CAPÍTULO 33: LOVING THE ALIEN. (AMANDO AL EXTRANJERO.)
N/A: ¡Hola a todos! ¡¿Vaya tensión que quedó en el capítulo anterior, no?! Un cruel Rey Goblin y una porfiada Sarah intentando ser más fría que él… Ya, ya, para que no se queden con ese amargo sabor de boca durante el fin de semana… aquí les va este capítulo. Por cierto…, por aquí nos sobra la miel, ¿alguien gusta?
¿Qué sucederá con esta tormenta? Me abstengo a las consecuencias de este capítulo. (jiji, ahora entiendo porqué Jareth disfruta siendo cruel). La verdad es que cuando hice la parte de la diferencia entre "esposa y cortesana," temí que Jareth se me hiciera demasiado sin corazón, pero, no. Él mismo queda molesto con su propio veneno XD. Conrad, no podía aparecer de otra manera, por donde lo mires, él no es convencional. Alin enamorada de su Gontran como siempre; y este, congeniando con su suegro casi como si fuera su hijo. (Un hijo mayor, no al estilo Conrad que es el mayor, pero, no. ¿Se entendió?)
-¿Qué quieres decir con eso? ¬.¬
-Nada, Conrad…- a.a (se hace la desatendida e intenta distraerlo). -¡Por cierto, Lain3X te ha dado la bienvenida y todas están felices de verte de nuevo con tus tonterías! : )
-¡Oh, gracias a todas! ¡Les enviaré un pote de miel a cada una!
-¿Qué clase de obsequio es ese?- ⌐⌐
-Bueno…, es que ya no sabemos donde ponerlos. Y cuanto antes se termine más pronto mi padre y Gontran se olvidarán del hecho.- AmaterazuHime suspira.
-Sí, supongo que será así después de que están desayunando con miel; almorzando con miel; merendando con miel; cenando con miel… Ahora que lo pienso mejor, no creo que se olviden del todo. XD
-¿Tú crees?- º.º'
-Sí.
-¡Oh, no! Entonces, debo hacer algo para que no se venguen, especialmente ese ogro que tengo por cuñado. ¡Chicas, chicas, Gontran quiere buscar cualquier excusa para pegarme, les juro! Necesito que me defiendan. ee (cara de cachorro abandonado). ¡Pote de miel extra para quien me ayude!
-Sí, claro.- AmaterazuHime eleva sus ojos porque ella no lo ayudaría ya que sabe las consecuencias de hacerlo.
-¿Ayudarte en qué, cuñadito?- se oyó una muy masculina voz que hace juego con su dueño.
-¡GLUP! ¡A nada, a nada, tralalá!- ¡POP!
-Qué lindo verte, Gontran. : )
-Igualmente. Aunque sólo estoy de paso; Alin me espera para ir de paseo.
-¡Oh, bueno! Dile que lo de las playeras ya casi está hecho.
-¿Poder femenino, eh?- se ríe. -¡Me encanta cuando ella usa su "poder femenino"!- se retira entre risas.
-Temo que ha malinterpretado las palabras…- suspiro. Pausa. -Oye, Moonlightgirl, ¡a mí también me gustan los rockeros melenudos, y los no tan melenudos! Con sólo que tengan ese sexy toque de no-sé-qué. (como David, aunque pocas veces a estado melenudo, pero, ¡qué sexy es de todos modos!) ¡Suertuda Iman! ¿Por qué ella es tan bonita? T.T ¿Han notado su cinturita escueta y sus redondas caderas? ¡Qué envidia! Me resigno con que lo haga feliz.)
Disclaimer: Labyrinth no me pertenece, Jareth no me pertenece y eso me hace… muy desdichada. Pero, me conformo con decir que sí son míos Erwin, Conrad, Alin, Gontran y Babbette. Jean Genie, (el nombre al menos, es de David Bowie, aunque, bueno… no es exactamente la descripción de su personaje, pues, el de aquí tiene cuatro patas XD)
Ahora, a solas en su habitación, ella comenzó a secar su rostro. ¿Por qué se había comportado como una estúpida? ¡Se había dejado amedrentar por él delante de su familia! ¡Debía reconocer que había bajado la guardia, y que, él se había aprovechado de ello, pero, no más! ¡Cambiaría de táctica nuevamente! ¡Si él quería jugar al amoroso prometido delante de los suyos, ella le daría el gusto, pero, cuando estuvieran a solas…! Sonrió arrastrando las últimas lágrimas de sus mejillas. Y…, por otro lado, si él decidía darle el gusto a su réplica de que no volvería a molestarla… Volvió a sonreír recordando su actitud aquella mañana con ella en aquel vestido y pensando en todos esos otros que aún no había usado. Sí. Se puso de pie irguiéndose frente al espejo. Sería divertido.
-Tu madre es una actriz, Sarah.- se dijo. -Nunca, nunca olvides eso.- "Y, ella fue lo suficientemente fría como para dejarte cuando niña por su carrera, ¿no es así? Entonces, si ella pudo ser tan cruel, tú puedes serlo." -Sí, Su Majestad. Mis ojos pueden ser muy crueles; tanto como tú.
Jareth sentado en su lecho, frotó sus sienes. Nunca en su vida entera se había sentido tan devastado, tan… afligido. ¿Qué se suponía que debía hacer? Él ya no lo sabía. Por cierto, por más que la idea pasó por su mente, no podría ir a confesarle lo que él sentía. Una vez lo había rechazado; luego, lo había despreciado y ahora… simplemente lo odiaba. Estaba seguro de que si ella pudiera conseguir alguna manera de hacerlo desaparecer de su vida lo haría sin duda ni remordimientos. Suspiró pesadamente dejando caer sus manos a los costados, revelando una vista cansada, roja e hinchada. "Tonto." Se repitió una vez más. "¿Qué has hecho? Ella nunca te amará y… ahora, no hay vuelta atrás. ¿La hay?"
-Nunca debí haber regresado a Toby.- suspiró una vez más. -Eso nos hubiera dado tiempo y… no hubiera puesto en peligro la estabilidad de ambos mundos.- con los codos apoyados en sus muslos; refugió su cabeza entre sus manos que se deslizaron por su pálido cabello. -¿Por qué, Sarah? ¿Por qué aún tienes tanto poder sobre mí? ¿Por qué siempre tengo que ser el villano?- hubo un silencio. Se quedó pensando en lo que ella le había dicho, que no volviera a tocarla hasta el día de su unión. ¿Le dejaría acercarse esa noche? Tenuemente su cuerpo comenzó a convulsionarse, él intentaba controlarlo. -¡Esto no debe ser así! ¡Yo no quiero forzarte!- confesó entre dientes, y las convulsiones comenzaron a ceder. A sus pies, unas gotas se precipitaron en el suelo.
Jareth se presentó ante la puerta con un pantalón azul, camisa celeste, y el resto en su acostumbrado negro. Nuevamente omitió la chaqueta y la capa. Aquí él dejaba de ser el rey, de alguna forma. Tras un grave suspiro de su serio semblante llamó a la puerta. La criada le saludó con cortesía.
-Buenas noches, Su Majestad.
-Buenas noches, Babbette. ¿Está ella lista para bajar a cenar?
