—Ven —pide Prusia. Germania le mira de reojo y asiente, siguiéndole.
—¿A dónde?
—A por cerveza.
Germania sonríe un poco.
—Eso suena mejor. Cerveza y cualquier tema que no sea estas ridiculeces que se me complican tanto.
Prusia sonríe también y busca en su bolsillo las pastillas para dormir que ha ido a comprar antes mientras le probaban ropa.
—Italien ha quedado de cenar con Deutschland. Dijo que prepararía él la comida —Germania tiene haaaambreee.
—Ah, ja? Bueno, West prepara comida buena... ¿estás hambriento? Podemos pedir patatas para acompañar la cerveza.
—West? —pregunta extrañado considerando fantástica la idea de las patatas.
—Mein bruder... Deutschland.
—Bien, ahora si veo que estás entendiendo claramente quiénes son tus bruders.
—West ES mein bruder...
—Claro que lo es, igual que Österreich y Schweiz, no los niños raros de Rom —es que nunca lo va a superar.
—Schweiz me cae bien, pero el señorito nunca va a ser mein bruder.
Germania gruñe un poco sin querer discutirle que Austria siempre va a ser su hermano, si hasta viven en la misma casa…
—Debimos irnos por cerveza hace mucho.
—No debiste decirle a Italien que íbamos por ropa —responde, sentándose en la barra de la cervecería.
—¿Cómo iba yo a saber que era algo tan terrible? ¡No me lo advertiste! —se sienta a su lado y se pasa un dedo por el cuello de la camisa, abriéndose un par de botones a jalones y pensando que esta ropa es incoooomoda.
—¡Sí te lo advertí! —chicos, estáis en un bucle... una camarera rubia con el pelo trenzado y dos grandes... razones para llamar la atención se les acerca.
Germania levanta las cejas y le mira directamente en la zona en cuestión, con los ojos bastante abiertos.
—Guten tag, ¿chicos, qué vais a tomar? —les pregunta sonriendo al notar las miradas, moviéndolas un poco porque a Prusia se le van también los ojos antes de cerrarlos y carraspear.
—Ehhhh... —aún mirada desorbitada antes de sonrojarse un poco y tratar de desviar la mirada—. Cerveza.
—Esta es una cervecería, tenemos una larga selección de ellas, ¿Cuál os apetece? —pregunta aun sonriendo amablemente—. Están escritas en esas pizarras...
—Ehhhh... La... Más rica que tengan —atina a decir Germania mirando la pizarra sin entender realmente lo que lee en este idioma moderno.
—De Bayern, de doble malta, dos... —suelta Prusia con los ojos cerrados —. Y patatas fritas.
—E-Eso... Y... Con poca espuma —murmura el germano sonrojado, mirándola otra vez sin poder evitar... que se le vayan los ojos.
—Estupenda elección —sonríe apuntándolo y yéndose.
Germania se inclina intentando ahora verle el trasero. Prusia abre un ojo por fin y Germania le da una palmada en la espalda sonriendo. El menor se asusta un poco y le mira sonriendo también.
—Vaya.
—Was?
—Ehm... —carraspea —, nada, nada.
—Te va a gustar esta cerveza, si quieres luego pedimos otras y las pruebas.
Germania se acomoda más y sonríe un poco.
—Bien, este parece ser un buen sitio. Tengo un sohn listo —más palmaditas. Prusia sonríe orgulloso con eso—. ¿Por qué no me cuentas un poco sobre ustedes y cómo es que ahora son los más poderosos?
—Pues noso... —Prusia se queda en silencio cuando vuelve la camarera y les sirve las cervezas y las patatas.
—A...ja? —le mira de reojo frunciendo el ceño un poquito y luego mirando a la camarera.
—Was? —pregunta mirando a su padre otra vez una vez la chica se ha ido.
—Que me estabas diciendo, pero... —sonríe más recordando a Escandinavia—. Te gusta la mesera (cual si a él no le gustaran sus... Bueno).
—Pues ella... tiene... —la mira un poco más y carraspea, riendo nerviosito.
—Ya lo he visto, imposible no verse —toma su cerveza, sonrojadito—. Aún no me acostumbro a que no seas un niño.
—Ja —asiente—. Pues es fácil verlo, ahora soy aun más awesome.
—Y menos latoso.
—¡Claro! ¡He madurado! —claro, claro.
