CAPÍTULO 27: UN PEQUEÑO ARDID.
N/A: ¡Hola! ¡Wow! ¡Vaya sensación que resultó el viejo Drakke! Y como siempre, ¬.¬ Conrad.
-¡Sí, YO! ¡YO!
-Por favor, en la esquina están regalando cerebros, ve que quizás tengas suerte.
-Bueno, lo haré por ti, pero,- me mira con cara de compasión y palmea mi cabeza. -No te enfades de lo contrario… XD.¡POP!
-Creo que mis dientes se gastarán de tanto rechinarlos de rabia… Bueno, ejem, volviendo al tema, T·T ¿Cómo corregiré a Conrad si a ti Lain3X, te parece que está más tierno y encantador, y tú Krissel, te citas con él en el One-eyed Chicken? ¡Hasta moonlightgirl piensa que es un amor! (Por cierto, gracias por tus palabras bonitas y cheverísimas ; ) )
-Todas ellas tienen razón.- (voz en off) -Soy un amor, tierno, encantador y divertido. ¡Jareth se morirá de envidia! ¦ D ¡¿Oíste eso, primito?!- aparentemente voz alejándose.
-¡¿No ven que así no se puede educarlo como un caballero?! Por cierto, Krissel… ¬.¬ ¿esas no serán las flores que Jareth le indicó que se pusiera Conrad en la boca? Bueno, como sea, no te fíes, haber si explotan o algo… Uno NUNCA sabe.
Bueno, ahora sé que no podría dedicarme a la política, Krissel. Creo que no me saldría ni aún queriendo. (jeje) Ahora, bien, con respecto a ese diálogo en especial, "te llevaré conmigo a donde vaya... menos a las guerras, claro," es sólo como decir que nada lo apartará de ella, al menos que crea que hay un riesgo para su amada Sarah. Si insinúo los de las guerras en ese aspecto y en otros, es simplemente para hacerlo más real, o sea, que tampoco es todo rosa en el Underground y tienen sus problemas como todo mundo, pero, actualmente, todo está en calma por aquí. (Tú no estás al tanto por ir a ese ambiente de goblins borrachines y un fey que no tiene ni pizca de sentido común). Me alegro que te hayan gustado los goblins diciendo naaaaaaaada más que la verdad. :) Me gustó mucho escribir esa parte, al igual que la de Jareth y los regalos para sus primos. Creo que fue un resumen de cuán pícaro y astuto puede ser un fey…
-Especialmente yo.- AmaterazuHime suspira.
-Sí, especialmente tú. Ahora, Lain3X, dudo que Gontran y Erwin hayan tenido una calma completa, pero, bueno, supongo que un poco es mejor que nada. Y no estarán lejos por mucho tiempo, ya verás. Y con respecto a que la cita será más especial conforme avance… (Risas desaforadas del Rey Goblin) ¿Perdón, Jareth? Estoy tratando de…- lo miro secarse una lágrima de su ojo color miel.
-¡Lo siento! Déjame contestar esta a mí. Sí, Lanu2G…
-Es LAIN3X, no me hagas quedar mal. '- . -
-Es lo mismo, a ella no le importa en tanto sea yo quien le hable, chiquitita.- me mira de pies a cabeza, luego, sonríe. -Y cuando digo 'chiquitita' lo digo en serio.- Yo arrojo mis manos al aire resignada. -Será más y más especial conforme avance. ¿Oye, Amatista, podrías programar otra de esas citas más adelante? Son muy divertidas.
-Es AmaterazuHime. ¬.¬ ¿Me lo estás pidiendo con amabilidad? . (¡estoy ilusionada al respecto!)
-No, te lo estoy ordenando con amabilidad. : D.
-Entonces…,- suspiro -dalo por hecho. T.T - Salgo corriendo. -¡Soy sólo su esclava…! ¡BUAAA…!
