CAPÍTULO 29: UN BUEN DESPERTAR

N/A: ¡Hola, amigas! ¿Cómo están? Yo feliz de que hayan disfrutado de la pequeña venganza de nuestra protagonista. ¡Alguna vez le tocaba a la pobre pagarle con la misma moneda! ¿No creen? Y todas nos quedamos tranquilas en cuanto a la sanidad mental de nuestro amado soberano. ¡Jaja! ¿Se imaginan? Los pobres no darían abasto con las horas de visita si fuera por nosotras. ¡Y pobre de Sarah de tener que soportarlo por doble! Aunque… ¬-¬ también podría tener sus conveniencias… ¡Jiji! Lo siento, malos pensamientos. ¿Qué opinas Moonlightgirl? (¡y vaya que todas quisiéramos ser Sarah al menos por un ratito!) ¿Se imaginan? Algo como: -¡Pero, si acabo de complacerte! -No, para nada. Eso fue ayer, cariño… . (obvio no vamos a decir "ese no eras tú" ¿porque cómo le explicamos que en realidad fue él?)

-Sí, todo muy bien. ¿Pero, por qué siempre me haces dormir cuando estoy junto a Sarah en la cama? ¡Yo no quiero echar ese conjuro del sueño!

-Porque se supone que eres un caballero, Jareth.

-Pero, ¿qué gracia tiene? ¡Ni siquiera la toqueteo! ¡¿A dónde va a ir a parar mi reputación?!

-Jareth… ¬-¬ Creo que hay un par de feys tratando de conquistar a Sarah mientras tú estás discutiendo tont…

-¡NUNCA! (¡POP!)

-Eso fue fácil. XD. Este capítulo es algo corto, creo y no tan entretenido, pero, es el puente que conducirá a otro que les prometo las entretendrá. Oye, Krissel, ¿de veras piensas que Conrad está influenciando a Sarah? ºoº ¡Debo hacer algo al respecto! Ahora, en cuanto a personajes nuevos, en este mismo va uno, y sí, habrá más con el tiempo. Hoggle, Dydimus y Ludo no aparecerán más que por comentarios de algunos, hasta que les llegue el momento.

-¿Y cuándo me toca de nuevo a mí? -

-Todavía no, Conrad. ¬.¬

-¿Por qué? -

-Porque en este momento no estás en el castillo y la historia se sigue dando allí. -.-

-¿Por qué? -

-Quizás justamente para que no me molestes. '¬.¬

-¿Por qué? -

-¿Conrad, has leído lo que han dicho Lain3X y Krissel? Deja de molestarme y ve a jugar con tu 'queridísimo primito' o quién se te dé la gana. ¬.¬

-Sí, sí. La 'pobre e indefensa AmaterazuHime,' 'darte tregua y dejarte descansar.' ¡Uf…! Mucho. Sin embargo, Moonlightgirl ha dicho que soy un goce. ; D

-También ha dicho que tu hermana lo es. ¬.¬

-Bueno, nadie puede ser tan perfecto como yo, no es culpa de ella juzgar mal a la tontita de Alin. XD

-Creo que sé de dónde viene ese ego… T.T

-¿De dónde? -

-¡Cállate! Bueno, sigamos con lo nuestro. No me es molestia responder las preguntas y revisar capítulos, al contrario. Sus reviews no sólo me ayudan a levantarme el ánimo y saber si estoy haciendo un buen trabajo, sino también a conocer si lo que he querido plasmar en el texto ha llegado tal cual. Uno a veces puede escribir algo y alguien puede verlo de otra manera. (Aunque supongo que no está mal, después de todo, es arte y algo similar debe pasar con las cuadros.)

-¿De dónde? -

-…¬¬ Bueno, gracias por todas sus palabras de aliento. Lain3X, exageras ▪.▪, pero, sí me gusta compartir lo que hago con ustedes.

-¿Por qué, mh? -

-Porque ha dicho que tengo un enorme talento. ▪-▪

-¿De dónde? -

-…¬.¬ Alguien aquí va a sufrir mucho daño…

-¿Quién? - (¡POP!) XD

-Les juro que a veces no sé qué o quién es peor… T.T

CAPÍTULO 29: UN BUEN DESPERTAR.