—Al parecer ahora es cuestión de llevarte a comprar ropa para que te calmes y tranquilices sólo... Antes eras incansable —sonríe de lado dando otro trago a la cerveza—. Esto está bueno.
—Nein, nein, no me gusta comprar ropa y menos con los Italien.
—¿A quién puede gustarle? Pero como sea dejas de darle a la espadita todo el tiempo —se exige de hombros—, de haber sabido te habría enviado más a menudo a comprar ropa.
—Lo que pasa es que nadie usa espadas ya.
—Veo ya que no las cargan —oooootro laaaaargo trago a la cerveza.
—Tenemos otro tipo de armas, peores... hacen que todos podamos destruir el mundo entero de querer, así que hay un montón de tratados para no hacerlo y por eso ya no tenemos guerras sangrientas en casa.
—¿Y a qué se dedican todo el día?
—Pues a controlarlo todo a base de dinero y política. West se encarga de ello, trabaja siempre un montón y discute con la bundeskanzler... a mí me cae muy bien, pero siempre me está riñendo.
—Suena mucho más aburrido que la guerra.
—Bueno, sí, pero es menos... peligroso.
—Mmmm... No me convence.
—Bueno, por eso lo hace West y no yo —sonríe.
—¿Y tú qué haces?
—Yo... lo hago cuando no está y... hago toda una parte más... diplomática a nivel internacional en el ámbito del intercambio de información importante —es decir, se pasa el día cotilleando.
—No entiendo.
—Bueno, el mundo actualmente es complicado... soy una especie de espía.
—Oh. Al menos suena un poco mejor —concede—. ¿Österreich qué hace?
—Perder el tiempo y molestar.
—Schweiz hace otra cosa con el dinero también. Yo... Pensaba que serían guerreros, todos menos Österreich.
—Lo fuimos en una época...
—¿Incluso Österreich? —levanta las cejas.
—Nein, nein, Schweiz luchaba por él... y luego Ungarn.
—Ungarn... Tu mujer —murmura recordando lo que ha dicho que se había casado con Austria una vez por su culpa.
—Ja —asiente.
—¿Por eso estás tan enfadado con él?
—Mmmmm... En parte —asiente.
Germania asiente, preocupado con esa relación entre hermanos e insisto en que no deja en paz el tema.
—Aún así, a pesar de todo, han dejado vivir a todos los hijos de Rom...
—Ya te he dicho que ellos son mis hermanos ahora.
—¿Te he dicho ya lo mucho que lo detesto?
—¿Que sean mis hermanos... o a Rom?
—Que les llames tus hermanos. Obviamente a Rom le detesto, no tengo que repetirlo.
—No deberías... ¿sabes que deberías detestar?
—Was?
—El señorito, se casó con Spanien.
—¿Quien?
—Österreich con el moreno de ojos verdes.
—¿Le llamas el señorito? —sonríe un poquito de lado.
—Ja, se lo merece, hace que los Italien le llamen "Signiore" así que yo me burlo de él y le llamo "señorito" —tan maligno. El rubio hace los ojos en blanco—. Y Schweiz ayudó a Frankreich cuando él quería ser un imperio y dominar el mundo.
—¿Insinúas que debo odiar a mis propios hijos, Preussen?
—Y West, poco después de que desaparecieras pasó una buena época haciéndose llamar "Heiliges Römisches Reich".
Germania levanta las cejas.
—¡Por Odín con ese niño!
—¿Lo ves? No es tan malo que yo diga que son mis hermanos.
—Sí que lo es, tooooodos ustedes están mal y son unos traidores —y yo llevo toda la vida enamorado y acostándome con el padre de toooodos los niños con los que traicionan nuestra sangre. Prusia frunce el ceño.
—Mira, vati —le señala a su espalda. Germania se gira un poco—. ¿Ves esa foto? —sigue señalando a la pared mientras saca las pastillas del bolsillo con una mano—. Esa es de la segunda guerra mundial, de los nazis otra vez, esos son tanques, nuestras armas —explica echándolas en la cerveza.
—¡Oh! —se acerca un poco, interesado, sin darse cuenta de lo que hace Prusia—. ¿Tanques dices? Parecen... Invencibles. Aplastaron al enemigo, me imagino.
—El enemigo también tenía de esos, son carros blindados.
