CAPÍTULO 26: WHAT A NICE SURPRISE

CAPÍTULO 26: WHAT A NICE SURPRISE! (¡QUÉ LINDA SORPRESA!)

N/A: ¡Hola, nuevamente! Gracias por permanecer en este canal… (Abriendo los ojos más de lo normal) ¿Quién rayos cambió mi diálogo? (Mira a Conrad que misteriosamente está silbando una tonada, mirando al cielo; manos cruzadas tras la espalda. Sospechosamente angelical…) ¿CONRAD?

-Lo siento, creo que me llama papi. ¡Y por cierto, Krissel, tienes razón, soy GENIAL! XD - ¡POP! AmaterazuHime parpadea incrédula.

Bueno, al menos no se ha quedado perturbando por aquí. Es bueno ver cómo van apareciendo nuevas personas. ¡Me da mucha alegría! Así como también ver siempre a las mismas. (Después de 25 capítulos uno les va tomando cariño : ) ) Moonlightgirl, sí que puedes ser cruel, ¿acaso eres pariente de Jareth o de Sarah? (Risas) ¡Jeje! Gracias, por la broma y las alentadoras palabras. Todas envidiamos a Sarah, es un hecho comprobado científicamente, es más, menos mal que no hemos sido nosotras las protagonistas de la peli, que sino, Henson se hubiera visto envuelto como director de una película MA. ¡Jaja! ¡Neko-chan, bienvenida a bordo! Bueno, esto no es un barco pirata, pero, solemos viajar en burbujas…, así que la expresión es aplicable. ¡Mahina.D, bienvenida, compatriota! ¡Lo sabía, sabía que tenía que haber alguien más en estas tierras con un poco de interés en la lectura de este género! ¡Soy tan feliz! T.T Krissel, amenaza a tu papá con el Rey Goblin por llevarse tu ordenador. ¦D ¿Yo he hablado de guerras? · . · Creo que estás confundida por la charla que tuvieron en el lago cuando él habla sobre el balance de los mundos y que sí o sí deben consumar su unión y dar un heredero. No es guerra lo que hay de por medio, sino simplemente devastación o algo por el estilo. (Uds. saben, todos los planetas alineados; o antiguamente los eclipses…, algo de esa especie) Y en cuanto a que él prometió una vida, se refiere a dar vida a un hijo, ya que Toby dejó su mundo, y en caso de no tenerlo, él asegura que una vida dará y ahí ya no habla de dar vida a su hijo. Todo lo contrario, "un pequeño sacrificio de mi parte por vivir contigo tanto como pueda y mantener la armonía entre ambos universos."(o sea, la suya para pagar la falta de Toby o su heredero. Jeje, sólo un poco de dramatismo allí y de cuánto significa Sarah para él, sin dejar de lado su deber como Rey Goblin.) Igual, ya llegará algún ser maligno a romper la armonía y algo más, mucho más adelante. En cuanto a la soltería de Conrad, ya hasta pensamos regalarlo con moño... (Conrad cuadro 1: º º'! cuadro 2: ╥ . ╥) ¡Je, je, je! (Cuadro 3: # ) Oh-oh. No sé por qué, pero, temo que no debí decir eso... ¡GLUP! ¡Ejem! Con respecto a la cantidad de capítulos, bueno, multipliquen los de hasta ahora por dos y a esos réstenles unos cuantos. JEJEJEJE. (En verdad se me está pegando esto de ser malvada. Debe ser por la mala compañía, ustedes saben, nombres con 'J' o en su defecto 'RG,' también 'C', a veces 'G' o 'A' y hasta 'E' tan seriecito que parece. Sí incluso también la 'S.' ¡¿Ondine, en verdad quieres que él se ponga más vanidoso de lo que ya es, no?! Creo que 'Rey Goblin' le va de perilla, como un resumen de su persona. . "My treasssure… Issssss mine! Gollum! Gollum!" ¡JAJAJA!¡Lain3x, gracias por tanto halago! ¡Vas a hacer que me vuelva archiengreída como cierto Rey Go…! ¡Auch…! (Un cetro cae en medio de su cabeza) ¿Por qué el maltrato, después de todas las fans que te estoy consiguiendo?

-Ellas me aman aún sin ti. Y TÚ trabajas para mí tan sólo para hacerles ver una vez más qué apuesto y encantador soy.- sus labios dibujan una cínica sonrisa.

