Germania se baja del taxi lo más rápido posible como cada vez que se sube a un carro demoníaco de esos. Prusia paga al taxista tranquilamente antes de bajarse a su lado y le sonríe.

—¿Qué vamos a hacer?

—Pues... vamos a casa, te das una ducha, luego vamos a comprar ropa y... luego nos vamos a ver una peli de guerra en el cine y a cenar —sonríe.

—Mmm... —no ha entendido la mitad—. Querría darme un baño.

—Sí, eso, una ducha —asiente porque además no sé ni si tengan realmente bañera.

Germania se encoge de hombros acercándose a la puerta.

—¿Qué es una…? Mmm... Eso que has dicho de guerra.

Prusia la abre con las llaves metiendo la cabeza con cuidado para asegurarse que no están por ahí España y Francia con Roma.

—Una peli, ven pasa —le hace un gesto para que entre con sigilo y en silencio—. Es como... es en un cine, que es una sala oscura y ponen imágenes de luz que se mueven en una pantalla gigante y cuentan historias.

—Es eso como... Algo que Rom... Teatro le llama.

Nein, nein, mejor, porque el teatro son siempre... bueno, un poco... nein, es más divertido, porque son en todos los lugares que se quiera y con música y con efectos especiales y ahora las hacemos en 3D que es awesome.

En ese momento se oye un portazo en el piso de arriba. Germania, que ha entendido otra vez un 2% de lo que dice (divertido, música...) levanta las cejas y la vista hacia donde escuchó el sonido, poniéndose un poco en guardia.

—La cosa es que el teatro es una de esas cosas... como cuando vamos a los conciertos del señorito, que son aburriiiiiidos pero el cine es awesome, te va a gustar, además ahora ponen Superman y creo que aún está Iron man... a mí la que me gustó más de las que hace Amerika de súper héroes fue la de Capitán América porque era mientras la época nazi, aunque los nazis eran los malos, claro, siempre nos pone así en sus pelis.

—¿Nazis? ¿Qué son Nazis?

—Nosotros —le señala a él y a sí mismo mientras suben las escaleras—. Pero no lo digas en la calle.

—¿Por qué? —le sigue.

—Fue el nombre que tenía nuestro régimen en la última época en la que fuimos un imperio, pero matamos a un montón de personas, lo llaman "el holocausto" así que pensar de esa manera está mal visto ahora —explica y se encuentran a Veneciano arriba del todo de las escaleras.

—Oh... Nazi —repite frente a frente a veneciano—. Eras tú el que hacía ruido.

Veneciano le mira a los ojos un instante, con el ceño fruncido, y aprovechando que Germania está uno o dos escalones más abajo y quedan a la misma altura, le toma de la nuca y le mete un morreo, sin avisar ni pedir permiso ni comerlo ni beberlo.

Germania levanta las cejas hasta el TECHO, sin esperárselo en lo ABSOLUTO, entrecerrando los ojos después de unos instantes, sin poder evitarlo, siguiendo un poquito el beso.

—Uoooh! —exclama Prusia, Italia insiste profundizando un poco.

La persistencia de Italia, unido a la habilidad del muchacho (¿desde cuándo un bebé puede hacerse así de... hábil para... esas cosas...?) hace que Germania ceda unos segundos más tarde y le devuelva el beso levantando suavemente una mano y poniéndosela en la cintura.

Italia, satisfecho, insiste hasta que queda absolutamente claro que Germania ha perdido la cabeza. Germania incluso le sigue en el beso cuando el italiano se separa, sin aliento y con los labios un poco hinchados.

—Jum! —suelta Veneciano asintiendo con la cabeza.

—Por... O-Odín... —susurra el germano cerrando los ojos en cuanto se separa del italiano, rojo como tomate.

—Por quien tú quieras, caro mío.

—Ehm... I-Italien —saluda Prusia nervioso.

