CAPÍTULO 32: GUERRA FRÍA.
N/A: ¡Hola! ¿Qué cuentan? Espero que hayan pasado un agradable fin de semana. ¡Wow! Me sorprende que apenas publique el capítulo ya me envíen reviews. ¡Sí que están atentas!
-Las tengo fascinadas. ; D
-¡Oh, Jareth! ¿Estabas ahí?
-Siempre.
-Me alegra ver que no estás con tu primo, por ahora. Bueno, sigo con tus fans, aquí presentes… Y sí, ya empieza la cuenta regresiva. Si no me falla la memoria, nos quedan 12 capis. Lo bueno, (como bien dijo Krissel) reaparece Conrad.
-¡ESO ES LO MEJOR! ¡YEAH…! ¡VAMOS TODOS AL ONE-EYED CHICKEN A FESTEJAR! XD¡POP!
-Y hablando de Roma… e.e.
-¡Yo voy contigo, Conrad!- ¡POP!
-Tanto mejor. ⌐.⌐ Jeje. Sarah no está tan… impasible. La chica es cabezadura y una guerrera innata, es ello lo que la lleva a actuar de esa forma, Krissel. Apuesto a que si le desafías a comerse un gusano, ella lo hará (no sin asco), pero, se preparará para ello. Y con tal de darle la contra a Jareth que a su vez la ha estado fastidiando… Y no es tan "Reina del Hielo," Lain3X, sólo se muestra así y ha querido como… encontrar su igual para el "Rey Goblin." ¿Quién podría ser de hielo con semejante fey a su lado? (suspiros) Y sí toda la familia regresa con más disparates. ¡Jaja, seguro que Conrad no hará más que lío! También tú estás contenta, Moonlightgirl, lo sé. Y sí, Doña Gruñona resultó ser estricta, pero, comprensiva. : ). Bueno, sobre los todavía prisioneros amigos de Sarah, tómalo como una cuestión de estado. Tan mal no los debe tener de momento que les permite pasear con Sarah por el jardín y ella no le ha reclamado sobre su desmejora ni nada que se le parezca, tan sólo por su encierro. Ya todo se resolverá en su momento. ¡Jeje! Ustedes casi siempre se adelantan a los hechos cuando estos están cerca, es mera intuición femenina. ¡Poder femenino!
-Y, linda playera, Lain3X. .
-Estoy de acuerdo contigo, Alin. ¡Viva el poder femenino! ò.ó Y gracias a Lain3X, Krissel, Moonlightgirl y megumisakura por sus reviews.
Disclaimer: Tú y yo sabemos quiénes son sus dueños. Entonces, sólo te diré que yo soy dueña de Scary, Babbette, Gontran, Alin, Erwin, Conrad y del pobre Gaspard que lo soporta.
Jareth no podía sacar la mirada de ella, especialmente teniéndola frente a sí. La muchacha se mostraba impertinente, su espalda bien pegada al respaldo, su cabeza en alto como si pudiera ver al mundo entero con desdén desde esa altura, su mirada pasaba por momentos sobre él como si frente a sí, en vez de un rey hubiera un mísero vasallo. ¡Que lo llevara el diablo!, rió para sí. ¡En momentos como éste le gustaría no ser tan 'caballero'! Sí; el 'Rey Goblin' disfrutaría apoderándose impiadosamente de semejante 'conejita'. ¡Qué lástima!
Sarah mantenía su impertérrito escudo ante la vista del 'Rey Goblin,' recordándose una y otra vez que su madre era una actriz, y que por lo tanto, algo de ello había en sus venas. Aunque por dentro deseaba no estar allí a solas con él. No podía evitar advertir aquella licenciosa mirada sobre su persona o sobre cierta parte de su persona, haciéndola arrepentir de haber escogido ese vestido. Por otro lado, él ostentaba esa odiosa mueca en sus labios, que lo hacía verse como un demonio… Atractivo. Claro que se había imaginado que su papel de 'correcto' se acabaría en cuanto Lady Brigitte se marchara dejando lugar a su lado villano, el 'Rey Goblin.' Pues, en verdad era con éste con quien tendría que lidiar. Y él con la 'futura reina imparcial.' Sonrió para sus adentros. Sí. Cuando él era el 'Rey Goblin,' ella sería la 'Futura Reina Imparcial.'
Con suerte, arribarían en casa de Sir Erwin con tiempo para la hora del té. Aún deteniéndose durante el mediodía para alimentarse y restaurar a los caballos y a la escolta. Antes del mediodía, el sol demasiado ardiente, inevitablemente daba sobre una de las caras del carruaje, hiriendo los ojos de los ocupantes. Jareth se inclinó hacia adelante para correr la cortina. Sarah medio adormilada se sobresaltó. Él, sin haber llegado todavía a alcanzar la tela, la observó sorprendido y luego sonrió con descaro.
-No se preocupe, 'My Lady.' Sólo pretendo evitar que el sol siga encegueciéndonos.
-Veo. Gracias, entonces, 'Su Alteza.'- se recompuso ella. Él extendió su brazo y alcanzó la tela que dejó el interior a media luz.
-De nada, 'Lady' Sarah.- su voz fue sedosa, aún permanecía cerca de ella provocándola. Su mirada se posó desfachatadamente sobre su escote. -Lamentaría que… algo pudiera dañar semejante… adorno.- Acarició con el nudillo de su dedo índice la fina pieza en forma búho hecho en plata y diamantes que reposaba a poca distancia del nacimiento de sus senos. En ningún momento el guante rozó la fresca piel. El corazón de Sarah no estaba preparado para algo como eso; el mismo latía con violencia y sus ojos parpadearon. Su respiración se agitó levemente. Aún así, encontró las fuerzas para hablar; quizás, otorgada por el propio nerviosismo.