-¡¿Desde cuándo trabajo para ti?!

-Desde que YO lo decidí, por supuesto.- ¡PLAFF! El susodicho se acerca a ver a la pobre mujer desparramada (aparentemente inconsciente) en el suelo. -Por favor, den unos segundos a AmaterazuHime que está en completo shock. No es para menos tan feliz como está de estar a mi servicio.- (Lo malo es que él realmente lo cree así.)

-¡Qué a tu servicio ni nada! ¡Por lo menos podrías haberme levantado o… algo! ¬.¬ - AmaterazuHime se incorpora de un salto. -¡Y si vuelves a insinuar eso… buscaré la manera de que Sarah se escape de tus gar…!- AmaterazuHime queda obnubilada ante la esfera de cristal con la que él está jugando diestramente. -Lindas, encantadoras y… sugestivas garras… tuyas…- sus labios tienen una estúpida sonrisa.

-¿Para quién trabajas?

-¿Para… mí?- interrogó confundida.

-NO vas a conseguir mucho de esa manera.- advirtió con un fingido suspiro. Ella sacude su cabeza saliendo del encantamiento.

-¡De acuerdo, chantajista, para ti!

-¡Aww…! ¡Qué dulce y chiquita!- el pelo de AmaterazuHime se ve completamente desordenado cual cabeza de perro, frotada y palmeada por una mano enguantada. -¿Escapaste del kindergarten o eres pariente de Hogbrain?- mientras tanto, ella aprieta dientes y puños para no reaccionar contra un rey. -Bueno, hazte cargo, tengo que ir a… trabajar, tú sabes, acosar a Sarah, hacer maldades con los goblins y nuevamente acosar a Sarah... ¡Wow, que soy muy activo!- se marcha dejando oír su risotada. Amaterazuhime respira hondo para calmar su ira.

-¡No es justo!- exclama pensándose completamente sola. Más carcajadas en el aire. "Esta vez no sólo es una, creo que…" -¡Jareth, tú y tu familia…!- Corre a buscarles. Lo más frustrante es que nunca se dejan encontrar… si así quieren…

Disclaimer: Labyrinth no es de mi propiedad. Erwin, Conrad, Alin, Gontran, Twig y Drakke son de mi invención. Bueno, a veces puedo hacer algo como eso. Sí.

Cuando el resto de la familia estaba por descender se encontró con una pareja muy acaramelada a los pies de la escalinata. El rostro de Alin pasó de la incredulidad, a la sorpresa y de la sorpresa a la alegría, viendo a su esposo con una gran y sincera sonrisa que éste le correspondió complaciente. Erwin sonrió y sus ojos brillaron con travesura. Conrad abrió sus ojos y no pudo evitar reír por lo bajo y… abrir su bocota, claro.

-¡Qué linda sorpresa! ¡Muy buenos días, para ambos, o para uno! Desde aquí no se distingue.- carcajeó el joven fey. Sarah no se atrevió a mirar y se sonrojó de pies a cabeza, y se asombró al ver que Jareth también tenía un leve color en lo alto de sus mejillas al alzar el rostro hacia su familia.

-¡Conrad!- lo reprendió su hermana por lo bajo.

-¡Vamos, vamos, Conrad!- clamó el rey. -¿A que ahora resultas un muchacho celoso?

-¡Tsk! ¿Por una belleza como tú?- se mofó ya alcanzándolos. -Al menos, que me digas que me aprecias como el otro día.- le sonrió abiertamente poniendo un brazo sobre los hombros de Sarah con toda confianza, y cruzando una pierna formando una especie de número cuatro con la misma.

-Te apreciaré más a partir de ésta tarde, primito.- le dijo quitándole el brazo de encima de su prometida y trayéndola hacia sí posesivamente. -Ahora, puedes seguir camino.- y el muchacho obedeció con su cuerpo sacudiéndose por las risotadas.

-¡Éste Jareth…!

-¡Oh, lo siento mucho!- clamó Alin abochornada. -Él nunca supo ser discreto.

-Bueno…, supongo que pese al poco tiempo que lo conoce Sarah ya debe haberlo descubierto, ¿no?- la observó con una sonrisa por debajo de su mentón. Ella sólo movió su cabeza, todavía incapaz de ver por mucho tiempo a su feliz amiga a los ojos.