—No dejan de sorprenderme todas las cosas que hay ahora... —comenta.
—Ja, bastante impresionantes —sonríe y bebe su cerveza.
Germania se pasa una mano por el pelo, volviendo a flipar con la suavidad... Tomando su cerveza de la mesa y dándole un trago largo.
—Me alegra estar aquí contigo —he visto gente en funerales que se ve mucho más contenta que Germania diciendo esa frase. Prusia sonríe—. ¿Por qué no nos vamos a cazar o algo así en vez de estar pensando en complicaciones?
—Quizás deberíamos ir ya a casa a cenar —se acaba la cerveza y saca un billete para pagar.
Germania asiente, tomándose la cerveza de un trago también y haciendo cara de desagrado porque tiene un sabor extraño.
—No estoy convencido con esta cerveza —protesta.
—Bueno, otro día pruebas otra —responde incomodo porque no le gusta que no le guste. (Pues no le gusta porque sabe a pastillas para dormir, querido mío)
Germania se levanta sintiéndose un poco más pesadito de lo normal, como si se hubiera tomado tres cervezas en lugar de una. Frunce el ceño pensando que no parecía tan fuerte la cerveza, siguiendo a Prusia a la salida porque NO va a decirle que se mareó con una cervecita, ¿verdad?
Prusia le mira de reojo, nerviosito, esperando a que le den el cambio y yendo primero hacia la puerta. En cuanto salen, Germania mira al cielo tratando de determinar la hora, pensando en cuanto tiempo habrán estado adentro, porque se siente cansadillo. Sigue sin decir nada.
—Bueno... me duele un poco que me creas un traidor, quizás después de que vuelvas de vacaciones con Rom te parecerá menos terrible —comenta Prusia.
—Primero hay que ver si voy de vacaciones con Rom.
—¿Por?
—No estoy seguro, se presta a interpretaciones...
—¿Cómo cuáles?
—Rom.
—¿Aja?
—Lo interpretará mal, como que estoy realmente interesado.
—No sólo él, me parece.
—Pues no quiero eso, no quiero que lo piensen.
—Si no vas pensarán que te da vergüenza o que le tienes miedo, me parece.
—Por Odín con este tema... Toda la vida me ha metido en líos —bosteza.
—Bueno, no creo que debas preocuparte demasiado, mañana todo estará más claro —sonrisa maligna con el bostezo.
—Mmm... Yo creo que es el momento adecuado de preocuparme —murmura sintiendo los ojos pesaaaaaados, caminando al lado de Prusia—. ¿Vamos a volver con los italianos?
—Ja, volveremos a casa juntos en el coche —responde dirigiéndole hacia ahí.
—Bien —otro bostezo.
—¿Te he contado que Frankreich, Spanien y yo fuimos quienes logramos que Schweiz y el señorito estuvieran juntos tras AÑOS de no hablarse?
—Nein. Ya me resulta complicado pensar que no se hablaran... ¿Cómo lo hicieron?
—Invitamos a Schweiz a cenar a casa y les dimos una medicina que hace que... bueno, que a los hombres se nos levante... —risita maligna. Germania se detiene.
—¿Perdona? Les DIERON... Was?
—En la comida... ellos no lo sabían —asiente riendo maligno.
—No sé sí estoy entendiendo bien, ¿qué hace la medicina?
—Pues que los hombres... ¿sabes? —le mira las regiones vitales—. Hace que... es decir, no excita, pero sí hace que pasen las respuestas físicas a la excitación.
—Por Odín —se lleva unas manos a las regiones vitales.
—Ja... fue muy divertido —asiente—. ¿Quieres que te consiga para que te lleves?
—NEEEEIN! —chilloneo.
—No para que las tomes tú, claro... —levanta una ceja y el mayor se nos sonroja.
—No es que Rom necesite una medicina... —susurra.
—Entonces sí que le gustas sea como sea —se ríe.
Germania le da un golpe con el puño en el brazo, bastante débilmente. Prusia se lo frota un poco, riéndose aun.
—Estoy cansado —admite repentinamente—, ¿puedes ir por los hermanos Italien?
—¿Recuerdas dónde está el coche?
—Ja —asiente con seguridad porque gracias a dios eso Austria no lo heredó de él.
—Vale, entonces ahora vamos por ti —sonríe.
