CAPÍTULO 25: JARETH Y EL REY GOBLIN.
N/A: ¡Hola a todo el mundo! Bueno, al menos a la parte de él que sigue esta historia. Me alegra que les haya gustado la escena del lago, es una de mis favoritas, con una conversación tan íntima entre Jareth y Sarah. Bueno, ya ella pudo descargar un poco todo su dolor ante sus pérdidas y eso juega a favor de nuestro… (Perdón, me están diciendo algo… ¿Por qué voy a poner eso…? ¡¿Oh, bien, cómo negarme?! Nuestro loable, colosal e ilustre soberano. ¿Conforme? Bueno, me debes una... Ya pensaré en cómo cobrarme…, ¬ . ¬ no te preocupes.) Ahora, me alegra saber que les agradara el pequeño recorrido de Goblin City. Les recomiendo mucho "One-eyed Chicken", si bien la higiene no es lo suyo preparan una buena 'ale.' Si es que no les importa compartir la mesa con goblins y bichos… No se hagan ilusiones, allí no estará el Rey Goblin. No vayan con Conrad o les hará pasar vergüenza, no por que se emborrache, sino por las monerías que hace (él no necesita alcohol para ello). Lo digo por experiencia, de hecho dejaré pasar un tiempo antes de volver. ¿Entendido, Lain3X, Krissel? Si no quieren ser reconocidas por semanas por alguna broma que les juegue 'ALGUIEN', les recomiendo NO ir con ÉL. Yo lo aprendí de la peor forma… (Suspiro) Creo que ahí va la respuesta a tu pregunta, Lain3X, con respecto a qué tan inocente puede ser el susodicho.
Bueno, la familia de Jareth seguirá dando apoyo psicológico a nuestros dos protagonistas, ¿alguien del público es psicopedagogo? Aquí tenemos a un niño de unos diecinueve años humanos, cuyo nombre empieza con 'C.' ¡Ejem! Hablando de 'C,' Conrad es el único soltero, Erwin es viudo, así que ya tenemos a dos libres. Con respecto a si seguirán así, hago como las estrellas y políticos cuando no quieren rebelar sus trapos, 'sin comentarios.' (¡Jua, jua! ¡Ahora sé cómo se siente ser algo perversa!) Lo importante es que por ahora están solitos.
Más allá de los malentendidos entre Sarah y Jareth, temo que ahí hay mucha… frustración, ustedes saben… muchas ganas pero nada, los pone un poquito sacados (jeje). Darkalma, (¡Bienvenida!) entiendo tus ganas de que Sarah se avive, (todas decimos, '¿Cómo Sarah puede ser tan boba?' Pero, dejemos de lado nuestras ganas de asediar a Jareth y pensemos, (no sé qué edad tengan, pero, yo ya no soy una adolescente, más quisiera) que con 15 años, sin experiencia y que te la tengas que ver con un hombre maduro, lejos de tu hogar y no por propia elección, creo que no es tan fácil, por más atractivo que resulte el hombre en cuestión. Creo que por momentos bajarías la guardia y por otros te dirías '¡¿Oh, mi Dios?! ¿Qué estoy haciendo? ¿En qué me estoy metiendo?' Además, pienso que en el último capítulo ya se han comprendido un poquito más, y el problema empezó con los celos de Sarah por las cortesanas. ¡Y vamos, que hay gente adulta que son peores que los adolescentes en esa cuestión! Igual, no se preocupen, que pese a sus idas y venidas estos dos ya van avanzando, creo que en el anterior lo hicieron pese a los celos. Bueno, cambiando de tema, si en el capítulo anterior envidiaban a Sarah, a ver cómo les queda el ojo con este. (Yo mataría por estar en su lugar, especialmente por… Bueno, ya verán.) Antes de pasar al capítulo, les doy las gracias como siempre por apoyar mi fic y por tooooooooodas sus palabras de aliento. (No me equivoqué, tiene muchas 'o' porque son muchas.) Así que gracias, Krissel; Lain3X; Kayla; Dogmalaley (que debes estar disfrutando de tus vacaciones en Cadiz. ¡Luego nos cuentas un poquito cómo te ha ido!); Darkalma. ¡Oh, por allí anda megumisakura también, no sé si has llegado hasta aquí, pero, ahí te van saludos! Y gracias por haber leído Ruego Tu Perdón. He hecho una secuela, cortita como esa, no sé si tiene la misma calidad, calidez, y todo lo que empiece con 'c' (hoy la tengo con esa letra, ¿qué se va a hacer?) pero, ahí está para quienes se quedaron con ganas de ver un poquito más de esa Sarah tan distinta a esta. Se llama "¡Larga vida a la Reina!" NO habrá una tercera. Ya saben el dicho de que segundas partes nunca fueron buenas, o algo así. Ya he visto que algunas ya la han encontrado sin mi publicidad aquí.
