CAPÍTULO 28: REFLEXIONES Y DESCUBRIMIENTOS.
N/A: ¡Hola a todos! Jeje. ¿Qué si Jareth tiene doble personalidad? Bueno, podría ser buena y contestarles, pero, dejaré que lo haga este capítulo, que es bastante… divertido, creo. ¿Llamará Sarah a su amiga Alin para que la socorra del cruel y super sexy villano? ¿Habrá perdido este un tornillo a causa de su presente 'celibato' (Bueno, por ahora no ha llegado a tercera base con Sarah, eso no significa que no quiera .)? ¿Se le da ahora al Rey Goblin por acosar a las jovencitas en cavernas a falta de sus oubliettes? Esto y mucho más será resuelto en el siguiente episodio… XD ¡Jijiji! Sí, puedo ser un poco malita.
Ahora, con respecto a la mención de 'guerra' que Krissel me cuestionó en varios capítulos atrás, (review cap. 25. No es que mi memoria sea excelente, me he fijado. XD) en el cap. 16 se menciona dicho tema cuando Alin cuenta a Sarah que la familia de Gontran y la suya han sido enemigas y que ambos se han visto en peligro por ello, (más adelante esto será aclarado un poco más conforme avance la historia) sólo quise que esta pareja fuera de ejemplo para Sarah, pues, ellos han tenido más obstáculos que simple tozudez y orgullo, como es en el caso de nuestros protagonistas principales. Son una especie de Romeo y Julieta con mucha distancia y divergencias a los originales. No pregunten, prometo que se rebelará más adelante. ; )
Gracias a Krissel; a Lain3X; a Moonlightgirl86 (a ti gracias por el combo ¡Wow! : D) y a Mahina; por sus reviews y demás que me causa tanta alegría y placer. Y no vayan a creer que yo borro los reviews que me llegan al correo, me los llevo a todos para casita, a mi pc, ya que por el momento no tengo acceso desde ella en Internet.
¡Oh, cielos! Krissel y Lain3X piensan seguir mimando a Conrad. ¿Qué vendrá después? ¿Ayudarle a hacer más bromas? Mejor no saberlo. e.e
-¡Hey, qué buena idea has tenido! ¡Oigan, todos los que quieran organizar conmigo un cambio en Goblin City vengan al One-eyed Chicken a dar apoyo a mis fenomenales ideas! ¡Primero comenzaré a obligar a los goblins a vestir como Jareth, pelucas y maquillaje incluido; luego, haré que tooooooda la ciudad se vea más alegre pintándola con manchas, será tan fácil hasta que el mismo Toby puede ayudar con eso. Sólo piensen, manchas amarillas, verdes, rojas, púrpuras, anaranjadas y…
-Conrad, si llego a ver uno sólo de mis goblins disfrazados como yo, lo cual es imposible porque soy único e insuperable, te haré limpiar la residencia de las gallinas en el castillo; y si por 'casualidad' cualquier parte de Goblin City se llega a teñir de algú color llamativo o NO tanto, a ti te teñiré con el color del Bog Of Eternal Stench. ¿Está claro?
-¡Oh…! ¿Y cómo voy a obtener tanta diversión?- Jareth y él miran a AmaterazuHime pasar con un montón de apuntes bajo el brazo. Es que está supervisando todo para el siguiente capítulo… Luego, los feys se vieron entre sí y se sonrieron.
-¡AH...!- se oye la voz de AmaterazuHime y se distingue una lluvia de papeles que cae por todos lados. -¡¡CONRAD! !! ¡¡JARETH!!- Ahora sólo se oyen las risas desvanecerse junto a los contorsionados feys que se sostienen entre sí con lágrimas de jolgorio en sus rostros… Esto ya se ha hecho costumbre. Suspiros. -Ya, vamos con el 28, por favor. De esa manera estaré tranquila hasta que ustedes terminen de leerlo… Así que no se apresuren mucho, ¿eh? POR FAVOOOOOOOOOR. .'
Disclaimer: Labyrinth no me pertenece, Labyrinth no me pertenece. Labyrinth no me pertenece… ¿Será suficiente o debo seguir? Bueno, no importa. Sí son míos Erwin, Conrad, Alin, Gontran y Twig.
