N/A: ¡Hola a todos una vez más! Puedo decir que estoy muy feliz de que a todas les haya gustado como ha ido avanzando la relación de Sarah y nuestro Rey Goblin. ¡Lo nuestro sí que es absolutamente amor hacia él! XD. (Tienes suerte de que sea así, Sarah. ¬.¬) Jiji. Otra cosa que me ha causado placer es que cada quien ha tenido su parte favorita. ¡Siento que mi historia es como un abanico lleno de colores y que cada quien ha tomado el que le gusta! ¡Gracias, chicas (Krissel; Lain; Moonlightgirl; Dodgma), no saben lo feliz que me hacen! Cuando voy al cyber y leo mis reviews, no tienen idea lo tonta que debo parecerle al resto sonriendo frente a la pantalla. Les juro, niñas, que si a ustedes les causa placer leer lo que escribo, yo lo comparto con ustedes. Me gratifica enormemente poder hacerles soñar un poco conmigo y quitarlas de la rutina y de las malas vibras (incluso si no me mandan el review, pero, sé que están allí leyendo. ¡Es maravilloso la parte de stats y el reader en la cuenta de uno!). No sé si este sentimiento es o no es egoísta de mi parte, pero, es así como lo siento.
-¡Oh, vamos, Ama, no te pongas melancólica!- Conrad le echa un brazo sobre los hombros en absoluto gesto de compañerismo… algo brusco. -¡Ven al One-Eyed Chicken conmigo y divirtámonos echando bichos en los tragos ajenos!- AmaterazuHime lo ve con cara de asco. -¡Y tú, Lain, vamos; tienes que empezar a fabricar más pulseras! ¡Todas me aman! XD.
-Creo que mejor me quedo en casita, Conrad. Por cierto, hay opiniones con respecto a tu padre; el parecido que tienes y su "lado bromista." ¿Alguna declaración que agregar?- Conrad se frota la nuca, como recordando cierto hecho no muy lejano.
-Sí… Sus bromas son dolorosas… : (
-Tú le provocas. ⌐⌐
-Hola, Alin. : ).
-¡Tsk! Ella está preocupada en que están posando sus ojos en ese aguilucho de montaña que tiene por marido.
-¡Oh! Pero, sabes que él tiene ojos sólo para ti, Alin.
-¡Ay, sí! .- se lleva las manos a ambas mejillas. -¡Ah…!- suspira.
-Bueno…,- mira a Alin cómo se aleja inmersa quién sabe en qué sueño. -me han sorprendido con el tema de la descripción de la vestimenta, siempre pensé que las descripciones en cuanto a algo físico eran mi punto débil, y lo contrario en cuanto a los sentimientos de los personajes; así que me alegra saber que no lo hago tan mal. (De hecho suspiraba resignada cuando en la escuela nos pedían una descripción. Distinto era cuando nos pedían una narración u lo más simple, hacer oraciones con determinadas palabras. ¡Ah… qué tiempos!) ¿Las ideas? Las saco de todos lados, todo sirve. Una foto, una canción, un color, un sentimiento. En cuanto a la ropa, es como un bricolaje en mis retorcidas neuronas al ver las revistas o cosas por el estilo. Y cuando dudo de si quedará bien o no, trato de llevarlo al Paint con una foto de alguno de los personajes. (Mi hermano me dice que estoy re-crazy.) Pero, no me animo a publicarlas. :P. Las dejo con este capítulo, donde el romance sigue a la orden del día…
-¡Hola, todavía no me fui!
-Al igual que Conrad… ¬.¬
CAPÍTULO 35: THOUGH WE'RE STRANGERS' TIL NOW. (SI BIEN ÉRAMOS EXTRAÑOS HASTA AHORA.).
Disclaimer: Labyrinth pertenece a Henson. El título del capítulo es una frase de la canción "As the World Falls Down" de David Bowie. Lo siento, David, es tu culpa que constantemente use algo tuyo, ¡es que haces que mi imaginación vuele!
La mañana siguiente, había comenzado como todos los días, salvo por la felicidad que ambos sentían. Cuando se reencontraron en el pasillo, el saludo se reemplazó por miradas brillantes, suspiro de realización en uno, mejillas sonrojadas en el otro; una sonrisa a la que siguió el abrazo y la unión de sus labios.
-Muy buenos días, conejita.- su voz fue tierna.
-Buenos días, Rey Goblin.
-¡¿Rey Goblin?!- arqueó sus cejas disconforme. -¿Por qué me sigues llamando así?
-Porque te sienta bien.- sonrió ella.
-¡Oh, veo!- sonrió. -¿Con el 'estúpido' adelante o sin él?- ella se llevó un dedo a la comisura de los labios a modo de análisis.
-Mh… Creo que los dos, especialmente con la palabra adelante.
-Mala.- murmuró en su oído. Ella rió, en tanto, él con una mano en la cintura comenzó a guiarla al piso inferior. -¿Qué te gustaría hacer hoy?- le cuestionó.
-No sé. Anoche Alin dijo algo sobre ir a nadar.- él sonrió con travesura.
-Eso suena bien.
-Pero…, yo no tengo traje de baño.
-¿Traje de baño?- indagó extrañado. -¿Qué es eso?
-Es… ropa para meterte en el agua.
-¿Te metes al agua con ropa puesta?- cuestionó asombrado. -Quiero decir… ¿con un vestido?
-No, no con un vestido. Es… como ropa interior, o algo así.
-¿Como ropa interior? Entonces, es como aquí. Pero, cuando sólo somos hombres, entonces, no usamos ropa, y las mujeres tampoco.- Sarah se sorprendió.
-¡¿Y qué sucede si alguien aparece de imprevisto?!
-Bueno, si eres rápido no te atrapan.- rió. -Y si no, di todas tus plegarias.- "Al menos que seas el rey, claro."
-¡¿Jareth, tú espías a las mujeres desnudas?!- Se alarmó.
-¡Por supuesto que no!- se mostró indignado. Ella suspiró aliviada. "Esa etapa la superé en mi adolescencia." El monarca sonrió para sí.
-¡Vaya, vaya!- rió Conrad al verles. -Tal parece algunos han bebido alguna especie de elixir pacifista.
-Conrad…- su padre le observó por debajo de sus pestañas.
-Ya sé, ya sé. Que mantenga mi boca cerrada o en su defecto, ocupada o llena con algo que no sean palabras.- suspiró.
-¡Su Majestad!- Sir Medardo se incorporó de inmediato para arquearse.