Bueno, basta de verbosidad (la palabra del día, jeje) y a la acción.
Disclaimer: Último boletín; Labyrinth sigue sin pertenecerme. Sí soy la creadora de estos dos eficientes goblins llamados Twig y Brisky. ¿Qué sería de nuestro Rey Goblin y de Sarah sin ellos? ¿Eh? ¡¿EH?!
Los labios de Sarah eran tan suaves como los pétalos de una rosa, pensaba el Rey Goblin ahora besando su cuello. Para ser justo, toda su piel lo era, recapacitó. Podía sentir cómo se dejaba llevar por sus besos, cómo sus brazos se unieron detrás de su cuello para no dejarlo apartarse, como si eso fuera necesario. Y de nuevo se adueñó de sus labios. "Sí, mi amor. Respóndeme, dale esperanzas a éste tonto corazón que late tan rápido."
"Esto es insano. ¡Lo odio! ¡¿Por qué me obliga?! ¡¿Por qué yo…?!." Suspiró cuando sintió la caricia que recorría su espalda hasta la cintura, ida y vuelta; cuidando no descender hasta el final del escote. La masculina boca otra vez conquistaba la garganta siguiendo senderos invisibles hacia la oreja, donde dientes y lengua jugaron con ella. "¿Por qué él tiene poder sobre mí…, aún sin usarlo? ¡¿Por qué?!" Sarah dejó escapar su respiración con alivio cuando él se detuvo y alzó un tanto su torso para verla a los ojos. Si él no se hubiera detenido… no estaba segura de poder detenerlo, de querer detenerlo. Se ruborizó ante sus propios pensamientos. ¡¿Desde cuándo ella pensaba así de él?! "¡Es el Rey Goblin, Sarah; recuérdalo! ¡Es malvado y… y… todo lo demás que ya sabes!"
-¿Todavía me odias, mi nena?- cuestionó con la mirada llena de ardor, pero, con advertencia de que pensara bien la respuesta.
Sarah sabía que si le decía que sí sería darle la oportunidad de que siguiera mortificándola con sus besos y caricias. De lo contrario, sería darle a entender que estaba ganando terreno. ¡Nunca podía hacer ninguna de las dos cosas! La primera porque ella no podía evitar hacerse dócil en sus manos, la segunda porque… ¡no, eso! ¿Pero, qué decirle entonces?
-Yo… no sé.- Más que una respuesta pareció una pregunta. -Ciertamente que no me simpatizas.- agregó sin poder evitar su genio. "Y como toda rosa tiene sus espinas," meditó él con sorna.
-¡Oh!- exclamó con desinterés. -Entonces, debemos estar seguros. No es bueno estar… a medias tintas.- "Y nosotros estaremos así por todo un mes. Los dioses me amparen." Suspiró.
-¡A mí no me interesa estar a medias tintas!- en cuanto ella vio la atrevida sonrisa se dio cuenta de su error. -¡Quiero decir… que no quiero…! ¡Que no me preocupa seguir así!