-Vamos, amor.- su esposo la tomó amablemente del codo para conducirla al comedor. Guiñando un ojo a Jareth.

-Sí.

-Buenos días, jovencitos.- los saludó Erwin, en su rostro se dibujaba una sonrisa. -Ignoren al atolondrado que tengo por hijo.- dio una pequeña palmada al rostro de su sobrino.

-Buenos días.- murmuró ella ya menos sonrojada.

-Buenos días, tío Erwin. Él es como el Bog of Eternal Stench. Imposible de ignorar, aunque estés a metros de él.- Erwin rió y continuó camino ya alcanzando la puerta que lo conduciría a la siguiente estancia. Jareth sonrió abrazando a Sarah protectoramente, pues, ella ahora ocultaba su rostro en su camisa a la cual se aferraba como si fuera una cuestión de vida o muerte. -¿Estás bien?

-¡Qué vergüenza! ¡Todos ellos nos vieron…!- él rió ante su incomodidad.

-¿Y? Tú eres mi prometida, mi futura reina.

-¡Pero…! ¡¿Qué van a pensar?! ¡Hasta ayer estábamos peleando!

-Van a pensar lo que deben pensar. Que estamos… conociéndonos un poco mejor, como cualquier pareja. No hay nada de qué avergonzarse.

-¡Pero, Jareth; van a creer que estamos locos! ¡Ayer me encerraste en el oubliette, y yo estaba que explotaba de rabia y…!

-Estamos locos, mi mascota.- acarició con dulzura su mejilla. -Y, tú siempre estás que explotas de rabia.- rió apaciblemente llevando su mano a los labios. -Y yo soy el Rey Goblin. ¿Cómo sino, podríamos vivir en medio de todos éstos?- señaló a una horda de goblins que entraron corriendo, riendo, cayéndose, gritando, cantando y arrojándose cosas hacia la sala del trono. Sarah no pudo evitar reír.

-¡Ellos se están tocando!- clamó uno. Risas cómplices.

-¡Él siempre busca pretextos para toquetearla!- opinó otro y el resto dejó escapar las más francas risotadas. Jareth suspiró ante su desorbitada novia.

-Por favor, no los oigas.- la dejó un momento para ir hacia el numeroso y risueño séquito. -¡CÁLLENSE!- ordenó y hubo un silencio absoluto. -¡Y en cuanto esté a solas con ustedes, les voy a enseñar a respetar a su rey y a su futura reina!- agarró algunos de las orejas y a otros los pateó o arrojó hasta lanzarlos dentro de la sala del trono. Los que se salvaron de sus castigos huyeron antes de que se diera cuenta. El monarca volteó hacia su prometida con un carraspeo. -Bien…- se acomodó el chaleco y las mangas de su camisa. Le brindó una gran sonrisa yendo hacia ella. -¿Todavía con apetito?

-S-sí.- respondió aún azorada. Él tomó su brazo que acomodó sobre el suyo y la guió hacia el comedor, no sin mirar por su hombro a los goblins que seguían divirtiéndose a su costa en la arcada del salón real, lanzándose y lanzándole besos, abrazándose a sí mismos, entre otras cosas. A los oídos de Jareth llegaban las escondidas risitas, al igual que a los de Sarah. Ésta, curiosa hizo ademán de girar su rostro, mas, su compañero se lo impidió.

-¡No!- clamó haciéndola ver al frente con su mano en la mejilla. -Allí no hay nada que ver, créeme.

El resto del día pasó armonioso. Desayunaron y almorzaron con la familia, hablaron de cuánto tardarían en llegar a sus tierras, puesto que partirían en carruaje. Les hicieron jurar que no olvidaran que les habían prometido visitarlos antes del casorio. De todo lo que iban a hacer en la finca; de lo bien que les vendría unos días de descanso antes de la ceremonia, ya que ésta implicaba un montón de arreglos y más trabajo. Cuando se quisieron acordar, ya los carruajes estaban esperando por ellos en las puertas principales del castillo.

-¡Oh, Sarah!- clamó Alin, mientras se abrazaban mutuamente. -¡Estoy tan contenta de que al fin se entiendan!

-Bueno…, todavía no hace un día que no peleamos, me temo.