-Su Majestad, le recuerdo mantenga su lugar y no se comporte como un… vulgar inculto. Y…, le agradecería que tenga presente que… seré su esposa, no su cortesana.
-¡Vaya, vaya, 'conejita'! No sabía que conocías todas esas palabras.- ella lo fulminó. -Bueno, no es mi falta; acostumbrado a oír de tus labios cosas como 'no es justo,' 'es muy fácil,' 'esa es tu opinión,' y mi favorita: 'es tu culpa.' Aunque… a esa última la modificas a tu antojo según la ocasión.- Los ojos de Sarah se encendieron indignados.
-Hay mucho que usted, 'My Lord' no sabe de mí.- lo desafió.
-¡Oh!- sonrió. -Pero…, lo sabré…- la miró directo a los ojos -pronto.- y se enderezó en su asiento satisfecho. "Punto para el Rey Goblin, chiquitita." Sarah estaba furiosa, ofendida y frustrada. ¡Maldito Rey Goblin! -Y… con respecto a la diferencia entre esposa y cortesana…, en vista de que a la buena Lady Brigitte pareció pasársele por alto tan importante asunto, me molestaré en explicárselo. La primera tiene autoridad después del REY, o sea, YO; lo que significa, My Lady, que nadie está por encima mío; y la otra no tiene autoridad salvo para con los criados, especialmente los propios, y… su mando depende de su título. La primera da un hijo legítimo y la otra no. La esposa no puede tener amantes, la otra sí, al menos que YO, el REY diga lo contrario. Y…, por supuesto; el REY puede gozar de TODAS las amantes que se le antojen y la prudente y respetuosa Reina lo debe recibir con los brazos abiertos cuando éste decide hacerle una visita a su alcoba. ¿Lindo, no?- le sonrió. -Lo único que tienen ambas en común es que son propiedad del REY para su uso y desuso.- Sarah tuvo que luchar por contener las lágrimas. ¿Ese sería su destino dentro de once días? Respiró con fuerza y desvió su mirada hacia la ventanilla contraria, aún abierta. Él la espió por el rabillo del ojo; no, no estaba satisfecho. De hecho, ni siquiera le causó placer. Mas, no iba a volverse, ni iba a darle más armas; ya por sí sola, Sarah Williams era una chiquilla peligrosa. Al menos, para él. Con su báculo deslizó levemente el telón para concentrarse en el exterior. Cualquier cosa con tal de forzarse a ignorarla. Y ella, estaba agradecida con que él decidiera hacerlo, porque… si hubiera agregado una palabra más, si hubiera insinuado otra cosa más… no hubiera podido seguir con su fachada.
Cuando el sol estaba en lo alto del cielo, el carruaje y los goblins se detuvieron a un lado del camino. Scary, el más próximo al monarca; vino a avisarle a su señor que todo estaba en orden y que tanto él como la dama ya podían bajar sin preocupaciones.
-Gracias, Scary.- dijo el Rey Goblin, mientras, éste le abría la portezuela y extendió la escalerilla. Jareth salió con el largo de su negra capa sobre uno de sus brazos. Una vez tocado el suelo, giró para extender su mano a la muchacha. Sarah observó la mano enguantada. Daría todo por rechazarla, pero, de hacerlo él descubriría su farsa, así que se dejó ayudar. Inevitablemente, sus miradas se cruzaron, él estaba serio, aunque parecía tratar de analizar sus pensamientos sin invadirlos. Ella lo miró desairada y descendió con frialdad, observando a un lado y a otro con desdén. Jareth no dijo nada y la condujo a unos metros fuera, bajo un árbol, donde los guardias habían extendido una manta y ubicado la canasta con alimentos y botellas.
Allí la ayudó a sentarse sobre la manta y él se ubicó a su lado, con la espalda reclinada sobre el tronco. Sarah advirtió que ésta vez nadie vendría a servirles, por lo que supuso que ella sería la encargada, pues, de otra forma, él hubiera impartido sus órdenes y los soldados, salvo los que montaban guardia sobre el vehículo y sobre ellos, estaban preparándose para descansar tras atender a los caballos. Todos estaban ocupados. Suspiró pensando en que esto era lo que menos quería hacer en éste momento, sería más fácil con un tercero de por medio. Las manos enguantadas iban rumbo a la canasta, cuando ella se le adelantó.
-Esa no es tarea de un 'REY,' My Lord.- dijo abriendo la misma sin verlo. Jareth volvió a pegar su espalda sobre el árbol sin dejar de verla. Ella lo estaba ignorando, sacando cosa por cosa de la maldita canasta. ¿Por qué no podía ser franca? ¿Por qué no podía llorar por lo que él había insinuado y dejarse consolar? Eso hubiera mejorado las cosas, por cierto. ¡Testaruda! Sin pensarlo su mirada se posó en la nuca descubierta de ella y suspiró. "Sólo un par de horas más, Jareth. En cuanto llegue tendrá que cambiarse el encantador, pero, maldito vestido."
El almuerzo resultó tan frío como los alimentos que lo componían. Sarah se comportó con toda cortesía y lo trató como a un verdadero rey. Él no hizo más que contestarle lo preciso con cierto disgusto que intentaba no demostrar. Los guardias ya estaban listos para seguir la marcha, y ellos también.
-My Lady.- dijo él ya de pie estirando su mano. La joven estiró la suya a su vez y quedó a su lado.
-Muy gentil, Su Majestad.- se inclinó tomando su falda. Jareth dejó escapar levemente un poco de aire de sus labios y miró hacia otro lado. Esto lo estaba cansando. Sin más, se dirigieron de nuevo al vehículo.
