CAPÍTULO 34: SWEET IS THE NIGHT

N/A: ¡Hola a todos! ¡Por fin pude subir el videofic! ¡Por todos los cielos que tardó en subir! Volví a casa creyendo que no lo había conseguido, pues, se demoraba mucho y ya me tenía que regresar, así que lo suspendí; volví a decodificar el video para hacerlo más liviano; al otro día lo intenté subir y ¡sorpresa! ¡Ya estaba desde el primer intento! T-T ¡Qué emoción! ¿Habrá sido obra de algún Rey Goblin que no quería dejar pasar que le vieran tan bien junto a Sarah? (Gracias, Krissel; Lain3X; Moonlightgirl; Fuego de Estrella por haberlo visto y dejado sus comentarios.)

Gracias por todos sus reviews aquí en youtube. Me alegro que les haya gustado el video nn. La canción es Cat People (Puttin Out The Fire) del álbum Let's Dance de David Bowie. Y… el bebé… es… aquí su autora, supongo esperando que viniera el Rey Goblin, pero, tal parece estaba muy ocupado por aquel entonces.

-Todavía era príncipe en aquel entonces. .

-¡Oh, eso lo explica! Te perdono entonces. Es que no me gustaba estar metida allí en el agua, creo. XD. Volvamos al fic. ¡¿Qué momento ha pasado Conrad junto a Gontran, eh?! Por poco y le dan un escarmiento. ¡Jiji, mentira, se aprovecha de su bondad!

-Supongo que con 'su bondad' te refieres a Gontran.

-Por supuesto, Erwin. - ¡Gracias por venir!

-Es mi placer complacer a una dama como tú. Además, es la primera vez que tengo un fan club; no porque no lo merezca, claro.

-¿En serio…? ¬.¬ Bueno…, te recordaré eso de tu placer en complacerme ni bien termine este capítulo. XD.

-¡Glup! Pero…, lo que yo quise dec… :

-¡Nada, Sir Erwin! Lo dicho está dicho. (Cruzándose de brazos) XD (Jareth está sujetándose el adolorido estómago por la risa) Y ahora que comenzarás a tener un fan club es mejor aprovecharte antes de que tengas menos tiempo para mí. ò.ó

-Pero… : S

-¿No irás a negarle un deseo a una desamparada dama como yo, no? ee ¡snif!

-¡Oh, por supuesto que no, pero…!

-¡Entonces no hay más que hablar! :D Esta noche nos vamos a cenar a algún lugar bonito. Por cierto, ⌐⌐ tú invitas. Bueno, ahora quiero darles las gracias a Lain3X (por cierto, linda vestimenta. ¿Dónde compraste esa mochila? Conrad está celoso porque nadie usa nada con su nombre. Yo le he sugerido que se lo ponga a los frascos de miel ya que se le parecen, ahora están en todos lados y pueden resultar empalagosos. ¡Juajua! XD ¡Auch! Rencoroso¬.¬); Moonlightgirl (AmaterazuHime murmurando con la mano en la boca: Conrad es algo difícil, sí, pero, las chicas se le acercan y luego huyen porque no le soportan e.e); Krissel (me alegra saber que estás bien); y a megumisakura (¡gracias por lo de fenomenal!).

-¿Quién es Sasha? ¬.¬ (con el review de moonlightgirl en la mano)

-Jareth, no seas celoso, no puedes tener a todas suspirando únicamente por ti.

-Creo que esta vez sí te convertiré en un goblin…

-Oh-oh… ¡Mejor dejamos la cena para otro día, Erwin! (Si alguien oyó sobre una graciosa huída, es lo que estoy haciendo ahora mismo.) :

CAPÍTULO 34: SWEET IS THE NIGHT. (DULCE ES LA NOCHE.)

Disclaimer: Los personajes de Labyrinth no me pertenecen ni recibo ningún tipo de beneficio. El título de éste episodio, lo tomé de la letra de "Beat Of Your Drum" de David Bowie, por ende, tampoco es mío. Sí son de mi propiedad, Babbette, Alin, Conrad, Gontran y Erwin.

-¡De prisa, Babbette! ¡De prisa!- clamaba Sarah al borde de la histeria, en tanto, se miraba el cabello recogido en una cola alta de caballo y con leves ondulaciones para darle más volumen, de manera que ésta se abría asomándose por detrás del rostro. -¡No voy a estar lista!- la criada rió por lo bajo.

-My Lady, está bien que no hay que hacer esperar a un rey, pero, usted es su prometida, por ende, se puede permitir dejarlo un rato a la expectativa. Después de todo, es un hombre.- sonrió uniendo los pequeños broches de la espalda del vestido color orquídea. Era uno de los favoritos de Sarah, la tela era suave, etérea y translúcida, por lo que las capas iban una sobre otra, y aún así, no resultaba pesado. Las mangas eran ajustadas, sólo en los hombros tenían forma farol comenzando justo en el límite con el brazo, al término de éste, lo circundaba una cinta. La cintura imitaba el detalle, mas, terminaba en pico en la delantera. El torso se adhería al cuerpo; la espalda, en un escote redondo, quedaba descubierta hasta por debajo de los omóplatos. El frente, un encantador escote corazón y la falda era de ensueños, terminando en pequeños pliegues que parecían flotar al caminar; le cubría los pies y terminaba en una media cola. Sarah pensó que más que una princesa parecía un hada. Al menos bajo la visión humana, claro. Porque ella sabía cómo lucían las hadas y preferían los vestidos más sencillos y cortos.

-¡No es por él!- dijo ella de inmediato. -¡Sólo que… no me gusta llegar tarde! ¡Yo…!- se miró al espejo. ¿Por qué era? -¡Yo soy la Campeona de Labyrinth, llegué antes de que el reloj diera la última hora!- se jactó. Podía llegar a ser convincente; de algún modo.

-¿Una cuestión de orgullo?- se sorprendió la criada.

-Sí.- ésta vez era sincera. Los pendientes y el anillo de amatista daban a su imagen aún más ángel. ¡Hoy había sido un día estupendo! Pese a que ambos estaban un tanto incómodos por momentos, pero, por otro lado…, era como que las piezas empezaban a ensamblarse.