En su alcoba, Jareth cubrió sus ojos con una mano y, junto a un suspiro, se dejó caer pesadamente sobre el lecho. ¿Qué más podía hacer él? ¿No había sido una vez más, amable, tierno, comprensivo y caballeroso? ¿Por qué ella no podía verlo? ¿Por qué cada vez que él planeaba una velada perfecta, romántica, ella tenía que desafiarlo de una u otra forma? ¡Él trató de empezar de cero pidiéndole permiso para besarla! ¡¿Y qué hizo ella cuando repitió su pregunta?! ¡Encendió esos bellos ojos suyos que lo volvían loco! ¡Sí, cuando ella se enfadaba se le hacía irresistible, toda su persona y… su desafío! Aún así, volvía a ser el mismo tonto de siempre y no se atrevía a hacerle ningún daño… Salvo ocasionarle un poco de confusión y susto. Por lo menos, ahora parecía más contemplativa hacia él. Sonrió al recordar su expresión cuando él comenzó con la pantomima de la doble personalidad y que el 'Rey Goblin' estaba tomando poder. No pudo sino reír. ¡Los dioses lo ayudasen! ¡Si alguien lo viera ahora, entonces sí, lo tomarían por loco! Y, loco estaba, pero, por una muchacha. ¿Cómo era que él le había dicho a Hoggle? '¡Vamos, Hogbrain! ¡Me sorprendes, perdiendo tu cabeza por una chica!'
-Sí…- susurró. -Yo sí la he perdido.- '¿Piensas que a una jovencita podría gustarle un repulsivo pequeño roñoso como tú?' -A veces, lo dudo.- volvió a suspirar pasándose ambas manos sobre su faz. A veces, sí que podía ser cruel, reconoció. -Sarah…, sólo faltan dos promesas, mi amor. Y entonces, estaremos atados… por siempre. Quizás, el tiempo no nos permita postergar la boda, pero, el tiempo sobra para el eterno vínculo con un fey… y un tirano…
Sarah ya estaba metida en su lecho. Twig ya se había marchado tras ayudarla a deshacer el peinado y cambiarse de ropas. No podía dejar de dar vueltas en su cama pensando en lo ocurrido esa noche. ¿Acaso…, Jareth desconocía su otro yo? No; pensó. Él había bromeado al respecto la noche en que se hizo la cena en honor a Sir Erwin y su familia. Mas…, ésta noche, él no parecía darse por enterado de lo que había hecho como 'Rey Goblin.' Eso le provocaba cierto recelo. ¿Dónde empezaba uno y dónde el otro? Se cuestionó agotada. Obviamente, al Rey Goblin no le simpatizaba Jareth porque éste de alguna forma lo restringía. Mas, según él mismo, cuando Jareth se molestaba, entonces, perdía el control y los roles se invertían. Ella nunca había oído algo así antes; quizás, en alguna película de suspenso, o cómica, pero, no en la vida real. Ésta era la vida real, aunque fuera en el Underground. ¿Era posible? Hizo memoria en cómo había transcurrido todo el asunto, pues, le preocupaba, especialmente sabiendo que debería estar a su lado por siempre. Mejor reconocer cuanto antes a distinguir el cambio, eso le ayudaría a evitar al 'Rey Goblin' en el futuro. Cerró los ojos. Ella se había enojado porque él dijo que AMBOS se habían besado; ella no iba a reconocer eso, JAMÁS. Entonces, se apartó de él acusándolo de abusivo, él reconoció que el 'Rey Goblin' lo era e hizo ese comentario sobre Jareth. Cuando ella cuestionó a quién se refería, él la había ignorado y convocado un cristal, y en lo único que concordaba con su otro yo era que Jareth no era completamente un caballero, lo cual tenía su lógica, siendo su mitad el 'Rey Goblin.' Le ofreció el cristal que ella rechazó, como de costumbre y se apartó de él. Él dijo que ella había hecho el primer movimiento del juego y se incorporó e indirectamente la trató de tonta, para variar. Cuando ella se ofendió él arrojó el cristal que cayó al suelo y… ¿Por qué no se rompió? ¿Por qué sólo pareció desvanecerse y… su esencia pareció inundar todo a su alrededor?
-¿No te atreverías, no?- se sentó hablándole a la nada con suspicacia. Miró hacia el tocador y se dirigió a éste, con los pies descalzos enfrentando el frío piso de piedra. Abrió una de las gavetas y tomó la esfera de Alin estudiándola con detenimiento. Era tarde, muy tarde, pero…, ella necesitaba saberlo y ahora. -¿Alin?- cuestionó con cierta inseguridad de si funcionaría de esa forma. Sólo rogaba que estuviera despierta. El orbe comenzó a brillar levemente hasta que apareció una imagen.
