CAPÍTULO 38: LA JUSTICIA EN BUENAS MANOS

N/A: ¡Hola! ¡Dios, cómo corre el tiempo y los capítulos! Estoy como Jareth con el día de su boda, contando. A ver. ¿Lucia y Conrad? ¿Twig con Brisky? ¿Qué es esto, una rebelión en donde todo mundo debe amarse por siempre? XD Jeje. Dejemos que el destino haga lo suyo. Ahora a responder: 'zorrón,' 'otra,' y demás adjetivos y/o sustantivos que quieran darle (no me hago cargo cómo la llamen, JEJE) era un elemento esencial entre estos dos y por lo visto gustó a todos que hubiera algo de disputa por el Rey Goblin. Si bien esto hará que la parejita en cuestión vuelva a tratarse con cierto protocolo, verán que ya no es lo mismo que al principio, pues, ¡ya cuántas cosas han pasado entre ellos! Y como le aclaré a Krissel, yo nunca dije nada sobre Twig y Brisky.

-No, ese fui YO, el SUPREMO, GLORIOSO, MAGNÁNIMO, CÉLEBRE…

-¡Ya, ya! Sí, tú, Su Majestad. ¿Ahora, puedo seguir?

-Seré generoso por esta vez, continúa.

⌐ ⌐ Mejor sólo me dedico a responderles, chicas. Podría haber hecho una broma con respecto a una palabra con E-S-T-U-P…, pero, por razones de seguridad no lo hago.

V, debes ver la peli. Es preciosa, pese a su final. Jiji, y has comprendido el equilibrio de esta peculiar pareja. XD Gracias, Krissel; Megumisakura; Dogmalaley; V; Darkalma; Moonlightgirl y Cecilia, por sus reviews y constancia. Y siempre me olvido, cabeza de novia la mía aún sin serlo. Muchas gracias a Angela Scarlett que fue quien me explicó cómo funcionaba esta grandiosa página llamada fanfiction.

Disclaimer: Labyrinth y sus personajes no me pertenecen, como tampoco la lírica de "Wild Is The Wind," que es de David Bowie del álbum "Station To Station."

N/A: Advertencia: este capi tiene una parte algo oscura, pero, creo que estarán de acuerdo con ella.

CAPÍTULO 38: LA JUSTICIA EN BUENAS MANOS.

Jareth estaba excitado. Sarah había entrado a su alcoba y simplemente se había sentado a su lado para acariciarlo. Las manos recorrieron su pecho desnudo y descendieron hacia sus caderas. Y allí, sin duda alguna, ella se concentró en sus genitales. ¡Se sentía tan real! Pero…, algo no encajaba. Nunca en un verdadero sueño los sentidos trabajaban; tampoco creía que Sarah se atreviera a algo tan osado y él estaba sintiendo esas manos y… le resultaban demasiado avezadas para su Sarah, por más fogosa que esta pudiera resultar… Alarmado se obligó a despertar y al sentarse confirmó sus temores. Dio un brusco golpe a la mano que lo había estado manoseando.

-¡¿Lilith, qué diablos haces aquí?!- exigió entre dientes. ¡¿Cómo se atrevió a meterse a su alcoba sin invitación alguna?! ¡Y estaba desnuda, por todos los cielos! -¡¿Qué significa esto?!

-¿Tengo que explicártelo, cariño?- gateó seductora hacia él que interpuso su mano para que no avanzara más. Su voz era lo suficientemente alta sin necesidad. Jareth sospechaba cuáles eran sus verdaderas intenciones.

-¡Vete a tu alcoba, Lilith! ¡Ahora mismo!- ordenó y ella sólo rió abiertamente.

-¡Por supuesto que no, Jareth! ¡Yo terminaré lo que empecé, no como esa pequeña arrastrada tu…! ¡Ah…!- clamó cuando él se incorporó y al echar la manta ella cayó al suelo.

-¡Esto se acabó, Lilith! ¡Ya no voy a tolerarlo!- aún descalzo fue hacia la puerta que abrió de par en par. -¡Guardias!- clamó y pronto estuvieron dos de sus goblins.

-¿Sí, Su Majestad?

-¡¿Alguno de ustedes sabe cómo rayos ésta mujer ingresó aquí?!- los dos goblins se asomaron a la habitación y observaron a la fey, arrodillada en el piso y luego a su rey con ojos enormes y expresión asustadiza.

-No, Su Majestad.- contestaron a dúo. -¿Ella…?

-¡Entonces, quiten a ésta loca de mi dormitorio! ¡No es bienvenida!

-¿La llevamos a su alcoba, Su Majestad?- cuestionó uno de ellos. Jareth conjuró un cristal que arrojó a la todavía atontada Lilith, la cual pareció debilitarse ante los grilletes de hierro. Los soldados fueron hacia ella.

-Sí. Y cierren con llave. Con esas esposas puestas ya no podrá hacer maldades. Quédense haciendo guardia frente a la puerta.- conjuró otro cristal y la cubrió con un sencillo camisón y bata.

-¡Saquen sus sucias manos de mí, asquerosos bichos!- dijo con asco cuando los guardias la hicieron levantar del piso y la comenzaron a llevar hacia el exterior. Ella era mucho más alta que ellos, pero, los goblins, aún los más pequeños, tenían una fuerza sobresaliente.

-¡Y, luego lávense bien las manos!- clamó el Rey Goblin con desdén ante el desprecio hacia sus súbditos. Los goblins rieron.

Sarah se asomó al pasillo al oír todo ese escándalo. Todavía estaba algo dormida cuando advirtió a los goblins arrastrando a la tal Lilith fuera de la alcoba de Jareth. ¡¿Qué rayos haría esa mujer allí?! Se frotó los ojos tratando de asegurarse de que no era un sueño y cuando volvió a abrirlos, se encontró con su prometido frente a sí. No supo en qué momento la trajo hacia sí forzándola a restar su cabeza sobre su pecho y lo oyó exhalar un suspiro.

-¿Q-qué hacía ella en tu…?

-Nada del otro mundo, mi amor. Sólo intentando alejarte de mí.- cerró más su abrazo y apoyó su cabeza sobre la suya. -Mi Sarah, cuando estemos casados…, no usemos cuartos separados. Nunca.

-¿Cuartos separados?- cuestionó extrañada, pues, para ella ese concepto no era lógico en un matrimonio. -¿Qué matrimonio acostumbraría a algo como eso?- él respiró aliviado.

-Algunos, pero, no el nuestro.- sus miradas se encontraron. Él le sonrió con afecto. -Por favor, abrázame fuerte. Mañana seguiremos con lo de 'Futura Reina Imparcial' vs 'Rey Goblin.' Promesa.- hizo un gesto sobre su pecho como los niños. Sarah no pudo evitar sonreír. Era gracioso verlo haciendo cosas como esas, y le traía a la memoria al terrible Conrad. Y algo en su voz le aseguraba que en verdad necesitaba de ese abrazo y de ella.

-De acuerdo. Pero, mañana deberás explicarme qué hacía ella contigo allí.

-No mañana.- se excusó él. -Mañana tú te pondrás en la piel de la dichosa 'Lady Imparcial' y no querrás oírme. Si quieres que te explique, será ahora.- y sin decir más, tomándola de la mano, se metió en su habitación.

-¡Jareth, no! ¡No puedes entrar aquí!- Tarde. Él ya estaba, se había sentado a los pies de la cama y ahora ambos advirtieron que ella se había asomado en ese corto camisón rosa que dejaba ver sus piernas. -¡Mañana te oiré, ahora vete!- trató de no mostrarse afectada.