Tras una hora de viaje, el Rey Goblin comenzó a repiquetear su cetro en su mano sin quitar los ojos de la muchacha, que ahora, leía educadamente un libro de Geografía del Underground. ¡¿Por qué rayos le interesaba eso ahora?! ¡Él preferiría que le gritara, que lo desafiara así podría tener la excusa perfecta para acercarse, besarla y hacer las paces! Ella parecía estar muy concentrada en ese endemoniado texto. El cetro permaneció quieto en las manos juntas del monarca, en tanto, uno de los talones de su bota comenzó a percutir tan nerviosamente como antes el báculo en su mano. Sarah parecía no sólo ciega, sino además sorda.
Sarah escogió tener algo en sus manos que le ayudara a no tener que verlo, lo cual era difícil sentada justo frente a él. Tomó uno de los libros que Lady Brigitte le seleccionó y que a ella le servirían no sólo para conocer más sobre su… nuevo mundo, si no además, para su nueva imagen. Al principio, la lectura la desvió un poco, mas, le resultaba algo aburrida, pero, jamás se lo daría a conocer. La poca concentración que lograba mantener, se acabó cuando él comenzó con ese fastidioso bastón que con gusto se lo partiría por la cabeza, y después, la bota y el constante movimiento de su pierna al compás del ruido. ¿Acaso ahora no le gustaba su propio juego? ¡Pues, se alegraba! "Uno a uno, 'Rey Goblin.'"
Finalmente, Jareth, con un resoplido que dejaba ver su descontento, se trasladó al otro lado de su asiento, sentándose totalmente apoyado sobre la pared del coche, ocupando así, el ancho del mismo; una pierna doblada arriba del banco, la otra estirada hacia el piso. Sarah despegó los ojos de las páginas para verlo con desinterés.
-¿Hay algo que lo perturbe, Su Majestad?- le cuestionó volviendo su vista a la lectura.
-MUCHAS cosas.- siseó él. -Y son TANTAS, que no sé por dónde empezar.
-Bueno,- contestó sin mirarlo -lamento no poder ayudarlo, My Lord. No puedo organizar sus pensamientos ni me corresponde.- Jareth la observó con rencor. ¡Sí, ella podía ser tan cruel como él cuando se lo proponía!
-¡Oh! Pero…, quizás, hay algo que pueda hacer por mí, después de todo, Lady Sarah.
-¿Realmente?- cambió la página. -No puedo imaginar qué será, Su Alteza.
-Bueno…, quizás…,- se pasó a su lado -si se dignara a verme, My Lady.
-Si es eso lo que Su Majestad desea, no me queda más que obedecer. ¿No es así?- lo enfrentó.
-Exacto.- murmuró él con su torso levemente inclinado hacia ella. Ambos podían sentir la electricidad del ambiente. El corazón de Sarah comenzó a agitarse, pero…, estaba decidida a no dejar que él lo notara. Jareth se fue aproximando más y más. Sus labios a centímetros de los suyos. -Como mi prometida, Lady Sarah, le exijo que me bese.- "Ella no puede negarse," se dijo seguro de su astucia.
-Siento tener que negarme, My Lord, pero, en vista de que usted no me abasteció con una dama de compañía y que soy la única mujer en todo el grupo, le suplico me dispense.- lo miró a los ojos con una mezcla de soberbia e inquietud. La mirada bicolor mostró resentimiento, para luego endurecerse, al igual que los músculos de la faz a medida que ella siguió hablando. -Si usted gusta, puede decirle a sus hombres que se detengan en alguna taberna o algo similar. Con gusto lo aguardaré en el coche, mientras…, usted satisface su apuro.- Ésta vez los ojos del rey delataban su furia, Sarah se sentía en peligro, si él dejaba salir lo que sus ojos revelaban, había muy poco que ella pudiera hacer. Se quedaron unos segundos así, segundos que a ella le parecieron horas.
-¿Sabes qué, mi mascota?- ronroneó dejando sólo unos milímetros entre sus labios, sin quitar su mirada de la de ella. Podía sentir su miedo, podía sentir su inseguridad. Y sabía cuáles podían ser sus propias reacciones para que ella le temiera de esa forma. Ahora, se acercó a su oído, Sarah apenas se movía salvo por su irregular respiración; él era como una nefasta sombra cubriéndola; los mechones más largos del rubio cabello acariciaban su piel desnuda del escote. -Creo que disfrutaré mucho nuestra noche de bodas.- Sarah apretó los ojos por un segundo y se forzó a mantenerse serena. "¡Monstruo!." Lo observó con odio y se relajó cuando él volvió triunfante a su lugar, pero, ahora, debía controlar el temblor de sus manos. Agradeció el libro entre éstas y volvió a concentrarse en él. "Dos a uno, conejita." Y nuevamente reinó el silencio.
Un par de horas más, Jareth ya estaba harto de su indiferente y tan intelectual compañera. ¡¿Cuánto podía llevar leer una maldita página?! ¡Desde que él se había vuelto a sentar en su lugar, sólo una vez había girado las odiosas hojas del endemoniado libro! Aspiró con fuerza y en un instante, el libró voló por la ventana. Sarah quedó aturdida en un principio, obviamente no esperando que él hiciera algo así. Luego, suspiró y tomó otro más. Historia. Jareth observó el objeto y a ella nuevamente. ¡Zas! Un libro menos. Ella lo observó indignada, él sólo sonrió como desafiándola a tomar otro. Ella, por supuesto, con porfía, se hizo del siguiente. Ceremonial y Protocolo. Antes de que ella pudiera abrirlo corrió con la misma suerte que el resto.