-Pero…, tú no estás segura de si me odias o no.- le hizo ver él con falsa confusión sentándose a su lado sobre las rodillas. -Eso no es muy productivo para ambos. ¿Qué si… a alguno de los dos se le ocurre enamorarse del otro sin saber cuánto odio hay de por medio? Necesitamos estar seguros de eso.
-¡Yo no me…!- no pudo terminar la frase porque él la hizo girar. -¡Oye! ¡¿Qué estás…?!- trató de volver a su anterior posición, pero, él puso más empeño y logró dejarla boca abajo. Sarah apenas pudo respirar al ver que él pasó una rodilla sobre sus piernas, quedando éstas entre las suyas y mientras él permanecía entre arrodillado y sentado sobre ella.
-Tan hermosa…- susurró viendo la espalda descubierta.
-¡Jareth, déjame!- protestaba ella con su mejilla pegada al almohadón, pues, él tenía una de sus manos sobre su cuello para que no pudiera elevarse.
-Relájate, Sarah. Estás muy nerviosa; si a los quince estás así creo que voy a enviudar antes de cumplir los ochocientos.- rió por lo bajo y corrió unos oscuros mechones de cabello hacia uno de los lados.
-¡¿Qué vas a hacerme?!- protestaba ella.
-Mh…; déjame pensar…- se llevó un dedo a los labios viendo hacia arriba. -Se me ocurren muchas cosas. ¿Y a ti?- Sarah reconocía el tono; todavía estaba burlándose de ella. Sus dos manos se apoyaron sobre los tensos músculos del cuello de la joven y comenzaron a masajearlos.
-¡Déjame levantar!
-Sh… ¿No te dije que te tranquilizaras y disfrutaras, mi mascota?
-¡Yo no soy tu mascota, 'Rey Goblin'!- lo nombró adrede. Una de las enguantadas manos abandonó la espalda de la chica. -¡Ay!- se sobresaltó al sentir un pellizco en su nalga. -¡¿Pero…, cómo te atreves…?!
-¿Perdón?- cuestionó con inocencia; nuevamente las dos manos enguantadas volvían a trabajar sobre la espalda de Sarah.
-¡¿Cómo te atreves a hacerme eso que hiciste?!- espetó ella aún intentando incorporarse.
-¿Le preguntas a Jareth o al… 'Rey Goblin'? ¿Te dije que tengo un problema de doble personalidad?- le sonrió con triunfo; los dedos envueltos en cuero nunca dejaron de trabajar sobre la suave piel de la chica.
-¡Eres…!- golpeó los puños contra los mullidos cojines con irritación y lo oyó reír.
-Jareth es un caballero…;- pareció hacer una pausa para replanteárselo. -Bueno, la mayoría de las veces. Por otro lado,- sonrió con maldad aunque ella no lo viera, no importaba. Él sabía cómo iba a reaccionar -ése 'Rey Goblin' puede llegar a ser toooodo un problema, si se me permite decir.- apretó los labios para que no se escapara una risotada. -Manoseando jovencitas como si fueran suyas, torturándolas de las maneras más libertinas que puedas imaginar.- hizo otra pausa adrede donde suspiró como si en verdad el tema le preocupara. -A veces…, es taaaaan difícil distinguir entre uno y otro.- Sarah no respiraba. Sus ojos jamás habían estado tan abiertos de horror y sorpresa. Y con él, eso se convertía en un estado constante.
-¡Ya no quiero estar contigo! ¡Déjame ir!- comenzó a retorcerse y él sólo se largó a reír y respetando el espacio entre ambos, se inclinó sobre ella para que dejara de pelear.
-¡Tranquila!- le pidió aún ahogado por su hilaridad. -¡Quédate quieta, Sarah!- consiguió que ella ya no se moviera, o quizás, sólo se había cansado. Ella podía sentir la calidez de su barbilla sobre su hombro. -Ingenua.- depositó un beso junto al bretel.