-No sin explicarte. Si no quieres que te vea, usa la bata o métete bajo las mantas. Yo me quedaré aquí, te doy mi palabra de que no me acercaré más de lo necesario. No… sería prudente.

-¡Eso no me tranquiliza, Rey Goblin!

-Sarah, respira hondo y siéntate o no, pero, por favor, escucha.- dijo medio ordenando, medio suplicando. La joven resopló y de un tirón tomó la bata que él le ofrecía y se la puso cruzándosela por delante con enfado. -Bien…, estaba dormido cuando sentí que alguien me estaba tocando y…- se sonrojó levemente para el asombro de Sarah; claro que no iba a aclarar qué era lo que estaba soñando en ese momento ni con quien. -me desperté y descubrí que se trataba de ella. Entonces, le pedí que se retirara, pero, como se puso pesada, llamé a los guardias y me aseguré de que no vuelva a ingresar al cuarto de nadie más sin permiso con unos grilletes de hierro.

-¡¿Ella… te tocó?!- indagó aturdida.

-Yo estaba dormido, Sarah. En cuanto me desperté me la quité de encima.

-¡¿Estaba encima tuyo?!- clamó furiosa. ¡Si ella la hubiera visto le hubiera arrancado pelo por pelo de su bonita cabeza!

-No ella…, sus manos.- se incomodó. -¡Y no preguntes más!- le advirtió rápidamente estirando su brazo en señal de detención. -No es necesario ser tan… detallistas.

-¿Te…- descendió la mirada -agradó que ella…?

-¡Por supuesto que no!- se puso de pie de inmediato. -Sarah…,- se aproximó a ella y la tomó de los hombros -no se trata de qué tanto sepa o no hacer, si no… de quién lo haga.- La joven se sonrojó y se apartó de él con su corazón agitado como un pequeño roedor.

-¡Nunca!- clamó abochornada de sus propios pensamientos. -¡Yo nunca haría algo así!- Jareth primero frunció el ceño, luego, sonrió divertido.

-Bueno, si eso dices…- suspiró. -Supongo, entonces, que yo tendré que hacer todo el trabajo. ¿Pero, no eras tú quién dijo que no tomarías tu lugar a mi lado tan a la ligera? Una reina debe complacer a su rey para que él esté feliz y contento.- le sonrió con desparpajo.

-¡Afuera!- ordenó y él se fue por la puerta interna riendo. "¡Esa sabandija desgraciada! ¡¿Por qué siempre me saca de quicio?! ¡Ya bastante con saber que esa mujerzuela se metió en su cama tratando de tomar ventaja donde yo no me atrevo! ¡Y él todavía me provoca con sus retorcidos trucos, dando vuelta mis propias palabras! ¡Canalla!." Frustrada, se dejó caer de espaldas sobre la cama viendo pensativamente el cielo raso. -¡De ningún modo!- habló todavía enfadada consigo misma. -¡Nunca en toda mi vida! ¡Ese… pervertido, fastidioso…!- se detuvo al oír un repiqueteo en la puerta contigua. -¡Te dije que te largaras!- le recordó molesta.

-Yo estoy en mi cuarto, cosita. Pero, se me hace imposible dormir contigo hablando sola en voz alta.- respondió la voz con mofa del otro lado. -Así, que si me haces el favor de pensar en silencio…

-¡Cállate, tú…, estúpido Rey Goblin.!

-Mi nena, si estás de mal humor con gusto te ayudaré a alegrar tu noche.- dijo con toda la intención de ponerla más brava.

-¡No te atrevas a pasar por esa puerta o te arrojaré con cuanto encuentre! ¡¿Entendido?!
-Sí, mi mascota. Sólo dejaré mi invitación abierta con respecto a cambiar tu humor y…- se mordió los labios para no reírse -también con respecto a que te sientas libre de tocar cuanto quieras.- se llevó la mano a la boca para no reír cuando la oyó gruñir. Debía aprovechar antes de que se enfriara y recordara su rol de reina.

-¡Eres… un degenerado!- espetó furiosa ahora sentada en el lecho con una de sus pantuflas en sus manos dispuesta a lanzarla ni bien viera un asomo de pálidos mechones.

-¿Por qué, mi querida?- su voz fingía inocencia. -Yo nunca dije qué debías tocar ni qué métodos iba a usar para alegrarte.- hubo una pausa para recomponerse de su hilaridad. -Creo que tienes una mente muy sumergida en dichos temas, mi chiquitita. Si hay algo en que pueda ayudar…- ¡¿Qué ella estaba obsesionada con eso?! ¡¿Eso quiso insinuar?!

-¡¿Cómo te atreves?!- clamó ya fuera de sí y se puso de pie yendo hacia la puerta que abrió de súbito. Pero, allí no había nadie. El Rey Goblin le sonrió divertido metido bajo las mantas.

-¡Sarah! ¡Qué linda sorpresa! ¿Necesitas algo?

-¡Sí!- gritó.

-Sólo pide, mi amor.

-¡Que te calles y duermas!

-Pero…, eso es lo yo que te pedí antes. Hablas muy alto, conejita; eso no se ve bien en una reina.- los ojos de Sarah se entrecerraron. No. No se dejaría llevar por su ira para golpearlo por más que tuviera ganas.

-Tiene razón, Su Majestad. Lo siento mucho. Buenas noches, 'Rey Goblin.' Y…, espero que usted no vuelva a despertarme con sus… visitas nocturnas. Al menos, pídales que hagan silencio.

-Eso no fue gracioso.- se le borró la sonrisa. Pues, no sólo Lilith podría haberse salido con la suya, también podría haber aparecido en la alcoba de Sarah con peores intenciones.

-¿Realmente? Pues, qué pena. Porque ahora mi humor está mejor. Hasta mañana, 'Rey Goblin.'

-Hasta mañana, 'Futura Reina Imparcial y Atrevida.'- le sonrió otra vez con diversión. -Mira que entrar al cuarto de tu prometido con ese aspecto.- Sarah observó su cuerpo y cerró la bata con cierta brusquedad.

-Fue… accidental.

-Me gustan tus… 'accidentes.'

-¡Vete al diablo!- se pegó media vuelta y cerró la puerta oyendo la risita del fey. Se quedó apoyada en la hoja y tras un agotado suspiro sonrió. Él la prefería a ella, después de todo.

Por la mañana, apenas despertó, Jareth llamó a Scary para dar algunas órdenes con respecto a su 'huésped' congraciada ahora con el reino de los brownies. Ella era libre de permanecer allí y salir de su habitación durante el día, pero, mantendría los grilletes y siempre tendría un guardia 'para su seguridad.' Por otro lado, debía procurar ganarle de mano con respecto a lo que pudiera decirle a su amante, así que de inmediato envió una misiva a su igual de los Brownies. No a Apollon, si no a su padre, el rey Maxance, cuestionándole si se hacía responsable de la Condesa pese a no pertenecer a su reino.

Tras vestirse en un traje celeste, camisa blanca, y chaleco azul, fue en busca de su pareja con una sonrisa en sus labios. No había nada más placentero que hacer encender esas llamas en esas verdes lagunas.

Por la noche, Sarah había puesto al tanto de lo acontecido a Twig, que indignada no daba crédito a cómo esa intrusa mujer podía ser tan atrevida.

-Eso sólo significa una cosa, My Lady.- elevó su cabeza orgullosa para verla por el espejo. -Ella debe haber estado desesperada, lo cual, es una muy buena señal.