Jareth en su habitación, se miró una vez más al espejo. Botas negras, guantes y chaleco haciendo juego, pantalón índigo… ¿Qué hacer? ¿La usaba o no? Estudió la chaqueta que combinaba con su prenda inferior. Aquí siempre era posible que la noche refrescara… ¿Y qué si ella deseaba caminar por el jardín? Con gusto la cubriría con su cuerpo, pero, dudaba que ella lo tomara bien; sonrió para sí con picardía. Se la pondría. La camisa color azure era lo que le otorgaba suavidad a su vestuario, dejando ver como de costumbre su pecho descubierto y su colgante reclamando la atención siendo lo único resplandeciente en el atuendo. Una vez más se sonrió a sí mismo dejando ver sus caninos. Él era apuesto, no veía el por qué no intentar acercarse un poco más a Sarah. Después de todo, el día había sido apacible y la había descubierto viéndolo varias veces. "Sí. Hora de hacer tu jugada. ¡Tampoco vas a estar todo el tiempo como un pelele pidiéndole permiso hasta para tomarla de la mano! ¡Dentro de diez días será tu esposa!"

-Totalmente de acuerdo.- auto consintió ahora con la chaqueta puesta. -Tú eres el Rey, tú eres el Hombre, tú eres…- ¡POP! Una figura apareció sentada en su cama.

-El Tonto.- carcajeó el intruso. Jareth suspiró molesto y giró hacia él.

-Conrad. ¿Qué quieres?- volvió su visión a su propia imagen. Sus miradas se cruzaron a través del espejo.

-Sólo vine a avisarte que dentro de quince minutos estará la cena.- le sonrió yendo hacia él y parándose a su lado comenzó a imitar su elegante porte. Jareth sonrió, no era la primera vez que su primo hacía eso.

-¿Y por qué no usar la puerta? Y aún más importante, ¿por qué no golpear antes de entrar?- Conrad frunció la nariz sin quitar su vista del reflejo frente a sí.

-Demasiado formal.- el Rey Goblin giró los ojos hacia arriba.

-Estúpida pregunta la mía.- se cruzó de brazos.

-¡Oye! ¿Somos bien parecidos, no?- Conrad sonrió conforme consigo mismo ataviado en verde.

-Está en la sangre.- afirmó el otro. -Ahora, si me disculpas…, tengo una conejita aguardándome.

-¡Seguro! ¡Nos vemos!- ¡POP! Y se fue.

Jareth avanzó por el pasillo silbando por lo bajo "Underground." Se detuvo frente a la puerta, sacudió una pelusa imaginaria de una de sus mangas y chocó sus nudillos en la trabajada madera.

Sarah, aún parada delante de su tocador, volteó demasiado rápido e inquieta, por lo que se golpeó la rodilla con el banco.

-¡Auch!- clamó frotándose.

-¡Cuidado, My Lady!- le indicó Babbette. -¿Está usted bien?

-S-sí. No te preocupes. No ha sido nada.- se alisó la falda y se apartó del tocador con las manos entrelazadas en un intento de detener el leve temblor. -Por favor, ve quién es. Quizás…, sea Su Majestad.

-Por supuesto, My Lady.- sonrió para sí. Orgullo. Daba las gracias de no tener ningún título pesando sobre su persona. -Su Alteza.- se inclinó al abrirle.

-Babbette. ¿Lady Sarah está lista?

-Sí. Ella lo está.

-¿Ella… está bien?- cuestionó preocupado. -¿Qué fue ese grito?

-¡Oh, sí, My Lord! Yo me golpeé. Siento haberlo alarmado, Su Majestad.

-No hay problema.- sonrió aliviado. -Ten más cuidado.- le recomendó con gentileza.

-Lo haré.- ¡Éstos dos eran dignos de verse! Se dijo para sí y volteó hacia el interior. -Es Su Majestad, My Lady.- y se hizo a un lado. Sarah se dirigió hacia la salida.

Jareth quedó boquiabierto. ¡Lo partiera un rayo! Mientras otras debían dar vueltas alrededor suyo como moscas en la miel para capturarlo, su Sarah lo noqueaba sin piedad alguna. La estudió de pies a cabeza. Bella. Su Reina.

Sarah apenas podía contener el aliento. Él… se veía tan atractivo, tan sexy como cuando bailaron. En sus ojos…, podía ver lo que había creído perdido por un momento, aún sin saber muy bien qué era. Sonrió ante la ironía.

-Cosa preciosa…,- no pudo evitar el impulso de tomar sus manos entre las suyas -simplemente luces… estupenda.- le sonrió y besó sus manos sin perder el contacto de su mirada.

-Gracias.- sonrojada, descendió su mirada por un instante, mordiéndose el labio inferior. -Tú también.

-Eso intenté.- bromeó él y ella sonrió. -¿Vamos?- ofreció su brazo.

-Vamos.- lo aceptó y se dirigieron hacia las escaleras.

-¿Sabes?- habló él con naturalidad. -Estuve pensando si… después de la cena, no sería agradable caminar un poco por el jardín.- la espió de reojo para ver su reacción. Primero, sus músculos se tensaron. "Eso no es bueno. Te apresuraste, debe pensar que quieres forzarla a algo."

"Anoche no quiso…, hoy me está invitando. ¿Se sentirá obligado?" Luego, se relajó y tembló. "¡Él me está invitando! ¿Me besará de nuevo? ¿Intentará algo más?"

"¡Bien, sólo la has asustado más!"

Entonces, un suspiro escapado de una tímida sonrisa. "Tómalo con calma, Sarah. Piensa cómo se lo vas a decir."

"¿Resignación, rechazo o aceptación?"

-Suena bien para mí.- "¡Sí!," él gritó dentro de sí. Por fuera, sólo una inevitable sonrisa.

-Genial.

-¡Oh, mírense ustedes dos!- clamó Alin muy complacida. -¡Están… hermosos! ¿No tengo razón?

-Sí.- dijo Conrad. -Pero, yo no voy a serle infiel a Jareth.- logró hacerles reír.