-¡Aún así no importa!- clamó ella con optimismo. -Lo que sí importa es que están empezando de nuevo y tratando de ser lindos el uno con el otro. ¡Estoy segura de que cuando vayas a la finca no pararás de hablar sobre él! Bueno, por lo menos no hablarás mal de él.- supuso y ambas rieron recordando las confidencias de los días pasados.

-No prometo nada, pero, intentaré.

-Alin, cariño. Vamos, cielo.- Gontran descendió del carruaje para ayudarla a subir.

-¡Ya voy!- clamó y volvió a abrazar a su amiga. -Recuerda que cualquier cosa puedes hablar conmigo con mi cristal. ¿Lo tienes, no?

-Lo tengo.- sonrió con afecto. ¿Cuándo ella había tenido una amiga como esa en el Aboveground? Se sonrieron una vez más antes de que la fey fuera junto a su marido.

-¡Sarah!- clamó Conrad y riendo la abrazó como si fuera un muñeco de trapo y luego se apartó para verla a la cara. -¡Cuídate de éste pervertido! ¡Ahora que nos vamos no hay quién…! ¡AY…!- gritó cuando sintió un tirón de orejas.

-Hijo mío, querido. VE al coche o te dejaré aquí para que tu primo te hospede en uno de sus oubliettes.

-¡Ouch! No era necesaria esa rudeza.- se quejó frotando la oreja. -Adiós, Sarah.- besó su mejilla y la despeinó como si fuera su hermana menor. -¡Nos vemos!

-Bien, Lady Sarah. Créame que me voy con la entera tranquilidad de que mi sobrino se hará completamente responsable de usted. Él es un gran hombre.- sonrió viéndolo.

-¡Tío!- protestó. -Me avergüenzas.

-Es sólo la verdad. My Lady.- tomó su mano y la llevó a sus labios. -Estaré ansioso esperando volver a verles.

-Gracias, Sir Erwin.- le correspondió Sarah. Y se quedó allí, en tanto, el Rey Goblin acompañaba al otro caballero hasta el coche.

-Ella es una muchacha maravillosa, Jareth.

-Sí; lo sé.- suspiró con gozo. -¿Por qué crees que me he tomado tantas molestias?- Erwin rió por lo bajo.

-Muy bien, mi muchacho. Cuídate.

-No te preocupes.- el fey de más edad ingresó al carruaje sentándose junto a su hijo. Tras cerrar la portezuela el monarca asomó la cabeza dentro del vehículo. -¡Ah, me olvidaba! Primos, les he dejado un… presente debajo del asiento. Pero, deben abrirlos una vez pasada Goblin City, sino, se desvanecerá.

-¿Un presente? ¡Qué amable!- festejó Alin viendo a su hermano frente a ella. -¡Gracias, Jareth!

-De nada.- sonrió con amplitud.

-¡Sí, gracias! ¿Y, a qué se debe?

-Bueno…, digamos que es una pequeña muestra de gratitud. Sé que ustedes fueron un gran soporte para Sarah y… asumo que es gracias a ustedes que nos estamos entendiendo.

-¡Oh, qué dulce!- se mofó Conrad. -Cuando vayas a casa, te recibiré con una rosa en la boca.

-Por favor, Conrad.- le sonrió con sorna. -Cuando vaya a tu casa, llénate la boca de ellas.- hilarante se apartó del carruaje y dio la orden de que partieran. Conrad estalló también en carcajadas.

Ni bien cruzaron los portones de Goblin City, los dos hermanos, ansiosos como niños, buscaron entre risitas bajo sus asientos las cajas envueltas y adornadas con moños que, su primo, el Rey Goblin les había reservado.

-¡No puedo esperar más!- exclamó ella, ya con el obsequio sobre su falda, al igual que Conrad. -¡Quiero ver qué me regaló!

-¡Lo que sea, seguro que no es ropa! Cada día estás más gorda y es imposible saber qué talla tienes.- Alin lo fulminó y le pegó una patada desde su asiento.

-¡Ay-a!

-¡La próxima te irá peor!- le advirtió.

-¡Abran sus regalos y que haya paz!- reclamó su padre que seguidamente observó a su yerno. -Éste será un viaje muy largo, Gontran.