Germania asiente, bostezando otra vez y yendo hacia el coche. Para cuando Prusia vuelve con los hermanos italianos, creo que ya debe estar dormido, sobre el capó o en el suelo apoyado al coche. Lo está, en efecto, medio recargado encima del capo para el infarto de los italianos.
Prusia sonríe y le levanta en brazos, pidiendo que les lleven al aeropuerto, donde no sabemos si han hecho algo parecido con Roma. Que sí lo han hecho.
Suena un poco más adelante el teléfono de Prusia.
—Heil?
—¿Dónde están? Ya estamos aquí en el aeropuerto con papa... Y el avión ya está listo —vuelo privado, por si se lo preguntan.
—De camino... —sonríe el alemán—. No tardamos.
—Bien. No sabes la cantidad de reglas que me he saltado para conseguir esto... Todo sea para ayudar a tu "bruder" —se burla Francia.
—Estoy un poco preocupado, mein vater ha dicho varias veces no querer ir y que soy un traidor...
—Eres un traidor, Oui... Pero un traidor bueno. Y cher, que no va a querer venir... Eso no se lo creo. ¿Has visto a Angleterre alguna vez?
—Pero es que...
—Quoi? —pregunta con paciencia y tranquilidad.
—No sé, no quiero que me odie, ya dice que no debería deciros hermanos...
—Pues suerte en decirle hermano a Autriche —sonríe porque sigue haciéndole gracia —, cher... Ya en serio, no me extraña tanto. Germania y papa tenían una relación complicada.
—¡No voy a decirle bruder al señorito!
—Es lo que estoy diciendo —se ríe —, aunque si lo haces te doy un premio.
—Nein, ni en drogas... ¿vamos a ir con ellos? ¿Qué has quedado con Seychelles?
—Has dormido a tu padre, asumo...
—Ja, ha sido un desastre, ¡se las he puesto en la cerveza y ha dicho que no estaba buena! —protesta.
—Pues es que la cerveza no es buena... Es mucho mejor el vino —le pica.
—¡Tú no sabes nada! —picado, haciendo que el francés se ría más.
—¿Quién viene conduciendo? Allemagne?
—Nein, Italien...
—Uh... Llegarán en un segundo entonces. Entren por el hangar de particulares —se gira con España —, estarán aquí en un minuto... Voy a bajar por ellos.
España asiente, con Roma apoyado sobre él, roncando de manera evidente.
—Ahora nos vemos, Mon ami —se despide Francia de Prusia sonriendo y levantándose de su sillón adentro del avión, yendo a hablar con su azafata para organizar la subida de los demás.
xoOXOox
Así qué vaaaarias laaaaargas horas más tarde, Prusia y España cargan cada uno a su respectivo padre. Francia hace toda una sarta de preparativos y alegatos con el personal de la isla, haciendo MUCHO hincapié en que no los vea NINGUNO, NUNCA.
Seychelles está con él. Finalmente, el francés hace un gesto a España y a Prusia para que vayan a la casa que está ahí, a poner a sus padres en la cama.
—Yo desnudo a Germania —se ofrece Francia sonriendo malignillo.
—Bien —España sonríe mientras Prusia deja al germano en la cama, cerca de Francia—. Prusia, ¿Te ocupas de papá, por favor? —sonríe malignillo también. Muajajajaja. Francia le cierra un ojo a España.
—Was? —Prusia mira a España y se sonroja... luego mira a Roma y se sonroja tres veces más. Francia empieza a bajarle los pantalones a Germania, mirando a Prusia malignillo.
—Haz lo que yo hago —sonríe.
—Was? N-Nein! Hazlo t-tú —Prusia da un pasito atrás, nervioso.
—Non... Venga ya, vamos.
—Spanien, yo no... —vacila Prusia buscando ayuda.
—Venga, venga... —Francia le baja los calzoncillos.
España niega a Prusia, que vuelve a sonrojarse, nervioso y mira a Germania. Francia saca la lengua y le da una lamida al soldado de Germania, sonriendo. Prusia levanta las cejas y se lleva una mano a sus asuntos de verle. El galo sonríe de lado.
—Vas tú...
—W-Was?
—Vas, cher... Tu turno.
—¿Mi t-turno de... qué?
—De hacer lo mismo que yo.
—No voy a... —se sonroja un más al pensar en la lamida, llevándose una mano a la nariz por la que le sale un hilito de sangre.