-Créeme que eso me tiene sin cuidado, querido primo.- y pese a entender que la broma estaba dirigida a él, posesivamente aferró la cintura de su prometida trayéndola hacia él.

-¡Tan cruel!- se burló el otro entre risueño y falsamente ofendido. Su padre estaba atendiendo el anuncio de uno de los criados.

-Vamos, vamos, niños.- rió Erwin. -La cena ya está servida.- indicó con su brazo extendido. Conrad se puso de pie y se apresuró hacia él y se tomó del brazo como si lo hubiera invitado a hacerlo. -¡¿Qué haces?!- Erwin inquirió extrañado.

-Es que no quiero ser el único sin acompañante- su pícara sonrisa mostró todos sus dientes. Erwin aspiró y contó hasta diez.

-¿Quieres alguien que te guíe, hijo mío?

-Eh…- comenzó a dudar al ver el brillo entre hartazgo y venganza en los ojos de su padre. -Quizás, mejor… sería ir so…

-¡No, mi hijo, sangre de mi sangre! Tú pides guía, y yo, como tu padre te la daré.- le sonrió falsamente. -Por favor…,- abrió las puertas hacia el comedor -pasa.- Conrad lo estudió con desconfianza.

-Te amo, papi.- correspondió incómodo con una fabricada sonrisa.

-Yo también, con todo mi ser.- le respondió. -Ahora, en nombre de ese afecto mutuo, pasa.

-Está bien.- caminó a su lado, y cuando menos lo esperó recibió un sonoro cachetazo en la nuca que lo hizo adelantarse un par de pasos. -¡Oye…!- chilló frotándose en el sitio de la zurra.

-¿Qué pasa, mi muchacho? A veces también es necesario un empujón.- sonrió con maldad. Y las carcajadas estuvieron a la orden del día. Sarah podía ver cuánto había influido ese hombre en Jareth. ¿O toda la familia sería así? Y Sir Erwin no parecía una mala persona, de hecho, era un ser muy cálido y paciente, si no, Conrad no seguiría con sus gracias. ¿Al Rey Goblin también se le habría contagiado eso? A Erwin jamás se lo imaginaría en la piel del villano. ¿Entonces, por qué a él sí? Se cuestionó pensando en que quizás ella era demasiado complicada como para entenderse a sí misma.

La cena fue tan agradable casi como el almuerzo de la tarde. Todos tenían anécdotas que contar y la comida estaba deliciosa. Jareth y Sarah hablaban entre ellos ya con más soltura, ya fuera sobre lo que estaban probando, o bien, ella se animaba a preguntarle cosas sobre alguna fechoría de sus primos que lo incluía. Pero, hasta ahora, jamás supo qué fue de su vida como niño, salvo que quedó huérfano a temprana edad. Quizás, sería mejor cuestionarle antes a Alin si era prudente tocar esa época de su pasado. A ella le molestaba hablar del divorcio de sus padres, por ejemplo. Y del abandono de su madre.

Jareth estaba conforme tal como estaban marchando las cosas. Ella parecía interesada en conocerlo. Jamás antes le había cuestionado sobre su vida, salvo aquella primera noche, en su balcón cuando el tema de sus padres salió casualmente.

-¿Gustan tomar café o coñac, caballeros?- inquirió el dueño de la casa.

-Yo… tengo otros planes.- sonrió Gontran con travesura viendo de reojo a su ruborizada esposa. Alin se cubrió los labios para no reír. "¡Perfecto!," se dijo Jareth.

-¿Sobrino?

-Bueno, Sarah y yo pensamos dar el paseo que anoche el cansancio nos negó.- Erwin rió por lo bajo.

-De acuerdo. No me quedas más que tú, Conrad. ¿O también tienes una cita?

-No. Estos dos me usan y me dejan sin compasión por unas faldas, padre.- suspiró. Jareth elevó una ceja divertido. Gontran, en cambio, lo observó receloso.

-A veces, cuñado, en verdad me haces preocupar.- el aludido sonrió con falsedad.

-Entonces, todavía sientes algo por mí.- frunció los labios a modo de beso. Erwin se golpeó la frente y los otros lo vieron con repulsión.

-Primo…- Jareth llamó su atención.

-¿Síii…?- seguía en sus tonterías exagerando la monosílaba mostrando todos sus dientes.

-Eres insoportable.- le dijo aún con cara de desagrado.

-¡Gracias! ¡Siempre he dicho que quería ser como tú!- remató y se largó a las risotadas. Ante el pestañeo de su primo.

-¡Los dioses me conserven viejo y con paciencia!- clamó Sir Erwin. -Mejor, váyanse antes de que siga haciendo boberías y a mí me agarre un infarto.- Alin se puso de pie y fue hacia él rodeando sus hombros.

-Eso nunca.- besó su mejilla. -Qué descanses, padre. Y no dejes que éste te vuelva loco.- él palmeó su mano y la miró con ternura. ¿Qué sería de él sin sus niños?

-Temo que ya es algo tarde.- rió. -Buenas noches, mi niña. Buenas noches, Gontran.

-Buenas noches, Erwin. Buenas noches a todos.- ofreció el brazo a su mujer y se perdieron camino a las escaleras, murmurándose cosas.

-Entonces, vamos al estudio, Conrad. Y…, aprovecharemos que estamos solos para aprender un poco de negocios.

-¡Oh, no! ¡No otra vez!- caminaba ya desanimado.

-¡Oh, sí! Y mañana regresa tu tutor de visitar a su hermana enferma. Así que, hazte a la idea.

-¡Rayos!

-Buenas noches, jóvenes.- con una sonrisa le guiñó el ojo a la pareja.