-¡¿Sarah?!- clamó feliz de verla. -¡Hola!- rió tontamente.
-¡Hola!- sonrió en respuesta. -Espero no haberte despertado.
-Para nada. Recién hemos llegado a casa. Así que no te preocupes.- Sarah exhaló aliviada. -¿Cómo está todo por allí?
-Bueno…, creo que… bien.- No se atrevió a preocuparla; no hasta confirmar sus sospechas.
-¿Sólo bien?- Alin elevó sus cejas sorprendida. Sarah falló en su intento. Obviamente la fey esperaba que ella estuviera hablando de su primo con gran pasión.
-Bueno, hoy fue nuestro primer día sin ustedes. Y, yo ya los extraño.
-¡Oh, que linda eres, Sarah! ¡Yo también los extraño a ustedes! Pero, verás que cuando menos lo esperes tú ya estarás viniendo hacia aquí con Jareth.
-¿Cómo estuvo el viaje?- la fey elevó los ojos.
-¿Con Conrad en el mismo carruaje? ¡Interminable! ¡¿Puedes creer que me trató de gorda?!- Sarah rió por lo bajo imaginando la escena de esos dos peleando como niños.
-¡¿Cómo se atrevió?!
-Olvídalo. Es un retrasado.- Sarah advirtió una sombra cerca de Alin, que pronto reconoció.
-Espero que no estés hablando de mí, amor.- Gontran besó su mejilla. Alin giró para verlo a los ojos.
-¡Por supuesto que no, cariño! Hablo de mi hermano.
-Ah. Entonces, coincido.- sonrió y observó la esfera. -Buenas noches, Sarah.- le guiñó un ojo. -Las dejo con su charla de chicas. Te espero en la habitación.- le susurró a su esposa con seducción antes de irse con 'el regalo' del rey a su esposa. Ésta no pudo evitar reír como una colegiala.
-Espérame allí, entonces.
-Mh… Creo que no debí llamarte.- se lamentó Sarah con cierta incomodidad. No escuchó lo que Gontran había murmurado al oído, mas, podía llegar a imaginarlo.
-¡Para nada! ¡Estoy muy contenta de que te hallas comunicado conmigo!
-Gracias.- dijo reconfortada. -Yo… te quería hacer una pregunta sobre… los cristales…
-¿Sobre los cristales?- indagó extrañada. -¿Qué hay con ellos?
-¿Qué pasa si lo arrojas sin ningún encantamiento en ellos?- Alin rió.
-Se rompen como cualquier otro cristal, puedo asegurártelo. Siempre intenté hacer esos trucos que hace mi primo y nunca lo logré.
-¿Y…, si lo arrojas teniendo un hechizo en éste?
-Bueno, si es así, ya sea que se haya caído sin querer o queriendo, se esfuma. Así de sencillo. Y por ende, se libera el hechizo.
-Oh.- Sarah apenas podía controlar su voz. -¿Y…, la esencia de quien lo compone se expande?
-¡Seguro! Es parte de su poder, y en aquel momento su energía crece, y por eso su fragancia. ¿Por qué preguntas?
-¡Por nada!- sonrió fingiendo naturalidad. -Sólo curiosidad.- la otra quedó anonadada tratando de comprender el por qué de su interés. Entonces, otra sombra se aproximó a Alin.
-¿Con quién estás hablando?- cuestionó la juvenil voz.
-¡Con nadie!- espetó Alin en un ofendido tono.
-Bueno, sé que estás mal de la cabeza, pero, ahora estás hablando con alguien. ¡Oh, ya vi!- de repente, Sarah advirtió una sucesión inacabable de imágenes en la bola de cristal escuchaba las voces: paredes; suelo; techo; vestido; pantalones; camisa; y nuevamente techo; pared; más ropa; y manos que disputaban el poder de la esfera.
-¡Conrad, regrésamela! ¡Es mía!
-¡No seas boba, quiero saludarla!- Sarah pudo ver la cara de Conrad que miraba a la orbe sostenida sobre su cabeza, lejos del alcance de su hermana, que intentaba atraparla saltando a su lado. -¡Hola, Sarah! ¿Qué tal te trata el pervertido de Jareth?- rió.