—Y ahora, si vuelves a dejar que el abuelo bese a il mio amore, no seré tan dulce —amenaza a Germania muy en serio.

—E-En realidad íbamos a... arreglar eso —explica Prusia mirando a su padre de reojo.

—Y-Yo... No es que pueda... A... —Germania toma aire e intenta, de verdad intenta, ordenar su pensamiento—. Deutschland.

Ja. A Deutschland —sentencia Italia en el mejor alemán que puede, para que quede bien clarito—. ¿Cómo vais a arreglarlo?

—No es como que yo le dijera que fuera a hacerlo —se defiende Germania.

—Tú eres su amante o pareja o novio o como lo digas, cazzo —protesta.

—Pues... vamos a... va a... darse una ducha y luego a... —vacila Prusia que no quiere decirle que van a comprar ropa.

—Yo... ¡no soy nada de todo eso! —protesta Germania cruzándose de brazos y frunciendo el ceño—. Y no voy a cambiarme la ropa.

—Oh... —el semblante del italiano se relaja un poco—. Arreglarle para que se vea bien, entiendo —asiente—. Bien, tenéis veinte minutos para ducharos y luego vamos a por ropa nueva y a la peluquería, voy a por mi fratello.

Nein! Italien... —Prusia aprieta los ojos, pero Italia ya se ha ido, así que deja caer los hombros derrotado—. Vatiii —protesta.

—Parece menos enfadado, ciertamente —Germania se muerde el labio.

Nein... es que ahora... —bufa y le lleva hacia su cuarto—. Olvídate del cine, de cenar y de las cervezas y de nada divertido.

—¿Por qué? —le mira de reojo, sorprendido con esto, porque sí que se le antojaban las cervezas y tiene hambre además...

—¿Por qué? ¿A ti qué te parece? ¡Porque se vienen los hermanos italianos a comprar ropa! Eso es como... el infierno —le mete al cuarto, protestando.

—¿Por qué es el infierno? Sólo basta ir y comprar una túnica... o bueno, estas ropas feas y ya, ¿cuánto podemos tardarnos? —tan inocente mi muchacho. Prusia le mira con cara de MUCHAS circunstancias—, ¿O no es así? —levanta las cejas al verle la cara.

—Ya lo verás... pueden estarse DÍAS y siempre quieren ver toooodas la tiendas y probárselo TODO. Yo me voy a llevar la consola, tú ya te apañarás con ellos —le empuja al cuarto de baño ahora.

—¡¿Días?! ¿Pero cómo van a comprar ropa por días? —pregunta dejándose empujar.

—En realidad nadie lo entiende, supongo que Rom no es así —le señala en el baño—. Mira, esta es la ducha.

—¿Y esto para qué... sirve? ¿Sale agua de aquí?

Ja, mira, esto es un grifo —le muestra que se abre—. Aquí la caliente y aquí la fría y aquí abres los nitros chorros y con este sale del techo... y este es jabón para el cuerpo y este para la cabeza.

Germania mira todo atentamente.

—Tiene que frotar para que haga mucha espuma y luego quitarlo.

Germania asiente no muy convencido... ni seguro de lo que hay que hacer. Abre el grifo.

—¡Nein, pero no lo abras ahora, que lo mojarás todo!

—¿Y qué si se moja todo?, ya se secará.

—Bueno, sí, pero yo tengo que limpiarlo.

—No lo limpies, sólo es agua.

—Bueno tú... bueno, tú dúchate y no lo mojes todo —pide porque no concibe el concepto no limpiar.

Germania del todo el grifo, levantando las cejas sorprendido. Mira la regadera unos cuantos segundos bastante impresionado sin saber cómo es que han conseguido que una cascada caiga a la mitad de la casa. Frunce el ceño al suponer que esto es culpa de Roma. Se levanta la túnica y se la saca por la cabeza.

Y así abre el agua helada entra olvidando el asunto de que Prusia dijo algo con agua caliente, porque además lo considera improbable. Prusia le mira de reojo y sale.