-Sir Medardo.- cabeceó. -Permítame presentarle a Lady Sarah; Campeona de Labyrinth y mi prometida.- ella recordó que éste había sido su tutor, y extendió su mano, la cual el fey cortésmente llevó a sus labios.
-Un placer, My Lady. Permítame decirle que los comentarios no le hacen justicia. Es usted más bella de lo que cuentan.- Jareth se enorgulleció sin poder evitar traerla más para sí.
-Gracias, Sir Medardo.- le sonrió con simpatía. Parecía un buen hombre. -Sé que fue tutor de Su Majestad.
-El mejor alumno que he tenido en años, My Lady.
-¿En verdad?- cuestionó viendo al nombrado.
-Nunca mentiría, My Lady.- Hizo una reverencia y les cedió el paso. Alin no podía ocultar el contento en su rostro. ¡Se los veía tan bien!
-¿Oye, Sarah, por la tarde vamos al lago como quedamos?
-Sí, pero…, Jareth me dijo que…- se sonrojó. -Luego hablamos sobre ello. ¿Te parece?- le cuestionó a su amiga.
-¡De acuerdo! ¿Después del desayuno? Si ustedes dos no planearon nada, por supuesto.- Sarah observó a Jareth y viceversa. Éste suspiró resignado.
-Bueno…, supongo que te la puedo ceder por un momento.- Sarah sonrió.
-Gracias, primo.
-Oye, Sarah.- la nombró Conrad. -¿No sería mejor ir después del desayuno a la laguna?- Sarah no llegó a abrir la boca que Sir Erwin lo hizo por ella.
-Si ella gusta puede hacerlo, hijo. Pero, tú tienes clases con Sir Medardo. Supongo… que no lo habrás olvidado.- lo miró directamente a los ojos. Conrad suspiró y se arrellanó en su asiento.
-Por otro lado, Sir Conrad, esa postura es por demás incorrecta.- corrigió el tutor.
-¿Cómo hacerlo?- murmuró y Sarah tuvo que apretar sus labios para no reír. Jareth le sonrió cómplice.
Jareth pasó la mañana junto a su tío quien escuchó alegremente los avances con la muchacha, en tanto, Gontran le hacía el favor de reemplazarlo en sus quehaceres. Conrad volviéndose loco con las exigencias de Sir Medardo, y éste a su vez, con un nuevo dolor de cabeza ocasionado por su alumno. Y las jóvenes, charlando animadamente en el jardín, donde, de tanto en tanto, eran observadas con placer por un par de ojos bicolor desde la sala de estar.
-¡No puedo creerlo, Sarah!- rió Alin. -¡Pensar que cuando llegaron aquí temí que no volvieran a reconciliarse, y desde ayer han ido dando pasos agigantados! ¡Soy tan feliz!
-Gracias.- sonrió tímida. Ella todavía no podía hablar del tema tan abiertamente como su amiga. -Pero…, fue… casi accidentalmente nuestra… reconciliación.
-¡Eso es lo de menos, Sarah!- la abrazó riendo. -¡Verás que una vez que estén casados todo será aún mejor!- Sarah se sonrojó pensando en que anoche podría haber ocurrido algo como… eso. ¡No! Se llevó las manos a las mejillas. Alin la miró sorprendida y volvió a reír. -¡Ji, ji! ¡Yo era igual a ti o peor!- confesó. -¡No te preocupes, estarás bien! ¡Mírame!- la liberó. -¿No soy feliz?
-Sí. Lo pareces y mucho.
-Entonces, no te inquietes. Quiero decir, sé lo que sientes en momentos como éste, pero, son temores injustificados. Al menos, para con mi primo, como lo fueron para con mi esposo. Si ellos fueran otros, bueno, entonces, sí sería para ponerle alas a los pies.- bromeó. -Gontran siempre ha sido muy gentil y cuidadoso. Y has visto lo fuerte que es.- suspiró extasiada. -¡Él es tan magnífico! ¡Nunca, nunca lo cambiaría por otro, lo juro!- la mortal sonrió. Ellos parecían tenerse un fervor único. Sí. Ella deseaba algo así. ¿Sería posible? Alin salió de su sueño diurno y recordó lo que debían arreglar para la tarde. -¿Entonces, Sarah, vendrás al lago con nosotros?
-¿Nosotros? ¿Quiénes son 'nosotros'?- quiso averiguar.
-Menos mi padre que estará trabajando, todos. Sir Medardo no, por supuesto.
-Pero…, Jareth me ha dicho que aquí no se usa… traje de baño como en el Aboveground. Yo… Me da vergüenza.
-¿Traje de baño? ¿Qué es eso?- indagó curiosa.
-Es… parecido a la ropa interior, pero, no es ropa interior.
-Bueno, si es parecido, entonces, no hay problema. ¿Qué tan diferente puede ser?- se quedó pensando. -Traje de baño… ¿Podrías mostrarme cómo es eso exactamente?
-No tengo ninguno aquí. Tenía en el Aboveground.
-¡Oh!- se lamentó. Y Sarah meditó unos segundos.
-Pero…, si me consigues lápiz y papel, podría dibujarte alguno. Hay para hombres y mujeres.
-¡Tengo algo mejor que lápiz y papel! ¡Mira!- giró su muñeca y formó un cristal. -Sostenlo y concéntrate en lo que me quieres mostrar, entonces, una vez capturada la imagen allí ambas podremos verlo con tranquilidad como si fuera real.
-¡Eso suena genial!- admitió y tuvo la esfera en sus manos. Cerrando los ojos se concentró en su propia malla. Espió con un ojo y sí; allí estaba ella con la pieza enteriza de color azul francia. -Ésta es la que yo usaba en mi mundo.- Alin aproximó su rostro al cristal y abrió sus ojos estupefacta.
-Pero…, Sarah…; eso es… muy atrevido. MUY atrevido.
-¿Realmente?- ella estudió la imagen incrédula. -Entonces, espera a ver esto.- se puso a pensar en un desfile de moda que había visto por T.V. Una delgada modelo lucía una osada bikini. Alin abrió su boca y la cubrió con su mano.
-¡¿Ellas… en verdad usan eso?!- señaló la figura. -¡¿Y… delante de toda esa gente?! ¡¿Ella es una reina o algo?!- Sarah rió ante toda la sorpresa de su amiga.
-No, ella no es una reina. Es… como una artista, alguien con fama. Y su trabajo consiste en mostrar distintos vestuarios para que esa gente,- le indicó el público -lo admire.