-Cualquier cosa cambiamos lugares, Erwin. No te preocupes.- Los otros dos ya no los escuchaban, rompiendo la envoltura; seguidamente, ya con las cajas abiertas.

-¿Por qué me regaló una alforja con alimentos y una bota con…- la abrió olió el contenido -agua?- se quejó Conrad. Alin se burló de él y miró el interior de la suya.

-¿Una manta? Debe ser por si refresca durante el viaje. ¡Qué considerado!- fue lo primero que vio y la tomó para dársela a su esposo y así poder ver qué más había. Conrad espiaba el contenido del obsequio de su hermana. Una lámpara y un recipiente con paños. Sus rostros se transformaron en expresiones indescifrables y se vieron consternados. -¡Oh, no!- se lamentó ella llevándose una mano a la cabeza.

-¿Qué sucede, amor?

-¡Nada!- sonrió de repente cerrando la caja. Su padre observó tanto a uno como a otro y sonrió sacudiendo la cabeza de un lado a otro.

-¿Nada? ¿Nada? Tralalá.- les dijo. Pues, eso era algo que él frecuentaba decir cuando los pescaba envueltos en alguna travesura y ellos les respondían que no estaban haciendo 'nada.' -¿Pensaron que no se daría cuenta?

-¿Ya anduviste metiendo tu linda naricita en problemas ajenos, cariño?- Gontran le sonrió con amor.

-¡Oh…!- se arrellanó más en el asiento y él la trajo riendo hacia sí.

-¡Bueno, por lo menos, puso comida y agua fresca en el mío!- Conrad no pudo evitar reír con ganas. -¡Ese sinvergüenza! ¡Siempre se entera de todo!

-Y tú aún insistes en jugarle bromas.- le recordó su padre risueño.

Jareth se dirigió hacia Sarah con la vista fija en su persona. Ella estaba mordiéndose el labio, en tanto, veía el carruaje alejarse. ¿Casi todo un mes a solas con el Rey Goblin?, pensó tragando saliva. No podía evitar ponerse nerviosa.

-¿Asustada?- le cuestionó la masculina voz frente a ella, en tanto, las manos se apoyaron en su cintura.

-¿Por qué habría de estarlo?- él acercó sus labios sugestivamente; sus párpados entornados.

-Tú dime.- murmuró. Ella no podía moverse, y no podía hablar. ¿Le parecía o sus piernas estaban temblando?

-No tengo nada por lo qué temer.- porfió ella, aunque sentía más deseos de salir corriendo y meterse bajo la cama como una niñita acobardada. El Rey Goblin rió por lo bajo.

-Me alegra oír eso, cosita.- la besó fugaz. -Ven, vamos a prepararnos para nuestro paseo.

-¡Oh!- clamó, pues, ya casi se había olvidado. -¿Dónde iremos?

-Sorpresa.- le sonrió direccionándola hacia el interior del castillo.

-¡Pero, necesito saberlo para que Twig me ayude a escoger el vestido apropiado!- refutó ella. Ambos estaban por ascender las escaleras que los llevarían a sus alcobas.

-Tú no te preocupes. Twig sabe perfectamente qué hacer.

-¡Pero…!- intentó protestar otra vez.

-Pero, nada.- la dejó junto al cuarto. -Dentro de una hora pasaré a buscarte.- le guiñó un ojo antes de desaparecer.

-¿Twig,- cuestionó Sarah cuando la goblin vino a asistirla con el baño y las vestiduras -tienes idea a dónde él piensa llevarme?- Twig amplió su maternal sonrisa.

-No, My Lady. Ninguna. Sólo me dio instrucciones de cómo usted debería lucir para la ocasión.

-Oh.- hubo un silencio. -¿Y…, no tienes ninguna idea por sus indicaciones?

-Sinceramente, Lady Sarah, no.- tras terminar de ajustar el corset, se dirigió al guardarropa y seleccionó un vestido color avellana cuya falda era adecuada para montar. No era tan ornamentado como los otros, pero, no dejaba de ser hermoso en su simpleza. Viéndolo bien, la muchacha lo comparó con el que había traído consigo del Aboveground. Sólo que su cuello era en forma de bote, y la cíngula que llevaba era en verdad de oro.

-Es bonito.- sonrió. -Parece cómodo.- opinó, en tanto, Twig le ayudaba a ponérselo.

