Lo prometió es deuda, así que aquí está el ultimo capitulo, espero que les guste y muchas gracias a guest y marialaurajs por sus comentarios, y si les gusto este fic puedo hacerles muchos más pero sin comentarios… NO PÚBLICO. En fin ojala lo disfrutaren mucho y un feliz año nuevo a todos los lectores y escritores de Fanfiction.
Ladrón desenmascarado
Kagome apenas y pudo creer la facilidad con que su señor permitió la entrada de ese extraño a la casa, pero tampoco era nadie para quejarse. Aun metida en sus pensamientos camino hasta la cocina, pero en su distracción accidentalmente choco con Kagura y derramo las frutas que venía comiendo.
-¡niña inútil! ¡¿has visto lo que has hecho?!- la regaño de inmediato, pero Kagome ya se había hecho la costumbre de darle por su lado, simplemente susurro una respetuosa disculpa ocupo su lugar para preparar aún más cosas para la cena.
-¡Inuyasha!- el medio demonio bajo las orejas para protegerlas del agudo grito de Kagura.
-¡¿sabes lo que esa mocosa mal criada buena para nada hizo?!- se quejó mientras marchaba por la habitación dando pisotones.
-¿Qué fue ahora?- pregunto en tono desinteresado.
-¡LA MUY INUTIL SE TROPEZO CON MIGO Y TIRO MI PLATGO DE DATILES CON ALEBOSIA!- Inuyasha frunció el ceño con profundo cansancio, tres días y siempre era lo mismo, ¿y porque no los había echado de su casa? Esa vieja demoniza gritona le iría con el chisme a Sesshomaru y él lo mandaría al calabozo.
-y también se disculpó Kagura- le explico rogando para que lo dejara hasta ahí.
-deberías echarla a la calle o aún mejor venderla a los comerciantes de esclavos – ante esa última mención Inuyasha gruño amenazadoramente.
-después de esta noche escribiré a Sesshomaru, seguro que le extraña que su esposa y primogénito aun no vuelvan a casa ¿no te parece?- la miro en tono amenazante que por fin le cerro la boca a Kagura.
Afuera en el jardín Naraku había escuchado toda la conversación y sonreía ansioso, no había pensado en eso pero esa mujer chillona tenía razón, esa criada era una muñeca, sería una estupenda adición a su harem en cuanto se volviera el hombre más rico de Persia. Pero eso claro después de que su banda silenciara a los demás.
-no cabe duda de que mi señor es caritativo, pero aun así me parece un descaro lo de ese hombre- murmuraba Kagome entre dientes mientras amasaba la masa para unos bocadillos.
-mira que ir a la puerta de un desconocido a estas horas pidiendo alojamiento- gruño tomando la jarra de aceite, pero cuando la volteo no quedaba ni una gota.
Con un encogimiento de hombros se dirigió a la tinaja donde almacenaba los aceites, pero justo cuando tomaba la cucharilla para rellenar su recipiente un murmullo le llamo la atención.
-bien muchachos, no cabe duda de que esta es la casa correcta…- escucho que murmuraba el vendedor de aceite, así que con mucho disimulo asomo uno de sus castaños ojos por la rendija de la puerta y pego su oído a la misma.
-en cuanto todos en la casa se duerma les daré la señal y los acabaremos ¿han entendido?- instruyo con un tinte de emoción en su voz.
-¡si jefe!- asintieron los ladrones.
-pero no griten idiotas- los regaño y sacudiéndose el polvo tomo rumbo a la casa.
-¡oh no! Tengo que hacer algo- palideció Kagome.
Algunos minutos después Naraku, Kagura, Hakudoshi e Inuyasha se encontraban en la sala descansando y conversando anímicamente. Kagura hacía de todo para lucirse frente al huésped, Hakudoshi no tenía reparos en demostrar su aburrimiento, el único que realmente hacia amena la velada era Inuyasha, que buscaba por todos los medios conversar con su huésped.
-entonces seguro fue un viaje muy largo- sonrió el medio demonio después de escuchar el entretenido relato del hombre frente a él.
-disculpen- resonó la voz cantarina de Kagome en la habitación.