—Cher, entre más te tardes más probable es que a la mitad se despierte.
España se ríe y Prusia sigue nervioso mirando a Roma y luego a Francia. Francia vuelve a lamer y el germano da un saltito echándose para atrás, con los ojos abiertos como platos.
—Preussen, venga... Espagne, pídele que lo haga pronto —se ríe.
—Prusia... venga, ¿es que necesitas intimidad?
—Te dejamos solo si quieres... —se ríe el francés dando oooootra lamida.
—Nein! —chilla por chillar, apretando los ojos. Francia se ríe otra vez.
—Veo que tu Vati tiene unas regiones vitales de tamaño bastante conveniente.
—No vas a dejar a Germania desnudo solo, va a odiarte cuando se entere... —presiona España.
—Sabrá que fuiste tú, si eras el último al que vio, Non?
—Pero... pero... pero... —les mira a los dos.
—No seas ridículo, cher... No es nada malo —oooootra lamida.
—Yo no voy a hacerlo —España se cruza de brazos y se acerca a Francia, pasando los dedos por el pecho de Germania.
—Desabrocha los pantalones.
—Yo... yo... —vuelve a mirar al romano, una mano en la nariz y otra en las regiones vitales.
—Me encantan los alemanes —susurra Francia a España dándole otra lamida al germano, esta vez por gusto personal.
—Son tan monos cuando hacen esas cosas —asiente España.
Francia sonríe un poco y mira a Prusia.
—Prussseeeee... Vamos, que tenemos que irnos —presiona. Prusia vacila y traga saliva mirando a Roma de nuevo, cambiando el peso de pie —. Anda, cher... ¿Te ayudo?
Y cuando estaba a punto de acercarse a él, se echa atrás de nuevo, asintiendo.
—Bien. Te dirijo. Manos en el botón del pantalón.
—Anda Prusiaaaa, pero qué cobarde, ¡sólo está dormido!
—¡No soy cobarde! ¿Por qué tengo que hacerlo yo?
—Porque yo desvestiré al tuyo.
—¡Pues ya lo hubiera hecho yo!
—Deja de ponerte histérico y ábrele el pantalón.
Prusia vuelve a mirarle, se sonroja de nuevo y estira las manos, tembloroso. Francia le sonríe a España y este le mira de reojo, aun viendo al albino.
—Abre el botón y bájale las dos cosas a la vez... Pantalón y calzón. No pienses.
—Was? —le mira con las manos tomando el cierre, sonrojándose más.
—Así es más rápido... —apoya el español.
—¡Vamos, no pienses! —le insta el galo. Prusia cierra los ojos y lo hace —. Ahora saca la lengua y lame. ¡No pienses!
Saca la lengua un poco... y piensa y se sonroja echándose para atrás, grita "Nein" y se muerde la lengua. España se muere de risa junto con Francia, que termina de sacarle los pantalones de los pies al germano.
—Son monísimos —sonríe el francés. El español asiente yendo a acabar de desvestir a su padre —. Ayúdame con la camisa acá, Prusse. Y hacer que se abracen.
Prusia se acerca con su padre sin problema y lo que sucede es que Roma va a ponerse la ropa que le han comprado a Germania, aunque le vaya larga de mangas y perneras... cosa que va a NEGAR que sucede.
—Yo creo que nos llevamos la ropa, Non? ¿Para qué la querrían?
—Vati va a odiarme si os la lleváis, Italien y Römer le torturaron para comprarlas.
—Nah, no te va a odiar —España le asiente a Francia.
—No se va a acordar siquiera de la ropa. Venga... ¡Toma todo y vámonos!
—Además sabe que nosotros estamos en ello también, nos dará las culpas a nosotros —suelta España acabando.
Prusia suspira y mira a Roma de reojo sin poder evitarlo, sonrojándose de nuevo antes de irse. Francia se ríe bajito y les toma dos o tres fotos ya abrazados y desnudos antes de darle un golpe en el pecho a España y abrazar a Prusia de los hombros.
—¡Vámonos!
Ambos asienten y sale el trío maligno dejando al par de tórtolos en el quinto sueño.
Un par de horas más tarde, las pastillas dejan de hacer efecto y el romano se despierta a sí mismo con un propio ronquido como le pasa a menudo. Parpadea descolocado y se pasa una mano por el pelo, bostezando y estirando los músculos con los ojos cerrados.