El aire de la noche era fresco y dulce. El cielo alardeaba su magnificencia haciendo titilar los incontables astros aquí y allá. La enorme luna iluminaba las dos figuras que caminaban una al lado de la otra. Ella, con las manos aferradas por delante, cada tanto mordiendo sus labios nerviosamente. Él con las manos tras la espalda, con pasos firmes y, de vez en cuando, su mirada puesta en ella; tal parecía que ella no sabía qué hacer con sus labios o con sus manos. Sonrió. Él podía ayudarla con eso. Se veía fascinante con ese vestido y la luz de la noche jugando con su figura. Hasta ahora, había apelado al silencio para que se relajara un poco y alejarse de la casa. No precisaba de interrupciones ahora que todo parecía querer enderezarse. Entonces, tomó su mano entre la suya y le sonrió. Sarah le correspondió con suavidad y agradeció para sus adentros que él tuviera los guantes puestos y no pudiera advertir el sudor de sus manos.

-Hoy ha sido un magnífico día. ¿Tú qué piensas?- él inició la charla.

-Sí. Ha sido un estupendo día. Creo… que nunca pasé un día como el de hoy. Ni… siquiera con mi familia.

-Tú y yo tenemos mucho en común.- opinó. -De distintas formas, pero…, en común.

-¿Por qué lo dices?

-Bueno, quizás, nuestras infancias no han sido de lo más… apropiadas. Mis padres murieron, los tuyos se divorciaron. Pero, tanto tú como yo nos hemos sentido descuidados, de algún modo. ¿Me equivoco contigo?

-No.- suspiró. -Cuando mamá nos abandonó…, papá trataba de hacer lo mejor, pero, no podía estar siempre. Debía mantener la casa, a mí. Tuve cientos de niñeras, ninguna me agradaba y yo no le agradaba a ellas. Bueno, hubo una que solía contarme historias, pero, enfermó y nunca más volvió. No sé qué fue de ella.- él la escuchaba en respetuoso silencio. -Y, luego, yo me convertí en una MUY mala.

-Eso no es verdad.- dijo él señalando una mecedora bajo la sombra de un árbol, y ella tomó asiento. Él se acomodó a su lado sin liberarla. -Tú peleaste por Toby.

-¡Yo dije esas terribles palabras, Jareth! ¡A mi hermano! ¡Un bebé!

-Lo dijiste sin pensar.- la reconfortó. -A veces… sucede.

-Eso no fue lo que dijiste aquella vez…- le advirtió ella con suspicacia y él rió.

-Aquella vez yo debía ganar.- le confesó. -Ganar al bebé y a la chica.- se concentró en la mano que tenía atrapada. -La mano de la chica.- Sarah se incomodó.

-¿Por qué?- cuestionó insegura de querer conocer las razones.

-Por qué.- aspiró con fuerza; su voz escondía cierta pena. -Buena pregunta, mi chiquitita.- Sarah sentía su corazón saltando cuando oía sus acostumbrados apodos dichos de esa manera. Había creído que nunca más los escucharía otra vez. -Yo…- se llevó un puño a los labios. -¿Cómo te sentiste durante todos éstos años, mi Sarah?

-¿Te refieres… a antes de venir aquí?- él cabeceó. -Bueno…, antes de que mis padres se divorciaran yo era feliz. O tonta. Pensé que ellos se amaban y que jamás, jamás eso cambiaría. De pronto, en medio de la historia, todo el 'final feliz' se hizo añicos y… supongo que… también yo.

-¿Y, desde ese entonces?

-Vacío.- ella parecía estar en otro mundo, en otro tiempo. -Sólo… las fantasías me… encontraban, sólo las fantasías me daban fuerza. Cuentos de dragones y princesas, cuentos de hadas, duendes y príncipes encantados…

-¿Quizás, de goblins y su rey?- ella sonrió.

-Especialmente ese. Sí. Ha sido una obsesión. Por momentos…, cuando veía a todos los demás, tan diferentes a mí, tan…

-Ordinarios.- opinó él sin piedad alguna, lo cual la hizo reír.

-¡Jareth!

-Son ordinarios. ¿Lo olvidas?- conjuró un cristal en su mano libre y lo empezó a mover. -"Pero, no es un regalo para una chica ordinaria que cuida a un bebé gritón.- la miró con el mismo brillo de aquella vez. -¿Lo quieres?"- se lo ofreció. Ella pareció volver a aquel momento. Entonces, se recuperó y sonrió dudosa.

-Aún me da un poco de aprehensión, ¿sabes?- él rió.

-¿Por qué?

-Bueno…, la primera vez no fuiste muy amable con esa… serpiente.- Jareth carcajeó abiertamente; la esfera se desvaneció.

-¡Lo siento! ¡Fue tan divertido! ¡Hasta gritaste y todo!

-¡Jareth!- se enfadó y le dio la espalda como para irse. Y él la rodeó con sus brazos para que no fuera a escaparse. -¡No fue gracioso! ¡Estaba aterrada y me la echaste al cuello!- ella podía sentir que todavía el cuerpo de él seguía sacudiéndose.

-No fue una serpiente, era un pequeño y desmirriado goblin.- La joven levantó su mirada con el cejo fruncido. -Lo siento, mi mascota.- murmuró. -Soy un fey, y Rey de los goblins, los trucos son… parte de mi naturaleza. Ya te he dicho que me gusta molestarte.

-¡Me irritas!- espetó ella.

-Esa es la idea.- confesó y se acercó a su oído. -Y, luego, viene mi parte favorita, conseguir tu perdón y… tus besos.- posó uno sobre su oreja; Sarah cerró sus ojos. ¿Sería posible que hubiera extrañado esto? ¿Por qué sentía deseos de darse vuelta y abrazarle, de decirle simplemente que sí, que lo perdonaba y que la besara? ¿En verdad era él quién la asustaba o era ella misma? Eso sonaba ridículo. -¿Me perdonas?

-¿Lo de la serpiente?- inquirió en un suspiro.

-Lo de la serpiente y todo lo demás.

-¿Qué es exactamente 'todo lo demás'?- él rió por lo bajo.

-¿Me vas a hacer confesar cada pequeña cosa que te haya hecho?

-Quizás.

-"Tus ojos pueden ser tan crueles…"- le cantó al oído.

-Sólo como tú puedes serlo.- remató ella. Él sonrió abiertamente. -Y aún no me dijiste por qué debías ganar.