-¿Tú crees?

-¡Estoy segura! Y, fue una excelente prueba para nuestro soberano, ¿no lo cree?- la observó con complicidad con las manos sobre sus hombros. -Otros podrían haber sucumbido ante el fácil obsequio.

-Sí,- sonrió Sarah -supongo que debo darle crédito por eso. ¡Pero, es insoportable! ¡¿Cómo se atrevió a insinuar que yo sólo pienso en… en…?! ¡Bueno, en eso con él!

-¿No es así?

-¡Por supuesto que no! ¡Si fuera así…!- se sonrojó y aminoró su voz, ahora más similar a su 'noble personaje.' -Si fuera así me iría a dormir contigo.- La goblin rió con franqueza.

-¡My Lady, no tiene usted tanto que temer! Él es un buen hombre y… por lo que tengo oído también es un buen aman…

-¡Por favor, Twig, no me pongas más nerviosa!- giró para ver a la risueña mujer.

-¡De acuerdo, de acuerdo! ¡No diré más!- prometió divertida terminando de cerrar la espalda del vestido de un suave tinte gris al cual los brillantes adornos azules le otorgaban jovialidad. Su oscuro cabello caía libre salvo por la hebilla de plata que imitaba a una rosa con tallo en uno de sus costados, tal como en su primer viaje aquí. Sarah se miró, era la misma, pero…, no. Extraño. No. Sonrió pensando en Labyrinth. "Todo es posible y nada es lo que parece ser." -My Lady, Su Majestad ya está aquí.- Sarah sonrió con maldad y soberbia.

-Que aguarde.- Twig rió por lo bajo y fue a dar su mensaje.

-Ella todavía no está lista, My Lord.- excusó la goblin ante la sagaz mirada del monarca.

-¿De veras? Bueno, entonces, tendré que esperarla hasta que esté lista. O…, quizás,- habló en voz alta por encima de la cabeza de Twig -debería prestar mi ayuda para que esté a horario.

-Usted se oye muy impaciente, Su Majestad.- fue la respuesta en el interior de la alcoba; Sarah sentada en su tocador repiqueteaba satisfecha sus dedos en la barbilla. -No acabo de decidir qué zarcillos usar. ¡Twig, te necesito!

-Ex-excúseme, Su Majestad.- la mujer se forzó en no reír y cerró la puerta tras de sí. -¡Oh, My Lady, usted es muy mala!- comentó divertida.

-No lo soy. Yo soy la Futura Reina Goblin y debo estar a la par de mi prometido, ¿o no?

-Absolutamente.- rió por lo bajo la mujer para no ser oída por su rey. -Ahora… ¿ya está lista?

-Mh…- fingió pensar. -Creo que sí.- la observó con complicidad y ambas rieron.

-Tarde como siempre, My Lady.- dijo cuando la puerta comenzó a abrirse. -Temo que esa mala costum…- calló al ver la imagen frente a él. Sarah trató de ignorar el recorrido de sus ojos. La parte superior era un canesú de encaje que conformaba el cuello alto e insinuaba con el debido recato de una futura reina, ya que apenas podía llegar a verse el nacimiento de su pecho. El torso era un corset y la falda iba estrechándose desde las caderas hasta los tobillos donde dejaba ver sus azules zapatos. Alrededor de la cintura, un gran moño del mismo color atado a sus espaldas sujetando una especie de media falda también de encaje que sobresalía detrás de sus caderas, cubriendo en parte su redondez y dejando lucir el amplio tajo de la falda el cual le permitiría caminar. Él no recordaba haber ordenado ese vestido, pero…, por cierto que le complacía verlo en ella.

-¿Decía, Su Majestad?- cuestionó con fingida frialdad.

-Que bien vale la pena esperar si todas las mañanas usted va a lucir tan… espectacularmente hermosa.- le sonrió con picardía. -Aunque…, yo corregiría ciertos detalles de su atuendo.- la observó con desfachatez.

-No veo por qué.- se hizo la desinteresada. -A mí me gusta tal cual está.

-A mí también, Lady Sarah. ¿Vamos?- le extendió su brazo con una sonrisa extremadamente cortés y avanzaron por el pasillo.

-¿Se le perdió algo, My Lord?- Sarah le cuestionó con aristocrático desdén cuando advirtió que éste echaba su cabeza hacia atrás en un intento de ver el posterior de su atuendo.

-No, de hecho.- le sonrió atrevido. -Pero, me encantaría que usted perdiera ese maldito moño junto con el encaje.

-¡Qué lástima!- le respondió altanera y burlona. Él rió para sus adentros. Ya llegaría el día en que la haría perder no sólo el moño y el encaje.

-Ciertamente por ahora.- le correspondió. -¿Qué tiene planeado para hoy, My Lady?- indagó con naturalidad al llegar a las escaleras que comenzaron a descender.

-Por la mañana iré a caminar con la joven Lucía; por la tarde debo ver nuevamente a la modista para unos últimos detalles y por la noche…

-Espero que por la noche podamos… estar juntos.- apretó los labios.

-Lo siento. Por la noche iré temprano a mi habitación. Con tanto escándalo anoche no pude descansar bien.- siseó y lo sintió tensarse un poco y de vuelta a su estado normal.

-Lamento haberla despertado, My Lady. Pero, el escándalo no duró tanto como para que usted no volviera a dormir. ¿En verdad fue eso lo que le quitó el sueño o… por cierto mal humor?

-Pues, difícilmente uno pueda ponerse de buen humor cuando lo último que se ve antes de ir a la cama es a usted, Su Alteza.- espetó con las llamas encendidas en sus ojos, lo que sólo amplió más la puntiaguda sonrisa del monarca.

-Entonces, My Lady, haré que agreguen a su ajuar de novia un antifaz de noche.

-Ja, ja, ja.- dijo despectiva. -Muy simpático, My Lord.

-Eso dicen.- le cedió el paso delante suyo al comedor, y se retrasó con descaro para verle las piernas y el contoneo de sus caderas. -Cinco días.- murmuró para sí con un suspiro. Ya a su lado la ayudó a ubicarse en su sitio. Fueron gratamente sorprendidos cuando Lucía descendió del brazo de Erwin y en el otro brazo de éste la pequeña Anna estirando sus manitas que era lo único que se distinguía desde esa distancia.

-Buenos días, Su Majestad, My Lady.- les sonrió Erwin.

-¡Vaya, vaya que hoy se te ve muy bien acompañado, tío!- comentó con una sonrisa.

-Bueno, no todos los días se puede tener dos damitas tan encantadoras, ¿no?- observó fraterno a la muchachita que descendió su mirada y sus sonrojadas mejillas. -La pequeña Anna se levantó decidida a permanecer con su mamá, y, entonces, su padrino llegó al rescate para que la nana no se la llevara a esa aburrida guardería.- le sonrió a la bebé, en tanto la mecía suavemente. -¿Verdad?- se oyó un balbuceo y Lucía volvió a sonreír. Sarah se preguntó si los feys podían entenderse con los niños tan pequeños, pues, Jareth también le había hablado así a su hermanito y éste había parecido responderle, a su modo. -¡Oh, por cierto, desayunaremos tranquilos!- comentó viendo a su sobrino. -'Lady' Lilith no se encontraba muy… sociable ésta mañana.- sonrió ayudando a la joven a sentarse y a la bebé a su lado en la silla para infantes que prontamente uno de los criados acercó.