Germania le abraza contra sí en un arranque suizo.
—Mmmm —sonríe al notar al germano a su lado tras mirar alrededor sin reconocer el cuarto, extrañado.
Germania se mueve un poco y hace "Mmmmm" dormido. Roma parpadea un segundo mirándole y automáticamente le besa.
—Mmmmmm... —Germania entreabre los ojos, algo descolocado pero respondiendo el beso en automático.
Y Roma lo profundiza, porque España le dejó a medias y se lo llevó... y luego le intentó dar celos y le obligaron a hablar sobre él casi toda la noche dándole más ganas, cerrando los ojos y acariciándole la mejilla con la mano.
Otro mmmm suavecito del germano, despertándose un poquito más pero no del todo aún. Parpadea otra vez notando quien es y teniendo un escalofrío.
El latino nota lo suaves que son con las manos, sorprendido por un instante antes de perderse de nuevo en el beso, que es especialmente intenso y urgido para lo que es normalmente. Porque desde luego, no está para nada acostumbrado a tener que esperar para tener lo que quiere en este campo.
Germania lo único que consigue es despertar un poco más, pero un beso urgido e intenso de Roma es demasiado... el moreno entrelaza una pierna con la del rubio y le hunde la mano en el pelo de la nuca, para acercarle hacia sí y moverle un poco buscando que le bese de vuelta aún más. Germania coopera, despertando cada vez más y respondiendo el beso con bastante intensidad.
Y al final, cuando se han más o menos calmados, Roma entra un poco en pánico echándose atrás de golpe. Germania parpadea un poco, relamiéndose con el corazón acelerado.
—Was? —susurra con los ojos entrecerrados.
Roma le mira en silencio, con la respiración agitada, traga saliva y desvía la mirada sonrojándose un poquito. Germania le mira sonrojarse y se sonroja él más aún, apretando los ojos.
—¿Dónde estamos?
—No lo sé —el romano gira sobre sí mismo hasta quedar con la espalda contra la cama, mirando el cuarto.
Germania suspira pasándose una mano por el pelo y mirando también el cuarto.
—Estaba... Saliendo de tomar cervezas con Preussen…
Se pasa las manos por los ojos y sonríe recordando a Francia "tienes que confiar en nosotros". Germania le mira de reojo recordando que esto es una ISLA, se pone nervioso.
—¿Sabes qué hacemos aquí?
—Más o menos —abre los dedos y le mira de reojo entre ellos, sonriendo.
—¿Q-Qué es lo que sabes? —vacila.
—Sé... —se ríe un poco cerrando los ojos, sin contestar. El sajón se relaja un poquito al ver que se ríe—. Que esto es idea de los niños y que tú sí sabes dónde estamos y por qué.
—Nein! ¡Nein, eso no es verdad!
—Eso me han dicho, que confiara porque tú sí sabías y lo habías considerado correcto —sigue.
—Nein, Nein, Nein... —niega con la cabeza.
—¿Qué sabes tú?
—Que... Que estamos aquí y que no hay más opción y que tus hijos tienen un plan. No sé para qué —empieza vacilando y termina más seguro, aunque se nos sonroja.
—¿No hay más opción? —se vuelve hacia él.
—Pues ya estamos aquí, yo no sé cómo llegué, no pude decir que no. Habría dicho que no, de haber podido —asegura sonrojándose.
Le mira unos instantes y se acuerda de lo que ha notado al besarle, acariciándole la mejilla con el dorso de la mano. Germania se sonroja empujándole un poco, porque siempre empiezan así... TIENEN que empezar así para que se sienta cómodo. Se sonroja otra vez, evidentemente nervioso.
—Es muy suave —nota apartando un poco la mano debido al empujón, sosteniéndola en alto igual.
—No es verdad, es igual que siempre —se toca el pelo y luego se acuerda de las manos, escondiéndolas.
—Non, no lo es... ¿cuándo te afeitaste?
—¿Es de día? —levanta un poco la cabeza mirando a la ventana y oyendo el mar. Levanta las cejas —. Ayer? Eso es... ¿Mar?
—Eso intento saber... tienes el pelo más corto que de normal, pero no como los chicos. Así que ellos te enseñaron a afeitarte y no puede haber pasado más de medio día.