-Porque como tú estaba solo. Como tú necesitaba… afecto, necesitaba a alguien… Yo… no tenía fantasías sobre cuentos de hadas, ni de princesas, ni de dragones porque… esa es mi realidad. Yo soy el fey, yo soy el Rey… Deseaba una familia. Mi familia. Mi esposa, mi mujer. Un hijo. Me gustan los niños.

-¿Entonces…,- llevó un dedo a sus labios pensativa -por qué los conviertes en goblins?

-¿Quién dijo?- cuestionó. Ella se separó un poco observándolo incrédula. ¿Ya no se acordaba?

-¡Tú me dijiste!

-¿Lo hice?- elevó sus cejas con inocencia.

-¡Tú me dijiste que si yo no rescataba a Toby sería uno de ustedes por siempre!

-¡Oh, eso! Pero…, yo nunca dije que lo convertiría en un goblin. ¿Verdad?- ella hizo memoria.

-Bueno…, yo… pensé…

-¿Pensaste?- volvió a sonreír. Rendida, se dejó caer nuevamente contra él.

-¡Oh…! ¡¿Por qué debes hacer esas cosas?!

-Yo no hice nada. Sólo dije que sería uno de nosotros, y era cierto. Como tú ahora eres una de nosotros, pero, tú no eres goblin. ¿Lo eres?

-¡Eres insufrible, 'Rey Goblin'!

-¡Ah…!- su voz fue burlona, como cuando se disfrazó en el subterráneo. -¿Ahora soy el 'Rey Goblin', mh…? Quizás debí dejarte caer en el Bog of Eternal Stench. Quizás debería darte un castigo.

-Aquí no hay oubliettes.- le hizo ver triunfadora.

-Yo no necesito un oubliette para castigar a una 'cosita' como tú.

-¡Oh, seguro!- se mofó ella. -Si piensas arrojarme otra serpiente pierdes tu tiempo. No voy a caer en el mismo truco dos veces, 'Rey Goblin'.- él hizo una risita ocultando sus pensamientos. "Si eso fuera así hoy no estarías en mis brazos. Pero, sh…"

-Eso es cierto. Tendré que esforzarme mucho, entonces.- creó otro orbe y nuevamente comenzó a jugar con ella delante del rostro de la muchacha que la contemplaba como si fuera un imán para sus ojos. -¿Son muy bonitas, no?

-Sí.

-No la pierdas de vista.- le aconsejó mientras el cristal seguía bailando entre sus dedos. -Te mostraré algo.- ella pensó que por más que quisiera no podría quitar los ojos del cristal. Verlo jugar con ellos era… admirable. ¿Alguna vez habría fallado? ¿Alguna vez se le habrían caído en esa loca danza? El cristal se poso en su muñeca y tras un segundo comenzó a ascender sobre el brazo libre de Jareth, donde la otra mano pareció recibirlo bajo su barbilla. Sarah estaba atenta y sorprendida. Pero, no más que cuando la esfera desapareció y la mano la obligó a elevar la barbilla y sus labios fueron asaltados con celeridad. ¡¿Cómo se atrevía?! ¿Cómo ella le respondía?, analizó mejor. Su lengua acarició sus labios tentándola a darle acceso; un, dos…, tres. La gloria. Humedad, calidez, suavidad, sabor. Rápidos latidos, brazos apresando, dedos entreverando cabellos, juego y desafío, prueba y respuesta. Falta de aire. Respiración entrecortada. Reencuentro de miradas. Incredulidad, seguridad. Sonrisas. Confortación. Jareth aún tenía el bello rostro entre sus manos. -¡Cielos, cómo temí no volver a probar tus labios, Sarah!

-¿Realmente?- cuestionó sorprendida, esperanzada y confusa viéndolo a los ojos.

-¿Estás bromeando?- sonrió. -No poder tocarte, no poder besarte, es… una agonía para mí. ¿No recuerdas? "Me matas de hambre y cerca de agotarme."

-Yo…- sus mejillas se sonrosaron -no entendía. Aún hoy… hay cosas que no… comprendo del todo.

-Te prometo que de a poco las irás descubriendo. Y otras tantas las descubriremos juntos, mi chiquitita.- ella sonrió y apoyó su cabeza en su pecho. Se sentía reconfortada, pese a las miles de preguntas que aún reinaban en ella. De repente, advirtió un cambio.

-¿Jareth?

-¿Mh…?- acariciaba su brazo distraídamente.

-¿En qué momento me senté en tus piernas?

-Oh…, bueno… Supongo que fue en un momento de efusión.- apretó sus labios para no reír.

-Jareth…- dijo entre dientes.

-¡Está bien! ¡Está bien!- rió. -Culpable.

-¡Y luego se fijan en lo que hace el pobre Conrad!

-El pobre Conrad es un pilluelo.- rió. -Y…, no tiene cabida ahora.- hizo un gesto despectivo.

-¿Por qué?- cuestionó con oculta argucia femenina.

-Porque quiero que éste momento sea únicamente para nosotros.- la estudió con los ojos entrecerrados. -¿Por qué?

-No, por nada.- se mostró indiferente. -Sólo que por un momento me pareció ver algo como… celos en tu mirada. Pero…, eso es imposible en el poderoso y magnánimo Rey Goblin, ¿no?- Jareth sonrió.

-¿Y qué si lo es?

-Nada. No es mi problema.

-¿No es tu problema lidiar con un esposo celoso?- se asombró.

-No. Sí es mi problema lidiar con las… cortesanas.- ésta vez fue su turno de retrucar, y él no pudo ocultar su alegría.

-¿Celosa, mi mascota?

-¡¿Yo…?!- clamó azorada. -¡Ja! Sólo que no me gusta la idea de que mi esposo esté toqueteando a otras y luego a mí. ¡Es… asqueroso! ¡Antihigiénico! ¡Como utilizar un pañuelo ya usado!- él rió de buena gana.

-¡Wow, mi amor! ¡Eso sí que fue la cosa más romántica y pasional! Nunca, en toda mi vida, me compararon con un pañuelo usado.

-Pues…, era hora, entonces.- espetó ella ofendida. "¡Yo no le encuentro la gracia, estúpido Rey Goblin! ¡Tú y tus livianas meretrices…!"