-¿gustan beber algo antes de cenar? Aún no está listo- sonrió cálidamente mostrando una bandeja con cuatro copas y una jarra de vino.
- solo esto nos faltaba, que no tenga listas la cena esta mocosa ¿no sé cómo puedes permitir a una persona tan inútil en tu casa Inuyasha?- se quejó Kagura mientras se abanicaba con pompa y gallardees.
-es una buena idea Kagome, pero sírvele primero al invitado- sonrió Inuyasha aprobatoriamente ignorando el cruel comentario de su cuñada.
-desde luego, amo ¿me permite?- asintió Kagome sirviendo la copa al pelinegro.
Aprovechando que los invitados estaban entretenidos con la bebida y los refrigerios Kagome corrió al patio donde amarro las tapas de las vasijas con un trozo de cuerda, de manera que fuera imposible a los ladrones abrirlas desde dentro. Y luego con el mimo pedazo de soga trabo las puertas del jardín a la pared para que permanecieran abiertas de par en par.
-esto ya está, ahora…- sonrió la pelinegra, ahora solo bastaría encontrar una rama de buen tamaño.
-¡pero qué historia más divertida!- se rio Naraku ya medio alegre por el licor.
-otra historia que esta buena es la de los ladrones pazguatos- sonrió también Hakudoshi con las mejillas rojas por la borrachera, y Kagura tampoco estaba mejor que su hijo.
-¿ladrones pazguatos?- repitió con interés el demonio de ojos rojos.
-Hakudoshi, ese cuento no es apropiado- lo regaño Inuyasha no siendo capaz de creer las indiscreciones de su sobrino.
-no se preocupe, se tenerme la boca cerrada- sonrió macabramente Naraku, ganándose una mirada curiosa del ambarino.
-¿disculpe?-
-oh nada, solo bromeaba- negó haciéndose el desinteresado en el tema cuando el sonido de unos golpes secos resonaron fuera de la vivienda.
Kagome había agarrado una de las ramas con las que solía mover los leños de la estufa y había dado golpes al suelo para que los caballos cargados de las vasijas, donde se escondían los ladrones, echaran a correr despavoridos. El sonido alerto a los cuatro adultos que de inmediato se asomaron a la ventana.
-mis caballos…- susurro palido Naraku viendo como los negros corceles se alejaban con toda su banda en la obscuridad de la noche.
-¡tú plan a fracasado! ¡Ninguno de tus miserables podrá ayudarte!- entro gritando Kagome mientras señalaba acusadoramente al líder de los ahora perdidos ladrones.
-¡Kagome! ¿De que estas hablando?- pregunto sorprendido Inuyasha pero mayor fue su sorpresa cuando Naraku, ciego de rabia, desenfundaba su sable.
-mocosa impertinente ¡te enseñare a no meterte donde no te llaman!- se abalanzo contra Kagome con el sable en guardia.
Por suerte Inuyasha logro atraparlo de la cintura provocando que ambos cayeran al piso. Kagura soltó un grito agudo de terror y después de que Hakudoshi identificara que era el líder de los ladrones, madre e hijo pegaron a correr fuera de la casa sin molestarse en ayudar a su familiar.
-¡Suéltame mestizo inútil!- a medio de patadas Naraku se zafo del agarre de Inuyasha y justo cuando estaba por herirle con su sable otra espada se interpuso en su camino.
-¡no permitiré que le hagas nada a mi señor!- rugió furiosa Kagome mientras ambos hombres miraban incrédulos como sostenía firmemente la espada.
-eso lo veremos pequeña fierecilla- sonrió Naraku y con todo el uso de su fuerza comenzó a embestir con su sable la espada de Kagome.
Pero sin importar que tan duro golpeara, la joven apenas y sudaba mientras bloqueaba los ataques, para después ponerse a atacar con una puntería tan exacta que el propio Inuyasha se agotaba de solo ver los esfuerzos de Naraku por defenderse. Finalmente Kagome dio un giro de muñeca y el sable del líder de los ladrones salió volando incrustándose hasta la mitad en una de las vigas del techo.