-¡Humanos! ¿Quién los entiende? 'º.º
Disclaimer: Estoy llorando porque no me pertenece Labyrinth ni ese sexy y atractivo Rey Goblin. Tendré que conformarme con uno de los míos…
Los árboles eran los más gigantes que Sarah alguna vez pudiera haber visto. Una especie de brillo y leve neblina le daban a los mismos un aspecto entre fantasmagórico y fantástico. Al llegar al claro, la niebla era mínima, y arriba, la bóveda acariciaba la tierra junto a los rayos de luna.
-Muy bien. Aquí es.- le sonrió y tras un giro de su mano, apareció una manta extendida en el centro con varios platos y demás. -Tiempo de recuperar energías. ¿Estás de acuerdo, mi chiquitita?
-Muy.- le correspondió. Y se acomodaron sobre la manta.
-¿Te gusta?- le preguntó llenando las copas.
-Es imposible que no. Tenías razón. Underground es… inmenso y está lleno de sorpresas.
-Me alegra oírlo, Sarah.- sonrió con languidez. "Por lo menos, le gusta el mundo. ¿Seré parte de las sorpresas?" La cena transcurrió con cortesía y cierta incomodidad. Era irrisorio el saber que el hecho de que estuvieran siendo más civilizados podía incomodarlos.
-¿Y…, entonces, qué planes tenías antes de… venir aquí?
-¿Antes de venir?- ella suspiró antes de responder. -Supongo que… estaba algo indecisa.- reconoció ella por primera vez. Él la escuchaba con interés. -Cuando niña, siempre soñaba con ser como mi madre, incluso… hasta hace poco… Tú lo sabes; la actuación en el parque y demás…
-Una excelente actuación.- le sonrió él con dulzura.
-Bueno, nunca me nominaron para un Oscar.- rió ella.
-¿Es… un premio, verdad?
-Sí.
-Ignóralos.- hizo un gesto despectivo con su mano. -Yo te premiaré con un reino. Que se queden con sus figurines.- rieron juntos. -¿Y, luego?
-Luego, durante… mi primer viaje aquí, se me cruzó la idea de escribir historias o… algo así. No sé…, me di cuenta de que no quería ser como mi madre, y pensaba… contar mis propias experiencias… aquí y allí.- Ésta vez fue el turno de él de suspirar.
-Quizás…, pueda ayudarte con eso. Como reina, tendrás algún tiempo libre y… si gustas seguir con ese proyecto tienes mi conformidad. ¿Es de tu agrado?- ella no supo qué responder. Sí, era de su agrado. ¿Pero, qué era eso de 'tienes mi conformidad'? ¿No era que debía recordar que él no era su padre? ¿No habían sido esas sus palabras?¿Y, ahora, debía tener su autorización para hacer algo?
-Sí.- consiguió decir dejando pasar eso de lado; evitando ahondar en el tema que seguro se dirigiría a una nueva confrontación. -Pero… ¿qué sentido tiene escribir aquí sobre historias fantásticas? ¿Quién las va a leer?
-Se puede llegar a un arreglo en el Aboveground. Te dije que tengo conexiones. ¿Recuerdas, el vino?- le señaló la botella.
-Cierto.- sonrió y se mordió los labios. Por un momento quedaron nuevamente en tenso silencio, picando un poco de esto y aquello. En determinado momento, sus miradas se cruzaron y sintiéndose entorpecidamente ridículos se tentaron y se largaron a reír. -¡Lo siento! ¡No sé qué se apoderó de mí!- se excusó ella entre risas. Jareth se calmó y la miró con intensidad. "Yo sí sé qué y quién se adueñó de mí, mi nena."
-Está bien. Yo tampoco sé qué me pasó. Falta de costumbre, supongo.
-Sí.- respondió con timidez. Cuando ninguno de los dos quiso tomar más bocado, él hizo que todo se desvaneciera como había aparecido, salvo la manta. Se puso de pie y extendió la mano hacia ella para ayudarla a incorporarse.