-¡Pero…, todo es tan… ajustado a su cuerpo y… tan pequeño! A Gontran le gustaría, supongo, pero, no que lo use delante de otros.
-Sí.- se puso a dudar si sería tan buena idea de estar así frente a Jareth. Si su amiga se escandalizaba y era casada…
-¿Y…,- se sonrojó con cierto apocamiento -ellos…? ¿Qué usan?
-Bueno, yo sólo conozco dos tipos de trajes para ellos. Déjame pensar…- se concentró en una serie de unos bañeros. -Éste es el más convencional.- le mostró el carilindo sujeto en pantalones cortos.
-¿Quién es él?- cuestionó con un dedo en los labios y el cejo algo fruncido en intriga.
-Es un actor.
-Es… lindo por ser… mortal. Nunca había visto un hombre mortal adulto. Mujeres sí. Algunos feys las prefieren, pero, no todas tienen tu suerte.- le sonrió.
-¿A qué te refieres con que no todas tienen mi suerte?
-Bueno, hay algunos feys inescrupulosos que las traen para convertirlas en sus amantes, pero, no todos se casan con ellas.
-¿Hay otras mortales aquí? ¿Conoceré a alguna?
-Es probable.- Sarah suspiró. ¡Había tanto que todavía no sabía! -Tranquila, Sarah. Tienes mucho tiempo por delante. Ahora sólo debes concentrarte en mi primo.- rodeó sus hombros amistosamente. -Él es muy feliz contigo.
-Tienes razón. Si no tomo las cosas con calma me volveré loca.- le correspondió. -¿De veras crees que él está feliz?
-¡Como perro con dos colas!- rió Alin. Más tarde volvió a sonrojarse cuando Sarah le mostró la segunda opción de traje de baño masculino. -¡Pero…!- se echó a reír descontroladamente. -¡Bueno…,- se secó una lágrima de su ojo izquierdo -supongo que en cuanto a lo apretado del traje es igual que a los pantalones de aquí, salvo por el largo de las piernas! Ustedes no tienen mucho recato, ¿no?
-Al menos, no en éstos tiempos.- "O quizás nunca;" supuso Sarah pensando en épocas atrás. -Pero, por ejemplo, nosotros nunca andaríamos con ropa interior en el agua. Lo vemos casi como andar desnudos… Pero, ahora que lo miro es bastante ridículo, porque… la ropa interior nuestra es igual a los trajes de baño. Ahora, mi… duda con respecto a la ropa interior de aquí es que… todas son blancas.- le insinuó.
-¿Y?
-¿No has notado lo que sucede cuando se moja?- La fey repicó sus dedos en la barbilla en un esfuerzo por analizar lo que Sarah sugería. Entonces, por primera vez en su vida advirtió a qué se refería su compañera.
-¡Ah…!- se horrorizó. -¡Ahora entiendo!- y entrecerró los ojos. -¡Oh, ese… sabandija de Gontran!- Sarah la observó estupefacta. ¿Qué le pasaba?
-¿Alin, qué está mal?
-¡Cuando…! ¡Después de que me rescató, camino hacia aquí, yo me empeñé en refrescarme en un arroyo! ¡Él… dijo que no podía alejarse demasiado porque podía ser peligroso! ¡Y, estoy segura de que eso era cierto, pero, cuando vino por mí para decirme que debía apresurarme para seguir camino…! ¡Lo vi sonreír, pero, no había entendido el por qué hasta ahora! ¡Ah…!- espetó furiosa golpeando un pie sobre el suelo. -¡Malvada rata, sabandija! ¡Aguilucho sucio y deshonesto!- Sarah abrió sus ojos a más no poder. Entonces…, ésta era Alin.
Cuando Gontran apareció antes de la hora del almuerzo, vio a su pequeña y bella esposa venir hacia él hecha una furia. ¿Conrad la habría molestado de nuevo? No lo creía posible, él estaba encerrado en la biblioteca con su tutor. Observó con interés al irritado rostro que se alzaba casi a la altura de su cuello. No sabía por qué, pero, si no estaba errado, el problema era con él. Se cruzó de brazos viéndola con la superioridad que le otorgaba su estatura.
-¿Mi amor?- le indagó. Y todo lo que obtuvo por respuesta fue un pisotón, cuando él estaba esperando una bofetada. -¡Auch…!- saltó sujetándose el pie. -¡¿Y, por qué fue eso?!
-¡Por no avisarme por qué no querías que me refrescara!- espetó enfadada. Su esposo la observó confundido. ¿De qué hablaba?
-¡¿Qué yo no quería que te refrescaras?! ¡¿Cuándo, dónde?! ¡¿Por qué te iba a prohibir algo así?!
-¡Tú dime!- le exigió y él la observó con una suspicaz y parda mirada entornada que, de repente, cobró un travieso brillo. Él rió por lo bajo, todavía recordaba el encantador trasero con la blanca tela adherida. ¡Ni hablar cuando giró al oír su llamado! Sarah miraba sorprendida a uno y a otro sin saber si debía irse o no. Mas, pronto tuvo a su prometido a su lado, tan consternado como ella.
-¿Qué… le dijiste?- murmuró éste a Sarah.
-¡Nada!- respondió azorada. ¿Qué podía decirle ella sobre ese hecho del pasado que desconocía?
-¡Oh, esa vez en ese lugar!- reconoció él. Ella lo miró amenazante. -Bueno, yo intenté convencerte, pero, tú te pusiste a gritarme que no pensabas dar un paso más con toda esa mugre encima y que estabas cansada y demás, y…, entonces, te dejé.
-¡Podrías haberme dicho!
-¡Seguro! Después de que apenas confiabas en mí. No, gracias. Seguro que me pegabas como ahora.
-¡Pudiste intentar!- le dio la espalda con su nariz en alto. Gontran sin perder su sonrisa la rodeó con sus brazos que ella desganadamente intentó repeler.
-¡Vamos, amor! Soy tu esposo. ¿Por qué castigarme por un pequeño y accidental desliz del pasado? ¿Acaso no te respeté de todas maneras? Nunca te puse una mano encima sin tu consentimiento.- la sintió relajarse en su abrazo. "Hasta la noche de bodas que tuve que convencerte," rió para sí.
-Bueno…, quizás tengas razón.- él la hizo girar lentamente.
-¿Perdonado?- le sonrió con ternura.
-Mh…- simuló meditar. Lo observó como analizando y sonrió. -¡De acuerdo!- él le correspondió y la besó.
-Te amo.- le murmuró.
-Yo también.