-¡No lo llames así!- protestaba Alin una vez más en su intento de recuperar lo suyo. -¡Él es nuestro primo y rey!
-¡Chupacirios!- Alin dio un grito de frustración.
-¡¿Qué sucede ahora?!- se oyó la voz de Erwin venir desde el exterior.
-¡¿Eah, Sarah, nos vemos pronto, sí?! ¡Ahora, debo irme!- rió Conrad devolviéndole la esfera a su hermana para salir corriendo escaleras arriba entre risitas. -¡Allí tienes, gordita!
-¡Yo no soy gordita!- gritó furiosa. -¡Lo siento, Sarah! ¡Tú… entenderás…!- se dispensó ansiosa.
-¡Por supuesto que te entiendo!- "Yo tengo mi propio asunto aquí." -Ve por él.- le sonrió y la imagen desapareció.
Sarah regresó el orbe a su estante. ¿El frío en sus pies? ¿Quién podía sentirlo con todo ese fuego creciendo lentamente, peligrosamente? Se frotó las manos pensando en lo que sería más adecuado. Volvió a su lecho y se sentó con una mano en su barbilla.
-Muy bien… Éste será MI juego, Rey Goblin o Jareth. Yo puedo con los dos, juntos o separados. Ya conocerás las consecuencias por haberme engañado una vez más. ¡Y de esa manera!- apretó los puños. Y se frotó las sienes tratando de acelerar sus ideas. -Piensa, Sarah. Piensa. ¿Cuándo está más vulnerable?- De repente, sus ojos tomaron un brillo que nada tenía que ver con el enfado, más bien, con una dulce venganza. "¡Oh, sí!," pensó. "Duerme bien, 'Rey Goblin.' Duerme confiado con tus trampas bajo las mangas." Su sonrisa creció de oreja a oreja. Ella también podía tener doble personalidad, después de todo. Rió por lo bajo. Pero, ambas estaban absolutamente bajo su control y congeniaban de maravilla, al menos, ésta vez.
Jareth dormía sobre uno de sus lados apaciblemente bajo las sábanas de seda. Uno de sus brazos aferrando la almohada donde restaba su cabeza. Su semblante relajado sólo podía despertar ternura, casi parecía un ángel con su pálida piel reflejada por la luna y su rubio, casi blanco cabello cayendo sobre ésta. Sí, parecía tan bueno, tan dulce… "¡Qué lástima!," se dijo su atacante parado al pie de la gran cama entre los dos doseles, labios flexionados en una macabra sonrisa. La sombra elevó sus brazos con el arma entre sus manos… Un crimen se llevaría a cabo. "¡Qué lástima!"
-¡¿Qué rayos…?!- Jareth no pudo evitar sobresaltase ante la intensa ola de frío que lo sobresaltó arrancándolo de su sueño. ¿Estaría viajando y dormido se habría caído al mar? Se sentó tan veloz como un resorte, y parpadeó al ver al criminal frente a sí. ¿Estaba soñando? ¿Por qué a él? ¿Qué hizo? Todo lo que atinó en primer lugar fue pasarse una mano sobre el rostro.
Sarah no pudo evitar largar una sonora risotada. ¡Se lo veía tan gracioso cuando pegó un grito y la miró con ese gesto de estupor! ¡Y ahora…, que lo había visto mejor, prácticamente lo había bañado de pies a cabeza. El balde se deslizó de sus manos a causa de su hilaridad, y su cuerpo se arqueaba por la agitación.
-¡¿Por qué hiciste eso?!- reclamó él con el ceño fruncido. ¿Así que estaba enfadado, eh? ¿Y, qué iba a hacer, pedirle ayuda al 'Rey Goblin'?
-¡Por qué es lo que mereces! ¡Y en realidad, es poco!- lo enfrentó. -'Rey Goblin.'- Jareth elevó una ceja, pero, ésta vez con suspicacia.
-¿Cómo me llamaste?- le cuestionó poniéndose de pie.
-'REY GOBLIN,' así es como te llamé, JARETH.- espetó. -¡Y si das un paso más, te juro que te haré tragar el agua con cubo y todo!- él se detuvo hasta oír su amenaza, entonces, avanzó con una sonrisa siniestra. ¿Quería jugar con agua, eh? Él le daría el gusto.