-Sí, Su Majestad. Sólo un segundo.- volvió a cerrar. De inmediato, la entrada otra vez estaba habilitada., él parecía muy perdido en sus pensamientos, de espaldas a ella, con la vista fija en algún punto de la pared frente a sí. Sarah nunca lo había visto distraído de ésta forma. Por un momento, pensó en echarse atrás, pero, se recordó que en el Underground, no todo era como parecía.
El suave e incómodo carraspeo tras de sí llamó su atención. Cuando giró, no pudo evitar reparar en lo encantadora que se veía en ese vestido lila. El escote bote dejaba ver sus perfectos hombros, cuello y un poco más allá, sin mostrar demasiado. Pero, la tela iba como una segunda piel, al igual que el vestido que había usado durante el viaje. Se adhería a ella en cada curva y caía graciosamente a partir de la altura de sus caderas. En su cintura, una cinta púrpura haciendo juego con sus zapatos y con el adorno de su suelto cabello, sujeto solamente lo suficiente para despejar su rostro. Por un momento había olvidado toda su congoja y dio un paso hacia ella; pero, de repente, recordó que ella no quería que él la tocara y se detuvo.
-Lo… Lo siento. No te oí salir.- dijo sin más, tratando de reordenar sus sentimientos.
-No hay problema…,- dijo aún insegura -Su Majestad.- se inclinó tomando su falda. -Estoy lista.
-Bueno…- él hizo un ademán para que pasara delante suyo -las damas primero.- ella quedó consternada. ¿Qué no iba a conducirla del brazo? -¿Algún problema?- inquirió él al ver su aturdimiento.
-¿No… se supone que…? Quiero decir, según el protocolo…
-Aquí no estamos en el castillo.- fue su fría respuesta. -Y no quiero tocarte en vista de que tanto te desagrada.- eso fue un golpe bajo para Sarah. ¿Podía ser tan frío?
-Veo.- se tragó su orgullo. -Supongo que el sentimiento es mutuo, entonces.
-Supón lo que quieras. ¿Vamos a cenar o nos quedaremos aquí hablando sobre cosas sin sentido?
-Tienes razón.- comenzó a caminar delante suyo. La mirada de Jareth fue atraída por el movimiento de sus caderas. Cerró los ojos por un momento y tras apretar sus labios se recordó una vez más que era necesario desechar esas tontas fantasías. "Ella nunca se rendirá."
Ya en el comedor, fueron recibidos nuevamente con la calidez de siempre, especialmente de Alin. Erwin estaba sentado en la cabecera, a uno de sus lados, Gontran y Alin. Del otro lado, Conrad, dos asientos de por medio de su padre, reservados para el rey y su novia.
-¿Descansaron bien?- les cuestionó Alin con una cordial sonrisa.
-Sí.- contestó él rápidamente.
-Sí, muy bien.- replicó ella ante su primer momento de duda.
-Me alegro. Vamos, siéntense.
-Espero que les guste la carne agridulce.- sonrió Erwin con amabilidad. -En vista de que tuvimos la SUERTE de tener tanta miel, le sugerí a los cocineros usarla para algo. Así que no se sorprendan si mañana en el desayuno les llevan galletas de miel, también.- Conrad apretó los labios con disimulo para luego sonreír a su primo y a Sarah con ingenuidad. Jareth corrió el asiento para ella, cosa que ella equivocadamente pensó que no haría. Claro, no precisaba tocarla; se dijo.
-Gracias, Su Majestad.- dijo incómoda. Jareth tomó su lugar, en tanto, Erwin, tras un cruce de miradas con Gontran, aclaró su garganta.
-Mañana, si no están muy cansados,- habló Erwin -podremos recorrer toda la finca, así Lady Sarah podrá conocer mis propiedades y tú, sobrino, verás algunos cambios desde la última vez que estuviste aquí.
-Eso suena bien para mí.- Jareth le sonrió con cierta pesantez.
-Será un placer, Sir Erwin.- ella forzó otra sonrisa. Algo no estaba bien, podía presentirlo. Jareth sólo la había ido a buscar por pura cortesía o por cuidar las apariencias, pero, era obvio que algo en él había cambiado.
-Sarah, después de la cena, Gontran y yo daremos un paseo por el jardín.- Alin reclinó su cabeza sobre el brazo de su esposo. -¿Qué tal si Jareth y tú nos acompañan?
-Oh…- ella no sabía qué contestar. ¿Qué si decía que estaba bien y él decía lo contrario? -Yo…
-Prima, ambos estamos muy cansados del viaje y del… ajetreo pre-matrimonial. Por lo menos, ésta noche yo preferiría descansar, si ella está de acuerdo.- habló sin siquiera dirigirle la palabra ni mirarla. Alin quedó sorprendida ante la actitud de su primo. Siempre había sido un muchacho apasionado. ¿Qué rayos le pasaba? Observó a Sarah y la notó inquieta… Mh… ¿Qué estaban ocultando? ¿Se habrían peleado? ¡Pero, eso antes no los había afectado! Y de ser así, ¿por qué Sarah no la había llamado para contarle sus problemas? En eso, estaba segura de que conociendo a su primo como lo conocía, él nunca le diría palabra alguna al respecto. ¡Pero, Sarah era su amiga! ¡¿Cómo pudo olvidarlo?!
-Él… tiene razón, Alin. Yo estoy agotada y… no me siento muy bien.
-Entiendo.- dijo. -Bueno…, entonces, otro día.- se obligó a sonreír y miró a su esposo, el cual giró su rostro para verle. Su mirada fue reconfortante.
-Por lo visto, seremos sólo tú y yo.
-Si quieren yo los acompaño.- se ofreció Conrad con una divertida sonrisa. Si alguien podía distender los climas, era él. Gontran giró sus ojos con mofa.
-No, gracias.- su hermana le respondió. -Te hubiera invitado si tuvieras novia, pero, en vista de que nadie te quiere…- sonrió con maldad.
-¡¿Quién te dijo que nadie me quiere, mh?! ¡Hay miles de muchachas tras mis pisadas, y, soy yo quién no se deja atrapar!
-¡Seguro! Si esa idea te hace sentir mejor…- respondió la ingeniosa fey. Erwin rió por lo bajo. Jareth sólo sonreía, advirtiendo que en verdad extrañaba estar con los suyos. Lástima… hacerlo bajo éstas circunstancias.
-Niños, por favor; no olviden que estamos en la mesa.
-Es tu 'princesita' la que empieza con su 'lengüita de arpía.'- Alin abrió la boca ofendida. -Bruja.- murmuró por lo bajo viéndola directo a los ojos.
-¡¿Tú…?! ¡Tú eres un mentecato, y un odioso! ¡Cualquier hermano mayor sería más contemplativo con su hermana pequeña! ¡Tú eres el 'principito acomplejado' que quiere toda la atención para sí!
-¿Acomplejado?- rió él. -¿Y por qué?
-¿Quizás por que al revés que la mayoría te falta el cerebro?- sonrió ganadora.
-Jóvenes, basta.- advirtió Erwin. -¿Qué van a pensar su primo y Sarah?