-Bueno, espero que se recomponga pronto para marcharse fuera de Labyrinth a dónde le plazca. Y…, si se indispone para nuestra boda, por cierto que no nos lamentaremos por su ausencia.

-Eso sería fabuloso. Una menos de tantas.- comentó Sarah viéndolo fugazmente de reojo. Él hizo lo mismo con diversión. Erwin extendió su servilleta sobre su falda con una pequeña sonrisa en sus labios. Sarah ignoró por completo a su prometido y se dirigió a su compañera del otro lado. -¿Lucía, te gustaría pasear junto con Anna y conmigo por el jardín?

-¡Por supuesto, Lady Sarah!

- Lucía, sólo Sarah, por favor. Ellos son de confianza y no son necesarios los protocolos.

-Qué bueno que lo menciones…- oyó la seductora voz que aferró su mano apasionadamente y con notoria lentitud.

-¡No me refería a usted, Su Majestad!- reaccionó lo suficientemente rápido como para pegarle en la mano.

-¡Auch!- protestó. Lucía no podía creer que ésta muchacha, apenas unos años mayor que ella manejara a un hombre de aquella manera. Era admirable. Sí, sonrió. Con una reina así ella se sentiría segura. -¿No que éramos todos de confianza? ¡Seré tu esposo en menos de cinco días!

-¿Acaso cuentas horas y minutos?- lo miró estupefacta. Él elevó su hombro.

-¿Y qué si lo hago? Es mi asunto.- se defendió insolente tal cual lo hubiera hecho Conrad.

-¿Eso…,- señaló al rey -tío Erwin, no es muy propio de su hijo?

-Eso es parte de lo que tomó mi hijo de él, pero, créeme, Sarah, que Conrad es más él mismo que nadie. ¿Acaso lo has visto actuar como Gontran o como yo alguna vez?

-Me temo que no.- rió por lo bajo y Erwin suspiró.

-Eso pensé.

Durante la cena, un mensajero brownie se hizo presente con una nota del rey Maxance. Jareth se dispensó ante sus invitados y se dirigió a la sala del trono para recibirlo. Lilith no había salido de su cuarto en todo el día y por cierto que trataba mal a los criados que le llevaban la comida.

-Buenas noches, Su Majestad.- el pequeño brownie saludó con respetuosa inclinación, en tanto, éste se ubicaba en su sitial.

-Buenas noches. ¿Tienes algo para mí?

-Sí, My Lord. Mi Rey me encargó ésta carta para usted, Su Majestad.- le extendió el rollo al cual Jareth tras romper el sello comenzó a leer. Y sonrió con gravedad.

-Ya veo. Come algo y descansa por ésta noche, buen hombre. Mañana llevarás mi respuesta. Uno de mis goblins te indicará el camino a la cocina y allí te dirán dónde descansar.

-Gracias, Su Majestad.- se retiró el sujeto. Jareth observó a Scary a su lado del trono.

-Scary, busca al mejor mensajero. Debo hablar con otro rey.- suspiró, había esperado que Maxance se hiciera cargo de la mujer, pero, obviamente se sentía aliviado de sacársela de encima y las sugerencias que le daba no eran muy pacifistas en cuanto a qué hacer con ella. -Hazlo ir a mi despacho. Estaré allí ni bien me dispense de las damas.- hizo una mueca. Ahora era cuando más falta le hacía su tío y no estaba, pues, tal como había advertido se había marchado por la tarde.

-Sí, My Lord.- se retiró con una reverencia. El Rey Goblin regresó al comedor, donde las dos muchachas conversaban animadamente.

-My Ladies, espero sepan disculparme, pero, ha surgido un asunto importante.- Sarah le vio preocupada.

-¿Hay algún problema?

-No, querida mía. Ninguno. Sólo estoy tratando de ubicar a un responsable por Lady Lilith.- suspiró. -Y deseo hacerlo cuanto antes.- ella cabeceó en acuerdo.

-No hay problema, Lucía y yo acabamos nuestra cena.

-¿Entonces, me permiten el honor de escoltarlas hasta sus recámaras?

-Seguro.- tomó su brazo y la otra hizo lo mismo siempre con sus modos tan cautelosos. Jareth dejó a la más joven en la habitación deseándole buenas noches recordándole que no dudara en pedir cualquier cosa que necesitara. Luego siguió camino por el pasillo con Sarah. -¿En verdad no hay nada de qué preocuparse?

-No por el momento. Pensé que quizás el rey Maxance se haría cargo de ella, era la opción más rápida, pero, él está feliz de que esté lejos de su hijo, así que deberé probar suerte con el propio rey de Lilith.

-¿Él… es malo?

-Él es pariente de Gontran.

-¡¿Es un enemigo?!

-A veces. Alguna vez ha sido aliado. Es… una relación muy complicada la de ambos reinos.

-¿Gontran es una excepción?

-Sí, lo es. Pero, a veces…, el rey no tiene absoluto control sobre sus familiares. El Rey Kaden es un hombre fuerte, toda su familia lo es, están conformadas por sólidos guerreros, como habrás notado en Gontran. La nuestra, siempre ha sido más abocada a los estudios que a la guerra, y somos más poderosos en cuanto a magia se refiera, y por ende, en poder. Pese a todo el riesgo que tanto Gontran como Alin corrieron siendo ambos capturados por una rama… oscura de cada familia, que irónicamente se unieron para intentar estallar una guerra entre ambos reinos, Kaden se mantuvo tan reacio como yo a creer que esto de los secuestros había sido mera casualidad cuando ambos nos hallamos en el camino para reclamar por nuestros parientes. Así, que después de que Gontran escapó ayudando así a Alin, Kaden no dudó en dar la bendición al matrimonio, al igual que yo. Pero, ambos sabemos que dicha unión no asegura la paz entre las dos familias.

-Una especie de Romeo y Juliet.- suspiró ella. -Sólo que terminó bien.

-Algo así.- le sonrió él deteniéndose frente a su puerta. -Ahora, mi chiquitita…,- rodeó su cintura -descansa, pero, antes…- acercó sus labios -deséame mis buenas noches, My Lady. Mañana seguimos con nuestra… batalla personal.

-¿Por qué yo debería hacer algo com…? ¡Mph…! - él cubrió sus labios con los suyos y devoró su boca y se apartó antes de que ella pudiera reaccionar.

-Porque eres mi medicina.- le guiñó un ojo antes de partir. -Ahora, a dormir.- la estudió y pensó que ese vestido lila era precioso, y recordaba que lo había usado en la primera noche en la finca de su tío.

-¡Te odio, Rey Goblin! ¡Te odio!

-Casi cuatro días, cosa preciosa; y entonces veremos.- le sonrió de lejos con descaro y ella se quitó un zapato para arrojárselo por la cabeza. Claro que falló y él carcajeó y lo tomó. -Me lo llevo, mi mascota. Luego, como en aquel cuento vendré a comprobar si te pertenece y te reclamaré como mía.

-¡El príncipe de esa historia nunca hubiera sido un grosero, atrevido, pervertido como tú!- clamó lanzándole el par que ésta vez, el rey capturó en el aire.

-¡Ah! ¡Pero, la dama en cuestión no se andaba desnudando en el pasillo delante del príncipe! ¿Qué sigue ahora, tu vestido o tus medias?- ella gruñó frustrada, pues, ya no tenía con qué darle.

-¡Buenas noches!- exclamó metiéndose al cuarto y cerrando con fuerza la puerta tras de sí. Jareth se alejó riendo y se llevó el calzado consigo.