-¿Qué puede hacerme un poco más de agua?- encogió sus hombros, ella comenzó a retroceder. -Quien tiene el problema eres tú, cosita. Tan seca y tibia como debes estar… Creo que te usaré de toalla.- amplió su sonrisa.
-¡No te acerques!- lo amenazó tomando el balde vacío que estaba a pocos pasos.
-¿Me vas a pegar con eso, chiquitita?- se cruzó de brazos.
-¡Sí! ¡Y créeme que lo haré con gusto!- Jareth apoyó un dedo a un lado de su nariz haciendo un gesto despectivo ante el ultimátum, dando vuelta el rostro por unos segundos.
-Sarah…,- la estudió de arriba a abajo -ese camisón rojo te hace muy sensual. ¿Me pregunto… cómo quedará después de un buen chapuzón?- la miró a los ojos que se agrandaron.
-¡Tú no me toques, fey mentiroso y tramposo!- lo señaló con el dedo. -¡Tú no sufres de doble personalidad! ¡Casi me das un susto de muerte allí en el bosque, y ahora te quejas por un poco de agua helada! ¡Acepta que te mereces eso como mínimo, y que no hay castigo para tu… tu…!
-¿Ingenio?- se mofó yendo hacia a ella.
-¡Jareth, te lo advierto!- volvió a señalarlo. -¡No es justo!- el rey apenas pudo contener su risa.
-Bueno…, la vida no es justa. Tú tienes un balde y yo no. Soy un pobre diablo desarmado…- continuaba avanzando y ella retrocediendo, ahora con la cubeta levemente elevada como para defenderse. -Y…, en muchas otras cosas, yo siempre estoy en desventaja ante ti. ¿Me escuchas a mí estar diciendo a cada rato que 'no es justo.'?
-¡No me importa, farsante!
-Dame el recipiente.- extendió su mano moviendo sus dedos hacia sí.
-¡No! ¡Vuelve a tu cama y reconoce que perdiste!
-¿Que perdí?- sonrió con todo su esplendor. -¿Ves como me obligas, conejita? Muy bien… Es obvio que debo estar recordándotelo a cada momento.- su mirada fue seria, su voz poderosa. -Sarah, entrégame el balde.
-N-no…- fue todo lo que pudo decir en un susurro apenas audible, entre tanto, sus brazos obedecían al monarca.
-Buena chica.- sonrió éste con sorna una vez que tuvo el recipiente en su poder y lo hizo desaparecer. -Ahora, estamos en igualdad de condiciones. ¿No es eso justo?- quebró su poder sobre Sarah, la cual exhaló un suspiro al sentirse liberada. La joven enfrentó su mirada, él todavía no había terminado, podía verlo en el brillo de sus ojos, y cuando elevó esa ceja y vio esa mueca en sus labios, todo lo que atinó fue correr.
-¡No te me acerques!- clamó yendo hacia la escondida puerta que conducía a su habitación. Mas, Jareth hizo un movimiento con su mano. Cuando Sarah elevó el tapiz que ocultaba el pasadizo, se encontró con que ya no estaba. -¡Déjame salir!- giró para verle, él recién había comenzado a acercarse.
-¿Por qué? Yo no te invité, pero, ahora, no quiero que te vayas.- sonrió ladino. -Y…, tú sigues estando muy confortable en tu ropa seca.
-¡Y tú estabas muy confortable allá afuera asustándome con tus… idioteces!
-Sí, debo reconocer que me encanta asustarte. Pero, Sarah, cuidado. Yo soy Jareth y Jareth es el Rey Goblin.- su expresión fue casi maliciosa.
-¡Vete!- espetó ahora alejándose de su ubicación antes de que él la acorralara. -¡Déjame sola!
-¿Irme de mi propia habitación? ¿Te escuchas, conejita?- rió por lo bajo. -Oye, Sarah, ¿ésta situación no te trae recuerdos, mi 'conejita.'? Sólo que debería estar más oscuro.
-¡Aléjate! ¡Ah!- gritó cuando él intentó atraparla y corrió hacia la cama; al ver que él continuaba yendo hacia ella se subió al mueble y cuando él se arrojó tratando de capturarla pegó otro grito y un salto sobre el colchón para luego pegar otro y terminar de pie en el suelo. -¡Estás loco! ¡Chiflado!- lo señaló causativamente.
-¡Sí, mucho!- afirmó él gateando sobre el lecho para perseguirla; en su rostro llevaba la escrito la palabra venganza. -¡Así que es mejor que te acostumbres!