-Bueno, Jareth no se va a asustar, y supongo que Sarah tampoco.- sonrió Conrad. -¿Verdad?- palmeó la espalda de la chica a quién logró arrancarle una sonrisa.
-Temo que es así.
El resto de la velada fue lo más prudente posible. Nadie sacó el tema de la boda, ni nada que pudiera incomodar a los invitados. Se habló de la finca y sus progresos; de las nuevas de los alrededores; y cosas por el estilo.
Al terminar, Alin se sentó junto a Sarah a la espera de su té. Su padre y el resto de los hombres, fueron al estudio donde beberían café y coñac.
-Gracias, Molly.- Alin despidió a la criada. Ya a solas, miró a Sarah. -¿Sarah…, qué sucede?- ella pareció sorprendida.
-¿Por qué… lo preguntas?- se incomodó.
-¡Oh, vamos, Sarah! ¡No soy tan tonta! Quizás tardé en advertir que algo andaba mal entre ustedes dos, pero…, está tan claro como el agua. Cuando nos fuimos todo estaba bien. Se los veía muy bien.
-Yo… no sé. Sólo… desde que vino Lady Brigitte las cosas empeoraron. Apenas nos veíamos y, ella estaba siempre.
-¿Cuándo fue la última vez que se besaron?
-¿Qué?- cuestionó abochornada.
-¿Cuándo fue la última vez que se besaron?
-¿Qué importa eso?
-¡Sí, importa y mucho, Sarah!
-Bueno… casi una… semana…, más o menos.
-¡¿Qué?!
-Lo que oíste.
-¡¿En poco más de una semana serán esposos y no se besan?! ¡¿A qué están jugando?!- la mortal suspiró y avergonzada descendió la cabeza. -Sarah.- la nombró para que la viera a los ojos. La mortal la enfrentó lentamente. -Sarah, si ahora, aún sin haberse casado están así, ¿qué clase de futuro les espera?- la muchacha apartó la vista sin saber qué decir. -Aquí no es como en la tierra, Sarah. Aquí no hay divorcios, especialmente entre la realeza. ¿Cómo criarán a un niño si esto no cambia, qué pensará ese pequeño al ver que sus padres no se tratan con cariño? Yo… todavía no pude quedar encinta, pero…, si yo no amara a Gontran, si él no me amara a mí… no quisiera traer a un niño a un hogar indiferente.- Sarah se llevó una mano a los labios. No sabía qué hacer, qué pensar, todo lo que sabía era que deseaba llorar, y lo hizo. Alin estuvo en seguida a su lado para reconfortarla junto a un abrazo. -¿Cuál es el problema, Sarah? Te prometo que no le diré nada a Jareth.
-¡Es que… yo no sé…!- se aferró a ella; la fey suspiró.
-Sarah, creo que… deberías dejar de verlo como si fuera… un monstruo. A veces…, tú… actúas como si él no tuviera sentimientos. Él es un rey, Sarah; pero, también es un hombre, y un ser viviente que siente, respira y vive como todos los demás.
-¡Él es cruel!- espetó ella separándose un poco para poder verla. -¡Él me mintió con respecto a Toby, él piensa regresarlo al Underground! ¡Tiene a mis amigos en las mazmorras! ¡Me ha encerrado, me ha asustado y…!- Alin estaba triste por ambos. Ella sabía muy bien lo que su primo sentía por ésta chica. Pero, ella no podía o no quería verlo.
-¿Y qué, Sarah? ¿Te ha lastimado? ¿Te ha raptado o golpeado? ¿A abusado de ti?- Ella conocía las respuestas. -Sarah, él no es un monstruo. Pero…, temo que ésta… especie de juego que están jugando les haga daño a ambos; que ambos pierdan todo lo que podrían tener si tan sólo fueran más sinceros con ustedes mismos.- la miró directo a los ojos con firmeza. -¿Sarah, tú… lo encuentras desagradable?- ella se sonrojó.
-N-no.- reconoció.
-Bien. ¿Tú… sientes algo por él?- Sarah bajó su mirada. Alin la estudió. -¿Sarah?
-Por favor, Alin…,- controló sus empañados ojos. -Permíteme retirarme antes de que alguien me vea.- La fey se mantuvo unos segundos en silencio, para seguidamente asentir. La mortal se puso de pie.
-Que descanses, Sarah.- le sonrió con compasión ahora incorporada de su asiento.
-Gracias.- susurró yendo hacia las escaleras. Alin miró al suelo con un suspiro.
-Uno puede ser tan necio con uno mismo…- murmuró. Instantes después sintió unos brazos que la rodearon por detrás y unos labios sobre su cuello.
Mientras tanto, en el otro salón, la charla había sido más amena, y ni bien acabaron el café, Gontran se dispensó con la excusa del prometido paseo por el jardín a su esposa.
-Claro, Gontran. No te preocupes, ya sabemos cómo se pone si no.- sonrió su padre.
-Ni hablar.- rió su yerno. -Y…, Conrad, quizás, sea buena idea que tomes un poco de aire con nosotros.- sugirió viendo a éste sentado cómodamente a su lado.
-¿Yo? ¿Por qué? Ya bastante los tengo que ver frente a mí en la mesa.- Gontran perdió su paciencia. ¡¿Acaso era tan idiota que no se daba cuenta que Erwin y Jareth deseaban hablar en privado?!
-Porque YO te lo SUGIERO. Por ESO.- puso una fuerte mano tras su cuello que obligó al muchacho a enderezarse. El joven lo miró de reojo, pues, no podía moverse ante semejante presión, y le sonrió comprometido.
-Pensándolo bien, creo que es buena idea. Necesito aire para refrescar mis ideas.
-Sí.- sonrió amenazante Gontran. -Un día yo te ayudaré a refrescarlas también.- El fey más joven abrió sus ojos y miró a su padre.
-¡¿Lo escuchaste?!- reclamó algún tipo de defensa. Erwin lo miró con sorpresa.
-¿A quién, hijo mío?- Gontran amplió su sonrisa, entre tanto, Conrad tragó saliva. ¡Traidor! Se alegraba de haber hecho el truco de los colmenares. ¡Se lo tenían merecido!
-Bien, entonces, nos vamos, querido cuñado.- se puso de pie sin soltarlo. Cuando el muchacho se incorporó pasó su brazo por sus hombros y lo acercó a sí. Conrad lo miró con desconfianza de arriba a abajo.
-Gontran,- le habló con simulada gravedad -tú eres un hombre casado. Yo no…
-¡CÁLLATE!- tronó haciéndolo brincar. Ahora, el esposo de Alin se dirigió a su suegro y a su rey. -Buenas noches, Erwin, Su Majestad.
-Buenas noches.- le respondieron éstos sin evitar la divertida sonrisa en los labios.
-¡Sí! ¡Buenas noches…!- Conrad era arrastrado hacia la salida, y todo lo que se pudo ver fue que estiró su mano, desesperado por sujetarse del dintel de la puerta y deshacerse de su cuñado. Ya fuera, éste cerró la misma y puso al joven contra la pared sujetándolo del cuello de su prenda.
-Escúchame, yo voy a pasear con tu hermana y TÚ irás a TU cuarto y NO te meterás en más problemas. ¿De acuerdo?