Germania suspira metiendo la cabeza bajo el agua y mojándose con agua helada, sintiéndose un poco mejor al instante. Sacude el pelo mojando las paredes de la regadera y se talla un poco los brazos y el torso. Toma uno de los botecitos y hace un DESASTRE para abrirlo hasta romperlo y quedarse él, las paredes y hasta el techo llenos de shampoo.

Mientras tanto, Prusia se pone a jugar con la play, gritando de tanto en tanto.

Germania se tarda un BUEN rato en quitarse la cosa esa que le cayó encima, que además también le alcanzó en un ojo y ahora lo tiene rojo como si fuera conejo. Además, claro, de la complicación que es que el piso repentinamente se haya puesto resbaloso. Se golpea un poco con las paredes intentando no caerse, y termina por arrancar la llave del grifo al intentar detenerse.

Así que unos minutos más tarde, habiéndolo mojado TODO, y siendo que el agua sigue saliendo de la regadera sin que pueda cerrarse. Germania se sacude como si fuera perro y aún medio mojado, sintiéndose estúpido porque sabe que huele a perfume, sale otra vez del baño. Prusia está matando rusos con Australia, gritando.

Preussen... Ehh... Algo hice mal —admite mostrándole la llave del grifo que arrancó.

—¿Eh? ¡OH! Mein gott! —pone pause, levantándose.

—Es que la cosa esa que me dijiste es un líquido raro que parece baba espesa, o brea y ha puesto extraño el suelo.

—Es... no te has... —aprieta los ojos.

Was? —le mira un poco preocupado al verle la cara—. Lo... siento. No he podido detener la cascada tampoco.

El albino se pasa una mano por el pelo, tomando el grifo y entrando a ver si puede arreglarlo. El baño está lleno de agua y shampoo. Lo mira por todas partes, parpadeando y toma una toalla intentando detener el agua.

—¡Busca a West y dile que corte el agua!

—¿Pero qué pasa? Déjala correr y ya —Germania realmente no entiende lo que pasa, un poquito tenso yendo hacia la puerta del baño—. Que corte el agua, vale.

—¡Es que no parará, dile a West!

Germania asiente con cierta cara de circunstancias, saliendo del cuarto.

Deutschlaaaaand! —Sale gritando y es hasta dentro de varios minutos que terminan teniendo el agua cerrada. Ah... Y Alemania riñe a Prusia.

Cuando el sajón mayor sale gritando y desnudo, va a tener la suerte de encontrarse a Veneciano. Se paraliza, sonrojándose repentinamente y cubriéndose las regiones vitales con ambas manos. Ojos muy abiertos.

Ciao! ¿Qué pasa?

—A-Algo allá, no se puede parar —murmura Germania—. M-Me ha dicho Preussen que le pida a Deutschland que la corte...

Che? —inclina la cabeza.

—Estaba... —carraspea cerrando los ojos—, estaba dándome un baño en esa cascada pequeña, y... Accidentalmente quite eso de la pared. El... La cosa de metal, el círculo que sirve para cerrarlo y como sale agua no puedo hacer que deje de salir.

—Oh... pues vamos a cortar el agua, ven —le hace un gesto para que le siga. Germania asiente pero no se mueve.

—Voy por... Algo de, algo para ponerme encima.

—Ven, es abajo en el garaje —va a las escaleras sin escucharle.

—Pero tengo que ponerme algo encima —gruñe un poco cubriéndose más y pensando que es ridículo avergonzarse, pero a la vez... está este muchacho que no parece estar en lo absoluto preocupado. Le sigue.

—A ver... —se le acerca tomándole el pelo—. Tendrás que lavarte otra vez...

—¿Lavarme otra vez? —pregunta frunciendo el ceño.

—Sí, vamos... —le hace un gesto otra vez, llevándole de nuevo al cuarto de Prusia.