-Dejémoslos solos.- Jareth susurró tomando a Sarah de la mano y ella cabeceó. Él la guió hacia el comedor. -Mi prima tiene lo suyo.- sonrió. -Supongo que por eso te ha defendido tantas veces.
-Quizás, sea que todos ustedes son arrogantes.
-Eso es parte del atractivo.- le murmuró al oído cuando la ayudó a sentarse. Sarah giró sus ojos. Él elevó una ceja. -¿No?- le cuestionó risueño.
-Lo dudo.
-Puedo convencerte…- murmuró sobre sus labios y ella puso un dedo sobre ellos viéndolo con maldad.
-No ahora.- él no quitó su mirada de ella y mordió con suavidad la yema de su dedo.
-Después será peor.- le sonrió ladino. Sarah sólo rió. "Sí, claro, 'Rey Goblin.' Sólo aguarda a ver la sorpresa que les hemos preparado."
-No quieras asustarme, Jareth.- se hizo la desentendida ante su sagaz mirada.
-Pero, tú me temes y haces lo que yo digo. ¿Recuerdas tu promesa?
-¡Por supuesto!- respondió manteniéndose seria. "Sí, cómo no. Todo lo que me digas."
-Y…, aún me debes un par más.- le sonrió.
-No hay problema.
-¿Interrumpo?- cuestionó Conrad desde la entrada. Jareth se incorporó y se ubicó en su sitio.
-Como siempre, primo.
-Bueno, no es mi culpa que toda la casa parezca incendiarse.- rió jocoso señalando hacia la otra estancia donde habían dejado a Gontran y a Alin. Sarah se sonrojó.
Ni bien desmontaron de sus caballos, colgaron una tela para que las muchachas se desvistieran, en tanto, ellos lo hacían con menos prejuicios junto a sus monturas, viendo cada tanto hacia la manta que se movía constantemente y desde la que se oían traviesas risitas.
-Me pregunto que estarán tramando.- comentó Jareth.
-¿Lo notaste?- cuestionó Gontran.
-Sí. DEMASIADO risueñas durante todo el camino. Especialmente cuando se miraban.
-Son chicas.- opinó Conrad despectivo. -¿Qué tanto pueden hacer?- levantó sus manos a la altura de sus hombros. -Y que agradezcan que estamos usando éstos ridículos calzones.- los otros concordaron con un suspiro.
-¡¿Chicas, ya están listas?!- exclamó Gontran. Más risas.
-¡No, mi amor!- exclamó Alin. -¡Métanse ustedes primero! ¡Nosotras les seguiremos en un momento!
-¡¿Seguras?!- cuestionó extrañado.
-¡Sí!- canturrearon a coro. Los hombres se miraron consternados.
-De acuerdo.- comentó Conrad. -Sí tienen pensado algo. Pero…, yo no tengo que preocuparme.- les sonrió compadeciéndolos y tras palmearles los hombros se dirigió hacia la laguna. -¡Allí voy!- pegó un salto y tomándose de las pantorrillas en el aire se zambulló salpicando a sus compañeros a pocos pasos de él.
-¡Demonio de muchacho!- clamó Gontran. Y Jareth carcajeó.
-Vamos.- miró hacia la improvisada cortina. -Supongo que no nos queda otra opción que entregarnos a sus intrigas.
-Tal parece.- Y entonces, se oyeron dos chapuzones más.
-Muy bien.- comentó Alin en corsé y finos y blancos calzones hasta las rodillas, como Sarah. -Ya están todos en el agua.- Sarah rió.
-No puedo aguardar a verles las caras cuando vean esto.
-Entonces, no los hagamos esperar más. El hechizo es sencillo y mi poder es lo suficientemente fuerte como para mantenerlo por unas cuantas horas. Hará efecto cuando nos empapemos todas. No hay nada de que preocuparse. ¿Lista?
-¡Lista!- aseguró la otra y se tomaron de las manos.
-¡Chicos, ahí vamos! ¡¿Podrían pegarse la vuelta para que podamos meternos en el agua?!
-¡Sólo porque está Sarah, amor!- le contestó su esposo divertido.
-¡Ya pueden salir!- les indicó Jareth. Sarah se asomó tras la manta y en silencio le avisó a su amiga que continuaran.
-Aún no se den vuelta.- les advirtió Sarah cuando apenas el agua les cubría los pies.
-¿Por qué no se echan de una vez y listo?- protestó Conrad. -Es aburrido estar aquí quietos como postes.
-Porque somos damas, hermanito, no bestias como tú. Apuesto a que toda la finca se enteró cuando te tiraste al agua.
-¡Ay, sí! ¡Habló la suave paloma! ¡Bah!- Gontran se mordió los labios guardando su sonrisa. Por cierto que su esposa no siempre era suave, pero, aún así era su frágil paloma.
-¿Ahora?- le cuestionó Alin a Sarah en un murmullo apenas audible. La otra cabeceó. -¡Está bien! Ya pueden voltearse.- Los hombres acataron la orden ni lerdos ni perezosos, salvo por Conrad, que sólo se puso a nadar de espaldas y arrojar agua por su boca. Gontran le dedicó una ostentosa sonrisa a su mujer; Jareth, a su lado, examinó paulatinamente a su prometida desde el nivel del agua hasta su cabeza. Sus labios dibujaban una seductora mueca y sus ojos parecían estar esperando el momento de atrapar a su presa. Era como un bienaventurado adelanto a su noche de bodas, al menos para los ojos. Ambas tenían el agua casi por la cintura. Sarah no pudo evitar sonrojarse, y… si no cubrió su torso con las manos fue simplemente porque eso quitaría cierta fuerza a sus planes.
-Mi bella muchacha…,- habló Gontran -ven aquí.- le llamó con el dedo.
-Seguro.- rió ella viendo a Sarah y tras mutuo acuerdo, ambas se sumergieron por completo en el agua para nadar hacia ellos. El dúo de feys se vio risueño, mas, sus mandíbulas cayeron cuando al pararse, las prendas de las mujeres se tornaron en un oscuro azul. -¡Bueno! Tal parece no somos del todo agradables a sus ojos, Sarah.- se mofó.
-Eso parece.- rió la mortal. A pocos metros se oyó la fuerte carcajada de Conrad.
-¡Sí que los timaron!- exclamó el joven. -¡Muy bien hecho, chicas! ¡Mis felicitaciones!- se hundió de cabeza como un pato.
-Gracias, hermano.- Alin miró sonriente a su esposo. -Bueno, quedamos a mano, amor.- se acercó a él quien rodeó su cintura.