-Sí que lo es. Ahora, su cabello… Déjeme ver…- se puso frente a la muchacha y la examinó reflexivamente. -¡Lo tengo!- De inmediato formó una trenza cocida con delgadas cintas de oro. -Simple, pero, aún para una reina.- dijo con orgullo. Sarah sonrió ante el trabajo.

-¡Oh, Twig! ¡Eres grandiosa! ¡¿Cómo puedes hacer que alguien luzca tan bien en sólo minutos?! ¡Y sin usar magia!- la abrazó contenta, por lo que la goblin rió complacida. -¡Gracias!

-No es nada, My Lady. Para mí es un orgullo servir a mi futura reina. Y aún, si no fuera así, igualmente sería un honor, Lady Sarah.- la chica no pudo evitar emocionarse. Con Twig se sentía cuidada y aconsejada como… ¿una madre? Ciertamente no podía estar segura de ello porque ella no conocía muy bien ese concepto, salvo el egoísmo de su madre y el descontento de Karen.

-El honor es mío, Twig.- la miró a los ojos y posó un beso en su mejilla. En eso, alguien golpeó la puerta. -¿Sí?- Sarah dirigió su mirada hacia la misma. La goblin quedó anonada, y llevó una mano a donde había sido besada.

-¿Sarah? Soy yo. ¿Ya estás lista?- se oyó la voz del monarca.

-¡Casi!- respondió y se miró al espejo. -¿Qué dices Twig? ¿No falta nada?

-No, My Lady.- su sonrisa era cálida. -Usted es perfecta.

-Exageras.- rió ella yendo hacia la puerta. Ni bien los vio alejarse, la goblin se asomó para verlos con regocijo.

-En lo absoluto, My Lady. Ninguna mujer es más adecuada que usted para sentarse en el trono junto a nuestro amado rey.

-¡Vaya, vaya!- sonrió Jareth al verla salir de la alcoba. -¿Hay algún color que no te favorezca, cosa preciosa?- tomó su mano y la llevó a sus labios. Ella rió como una colegiala ante el elogio. Bueno, lo era; o lo había sido, al menos.

-Supongo que habrá uno o dos.- dijo cuando él se volvió a incorporar. Él usaba su chaqueta de cuero marrón, pantalones grises, botas y guantes negros que tal parecía eran parte de su persona; la camisa blanca con un cuello drapeado que permitía ver su pecho y un chaleco gris bordado con hebras de plata. Sarah recordó que con ese mismo atuendo le había encontrado en el túnel de las falsas alarmas. Le había parecido tan aguerrido en aquel entonces, que no había podido evitar temblar. Claro que en aquel momento, como siempre que sentía miedo, se envalentonó y soltó la primera frase que vino a su mente: "¡Es muy fácil!" Aunque, aún en ese instante, no había podido evitar advertir su masculinidad, su embriagador perfume cuando se aproximó a ella para cuestionar si disfrutaba de su laberinto. Y… sí, por un momento, hasta había llegado a pensar que quizás la besaría. Y los nervios de eso la llevaron a apartar su mirada y dar aquella respuesta que lo hizo enfadar.

-Lo dudo. Tú eres encantadora de todas formas y colores.- acomodó su mano sobre su brazo y la guió por el pasillo.

Sarah no pudo evitar notar que no se dirigían a la puerta principal del castillo, al contrario, iban hacia arriba. ¿Qué tendría planeado? Él la observó por el rabillo del ojo risueño, seguro de que no esperaría lo que tenía reservado para ella, y de que estaba ansiosa y temerosa por preguntar al respecto. Al fin, tras unas cuantas escaleras, llegaron a una puerta. -Bien…- sonrió el fey con la mano en el picaporte. -Aquí llegamos, mi querida. ¿Lista?

-Eso creo.- respondió aún insegura.

-No hay nada que temer, mi conejita.- un brazo rodeó su cintura para darle valor, y abrió la puerta. Aquello era como una gigante atalaya, donde la muchacha quedó casi congelada al advertir que en el medio de ésta, reposaba un enorme dragón.

-¿J-Jareth?- cuestionó preocupada. Él de inmediato la abrazó.

-No temas. Él es nuestro transporte.- le sonrió y ella lo observó sorprendida, luego, a la bestia. Advirtió la silla de montar que casi parecía ridícula en el lomo de la criatura. -No nos hará daño. ¡Eah, viejo Drakke!- clamó y el animal volteó su cabeza para verle.