—¿No has dicho que hay que ir antes a otro lado para el agua?

—No, cortaremos solo la del cuarto de Prusia. O no podrás bañarte.

—Pero si ya me he bañado.

—Pues no lo has hecho bien, espera —Veneciano entra al cuarto, se va al baño, cierra el agua del cuarto y vuelve a salir... Prusia agradece.

Germania toma de la cama una almohada cubriéndose las regiones vitales con ella.

—Me lo llevo, le bañaré yo —le comenta a Prusia—. Ven —pide haciendo otra vez un gesto para que le siga.

—Vale, vale... —Prusia bufa mirando el desastre.

—¿Ba-Bañarme tú? Nein! ¡Yo me baño solo!

—Ven, ven... —ni caso.

—¿Pero a dónde vamos? —le sigue dócilmente.

—A mi bañera en mi cuarto.

Germania carraspea mientras el italiano abre la puerta del cuarto para que entre.

—Pero si ya me he bañado y me tardé mucho en quitarme esa cosa —insiste el germano, en protesta mirando a su alrededor.

—Ven, ven... —entra al baño y abre el agua, llenando la bañera.

—Tienes... un cuarto con Deutschland o... ¿es tu cuarto? —pregunta casi en un susurro mirando lo que hace por encima de su hombro.

—Pues claro que es mi cuarto con Germania

—¿Llevan mucho tiempo juntos? —vuelve a preguntar sintiéndose estúpido con su almohadita en las regiones vitales.

—Bueno, Germania siempre ha tenido bastantes problemas, pero... Yo siempre le he gustado y él me gusta mucho a mí —hace un gesto para que se meta en la bañera.

—¿Problemas? —pregunta sin moverse y recordando repentinamente a Roma, porque todo esto parece algo que él haría más o menos con la misma tranquilidad que el muchacho.

—Pues es que él tenía problemas porque le cuesta mucho entender sus sentimientos y además con el hecho de ser un hombre.

—¿Tiene problemas con ser un hombre? —pregunta frunciendo el ceño —. ¿De verdad quieres que me meta otra vez a la tina? Por Odín.

—Con que ambos lo seamos, los tenía de pequeño.

—Oh... —levanta las cejas sin estar muy seguro de qué pensar al respecto. Suspira mirando la tina, niega con la cabeza odiando el suspenso de todo esto; se mete a ella tomándose las regiones vitales.

—Pero al final lo logré y me costó bastante porque no entiende las indirectas —explica arrodillándose y echándose champú en la mano, empezando a masajearle la cabeza.

La ridícula naturalidad del italiano hace que Germania no le rompa una mano o le arranque un dedo. Le mira de reojo tranquilizándose un poquito al ver que no hace nada extraño, pensando que esto es como cuando las esclavas le lavaron, sólo que bastante menos vergonzoso ya que este es hombre... aunque es el novio de Alemania.

—No es fácil entenderles a ustedes... —murmura el germano levantando las manos hacia su pelo y girando la cabeza para mirarle.

—¿Por qué no? —pregunta más tranquilo con toda su naturalidad, echándole la cabeza atrás y abriendo la ducha para aclararle el pelo sin que le caiga a los ojos.

—Hacen cosas completamente fuera de lo normal, como venir aquí y ponerme esta cosa en la cabeza que huele... este huele más aún —protesta mirándole de reojo, sonrojado con el contacto físico.

—Esto es raro, en realidad no solemos bañar a los adultos, pero tú no sabes hacerlo y es importante te va a dejar el pelo suave y oliendo bien, es agradable —explica.

—Tu abuelo tenía esclavas que le bañaban —comenta sin saber él mismo si para justificarse o no —. Yo sí sé bañarme, ya me había bañado.

—Lo sé, al abuelo le gustan esa clase de cosas —explica y vuelve a ponerle jabón otra vez, porque es la primera vez que se lava el pelo con jabón en su vida.