-Eso me temo.- suspiró. -Pero…,- se acercó a su oído -me cobraré más tarde.
-Quizás sí, quizás no.- coqueteó ella empujándolo.
-¿Y…, cuál es tu excusa?- sonrió Jareth.
-Bueno…, Alin me hizo ver que éstas prendas, algo pasadas de moda para mí, húmedas podían resultar demasiado provocativas para un fey, y… en vista de que no estamos casados… creyó más conveniente hacer un retoque y ser mi dama de compañía.- comentó ganadora, en tanto, él dio unos pasos hacia ella.
-¡¿Oh, realmente?!- puso sus manos a cada lado de la estrecha cintura. Y observó a su prima tirándose agua con su marido. -Pues…, tu dama de compañía parece muy ocupada en éste momento como para… evitar que te coma el búho, conejita.- "Ese es un buen punto," resolvió Sarah. ¿Cómo podía poner las cosas a su favor? La respuesta vino sola.
-¡No, no, no!- él sintió dos brazos que lo aprisionaron por detrás impidiéndole mover los propios, y atinó a soltar a Sarah. -¡Mal chico, Jareth!- exclamó Conrad. -¡Conejita no puede ser engullida por ti hasta dentro de nueve días!- Jareth miró sobre sus hombros, media cabeza más abajo de la suya.
-Dime, Conrad. ¿Cómo ha hecho éste buen hombre para no matarte?- indicó a Gontran que ahora reía junto a su esposa al verles.
-Fácil.- sonrió el muchacho.
-Yo no quiero oír esto.- Gontran hizo un gesto despectivo. -Avísame cuando ya lo haya dicho, mi amor.- y se agachó en el agua hundiendo por completo su cabeza.
-Él me ama.- sonrió Conrad y soltó a su primo para crear una orbe a la cual le repitió las palabras y la introdujo en el agua, donde una vez inmersa pareció explotar dejando una huella en la líquida superficie. Segundos después, apareció de nuevo Gontran.
-¡Oh, no! ¡¿Por qué tenía que hacérmelo oír?! ¡¿Por qué temo que ni aún muerto me dejaría en paz?!- se refugió resignado en los brazos de Alin que le daba suaves palmaditas en su ancha y musculosa espalda. Jareth iba a aprovechar la situación para volver a capturar a Sarah entre sus manos, cuando sintió que lo sujetaron de la cintura de sus calzoncillos.
-¿Y tú, dónde crees que vas?- le sonrió su primo elevando una ceja de manera muy característica. Sarah sonrió; sin dudas, era algo de familia o Sir Erwin en verdad tenía una personalidad contagiosa.
-¿Cómo dónde? ¡A por mi novia!
-No sin mi consentimiento. Para tu información, la verdadera custodia de las doncellas soy yo.- le sonrió con desparpajo.
-¡¿Qué?!- clamó fuera de toda creencia. Y sintió a Gontran suspirar.
-Puedo asegurarte que es bueno.- le avisó el marido de su prima. -Ya sabes cómo Erwin cuidaba a Alin. Lo he tenido que llevar con nosotros a todos lados y créeme, el chico puede ser más fastidioso de lo que se muestra. Y te chantajea siempre para su conveniencia sin faltar a su deber.
-¡Pero…! ¡Yo soy tu primo! ¡Yo soy tu rey!- frunció el cejo.
-Sí, sí, sí.- ondeó su mano con desdén. -No empecemos con eso de nuevo, ¿quieres? Ahora, si vas a ir con la chica, ten tus manos a la vista.
-¡¿Quién diablos te ha enviado?!- espetó molesto.
-¿No te imaginas por qué estoy aquí en vez de estar estudiando cómo pegar de manera correcta mi trasero en una silla?- bostezó. -¡Ese hombre no me deja respiro!
-¿Sir Medardo?- inquirió Jareth azorado.
-Bueno, él estuvo de acuerdo.- contestó el joven. Jareth lo observó sospechoso y Alin se echó a reír.
-¡Tío Erwin!- dijo finalmente con un frustrado suspiro. -¿Pero…, por qué?
-Él dijo que estaba bien que Alin viniera aquí sola porque está casada y venía con su esposo, pero, como chaperones…,- movió la cabeza de un lado a otro. -en vista de que ambos son jóvenes y tan…- se mordió los labios para no reír -inmaduros…
-¡¿Inmaduros?!- clamaron incrédulos los dos citados.
-¡Dudo que tu padre haya dicho semejante cosa de mí!- señaló Gontran.
-Gracias, amor.- lo observó Alin con una ceja en alto.
-Ni de ti, cariño. Estoy seguro.- se corrigió incómodo.
-…me envió a mí.- Conrad terminó la frase con orgullo.
-Sí, la madurez personificada.- Jareth dijo irónico y Sarah no pudo ocultar su risa.
-¡Lo siento…!- se excusó ante los otros tres, pues, Conrad era el único que se divertía además de ella. -¡Es tan… gracioso…!- se inclinó por las risotadas.
-Tu novia tiene gran sentido del humor, primo. Eso es bueno en una mujer.- sonrió Conrad con descaro.
-Pues, entonces, tiene un sentido tan retorcido como tú.- opinó. -¡¿Sarah, qué es tan gracioso?!- inquirió ya fastidiado.
-¡Todo…!- seguía tentada. -¡Tu primo…, tú…!- más risas. -¡Deberías haber visto tu cara…!
-¿Realmente?- sonrió con maldad. -¿Mi cara, eh? Veremos si dices lo mismo cuando la puedas ver más de cerca.- comenzó a avanzar hacia ella.
-¡Jareth, no puedes…!- se le cruzó Conrad. -¡Oye!- clamó cuando éste lo arrojó por el aire con su magia para tirarlo al agua.
-¿Jareth?- cuestionó Sarah ahora ocupada en ver hacia dónde huir. -¡No!- comenzó a apartarse.
-¿Por qué no?- sonrió con las manos en la cintura. -¿No soy acaso el poderoso, magnífico y excesivamente atractivo Rey Goblin?
-Bueno…, te faltó algo más.- sugirió ella risueña. -Algo con E-S-T-U-P.
-¿Qué es eso?- cuestionó Alin intrigada.
-¡ESTUPENDO!- Jareth respondió sin dejar de medir los movimientos de su presa que amagaba a ir a un lado y al otro.
-¡Yo creo que lo que quiso decir fue…!- Conrad iba a acotar hasta que una orbe se metió en su boca para amordazarlo. -¡Mh…!
