N/A: ¡Alóooooo! ¡Al fin el capítulo 40! Y sólo nos quedan 4. Pero, bueno, todo en algún momento debe terminar. Pero, ahora no se aflijan, no es momento. Mas, sí de más romance, situaciones caóticas, tiernas, un lindo cóctel para mis amigas allí del otro lado de la pantalla. Sueñen, disfruten, sean felices. ; ) Agradecimientos y demás, al final del mismo. Bien, "niñas inocentes," sujétense fuerte, porque, es hora de ir al parque de atracciones e disfrutaremos de los juegos más tranquilos hasta los más osados. ¡Adelante, bienvenidas! : )
CAPÍTULO 40: ÉSTE ES EL ABOVEGROUND.
-Lady Sarah, haga otra vez su entrada, por favor. Tal parece que Su Majestad no puede concentrarse hoy.- señaló el sacerdote por lo que Jareth se mordió los labios, en tanto, Sarah lo miró de reojo con enojo. -¿Podemos continuar, Su Majestad, sin que usted… cometa algún nuevo error?- comentó por no decir "que usted fastidie otra vez a su prometida."
-Lo siento, Su Eminencia. Son… los nervios.
-Entonces, cálmese, Su Majestad. Esto es sólo una práctica, en la cual ni siquiera está su tío para escoltar a la novia. Puede dejar los nervios para pasado mañana.
-Seguro.- sonrió.
-Entonces, todo de nuevo, maestro.- se dirigió al elfo que ejecutaba el piano. -Por última vez.- miró fijamente al rey con el que tuvo que lidiar a lo largo de su vida.
-Espero que te hayas divertido lo suficiente, 'Rey Goblin.'- dijo molesta ya fuera del templo del reino donde él la asistió para que subiera al vehículo.
-No realmente.- se acomodó a su lado. -Si me hubiera querido divertir a lo grande te hubiera besado delante de Su Eminencia.- la atrajo hacia sí una vez dentro del carruaje para besarla.
-¡Ojalá fueras tú quién tuviera que ir y venir por ese largo pasillo, Señor Gracioso! ¡¿Por qué tenías que tropezar y caerte encima mío en ese anteúltimo ensayo?!
-¿Qué? ¿Un rey no puede tener un traspié?
-¡Eres un tonto! ¡Si crees que voy a estar padeciéndote todos los días como est…!- la obligaron a callarse, pues, el Rey Goblin le dio algo mejor que hacer a su lengua, casi hasta alcanzar el castillo. Cuando Sarah consiguió separarse de él, incómoda se arregló el cabello antes de tomar su mano para descender. En tanto, Jareth, seguía frotándose la roja marca de su mejilla. ¡Vaya que pegaba fuerte! ¿Por qué le había castigado si anoche le había pellizcado el trasero y no había hecho tanto escándalo?
-My Lady.- le ofreció su brazo viéndola de reojo con desconfianza por encima de su cabeza.
-Sería bueno que lo recuerde, My Lord.- le sonrió con sarcasmo.
-Nunca lo olvido, cosita.- la observó con picardía sabiendo que ella entendería perfectamente que se refería a que otro no hubiera sido tan… condescendiente de su tiempo y de su espacio. Pero, ella le dio vuelta el rostro. Bruja.
-¿Qué tal estuvo el ensayo?- cuestionó Lucia mientras cortaba su ración durante el almuerzo.
-Muy… bien, aunque a Su Eminencia y a Lady Sarah no les pareció así.- Jareth respondió risueño. Sarah giró sus ojos.
-¿Por qué?- indagó la otra con inocencia.
-Porque alguien se lo tomó a modo de broma, quizás.- siseó Sarah. -Tú sabes, cierto fey que se hace el tonto.- Lucía se sonrojó y apretó los labios; no quería reírse de Su Majestad.
-En realidad, a cierta damita le costaba decir sus líneas. Ella SIEMPRE olvida las últimas líneas. Es parte de ella.- la retrucó él.