—Tu abuelo está loco —murmura el Germano frunciendo el ceño y quitándose para que no le ponga ooooooootra vez esa cosa en el pelo —. ¿Qué haces?

—Se hace dos o tres veces para que quede bien limpio, cierra los ojos y relájate, ya verás cómo es muy agradable —explica Italia que está muy acostumbrado a Alemania.

—No me gusta —protesta frunciendo el ceño pero recargándose otra vez en la tina. Cruza los brazos.

—Bueno, no es para ti, es para el abuelo —responde Italia tranquilamente, persistiendo en la limpieza.

—Para tu abuelo, para tu abuelo... bah.

—Él hará cosas que te gustarán a ti, que será acercarse a olerte el pelo y jugar con él, es muy agradable y le gusta tu pelo, lo he visto —explica.

—No me gusta que juegue con mi pelo —protesta por protestar, aunque se deja más dócilmente.

—¿Por qué no? —vuelve a aclarárselo.

—Porque no me gusta, él no me gusta, lo detesto... no sé qué es lo que hacemos aquí, si no estoy intentando bañarme para él, estoy bañándome porque me hace falta.

—Lo que yo quiero es que deje a Germania tranquilo —responde Italia yendo a por el acondicionador—. Y cómo tú le gustas, Spagna nos ha dicho el plan, así que es lo más fácil.

El sajón parpadea porque aún le cuesta esto de que haya otro "Germania", tomándole un rato el comprenderlo.

—Mira, esto es una esponja —se la muestra y le pone gel en ella—. Frótate con ella mientras te peino y te quito el acondicionador.

Germania mira la esponja con interés, apretándola un poco.

—¿Que me... frote, dices? —pregunta apretándola más

—Sí, el cuerpo, pásatela por encima haciendo que saque el jabón —le explica mientras empieza a desenredarle el pelo.

—Ahhh au! —protesta al primer jalón frunciendo un poco el ceño, medio fulmina a Italia y trata de quitarle su pelo de las manos.

—Anda, aguanta un poco —protesta Italia y le hace estirarse de nuevo—. ¿No eres tú el que Prusia cuenta que peleabas con lobos?

—Pues sí que peleaba con lobos, pero esto... Por Odín todo esto es estúpido, digno de Rom, efectivamente —se queja aplastando la esponja sobre él frunciendo un poco el ceño con las burbujas antes de volver a aplastarla, interesado.

—Todos hacemos esto ahora, todos los días, este jabón es el de Germania y me encanta como huele. Hungría y yo lo compramos expresamente para ellos —explica mientras le desenreda con cuidado.

—¿Todos los días? —pregunta incrédulo oliendo un poco el jabón, sintiendo que huele muchísimo a menta... podría ser peor, podría oler a flores. Se talla un poco el abdomen con la esponja —. ¡Qué pérdida de tiempo!

—No es pérdida de tiempo porque si hueles mal las demás personas se alejan y no quieren hablarte ni estar contigo. No te escuchan ni te toman en serio —sigue explicándole sin dejar de peinarle porque a Italia también le gusta el pelo de Germania.

—Además ayuda a no estar enfermo, y si no estás enfermo, eres más fuerte.

Germania suspira.

—Nosotros no olemos mal, ni estamos enfermos —murmura y yo difiero porque seguramente para los estándares de ahora sí que deben oler a chivo.

Germania mira a Italia de reojo y esconde un poco la esponja bajo el agua, tratando de hacer los menos movimientos posibles mientras se talla con ella las regiones vitales en su totalidad, pensando que esa parte sí que quiere que esté lo más limpia y presentable posible.

Italia lo nota pero no dice nada, solamente acabando de peinarle todo el pelo con su sonrisita idiota. Repentinamente, la puerta del baño se abre y Alemania mete la cabeza con el ceño fruncidillo. El latino le mira de reojo un instante y se vuelve tranquilamente a lo que hacía, aclarándole el acondicionador del pelo a Germania silbando una cancioncita.