-Su Majestad.- habló su voz cavernosa. -¿Quién es esa bella jovencita que tanto empujas hacia ti?- había un dejo de broma.

-Ella es Sarah, Drakke. La futura Reina Goblin.- Los ojos del reptil parecieron sorprendidos.

-¡¿La famosa Sarah Williams, no es así?!- rió con soltura. -Un placer, My Lady.

-Gracias.- sonrió ella sin saber qué decir. ¡Estaba hablando con un dragón, por todos los cielos! Éste era el Underground; se recordó. -Mh… ¿Por qué famosa?- cuestionó no sin intriga.

-¡¿Por qué?!- se asombró el dragón. -Mi niña, tu humildad es sorprendente. Resolviste el laberinto y derrotaste a éste engreído soberano a quien le robaste el co…- el carraspeo del soberano lo irrumpió. -el cobijo.- rió por lo bajo con el sonido y la pausa que solamente otorga la sabiduría.

-¿El cobijo?- ella observó a Jareth confundida. Éste le sonrió aliviado.

-La defensa, el escudo.- arregló con una amable sonrisa para seguidamente ver retador al dragón.

-Bien, bien, jovencitos. ¿Van a montar o se quedarán toda la noche allí?- los apuró Drakke.

-¡Tienes razón!- él tomó a Sarah de la mano y fueron hacia al dragón. Sarah parecía tener cierta aprehensión.

-¿Te asusto, pequeña?- cuestionó Drakke amablemente.

-No. Sólo que eres… ¡impresionante!- la bestia volvió a carcajear.

-No lo digas dos veces o alguien se pondrá inquieto.

-Drakke, amigo;- el rey se apartó de Sarah en dirección a la cabeza del nombrado; la voz era cortés, pero, amenazante -¿te comenté lo bien que me haría un nuevo ajuar de cuero? El verde me sienta bien, ¿no crees?

-¡Niño irrespetuoso! Sube antes de que yo crea que me haría bien un pequeño aperitivo con un enorme ego.- retrucó sin verdadero enojo. Sarah no comprendió mucho lo que se estaban intercambiando esos dos, además, estaba todavía extasiada acariciando las brillantes escamas del dragón. Oyó que Jareth rió y se aproximó nuevamente a ella.

-Vamos, cosita. Sujétate de mí.- la chica, con sus brazos rodeó su cintura, y aparecieron sobre el lomo del dragón donde Jareth la levantó en brazos y caminó hacia el asiento. Sarah se sujetó fuerte de su chaqueta. Y se sintió más calma cuando él se sentó y la acomodó de costado, frente a él. -Ahora…,- le indicó ajustando unas correas alrededor de ambos y acomodándole los brazos nuevamente alrededor de su cintura -no te sueltes. Y…, - la rodeó con los suyos a su vez acortando más la distancia entre ambos, -yo tampoco te soltaré.- Sarah miró hacia arriba, y se halló con una sonrisa que creyó que la haría derretir como manteca. -¿Preparada para la aventura?

-¡Vivo para ello!- logró sonreír.

-¡Esa es mi chiquitita!- besó su nariz riendo. -¡Muy bien, Drakke; levanta vuelo, viejo amigo!- Y las alas del dragón comenzaron a moverse lentamente, pero, con una potencia increíble. Pronto, el pesado cuerpo se elevó entre las nubes.

Drakke era cuidadoso en su vuelo, a veces reía amablemente por los comentarios de la pareja, otras veces, hacía comentarios sobre lo que estaban sobrevolando. Sarah decidió que el dragón en verdad tendría varios milenios en su haber y que tenía una personalidad plenamente serena.