-Especialmente cuando alguien se la pasa pellizcándome el brazo cuando tengo que decirlas.
-Una Futura Reina Imparcial no tiene por qué dejarse vencer por nimiedades como esas.
-Mejor, cambiemos de tema.- se llevó la copa a los labios con presuntuoso donaire.
-De acuerdo.- convino él. -Hablemos de la salida de ésta tarde.- Los ojos de Lucía resplandecieron; en su vida había ido a uno de esos parques, no, teniendo que vivir en la calle.
-¡Oh, sí!- Sarah olvidó su enfado. -¿Qué nos pondremos? No podemos usar éstas ropas si vamos a infiltrarnos con el resto de la gente.
-Lo sé.- sonrió él con presunción. -Tengo todo bajo control. Ya tengo el vestuario apropiado para todos nosotros y luego de almorzar iré a buscar a nuestros compañeros de aventuras.
-¿Compañeros de aventuras?- cuestionaron las dos jóvenes intrigadas.
-Claro. He estado pensando que para poder estar todos más tranquilos son necesarios más compañeros. Entonces, yo podré cuidarte a ti muy de cerca;- le sonrió a Sarah -y Lucia tendrá buena compañía y la posibilidad de conocer al resto de la familia que la recibirá en pocos días más. ¿No les parece genial?- Lucia no sabía si era o no genial, pero, sí que la ponía nerviosa el saber que conocería a los demás.
-¡Sí!- clamó Sarah. -¡Será bueno ver a Alin de nuevo!
-¿Vendrá… Sir Erwin también, Su Majestad?
-No, Lucía, él se quedará en su finca. Tiene asuntos que atender. Pero, vendrán mis primos. No tienes que preocuparte. Si te agradó mi tío, te aseguro que también ellos.- La muchacha sonrió esperando que él no se equivocara.
-Él tiene razón.- lo secundó Sarah. -Te aseguro que te afianzaras a ellos en seguida. Son muy cálidos y amables, no como otros.- miró al jocoso rey por el rabillo del ojo.
Horas después, en una cola para entrar en uno de los mejores parques de diversiones del Aboveground, tres individuos muy atractivos para el común de los hombres, escoltaban a tres muchachas; una podía ser fácilmente una modelo, la otra una estrella de cine y la más joven una encantadora muñeca.
Sarah apenas podía dar crédito al ver a su Rey Goblin en oscuro conjunto de jean y una blanca remera polo con los botones sin prender. El cabello lo había dejado suelto, pero, más alisado para no llamar la atención y sus ojos parecían no estar maquillados…; hasta sus cejas eran humanas. Eso no le quitaba su magnetismo y todo su encanto. No era la primera vez que podía verle sin sus guantes, y sinceramente, no comprendía el por qué ocultar unas manos tan estilizadas… y cálidas. ¡Como humano podía ser tan arrollador que como fey, por todos los cielos! Sarah advertía cómo lo observaban las mujeres al pasar, por lo que de inmediato se aferró de su brazo como cualquier novia celosa haría. Jareth la espió de reojo y sonrió. Él a su vez la trajo más para sí con tanta posesión como siempre. Él había escogido ese ajustado capri de jean azul y esa musculosa cruzada sólo para satisfacción de su vista, no la de otros; así que debía dejar bien en claro que ella tenía dueño. Los ojos del resto de los feys también habían pasado por el mismo cambio que los suyos. Alin se veía preciosa en sus vaqueros ajustados, pese a que al principio se sintió incómoda, ahora los definía como cómodos y le hacía feliz que ésta vez fuera Gontran quién la celara, pues, normalmente, era al revés. En la parte superior, llevaba una entallada camisa lila de manga. Su esposo se veía regio también en vaqueros, camisa celeste entreabierta y un blazer azul sin cerrar. Por otro lado, estaba Conrad, para él unas bermudas y una remera roja con el diseño de unas caricaturas de moda le asentaban como si fuera un joven acostumbrado a la ajetreada vida del Aboveground, de detalle final, unos lentes negros para el sol. A su lado, la pequeña Lucía a quién Jareth dejó al cuidado de su primo, pues, pensaba que si alguien podía ayudar a la niña era éste. La jovencita vestía también unas bermudas y una remera rosa, pero, con cuello Claudine y unos dibujos de seres mágicos. Conrad la miraba por encima estudiando como hacerla soltarse más, pues, hasta ahora, había sido tan cuidadoso como su primo y el resto le habían pedido y no había conseguido resultado alguno. Si él le ordenaba algo ella le obedecía, pero, no conseguía mantener una conversación con ella, ya que se mostraba muy introvertida.