-¡Creo que así deberías estar siempre, cuñado!- se burló Gontran. En tanto, Sarah, gritando y riendo, comenzó a correr, luego a nadar, y terminó atrapada cuando él se arrojó detrás de ella y capturándola de un pie la atrajo hacia sí, en tanto, ella trataba de patalear en la superficie del agua.
-¡Ah…! ¡No! ¡Déjame!
-Ya estás diciendo no y aún no te he hecho nada.- Ahora la tenía de las rodillas.
-¡Jareth, basta!- seguía con hilaridad. -¡Te voy a golpear! ¡Conrad!- resignado, el nombrado elevó los ojos todavía atrapado por algo más que la mordaza. Jareth con sus manos se apoderó de sus caderas y al fin de su cintura y la obligó a pararse frente a él.
-Muy bien, ahora, ¿de quién te reías, mi chiquitita?
-Del… 'E-S-T-U-P Rey Goblin.'- reconoció ella sin vergüenza frunciendo los labios para no volver a tentarse.
-¿Quieres decir 'del ESTUPENDO Rey Goblin,' verdad?- con las manos en su espalda hizo ademán de tirar de las cintas del corset. Sarah abrió la boca azorada.
-¡SÍ!- clamó con prisa, y fue él quien ésta vez festejó.
-Tal como yo suponía, ¿ves?- liberó a su pobre primo. -Y…, sería mejor que ustedes dos aprecien que no… invierta ese pequeño hechizo de su vestimenta. Así, que… más les vale no ponerme de mal humor.- les advirtió divertido. -Ni a Gontran. Últimamente nos hemos hecho muy cercanos.
-¡No es justo!- se quejó Sarah. -¡¿Alin, él puede…?!
-Sí…- suspiró rendida. -Él es por lejos el fey más poderoso del Underground. Y por lo visto, mi esposo va a tenerme amenazada con ello. No es justo.- los hombres rieron con ganas y las consolaron aún divertidos.
Rato después salieron y envolviéndose en toallones se echaron al sol, uno al lado del otro con el placer de haber hecho ejercicio y divertirse al mismo tiempo. Pues, Conrad propuso jugar con uno de los cristales a modo de pelota, por lo que todo el mundo se sumó. Luego vinieron las carreras, masculinas, femeninas y mixtas. Alin protestaba cuando Gontran la dejaba ganar. Pues, de todo el grupo, él era quien estaba en formidables condiciones físicas. Entre Jareth y Sarah la pelea era innata, así como seguidamente la sutil venganza, quedando finalmente empatados. Conrad siempre trucos de por medio, logró hacerse de algún mérito, y no dejaba de pasarlo por el rostro de quien fuere; y especialmente si la victoria había sido sobre su cuñado, pese a que este le acusaba de tramposo. Jareth no decía nada y sólo reía; él nunca revelaría los secretos de familia.
-¡Estoy exhausta!- clamó Alin por lo que Gontran rió por lo bajo y recibió un codazo en las costillas.
-Auch.- fue toda su queja.
-Éste lugar es precioso, Alin.- suspiró Sarah junto a ésta, en tanto, su prometido se aproximó para abrazarla cerrando los ojos. -¿Qué haces?- cuestionó ella con una sonrisa.
-Voy a tomar una siesta.- le sonrió sin verle.
-¿Y por qué debo ser tu almohada?- indagó viendo el cabello, antes esponjoso, ahora húmedo y adherido e igualmente pálido, sobre su hombro. Jareth llevó un dedo a los labios.
-Sh… No hay que molestar a un rey que duerme su merecida siesta.
-¿Merecida?- indagó Conrad al otro lado de su primo. -¿Qué hiciste que no vimos?
-Mantenerte en silencio y quieto por un buen rato.- respondió Gontran y Jareth rió por lo bajo en la misma posición.
-Ahí está. Esa fue mi más grande labor del día.- Sarah rió.
-Sí, seguro. Algún día te devolveré el favor.- comentó Conrad molesto.
-¡Oh, no, no, primo mío! Algún día cuando tú tengas prometida, YO te devolveré el favor.- abrió los ojos y elevó su mirada a la joven. -Sarah y yo les acompañaremos a TODAS sus citas.
-¿Por qué yo?- protestó Sarah. -Conrad me cae bien y además, es mi… ¿cómo se dice?.- pensó en cómo sería la versión masculina de 'dama de compañía.'
-¿Sin ser ordinario?- sonrió Gontran. -Fastidio.- volvió a carcajear.
-Tú estás MUY ocurrente, Gontran. Sólo recuerda que en pocos días Jareth regresará a Goblin City, y tú, mi amado y siempre respetado cuñado, quedarás otra vez a mi entera merced.- sonrió con perversidad. -O sea que todas mis bromas irán dirigidas a ti.
-Y, tú no olvides que en cuanto a magia, no puedo igualarte. Pero, en cuanto a fuerza…- le sonrió más abiertamente. Conrad lo miró despreocupado e hizo una pausa.
-Le contaré a papá.- subió un hombro y Jareth y Sarah rieron. ¡No era posible que siempre tuviera la última palabra!
El resto del día, continuó siendo una delicia, tal parecía que el hecho de que el Rey Goblin y Lady Sarah estuvieran llevándose tan bien influía en el resto. La cena fue agradable, por momentos un poco más formal debido a la presencia de Sir Medardo, pero, siempre estaba Conrad para quebrar la frialdad del protocolo.
-Mire, Sir Medardo, yo soy un joven muy creativo. Y, no veo nada de imaginación en hacer siempre lo mismo de la misma forma.- se defendió ante una observación de éste de cómo comportarse en la mesa.
-¡Oh, yo no tengo duda alguna de su… creatividad, Sir Conrad!- convino el hombre de grises cabellos. -Sólo creo que sería más productiva enfocarla hacia otro rumbo, además de… sus chascos.- Conrad abrió los ojos escéptico.
-¡¿Y desperdiciar todo mi talento?! ¡De ningún modo!- Sarah cubrió su sonrisa con la servilleta. El pobre Medardo y Sir Erwin se llevaron una mano a la cabeza.
-Lady Sarah tiene el comportamiento de una dama que ha sido educada a lo largo de su vida con nuestros modos.- explicó Sir Medardo. -¿Cómo explica que usted, que ya lleva diez años conmigo, no pueda conseguirlo?- Conrad miró a Sarah, a su primo, a su padre y luego a su tutor.
-Bueno, usted nunca me enseñó a comportarme como una.- pestañeó con exageración. Sarah no pudo retener su risa así como Jareth. Erwin apretó los labios con fuerza.