-Mi primer trofeo de guerra.- sonrió mirándolos y, aferrándolos bajo su brazo, se direccionó hacia el despacho donde se dedicó a escribirle a Kaden. De inmediato, su mejor mensajero partió para sus tierras con la ayuda del viejo Drakke. Con suerte, llegaría a la mitad de la noche gracias al dragón, y con suerte, mañana por la tarde a más tardar tendría noticias del reino de los Sylphs y los Gnomes, cuyo rey, en lo alto de las montañas, dominaba aire y tierra.

Al día siguiente, la mañana de Jareth fue algo solitaria, pues, Sarah compartía tiempo con Lucía y Anna, y él las dejaba sabiendo que ambas se harían bien, especialmente por Lucía que indudablemente se sentía más cómoda con Sarah que con el resto. Compartieron el almuerzo, y luego cada quién se dedicó a sus obligaciones. Pese a que en realidad preferiría estar con Sarah aunque fuera sólo para fastidiarla, él deseaba adelantar todo el trabajo posible para poder disfrutar los días siguientes a su boda el mayor tiempo posible sin que nada perturbara su paz… Sonrió llevándose la pluma a los labios. Si es que habría paz una vez casados. Y sacudió su cabeza obligándose a volver sobre su aburrido papeleo.

Sarah fue en busca de Lucía para tomar el té juntas, Twig se cruzó por el camino y le avisó que Su Majestad les aguardaba en la entrada del jardín, en vista del hermoso día. Después de pasar casi toda la mañana y la tarde encerrado deseaba estar al aire libre.

-My Ladies.- las saludó besando las manos a ambas. -Espero que no haber estropeado ningún plan alterno a éste.- acomodó la mano de Lucía en su brazo y ofreció el otro a su Sarah. -Mi día fue tremendamente aburrido y necesitaba un poco de aire y agradable compañía.

-En realidad, pensé que estaría muy ocupado, Su Majestad.- comentó algo molesta, pues, en realidad, estar con él la sacaba de las casillas, pero, cuando pasaba mucho tiempo sin su presencia, le resultaba soporífero, especialmente si nadie la acompañaba y con todo el ajetreo de la boda. -Apenas lo hemos visto.- Jareth la estudió de reojo. ¿Lo extrañaba?

-Lo siento, cosa preciosa, pero, estoy adelantando trabajo. Supongo que no querrás que en nuestra luna de miel lleve el escritorio a cuestas.

-Si eso te mantendrá ocupado…- comentó con apatía.

-En lo absoluto. Te aseguro que estaré más que ocupado con otras cuestiones menos… rigurosas y más satisfactorias.- le sonrió y Sarah prefirió hacerse la desentendida y miró hacia otro lado. Él ayudó a las dos jóvenes a sentarse, quedando él en el medio. Entre los bocados y el restablecedor té charlaban de cosas triviales. -¿Y, dime, Lucía, qué te pareció mi laberinto?- le sonrió con cordialidad, aunque Sarah pudo ver un pícaro brillo en su mirada.

-¡Oh, bueno…! Está lleno de peligros y… belleza. Yo creo que es… fascinante.- Jareth observó a su prometida con una ceja levantada.

-¿Y…, crees que es 'muy fácil'?- Lucía lo miró como si él estuviera burlándose.

-¡¿Muy fácil?! ¡Es… difícil y aterrador!- Jareth sonrió ésta vez a Sarah quién giró sus ojos y resopló. La muchacha más joven pareció hacer una introspección y su mirada se entristeció. -Aunque…

-No.- Jareth puso un dedo sobre sus labios. -No ahora. Casi lo olvido. Tú y yo tenemos una tarea que hacer. ¿Me acompañarías ésta noche a un lugar sagrado, Lucía? ¿Podrías confiar en mí para que yo pueda hacer justicia, mi niña?- Sarah lo miró con sorpresa. ¿Por qué la estaba invitando a Lucía y a ella no?

-¿Sarah vendrá con nosotros?- indagó. Él observó a su prometida y suspiró.

-No, ella no puede venir aún. Si fuera reina, sí. Ésta es parte de mi tarea como Rey Goblin, Lucía. Yo sería incapaz de hacerte daño y debo impartir justicia. No tienes nada que temer; aquí no es como en el Aboveground.

-¿Quiere decir… un juicio?

-No exactamente. Más bien…, a imponer una condena.- sonrió viéndola directo a los ojos. -No es necesario un juicio donde es obvia la culpabilidad.

-¿Yo… tendré que verle?- su voz apenas era audible por el temor que sentía. Sarah sintió pena por ésta chica, por ésta verdadera niña. Ella ya no lo era, estaba cerca de los dieciséis años y... había tenido más suerte que ella.

-No, mi querida. Nunca más. Sólo necesito que vengas y nos ayudes a poner un justo castigo. Nada más. Él no está aquí en el Underground. Nunca lo estará con esa sucia y maligna alma suya.- apretó los dientes. Sarah podía sentir su ira saliendo del cuerpo de él. Sí, el Rey Goblin podía ser un ser terrible si así lo quería. Eso era en parte lo que la había asustado tanto al comienzo. Lucía también parecía sentirlo porque sus ojos se agrandaron. Sarah puso una mano sobre el brazo de Jareth; éste observó los delicados dedos sobre su camisa azul y se recompuso. -Lo siento.- volvió a sonreír con dulzura a la chica, en tanto, su mano enguantada cubrió la de Sarah en agradecimiento. -No quise exaltarme.

-Es… Está bien, Su Majestad.- consiguió hablar la muchachita e hizo una pausa antes de seguir. -Yo… lo ayudaré.- Jareth le sonrió con cierto orgullo y más bondad.

-Valiente niña.- acarició su cabeza.

-Nunca nada te lastimará de nuevo.- Sarah le sonrió a Lucía y ante la sorprendida mirada de Jareth ella le sonrió. -Ese es el Underground, ¿no?

-Sí, eso es en comparación al Aboveground.- le respondió el rey con una forzada sonrisa. No podía mentir. La muerte y todas las demás calamidades existían como en cualquier mundo, pero, sólo de manera diferente y se daban más raramente.

-Lo sé.- fue la respuesta de Sarah. -Lucía, de todos modos, yo estaré esperándote donde… ¿Dónde puedo esperarla?- indagó a su novio.

-Quizás en su habitación. Ni bien termine todo la tele transportaré allí. Yo tardaré un poco más, así que… no me esperen despiertas.

-¿Tú… estarás bien?- la voz de Sarah era más expresiva de lo que ella hubiere querido.

-Yo estaré bien.- estudió a las dos preocupadas muchachas junto a él. -Oigan, ustedes dos, nada de eso, vengan aquí.- extendió sus brazos.

-¿Qué?- Sarah inquirió incrédula y Lucía se amedrentó sin saber qué hacer, pensar o decir.

-Que vengan aquí, una a cada lado. ¿No fui claro?

-¡Pero, yo estoy enojada contigo!- espetó Sarah.

-Bueno, sí, pero, aún así, yo soy el rey y di una orden. Si no vienen a mis brazos, las traeré personalmente, especialmente a ti, mi conejita.- la amenazó divertido, luego, se dirigió a la otra. -Ven, Lucía, tú necesitas de esto más que ella.- le ofreció su mano que la niña tomó con cierta duda y lentamente fue guiada hacia el monarca. Entonces, otra vez a Sarah. -¿Mi mascota, debo ir por ti sólo por que te has encaprichado?

-¡Yo no soy caprichosa!- se quejó.