-¿Contenta?- le cuestionó Jareth a la joven en su brazo una vez que pasaron la entrada.
-Mucho.- le sonrió con un suspiro viendo todo el parque.
-¡Oh, cielos!- exclamó Alin. -¡Mira eso, mi amor!- señaló la vuelta al mundo. -¿No es romántico?
-¿Quieres que te bese una vez allá arriba?- le cuestionó con una seductora sonrisa.
-Por supuesto.- le correspondió cómplice.
-¿My Lady?- Conrad le ofreció el brazo a Lucia con exagerado modismo. Ella lo miró sorprendida, incapaz de comprender por qué alguien tan joven, aunque fuera un fey resultara tan serio.
-Gr-gracias.- consiguió decir.
-Muy bien…- dijo Jareth. -¿Cómo hacemos? Nos vamos todos juntos o… separados.
-Yo creo que Sarah debería decidir, ella conoce más esto que nosotros.- opinó Alin.
-Bueno…, creo que hay juegos que son más divertidos si vamos todos. Otros, como ese,- indicó la vuelta al mundo -es para sentarse de a dos, pero, igual podríamos ir unos tras otros. ¿Qué tal si primero vamos a los que podemos disfrutar entre todos?
-Me parece bien.- opinó Gontran. -¿A ti, Jareth?
-Es buena idea. Por la noche nos separamos.- sonrió con malicia viendo a su primo político. Alin los espió con suspicacia, mas, no dijo nada. Ya conocía lo pícaros que podían ser ambos. Y Sarah ya no se mostraba incómoda con su primo, así que no tenía de qué preocuparse salvo de disfrutar su primer viaje al Aboveground junto a su amado.
-¿Qué es eso?- cuestionó Conrad con la cabeza, pues, sus manos estaban en los bolsillos, en tanto, la tímida mano de Lucía seguía sobre su brazo.
-¡Oh, eso es la montaña rusa!- le explicó Sarah. -Si vamos a subir allí, es mejor que lo hagamos antes de comer.
-Yo quiero subir allí. Parece divertido.- sonrió.
-Yo no sé…- Alin no estaba segura si sería tan placentero como su hermano pensaba.
-¡No seas gallina! ¿Te has casado con ese y le tienes miedo a un cacharro que te lleva de paseo por el cielo?
-Me gustaría sentarme a tu lado, cuñado. Quién sabe, quizás necesites una mano que te sostenga, y con gusto lo haría de tu cuello.
-Lo siento. Hoy tengo mejor compañía.- atrajo a Lucia con su brazo. -Ven, Lu, no te juntes con éstos.- la llevó hacia el juego mecánico. La chica sólo pudo abrir sus ojos con sorpresa y tratar de ver si el resto los seguían. Al verlos se tranquilizó. Jareth suspiró.
-Vamos antes de que Lucía se ponga a llorar o algo así.
-¿En verdad estás tan seguro de que Conrad es el indicado para ayudarla?- cuestionó Alin.
-Al menos, merece una oportunidad.- sonrió Sarah.
Luego de gritar como locos, a excepción de Jareth y Gontran, que se limitaban a reír al ver a los demás, y en especial, cómo Lucía y Conrad se aferraban mutuamente dando frenéticos aullidos cada vez que quedaban cabeza abajo.
-¡Gontran!- gritó Jareth y éste le miró. -¡¿Salvo por la estatura no parece haber diferencia de edad, eh?!- señaló a su primo y ambos se largaron sonoras carcajadas.