Ciao, amore.

Alemania carraspea, claro está, ¿qué más podría hacer?, sonrojándose un poco al mirar la escena. Germania pega un saltito.

Italien.

O mio babbinooo carooo —empieza a cantar el italiano (que traducido es "mi papaíto querido" y es una canción italiana que existe y es súper deprimente).

Germania levanta las cejas mirando al italiano de reojo, y Alemania repentinamente tiene ciertas ganas de ir a abrazar a Italia para que no esté más enfadado con él. Entra al baño y cierra la puerta tras él. Se espera TOOOOOOOODA la canción o hasta que Italia deje de cantar... lo que suceda primero.

Italia deja de cantar cuando acaba con el pelo de Germania.

—Ya acabamos con el baño de Preussen —susurra el alemán, mirando a Germania —. Y... Romano está abajo, me ha costado bastante que no subiera.

—Nosotros hemos acabado también, vamos a ir a Gucci —explica sin mirar a Alemania, pasándole a Germania el albornoz del alemán, sosteniéndoselo para que lo ponga. Y atento al tono, porque es un tono que lleva implícito "vamos a ir a Gucci y vamos a hablar con Piero, el encargado y vamos a saludar a Greta y a Wolf y vamos a tomarnos un vino de 200€ mientras vemos el catalogo en un pase privado y vamos a comprar hasta que nos saciemos o hasta que se le borre la banda magnética a tu tarjeta de crédito, lo que pase primero".

Alemania cambia el peso de pie, mirándoles a los dos y carraspeando de nuevo.

—Bien, Gucci. ¿Quieres que les lleve?

—No, me llevaré el Maseratti —sonríe un poco porque que se ofrezca es bastante—. Quédate y prepáranos wurst y choucrout para cenar.

Germania vacila un poco, levantándose cubriéndose con la esponjita. Italia le echa el albornoz en los hombros y Alemania se acerca un poco a ambos, como quien no quiere la cosa, mirando a su padre de reojo.

—¿Y sabes qué me apetece? Uno de esos applestrudel que hace Austria —añade como colofón al castigo.

Würst y choucrout y... oh, puedo hacer applestrudel, ja.

—No, amore, tuyo no, de il signiore.

Alemania suspira.

—Vale, vale... de Österreich —murmura sabiendo que él sabrá, REALMENTE sabrá si lo hace o no lo hace Austria. Se pellizca el puente de la nariz.

Germania se cierra la bata casi hasta el cuello sin estar seguro de si esta es la ropa con la que irá o no... Al menos está más limpia que su túnica y quisiera que fuera un poco más larga, pero no parece tan mal.

—Ven, sécate un poco y vamos a por algo de ropa —le hace un gesto a Germania.

—Ahora en la peluquería acabaran de peinarte y arreglarte el pelo.

—Pensé que esta era la ropa... —por fin, algo de ropa normal. Confiesa en un susurro saliendo de la tina y secándose, en efecto.

Alemania se acerca más y más a Italia hasta estar junto a él y ponerle muuuuy suavemente una mano en la cintura. Le mira de reojo.

—No, esta es ropa para secarse —responde mirando la mano de reojo y fulminando un poco a Alemania, pero sin apartarse.

—Cuando al fin encontraba algo más cómodo —se lamenta el Germano mirando a Alemania y a Italia, notándoles cerca y sonrojándose un poco.

Alemania se incomoda de nuevo con su padre, vacilando un instante y sonrojándose sin saber si pedirle disculpas o qué hacer, porque no le había visto desde... el momento aquel. Italia con dos idénticos sonrojaditos XD.

Italia los mira a los dos y aprieta los ojos comprendiendo a su abuelo perfectamente por un instante.

—Necesitan algo más, puedes prestarle ropa mía a vater —murmura Alemania mirando a Italia de reojo. Este le mira de reojo también un instante y sonríe de lado.