El rubio levanta la mano y se toca la mejilla
—No está más corto —murmura.
—Hay luz, como de mañana, así que sólo ha pasado la noche y con la temperatura que hay deben habernos llevado a un lugar del Mediterráneo —sigue deduciendo y le pone la mano sobre la suya en su mejilla.
—Hace calor —agrega a su deducción sonrojándose al mirarle.
—Por eso lo digo... así que no hay de qué preocuparse, yo conozco cualquier pedazo de tierra que bañen esas aguas como mis propias manos.
—Es una isla.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo han dicho ellos.
—¿Cuál de ellas?
—Nein, no me han dicho cual —le mira la cara de arriba a abajo especialmente los labios.
—Luego lo veremos —responde sonriendo.
—Quizás deberíamos ir a ver —propone sin moverse.
Cierra los ojos y se ríe un poco de nuevo con esa respuesta, volviendo a pasarle las yemas de los dedos por la cara con suavidad. Germania se sonroja evidentemente, mirándole otra vez los labios.
—Quizás... —susurra resiguiéndole una ceja, una sien, un pómulo, la nariz y bajando hasta los labios.
—Was? —susurra más nervioso aún, humedeciéndose los labios.
Roma le resigue los labios con los dedos, mirando el movimiento y luego vuelve a mirarle a los ojos.
—Quizás deberíamos.
—¿Deberíamos Was?
El latino sonríe y se encoge de hombros, negando con la cabeza. Germania, que también lleva TODO el día con esto, se acerca un poquito como para darle un beso. Roma se tensa un poco y se queda muy quieto. El sajón vacila un poco al ver que se queda quiero, rozándole suavemente los labios
Los entreabre, sonrojándose y recordando las cosas que les confesó a Francia y a España sobre qué hacia Germania y este le besa.
Y él cierra los ojos devolviéndole el beso con suavidad, con el corazón acelerado. Germania le acaricia la mejilla profundizando más el beso también con el corazón acelerado. Le abraza un poco, incluso, sin saber el mismo que coño está haciendo y Roma se pieeerde en ello...
El germano lo abraza con fuerza de la cintura, profundizando MUCHO MÁS el beso, como activado por un interruptor. Rueda un poco para ponerse sobre él, cerrando los ojos. El latino le pasa las manos para abrazarle del cuello, haciéndole girar para ponerse encima.
Germania le deja, bajando las manos de su cintura hasta su culo, y si estuviera con el cerebro menos derretido notaria el borde de la cama, y haría un movimiento para detenerse o ALGO, pero no se entera hasta que su espalda toca el suelo y se da un "buen" golpe en la cabeza, el bestia... Nada que no haya pasado antes.
—Uh —Roma sacude la cabeza saliendo del estupor con el golpe... y se separa de repente, alejándose de Germania. Este se lleva las manos a la cabeza.
—Au... —protesta en un susurro sin habérselo esperado, apretando un poquito los ojos.
—Hum... —vacila nervioso y se pasa una mano por el pelo, medio hecho bolita—. Creo que sí deberíamos ir a ver dónde es que estamos... —se pone de pie.
Si bien no había notado que se había separado de él, vacila un poco al notarlo ahora. Le mira, porque estaban... En un beso, un buen beso y se pone nervioso. Roma sacude la cabeza para sacarse la sensación del beso de ella, pasándose una mano por el pelo y saliendo sin mirarle.
Germania suspira, teniendo repentinamente temor. SEGURO, él tenía razón, y todo esto era una estupidez, era claro que no quería estar aquí, si sólo se habían dado un beso y ya se había ido. Se levanta notando entre sus piernas un... Problema evidente.
Suelta una grosería entre dientes, buscando algo de ropa para cubrirse, algo... LO QUE SEA. Y... No hay nada. Ni siquiera hay ropa de cama realmente (cosa que no le sorprende tanto con el calor)... Pero...
Roma sale del cuarto sin estar en absoluto preocupado por si tiene o no tiene ropa, (para no variar) empezando a andar por el resto de la casa de playa como si verlo TODO AHORA fuera su misión en la vida y de ello dependiera la subsistencia del mundo libre, andando de un lado a otro deprisa y nervioso, sin ver realmente casi nada.
Germania hace ejercicios de respiración hasta conseguir estar menos feliz, toma una almohada, le quita la funda y se la amarra un poco en la cintura, viéndose completamente ridículo.