-¿Entonces, no hay atracción sexual entre nosotros? ¡Auch!- chilló cuando su espalda golpeó contra la pared. Los ojos de Gontran le advertían que no abusara de su suerte. Él estaba seguro de quién había sido la bonita obra del conjuro de esa tarde. -¡Está bien! A mi cuarto y a dormir.- asentó con la cabeza. -Como un niño bueno.
-Tú nunca eres bueno, Conrad, ni aún dormido. Hay algo en tu cerebro que retuerce todo; no sé por qué. Pero…, - lo miró a los ojos -a mí me gustaría retorcer lo que está justo, un poco más abajo que tu cerebro…- sonrió palmeando su cuello.
-Gontran…
-¿Qué?- cuestionó con rudeza.
-Somos familia.- le sonrió.
-Sí. Por desgracia.- con un suspiro lo agarró del cuello y lo liberó de un empujón camino a los cuartos, en tanto, él iba por su esposa a quien encontró melancólica viendo a la nada a sus pies. Se acercó en silencio y la cubrió con sus brazos y besó su cuello. -¿Qué te preocupa, mi amor?- su voz fue una caricia. Ella giró entre sus brazos para rodearlo con los suyos junto a un suspiro.
-¿Gontran, yo… fui muy dura contigo cuando me confesaste qué sentías por mí?- él rió por lo bajo y la trajo más para sí.
-Bueno…, digamos que conquistarte fue toda una travesía. Primero, tuve que ganarme tu cariño; luego, tuve que ganarme la confianza de tu padre; y…, como si fuera poco, la de nuestro primo y rey. Recién entonces, pude tener tu mano.- levantó su barbilla con su dedo para que lo viera. -Y cada pequeño esfuerzo valió la pena.- la besó. -¿Ahora, era eso lo que te preocupaba?
-No.- suspiró agradecida de tenerlo. -Me preocupan Sarah y Jareth. Tengo miedo que se pierdan el uno al otro si no se dan cuenta antes de que sea demasiado tarde.- Gontran le sonrió con dulzura.
-Mi amor, hay muy poco que podamos hacer.
-Bien. Ahora, sobrino, dime qué ha estado pasando entre ustedes dos.
-¿Es tan obvio?
-Sí. Al menos para nosotros que los hemos visto antes.- Jareth suspiró. Y se dejó caer en el sofá, y se tomó su tiempo para responder. Erwin aguardaba pacientemente frente a él.
-Es… simple, tío. Ella… me encuentra desagradable… Ella… no me ama…- su mirada quedó perdida en su copa de coñac. Erwin lo examinó con cuidado antes de hablar.
-¿Por qué estás tan seguro de… esas dos cosas?
-¿No está claro?- su voz fue irónica y dolorida. -¿Qué pensarías de una mujer que te dice que evites tocarla, que mantengas tus manos lejos hasta esa 'fatídica noche'? ¿Eso es atracción; eso es amor? NO, tío. Eso es AVERSIÓN y ODIO.
-Bueno…, no todo es como parece ser.- elevó sus cejas. -A mí me lo han dicho… varias veces.- recordó. -Y…, sí; te sientes una especie de despojo, y ese es el objetivo.
-¿A ti? ¿Quién?- se asombró.
-Tu tía, ¿quién más?- suspiró. -¿De dónde crees que Alin tiene su carácter y Conrad su ingenio?
-Pero…,- habló confundido -¡ella te amaba!
-Sí, me amaba con cada fibra de su ser y yo a ella.- su mirada se enturbió con bellos recuerdos. -Pero, había momentos en que, quizás ella estaba susceptible o yo actuaba como un idiota, según ella,- sonrió ante el recuerdo de su esposa -y entonces, me veía expulsado de mi propia alcoba o castigado a ni siquiera rozarla en mi propia cama. ¿Eso es amor? Sí. ¿Es normal que la mujer que amas, la madre de tus hijos te diga que te odia o que sería mejor que no le pongas un dedo encima o que te lance algo por la cabeza? Sí, lo es. ¿Es normal que te consuma la furia y llegue un momento en que quieras demostrarle quién es el que manda y no ponerle uno, si no todos los dedos encima suavemente, estratégicamente, haciéndola tuya con parsimonia para que lo entienda y que cuando algo te vuele al ras de tu oreja sientas deseos de ponerla sobre tus piernas y enseñarle algo de respeto? Sí, lo es. Y es posesión, y no deja de ser amor, no si en verdad pasado el momento de enojo te das cuenta de que no cambiarías nada y con gusto dejarías que te arrojara toda la casa por la cabeza si eso la hará sentir mejor y, que luego vendrá arrepentida a pedirte disculpas o tú irás a pedírselas a ella, dependiendo de la situación, claro.
-Suena a que has tenido un matrimonio interesante.- Jareth elevó las cejas y Erwin rió con soltura.
-Matrika fue una mujer excepcional y de gran carácter. Y yo…, por otro lado, no pudiendo evitar la herencia de nuestra sangre puedo llegar a ser tan arrogante como el resto de la familia.
-¿Pero…, qué puedo hacer, tío? Ella no me quiere cerca. Y…, cada vez que he intentado conquistarla, pensando en una velada romántica, siendo considerado, caballeroso, siempre, siempre sale con alguna cosa para arruinar el ambiente.
-¿Y, entonces?- Jareth suspiró frustrado.
-Y…, entonces, temo que dejo que la parte arrogante se apodere de mí. El 'Rey Goblin,' como ella me llama. Y…, le sigo el juego. Ella puede ser tan cruel, tío… Ella puede ser tan fría cuando se lo propone… Y…, yo le sigo el juego como si fuera una competencia de quién es más villano de los dos.- se llevó una mano a la cabeza.
-Veo.- respiró Erwin. -¿Le has dicho lo que sientes por ella?- Jareth lo miró incrédulo.
-¡¿Estás loco?! ¡Eso sería como darle mi corazón a los trolls, por todos los cielos! ¡Esa… muchacha no tiene consideración ninguna! ¡Si supiera que el hierro nos mata se cubriría todo el cuerpo con ello para que no me le acerque!
-Jareth…,- su tío lo miró incrédulo -no seas exagerado. Dudo que ella pudiera disfrutar de hacerle daño a alguien. Y, dudo que quiera hacerte daño a ti.
-¡Seguro! ¡Como si no lo hubiera hecho antes!- apoyó su copa sobre la mesa con fastidio.
-Mh… Creo que lo más conveniente sería que por ésta noche la dejes tranquila. Y, que tú te tomes la misma para pensar cómo obrarás a partir de mañana. Ya rechazaste el paseo de ésta noche, lo cual podría haber sido una buena oportunidad para conversar.
-Ella tampoco quería ir, tío.
-A mí no me pareció. Creo que estaba indecisa, creo que esperaba que tú dijeras lo contrario. Quizás, tenía algún plan taimadamente femenino que tú arruinaste con tu… aparente desinterés.
-El único plan que puede tener es el de hacerme definitivamente trizas.