Germania camina hacia la puerta del baño un poco incómodo, pasándose una mano por el pelo, sorprendido genuinamente de sentirlo tan suavecito y liso.

Grazie tante —responde a Alemania y le da un beso suave en los labios.

Alemania le detiene de la cintura y alarga un poco el beso de manera bastante extraña. E Italia sonríe en él. El alemán se separa y le mira a los ojos por un instante antes de soltarle de la cintura y carraspear.

—Si necesitas algo, avísame —dios con estos hombres domados por sus latinos... piensa Germania.

Italia sonríe y asiente. Alemania asiente también, soltándole por completo y caminando hacia la puerta del baño, pasando al lado de su padre sin decir más.

—¿Le digo a Romano que suba? —pregunta antes de salir, no del baño, del cuarto.

—Si quiere... se viste y bajamos —se encoge de hombros yendo al armario a elegir las prendas.

—Que les vaya bien —mira a su padre un instante despidiéndose antes de salir —. Vater.

Germania asiente con la cabeza mirando a Italia de reojo y frunciendo un poco el ceño con la actitud del chaval... casi parecía tenerle miedo al italiano. No... Que fuera para menos, después de las amenazas de las escaleras... se había dado cuenta por qué, en alguna medida, pero... pero...

—Aquí está —Italia le presta a Germania una camisa blanca de Alemania de las que no le gustan demasiado y que seguramente va a acabar olvidada en quien sabe qué probador de Prada y unos pantalones negros.

Germania, al que ya le han puesto ropa de Prusia en estos días, asiente haciéndole un leve gesto de petición para que se salga del cuarto. Italia sale tranquilamente, de nuevo tarareando algo, bajando a por Romano y Prusia.

Germania baja un par de minutos más tarde con la camisa, con los botones abiertos y volviendo a pensar que los pantalones son la cosa más incómoda que ha inventado el hombre. Se ha puesto también los zapatos que le prestaron, considerándolos incómodos y calientes. Sigue sin entender los calcetines del todo, así que los deja por ahí. Ah, y la trencita que Italia no le ha hecho.

Vati! ¡Sobreviviste al baño! —Prusia se le acerca.

—Apesto a flores y mi pelo huele también.

Romanito levanta las cejas cuando le ve entrar con el pecho descubierto, pensando que... se ve mejor que Alemania, sin duda. Se sonroja levemente y le ignora, girándose a Veneciano.

—¿Nos vamos?

—Sí, vamos —responde Italia que estaba eligiendo las llaves del coche en el armario de llaves.

—Nah, que vas a oler a flores —le huele un poco Prusia—. Mi gel huele igual.

Germania le empuja un poquito al ver que le huele.

—Bueno, ya terminamos con la ropa —Germania el inocente—, ¿ahora vamos a ir por la cerveza?

—No vamos a ir por cerveza, ya te lo he dicho... —suspira Prusia siguiendo a los italianos.

—Pero si ya me han lavado y vestido, ¿qué más van a hacer?

—Te han lavado y vestido para ir a la calle a LAVARTE Y VESTIRTE de verdad...

—¡¿Eh?! ¡Pero si ya estoy! ¿Qué van a lavarme más? —pregunta recordando a las esclavas.

—No lo sé, vati... no lo sé, la cabeza, creo. Römer dice que van a llevarte a la peluquería, lo que, en mi opinión es otro de los infiernos, pero menos que lo de la ropa.

—¿Peluquería?

—Anda, anda... súbanse al coche, dejen de protestar —ordena Romano haciendo un movimiento de desagrado con la mano.

Oh! Mein gott! Italien! Bitte! Bitte! —pide Prusia a Veneciano porque además creo que Italia debe tener un maserati deportivo de esos de dos puertas, en donde los pobrecitos germanos van a ir hechos bolita atrás.