Disclaimer: Labyrinth no es de mi propiedad, no recibo nada a cambio. NADA. Sí son míos Twig, Brisky y Lady Brigitte.

Los primeros rayos de sol ingresaron por la ventana. Jareth abrió lentamente sus ojos. Había descansado bien. La magia de inducir el sueño nunca fallaba. Sonrió para sí admirando a la muchacha dormida entre sus brazos.

Una de las manos de Sarah, se encontraba bajo la cintura del monarca, el otro brazo, doblado sobre su propio pecho, la mano casi cerrada cerca de su rostro en un gesto casi infantil que provocó que los labios del fey se curvaran gentilmente. Sus piernas, levemente curvadas con una de sus rodillas entre las suyas. Los labios apenas entreabiertos, como dejando escapar un suspiro.

-Mi amor…,- susurró -con tan sólo esto cada día de mi existencia sería tan feliz… Realmente, pido tan poco…- exhaló pensativamente. ¿Qué si ella prefería dormir como hasta ahora en cuartos separados? Él nunca entendió esa tontería de que dos esposos debían tener habitaciones propias. Sonrió para sí. Pues, simplemente se lo prohibiría. Sí. La absorbió más contra su cuerpo satisfecho con la idea. Ella sonrió acurrucándose. Él apoyó sus labios en su mejilla con devoción. -Yo… nunca me curaré de ti, cosa preciosa. Nunca.- murmuró.

Sarah corría en un hermoso y conocido parque de su infancia. En sus manos, un libro rojo; en su cuerpo, un simple vestido medieval. Había alcanzado la glorieta, donde se daría a cabo el baile. Y su cuerpo, comenzó a danzar tomando las manos de su compañero imaginario. En lo alto, un búho estudiaba sus movimientos con curiosidad. Ella le sonrió. De repente, advirtió que a su alrededor, estaban todos sus compañeros de escuela, sus vecinos, familiares y todos sus conocidos burlándose con crueldad o avergonzándose de ella. Ella no podía evitar que su corazón se hiciera añicos, no podía evitar que su mirada se empañara, así como no podía detener su cuerpo moviéndose en un vals que aparentemente sólo ella escuchaba. Entonces, el ave que había estado en lo alto observando la escena, descendió frente a la muchacha, ignorado por el resto, hasta que finalmente, su cuerpo comenzó a crecer convirtiéndose en un hombre, en un fey. Se hizo un silencio absoluto. Ésta vez, el Rey Goblin vestía de negro, sin su capa, sin coraza. Sólo la camisa entreabierta mostrando el resplandor de su pendiente.

-Jareth…- consiguió murmurar la apenada joven que por única vez logró detener su baile. El fey se acercó a ella ante los sorprendidos ojos y tras una leve inclinación de cabeza extendió sus manos en una invitación. Sarah apoyó una de las suyas sobre la enguantada del monarca, la otra sobre su hombro. Con su brazo libre él rodeó su cintura, y la música comenzó a sonar y él la guió por la glorieta con majestuosidad. Ambos, fey y mortal, eran como una fantasía, ninguno podía sacar su mirada del otro, ignorando a los chismosos que ahora parecían mudos e inmóviles, y que lentamente se desvanecieron. Jamás en su vida Sarah se había sentido tan protegida, tan… comprendida como en ese momento. Y se arrellanó en su pecho, aspirando la exquisita fragancia, dulce y maderada… -Jareth…- volvió a susurrar su nombre.

-Sarah…- escuchó junto a su oído. Sarah se preguntó qué tan real podía ser un sueño. ¿Sentía uno olores y oía voces tan nítidamente? Mh… Ella creía que no. Pero…, si estaba en lo cierto, entonces… De pronto, abrió sus ojos y se halló aferrada a un pálido torso. Con turbación, miró hacia arriba lentamente. Sobre el masculino hombro un mechón de rubios cabellos, más allá una mirada bicolor acariciándola y otra vez la arrulladora voz de aquellos labios que le sonrieron con paz. -Buenos días, mi Sarah.- ella sólo se lo quedó viendo, él sólo volvió a sonreírle. -¿Dormiste bien?

-Yo…,- escondió su mirada y se ruborizó. -S-sí.