-¡Nunca! ¡Odioso patán!- se apartó nuevamente hacia el otro lado de la cama y de la alcoba. Él, ya del otro lado del lecho, comenzó a rodearlo, cuando ella dio un paso hacia adelante como para volver a intentar la ventaja que el mueble le ofrecía, él le dio a entender que ésta vez se subiría al mismo tiempo que ella, ya que estaba a los pies del mismo. -¡No te acerques!- clamó una vez más caminando hacia el único sendero libre tras de sí.
-Al contrario.- dijo yendo hacia ella sabiendo que seguiría retrocediendo más y más. Detrás de Sarah, la puerta oculta que llevaba a la sala de baño se abrió sin que ella se percatara de ello.
-¡No es justo!- volvió a exclamar ya pasando el dintel. -¡Tú estás usando magia!
-No. Sólo para que me dieras el balde use 'mi' poder sobre ti. Pero, te doy mi palabra de que no usaré magia para… cazarte.- sonrió. Sarah aspiró con fuerza. ¿Éste era el verdadero Jareth, entonces? ¿El Rey Goblin? Tragó saliva y advirtió en dónde estaba.
-¿Jareth?
-¡Vaya, vaya! ¿De repente, te has vuelto adepta a mi nombre?- la distancia se fue estrechando, ella ya no tenía a dónde ir, detrás, se elevaba una bañera.
-¡Vete! ¡Tú…!- no pudo pronunciar más nada. Él la capturó con la velocidad de un felino elevándola en sus brazos y Sarah no pudo evitar aferrarse a él al sentir el súbito descenso. ¡SPLASH…! Agua. Fría. Y una sonora carcajada. Ella se lo quedó viendo, ojos entrecerrados, aferrada ahora a los lados de la tina y el agua escurriéndole desde lo alto de la cabeza, al igual que él, pues, inevitablemente volvió a mojarse. El húmedo y azul pantalón pijama se ajustaba casi a su esbelta figura.
-¡Deberías verte!- se sujetó el estómago. -¡Oh, cielos…! ¡Podría hacer esto a diario!- Sarah apretó puños, labios y párpados. Definitivamente, lo odiaba con cada fibra de su ser. ¡El muy desgraciado se atrevía a burlarse de ella después de todo lo que le había hecho! -¡Ay, Sarah…!- trató de recuperar aire secándose una lágrima de sus ojos. -¡Contigo sí que me divertiré toooda mi larga vida! ¡Eres perfecta para mí!
-¿En verdad?- cuestionó ella controlando su furia. Él sacudió su cabeza viéndola con algo de recelo. -Entonces… ¿por qué no me besas, en vez de quedarte allí parado, 'Rey Goblin'?- ésta vez él entrecerró su mirada.
-¿En verdad?- cuestionó dudoso.
-Sí, Jareth. Quiero que me beses.- él se acercó con precaución, los labios a poca distancia. ¡SPLASH! Su rostro quedó escurriendo más agua. Ahora, era la risotada de Sarah la que inundó el cuarto. -¡Tonto!- le dijo. Jareth sólo dejó que el agua en su rostro terminara de caer.
-Muy bien.- dijo cara a cara a ella. Se apartó y tomó un par de toallones. Con su brazo libre rodeó la cintura de la joven y la quitó de la bañera.
-¡Oye…!- protestó con él sujetándola por detrás. Él se acercó a su oído.
-La próxima vez que quieras un chapuzón, procuraré cambiar el color de tu camisón. Es una pena que no fuera blanco.- murmuró con provocación.
-¡Cerdo!- trató de zafarse de su agarre. Mas, fue obligada a girar enfrentando la cínica sonrisa del monarca, por detrás de ella un cálido toallón la cubrió desde sus hombros.
-Pero, un cerdo que te cuida, ¿no es así?
-¡Sí, me cuida para un inevitable infarto!- se arropó más en la tela con cierto enfado.
-Tú ganas ésta, Sarah Williams.- se puso el otro toallón sobre el hombro. - Mas, todo tiene sus consecuencias.- la sujetó de la mano y la arrastró hacia el cuarto.
-¡Suéltame! ¡¿Qué haces?!- él la llevaba consigo, abrió un armario y tomó un pantalón verde que fue a acompañar al toallón en su hombro. Cerró la portezuela y se dirigió hacia la cama. -¡Déjame!- forcejeaba ella. Jareth soltó su mano. Ella ya estaba por huir hacia el tapiz que comunicaba ambos cuartos, cuando su voz la detuvo.