-Créeme, querida, que la tierra no necesita de una biblioteca.- le advirtió por las dudas de que tuviera algún otro escondido.
-Pero, aparentemente, el Rey Goblin sí si trata la suya de ésta manera.
-Yo no necesito de esos libros.- sonrió con orgullo.
-Imagino que no, My Lord.- sonrió sarcástica. -Es… notorio.- él entrecerró sus ojos. Iba a replicar algo cuando el carruaje se detuvo y la puerta fue abierta.
-Su Majestad.- Scary le hizo una reverencia. Pronto, los criados comenzaron a descender los bultos del coche. Jareth descendió, seguidamente, Sarah.
-¡Primo! ¡Sarah!- Alin clamó feliz de verlos y corrió hacia ellos. Primero abrazó a su primo a quien besó en la mejilla y seguidamente se apoderó de Sarah. -¡Estoy tan feliz de que ya estén aquí!
-Gracias, Alin.- Sarah sintió cierto confort en sus brazos.
-¿Dónde está el resto?- cuestionó Jareth con una sincera sonrisa.
-¡Oh!- rió la joven fey. -Mi padre y mi esposo me pidieron que los excuses. Los hombres de la casa tuvieron que ir a solucionar una pequeña emergencia campesina. Tal parece algún gracioso cambió las frutas por colmenares.- El monarca la miró con suspicacia.
-¿Dónde está tu hermano?- Alin suspiró.
-Supongo que tratando de escaparse de las abejas.- a Jareth se le escapó una risita.
-Eso me gustaría verlo.- giró hacia su guardia. -Scary, haz que los hombres se refresquen y regresen. Contigo y con Ugly será más que suficiente. Ordénales regresar en cinco días. ¿Entendido?
-Sí, Su Majestad.
-En verdad me alegro de verte, Sarah. Jareth nos dijo que estabas tomando clases con Lady Brigitte.
-Sí. Hasta ayer.- contestó con cierta incomodidad. Ella no sabía que él se había mantenido comunicado con su familia. Claro que no tenía que llamarle la atención. Era su familia, después de todo. Y ella con tantas cosas ni siquiera se acordó de comunicarse con Alin después de la primera semana.
-Ella es una de las mejores. Yo no tuve la suerte de tenerla, pues, en ese entonces, tenía a una princesa de otro reino bajo su tutela.- Jareth terminó de dirigirse a sus hombres y fue rumbo a las jóvenes.
-Muy bien, My Ladies, ¿entramos?- ofreció sus brazos. Alin se tomó en seguida riendo. Sarah resignada. A él podía mentirle, pero… ¿podría hacerlo delante de éstas encantadoras y amables personas?
-¡Por supuesto, Su Majestad!- le respondió su prima risueña y guiñando un ojo a Sarah. Ésta se limitó a sonreír.
Cuando ingresó advirtió la elegancia y la calidez que combinaba la vivienda. Era como ver al mismo Erwin en persona, con el toque femenino que era aporte de la bella Alin.
-¡Qué bueno que llegaron con tiempo como para refrescarse un poco antes del té! ¡Me he pasado la mañana organizando todos los más mínimos detalles para que ustedes disfruten su estadía con nosotros!
-Siempre igual.- le correspondió su primo.
-Por supuesto. Vengan. Les guiaré a sus habitaciones.- comenzó a subir las escaleras encabezando la marcha. Ahora, Sarah no estaba segura de cómo proceder. ¿Subía sola o debía esperar a que él le ofreciera el brazo? ¡Al diablo con él! ¡Ella estaba ahora en casa de su amiga y eso era lo único que importaba! Pisó el primer peldaño cuando sintió el agarre en su brazo. Ella volteó a verle con enfado. Él estaba serio.
-My Lady.- le presentó su brazo. Ella tras mirarlo con desdén lo aceptó. ¡Maldito sea! Y comenzaron a ascender.
-A ti, primo, te di la habitación de siempre. Espero que la encuentres a tu gusto.- giró para sonreírle y supuso que la formalidad de aquellos dos era simplemente parte de la práctica de Sarah. -La redecoré.
-Si no la has decorado en rosa o algo parecido estoy seguro de que me gustará.- le aseguró con una débil sonrisa.
-Y a ti, Sarah, te di la que está junto a la mía.- El Rey Goblin pareció no estar de acuerdo, pues, Sarah pudo sentir la leve y momentánea tensión de los músculos bajo su mano. -Así, perderemos menos tiempo para encontrarnos y charlar.
-Gracias, Alin. Eso suena genial.- le sonrió aliviada. Pues, si a él no le agradaba la idea, entonces, era porque a ella la favorecía en algo. Con eso en mente, era más que suficiente para conformarla.
La habitación de Sarah era preciosa. Absolutamente femenina. Cuando su amiga la dejó allí le comentó que había sido suya mientras soltera y que, ya de casada, su padre le había cedido la que, en teoría, perteneció a su madre clausurando la puerta que las comunicaba. Pues, él no tenía pensado volver a casarse, y su madre jamás la había usado, salvo como vestuario. Lo cual hablaba a favor del hombre, supuso Sarah. Sí. No había dudas de que Sir Erwin era un buen hombre.
Todo el decorado era en un predominante blanco y con detalles en rosa, haciéndola ver más amplia de lo que ya era. El por qué a 'Su Majestad' no le gustaba que ella estuviera en ese cuarto, todavía era un misterio que trataría de averiguar ni bien estuviera a solas con su amiga.
-Muy bien. Tu cuarto.- sonrió Alin.
-Gracias, Alin.