-Sí, se nota.- y la miró con fijeza. -Sarah, ven a mí.- ordenó y Sarah no pudo negarse; bueno, su cuerpo al menos. Ya con las dos jóvenes en sus brazos las acercó suavemente a su pecho y comenzó a cantarles.- "Ámame, ámame, ámame, ámame, di que lo haces.

Déjame volar contigo.

Porque mi amor es como el viento,

y salvaje es el viento.

Salvaje es el viento."

Sarah podía sentir que nuevamente era dueña de sus movimientos, pero, ahora, no deseaba moverse, deseaba permanecer allí, con ese calor inhumano rodeándolas, curándolas, fortaleciéndolas. Era… extraño el poder del Rey Goblin. Hermoso y salvaje; magnífico y aterrador; cálido y frío; dulce y cruel. Cerró los ojos viendo a Lucía descansar plácidamente su cabeza en la azul camisa, mientras una lágrima recorría su mejilla, pero, ella estaba bien, su aún infantil rostro parecía estar en paz. Y, entonces, como en un sueño, podían ver con los ojos de un ave en lo alto, sintiéndose seguras y libres de preocupaciones, libres de sus propios cuerpos.

-"Tú me tocas, yo escucho el sonido de mandolinas.

Tú me besas.

Con tu beso mi vida comienza.

Eres primavera para mí; todo para mí.

¡No sabes que eres vida, en sí misma!

Como la hoja se aferra al árbol,

oh, mi querida, aférrate a mí.

Porque somos como criaturas en el viento,

y salvaje es el viento.

Salvaje es el viento.

Salvaje es el viento.

Salvaje es el viento.

Salvaje es el viento."

Jareth estudió a ambas con una sonrisa. Lucía parecía haberse quedado profundamente dormida. Su Sarah, sonreía apaciblemente y comenzó a abrir sus ojos con pereza. Se sentía tan cómoda y cálida. Y se encontró con los amantes ojos del soberano y no pudo evitar sonreír.

-Eso sonó como tú.

-O quizás como tú.- refutó él riendo muy por lo bajo para no despertar a la niña.

-Nunca te había oído cantar esa canción.- hizo una pausa en la cual vio a la otra muchacha. -¿A ti… te agrada Lucía?

-Sí. Pero, no como tú, si es lo que estás pensando. Ella es una niña, una de mis niños. ¿Tú nunca fuiste a la guardería principal?

-¿Dónde tenías a Toby?

-No, esa es especialmente para mi heredero. La otra, donde están… el resto de mis niños.

-No sabía que tuvieras… niños escondidos.

-No están escondidos. Sólo que el castillo es tan grande que es fácil no encontrarse. Mañana te llevaré a verles, si gustas. Ellos están siempre esperando alguien que los adopte oficialmente, pero, mientras tanto, son felices aquí.- Sarah sentía deseos de decirle que pensaba que era un hombre maravilloso y generoso, pero, prefirió cambiar el tema.

-¿Ella se ha dormido?- observó a la muchachita para ocultar su sonrojo.

-Sí. Es mejor así. Hace tiempo que no descansaba bien. Entre las pesadillas y luego, el bebé. Pobre niña…- suspiró. -Espero que se sienta bien en casa de mi tío.

-¿Por qué no va a sentirse bien? Ellos son muy amables y comprensivos. ¿No has visto lo bien que manejó tu tío la situación la última mañana? Ella estaba más relajada en su presencia, y le dejó tener a la niña.

-Sí.- sonrió. -Mi tío es un gran hombre, de hecho.- Vieron una enorme sombra pasar sobre sus cabezas. -¡Oh, allí está mi mensajero!

-¡Drakke!- clamó Sarah saludando con su mano. El dragón giró su cabeza viéndolos risueño. La chica estaba en brazos del Rey Goblin con absoluta confianza. ¡Jóvenes enamorados! Rió el viejo reptil para sí. Había escuchado que peleaban tontamente por las cosas más ridículas y que trataban de engañarse más a sí mismos que al resto.

-Debo ir a recibirlo.- comentó Jareth.

-¿Puedo ir contigo?- él pareció meditar.

-Mh… Puedes venir a saludar a Drakke si es lo que quieres, pero, por ahora, éste asunto con el rey Kaden lo manejaré yo sólo hasta que decida dejarte saber su respuesta.

-Machista.- se quejó ella, aunque en realidad, todo lo que deseaba era ver otra vez a Drakke.

-Absolutamente.- sonrió de oreja a oreja. Y dejándola libre, hizo una señal a uno de sus guardias para que se acercara. -Por favor, Wink; lleva con cuidado a ésta pequeña a su cuarto. Que la dejen descansar hasta la hora de la cena.

-Sí, My Lord.- se inclinó y tomó a la niña en sus brazos con asombrosa facilidad. Sarah lo observó alejándose pensando lo increíblemente fuertes que eran éstas criaturas.

-Bien, mi amor, ahora, si te aferras a mí como la hoja al árbol…

-¿Por qué puedo perderme?- se mofó ella.

-¡Por supuesto que sí!- bromeó él y la rodeó con sus brazos y comenzó a besarla, para su sorpresa, antes de desvanecerse.

Drakke se echó a reír cuando entre el leve viento, el polvo y el brillo apareció una pareja peleando por quebrar o no el beso.

-¡Muy buenas tardes, Su Majestad, Lady Sarah!- dijo la arcaica y poderosa voz haciendo que el rey dejara que Sarah se saliera con la suya, pero, sin sacar su brazo de alrededor de su cintura.

-Buenas tardes, Drakke.- sonrió el rey. -¿Ha venido mi mensajero contigo o te lo has comido por el camino?

-Si tuviera tanta hambre como para comer a un goblin, ¿por qué no comer al más poderoso de todos ellos?- lo miró jocoso.

-¿Por qué, te enteraste de mis planes de cambiar las sedas de mi alcoba por cuero viejo?- le respondió éste con igual maldad.

-¡Ya basta, 'Rey Goblin'!- Sarah se puso delante del dragón con los brazos extendidos. -¡No te atrevas a tocar una sola escama de Drakke!- Jareth rió al verla tan enfadada.

-¿Por qué no?

-¡Porque es mi amigo!

-¿Y?- indagó despreocupado y ella estaba a punto de explotar cuando un gentil, pero, gigantesco dedo con garra en lugar de uña, la hizo suavemente dar un paso hacia atrás.

-Tranquila, My Lady.- rió el dragón. -No dejes que éste presuntuoso muchacho te saque de las casillas. Él nunca me haría algo así, ni yo a él.- Jareth se mostraba hilarante con sus manos unidas tras la espalda.

-¡Pero…! ¡Oh!- cayó en la cuenta de que otra vez se había dejado llevar por su temperamento.

-¡Qué lástima!- remarcó el monarca viéndola de frente con diversión. Ella lo miró, brazos cruzados y tan desafiante como de costumbre. Jareth rió por lo bajo y cambiando de dirección fue hacia el dragón. Arriba de éste, el mensajero estaba tratando de bajar de la bestia. Jareth le miraba extrañado.

-Éste no es muy adepto a los vuelos, Su Majestad.- se burló Drakke.

-Puedo verlo.- amplió su mirada y su sonrisa. -¡¿Oye, necesitas un poco de ayuda, mi buen muchacho?!

-Yo… lo apreciaría mucho, Su Majestad.- reconoció el delgado goblin.

-Muy bien.- creó una esfera y la lanzó hacia el goblin, que pronto estuvo a su lado.