-¡¿Por qué continúo luchando con éste joven?! ¡Yo no sé!- clamó frustrado el profesor. Alin y su esposo sacudieron su cabeza. Era un caso perdido.
-¿Sarah?- cuestionó Jareth en el balcón de la misma, todavía vestido con sus pantalones grises y su camisa blanca. La joven observó la figura que golpeaba suavemente el cristal de su ventana. Se puso la bata que hacía juego con su camisón color salmón, sin atar.
-¡¿Jareth?!- rió por lo bajo. -¿Qué haces allí?- fue hacia él y abrió el ventanal. -¿Cómo…?- miró hacia los balcones siguientes, y recordó que él se transformaba en ave.
-Sólo quería estar un momento a solas contigo.- le dijo tomándola de la mano para traerla hacia él. Pues, tras la cena, con Sir Medardo presente, la charla se prolongó demasiado como para dar un paseo en el jardín. -¿Es posible?
-Sí, es posible.- sonrió. -Te hacía dormido.
-No. Espero no haberte desvelado.
-Estaba despierta. Yo… tampoco puedo dormir.- confesó. Él inclinó su rostro y besó su sien.
-Ya veo…- sus miradas se encontraron y unieron sus labios. Cuando quebraron el ardoroso beso, él tomó el rostro entre las manos; ella lo observó aturdida por la experiencia. ¿Eso era… lo que llamaban deseo? Mariposas. Muchas veces oyó hablar sobre ellas a sus compañeras de escuela. Se humedeció los labios al descubrir algo más de sí misma que había creído conocer. Los ojos del fey no ocultaban su anhelo, si bien intentaban penosamente esconderlo por temor a asustarla. -Yo… no creo que sea buena idea quedarnos aquí afuera. O… entramos o… me regreso a mi alcoba. La decisión es tuya.
-¿Por qué?
-¿Sarah, para ti… es muy importante que nuestra primera vez… sea en la noche de bodas?- la joven se sonrojó y descendió la mirada. ¿Entonces, esa era la expresión que antes tanto le aterraba del Rey Goblin? ¡Oh, qué niña le habría parecido!
-Bueno…, yo creo… que sería lindo, sí… Siempre soñé con…- se ruborizó más -la noche de bodas…- él le sonrió con suavidad.
-¿Mi mascota, me deseas?- Sarah tragó saliva. ¿Le decía? ¿Tenía sentido ocultarlo? "No después de anoche," se contestó a sí misma. "Ya sabe que te gusta, ¿cuán diferente es esto?."
-S-sí.- él suspiró complacido y la besó con ternura para volver a verla. ¡Habría tanto más que desearía preguntarle! Pero…, quizás, sólo quizás, sería mejor esperar.
-También yo. Mas, si tú quieres que nuestra primera vez sea en esa gloriosa noche en la que serás mi esposa, yo puedo aguardar.- le sonrió. La había esperado tanto, que un poco más no podía ser mucho; bueno, a simple vista. Sarah le correspondió agradecida. Sabía de muchachos que forzaban a sus novias manipulándolas con argumentos de no ser queridos lo suficiente o de dejarlas de no aceptar. Claro, aquí sólo faltaban días, y por otro lado, Jareth no era un muchacho.
-Gracias.- lo abrazó y él apoyó su cabeza en ella.
-Me haces mucho bien, cosa preciosa.- le susurró. Sarah cerró sus ojos. -Yo nunca te dejaré ir.- ella lo miró asombrada, ese era el antiguo Jareth que había conocido, pensó. -Sé que suena egoísta, pero, así soy yo. Y te necesito conmigo por siempre. Espero que el día de nuestra boda lo comprendas.- pareció rogar. -Espero que algún día lo entiendas.
-Yo no sé qué decir a eso. Mentiría si dijera que no hay veces que no pienso en casa, en mi familia o… en Toby.
-Lo sé.- suspiró. -¿Mira, me das permiso para entrar a tu cuarto? Hace días que he querido preguntarte algo que ya te había ofrecido, pero, tú nunca respondiste. Y…, aquí, no es el sitio más apropiado.
-¿Desde cuando pides permiso?- rió ella.
-Sí, ya sé.- sonrió incómodo. -Pero, es que ésta habitación tiene un conjuro que puso mi tío cuando Alin era soltera por lo que ningún hombre puede ingresar sin permiso de la ocupante.
-¡Oh! ¿En serio?- recordó su primer día en el dormitorio. Quizás, Conrad pudo entrar por ser hermano de la antigua ocupante. -¿Sin importar quién sea, parentescos ni nada?
-Exacto.
-¡Oh!- aclaró su garganta. Mejor no comentarlo. Si él pensaba que algo le impedía su ingreso… Allá él. -Pasa, entonces.- tomándola de la mano él la acompañó hacia el interior y observó los cambios desde la última vez que había entrado.
-Por lo visto, Alin lo decoró con énfasis para ti.
-Sí. Es muy bonito.
-Ven, sentémonos…, eh…- observó a su alrededor. La cama, el tocador. La cama.
-Aquí.- ella se acomodó en el extremo del lecho y palmeó el lugar a su lado.
-Claro.- sonrió incómodo. "Coraje, Rey Goblin." Y se ubicó a su lado con una pierna flexionada entre ellos, como para mantener una prudente distancia y la otra tocando el suelo. -Bueno…,- tomó su mano entre las suyas -a los pocos días que llegaste aquí, yo te hablé sobre traer a tu perro, Merlín, si eso te hacía feliz.
-¿Tú… lo harías? ¿En verdad me traerías a Merlín?- se deslumbró. Ella amaba a su viejo pastor inglés, había sido su más fiel compañía desde el divorcio de sus padres.
-Es lo que acabo de decir. Yo nunca tuve un perro antes, pero…
-¡Oh, Jareth!- lo abrazó tirándosele encima por lo que quedaron recostados sobre el cobertor. -¡Eso sería…- ¡MUACK! Sólo detenía su charla para besar su rostro. Jareth sólo atinaba a reír ante su ataque. -grandioso…!- ¡MUACK! -¡Gracias…,- ¡MUACK! -gracias!
-¡Si hubiera sabido…- rió -que reaccionarías así lo hubiera traído ni bien pusiste los pies aquí!