-Los esperaré en el jardín, allí tomaremos el té. ¿Bien?
-No te preocupes, primita, estaremos allí.
Entre éste y el de Sarah, estaban los del resto de la familia. ¡Todo porque a él le gustaba ese que tenía ventanas por los dos frentes! ¡Nefasta suerte! Y por otro lado, se cuestionaba si su tío había quitado ese hechizo sobre el antiguo cuarto de su hija. Erwin había sido un padre celoso de la integridad de su hija; y ciertamente que Gontran fue más que decente con ella, de otra forma, se hubiera ganado un formidable enemigo. Entonces, sin permiso de la ocupante nadie del sexo masculino podía pasar. ¡Esperaba que lo hubiera quitado! Suspiró. Luego se golpeó la frente. ¡¿En qué estaba pensando?! ¡Él le había dado su palabra! ¡No importaba cuán enfadado, cuán provocativa ella estuviera; él debía cumplir! Volvió a suspirar. Quizás, debió haber aceptado su sugerencia de… satisfacer su 'apuro' camino hacia aquí. ¡Pero, no quería satisfacerlo con otra! Se reprochó drásticamente.
Sarah ahogó un grito al ver al hombre saliendo por debajo de la cama. ¡¿Cómo nadie lo advirtió?! ¡¿Qué querría?! Estaba a punto de correr hacia la salida cuando sintió su nombre y una voz conocida.
-¡Sarah, espera!- La joven detuvo su mano a milímetros del mango de la puerta y giró incrédula.
-¿Co…? ¡¿Co-Conrad?!- fue hacia el fey ahora de pie. Pues, antes sólo lo había visto boca abajo deslizándose. -¡¿Qué haces aquí?!- él muchacho sonrió rascándose la cabeza con incomodidad.
-¿No hay un 'hola, qué gusto verte, primo Conrad'?
-¡Por supuesto que me da gusto, pero…! ¿Qué haces aquí, en mi cuarto?
-¡Por favor, Sarah!- se arrodilló frente a ella con las manos en posición de plegaria. -¡No me delates! ¡Si me encuentran en tan poco tiempo me harán añicos!
-¿Por qué?
-¿No te enteraste?- cuestionó sorprendido.
-¿Frutas por colmenares?- le cuestionó sonriendo. Él se puso de pie.
-Sólo… quise hacer una broma, pero, se me fue de las manos. Mira.- se levantó las mangas de la camisa. Ronchas por todos lados. -Necesito llegar a mi alcoba sin que me vean. ¡Por favor, prima!
-Conrad, yo no soy tu prima. Bueno…, aún. Pero…, de acuerdo. Te ayudaré porque tú me ayudaste a mí. Somos amigos. ¿Verdad?
-¡Los mejores!- le juró con agradecimiento en su mirada. Sarah suspiró. El problema, era que ella debía refrescarse y cambiarse.
-Bueno, entonces, debes irte ahora mismo, porque, verás yo recién llego y debo… cambiarme.
-¡Seguro!- contestó. -Sólo… ¿podrías fijarte que no haya peligro alguno por el pasillo?
-Sí. ¿Dónde es tu cuarto?
-Es el anteúltimo, junto al de mi padre. El que le sigue es el que siempre le dan a Jareth.
-De acuerdo. Espera aquí.- fue hacia la puerta, y la abrió con cuidado. Hacia la izquierda, nada. Derecha. Gontran, con cara de pocos amigos, en la entrada de la habitación de su refugiado. Antes de que pudiera verla, cerró con igual esmero. -¡Rayos!
-¿Qué sucede?- cuestionó preocupado.
-Se ve que la has hecho grande. Gontran está en tu puerta.
-¡Oh, no! ¡Él me va a golpear ésta vez! ¡Él es quien se encarga de los frutos!
-¿Y, por qué lo hiciste?- inquirió si sabía cómo respondería el otro.
-Mh… Aburrimiento. Soy un chico muy activo.- dijo orgulloso. -Pregúntale a mi padre. No, mejor no. Sólo lo pondrá de peor humor.
-Creo que me imagino.- rió ella. -Pero, todavía está mi problema. Necesito cambiarme o ellos me preguntarán algo al respecto. El fey suspiró. Y alguien llamó a la puerta. Los dos jóvenes se miraron sin saber qué hacer. -¿Quién es?- cuestionó Sarah.
-Soy Babbette, My Lady. Lady Alin me puso bajo su servicio.- otra vez se miraron consternados.
-¡Un minuto, por favor!- exclamó Sarah.
-¡¿Y ahora qué?!- murmuró Conrad desesperado. -¡Ella es una chismosa, y me retarán también por estar aquí!
-¿Y por qué no te trasladas con tu magia?
-Porque entonces me sentirán y será lo mismo que si me ven.- él se mordió el labio pensando en lo irritado que estaría su cuñado. Sarah permaneció pensativa.
-Déjame ver…- estudió a su alrededor. -¿Hay cuarto de baño aquí?
-¡Por supuesto! Allí.- señaló hacia determinado sitio de la pared. Estaba oculto como en el castillo.
-Muy bien. ¿Te aguantas una hora debajo de la cama?
-Pues, me pasé casi tres, no veo qué pueda hacer una más.
-Bien. Entonces, métete antes de que ella entre.
-¡Gracias, Sarah! ¡Te debo una!- de repente, la sujetó de los hombros y besó su mejilla para soltarla con igual entusiasmo. Sarah casi pierde el equilibrio. Él ya estaba escurriéndose bajo el mueble.
-¡Ya voy, Babbette!- Sarah se dirigió a la entrada, se cercioró de que Conrad ya no estuviera a la vista y abrió. Para su sorpresa, se halló con una fey.