-¡Oh, mi querida! ¡Vamos!- la forzó a verle a los ojos. -Reconozco que soy usado, pero…, podríamos decir que fui…- llevó una mano a su barbilla. -lavado, planchado; casi como nuevo.

-Seguro. Listo para volver a pasar de mano en mano.- murmuró saliéndose de encima dirigiéndose lentamente hacia ningún punto en particular; abrazándose a sí misma. Y se detuvo junto a un suspiro. Jareth quedó primero sorprendido. Allí podía haber una fingida excusa de su parte para pelear, o podía ser que en verdad le molestara el asunto. ¿Pañuelo usado, eh?

-Sarah, yo no quiero pasar de mano en mano.- fue hacia ella. -Yo sólo quiero estar contigo, con nadie más. Y…, espero lo mismo de ti.- aferró sus hombros. -Yo soy un hombre posesivo, mi chiquitita. Cuido lo que es mío. Y…, sí. Soy celoso. El sólo pensar que puedas desear estar con otro me agita la sangre.- sus manos levemente presionaron su agarre. Dejó escapar su respiración y se relajó. -Yo JAMÁS te compartiría con alguien, Sarah.- ella volteó para enfrentarle.

-¿Pero?- cuestionó con firmeza, sin desviar su furiosa mirada. ¿Acaso le insinuaba que él no estaba dispuesto a compartirla con otro hombre, pero, que ella sí debía compartirlo a él, no con una, no con dos, si no con decenas, quizás más? ¡De ningún modo!

-No hay pero. Yo no tocaré a otra mujer que no seas tú, Sarah. Ningún fey toma el matrimonio tan a la ligera. Mira a mis padres, sino. Ellos no eran muy cariñosos conmigo, sin embargo, al morir uno murió el otro negándose a comer.

-¿Y… tu tío?

-Él amaba tanto a su esposa como a sus hijos. Y vive por ellos. Mi padre murió en batalla, y… mi madre decidió seguirlo, negándose a comer.- sus ojos se ensombrecieron. -Él ni siquiera se despidió de mí al partir, y ella… se encerró en su alcoba hasta morir.- Sarah escuchaba horrorizada. ¡Cuánto habría sufrido, siendo sólo un niño!

-¿Qué… edad tenías?- corrió un mechón de cabellos de su faz. Él advirtió el gesto y le sonrió con ternura.

-Ciento ochenta de tu mundo. Siete de aquí.- Ella casi podía comprender el por qué era posesivo. En un arranque de cariño, lo abrazó fuertemente. Él todavía algo afectado por las memorias de su pasado y sorprendido por su acción la rodeó con sus brazos.

-Lo siento, Jareth.- habló sobre su pecho desnudo. -Eso fue muy perverso… Y egoísta.- se mantuvieron por unos minutos entrelazados, sin decir nada. -¿Por qué a veces los padres actúan de esa manera?

-No tengo idea, mi amor.- suspiró resignado. Los niños que eran indeseados, sus niños, en su mayoría tenían historias más escalofriantes que las de Sarah y él. Todo tipo de abusos, todo tipo de daños. Y jamás le halló una explicación. En el Underground, era menos común porque los niños eran considerados de gran importancia, mas, aún así existía algún que otro caso. Nada es lo que parece; pensó con ironía. -Hagámonos una promesa.- sugirió.

-¿Una promesa?- elevó su mirada. Él cabeceó.

-Sí. Prometámonos que si alguno de los dos… parte para siempre, si bien aquí las posibilidades son menos frecuentes que en el Aboveground, no dejaremos que nuestro pesar lastime a nuestros hijos. Sólo como mi tío.- "¿Perderte? ¿Puedo perderte? ¡Eso… me asusta, Jareth!"

-Te lo prometo.- se obligó a sonreír. "¡Oh, estamos hablando de tener varios hijos! Eso significa…" Y luego, se ruborizó.

-Yo también te lo prometo.- le correspondió y advirtió el leve color de sus mejillas. -¿Por qué estás acalorada?- cuestionó con jocosidad.

-¡Por nada!- se excusó en seguida.

-¿Realmente?- la acercó a él descendiendo sus labios hacia los ella.

-¡Por supuesto! ¡¿Por qué voy a estarlo?!

-Bueno…,- ronroneó él -sólo me estaba preguntando que pudo haber pasado por esa cabecita cuando mencioné la palabra 'hijos.'- Sarah se incomodó y volvió a abochornarse.

-¡Tú has estado otra vez hurgando en mis pensamientos!- ella lo empujó haciéndolo retroceder unos pasos. Jareth la observó maravillado y radiante. En sus labios se dibujó una media sonrisa y una de sus cejas ascendió señaladamente. Cuando ella advirtió su error ya era tarde. Quedó por unos segundos con su mandíbula caída aún viéndolo sin poder reaccionar. -Oh, no…- sólo pudo decir cuando su boca se cerró apartando su mirada. "¡Qué vergüenza! ¡Ahora él sabe que me gusta y que… pienso en él de esa manera!"

-¡Sarah!- clamó él, y fue tras la muchacha cuando ella, tomándose la falda, se dio a la fuga.

Sarah jamás se sintió tan azorada. ¡¿Cómo pudo ser tan tonta?! ¡¿Qué pensaría él ahora?! ¡Claro, él estaría más que complacido, una admiradora más! Detuvo su carrera. ¡Diablos! ¡¿A donde iba a ir?! Advirtió que no muy lejos estaba la caballeriza. ¡Sí! ¡Prefería algo conocido, y no una madriguera surgida de la nada como la otra vez! Retomó su carrera ignorando al búho que la observaba sobre el techo de la misma.

Entornó la puerta e ingresó insegura ante la oscuridad y el sonido de algunos de los caballos. Tomando coraje se decidió a avanzar. Observó hacia el exterior. No había rastros del Rey Goblin. ¿Lo habría perdido? Quizás, se cansó de correr tras ella o se ofendió. "¡No me importa! ¡Que se ofenda! ¡Como siempre, él tiene la culpa!" Cerró la puerta tras de sí y observó a su alrededor, al fondo del establo había heno amontonado. Ella podría pasar la noche entera allí; y si él todavía la buscaba se daría por vencido y ella estaría cómoda. Bueno, eso suponía; al menos, en las películas eso parecía… Comenzó a avanzar hacia el forraje. La sombra apoyada en la entrada pasó desapercibida.