-Por favor…- pareció rogar ella. Él se enderezó.
-Ya basta.- ordenó. -Cierra los ojos y cálmate. Actúas como si yo fuera a aprovecharme.
-¿Ah, no? ¿Y qué fue lo del oubliette?- su voz fue satírica.
-¿Sólo por unos besos que respondiste y una mano que te sostuvo para que no cayeras?- se burló. -¡Qué susceptible!
-¡¿Una mano que me sostenía?! ¡Eres un…!
-Sí; sí. Lo sé, mi querida. Un encanto. ¿Cuántas tienen la fortuna de que su novio les dé un masaje para que su histeria no las consuma?
-¡Yo no soy histérica!- intentó verle. -¡Tú me pones nerviosa!
-¿Realmente?- se acercó a su oído. -¿Y…, tu corazón se agita con sólo verme?- su voz continuaba risueña; si bien le gustaría escuchar una respuesta sincera y positiva.
-¡Salte de encima mío!- fue lo que ella le respondió. Largando una carcajada, él regresó a su posición, descendiendo los masajes lentamente rumbo a la cintura.
-Me saldré cuando te aflojes. En verdad no es bueno que estés así de nerviosa. Tal vez sería bueno que bebieras algún té para aliviar tus nervios.
-Si tanto te preocupas, entonces, no me hagas enfurecer.- comenzó a dejarse llevar por los resultados de sus cuidados, y no pudo evitar cerrar los ojos con placer.
-Pero; es que te ves realmente bella cuando te enfadas. Parece que tuvieras dos hogueras en los ojos y que fueras capaz de matar a alguien. Es gracioso.- ahora masajeaba su cintura con sus pulgares.
-Me alegra que te diviertan mis desgracias, 'Rey Goblin.'- y fue cuando sintió posarse los labios en una cadena de besos que comenzó en su nuca y siguió el trazo de su columna; todos sus nervios parecieron transmitirlo a su cuerpo entero.
-Sigue llamándome así y no puedo asegurarte si sacarás lo mejor de mí, pero…, tampoco te desagradará.- le advirtió dando un pequeño mordisco a la altura de la cintura que la hizo enderezar más su espalda.
-¿Ya… podemos irnos?
-¿Prefieres el lecho?- cuestionó con picardía. Ella apretó los dientes y cerró los puños.
-¡Jareth…!- el nombrado rió por lo bajo, en tanto, se incorporaba. Sarah giró sobre su espalda.
-De acuerdo. Vamos a la cama, entonces.- ella se cruzó de brazos y lo fulminó. -¿No? ¿Una tienda? ¿Al aire libre? ¿En la sala del trono?- extendió su mano para ayudarla a ponerse de pie. Ella la aceptó.
-Yo quiero estar en MI cama.
-¡Ah!- respondió con impavidez. -Por mí está bien. Me gusta tu cama.
-¡No te soporto!- él la abrazó riendo.
-Quizás. ¿Pero…, qué harías sin mí, mi chiquitita?- la trajo más para sí. -La vida sería muy aburrida, ¿no crees?- susurró sugestivo. Ella lo fulminó.
-¡Mejor eso que vivir a los sobresaltos! ¡Tú…!- los labios la acallaron y ella pareció perder la consciencia. Cuando abrió los ojos, ya estaban frente a la puerta de su dormitorio. Sus miradas se cruzaron, él le sonrió con dulzura.
-Que descanses, mi Sarah. Mañana pasaremos todo el día con mi familia. Cuando se vayan… te llevaré a pasear. ¿Aceptas?
-¿Vas a molestarme?- se forzó en mostrarse enojada, pues, la verdad es que ya se había olvidado.
-Quizás.- rió suavemente.
-¡Eres insoportable!- le recriminó agotada golpeándolo levemente en medio de su pecho y su mano quedó allí capturada por la suya.