-My Lady.- se inclinó la mujer que oscilaría entre los treinta años humanos.
-¡Hola! Pasa, por favor.- se hizo a un lado.
-Si me permite, en seguida le preparé un baño.
-Sí, por favor. Creo que nunca tuve tanto polvo encima.
-Ciertamente camino hacia aquí, hay una parte de la carretera que es muy polvorienta. Un desastre.- suspiró la mujer pensando en lo que costaba quitar la suciedad de las ropas. E ingresó al baño, del cual, salió de inmediato. -Mientras tanto, la ayudaré a desempacar sus cosas, Lady Sarah. ¿Dónde se encuentran sus vestidos?
-En ese cofre.- indicó con su dedo.
-¿Hay alguno que quiera usar en especial?- Sarah se puso a pensar. Los había escogido todos con el mismo objetivo. Verse como una reina intocable. Pero, aquí, en parte por propia comodidad, comenzaría con el más discreto. Sonrió para sí.
-Sí. Hay uno rosa.
-De acuerdo.- fue de nuevo al baño y regresó a la alcoba. -Su baño ya está listo, My Lady. La ayudaré a desvestirse, y en tanto usted se relaja un poco en la tina, yo buscaré su vestido.
-De acuerdo. Pero…, si no te molesta, prefiero desvestirme en el baño.- se apresuró a decir cuando vio que la fey ya venía en su dirección.
-Como guste, Lady Sarah.- La mujer pensó que eso era una excentricidad, mas, ¿quién era ella para contradecir a los aristócratas?
Cuando Sarah acabó con su baño, volvió a reiterar el pedido de vestirse en el baño. Esto sí que a Babbette le parecía una locura. ¿Qué comodidad había para dicha cosa? Mas, otra vez, calló y asentó con la cabeza. El cabello y las joyas, sí fueron atendidos frente al tocador. Ésta vez, el vestido ocultaba los hombros y el cuello corazón se ajustaba a su pecho, insinuándolo con decoro; las mangas jamón ayudaban a distraer el 'adorno,' como él había dicho, la parte inferior resultaba más discreta, siendo ésta una falda tubo. Como peinado Babbette le trenzó el cabello, ante su pedido de desear algo simple, por el momento. No había que olvidar que debía ver a la familia completa. Luego, ya sería diferente. Prudencia. Sonrió ante el espejo. Esa era una de las cosas de las cuales Lady Brigitte recomendó para una reina. Minutos más tarde, alguien golpeó los nudillos en la puerta. Sarah podía presentir de quién se trataba. Su mejor cara de noble estirada y se dirigió a la criada.
-Por favor, Babbette. Fíjate quién es.
-Sí, My Lady.- la fey se dirigió a la entrada y tras hablar volvió hacia Sarah. -Es Su Majestad, Lady Sarah. Vino por usted para encontrarse con su prima.
-Dile que aguarde unos segundos, por favor. Y…, hazme un favor, Babbette.
-¿Sí, My Lady?
-¿Podrías fijarte si en el pasillo sólo se encuentra él?
-Claro, My Lady.- accedió sin comprender el por qué. Se asomó, le dio al monarca el recado y ante la curiosidad del mismo, miró a ambos lados del pasillo. Mientras tanto, Sarah se ubicó junto a la cama.
-Si no hay nadie, espera a que me vaya para ir a tu cuarto.- murmuró lo más bajo que pudo. -Le daré una excusa a la criada para darte tiempo.
-De acuerdo.- contestó 'el lecho' en igual volumen. Sarah buscó el vestido usado y lo arrojó al suelo.
-Esa será la señal.- avisó antes de que Babbette volviera a entrar.
-Lady Sarah, en el pasillo sólo se encuentra Su Alteza.
-Muy bien. Y, por favor, Babbette; antes de desempacar mis cosas… ¿por qué no llevas ese vestido sucio a la lavandería? Me desagrada verlo aquí.
-Sí, My Lady.- se inclinó. -También me llevaré sus zapatos, My Lady. Así se los dejarán bien pulcros.- se dirigió al baño donde estaba el resto de las prendas a lavar.
-Gracias, Babbette.- dijo y pateó la cama adrede para que Conrad prestara atención.
Jareth supuso que la espera no era más que por simple pequeña venganza. Mas, no importaba. En un momento u otro tendría que salir. Podría haber sido peor y haberse excusado con algo como que estaba agotada o que no se sentía bien. Pero, no; su Sarah no era así; pensó casi con orgullo y se reprendió mentalmente. "¡No ha salido y ya estás besándole los pies! ¡¿Qué no tienes orgullo?! ¡Eres el 'Rey Goblin', no lo olvides!" Cuando la tuvo frente a sí, el cambio le pareció algo chocante. No supo por qué en su interior anhelaba verla con el mismo vestido. ¡Seguramente esa prenda estaba conjurada, él odiaba ese vestido! Bueno, al menos cuando se sentía tan vulnerable ante su belleza. ¿Entonces, por qué ahora quería verlo de nuevo en ella? Éste no estaba mal, pero, no era muy de su gusto. Suspiró. ¿Acaso ella siempre haría lo contrario a lo que él esperaba? Sí, las curvas no podían disimularse, pero, éste vestido casi lo podía usar su abuela; se dijo a sí mismo con exageración.
-¿Está lista, My Lady?- extendió su brazo.
-Estoy lista, My Lord.- puso su mano sobre su camisa bordó. El resto de su vestuario era negro. Por lo visto, él también había decidido por algo más cómodo, ya que no llevaba chaqueta, ni capa. Y descendieron las escaleras. Atravesaron varias salas antes de alcanzar el jardín, donde todos, a excepción de Conrad, aguardaban.