Roma sigue dando vueltas, ha entrado cuatro veces al mismo cuarto de baño antes de encontrar la puerta de salida y bajar las escaleras de madera que dan directamente a la arena, puesto que la casa está levantada para quedar dentro del agua en cuanto sube la marea. O sea, no dentro, en mitad.
Germania sale del cuarto bastante rato más tarde, agobiado. ¡Por Odín, si sólo llevaban cinco minutos ahí! Aprieta los ojos dándose un poco de valor
—Rom!
El latino mira las aguas pensando que no las recuerda, la arena es extraña y el color y la luz... y las plantas que hay al final de la playa. Germania da varias vueltas por la casa buscándole, antes de llegar a la puerta de entrada y abrirla.
Tampoco huele... huele a mar, claro, al salitre y a agua y a algas pero no... Igualmente apenas si lo aprecia antes de meterse entero en el agua y mojarse todo con agua fría intentando aclararse las ideas. Seguramente nota un poco que el agua no está tan fría, ni tan profunda, ni tan turbia como debería. Pero tampoco puede hacer caso de eso ahora.
Germania le mira desde la puerta, pensando con cierto horror (e inocencia)... "Se va a ir nadando". Ni siquiera había soportado estar ahí una mañana.
Se moja un par de veces la cabeza, echándose el pelo atrás y se queda junto a la orilla haciendo el muerto, ya que eso le obliga a calmarse.
Todo esto era estúpido e idiota de su parte. Frunce el ceño enfadándose consigo mismo riñéndose porque, LO SABIA. Refunfuñando un poco, mira el cielo buscando el sol y tratando de averiguar qué hora del día es y dónde caramba están... Quizás realmente no sea una isla, y si Roma dice que están en el Mediterráneo... No están tan lejos de casa. Gruñe más.
Tras dejarse mecer por las olas unos instantes hasta poder respirar profundamente y más o menos dejar la mente en blanco, suspira y se vuelve para salir del agua, ahora sí notando todas esas cosas raras alrededor, de un mar y una playa en la que, está seguro, nunca ha estado.
Germania para entonces ha bajado a la playa, mirando aún el cielo sin poderse orientar del todo bien... Lo cual es extraño. Roma le nota y se le acerca, pasándose las manos por el pelo para quitarse el exceso de agua.
—Este mar no es mi mar —asegura. Germania le mira de reojo.
—Te he dicho que es una isla, debe ser una que ellos han descubierto.
(XD el gran descubrimiento de los niños... ¡Una isla!)
—No hay isla en el Mediterráneo que yo no conozca —niega—. No estamos en casa.
El germano se encoge de hombros.
—Es culpa de tus hijos —replica y no puede evitar mirarle de reojo de arriba a abajo y sonrojarse un poco.
—Será mejor esperar a que salgan las estrellas —le sonríe al notar que le mira. El sajón se revuelve un poco y deja de mirarle cruzado de brazos—. ¿Qué llevas puesto? —nota la funda del cojín.
—Lo único que encontré —manos a las regiones vitales, que están precariamente cubiertas, MUY precariamente, cualquier movimiento en brusco le va a quitar la funda —. Esto es estúpido —agrega en voz baja, mirando al mar. Roma se ríe y niega con la cabeza, a lo que el germano frunce el ceño —. Was?
—Seguramente estarías más cómodo sin ello —responde y se encoge de hombros, yendo a las escaleras para subir otra vez.
Germania se sonroja un poquito, muy levemente, frunciendo el ceño más de lo que lo tenía antes sin entender bien cómo están yendo las cosas. Roma tenía que fastidiarle y no dejarle en paz, así iba siempre, no irse haciéndole poco caso. Suspira volviendo a pensar que esto es un MAL experimento.
—Por otro lado, es bastante sexy el asunto de que te cubra pero lo haga tan poquito que todo el rato me tengas pendiente de si se te verá o no algo... —sonríe subiendo las escaleras, sin mirarle.
Ok, vale, Germania aprieta los ojos y se sonroja más. Eso era más parecido a lo que hacía habitualmente... "Con todos", le recuerda una vocecita en su cabeza y bufa, de mal humor, yendo a las escaleras tras él.
—Idiota.
Y ahí están por fin... ahora a ver si sobreviven. ¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!