-caramba- suspiro Inuyasha aun sin salir de su asombro. Naraku por su parte se tensó viendo la pinta del afilado metal contra su laringe.
-antes o después volveré- amenazo echando a correr a la calle.
-seguro va a la cueva, ¡tenemos que seguirlo!- Inuyasha sin avisar tomo a Kagome, la acomodo en su espalda y ambos fueron en pos del fugitivo.
Naraku corrió a todo lo que daba sin dar mucha importancia a sus perseguidores, su talento cuando comenzó como ladrón, aparte de la sangre fría para matar y su astucia había sido la velocidad. Pero Inuyasha también era rápido, y Kagome era tan ligera que apenas y le afectaba su peso. En menos de unos minutos estaban frente a la montaña.
-¡ábrete sésamo!- grito Naraku sin frenar su carrera lista para saltar al interior de la cueva.
-¡que no entre!- advirtió Kagome a su señor, puesto que si se metía en la cueva ya sería imposible atraparlo.
-¡ciérrate sésamo!- rugió Inuyasha sin cuestionar la orden de su criada.
Justo en el momento en que Naraku tenía ya medio cuerpo dentro de la cueva las dos piedras se cerraron atrapándolo por la cintura en un apretón tan duro que el aire se le corto impidiéndole hablar para liberarse. Inuyasha se detuvo a pocos metros de donde Naraku pateaba desesperado a causa del dolor, la imagen era tan cómica que Kagome no logro aguantarse las ganas y se rio estrepitosamente, Inuyasha también se hecho a reír.
Inuyasha, aprovechando que Naraku estaba completamente sometido dejo a Kagome para vigilarlo y corrió a la ciudad para ver a la única persona que estaría aún más encantada que el con la noticia de la captura. Cerca de una hora más tarde el junto con su hermano mayor y una buena cantidad de guardias iban de regreso a la cueva donde Kagome los espera. Naturalmente Inuyasha había tenido que explicarle a Sesshomaru con lujo de detalle todo lo ocurrido, desde que encontró la cueva hasta lo ocurrido aquella noche, incluido el papel de su mujer y su hijo.
Algún tiempo después, Inuyasha se encontraba construyendo una preciosa casa nueva, contrario a todas sus expectativas Sesshomaru había estado de lo más abierto para ayudarlo con lo de Naraku, de hecho le cedió toda la recompensa que había por capturarlo y devolver los tesoros a sus dueños, que en si era cien veces más de lo que él había ganado en toda su vida. Y para sorpresa suya y de Kagome, al enterarse de la acción de Kagura y Hakudoshi los había desconocido y ahora estaba desposado con una encantadora joven de 18 años llamada rin, que era todo un sol.
-jamás me dijiste que eras tan buena con la espada- le "reclamo" Inuyasha sonriendo mientras se acercaba a Kagome en el balcón.
-jamás me lo pregunto, mi señor- le devolvió ella la sonrisa, Inuyasha quedo embobado viéndola, ahora vestida con un traje de seda verde bandera con adornos blancos un velo color lima y el collar de pata que le había regalado.
-¿sabes? Con la recompensa de los ladrones ahora si podré pagarte- Kagome lo miro sonriendo divertida.
-yo no quiero dinero- negó con la cabeza la pelinegra dio un par de pasos coquetos hasta él.
-me conformo con seguir viviendo en esta casa- Inuyasha sonrió con una satisfacción apenas disimulada.
-¿oh? Entonces no me quedara de otra que acerté mi esposa Kagome- no era una pregunta, sino una afirmación.
-lo he deseado desde aquel día que te conocí- sonrió ella y al albor del atardecer compartieron su primer beso.
Ya sé, ya se, todos se preguntaran ¿Qué fue del malvado Naraku? Pues digamos que un poco lejos de ahí justo enmendó del desierto…
-¡BAJENME DE AQUI!- gritaba Naraku atado de espaldas en el lomo de un caballo, sobre su cabeza un palo con una zanahoria colgando de un cordel guiaba al hambriento equino en distintas direcciones.
-¡ME PORTARE BIEN PERO BAJENME DE AQUI!-
Y colorín colorado,
Este cuento se ha acabado