—No, a la vuelta a lo mejor —niega Italia que ya sabe que Prusia quiere conducir.

Romano empuja un poco a Germania hacia la parte trasera de su lado, deteniendo el asiento para que pueda entrar, haciéndole los ojos en blanco y subiéndose una vez consigue que entre.

Germania no podría estar más incómodo con los pantalones y el espacio pequeño atrás... y deja que arranquen. Prusia se mete detrás de Veneciano también hecho bolita y mira a su padre.

—¿Qué era lo que querías? —pregunta él un poco en confidencia, notando que todo es bonito adentro, eso sí, con las vestiduras ROOOOJAS adentro del coche blanco. No se puede decir que de una u otra manera no le llame la atención.

—Conducir...

—Oh... ¿por?

—Porque este coche es awesome...

Veneciano arranca y se pone a 100 km hora tan rápido como el coche puede soportarlo y Germania queda pegado en el asiento, completamente impresionado.

—Iiiiiiiiiiiiiiiiih! —chilla con los ojos muy abiertos, a lo que el italiano le mira de reojo y aprieta aún más.

Romanito por su parte, empieza a contarle a Veneciano los pormenores de un chisme que le contó el dueño de la tienda de abarrotes a España, con tooooodo lujo de detalles y como si estuvieran paseando en el jardín, no corriendo a casi a punto de estrellarse tras cada esquina.

Germania no sabe ya ni de donde detenerse, porque una cosa es ir a toda velocidad a cuatro caballos... que a cuatrocientos caballos de fuerza...

Veneciano asiente y comenta tranquilamente pasando más tiempo gesticulando sosteniendo el volante con solo una mano y sin mirar a la carretera de lo que Prusia puede soportar.

Preussen... yo... te quiero... —susurra Germania, seguro de que estas son sus últimas palabras antes de morir.

Prusia abre los ojos (que tiene cerrados por que no soporta ver esto) mirando a su padre por que igual le gusta oírlo. Germania levanta un brazo y le aprieta el antebrazo como leve gesto de despedida, pensando que vivió una vida larga y plena, y que quizás hubiera formas peores de morir... (y antes de que me le regañen, no lo dice de manera precisamente dramática, sino práctica...).

E Italia aparca en un gesto seco haciendo girar el volante y derrapar las ruedas en un chirrido. Romanito abre la puerta menos de tres segundos más tarde, saliendo del coche haciendo movimientos de modelo, arreglándose un poco el pelo, y quitándose los lentes de sol, moviendo el asiento para que Germania salga del coche.

Veneciano gira las llaves en sus dedos metiéndoselas al bolsillo tras cerrar el coche mientras Prusia trata de salir de él por la ventana si es necesario. El germano sale corriendo por delante de Prusia y le tiemblan las piernas, de verdad... pensando que subirse con Roma a la cuadriga es un paseo hermoso y tranquilo. Está más o menos como del color de Prusia por la palidez.

—Por Odín... prefiero ir caminando a donde sea...

Romano sonríe malignillo.

—No pasa nada —Prusia le da uno golpecitos conciliadores a la espalda.

—¡Ha! —se burla Romano—, pero ya veo que trae il cazzo de este —hace un gesto con el dedo pulgar y el índice separándolos solo un centímetro—, tamañito.

Germania se sonroja y levanta las cejas, entendiéndole perfectamente bien (y llevándose una mano en automático a las regiones vitales). Veneciano se ríe de ese comentario y aún más con la reacción.

Romano se da la vuelta sin más y camina hacia su hermano para ir adentro de la peluquería. Veneciano toma a Romano del brazo con toda la naturalidad con la que España quisiera poder hacer eso.

El mayor de los italianos, desde luego, se deja hacer, recargándose un poco en su hermano y riéndose del Germano, contoneando un poco las caderas.


Bienvenido al INFIERNO, Germania. Menos mal que eres un soldado sajón fuerte y resistente. ¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!