-Sentémonos allí.- indicó un tronco caído. La hizo acomodarse y él se ubicó junto a ella como si el madero fuera una cabalgadura. -¿Estás bien? ¿Tienes frío?
-No. La noche está fresca, pero, no tengo frío.- dijo ella. Se sentía nerviosa; estaba a solas con él, en medio de un bosque, seguramente no habría nadie a miles de distancia, y toda su familia estaba camino a su finca. ¿Por qué no trajo el cristal que le regaló Alin consigo?
-¿Fresca?- cuestionó y la abrazó trayéndola hacia sí. -¿Mejor?- habló en un susurro.
-S-sí. Gracias.- él besó su sien y suspiró viendo al cielo. Encima de sus cabezas, la luna parecía querer competir con el sol, soberbia, redonda y fulgurante. -Luna llena.- murmuró distraídamente y ella elevó la cabeza para verla.
-Es preciosa, ¿no?
-Sí.- la miró a ella. -Muy preciosa.- Sarah lo espió de reojo y se mordió los labios. Él hizo una pacífica sonrisa. -¿Puedo besarte?- Sarah abrió sus ojos azorada.
-¿Estás… pidiéndome permiso?- él la observó entre divertido e inquieto.
-Bueno, sí. Temo que… si te beso sin previo aviso te escapes. Tal… parece tienes miedo de que me transforme en el lobo feroz.- bromeó y ambos rieron.
-Lo siento. Yo… no estoy habituada.- suspiró. -A veces… me siento… muy torpe.
-Bueno, a veces yo me siento demasiado torpe también…
-¡Eso no es cierto!- exclamó incrédula. -Tú… siempre estás seguro de lo que haces.- él sonrió.
-¿Realmente?
-¡Sí! Quiero decir, eres un rey, los reyes no tienen dudas.
-¿Entonces…, una vez que seas mi reina ya no tendrás dudas?- la observó con profundidad. Ella descendió la mirada. "¿Cómo saberlo? Hasta hace unos días mi mayor preocupación eran mis calificaciones. ¿Cómo saber si llegará el día en que no tenga dudas?"
-Yo… no sé…- se sentía pequeñita y desamparada.
-Yo te voy a ayudar, Sarah. Tú no estás sola, mi chiquitita.- él se inclinó para posar un cálido beso en su mejilla y dejar seguidamente la cabeza sobre el hombro de ella, absorbiendo el perfume de la piel de su cuello, en tanto, sus manos acariciaban sus brazos, que luego la aferraron como si temiera perderla. Sarah cerró los ojos y dejó caer más su cuerpo sobre él. Y se mantuvieron así por un tiempo indefinido. Ninguno de los dos hizo movimiento alguno salvo para respirar. Cada quien parecía estar sumergido en sus pensamientos, ignorando que en algún punto, coincidían como piezas de un rompecabezas. Sarah no supo en qué momento sus manos se habían posado sobre aquellas más grandes y forradas en cuero que la aferraban contra sí. -Ahora… ¿ya puedo besarte?- Sarah tiritó. ¡¿Por qué no sólo lo hacía y ya?! ¡¿Por qué le cuestionaba?! ¡¿Acaso buscaba ponerla en una situación difícil para acrecentar su ego?! Frunció levemente el entrecejo. Él la espió. -Si no me respondes lo consideraré como un desafío.
-Entonces…- su voz fue débil y se aclaró la garganta. -¡Entonces, considéralo como se te dé la gana!- se enfadó. Jareth la observó sorprendido, y luego sonrió. ¿Con que… la ponía nerviosa, eh? Rió para sus adentros.