-¡Oh, no sean malos!- chilló Alin entre los brazos de su esposo.
-¡Jareth, déjalo en paz!- clamó Sarah también fuertemente sujeta a su torso.
-¿Por qué, cosita, si no le he hecho nada?
-Sí, sí.- cerró los ojos abrazándose más fuerte ante otra voltereta.
Ya nuevamente sobre tierra firme, Alin algo mareada se sujetaba de su inafectado esposo. Sarah no soltaba el brazo de Jareth tratando de recomponerse; Conrad y Lucia respiraron aliviados, pero, con una sonrisa en sus labios.
-¡Eso estuvo genial!- clamó Conrad. -¡¿Qué dices, Lu, vamos de nuevo?!
-N-no… Yo paso, por ahora, Sir…
-Conrad. Llámame por mi nombre, Lu. Me aburre lo de Sir. ¡Eh, mira aquello!- la tomó sin aviso alguno de la mano y la llevó hacia el zamba arrastrando al resto detrás.
-Temo que todos terminaremos demasiados agotados si Conrad piensa hacernos ir a su ritmo.- comentó Gontran con un suspiro.
-¿Te pesan los años, cuñado?- giró éste ya en la fila para el nuevo juego.
-No, cuñado; me pesas tú que es distinto.- le sonrió cínico por lo que le respondieron con una larga lengua. Gontran cerró los ojos y sacudió su cabeza. -¿Sabes qué, Jareth? Creo que la niña es más madura que él. Y apuesto a que más inteligente.- Jareth rió.
-¡¿Qué es eso?!- Conrad clamó entusiasmado cuando un carrito pasó vendiendo coloridos copos de azúcar.
-Es una golosina hecha de azúcar.- le explicó Sarah.
-¡Quiero una!- sonrió con amplitud.
-Pero…, si subes allí se te va a caer.- le hizo ver Lucia señalando el artefacto.
-¿Por qué?- cuestionó verdaderamente incauto.
-Pues…,- ella lo miró incrédula de que no advirtiera el motivo -el juego hace que saltes y tienes que sostenerte con ambas manos. ¿No ves?
-¡Oh!- convino serio y volvió a sonreír. -¡Entonces, cuando salgamos de allí vamos a comprar unos de esos!- Lucia sonrojada, como de costumbre, sonrió ante su ocurrente compañero.
-¿No te digo, Jareth? Ella piensa más que él.- susurró Gontran en su oído haciéndolo reír.
-¡Gontran!- murmuró su esposa reprendiéndolo divertida.
Mucho tiempo después de varios juegos y puestos de golosinas…
-Muy bien, primo, ya has satisfecho tu curiosidad con los copos de azúcar, con las garrapiñadas y los helados. ¿Ahora qué quieres, antes de que desaparezcas y tengamos que buscarte con el altoparlante como a los niños.
-Yo ya estoy asqueado de tanto dulce.- se quejó Gontran y miró a su esposa. -¿Tú cómo puedes comer todo eso tan… empalagoso?
-Está acostumbrada a ti.- rió Conrad sujetándose el estómago. Lucia se llevó una mano a la boca, en tanto, Sarah la abrazaba amistosamente.
-¡Conrad, no seas idiota!- protestó Alin.
-¡De acuerdo, de acuerdo! ¿Sarah, qué nos falta?
-Todavía tenemos los autos chocadores, el tren fantasma…
-¡¿Autos?! ¡Yo quiero! ¡¿Dónde están?!- exclamó el joven fey y tras un dedo de su primo señalando el lugar tomó a Lucia de la mano y hacia allí se dirigió. Ya a ésta altura, la chica no se molestaba en mirar si el resto les seguía, sólo se limitaba a sonreír al borde de la risa. No sabía si era más divertido el parque o la loca conducta de éste supuesto 'joven maduro' con quien la habían dejado a cargo. -¡Vamos, Lu; yo conduzco y tú serás mi…! ¿Cómo se dice? ¡Mi copiloto!- los otros fueron tras ellos sin tiempo a respirar.