-¡Jareth, deja de auto compadecerte! ¡Si ella quiere jugar, juega con ella! ¡¿Acaso ahora le tienes miedo a las argucias femeninas, después de todas las mujeres que has tenido a lo largo de tu vida?! ¡Por todos los dioses, muchacho; dime que estoy equivocado! ¡¿Tanto miedo tienes?!- Jareth lo observó como aquella vez que lo obligó a lavarse las manos si deseaba comer; con la misma expresión aturdida. Erwin lo miró directo a los ojos. -Si TÚ con tus experiencias tienes miedo de tus sentimientos, ¿entonces, qué esperas que tenga ella? Sabes que es pura, sabes que en su mundo casi puede considerársela una niña, y sabes que no ha tenido una familia muy… tolerante que digamos, tampoco sus pares lo han sido. ¿Qué puede saber del amor una criatura que ha sido vedada de la seguridad de un hogar, de padres amorosos que velen primero por su necesidad de afecto; de amigos que no la vean como una especie de anormalidad?- Jareth agachó su cabeza con un grave suspiro. -Mi muchacho,- puso su mano en su hombro -ella está llena de inseguridades, tú, al menos sabes qué sientes por ella. Pero, quizás, ella tiene miedo incluso de eso. Ella intenta estar a salvo, lejos de todo, de todos, como siempre.- El rey cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás dejando escapar el aire de sus labios.
-¿Qué debo hacer?- murmuró para sí, pero, Erwin le respondió.
-Ya la has dejado ganar una vez, ¿por qué no otra?- le sonrió afable.
-¡¿Cómo…?!- abrió sus ojos azorado.
-Conozco lo poderoso que eres. Si… hubieras querido obligarla a quedarse, nunca le hubieras dejado llegar al castillo antes de las trece horas. Pero, eres tan cabezadura como ella para reconocerlo.- rió. -Por favor, Jareth; arriésgate. Tú tienes más armas que ella. Ésta vez, ella no es la chiquilla que corrió tu laberinto por primera vez. Ella nunca hubiera intentado hacerte la vida imposible… como mujer. Déjala conocerse… y conocerte… Sé fuerte y permítele conocer los límites.- El monarca sabía que tenía razón, pero, también reconocía que tenía miedo de salir herido.
-¿Y…, qué de todas sus demandas?
-¿Qué demandas?
-Sus amigos; su hermano; mi… distancia.
-Sus amigos por ahora mantenlos donde están por una cuestión política. Tu distancia, ya te he explicado; y no vas a lograr nada si le haces caso. De su hermano… ¿por qué no le dices?
-Porque no me dio tiempo y nunca me cree.
-Bueno, empieza por lo más fácil, entonces. Tú.
Jareth estaba despierto desde temprano. Era muy poco lo que había podido dormir, reconsiderando una y otra vez qué sería mejor, qué no; y cómo. Caminaba de un lado a otro nerviosamente como gato enjaulado. No podía ser muy obvio o ella huiría o lo lastimaría a la primera oportunidad, no podía ser muy indiferente porque entonces, todo seguiría por mal camino. ¿Entonces, qué hacer? ¿Ser formal? Eso podría considerarlo como apatía. ¡¿Cómo rayos debía ser ahora?! ¡No el Rey Goblin, no Jareth! Se dejó caer de espaldas en su lecho. ¿Y, si le decía a su primo que fuera por ella? No, es eso sería de cobardes. Suspiró mirando al techo.
-Ahora, sí, Lady Sarah. Su peinado está terminado.
-Gracias, Babbette. ¿Crees que éste atuendo esté bien para ir a pasear por la finca?- le cuestionó dudosa del vestido amarillo claro. Le asentaba bien, si bien era sencillo; el cuello era cuadrado y algo bajo, dejando asomar sutilmente su busto; las mangas eran de pagoda y la falda acampanada. Su estrecha cintura llevaba un cinturón del mismo color.
-Es perfecto, My Lady. Y usted se ve muy femenina. El día está resplandeciente y su vestido combina con él.- sonrió satisfecha de su labor y de que la joven ya no volvió a pedirle que la desvistiera o vistiera en el pequeño e incómodo cuarto de baño. Sarah suspiró y mirándose en el espejo de su tocador se mordió los labios. ¿Qué hacer? ¿Pasaría por ella? Sinceramente, si fuera ella no lo haría. Pero, él… ¿vendría? Y si venía, ¿de nuevo caminarían sin tomarse del brazo? ¿Seguirían con la misma incomodidad, con la misma tensión entre ambos? -Lady Sarah, si no está a gusto todavía estamos a tiempo de cambiarla.- la voz de la criada consiguió quitarla de su caos.
-No, Babbette, me gusta. Sólo estaba con la cabeza en otra parte.- le sonrió y la mujer le correspondió.
-No se preocupe, My Lady. Es normal. Lady Alin también pasó por eso. Si tiene alguna duda, sólo mírela a ella.
-¿Dudas? ¿Sobre qué?
-Bueno…, usted pronto se casará, ¿no?
-Sí, pero… ¿dices que Alin también… dudaba?
-¿Quién no, My Lady? Y supongo que a ellos les pasa también. Es como… pánico, ¿no es así?
-¿Estás casada?
-Sí. Mi esposo es el cuidador de caballos. Si aún no lo ha visto, seguramente hoy lo conocerá.- Sarah sonrió agradecida. Y volvió a mirarse al espejo cuando se oyó el repiquetear en la puerta. Sarah sintió su corazón agitarse. ¿Sería él? Rápidamente comenzó a verse en el espejo, entre tanto, la doncella fue hacia la puerta. Su rostro estaba despejado simplemente por una bincha de dos tonos más oscuros que la ropa. ¿Estaría bien? Quizás, el vestido de anoche no le asentaba y por eso… -Es Su Majestad, Lady Sarah.- La joven se incorporó de golpe, notablemente nerviosa.
-¿Babbette, en verdad estoy bien? ¿Me queda bien? ¿No hay nada que mejorar, nada que me olvide…?- Babbette sonrió divertida.
-My Lady, usted está preciosa. Cálmese. Sólo irán a tomar el desayuno y a pasear con su tío. Todavía no llegó el gran día.- Sarah respiró con profundidad y exhaló de igual forma.
-Tienes razón.- fue hacia la puerta. ¿Por qué le temblaban las piernas? Y sus manos… ¡Cielos! ¡Basta, Sarah! Abrió la puerta y casi se topó con él. Ambos se vieron con sorpresa y se mantuvieron en silencio por lo que les pareció horas. Babbette, con discreción se retiró al cuarto de baño, donde seguro encontraría algo que hacer mientras tanto. Ésta vez el Rey Goblin lucía su chaqueta de cuero marrón, y el resto haciendo juego, guantes y botas en la misma tonalidad; pantalones café, camisa color trigo. -Ho- hola.- se sonrojó. Seguro le parecía una niña idiota que no sabía ni qué decir.
-Hola.- respondió él a su vez. Apenas sabiendo qué responderle. ¿Se vería tan tonto como se sentía? -Yo… sólo pasé a buscarte.
-Bueno…, yo estoy lista.- se mordió los labios.
-Oh. Te ves…- "No, no tan personal." -Ese… vestido es lindo.
-Gracias.- sonrió un poco más relajada. -Tú…- "¡Hasta ayer lo trataste de 'Su Majestad,' tonta!" Los ojos de él se agrandaron. ¿Había vuelto a la informalidad? -Linda vestimenta.