-Pero, Sarah, también soy irresistible.- ella no pudo evitar reír a la par que giró sus ojos.
-Creo que tienes razón. No llegaré a tu octocentésimo cumpleaños.- Otra vez la mano aferró la barbilla y un beso ya más ligero, pero, igualmente cariñoso.
-Siento desilusionarte, pero, 'es sólo por siempre; no mucho en realidad.'- ella suspiró rendida, en tanto, él abrió la puerta por ella. -Buenas noches, cosa preciosa.
-Buenas noches…, Jareth.- tragó al verlo sonreír con cierta ternura y se obligó a caminar hacia el interior. La puerta tras ella se cerró dejándola sola. Aquellas palabras retumbaban en su mente. 'Es sólo por siempre; no mucho en realidad.' -Eso temo.- murmuró antes de que apareciera Twig para ayudarla a desvestirse.
Por la mañana siguiente, Sarah fue vestida en un bello vestido verde claro que resaltaba más sus ojos. Y su cabello fue recogido únicamente con una hebilla, tal cual solía hacerlo ella en el Aboveground.
Sarah advirtió que Twig parecía estar de muy buen talante esa mañana; más de lo usual. Y la estudió a través del espejo, en tanto, la goblin iba y venía de un lado a otro salmodiando una melodía.
-Tú pareces muy alegre hoy, Twig. ¿Qué es?- le cuestionó con una sonrisa.
-¡Oh!- rió ella. -¡Nada en realidad! ¡Sólo que me levanté con un buen presentimiento!- volvió a reír. La humana la observó con cierto recelo, sus pensamientos fueron irrumpidos por un golpe en la puerta. -¡Ya voy!- canturreó Twig dirigiéndose hacia la entrada y entornando la puerta. -¡Oh, Su Majestad! ¡Muy buenos días!
-Buenos días, Twig.- La muchacha pudo oír que la voz del monarca tenía un tono de sorpresa. -¿Lady Sarah ya está lista para tomar su desayuno?
-¡Por supuesto, Su Alteza! ¡En un minuto estará con usted!- volvió hacia la chica. -My Lady, Su Majestad le aguarda para acompañarla hasta el comedor.
-¡Oh!- Sarah se incorporó sorprendida e inconscientemente dirigió una última mirada a su reflejo. -Ya estoy.- fue hacia la puerta donde se halló con un sonriente Rey Goblin ataviado con una camisa blanca, pantalones grises y un chaleco claro verde oliva con unos bordados celtas en el frente.
-Buenos días, mi Sarah.- le sonrió con calidez y ella tratando de controlar su rubor se mordió los labios antes de responder, mientras, él la examinaba complacido.
-Buenos días…, Jareth.
-Luces encantadora ésta mañana.
-Gracias.- respondió casi en un susurro y su mirada descendió por un segundo y volvió a enfrentar a aquella otra.
-¿Tienes apetito?- galante, le ofreció su brazo.
-Bastante.- ella lo aceptó con una sonrisa más relajada y comenzaron a avanzar por el pasillo.
Twig se asomó para espiarlos con un brillo travieso en su mirada y una sonrisa en sus labios. Ella no iba a confesar que, cuando por la noche, aguardando a Sarah para cambiar las ropas de fiesta por las de dormir los había escuchado hablar. Si sólo fueran más sinceros consigo mismos. Suspiró y una figura del otro lado del corredor que se detuvo junto a ella le llamó la atención.
-¿Y? ¿Cómo van?
-Creo que mejor de lo que esperábamos, Brisky.- rió la criada viendo al sirviente personal del rey. -Ella parecía más sosegada ésta mañana.- Brisky arqueó una ceja, al igual que un mayordomo inglés haría. -¿Y Su Majestad?
-Bueno, sinceramente, hoy lo noté muy animado. Aunque su humor ha mejorado considerablemente desde su victoria sobre Lady Sarah, claro.