-¡Eres el mejor…- ¡MUACK! -rey del mundo…!- ¡MUACK! -¡De ambos mundos!- ¡MUACK! -¡El mejor novio…- Jareth abrió sus ojos. ¿No era un sueño? ¡MUACK! -que una chica…- ¡MUACK! -pueda desear…! ¡Mi novio…!- No, no lo era. Arrobado la abrazó más fuerte y la besó dejándola bajo su peso. Aquel gesto era desenfrenado, guiado tan sólo por su corazón y su instinto.
En un primer momento, la joven se sorprendió, mas, no podía negar que en éstos pocos días…, había sentido más cosas por el Rey Goblin que tan sólo 'fascinación' por el personaje de un libro. Y se preguntaba por qué lo había odiado tanto en un principio. ¿Importaban el resto de sus sueños teniendo éste tan real en sus brazos? La labios de Jareth ganaron su oreja que fue deliciosamente mordida; su cuello fue saboreado; sus hombros ahora descubiertos donde juguetonamente los dientes se clavaron haciéndola dar un diminuto brinco. Sarah respondió a su beso casi con el mismo apetito. Para ella su fragancia era embriagante. Él era embriagante. Sus manos se enterraban en su desparejo y delgado cabello, a medida que él iba recorriendo su piel. Sintió la enguantada mano descender de su cintura hacia su cadera y de allí a su pierna. La masculina boca avanzó un poco más allá del nacimiento de sus senos, aún cubiertos por la delgada seda, y allí se detuvo con una mezcla de suspiro y queja. Sarah deseaba que siguiera con sus caricias. Era una locura, casi podía reconocerlo, pero…, ahora, sabía que su noche de bodas no sería tan… mala como había imaginado en un principio. Al menos, no si todo era como esto.
-Sarah…,- su voz ronca pareció rogarle -échame.
-¿Q-qué?- clamó confundida y su tono debilitado por la pasión.
-Empújame, aléjame de ti o…- ¡Diablos! ¡Se suponía que debía ser sencillo! "Poco tiempo. ¡Sí, mi amigo, cómo no!," pensó con ironía. -No quiero que me malinterpretes… Te deseo con cada fibra de mi ser, mi chiquitita, pero…, si en verdad deseas esperar hasta ese día…
-Yo… Yo no… estoy tan segura, ahora.- Jareth quedó alelado. "No dijo 'sí,' ella dijo 'no estar segura;' y tú quieres que lo esté… Pero…, parecía bastante… ¡NO! ¡Deja de comportarte como un desesperado! ¡El esperar tiene sus recompensas!"
-Bueno…, justamente por eso…, será mejor que me aparte de ti.- Se sentó y suspiró con un '¡uh!' sacudiendo su cabeza. Entonces, miró a Sarah ahora sentándose algo retraída. Extendió una mano para acariciar su mejilla sonriente. -Temo que de ahora en más nos resultará más difícil aguardar a la boda.
-Lo siento.- se mordió los labios.
-No te disculpes.- sujetó su barbilla para verla a los ojos. -Esto es muy bueno. ¿Te hubieras imaginado algo como lo de recién hace…, no sé, cinco días atrás?
-No. No de ésta manera.- confesó y él sonrió con maldad e inclinó su cabeza hacia un lado.
-¿Otra vez teniendo sueños desvergonzados con el 'Rey Goblin'?- Sarah abrió la boca escandalizada.
-¡Jareth!- le pegó en el brazo, en tanto, él reía.
-¡Está bien! ¡Está bien!- se puso de pie para traerla hacia sí y besarla. -Buenas noches, cosita.- "Quisiera poder decirte cuánto te amo."
-Buenas noches, Jareth.- le sonrió con dulzura. -Yo… - se mordió los labios y descendió la mirada.
-¿Qué, mi nena? ¿Qué está mal?- cuestionó afectuosamente.
-¡Nada!- respondió con prisa. -Sólo…- lo miró a los ojos -nunca creí que… Quiero decir, desde la primera vez que vine y todo eso… Nunca… pensé que… me gustaría estar… contigo.- él no pudo ocultar su felicidad ni su armonía al oír aquellas palabras.
-Y yo…, nunca creí poder escuchar eso de tus labios.- le sonrió. -Si sólo supieras cómo haces latir a éste tonto corazón…- ésta vez fue Sarah quién sonrió al recordar la canción del Ballroom.
-En busca de nuevos sueños.- "Sigue, Sarah. 'Un amor que durara…' ¿Por qué no lo dices?" Hubo una incómoda pausa, donde ninguno de los dos se atrevía a separarse. -¿Y…, cuándo traerás a Merlin?
-Cuando lleguemos al castillo, claro.
-¡Oh! Entonces…
-Sí. Hasta ese entonces no podrás verlo. Yo…- suspiró y luego rió nerviosamente. -Mejor que me vaya o no podré cumplir mi palabra.- se apartó de ella que apretó una sonrisa y sus mejillas tomaron color.
-De acuerdo. Hasta mañana, Jareth.- "Mi rey." Se puso en puntas de pie para alcanzar sus labios. Tras lo cual, él desapareció con una simple sonrisa en ellos.
Jareth se dejó caer en su lecho. ¡Cielos! ¡Esa pequeña podía hacer estragos en él! Se frotó el rostro con las manos. A partir de mañana ocho interminables días, y los últimos se volverían aún más largos estando en su castillo. Aquí, el respeto que le generaba su tío y la compañía del resto le ayudaba a mantenerse en sus casillas. Pero, en Goblin City él era el rey y nadie le contradecía o le hacía ver sus faltas. No; ni bien llegaría le ordenaría a Twig estar mañana, tarde y noche con su Sarah hasta el día de la boda. Sí. Eso sumado a las miles de responsabilidades no le daría tiempo a tentarse. Sí tendrían sus momentos a solas, pero, NUNCA en un dormitorio, ni en un establo, ni en nada donde hubiera sitio dónde echarse. Al menos hasta estar casados; sonrió. ¡El mejor novio; su novio, le había llamado! ¡Ella le había confesado que le gustaba estar con él! ¿Se estaría enamorando de él? ¡Se sentía como un niño ansioso por abrir su regalo! Rió para sí. El 'estúpido Rey Goblin.'
N/A: ¡Espero les haya gustado! Sé que puede parecer raro ver a Su Excelentísima Majestad haciendo las cosas más triviales, pero, qué relajado, ¿no? Además, se merecía un descansito. Vuelvo a repetir que el link del videofic está en mi profile de esta maravillosa página y además podrán encontrar allí un nuevo fic, que se llama "Declaración de Amor," al cual ya le he agregado el segundo y último capítulo. Espero les guste. ¡Buen fin de semana!
AmaterazuHime.