-Aún sigue cerrado.- le anunció él con una sonrisa. -Así, que te aconsejo esperar allí como una buena niña.
-¡Saldré por la otra puerta, entonces!- testarudamente tomó rumbo hacia la que conducía al pasillo.
-¿Qué otra?- inquirió él secándose el cabello con vigor. Ante los ojos de Sarah, la puerta se convirtió en parte de la pared, y aunque posara su mano sobre donde hacía segundos había estado, no pasaba nada. Sin salida. Ella volteó para enfrentarle. Ahora el monarca secaba su grácil y firme torso y le sonrió con atrevimiento. -Yo no tengo ningún problema, pero, yo que tú voltearía. Debes esperar a la noche de bodas si quieres ver más.- El rostro de Sarah se puso colorado como un tomate. ¡¿Cómo se atrevía a insinuar que ella lo estaba admirando?! ¡Bueno, quizás, sí, pero…! ¡No! Se autoafirmó. ¡Nunca! Abrió la boca e iba a dar un paso para refutar cuando Jareth se llevó las manos a la cintura de sus pantalones y ella, cerró la boca y le dio la espalda. Detrás una grave risita llena de maldad. -Es bueno que captes de inmediato los consejos, chiquitita.
-¡¿P-por qué no te cambias en el cuarto de baño?!- le reclamó ella.
-¿Quizás porque ÉSTE es MI cuarto por ahora?- ella oía los sonidos producidos por el género deslizándose. Luego, los pasos aproximándose.
-¡No!- volteó para otro lado avergonzada cuando advirtió la mano a pocos centímetros de la suya. Que en su segundo intento la alcanzó y la hizo girar. El pijama mojado y el toallón descansaban en el suelo junto al lecho.
-No te hagas ilusiones, mi nena, estoy vestido.- le sonrió triunfador. -Ahora, ven. Abriré la puerta.- se encaminaron hacia el tapiz, donde él pasó su mano por delante de éste, lo corrió y allí estaba. Abrió la entrada para que ella pasara. Ella lo observó con incomodidad y pasó delante de él sin saber qué decir o qué esperar. Él le hizo una burlona reverencia. Ya a pasos de su cama, advirtió que no estaba sola y miró tras sus espaldas.
-¡¿Qué haces aquí?!
-Lo mismo que hacías tú allí. Una cortés visita.- le sonrió cerrando la puerta que volvió a desaparecer.
-¡Tú no puedes estar aquí!- le hizo frente, él la ignoró y fue hacia su armario y se puso a revisarlo.
-Toma.- extendió su brazo con un camisón gris claro. -Sécate y cámbiate.
-¡Yo no necesito tu supervisión para hacerlo!- se acercó a él furiosa. Él inclinó su cabeza con una sonrisa en sus labios.
-¿Quieres que lo haga personalmente, o… mejor aún, que te 'ordene' con mi poder a hacerlo delante mío?- ella gritó frustrada.
-¡Monstruo!- dijo tomando la prenda con indignación y se fue al cuarto de baño.
-Cinco minutos, mi nena, o iré por ti y te sacaré así como estés. ¿Entendido?
-¡No!- gritó ella desde la habitación contigua cerrando la puerta estrepitosamente. Estaba que explotaba. Aún podía sentir la voz del otro lado.
-Te lo advierto por última vez, mi mascota. Si no haces como te digo, abstente a las consecuencias. Sabes que una puerta no me detendrá.
-¡Maldición!- oyó él parado a un lado de la entrada y le causó gracia. Sabía que ella cumpliría.
Cuando salió, tan furiosa como había ingresado, quedó cara a cara con el sonriente Jareth que permanecía manos en la cintura. Sus labios tenían esa mueca insufrible. "Rey Goblin. Rey Goblin. Rey Goblin…" se repetía ella mentalmente, como para mantener la llama de ira en sus ojos.
-Muy bien. Ahora, a la cama.
-NO iré a la cama hasta que te vayas.- le aseguró porfiada.
-SÍ irás a la cama aún conmigo aquí. Porque sino, tendrás que pasar toda la noche despierta. Tú decides.
-¡No me importa, Rey Goblin! '¡Vuelve a tu cuarto, juega con tus cristales y tus trucos, y olvídate de mí!'