-"Nadie puede culparte por querer huir…"- cantó suavemente la voz y ella giró sobresaltada. ¡¿Desde cuándo estaba allí?! ¿Acaso…, ya estaba dentro? Retrocedió en tanto él avanzaba. -"Pero, demasiado rechazo, no alimenta al amor, no, no."- La sujetó antes de que cayera sobre el heno. -Si vas a recostarte allí, permíteme.- su chaqueta desapareció de su persona y apareció sobre el montículo.

-¡Déjame sola! ¡Suéltame!- luchaba ella por liberarse.

-Como desees.- le dio el gusto, y como ella estaba más empeñada en pelearle, no advirtió su inclinada postura.

-¡Ah…!- gritó al sentirse impulsada por el peso de su propio cuerpo y cayó sentada sobre la chaqueta. Desde su desaventajada posición lo miró iracunda. -¡¿Cómo te atreves?!- Jareth se encogió de hombros y con una sonrisa se sentó a su lado. Como ella ya estaba por huir de nuevo, puso un puño sobre la tela de su vestido a la altura de sus caderas, en tanto, el otro brazo, reposaba el codo sobre su rodilla y la mano sosteniendo su barbilla simulando distracción. La cabeza miraba hacia el lado contrario. Al sentirse sujeta de algún lado, tras un segundo intento fallido, lo miró y luego al puño en su ropa. -¡Basta! ¡Déjame ir!

-Sarah, puedo pasarme toda la noche persiguiéndote si eso te satisface, pero…, temo que mañana el resto pensará que no pudimos esperar hasta la boda.- la espió de reojo.

-¡¿Qué?!- clamó y volvió a acalorarse. Jareth ahora abandonó su barbilla y dejó ver su rostro por completo.

-¡Vamos, Sarah! ¿Qué hay de malo en que reconozcas que te gusto? ¡Seré tu esposo! ¡Sería preocupante si no nos gustáramos!

-¡¿Quién diablos te ha dicho que me gustas?! ¡¿Cómo puedes ser tan… jactancioso y presumido para asegurar que me gus…?! ¡Mph…!- sus ojos se agrandaron cuando fue acallada por sus labios y de nuevo, 'por acto reflejo' como ella prefería pensar, se aferró a su cuello para no caer. Lentamente su espalda fue recostándose sobre la tela índigo. El beso era inacabable, cargado de pasión y promesas, de sueños y esperanzas. Él sabía que podía cumplir con todo ello algún día no muy lejano. Ella también. Sus labios recorrieron la curvatura su oreja y descendieron y ascendieron por su cuello de nuevo a los labios.

-Tú también me gustas, Sarah mía, y mucho.- murmuró en su oído para seguidamente mirarla a los inquietos ojos. -Yo nunca me sentí de ésta manera, con nadie.

-"No muevo las estrellas por nadie."- habló como en un trance. Él le sonrió. Se alegraba de que ella recordara todas sus palabras, y que las fuera comprendiendo. Poco a poco, pero, estaba bien. Y, si llegara a corresponder el resto de sus sentimientos, él sería el ser más dichoso tanto del Underground, como del Aboveground.

-Hasta que te vi.- sujetó una de sus muñecas y elevándola deposito varios besos en su palma y cerrando los ojos frotó su mejilla en ella y mantuvo su mano allí atrapada. Sería tan agradable sentir una caricia suya que viniera por propia voluntad… La vio a los ojos, ella parecía estudiar su faz, y sus dedos, temblorosos, comenzaron a flexionarse, sus yemas rozando ligeramente la piel de su sien. Él aspiró ilusionado, todavía teniendo su muñeca en su poder, miedoso de que ella se arrepintiera y alejara su mano. Los femeninos dedos se estiraron sin perder contacto y acariciaron la oreja bajo los finos mechones de cabello. Los ojos de él la enfrentaban con dulzura. ¿Cómo expresar lo que él sentía en ese instante? Como si hubiera cobrado consciencia de su acción, los dedos volvieron a encogerse, ésta vez con vacilación. Jareth advirtió su desconcierto. -Eso…- su murmullo era como una caricia -fue muy agradable. Me gusta.- besó de nuevo su mano y la soltó. Ella apartó con timidez su mirada y se concentró por unos segundos.

-¿Por…?- volvió a enfrentarlo y halló su voz. -¿Por qué?

-Porque daría mi reino por una caricia tuya. ¿No te parece suficiente razón?- ella se mordió los labios. ¿Su reino sólo por una simple caricia como esa?

-Me parece que serías un tonto si hicieras eso.- habló con inocente franqueza. -Los… goblins te aprecian y… yo… seré tu esposa, de todas formas.- él sonrió. "Eso estuvo cerca, mi amor."

-Bueno…, quizás, si mostrarás que en verdad como mi futura esposa me darás alguna muestra de afecto como esa…

-¡Eso no fue una muestra de afecto!- chilló ella. -¡¿No te cansas de creer que eres…?!- él parecía regodearse y la interrumpió.

-¿El Rey Goblin? No.- terminó su frase.

-El estúpido Rey Goblin.- le corrigió molesta y él carcajeó.

-Bueno…, que sea un Rey no implica que sea perfecto, ¿no?

-Supongo. Pero…, creí que eras el poderoso, y todo lo demás, 'Rey Goblin.'

-¡Oh, sí! Soy todo eso y más. Además de estúpido, claro.- se mofó. -Pero…,- su rostro se acercó con picardía al suyo sin quitar sus ojos de los suyos -ahora conozco un secreto.- pareció confiarle y elevó una ceja a la par que volvió a recuperar la anterior distancia.

-¿Un secreto? ¿Qué es?- él se mordió los labios, se salió de encima de ella y se sentó fingiendo un desinteresado suspiro.