-Bueno…, la chaqueta es… una de mis favoritas.
-Oh. Es… linda.- "¡Eso ya lo dijiste, tonta! ¿No puedes decir otra cosa?"
-Gracias de nuevo.- se pasó la lengua por los labios secos y carraspeó. -Bueno… ¿bajamos junto al resto?
-¡Seguro!- cabeceó cerrando la puerta y ya había comenzado a dar los primeros pasos cuando oyó su nombre.
-¡Sarah!- ella giró para verle. Él otra vez se aclaró la garganta. -¿Puedo… escoltarte?- Sarah notó que su mirada parecía ansiosa y temerosa por su respuesta. La suya tomó cierto brillo que a él le resultó interesante y pensó que le favorecía.
-¿Por qué… no?- dijo y él hizo una leve sonrisa. "No te exaltes, es sólo una pequeñez que haya aceptado. No muestres que estás que saltas de alegría." Se acercó y extendió su brazo que ella tomó con timidez. Ambos descendieron en silencio, en un extraño clima de incomodidad y de beneplácito. Cuando Sarah advirtió que no se dirigían al comedor cuestionó el motivo.
-¡Oh! Es que… el día está tan bello que tío Erwin decidió que desayunemos afuera. Él ama el campo.
-Entiendo. Parece ser muy tranquilo aquí.
-Pues, aquí no hay goblins.- sonrió. Sarah lo espió de reojo y rió por lo bajo de la broma. Sí. Los goblins eran caóticos en todo sentido, pero, adorables. Y era obvio que él estaba orgulloso de ellos. Los amaba. Su sonrisa se borró cuestionándose qué más podría amar Su Majestad.
Cuando aparecieron en el jardín; Erwin sonrió para sí y ocupó sus labios con su taza de té… con miel. Los ojos de Alin brillaron con esperanza y Gontran besó su mejilla susurrándole que quizás se había inquietado por demás. Conrad sólo atinaba a bostezar palmeándose la boca abierta una y otra vez.
-¿Ya hicieron las paces?- cuestionó antes de que éstos llegaran junto a ellos.
-Conrad, mantén tu boca cerrada.- le advirtió su padre.
-Bueno.- se estiró en su silla.
-¡Conrad!
-Lo siento.- sonrió forzosamente a su progenitor.
-Buenos días.- saludó el Rey Goblin.
-Buenos días.- repitió Sarah y el resto les correspondió sin poder ocultar parte de su contento. Jareth ayudó a su prometida a tomar asiento y se ubicó a su lado. Erwin observó a uno y a otro con una mirada chispeante por detrás del humo de su taza, en tanto, su criado servía el té para los recién llegados.
-Espero que hoy estén lo suficientemente repuestos. Tenemos por delante un día fabuloso y mucho por recorrer.
-Sí.- sonrió Sarah dejando su taza sobre el plato.
-Por supuesto, tío. ¿Iremos a caballo o en carro?
-Buena pregunta.- sonrió ladino. -El carro está roto, así que deberemos ir a caballo.- se mostró preocupado. -¿Por casualidad trajiste falda de montar?- le cuestionó a Sarah con 'inocencia.'
-¡Oh, no! Lo siento. No creí que la necesitaría. Ni siquiera sé si tengo una.
-No te preocupes…- Alin comenzó a hablar y se detuvo ante la mirada de su padre y la mano de su esposo aferrando más fuerte de lo acostumbrado la suya. -Yo… tampoco tengo.- sonrió. -Así, que somos dos.- Sarah rió tontamente junto con ella agradecida.
-¡Qué pena que la carreta se haya roto justo ayer por la mañana!- continuó Erwin.
-Yo no fui.- aclaró Conrad.
-Por primera vez.- murmuró Gontran. Y su esposa hizo una risita.
-Les debo una disculpa a las dos damas, aquí presentes.- el dueño de casa se hizo de nuevo de la palabra. -Espero que no sea un impedimento compartir el caballo con Jareth, entonces.- Sarah se sonrojó y espió al mismo. Tal parecía que él se quedó viendo a su tío con sorpresa, Sarah no sabía si en acuerdo o desacuerdo con la idea, pero, ella no podía negarse a ir al paseo que Erwin había planificado para ellos.
-No hay problema.- dijo tomando nuevamente la taza entre sus manos para tener algo que hacer. Jareth la espió a su vez. Tal parecía estaba nerviosa, pero, al menos, no se había negado. Él también lo estaba, después de tanto tiempo volvería a tenerla entre sus brazos. Su Sarah.
-¿Sobrino?
-Será un placer.- contestó y Sarah no pudo evitar verle expectante, por lo que él le correspondió con una tenue mueca de sus labios. Ella respiró, era como si se sacara un poco de peso de encima.
Al termino del desayuno, se dirigieron a la caballeriza; donde un fey algo mayor que Jareth les esperaba con los animales prestos para su uso. Sarah supuso que ese debía ser el esposo de Babbette. Las muchachas iban una al lado de la otra; tomadas ambas de los brazos de sus parejas. La mortal no pudo contener su curiosidad y le cuestionó su duda con respecto al cuidador; la otra le afirmó su sospecha, en tanto, Jareth observó al sujeto con cierta aprehensión. Era todo lo contrario a él. Morocho; ojos negros; cabello lacio y parejo y más fornido. ¿Preferiría ese tipo de hombres? Gontran lo miró y echó los ojos hacia atrás como diciéndole: '¡Por todos los cielos, Jareth! ¡Sólo fue una simple pregunta!' El se sintió tonto y rió muy por lo bajo.
-Aquí está el suyo, Su Majestad.- el hombre hizo una reverencia para seguidamente entregarle las bridas del animal.
-Gracias.- respondió Jareth soltando a Sarah y palmeó el azabache pelaje del semental. -Él es "Jean Genie."- le explicó a Sarah. -Un viejo amigo. ¿No es así?- el corcel cabeceó con un suave relincho.
-¡Es hermoso! ¿Puedo… acariciarlo?
-¡Por supuesto!- Sarah sonrió genuinamente y frotó la cruz y crines del animal; Jareth lo sostuvo fuertemente de las bridas, y parecía estar hablándole algo que ella no alcanzaba a oír. -Sé bueno, Jean Genie; ella es mi chica.- susurró y el caballo volvió a cabecear.
-Es maravilloso. Nunca vi uno tan de cerca.
-Entonces, supongo que jamás montaste uno.
-Exacto.
-Pero, si has montado un dragón.- Sarah rió ante el recuerdo de Drakke. Jareth se cuestionó si lo apreciaría más él fuera un animal. Y recordó al dichoso Merlín. Sólo habían hablado de él una vez. Suspiró. ¿Lo querría aquí?
-Cierto.
-Muy bien, entonces. ¿Me permites subirte a él?
-Sí. Sólo… dime qué hacer, de dónde me sujeto una vez arriba.
-Bien. Primero…- puso sus manos en su cintura -¡arriba!- Sarah se sorprendió de que él pudiera elevarla a esa altura con tanta facilidad. -Ahora, sujétate de la silla.- le señaló la frontera. -Sostente fuerte.- le indicó y poniendo un pie sobre el estribo se ubicó ágilmente tras ella, que quedó cercada por sus brazos al sujetar las bridas.