Sarah no daba crédito a sus ojos. Ya el hecho de estar montando un dragón, que éste pudiera hablar, y que… ella en verdad estuviera en una especie de cita con el Rey Goblin era impresionante. Disfrutar del atardecer desde esa altura, abrazada por él, abrazándolo a él... Y la vista del castillo a lo lejos, de la apacible Goblin City, de todo Labyrinth, era algo indescriptible. Atravesar las pocas nubes como si fueran a volar hacia las estrellas…

Jareth le enseñaba todo el Underground con gran placer. Que las montañas; que el océano; que los bosques; que el desierto; que los reinos vecinos. Jamás se hubiera imaginado en su primer viaje que existiera tanta variedad. En realidad, nada de lo que ahora estaba viviendo pudo haberlo considerado como cierto. Si en aquel entonces alguien le hubiere sólo insinuado algo así se hubiera reído y mucho. '¡Oh, sí, cómo no! ¡El Rey Goblin y yo! ¡Seguro! ¡Nunca posaría mis ojos en ese ladrón de niños!' Y ahora, se le hacía difícil mantener los ojos fuera de él… Para ser sincera, antes también le resultaba trabajoso apartarlos.

-¡Allí, Drakke!- exclamó Jareth señalando los límites de un bosque dentro de sus tierras. Bosque que Sarah creyó reconocer. El dragón descendió con cuidado, a su alrededor, todo se agitaba como si estuviera por largarse una tormenta.

-¡Lo siento!- exclamó el mismo a una enfadada familia de ardillas que comenzó a protestarle desde la seguridad de su madriguera. -Los más pequeños son los más quisquillosos.- comentó por lo bajo doblando su largo cuello para hablar a sus pasajeros. Sarah rió.

-No te preocupes. Ya se les pasará.- comentó Jareth desatando las correas de seguridad de la muchacha y él. Tomándola una vez más en brazos, se transportó sobre tierra firme donde la dejó pisar suelo. -¡Gracias, Drakke! ¡Volveremos por mi cuenta!

-Poca diversión, entonces.- sonrió el dragón. -Mi encantadora niña, cuando necesites de mis servicios, estaré a tu entera disposición.

-Gracias…, Drakke. Y, gracias por el vuelo.

-Eres bienvenida, futura Reina Goblin. Ahora, pequeños, aléjense sino quieren verse envueltos en un remolino.

-¡Hecho!- clamó el rey y sujetando a Sarah volvió a desaparecer, y nuevamente el dragón comenzó a agitar sus alas.

-¡Él es sorprendente!- clamó Sarah caminando tras él que la guiaba de la mano a través de unos árboles.

-Él es tan viejo como el Underground mismo.- sonrió Jareth.

-¿Él te pertenece?- cuestionó con candidez.

-Algo así. En realidad…, viene a mí por propia voluntad.

-¿Por qué?

-Bueno…, le salvé la vida cuando esos… ignorantes con armaduras pretendían eliminarlo. Drakke no es del tipo de dragones que va destruyendo aldeas. Él es muy sabio.

-¿Aquí?- sonó incrédula. Él se detuvo para verla a los ojos.

-No, conejita. En el Aboveground. De eso ya hace cientos de años.

-Oh. Entiendo.- pareció apenada. Él le sonrió confidente y acarició su mejilla. -¿Los humanos no estamos muy bien vistos aquí, verdad?

-Pues…, la mayoría no tiene problemas en relacionarse con ellos; o por lo menos con cierto grupo de ellos.- reinició la marcha. -Artistas; soñadores; científicos… Niños. Especialmente con los niños.

-¿Amigos invisibles?- indagó suspicaz.

-Sí. Amigos invisibles que son olvidados cuando la razón mata a la fantasía.- Sarah se mordió los labios. ¿Entonces, ella nunca tuvo fantasía? Él pareció presentirlo, porque detuvo su andar y la trajo hacia sí. -Sarah, tú siempre tuviste un corazón lleno de fantasía. Si… nadie fue a por ti, es porque… éste era el momento, porque no tenía sentido hacerte conocer más de lo que ya conocías. No hasta que vinieras a mí.- ella pareció sorprendida.

-¿Qué quieres decir?

-Destino. Te he esperado toda una larga vida, Sarah. Todo lo que he querido, todo lo que he anhelado está en ti.- El cuero de sus guantes acarició su faz con reverencia. Ella sintió un escalofrío en todo su cuerpo. Estaba asustada. Y sentía ganas de llorar, pero, no podía hacerlo. ¿De qué le estaba hablando? ¡Ella no sabía nada de eso! ¡Eso… no podía ser cierto! -Sigamos.- sonrió afectado apoderándose de su mano una vez más. "Demasiado joven, demasiado inocente." se dijo con un suspiro. "Tiempo. Y tiempo es lo que no nos sobra."