-¡Debemos mantenernos firmes, Brisky!- afirmó ella con las manos en las caderas viendo hacia arriba al otro goblin.
-Para mí es fácil, señora mía. Es usted quien tiene el hueso duro de roer.- sonrió.
-¡Oh…!- clamó ella golpeándole el estómago con su mano. -¡No hables así de My Lady! Ella es una buena muchacha.
-¡Yo nunca dije lo contrario, Twig! Tenemos años de servir a My Lord, y ambos sabemos que jamás tuvo una joven tan a su medida.
-Eso es cierto.- afirmó junto a un suspiro.
-¿Qué le pasaba a Twig?- cuestionó él ya próximos a las escaleras que los conducirían al piso inferior.
-No lo sé. Yo le pregunté lo mismo. Ella dijo que tenía un buen presentimiento.- Jareth elevó una cuestionante ceja.
-¿Sobre qué?
-No lo sé. Ella está… No sé si rara, pero…, demasiado alegre, quizás.
-Oh. Bueno, debe haber algo en el aire, entonces. Brisky también estaba algo extraño hoy.- ella lo observó como si de pronto algo le hubiera venido en mente.
-¿Jareth?- lo nombró junto al primer escalón. -¿Ellos están casados?- la pregunta pareció tomarlo por sorpresa.
-Bueno…, Brisky es soltero. Twig, es viuda. Su esposo fue un gran soldado y murió poco después de casados, desde entonces, ella comenzó a trabajar para mí. Brisky ya era parte de mis criados.
-¿No crees que, quizás…, ellos se gusten?- Jareth la miró divertido. ¿Qué era esto? ¿De repente todo el mundo debía gustarse? Aunque ese tipo de fantasías eran típicas de las niñas. Todo tenía que tener su otra mitad; él no estaba en contra de ello.
-Los conozco desde hace tiempo, y… no creo.
-¿Por qué no?- pareció enfadarse por destruir su romántico sueño. Él tenía muchos románticos sueños para ofrecerle a ella.
-Porque nunca he visto nada entre esos dos. Por eso. Cada quien hace lo que debe y eso es todo. Se hablan lo justo y necesario. Y Brisky es muy… apático.- él dejó el último escalón, giró al sentir que ella se quedó atrás. Allí estaba, manos en las caderas, labios fruncidos en desafío, mirada haciendo juego.
-¿Y tú qué puedes saber?- él sonrió con mofa y se cruzó de brazos.
-¿Quieres que te muestre todo lo que sé? ¿No te parece que es una propuesta un tanto… osada para una chiquitita como tú?- se aproximó a ella, sus ojos al mismo nivel gracias a los peldaños. -¿No puedes esperar hasta que nos casemos, querida mía?- ella estrechó los párpados. ¡¿No se cansaba de ser tan descarado?!
-Jareth…, sabes bien que no es eso lo que quise decir.
-¿No? ¿Y…, entonces? ¿Por qué tú vas a saber más que yo del tema? Dime.- la peleó. Recorriendo con su vista el techo, ella trató de pensar en algo. ¡Diablos! Finalmente resopló.
-¡De acuerdo!- sacudió sus manos hacia los lados. -¡Tú ganas! ¡No sé nada de eso! ¡Sólo pensé que sería lindo!
-Sí.- dijo él con sus manos ahora en la estrecha cintura de la joven. -Sería muy lindo.- se tomó la libertad de posar los labios con suavidad sobre los de ella. Sarah abrió los ojos ante la primera sorpresa y luego se relajó. Después de todo, él era su novio, ¿no? Y… sería su esposo. "Esas son excusas, Sarah. Te gusta." "¡Cállate, Sarah!"
N/A: He visto en el nuevo ítem reader traffic (o algo así no recuerdo bien) que hay gente de Argentina leyendo esto. ¡Che, a vos te hablo, sí; enviame un pm, es bueno saber que no soy la única 'fanfictionense' en este país!