-Yo también.- corrió un mechón de sus cabellos. -¿Estabas soñando?- le cuestionó, entre tanto, con calma.

-S-sí…- sus mejillas se encendieron más. -¿Por qué?

-Me llamaste.- enfrentó su mirada.

-¡Entonces, era una pesadilla!- afirmó indignada. -¡Y una que lamentablemente se transformó en realidad al despertar!- él elevó una ceja con jocosidad y fingida sorpresa.

-¡Vaya, vaya! ¿Sueños indecorosos, mi chiquitita?- la acercó poniendo su brazo libre al otro lado de ella para que su rostro quedara suspendido sobre el de la chica. -¡Y yo que pensé que era el único que los tenía!

-¡Quítate!- se enfadó y poniendo las manos en sus hombros lo empujó. Jareth se echó a reír, en tanto, abandonaba el lecho dirigiéndose hacia su alcoba.

-Muy bien. Si insistes…

-¡¿Tú fuiste, verdad?!- él la observó con asombro.

-¿Si yo fui qué cosa?- le cuestionó y ella giró bajo las sábanas abochornada.

-¡Nada!- el Rey Goblin examinó la situación por un instante. ¿Acaso, sí había estado en sus sueños? Sus ojos tomaron un brillo de contento.

-¿Entonces…, sí soñaste conmigo?

-¡NUNCA!- espetó agradecida de que él estuviera del otro lado como para no verla, pues, sentía su rostro acalorado. Se mordió los labios. De imprevisto, alguien la forzó a quedar boca arriba. -¡¿Qué haces?!- espetó avergonzada y enfadada.

-Dos veces, cosa preciosa. Dos veces me nombraste. Y…, por cierto que tu voz no sonó temerosa, si no más bien…

-¡¿Más bien a qué?!- lo desafió. -¡Más bien a desagrado!- él estudió sus ojos minuciosamente desde su sentada posición en donde tenía atrapada a su Sarah con un brazo a ambos lados.

-Más bien a bálsamo y condescendencia. Y…, por cierto que bendeciré el día que yo sea tu bálsamo, mi chiquitita.- su rostro descendió sobre el de ella. Y ésta vez, el beso fue mas exigente, consiguiendo que le correspondiera. Por fin, la falta de aire los distanció unos centímetros. -Ahora…,- dijo tratando de recuperar la respiración -debo irme antes de que Twig venga. No quiero que piensen erradamente. Yo… te tomaré el día de la boda, como prometí. Al menos que…

-¡El día de la boda estará bien!- se apresuró ella a contestar. -Tw-Twig debe estar por llegar.- él sonrió con sorna y se adueñó de su barbilla.

-Seguro, mi chiquitita.- y se incorporó para retirarse. -Pasaré por ti en… una hora.- le advirtió sin verle y desapareció tras el tapiz. Sarah respiró relajada; todavía su corazón latía a mil por hora. De repente, cuando notó todos los sucesos, sofocada se llevó las manos al rostro. "¡Oh, cielos! ¡Dormí toda la noche con el Rey Goblin! ¡Y… abrazada! ¡Toda la noche!"

-Buenos días, Su Majestad.- lo saludó Brisky al ingresar. Y, de repente, quedó como congelado al advertir la ropa tirada al pie del lecho, el mismo notablemente humedecido, y rastros de agua por toda la habitación. Tras el segundo de sorpresa, siguió su camino.

-Buenos días, Brisky.- sentado en una silla, fingió indiferencia, como si no hubiera nada disímil a otros días.

-¿Le… preparo el baño, My Lord?

-No, está bien. Ya tomé uno.- sonrió para sí.

-¿Qué tiene planeado vestir hoy?

-Nada en especial. Pasaré el resto de la mañana en mi despacho, así que, no hay problema. Quiero estar cómodo.

-Sí, Su Alteza.- se dirigió hacia el armario y comenzó a seleccionar el vestuario. Camisa celeste, pantalón azul, chaleco negro, guantes y botas haciendo juego. -¿Chaqueta, Su Majestad?

-No, así está bien.