-Gracias, Su Majestad.- respiró aliviado y abrió su bolso de cuero. -Aquí está la nota, My Lord. El Rey envía sus saludos a usted y a Lady Sarah.

-Muy amable de su parte, veo.- observó el pergamino ahora en su poder. -Bien, ve a comer y a descansar.

-Gracias, Su Alteza. My Lady.- saludó a la muchacha y fue escaleras abajo.

-Sarah, yo debo ir a mi despacho. ¿Te quedarás aquí con éste viejo aburrido?

-¿Te refieres a mi amigo? Sí.- le respondió con soberbia.

-Muy bien.- giró su muñeca y apareció su hombre más cercano. -Scary, quédate con ella y escóltala a dónde desee.

-Sí, My Lord.- se inclinó, entre tanto, Jareth fue hacia la chica a quién tomó de la cintura.

-Espero verte antes de la cena, cosa preciosa.

-No me trate con tanta confianza, Su Majestad.- le dio vuelta el rostro ante la divertida mirada de Drakke.

-Te trato cómo se me antoja, cosita. Y…,- murmuró en su oído -una vez casados ni siquiera podrás protestar.- la miró a los llameantes ojos.

-Eres odioso y estúp…- sus cejas se fruncieron ante el asalto. Cuando elevó la mano para abofetearlo, él desapareció dejando oír su risa. -¡Grr…!- dio un pisotón al piso de la torre. -¡Lo odio!- el dragón carcajeó dejando escapar pequeñas nubes de humo. -¡No es gracioso, Drakke! ¡Siempre se escapa cuando voy a pegarle!

-Bueno, pequeña, no lo culpo. Pero, dime, ¿qué tal te está tratando el Underground?- Sarah sonrió y fue hacia la enorme cara para acariciarla, mientras, le comentaba sobre su nueva vida, y cómo la hacía enfadar el 'Rey Goblin;' sobre los hermosos lugares, y cómo la hacía reír a veces el 'Rey Goblin;' sobre la encantadora familia de Sir Erwin y lo que le hacía el 'Rey Goblin;' sobre lo enfadada que se puso al descubrir a esa fey, Lilith, cómo la había puesto en su lugar y su nueva batalla personal con el 'Rey Goblin.' El reptil elevó sus cejas con una escondida risa. -Tal parece, mi niña, que tú no dejas de recorrer el laberinto del 'Rey Goblin.'- Sarah suspiró. No estaba segura a qué se refería, pero, de algún modo estaba de acuerdo.

"Mi estimado colega, Jareth, Rey de los Goblins, gobernante de Labyrinth y del Underground:

Antes que nada deseo felicitarlo por su cercano esponsales, espero que la dama en cuestión sea digna de dicho honor. He oído hablar sobre su belleza, su valor y sobre su origen, lo cual me produce más curiosidad. Yo nunca he visto un mortal en mi entera larga vida. Jamás me atreví a traer a ninguno, de los pocos que suelen aparecer en el Underground, debido a los rumores de su debilidad, y bien sabrá las duras condiciones que impone mi reino.

Con respecto a Lady Lilith, es una suerte que usted me haya escrito. Hace tiempo que no he sabido nada de ella salvo que siempre está a la caza de algún joven descuidado. En verdad temí por usted cuando largo tiempo atrás me enteré de su relación para con ella, pero, confiaba en su experiencia y sabiduría para no caer en sus redes.

Si es verdad que usted le ha puesto livianos grilletes de hierro en su intento de arruinar sus planes de un futuro con su amada, supongo que no será problema para usted traerla mañana frente a mi presencia. Esa dama tiene muchos asuntos que aclarar ante mi persona. Por otro lado, quisiera celebrar un almuerzo en honor a usted y su prometida; le garantizo a usted absoluta seguridad durante su permanencia. Kaden, Rey de las Sylphs y los Gnomes, Majestad de las Highs Mountains."

-¡Perfecto!- sonrió Jareth sentado en su sillón con las piernas cruzadas en los tobillos y los pies sobre el escritorio. -No es que tenga deseos de ir a tu aburrido almuerzo con mi chica, pero, al menos, te harás cargo de esa fastidiosa mujer y eso es suficiente para mí.

Al llegar la noche, las dos jóvenes fueron escoltadas por el soberano hasta el comedor donde cenaron tranquilamente. Lucía parecía más relajada y más joven aún, si eso era posible. Jareth no podía quitar los ojos de Sarah, todavía recordando cómo le había ayudado a controlar su energía con sólo poner su mano sobre su brazo. Sí, ella era su igual, ella era su media naranja, su alma gemela. Su amor. ¡Y por todos los santos que ese vestido lavanda podía seducirlo como aquella vez en el establo! Sarah trataba de ignorarlo buscando hablar más con la chica ahora ubicada frente a sí desde que Sir Erwin se había retirado a su hogar. Sus miradas la ponían nerviosa y suponía que lo hacía adrede, pues, de otra manera no se explicaba esa sarcástica media sonrisa en sus labios. El Rey Goblin puso al tanto a su prometida de la nota del rey Kaden y así como de su invitación, ya que para su desacuerdo, antes de la cena ella nuevamente tuvo que recurrir a la modista. Cuando terminaron sus alimentos, Jareth se puso de pie e indicó a Sarah que la acompañaría hasta la alcoba de Lucía, donde ella aguardaría el regreso de la misma tras el juicio, dejando a ésta en el comedor terminando su postre.

-Muy bien, mi amor.- le susurró con dulzura. -Ahora, ésta tarde nuevamente te comportaste como la Reina que yo esperaba.- acarició sus labios con sus dedos, su otro brazo cubriendo su cintura.

-¿Ésta tarde?- inquirió con su corazón palpitando con fuerza.

-Cuando me dejé llevar por mi ira.- ella se sonrojó. -Eso es en parte la función de mi Reina. A veces, gobernar solo se hace difícil sin alguien que nos brinde su apoyo, su contención y su crítica.

-¿Ahora quiere mi crítica, Su Majestad?- inquirió perversa.

-No, ahora quiero tu apoyo y contención, mi chiquitita,- comentó con travesura -pero...,- mordisqueó juguetonamente su labio inferior -debo terminar con ésta tarea lo antes posible, y tú tienes que estar aquí para darle fuerzas a esa pequeña. ¿Puedo confiar en que lo harás?

-¿Qué?- cuestionó atontada por su caricia y su insinuación. Él sonrió ladino.

-Que le darás fuerzas a Lucía en caso de necesitarlo.

-¡Oh, sí!- se ruborizó. -Sí, claro, aquí estaré... esperándola.

-Muy bien.- tomó su barbilla y unió sus labios restringiéndose el deseo de confesarle sus sentimientos. Ella le correspondió incapaz de resistirse a su persona, a todo lo que él era. Sus brillantes miradas se estudiaron unos segundos antes de separarse. -Si no fuera porque mañana tenemos que ir a esa condenada montaña, te invitaría a un tardío paseo por el jardín. En verdad quisiera estar más tiempo contigo ésta noche.

-Yo... presumo que... habrá muchas noches más.- dijo sin pensar y luego se sonrojó por temor a lo que él interpretara. Jareth sonrió con cariño y rió sobre sus labios.

-Y presumes bien, conejita.- le dio un último beso antes de partir.

Lucía fue tele transportada a la misteriosa y armoniosa sala de luz y oscuridad, a decir verdad sentía un poco de miedo al estar allí. Jareth puso su mano sobre su hombro para reconfortarla.