-¡Alin!- la reprendía con paciencia su esposo cuando cada vez que intentaba elevarla ella se abrazaba a él para besarlo y reía tontamente. -Te lo advierto.
-Luego, yo soy el descerebrado.- pasó Conrad ya montado en su caballo bayo.
-Celoso.- Alin le respondió a su hermano ya desde la silla.
-Boba.- siguió avanzando a paso cansado. Erwin lo estudió y suspiró. Caballo y muchacho parecían uno. ¡Cielos! Y comenzaron a avanzar.
Sarah se sentía insegura aferrada todavía a la silla, más, no se animaba a sujetarse de su torso como cuando con el dragón. ¿Qué iba a pensar después de que le había dicho que no volviera a tocarla? Jareth la espió por debajo de sus pestañas. Si él le sugería que se afianzara a él podría tomarlo a mal. Suspiró. Entonces, como si Jean Genie hubiere leído sus pensamientos, hizo una pequeña maniobra en la cual Sarah sintió resbalarse y Jareth la reafirmó rápidamente en su sitio con un brazo alrededor de su cintura. Sus miradas se encontraron.
-¿Por qué… mejor no te sostienes de mí?- sugirió él sin segunda intención en su voz. -Mis manos estarán todo el tiempo en las riendas, así que…
-Bien.- sonrió ella sintiéndose culpable de haberle hecho aclarar algo así. Pues, en realidad, jamás la había tocado, salvo aquella vez en el oubliette que la había cargado de su… trasero. Se sonrojó al recordarlo y rápidamente se asió de su torso, inconscientemente aspirando su perfume.
Por mucho que Jareth se esforzara, no podía evitar que su corazón latiera con fuerza; era tan exquisito sentir sus brazos alrededor suyo, tenerla así de cerca. Y para su sorpresa, ella se había situado sobre su pecho desde el primer momento.
-Y aquí,- señaló Erwin hacia una arboleda -es de dónde obtenemos las frutas o… la miel.- miró a su hijo de reojo que se hizo el distraído. Sarah no pudo evitar una risita. El Rey Goblin la observó suspicaz. Y siguieron rumbo. Finalmente, se detuvieron para almorzar en las cercanías de una encantadora laguna. Tanto Gontran como Jareth descendieron del caballo sujetando a las muchachas de la cintura. -Y éste…- sonrió Erwin con melancolía. -Éste es un lugar muy especial.- Tras un suspiro, con un movimiento de su mano, apareció una manta y toda clase de viandas dispersas sobre ella. Alin, por su lado, agregó unos almohadones, por lo que su esposo rió.
-¿Siempre en los detalles, mi amor?
-¡Por supuesto!
-¿Puedo agregar algo?- cuestionó Conrad, y la respuesta fue unánime, a excepción de Sarah que dejó escapar su risa.
-¡NO!- el fey se cruzó de brazos y se dejó caer sobre uno de los almohadones.
-¡No es justo!- Jareth espió con un dejo de diversión a Sarah, que se quedó perpleja al oír al más joven de los hombres con su tan usada frase. El Rey Goblin se mordió la lengua para no hacer alguna broma que por más inocente que fuera pudiera hacerla enfadar. ¿No era entendible porque congraciaba con su primo?
Todos pasaron un momento agradable, Gontran contando algunas anécdotas de su noviazgo con Alin y de cómo llegó a ganar su corazón y el de su familia.
-Ella no me creía en lo absoluto una vez que la rescaté de su encierro. ¡Pero…,- rió -mi pobre niña! Sentía tanto pavor que cada vez que le hablaba saltaba en su sitio.
-¡Eso no es verdad!- rezongó esta. -Eso sólo fue al principio.- aclaró ofendida y luego, viendo a su amiga sonrió. -Una vez que empecé a confiar en él era otro el que saltaba al oír mi voz.
-Pues, claro, si cada vez que te pedía que te quedaras en un sitio para yo poder revisar que más adelante fuera seguro para ti aparecías de improviso.- se defendió Gontran. -O me reprendía por cosas que yo ni siquiera entendía.
-Es que no quería quedarme sola.- se acurrucó a él. -Además… ¿en dónde iba a conseguir a un héroe tan bien parecido?- Gontran sonrió acariciando su rostro.
-Pues, yo no lo culpo si saltaba cada vez que oía tu chillona voz.- acotó Conrad con maldad.
-Cállate, bobalicón. Bien recuerdo que cuando regresé casi me arrojas al suelo de la alegría.- volvió a ver a Sarah. -¡Gontran me había salvado y él casi me mata del golpe!- Erwin rió junto al resto.
-Es que él en verdad te echaba de menos.
-Sí, seguro. Así no tenía a quién fastidiar a diario. Claro que luego me las cobré.- Conrad se sonrojó, pues, había estado un tiempo largo haciendo todo lo que su hermanita quería. Hasta que se cansó y le llegó el turno de ser su chaperón. Sonrió de oreja a oreja. ¡Eso había sido una deliciosa venganza y de lo más provechosa!
Sarah jamás pensó que Alin tuviera dicho carácter, le parecía graciosa y no podía evitar ver a la aparente suave muchacha en los brazos de su esposo. Ellos se amaban profundamente; pensó dejando escapar un suspiro. Y Jareth le ofreció una bandeja con cierta variedad de frutos. Sarah lo observó a los ojos, éste era Jareth, no el Rey Goblin; y examinando lo que le ofrecía, ella eligió, entre todas, el único durazno. Jareth, aturdido, pasó la canasta a su primo político, preguntándose si su elección había sido consciente.
Erwin los hizo reír contando algunas de las travesuras de sus hijos, especialmente de uno de ellos; evitando involucrar a su sobrino, por una cuestión de respetar su intimidad, ya que presumía que Sarah no sabía el por qué Jareth era tan cercano a ellos, más allá de los lazos familiares. Sentía que no le correspondía a él revelar esa parte de su vida; por lo menos, no por ahora. Pero, inevitablemente, sus hijos se dejaban llevar por los recuerdos e incluían a su más querido primo.
-…Y entonces,- comentaba Erwin -advertí que la casa estaba girando sin parar. Cuando conseguí romper el hechizo,- miró directo a los ojos de sus risueños hijos -los envié a ambos a sus respectivos cuartos tras arreglar todo el desastre. ¿Te imaginas después de tantas vueltas? Desde entonces, he puesto un conjuro definitivo para que la misma y todas sus cosas sean inamovibles. Uno nunca sabe con ciertos jóvenes.- ésta vez su mirada se posó sólo sobre Conrad.
-¡Oye, jamás volví a hacer algo así!- refutó. Y pareció meditar unos segundos. -No dentro de la casa.
-Seguro que no. ¿Quizás con frutales?- siseó Gontran con maldad esperando su descuido.
-Bueno…, qui… ¡Quiero decir, NO! ¡NUNCA haría semejante chiquilinada!- el ambiente era formidablemente cálido y agradable. Jareth no podía dejar de reír por lo bajo o con absoluta franqueza; atrayendo por momentos la atención de su hilarante Sarah. -Todos en seguida me ven a mí cuando algo extraño sucede, pero, parece que se olvidan que hay alguien, aquí presente, que puede llegar a ser tan terrible como yo.- se hizo el ofendido.