-¡Buenos días, My Lady!- Twig entró con una sonrisa al verla sentada todavía debajo de las mantas, en su rostro una expresión perdida. -¿Ya está despierta?- cuestionó con preocupación. La muchacha salió de su ensimismamiento, recién había descubierto a Twig que la miraba con maternal interés.

-¡Oh, sí! Buenos días, Twig.- la saludó. -Perdona, estaba… pensando.

-¿Algo la inquieta, Lady Sarah?- se aproximó a ella apoyando su mano sobre las de la chica.

-N-no, Twig. Sólo que… me puse a pensar, nada más. No es nada.- se obligó a sonreír.

-Le prepararé el baño.

-Sí, gracias.- suspiró pensando que la ayudaría a relajarse. Twig regresó con el toallón y el camisón rojo que halló en el cuarto de baño. Si le llamó la atención, Sarah nunca lo supo.

-Muy bien.- dejó las prendas a un lado de la habitación. -Hoy hay un sol precioso, My Lady. ¿Qué le parece un bonito color marfil?

-Sí. Eso estaría bien.- salió de la cama y se dirigió hacia el otro cuarto donde se metió en la bañera recibiendo la sensación con gozo. -¡Ah…!- suspiró. -No hay nada como un baño caliente.- Twig le sonrió ya con el shampoo en su mano y comenzó a trabajar en su cabello con la constante expresión en su rostro.

-Hoy comenzará a venir la modista para su vestido de novia.- Sarah giró el rostro para verla.

-¿Ya?

-Pues, sí, My Lady. Si usted hace memoria, hace tres días que se informó sobre la boda. Así que sólo tenemos veintisiete días para todos los arreglos.

-Veintisiete días…- repitió mordiéndose los labios.

-No se preocupe, Lady Sarah. Verá que todo estará en orden. Todo saldrá perfecto. Las invitaciones ya han sido enviadas a los distintos reinos y a toda la nobleza.

-¿Twig…, qué si algo sale mal? ¿Qué si paso vergüenza?

-My Lady, usted jamás pasaría vergüenza, usted tiene el espíritu, usted es la Campeona de Labyrinth. No lo olvide; Su Majestad tampoco lo hace, Lady Sarah.

Ya en el comedor, Jareth ayudó a Sarah a sentarse. Desde que la había ido a buscar, y tras darse los buenos días; él con una sonrisa, ella con una mirada evasiva y las mejillas sonrosadas; no se habían dirigido una palabra.

-Espero que el desayuno sea de tu agrado.- comentó él sin perder su alegre expresión.

-Sí… Gracias.

-Estaré ocupado toda la mañana, así que, puedes disfrutar de tu tiempo como más te plazca. Si gustas, puedes permanecer conmigo leyendo o… escribiendo.

-N-no. Gracias.

-¿Entonces, qué tal si permito que salgan esos tres amigos tuyos para que paseen por el jardín contigo por un momento?

-Eso sería muy agradable. Gracias.- lo miró y su mirada se encendió. Él supo que algo vendría tras ese fuego. -¿Por qué… los sigues teniendo encerrados? ¿Por qué no los perdonas?

-Sarah, esto ya lo hemos discutido. Estoy siendo más que generoso con ellos. Cualquier otro rey los hubiera ejecutado por traición. Ellos no siguieron las órdenes.

-¡Pero, ellos son mis amigos!- quiso hacerle ver.

-Sí, quizás. Pero, TÚ eres MÍA. Y hasta que no lo comprendan, allí estarán.

-¡Pero…!

-¿Sarah, quieres pasar la mañana sola?- la amenazó. Ella descendió la mirada. -Ellos son mis prisioneros, y no los indultaré porque sí.- Sarah levantó su rostro desafiante.

-¿No les darás el perdón a quienes fueron fieles a tu futura reina?- Él la estudió con admiración. Si no la besaba allí mismo era por cierto recato ante los criados.

-Quizás, cuando mi futura reina sea una. Mientras tanto, quedarán allí al menos que yo diga lo contrario.- Sarah aspiró con fuerza tratando de conseguir el autocontrol. Él la ignoró y espió de reojo a los sirvientes. Todo normal. -¿Twig te avisó sobre la modista y demás?- ella suspiró exhalando parte de su enfado.

-Sobre la modista. ¿Qué es lo demás?