-No te preocupes, Lucía. Aquí nadie te hará daño. Tú eres inocente.- la chica cabeceó agradecida.

-Jareth, Rey Goblin; soberano de Labyrinth y del Underground; bienvenido.- se oyó la femenina voz desde todas partes. Lucía se sobresaltó. -Bienvenida tú también, pequeña Lucía.- la voz fue totalmente maternal. -Ella es una criatura muy tierna, ¿no lo crees?- cuestionó Ella.

-Sí, lo es. Una verdadera princesa.- la autoritaria voz de Él mostró un dejo de simpatía, para asombro de Jareth. -Lástima la compañía.

-¡Oh, no comiences apenas llega!- lo retó Ella.

-¿Dónde... están ellos?- indagó la niña con cierto temor al no poder ver quiénes hablaban.

-Ellos no se ven, Lucia.- explicó el Rey Goblin. -Ellos son todo y todos, ellos están en todas partes.

-¿Ellos... son buenos?

-Mucho.- La risa de Él se dejó oír con franqueza.

-¡Tamaña pregunta! ¡Por supuesto que somos buenos! ¡Mira que aguantar por cientos de años a un molesto mocoso como ese monarca a tu lado!

-¡Te advierto que no lo provoques, querido mío!- volvió a regañar Ella.

-De acuerdo, de acuerdo. ¿Vamos a lo nuestro, entonces?

-Exacto. Por favor, hijo, preséntanos al condenado.

-Sí.- se dirigió a Lucía. -Por favor, mi niña, pon tu mano sobre mi muñeca.- conjuró un cristal en su mano.

-¿Me dolerá?

-Sólo un poco, pequeña. Pero, yo estaré aquí para sostenerte y protegerte, nunca más estarás sola. Sólo... concéntrate un momento en quién te ha maltratado.- Lucía lo miró con lágrimas en los ojos. -Es necesario, mi niña, de otra manera jamás te lo pediría.- La niña cerró los ojos, en tanto, las lágrimas caían por sus redondas mejillas. Jareth la imitó para meterse en su mente, una vez que tuviera dicha imagen, él se haría cargo del resto aliviándole la tarea a la muchachita. ¡Allí estaba el sujeto! ¡Lo tenía! Aparentemente estaba en la cárcel, pero, no parecía preocupado al respecto. Suavemente quitó la mano de Lucía de su brazo y soltó la esfera que fue creciendo y ubicándose en el medio de la habitación. Entonces, abrazó a la pequeña contra su cuerpo calmándola con palabras de seguridad y consuelo.

-Éste hombre será severamente condenado.- habló Él ya sin ningún tipo de sentimiento. -Puedo ver que su alma es absolutamente oscura. Allí no hay rastros de luz, allí no hay nada puro. Ha perdido absolutamente el equilibrio.

-Ella no ha sido la única, mi hijo.- Ella aclaró con pesar al soberano.

-Lo sé.- suspiró. -Pero, no puedo hacer nada con los que no son sacrificados a mí, o los que no me llaman. Esto es lo único que podemos hacer.

-Lo sabemos.- volvió a hablar la voz femenina. -Ahora, empecemos con la sentencia. Lucía, querida mía, ¿quieres permanecer para ver cómo sufre quién te ha hecho sufrir a ti?

-Yo...- habló aún en brazos de Jareth a quién miró al elevar su rostro. -¡Por favor, yo prefiero estar con Sarah, no quiero verlo nunca más! ¡Nunca!- lloró sobre su pecho.

-Sh..., mi niña, tú no volverás a verlo jamás, te prometo. Te llevaré con Sarah, ¿bien?

-Sí, por favor... Quiero estar con ella y con mi Anna.

-Ve, hijo.- habló Él. -Sabemos que no te tardarás mucho. Te aguardaremos.- Jareth cabeceó y se tele transportó a la habitación de la niña donde Sarah aguardaba pacientemente junto a la cuna viendo con una dulce sonrisa a la criatura durmiendo en ella. Giró al sentir el ¡POP! al otro lado de la cama. Jareth le sonrió con cierta melancolía y ella captó en seguida su pedido. Lucía estaba llorando abrazada a él, aunque ahora más quedamente.

-Lucia.- la nombró con suavidad tocando su hombro y la niña inmediatamente se aferró a ella quien la meció con ternura. -No te preocupes, Lucia. Todo estará bien ahora.- Jareth se inclinó sobre su prometida y besó su cabeza.

"Llámame si me necesitas, mi chiquitita."

"No te preocupes. No te fallaré." Él sonrió con dicha y desapareció.

En el Aboveground, la situación en la prisión se volvió inexplicablemente incontrolable; varios presidiarios se encerraron en el baño cuando el sujeto estaba dentro. De repente, alguien lo arrojó contra una pared y comenzaron a golpearlo hasta hacerlo sangrar. Las palabras que le decían eran las mismas que él alguna vez había usado, las cosas que le hacían, eran las que alguna vez él había hecho, pero, ésta vez, después del dolor y la humillación se encontraba la muerte, y el infierno como única alternativa. Momentos después, cuando todo terminó muchos ni siquiera recordaban cómo habían llegado allí. Los guardias consiguieron abrir la puerta y controlaron a los reos.

-Uno más para la morgue.- dijo un carcelero.

-Esto sólo es escoria.- escupió el otro sobre el cuerpo sangrante y humillado.

-Terminó.- dijo Jareth con una mirada fría y espeluznante. -Allí hay más de uno que merecería similar destino. Y también fuera de allí.

-Lo sabemos, hijo.- habló la mujer con amargura.

-Ojala pudiéramos salvar a todos los niños, mi hijo, pero, ellos no están aquí, y aún así, a veces no es tan fácil.- opinó Él. -Tú lo sabes mejor que nadie. Tú eres quién más vela por ellos.- Jareth suspiró.

-Y no es suficiente.

-Lo es cuando nadie más lo hace. No te menosprecies, mi hijo.- ella habló con dulzura. -Aún nosotros tenemos nuestros límites.

-Lo sé, pero..., es que sólo quisiera poder hacer más que eso.

-Te entendemos, muchacho.- volvió a responder la voz masculina. -Ahora, ve en paz y descansa en los brazos de tu amada. No vayas a la cama sin verla. Tú la necesitas y ella está preocupada por ti.

-¿En verdad ella lo está?

-¡Ah...!- suspiró Él. -¡Y hasta hace un rato se veía inteligente!- Jareth sonrió. Ya habían aparecido sus ácidos comentarios con respecto a su persona.

-¡Deja de molestarlo!- lo defendió Ella como de costumbre. -¡El muchacho está enamorado y tú lo fastidias!

-¡El muchacho está embobado, más que enamorado!- Él carcajeó y Ella resopló enfadada. Jareth sacudió su cabeza divertido; bueno, podía darle la razón.

-¡Ignóralo! ¡Es un camorrista sin remedio alguno!- Él continuaba hilarante. -Pero, tiene razón en que sería mejor que la vieras antes de ir a dormir. Ambos necesitan saber que el otro está bien. Ahora, mi muchacho...

-¡Embobado...! ¡Eso estuvo bueno!- parecía quedarse sin aire.

-¡Tú eres el único que se ríe, atolondrado!- replicó Ella molesta. -No lo oigas. Y vete, por lo visto alguien más va a ser castigado hoy.- su voz sonó firme entre las risotadas de su compañero. Jareth desapareció con una sonrisa en sus labios.

N/A: Dénse una vueltita por mi profile, hay una pequeña sorpresa en deviantart. ; )