-¡Jareth!- feliz, Erwin extendió sus brazos para abrazarlo, y el rey le correspondió con una gran sonrisa. En tanto, Gontran saludaba a Sarah con una cálida sonrisa; para él era una alegría que su esposa contara con una amiga más a su medida. -¿Cómo estuvo el viaje, muchacho?
-Mh… Interesante.- dijo y a Erwin no se le escapó el dejo de incomodidad y de deseo cuando sus ojos se dirigieron a su prometida.
-Veo. ¿Qué te parece si por la noche disfrutamos un poco de coñac en mi despacho? Sólo tú y yo.
-Suena bien.- le agradeció. Y Gontran vino a saludarle.
-Lady Sarah.- la saludó Sir Erwin cortésmente. -¿Qué tal el traslado?
-Bien, Sir Erwin. Algo incómodo, quizás.
-¿Incómodo? ¿Por qué?- indagó con 'inocencia.'
-Bueno, demasiadas presiones con esto del casamiento y demás.
-¡Oh, entiendo, mi niña!- sonrió con gentileza, mas, su mirada escondió un brillo suspicaz. -No te preocupes. Aquí están para relajarse.- la tomó del hombro trayéndola hacia sí. -Nada de preparaciones para la boda, ni de estudios ni de nada. VACACIONES. ¿De acuerdo?
-Sí.- le sonrió Sarah. ¿Por qué tenían que ser tan lindos? Sería más fácil si fueran odiosos como 'ese Rey Goblin,' pensó viéndolo por el rabillo del ojo riendo con Gontran. Jareth advirtió su mirada y le sonrió. Ella le dio vuelta el rostro. "¡Por todos los cielos que eso sólo me enciende más!", pensó el monarca.
Erwin sonrió para sí. Éstos dos eran todo un caso, mas, si conseguían dominar sus genios, por cierto que tendrían una larga vida sin aburrirse uno del otro. Pronto, todos estuvieron sentados rodeando la mesa de té y hablando de cosas cotidianas.
En el interior de la casa, Conrad aguardó a que Babbette saliera de la alcoba y velozmente surgió de su escondite. Tras asegurarse de que el pasillo estuviera despejado, huyó hacia su alcoba donde tras un baño, utilizó magia para curarse las picaduras de las abejas.
-¡Ah…!- suspiró recostándose más en la bañera. Su criado, fiel como pocos a él, sacudía su cabeza a ambos lados.
-Señorito, debería dejar de meterse en problemas.- replicó el fey mayor de cabello blanco. -Ya tiene edad de buscar una novia y de ayudar a su padre con la finca.
-¡Y lo hago!- reprochó éste. -Lo ayudo con todo lo necesario. Sólo que no es mucho estando Gontran y él a cargo.
-¿Convertir la cosecha en colmenas es ayuda, My Lord?
-Bueno…, la miel también se cosecha.- fue su pícara respuesta y el anciano suspiró. "No tiene cura."
-¿Y cómo van los preparativos para la ceremonia?- cuestionó Alin. La pareja se miró. Jareth serio, Sarah incómoda, y aclarando su garganta respondió.
-Bien, Alin. Cuando regrese habrán terminado los últimos detalles del vestido y… en cuanto al resto, no tengo la menor idea.- La prima del rey se sorprendió. ¿Qué no estaban organizándolo entre los dos?
-¿Cómo que no…?
-Es que Sarah ha estado estudiando 'mucho.'- contestó Jareth y se arriesgó a hacer su jugada, acercándose a ella y pasando su brazo por sus hombros para traerla hacia sí. -¿No es así, Sarah mía?
-S-sí.- se tensó. -Apenas nos hemos visto. Y fue un alivio.- siseó; ésta vez fue él quien apretó los dientes. Y ante las miradas curiosas agregó: -Los nervios pueden hacer estragos. ¿Verdad, My Lord?- lo miró dejando en claro que si le permitía acercarse no era por gusto. Erwin se llevó una mano a la barbilla. Gontran los observó de reojo; su inocente esposa todavía no captaba la tensión entre esos dos.
-Totalmente, mi querida. Tanto así que, Lady Brigitte decidió separarnos por unos días.
-¿En verdad?- cuestionó su prima azorada. -¡Si a mí me hubieran separado de Gontran unos días antes de mi boda me hubiera vuelto loca! ¡Ya bastante fue con tanto por hacer como para no contar con su fuerza a mi lado!
-Quizás, seas una mujer afortunada.- sonrió Sarah y sintió que la mano en su hombro ejerció presión. -Es decir, Jareth es un rey y supongo que eso hace las cosas algo más difíciles.- "Especialmente para mí."
-¡Oh, cosa preciosa, pero, tendrás tu recompensa, te prometo!- descendió su rostro para besar su mejilla. Sarah controló sus ganas de zamarrearlo para que la dejara en paz.
-Alin, creo que es mejor dejar ese tema por ahora.- recomendó su padre con astucia. -Han venido a descansar, no a recordar todo lo que les espera al regresar.
-Tienes razón, padre. Lo siento.- se dirigió a la pareja.
-No hay problema.- contestó Jareth. ¡Si ese vestido no tuviera esas mangas tan horribles acariciaría su brazo!