-Vendrá una maestra para instruirte en el protocolo y todo lo necesario para ese día, mucho de lo cual te servirá para el resto de tu vida.

-¿Es tan necesario?

-Si no lo fuera no te haría pasar por ello, Sarah. A mí tampoco me gustaba. Incluso, hoy día hay cosas que me molesta hacer.- suspiró con franqueza. -De hecho, como habrás notado, sólo cuando estoy con mi familia o contigo trato de no caer en ello. Trato de ser yo mismo.

-Entiendo. ¿Es… muy difícil?- cuestionó preocupada.

-Bueno…, al principio te puede parecer que son demasiadas cosas por recordar, pero, no hay mayor dificultad que esa. Otras te pueden parecer ridículas y…- espió otra vez a sus sirvientes y se acercó a ella -sinceramente lo son. El mayor problema es cuando viene gente de afuera del castillo. El resto me conoce lo suficiente como para aceptar que no me complace estar como… una especie de… máquina o algo así.

-¿Qué…? ¿Qué si no lo hago bien, Jareth?- se mortificó. Pues, al parecer, todos esperaban mucho de ella, y ella parecía ser la única que no estaba segura de parecer ni ser una verdadera reina. No pudo evitar que los ojos se nublaran.

-¡Por supuesto que lo harás bien!- sonrió él tomando su mano y palmeándola con la otra. -Cosita, tú serás mi Reina, tú eres mi prometida, mi… a… asombrosa chiquitita de ojos llameantes.- tomó su barbilla sin soltar su mano. -Lo harás bien, Sarah. Y si algo se te olvida, si algo sale mal, no lo olvides, cosa preciosa, "estaré allí por ti, mientras el mundo se cae." - su mirada era intensa y sincera. Sarah suspiró aturdida e incapaz de apartar sus ojos. Fue como si algo hubiera chocado en lo más profundo de su ser. Se humedeció los secos labios y Jareth comenzó a inclinarse lentamente sobre ella.

-¡Su Majestad!- ambos saltaron en sus asientos. Las puertas del comedor se abrieron dejando ver a un goblin que parecía algo alarmado. -¡Su Majestad! ¡Siento haber interrumpido su desayuno, Su Alteza, pero…!

-Yo lo siento más.- dijo por lo bajo junto a un suspiro. -Tranquilo, Spray. ¿Qué sucede?

-Llegó una mujer, My Lord. Y está empeñada en no ingresar al castillo si no lo ve a usted en persona.

-¿Es una fey?- cuestionó.

-Sí, Su Majestad.- él volvió a suspirar.

-¿Le hicieron algo?- cuestionó suspicaz.

-¡Por supuesto que no, My Lord! Quizás…, los pequeños…- se refería a los de menor estatura, que eran los que siempre daban problemas. -Pero, yo no los he visto, tal parece ellos le temen más a ella que ella a ellos.

-Eso pensé.- miró a Sarah con una sonrisa. -Temo, mi nena, que tu tutora acaba de llegar.- ella tragó saliva. Con esa presentación ya sentía aprehensión.

-¿No… hay otra?

-Es la única que se atrevió a venir. Y…, es de las mejores. No te preocupes, no dejaré que te maltrate. Eso lo hago yo.- le sonrió besando su nariz. -Iré a recibirla y en seguida regreso. ¿Bien?- se puso de pie.

-Sí.

-¿Lady Brigitte?- cuestionó el rey a la mujer que estaba de espaldas a él viendo amenazante y con disgusto a los goblins que a su vez la estudiaban con temor. Su cabello alguna vez rubio ahora era casi plata, su piel no aparentaba su edad y tampoco su esbelta silueta; sus ojos marrones casi se asemejaban a los del mismo Drakke en cuanto a sapiencia. Ni bien ésta giró para enfrentar al monarca, los goblins más pequeños, se escurrieron espantados; incluso algunos se refugiaron tras las piernas de su rey.

-Sí, Su Majestad.- se inclinó tomando su falda con ambas manos. -Dispénseme, My Lord; no lo oí llegar.

-No hay problema, My Lady.- extendió su mano y ella puso la suya encima con gran elegancia. Jareth la besó cortésmente y le ofreció su brazo. -Sea usted muy bienvenida.- la escoltó hacia el interior. Nuevamente los goblins se dispersaron lejos de ella.