-¡Muy bien! ¡Tiempo para compartirte con el Rey Goblin!- clamó y tomándola de los hombros la obligó a girar y se apoderó de sus labios con pasión. Ella trató de empujarlo, mas, como siempre, él ganaba en fuerza y perseverancia. En cuanto ella respondió, el beso se tornó en algo suave y tierno, en momentos, él permitía que fuera ella quien guiara, retomando el control cuando ella parecía renunciar. Finalmente, ambos quebraron el beso viéndose agitados para volver a llenar sus pulmones de aire. -Eso fue… recíproco, mi mascota.- comentó con triunfo.
-¡Eso fue abusivo, Rey Goblin!- espetó ahora ofendida con las mejillas ardidas por su insinuación soltándose de su abrazo.
-¿Abusivo? ¿Y…, qué esperabas del Rey Goblin?- hizo una mueca burlona. Sus ojos brillaron con maldad. -¿Un permiso como de cierto niño que intenta ser bueno?- Sarah lo observó con preocupación. ¿Niño bueno? ¿Acaso…, en verdad él…?
-¿Qué quieres decir?- cuestionó inquieta. El Rey Goblin intentó no reír, por el contrario, fingió indiferencia acomodándose los guantes.
-Nada.- formó una esfera en su mano con la cual comenzó a jugar como acostumbraba. Sarah no podía evitar fijar su vista en el cristal y en él alternativamente.
-¡¿Nada?! ¡¿A quién te referías con lo de 'cierto niño bueno'?!- exigió alentada por sus nervios.
-Corrección.- aclaró él. -'Cierto niño que intenta ser bueno.' Hay una gran diferencia en intentar y ser, conejita.- le sonrió con truhanería. Ella abrió sus labios para pronunciar palabras que no salieron por la impresión de que sus temores fueran ciertos. -Hablando de eso, y ya que estamos en medio de un bosque…; dime, mi nena, ¿qué tal un pequeño juego?- le ofreció la orbe.
-¡Yo no quiero jugar ningún juego contigo, Rey Goblin!- se puso de pie y se apartó. Él sólo sonrió más sin que ella lo viera.
-¡Vamos, vamos, Sarah! Te contradices.- le dijo serio. -Tus labios dicen que no, mas, ya has hecho tu primer movimiento.- su voz fue sugestiva y espinosa.
-¿Qué… significa eso?- giró viéndolo alarmada. Él se puso de pie, sus manos ahora en sus caderas y su cabeza cayó hacia uno de sus hombros. Su mirada seguía siendo traviesa.
-¿Hay algo que alguna vez entiendas?
-¡Yo no soy tonta!- clamó ella mosqueada. Él elevó las cejas junto a un suspiro arrojando la esfera sobre su hombro con negligencia, la cual se disolvió una vez que tocó el suelo y una ráfaga se extendió por todo el territorio. Sarah sintió la esencia del Rey Goblin crecer con éste acto.
-Si tú lo dices…- volvió a verla con jocosidad. -Pero…, Sarah; si yo estuviera en tu lugar… ¡vaya, vaya, que correría!- sonrió como un depredador a punto de abalanzarse sobre su presa dando lentamente un paso adelante.
-¡Espera!- ella hizo ademán de detenerlo con su mano. Él obedeció. -¡Contéstame algo!
-¿Otra pregunta?- suspiró fingiendo cansancio. -¿Qué es ésta vez?
-Cuando dijiste eso de 'cierto niño que intentaba ser bueno…' ¿exactamente a quién te referías?- "¡Por favor, que no esté loco! ¡Por favor!"
-¡Oh…!- aparentó asombro. -¿Qué? ¿Ya comenzaste a extrañarlo? ¡Olvídate de él, Sarah! Yo soy el más poderoso y magnífico.- sonrió con travesura ante su amedrentado rostro. -Yo soy el grandioso, magnánimo y siempre irresistible Rey Goblin.- comenzó a avanzar y ella a retroceder por cada paso suyo, aún manteniendo una buena distancia entre ellos. -Y…, por otro lado, si haces memoria, en el libro decía así: "Pero, lo que nadie sabía era que el Rey de los Goblins estaba enamorado de la chica…"
-"…Y él le había dado ciertos poderes."- lo desafió pretendiendo tener la entereza y las armas con qué enfrentarle; después de todo, alguna vez le había vencido; intentó darse ánimos. Él rió por lo bajo con un dejo de saña.
