos mis dedos están encima tuyo.- arrojó la chaqueta a un lado. -¿Me permite ésta pieza, My Lady?
-¡No hay ninguna música!- espetó enfadada. -¡Y no quiero bailar contigo!
-Entonces…, me veo obligado a conseguir que te relajes.- la levantó en brazos pese a las protestas y el pataleo.
-¡Suéltame!- sintió cómo él se arrodilló y la acomodó entre los almohadones. Ella intentó incorporarse, mas, él no se lo permitió arrinconándola con ambos brazos a cada lado de su cabeza.
-Ahora, mi amor; ¿por qué no te tranquilizas un poco y disfrutas?
-¡¿Qué?! ¡Déjame en paz!- gritó intentando escaparse, mas, ésta vez, sus brazos fueron sujetos por fuertes manos y terminaron sometidos por encima de su cabeza. -¡Aléjate!- se desesperó más.
-¿Por qué?- cuestionó mirándola con intensidad. "Debería enojarme; sé que debería. ¡Pero, qué fuego, mi nena!" -¿Porque me temes?
-¡No!- respondió rebelde. -¡Te odio!
-¡Oh, sí! Me recordaste que debía darte una lección sobre eso.- su rostro se aproximó hacia el suyo. Sarah no dejó de pelear, aún con sus mejillas coloradas. Pero, cuando esos labios se apoderaban de los suyos…, lentamente, provocativamente…, su mente se ponía en blanco. El efecto era como aquel maldito primer durazno…; y él sabía como el siguiente, igual de fresco, igual de dulce…