-Gracias, Su Majestad.

-¿Ha tenido un buen viaje hasta aquí?

-Sí, My Lord. Sólo algunos problemas al llegar. Las calles estaban… infectadas de…

-Hoy es día de mercado en Goblin City, My Lady. Y…, en mi reino la mayoría son goblins.- le recordó con fría amabilidad.

-Sí, My Lord.

-¿Lady Brigitte, ya ha desayunado?

-No, Su Majestad.

-Bien.- hizo un gesto con su mano a una goblin que se acercó a ellos. -Fussy, guía a Lady Brigitte a su habitación y llévale su desayuno. Supongo que después de su largo viaje le hará bien descansar. Cuando se sienta lista le presentaré a mi prometida.

-Sí, Su Majestad.- hizo una reverencia. Él se dirigió hacia su huésped.

-Fussy es una de las criadas más eficientes de todo el castillo, Lady Brigitte. Ella verá que no le falte nada.

-Nuevamente gracias, Su Alteza.- se despidió con otro saludo y siguió a la goblin.

Jareth se quedó viéndola ascender, hasta que la perdió de vista cuando tomaron uno de los pasillos. Nuevamente sintió pequeñas manos sujetándose de sus botas y piernas. Observó hacia abajo donde se encontró con sus preocupados goblins.

-¿Qué sucede, mis pequeños estorbos?

-Ella se ve...

-Horrible.- opinó uno y los otros cabecearon en acuerdo con efusión.

-Muy estricta.

-No nos gusta.- éste sacudió su cabeza de un lado a otro. El monarca suspiró, en tanto, sus súbditos concordaban entre sí.

-Sí, sé lo que temen. Nada de diversión. Pero, sólo será por un tiempo. Yo… ayudaré a Sarah en cuanto pueda así podremos despedirla cuanto antes. ¿Les parece?

-¿Mañana?- Jareth no pudo evitar reír ante la inocencia de sus pequeños demonios.

-Mañana es demasiado pronto. Sarah necesita un poco más de tiempo. De resultar DEMASIADO… insoportable, ya se me ocurrirá algo. Por el momento, no la provoquen ni le hagan bromas. Cuando se vaya, podemos tener montón de entretenimiento. Ahora, debo volver con mi Sarah.- les avisó dirigiéndose hacia el comedor.

-¡Deja de manosearla!- se burlaron hilarantes y él giró para verles risueño.

-Cuando ustedes dejen de ocasionar problemas.- les sonrió compinche.

-¡Ella también lo toca!

-¡No, ella se hace la que no quiere y luego, lo deja tocar!- soltaron sus carcajadas. El Rey Goblin se detuvo justo ante las puertas cerradas y observó a sus súbditos con vileza.

-¿Ustedes creen?

-¡No vemos que lo golpee por ello, Su Majestá, si no, usté ya estaría en el Bog of Eternal Stench!

-Tienen razón. Los perdonaré por eso.- sonrió de oreja a oreja e ingresó al comedor.

Sarah advirtió la alegre expresión del soberano que se dirigió hacia ella. ¿Qué lo había puesto de tan buen talante? ¿La tutora? ¿Sería ella bonita? ¿Le habría hecho algún halago que desarrolló más su ya crecido ego?

-¿Qué tal… es?

-Bueno, no creo que nos simpatice a ninguno, pero, no queda remedio.- se acercó a la silla y antes de sentarse, la obligó a elevar el rostro y besó sus labios sin cambiar su humor. -Mh… Mi bella Sarah.- la muchacha se sonrojó cuando advirtió a los criados luchar con sus sonrisas. Él se ubicó en su silla. -Terminemos de desayunar tranquilos. Me encargué de que el monstruo se quede en su cuarto hasta que se recupere del viaje.

-¡¿Monstruo?!- inquirió preocupada.

-No te preocupes. Esfuérzate en aprender todo lo más pronto posible y la enviaré de regreso con gusto.

-Jareth, eso no me tranquiliza.- él sólo sonrió y palmeó su mano.

-No es para tanto, mi nena. Estarás bien.