-Y, aquí viene la nueva versión.- advirtió con una presumida mueca en los labios. -Y una noche…, cuando el Rey Goblin había sido particularmente cruel con ella, ella llamó a los goblins por ayuda.- agrandó su sonrisa. -¡Qué pena que los goblins serían incapaces de ir contra su propio rey!
-No…- murmuró ella viendo que él parecía no tener intención de detener su andar. -¡Déjame en paz! ¡Seré tu esposa! ¡¿Qué más quieres?!
-Todo.- fue la única palabra que salieron de sus labios. -Si quiero puedo tener por esposa a un trozo de hielo, pero, tú sabes…, quizás se vería bonito junto a mi trono, mas…, no sería suficiente para… satisfacerme, mi Sarah.- Los ojos de la muchacha no podían ocultar su temor.
-¡Jareth…, por favor!- pidió rogando que al llamarlo por su nombre volviera en sí.
-¡Vamos, vamos, mi conejita!- sonrió divertido. -¿Jareth? ¡Yo soy el Rey Goblin, no ese insolente bueno para nada! Bueno…, al menos debo agradecerle que te haya atado a mí.- se detuvo un momento y exhaló meditabundo con una mano en su barbilla. -Sí; es lo único bueno que puedo decir de él.
-¡Tú estás loco!- gritó ella. -¡Aléjate de mí!- le ordenó cuando él retomó su camino.
-Corre, conejita.- sonrió. -La cacería ha dado comienzo.- Sarah quedó perpleja y se dio a la fuga. El Rey Goblin tomó su forma animalística y la persiguió sin dejarse ver.
La mortal apenas podía creer que estuviera metida en éste embrollo. ¡Ahora resultaba que estaba comprometida con un demente! ¡¿Qué más podía pasarle?! Podía sentir el aletear de un ave rapaz entre los árboles, mas, intentaba no detenerse, perdiéndose entre la oscuridad. ¡Necesitaba esconderse y pronto!
De repente, halló frente a sí un gran agujero en la tierra. Miró hacia arriba, tal parecía el ave ya no se hallaba próxima. Estudió rápidamente a su alrededor; por el momento, la única opción era buscar refugio en ese oscuro hoyo. El aleteo a lo lejos no la hizo dudar ni un segundo más.
Su primera impresión fue que dentro estaría tan oscuro como para ver siquiera su propia mano frente a su nariz. Ya dentro, descubrió que pese a las sombras, la visión era bastante aceptable, o que la suya se había habituado rápidamente a la oscuridad. Aquello parecía ser un pasadizo que la conducía hacia abajo. ¿Sería alguna entrada secreta al castillo? O mejor aún, quizás…, hacia afuera del laberinto o de toda Labyrinth? Avanzó con una mano siempre tocando una de las paredes, pues, tenía miedo de encontrarse con alguna imprevista profundidad bajo sus pies. Tras unos cuantos minutos de tantear los muros, advirtió que en determinado punto, éstos se abrían tanto hacia los lados como hacia arriba, formando una especie de covacha. Se cuestionó con algo de temor si no estaría ocupada por algún animal, y de ser así…, no quería vérselas con él imaginando el tamaño que éste podría tener. Se mantuvo quieta y en silencio tratando de discernir algún movimiento o sonido que le diera alguna pista de ello. Nada. Dejó escapar una exhalación de alivio. Se dirigió hacia el centro del mismo. Algo se arrastró por el suelo y ella giró sobresaltada llevándose las manos al pecho. Sonrió sintiéndose tonta al advertir que se trataba solamente de un ratón que seguramente se espantó con su presencia. Ahora, sin dejar de ver hacia el nuevamente negro pasaje empezó a retirarse hacia el fondo de la caverna.