-Muy creativa, mi mascota. Pero, lamento recordarte que ahora, no tengo una cama seca dónde descansar el resto de la noche.
-¡¿Qué…?! ¡Sécala con tu magia!- le reprochó ella.
-¿Desperdiciar mis poderes en cosa insignificante? No, gracias.
-¡Tú no te quedarás aquí, Jareth!- le advirtió. -¡Busca un cuarto de huéspedes o algo así!- él sacudió la cabeza chasqueando su lengua para contradecirla.
-Sólo hay dos cuartos dignos de mí persona. Uno, el del Rey, el cual ahora no está… en condiciones. El otro, es el de la Reina. ¿Tengo que aclararte quién lo ocupa?- ella quedó inmóvil por un momento. ¿Entonces, él siempre tuvo planeado convertirla en su reina? Sarah mordió su labio inferior.
-Entonces… ¡dame un cuarto de huéspedes! ¡Yo no soy tan quisquillosa como tú!
-Quizás no lo seas, pero, tu Rey sí, y sería poco caballeroso tomar tu cama y enviarte a otra.- ella lo vio inclinarse y de repente se vio en sus brazos. -Y una buena Reina sabe compartir sus riquezas, especialmente con su generoso Rey.- se dirigió al lecho viéndola con una sonrisa.
-¡Jareth, no!- le advirtió ella pugnando por liberarse. -¡Jareth…!
-Sarah, no voy a violarte.- le aseguró en un intento de calmarla. -Tranquila, cosita.- la depositó con cuidado sobre el lecho, donde las mantas estaban aún corridas y la cubrió dándole un beso en la frente. Sarah lo vio enderezarse para ir al otro lado de la cama donde se echó de espaldas debajo del cobertor; ni siquiera eso era suficiente para volver a entibiar el cuerpo tras el agua, el piso frío, y la fresca brisa de Labyrinth. La muchacha no podía quitar los ojos de encima de él con cierta aprehensión, los labios levemente temblando. Él la observó con cierta curiosidad y le sonrió. Ella le dio vuelta el rostro ofendida, lo que provocó diversión en su compañero. De pronto, advirtió movimiento y cuando reaccionó ya lo tenía junto a ella, y sus brazos alrededor de su cuerpo. -Vamos, tontita. Ven, jamás nos quitaremos el frío con ésta simple manta.
-¡No!- protestó ella y sus labios se vieron atrapados por los suyos. Sarah advirtió que era ella quien en verdad estaba helada. En comparación, los labios que acariciaban los suyos se le hacían placenteramente tibios. Jareth quebró el beso y la miró a los ojos.
-Sarah, recuerda tu promesa, hacer lo que yo te diga. Eso no fue un sueño, mi chiquitita. Tú lo prometiste.- ella se obligó a respirar.
-¿Acaso…,- se forzó en contener las lágrimas de sólo pensarlo -me convertiré en tu marioneta?
-No, mi nena.- acarició sus cabellos. -Te convertirás en mi esposa, y me discutirás cuanto quieras, pero, tendrás la suficiente sensatez de aprender cuándo no deberás discutirle a tu rey aún cuando esté equivocado.- la volvió a besar, más ligeramente ésta vez. -Ahora, acércate antes de que ambos terminemos con un resfriado.- se extendió a su lado, con un brazo estirado esperando a que se le uniera. Ella tenía sus dudas. Él la miró otra vez. -Cosita, te doy mi palabra de honor que no te tocaré. Aunque…, no lo creas, Sarah mía, te respeto.- La joven se debilitó ante esa mirada franca y tímidamente comenzó a aproximarse, su cabeza quedando sobre el masculino brazo extendido que rodeó su cuerpo trayéndola más hacia sí. El otro se reunió en su cintura. -Buenas noches, mi amor.- la observó con ternura. Ella se sonrojó viéndolo por debajo de su barbilla, pensando en que si dentro de un mes todas las noches dormirían así. Él reparó en su expresión y en su pecho reposó una oculta dicha y otra vez sus labios depositaron un beso, ésta vez sobre una de sus cejas.
-Bu-buenas noches, Jareth.- lo vio cerrar los ojos con placer, mientras, estrechó más su figura con posesión. Sarah se sentía agradecida por aquel calor que emanaba de su compañero, y pronto el temblor comenzó a desaparecer. Cómo por arte de magia, el sueño, los alcanzó a ambos.