-¡Oigan!- se oyó una alegre voz y Conrad hizo su aparición. Gontran lo miró con el cejo fruncido al igual que su padre. -¿Por qué nadie me despertó para recibir a mis primos, eh?!- reclamó inclinándose hacia Jareth para abrazarlo y palmearle el hombro. El rey no soltó a su novia, como ésta estaba esperando para apartarse. Su primo advirtió el fastidio de la chica. -¡Sarah!- clamó Conrad con los brazos exageradamente abiertos. -¡¿Cómo estás?! ¡Oye, primo, suéltala que no te la voy a robar!- rió con soltura. Y Jareth no tuvo opción. Sarah se paró para saludar a Conrad.
-Gracias.- le dijo por lo bajo. -Muy bien, Conrad. ¿Qué hay de ti?
-No mucho. Me pasé casi toda la tarde durmiendo. Una vergüenza.- rió.
-Como si la conocieras.- murmuró Gontran y Erwin apretó los labios.
-Envidioso.- se dio vuelta para contestarle y tomar asiento junto a su padre.
-¿Hijo, por casualidad, no sabes quién pudo haber hecho un conjuro a las frutas y las convirtió en una producción de… 'miel'?- Había costado contrarrestar el hechizo, y aún así alguna secuela había quedado.
-¿Miel de fruta? ¿Eso es nuevo?- cuestionó con ingenuidad. Sarah, de nuevo sentada apretó sus labios y escondió su mirada tras sus párpados.
-Sí.- contestó Gontran con ironía. -Como también pronto lo será la 'papilla de fey joven.'
-Bueno, cuñado,- se hizo el serio -eso sí que es algo que no quisiera probar.- Gontran dejó escapar el aire frustrado. Alin palmeó su mano.
-¿Entonces, hijo, estuviste durmiendo hasta ahora?
-Así es. Puedes preguntarle al buen Gaspard.
-Sí. Y sé lo que el buen Gaspard dirá.- suspiró éste resignado. Pues, no tenían pruebas para acusarlo.
Luego del té, les dejaron retirarse a sus habitaciones para recuperarse del viaje antes de la cena. Por supuesto, que Sarah no tuvo más opción que ir junto a Jareth. ¿Qué iba a hacer? ¿Empacarse en que no estaba cansada, en que no tenía sueño? ¡Si Alin insistiera en que se quedara! Pero, no. ¿Quién había sugerido eso? Conrad. Y ella no podía meterlo en problemas. Además, sería muy sospechoso.
-Muy bien, My Lady.- dijo ya escaleras arriba, donde ya nadie los oiría. -Supongo que te divertiste lo suficiente allá afuera.
-No sé de qué me habla, 'Su Majestad.'- se hizo la incauta.
-Sabes muy bien de lo que te hablo, Sarah.- le advirtió mirando por encima de su hombro para asegurarse de que nadie los seguía y que no podrían oírles discutir. -¡Una cosa es que estés de malas conmigo, pero, no permitiré que juegues delante de mi familia haciéndolos preocupar! ¡Ya bastante han tenido cuando Alin fue secuestrada!
-Le recuerdo que yo no comencé con esto delante de ellos, Su Alteza.- le habló con firmeza. -Yo podía subir esas escaleras perfectamente sin su guía, al igual que Alin. Y, yo no me aproveché de la presencia de su familia como usted. De ahora en más,- espetó furiosa escaneando sus ojos, ahora a pasos de su alcoba -en lo posible, evite tocarme, Su Majestad.- se iba a marchar, mas, Jareth la retuvo para enfrentarla. ¿Qué había querido decir con eso?
-¡¿Cómo está eso?!- demandó. -¡Serás mi esposa, Sarah! ¡Mía!- la sacudió levemente. -Y con lo mío…,- su voz descendió peligrosamente junto a su rostro. -hago lo que quiero.
-Entonces, 'Rey Goblin,' mantenga sus manos lejos de mí hasta que llegue ese día. Ya bastante tendré que soportar después de esa fatídica noche. Por lo menos, demuestre qué tan generoso es dejándome en paz hasta ese entonces.- se liberó y se marchó a su habitación antes de que él advirtiera sus lágrimas. ¡Lo odiaba! Jareth se quedó con los brazos extendidos. ¿En verdad…, le desagradaba tanto? Sintió morirse y dolido se marchó a su alcoba. ¿Alcanzarían once días para ganar su cariño? ¿Podría conseguir los dos votos faltantes para su eterna ligadura con la mortal?
N/A: ¡Wow! ¡Qué nervios! ¿A dónde irá a parar esta tortuosa y alocada relación?
-No me gusta que ella me diga eso. ¬ .¬
-Lo siento, Jareth, era necesario. Especialmente después de cómo te has portado con ella en el carruaje. Eso fue muy malvado de tu parte.
-¡Ella me provocó! Y además…, soy el Rey Goblin. : (
-¿Y, entonces, por qué esa cara? º-º
-Estoy deprimido. Ella no quiere que la toque hasta el día de la boda… T.T
-Bueno…, lo siento, pero… Sería bueno que tanto las fans como tú recuerden que después de la tormenta, siempre vuelve a salir el sol. ; ). Ya sabrán por qué lo digo. (da palmaditas en el hombro al Rey Goblin) ¿Necesitas que te consuelen?
-Sí. .. Dale este obsequio a Sarah de mi parte… ¡No, mejor dile que es de tu parte!
-¡Vaya que te ha cambiado el humor! ¬¬ ¿Otra vez un durazno?
-A ella le gustan porque saben a mí. XD
-¡Qué humilde! Está bien. Intentaré, pero, no puedo prometerte que esta vez caiga en este viejo truco.
PD: En tanto este fic está llegando a su fin, estoy ya trabajando en otro. ; ). Y, estoy haciendo un videofic de este cuando Jareth y Sarah bailan "Cat People" me faltan unos retoquecitos y lo subiré. Ya les dejaré saber cuando. ¡Besos para todas!