-Bueno…, quizás sea mejor ser devorada por un animal salvaje que ser alcanzada por ese…- frunció la nariz con ofensa -¡odioso y maniático Rey Goblin!
-Cuidado con lo que deseas.- la sobresaltó una voz tras de sí a la par que la sujetaron dos fuertes brazos que impedían que ella moviera los suyos por más que peleara. Él estrechó más su agarre logrando que ella permaneciera quieta. -Algunos animales pueden tomar eso como una invitación.- susurró en su oído.
-¡Déjame! ¡¿Qué pretendes?! ¡¿Por qué ahora estás haciendo esto?! ¡¿Qué te hice?!
-¿Qué me hiciste? No sólo se trata de qué me hiciste, si no de lo que me haces, cosita.- besó la curvatura de su oreja. -Si yo te hiciera lo que tú, entonces, nuevamente sería un malvado villano. Según tú, yo no puedo ser cruel, pero, tú…- rió por lo bajo. -Tú y tus bellos ojos pueden ser tan crueles, como yo.
-¡Yo…! ¡Jareth, por favor! ¡Déjame ir! ¡Te… prometo que…!
-Rey Goblin, por favor. ¿E ir? ¿A dónde?
-Al… castillo. A… mi cuarto…
-Veo. ¿Y, qué quieres prometerme, mi querida? Te aconsejo, cosita, que no hagas promesas que no puedas cumplir. Eso…, sólo haría enfadarme mucho más.- siguió susurrándole.
-Yo…- se puso a pensar en eso muy seriamente. ¿Qué podía prometer que no le trajera problemas? -me comportaré… mejor.
-¿En serio? ¿Y…, qué es 'comportarte mejor', Sarah mía? Quizás, yo no quiero que te 'comportes mejor.'- inclinó su cabeza sobre su mejilla.
-Yo… trataré… ser más… educada y…- ¡Oh, ya no podía chantajearlo con su nombre, él ahora era el Rey Goblin y pretendía que lo llamara así!
-¿Y…?- la apuró. "¡¿Qué le digo?! ¡No puedo mentirle o tomará venganza!"
-Y…- sus labios comenzaron a temblar levemente. ¡Se sentía tan frustrada por no poder pensar en algo!
-Muy bien.- oyó que él dijo con los labios sobre su mejilla. -¿Aún me temes, Sarah?
-S-sí.- pudo contestar.
-Entonces, ahora, prométeme que harás lo que yo diga.- su voz fue firme, pero, acariciadora.
-¡¿Qué?!- clamó con su cuerpo sacudiéndose por un escalofrío.
-Promete que harás como yo diga. Promete eso y… te verás fuera de ésta horrible y cruel pesadilla en las viciosas manos del Rey Goblin. Pero…,- advirtió -recuerda tu promesa, Sarah. Porque esa insuficiente imitación de mí no podrá ayudarte. Yo no lo dejaré ayudarte.
-¿Entonces…, tú eres él?
-¿Tú qué crees?- cuestionó dejando que una de sus manos descendiera hasta su cintura y siguiera lentamente el contorno de sus caderas, donde se dedicó a subir y bajar en una constante caricia.
-Quiero decir… si… le obedezco a él… ¿será como obedecerte a ti?- él se detuvo para pensar en dicho punto y se mordió el labio inferior.
-Sí. Casi. El problema, Sarah, es cuando me haces enfadar… Es decir, cuando lo haces enfadar. Entonces, yo emerjo en toda mi gloria.- sonrió ante éstas palabras. -Y, con él disgustado, como yo lo supero en-to-do, yo regreso iracundo. ¿Qué decides, mi conejita? ¿Vuelves con él o prefieres jugar entre las garras de éste devastador y hambriento búho atrapada por siempre en éste mal sueño?- Sarah tragó saliva.
-¿Si te prometo hacer como tú dices… vuelvo con él?