-Nada… Creo que es mejor que no te lo diga.

-¡¿Por qué?!- ella también se sentó viéndolo con el ceño fruncido.

-Porque… seguro te enojes.- habló serio exhalando otra vez.

-Yo… no me enojaré.- dijo picada por la curiosidad, él la examinó como midiendo las posibilidades.

-¿Estás segura?- le interrogó con desconfianza y cierta superioridad.

-¡Sí! ¡Lo estoy!- él entrecerró los ojos para verla. -¡Jareth, estoy segura!- se exasperó.

-¡De acuerdo!- sonrió. -Pero…,- frunció el cejo -no es para que lo estés divulgando, ¿eh? ¿Lo prometes?

-¡Sí!

-Está bien.- se inclinó e hizo un gesto con su mano para que ella se acercara. Sarah aproximó su cabeza, él descendió más la suya para llegar a su oído. -Conozco a alguien que…- miró a su alrededor como para asegurarse de que nadie más oyera.

-¡Jareth, dilo de una vez!- ella miró a un lado y al otro, tal parecía era algo serio.

-Conozco a alguien a quien le… gusta mucho su futuro y no lo quiere ver.

-¿Su futuro?- indagó incauta. -¿Su futuro qué?

-Su futuro con alguien tan apuesto como el Rey Goblin.- ella abrió sus ojos y aspiró con fuerza. Él le robó un beso con rapidez y desapareció antes de que ella le pegara dando un grito de frustración.

-¡Jareth!- espetó ella incorporándose camino a la salida, pues, suponía que ya no estaba allí. Y ni bien dio unos pasos, se sintió un "¡POP!" tras su espalda por lo que ella se detuvo.

-¿Me llamaste, cosita?- le cuestionó cruzado de brazos.

-¡Tú…!- clamó ella con los ojos entornados y corrió hacia él con tal fuerza que cayeron donde estaban antes, quedando él debajo.

-¡Bueno! ¡Si me quieres tan apasionadamente, dudo que sobreviva!- dejó salir su risotada, en tanto capturó sus manos para que no le siguiera pegando.

-¡Grrr…! ¡Tonto! ¡Odioso!

-Oye…- la miró de reojo tratando de verse amenazante. -Más respeto a tu rey, chiquitita.

-¡Deja-de-bur-lar-te!- habló entre dientes resignada a perder contra su fuerza.

-¡Pero, tú prometiste no enfadarte!- le recordó él con ese brillo ladino en su mirada. Ella colérica resopló por su nariz. -¡Oh…! ¡Eso fue muy principesco! ¿Debo dar las gracias a Lady Brigitte?- elevó las cejas. Ella gimoteó derrotada y dejó caer su rostro sobre el fey, su frente tocando la suave camisa de seda de quien aferraba sus puños, rebotando suavemente ante la risa de él. Jareth rodeó sus brazos sobre su cintura. Tras unos instantes, él giró quedando ambos ahora de costado. -Sarah…

-¡¿Qué?!- cuestionó todavía picada.

-Voy a besarte.- le avisó, y ella no tuvo tiempo de acotar palabra. ¿Cómo terminó con su cabeza recostada en su escote? Nunca lo supo. Había sentido sus besos en labios, rostro, cuello, hombros. Y de pronto advirtió el peso de su cabeza y que ella tenía su mano enterrada en su salvaje cabello. ¿Cuánto permanecieron así? ¿Cómo saberlo? Podían haber sido segundos, minutos, días y no hubiera sabido la diferencia. Ella sonrió al tacto suave de su pelo; él cerró los ojos ante la inconsciente caricia que pretendía disfrazarse de quietud. Los labios de Jareth se curvaron relajadamente; con gusto se quedaría toda la noche allí. Sabía que ante el menor movimiento se quebraría el embeleso. Pero…, no, era mejor no pedir de más, era mejor así ahora que ella estaba dejándose llevar por sus sentimientos, cualquiera que fueran éstos. Elevó su cabeza con un suspiro. -Volvamos a la casa, ¿de acuerdo?- ella cabeceó. Jareth se incorporó y la ayudó a ponerse de pie, tomó su chaqueta y la puso sobre los hombros de la chica. Sarah aferró la prenda cruzando sus brazos delante de su pecho. Él la abrazó y se tele transportaron al pasillo que llevaba a los cuartos. -Buenas noches, cosa preciosa.- puso un dedo bajo su barbilla para que le mirase.

-Buenas noches…, Jareth.- Y con un último beso y una sonrisa se despidieron ambos con los corazones desbordados de emociones.

Jareth se dejó caer en su lecho, brazos abiertos de par en par, con una expresión de ensueño. ¡Había sucedido, de forma peculiar, pero, al fin podía casi tocar el cielo con las manos! ¡A ella le gustaba! ¡Le gustaba él, el Rey Goblin! Rió con dicha por lo bajo y suspiró aspirando con placer, rememorando los momentos pasados esa noche.

A su vez, Sarah, en su habitación se sentó frente al tocador y se miraba intrigada. Ella no había planeado revelar sus secretos. Tampoco podía culparlo, pues, el error había sido de ella. ¡Extraño! Por lo general él tenía la culpa o… al menos ella así lo creía… ¿Sería así?

-Ahora… él sabe que te atrae.- se susurró. -¿Qué piensas hacer al respecto?- parecía preocupada. "Yo no tocaré a otra mujer que no seas tú, Sarah." Con eso en mente, sonrió satisfecha viendo su radiante imagen y de pronto, se arrojó risueña sobre su cama abrazándose a la almohada recordando la sensación de tenerlo entre sus brazos y estar a su vez en los de él con absoluta confianza… Todavía podía percatar el perfume que acompañaba la presencia del Rey Goblin en sus propias prendas y lo aspiró soñadora cerrando los ojos junto a una tonta sonrisa.

N/A: ¡Oigan, uds. son impresionantes! Apenas subí silenciosamente Declaración de Amor y ya lo han descubierto por si mismas. :) ¡No puedo explicar mi felicidad! ¡Besos para todas! Y... miel "Conrad." XD