-¡Oh, vamos, hermano! ¡¿Ahora querrás culpar a nuestro primo por tus chiquilladas?!
-¡¿Oye, ya te olvidas cuando nos puso de cabeza?! ¡Y todo porque no queríamos dejarlo a solas! ¡Bah!- se refería a unos de sus primeros encuentros con él. Pues, al verse atacado por dos niños que les importaba un bledo que el fuera el Rey Goblin, se cansó y manipuló la gravedad de ellos obligándolos a caminar por el techo. Mas, en vez de asustarse, como él había calculado, simplemente había hecho que lo adoraran aún más y ya desde entonces, su vida se había convertido en un calvario, hasta que al fin, comprendió y los aceptó al igual que a su tío.
-Yo siento mucho eso.- confesó el rey. -Era joven y… estaba confundido. Pero, ustedes dos no parecían muy afectados por ello.- sonrió y aclaró a la asombrada Sarah que no le quitaba los ojos de encima. -Después de eso, me volvieron loco pidiéndome que lo hiciera otra vez.- ella le sonrió abiertamente y él tuvo deseos de besarla, mas, se retuvo.
-Y,- agregó Erwin -claro que yo no lo hubiera permitido. Si no, ¿qué iban a pedir luego?
-Yo tenía planeado trepar a los candelabros.- sonrió Conrad con franqueza. -¡Eso hubiera sido fabuloso!- Gontran lo vio con preocupación.
-Espero que aún hoy no pretendas hacerlo.- dijo alarmado.
-Bueno…
-Conrad, NO.- le advirtió su padre. -Es el cuarto candelabro a lo largo de toda tu vida y eso que aún eres muy joven.
-Pero…, las cuatro veces no fueron mi culpa.
-¿No? ¿Fue de Jareth?- se oyó la maliciosa voz de Alin.
-No… Una vez fue nuestra mascota.
-"Eso" no era "nuestra mascota," tú lo trajiste a la casa a escondidas.- aclaró su padre.
-¿Qué era?- cuestionó Sarah con curiosidad.
-Un grifo.- dijeron todos con un suspiro, quedando excluido Gontran, que en aquella época todavía no conocía a Alin.
-Era lindo y cariñoso.- Conrad le sonrió a la anonadada Sarah. -Sólo necesitaba tiempo para enseñarle a comportarse.
-Sí, lindo y cariñoso y nos tuvo corriéndolo por lo menos medio día.- Erwin elevó sus ojos al cielo. -Y la pobre Alin, con sólo ciento ochenta años estaba aterrada.
-Siete años.- acostado sobre uno de sus lados, elevando su parte superior con ayuda de un brazo, Jareth le aclaró a Sarah próximo a su oído y ella sintió ese escalofrío a lo largo de su espalda. Esto… no era miedo, ¿o sí? Ella permanecía sentada con sus piernas juntas, todo su peso recargado sobre una de éstas y las manos sobre la manta. -Yo puedo dar fe del susto que se llevó la pobre Alin. En ningún momento se soltó de mis piernas.- rió. Entre los brazos de Gontran, Alin elevó su cabeza para verle risueña.
-Lo siento, amor; allí todavía no eras mi héroe.- sonriendo se besaron.
-Pero, lo soy ahora.
-El único.- se miraron con ternura.
-Tú también lo eres para mí.- murmuró todavía con su cabeza inclinada sobre ella.
-¡Agh…!- exclamó Conrad con cara de repulsión. -¡Por favor…! ¡Hay gente tratando de hacer la digestión aquí!
-¡Oh, cállate!- Gontran tomó una servilleta y se la arrojó sobre el rostro. El otro liberó su carcajada.
-¿Alin, esta es la laguna de la que hablaste?- indagó Sarah, mientras, los hombres fueron por las monturas y ellas aguardaban de pie caminando distraídamente cerca de donde habían almorzado.
-Sí. Como verás, las tardes son bastantes calurosas y el agua adquiere la temperatura perfecta. ¡Ven!- extendió su mano hacia Sarah y la mortal la aceptó y prácticamente fue arrastrada con entusiasmo, por lo que le causó gracia.
A metros, los feys masculinos las observaban encantados. Uno con la satisfacción de un padre; otro sólo con el fastidio de un hermano, girando los ojos; dos, con el brillo que sólo brinda el amor. Gontran y Jareth se miraron complacidos al ver a sus mujeres tomadas de la mano, corriendo hacia el lago y riendo tontamente como dos niñas para tocar el agua con sus manos.
-Somos afortunados, Su Majestad.- dijo Gontran. El rostro del rey no ocultaba su dicha, él sólo podía ver cierta esperanza aunque aún sintiera cierto recelo de darse plenamente.
-Sí, lo somos. Y…, creo que ya es hora de que a solas me llames por mi nombre, Gontran.
-Será mi placer,- dijo éste agradecido. -Jareth.
-Démosles cinco minutos más.- éste opinó y todos concordaron.
-Sería tan lindo estar justo detrás de ellas…- sus ojos brillaron con maldad.
-CONRAD.- hablaron a coro los otros tres.
Ya de regreso, Jareth no necesitó insinuar a Sarah que se tomara de él. Sí. Las cosas podían mejorar con el tiempo, pero, todavía había mucho por delante como para darlo por hecho.
Cuando alcanzaron las caballerizas todos se hallaban de buen humor, comentando que deberían repetir la salida antes de que el rey y Sarah retornaran al castillo. Gontran y Alin iban tomados de la cintura; en tanto, Jareth y Sarah, del brazo.
Una vez dentro de la casa, se dirigieron a sus respectivas habitaciones para higienizarse. Jareth acompañó a Sarah hasta la misma.
-Bueno…- dijo algo incómodo, temiendo que ahora que se encontraban a solas se rompiera la magia compartida durante el resto día. -Yo… pasaré a buscarte, si quieres. No quiero molestarte… demasiado.- Sarah entreabrió sus labios. ¿Cómo que no quería molestarla? ¿Acaso… ya no le divertía hacerlo, ya no… le interesaba? Cuando cerró su boca, el fey ya se estaba yendo.
-¡Jareth!- clamó dando un paso hacia él; éste giró. -Si… tú no pasas por mí, ¿quién si no?
-Tienes razón.- ocultó una sonrisa de lado. -¿En una hora?
-Sí. Una hora estará bien.- suspiró relajada. -Nos vemos.
-Nos vemos.- habló él viéndola partir.
N/A: El videofic ya lo he terminado, y sí tengo cuenta en youtube, sólo que este es el primer video que subo (si tengo un montón de favoritos, la mayoría de David Bowie, por supuesto. ¡Y allí puedes ver parte de "Inside the labyrinth", Krissel, por si no lo has conseguido! ¡El primero, como este fanfic! Antes de subir este capítulo intentaré subirlo a la página, así que si terminan de leer este capítulo, péguense una vuelta por mi profile en este maravilloso fanfiction, que seguro pondré la dirección allí.
Gracias, Lain3X; moonlightgirl; megumisakura; dodgmalaley y Krissel (temo que otra vez te falló la tecnología T.T)