-Sí; estar con él es estar conmigo. Todo lo que él te haga, todo lo que tú le hagas, yo puedo sentirlo. Chica afortunada.- se movió junto a ella en un vaivén de torsos a ambos lados. -¿Cuántas pueden tener dos hombres en uno?- sonrió escondiendo sus labios en su piel. -Un esposo y un amante.- rió. -¿Quieres adivinar cuál de los dos seré yo?
-N-no. Quiero regresar con él.- "Aunque me aterra saber que siempre estarás allí. Espiándome, viéndome todo el tiempo."
-De acuerdo, mi mascota.- la hizo girar y la besó posesivamente.
Sarah despertó hallándose entre los brazos del monarca, ahora recostados sobre la manta. ¿Habría sido un sueño? Esperó a despabilarse por completo para al fin ver hacia el rostro que la observaba con una leve sonrisa.
-¿Ja-Jareth?- inquirió dudosa.
-¿Sí, cosa preciosa?
-¿Cómo…? ¿Nosotros… no estábamos discutiendo…?- él suspiró.
-Eso me temo. Espero no quieras seguir con eso, ¿no? Te desmayaste y yo… 'te atrapé.' ¿Siempre hablas en tus sueños?- indagó con inocencia.
-¿Hablar? ¿Qué dije?
-No sé. Parecías prometerme obediencia o algo así. Pero…, me preocupé cuando hablaste de regresar con él. ¿Acaso…, nuevamente estás planeando dejar mi mundo?- ella quedó perpleja. ¿Qué decirle? ¿Que su otro yo la había amenazado en su sueño?
-No, Jareth. Quiero quedarme aquí.- se aferró a él con cierto temor. -¿Jareth?
-¿Sí, mi Sarah?- su dulce voz la tranquilizaba.
-Por favor…, no lo dejes… ganar.- él la miró con una sonrisa y elevó una ceja.
-¿A quién?
-¡A nadie!- se apresuró a decir con las mejillas sonrojadas. ¡Eso había sido un error! ¡Él era el Rey Goblin, después de todo!
-Creo que estás muy cansada, amor. ¿Regresamos a casa?- cuestionó y ella se quedó pensando en sus palabras. ¿A casa? ¿Podía ella llamar al castillo su casa?
-Sí, por favor. Será lo mejor.- Tras un abrazo, aparecieron en las puertas de sus alcobas.
-Bueno, querida.- aún la tenía de la cintura. -Supongo que sólo queda desearte buenas noches.- le sonrió acortando la distancia de sus labios.
-Sí. Buenas noches, Jareth.- él la miró con diversión.
-Ésta noche me has nombrado más de lo que normalmente haces. ¿Segura que estás bien?
-¡Sí! Sólo…, no quiero que te enfades conmigo.- "¿Y debo asustarte para eso? ¡Cielos!"
-¡¿En verdad?! ¡Qué dulce, mi chiquitita! Y, yo no quiero que te enfades conmigo tampoco.- "Al menos no cuando no lo merezco." -¿De acuerdo? Sé que, a veces, las diferencias de nuestros mundos nos separan, pero, Sarah, éste es ahora tu mundo.
-Lo sé. Sólo… necesito tiempo y… yo estaré bien. Con el tiempo.- "¿Con el tiempo harás las paces con el malvado Rey Goblin dentro de tu cabeza?" se cuestionó él.
-Seguro que sí.- elevó su barbilla con un dedo. -Ahora, descansa bien, mi amor.- sus labios acariciaron los suyos con dulzura. No le exigiría más por esa noche. Sarah cerró los ojos, sin comprender el por qué sentía lo que sentía pese a conocer que quien la besaba era también el Rey Goblin.
-Buenas noches, Jareth.- aspiró su esencia a durazno, y madera una vez más.
-Buenas noches, mi Sarah.- tras otro beso, le permitió ingresar a la alcoba.