-Creo que la próxima vez será mejor que convierta a uno de mis goblins en humano en vez de encargarle algo a Conrad.- dijo Jareth.
-Al menos, si no la cura por las buenas lo hará matándola de un susto.- Gontran exhaló un suspiro.
-¡No sean así!- dijo Alin tras verse con Sarah. -¡Ella está sonriendo y ya no se preocupa cuando él la arrastra hacia algún lugar!
-Cierto. Creo que se sentía más tensa con el 'correcto Conrad' que con el verdadero Conrad.- rió Sarah y Jareth la trajo hacia sí para besarla fugazmente en los labios.
-¿Lista para ponerse el casco, mi Campeona?
-Sabes que nunca digo no a un desafío.- se jactó.
-¡Ese es el espíritu que se necesita para ganar!- rió corriendo con ella de la mano para alcanzar a su primo. Alin y Gontran se vieron risueños.
-Bueno, al menos nosotros sí podemos jactarnos de… ser casi normales, ¿no?- inquirió su esposo.
-Nosotros tenemos otras formas de ser más… alocados.- murmuró en sus labios haciendo envidiar a más de un presente.
-¡Ah…!- Alin gritaba ante cada espantajo que se asomaba en los túneles del tren fantasma y directamente iba sentada sobre la falda de Gontran quien la abrazaba con fuerza y le repetía risueño que sólo se trataba de muñecos y que en el Underground había cosas peores que esas. -¡Lo sé, pero…! ¡Ah…!- gritó ante un zombie que les señalaba pidiendo sus cerebros. -¡Son tan… feos!- escondió su rostro en el pecho de él quién reía por lo bajo.
-Mira a Sarah, hasta ahora sólo ha gritado por culpa del ahorcado ese y… ¿Cuál era el otro, conejita?- cuestionó Jareth sentado en el medio del carrito para seis personas.
-El espantoso Rey Goblin.- se mordió los labios y lo tuvo encima haciéndole cosquillas. -¡Ja, ja, ja! ¡No, por favor! ¡Por favor! ¡Era Jack, Jack, el destripador!- él le perdonó por el momento a cambio de un rápido beso. Delante de ellos, Conrad iba cómodamente con sus brazos sobre el respaldo del asiento, quedando uno de ellos tras la cabeza de Lucia quién cada tanto se cubría los ojos.
-¡Mira, mira, Lu!- le señaló el vampiro de oscuros cabellos. -¡¿No te hace acordar a alguien que viene con nosotros?!- espió con maldad hacia el último ocupante del carro que lo observó sagaz sin poder replicar nada porque su esposa ya estaba gritando de nuevo, lo que hizo largar una risotada a Conrad. -¡Y ella grita!
-¡Es espantoso!- comentó la niña con ingenuidad tapándose los ojos otra vez. Su compañero sólo rió más fuerte.
-¡Sí, lo sé! ¡JA, JA, JA, JA, JA!- Jareth y Sarah se miraron y no pudieron evitar reír.
Al fin se detuvieron en un local de comida rápida, claro que hicieron su pedido con la guía de Sarah y de Lucia, ya que ninguno entendía qué podía llegar a ser un 'combo' o una 'hamburguesa doble queso' entre otras tantas cosas más.
-¿Qué trae eso?- cuestionó Conrad cuando vio a un niño, mucho más adelante que ellos en la cola con una cajita de cartón y dibujos.
-Es para los niños. Las porciones son más pequeñas y viene un muñeco dentro de la caja.- explicó Sarah con gran paciencia, pues, los demás ya estaban algo cansados cada vez que oían al fey más joven cuestionar '¿qué es eso?'
-Déjame adivinar.- le sonrió Jareth. -¿Tú quieres uno verdad?
-¿Por qué no?- cuestionó como si tal cosa.
-Quizás porque son para niños y uno piensa que tendrás la suficiente vergüenza para al menos fingir que no lo quieres.
-¿Y por qué yo no puedo tener lo que sí puede tener un niño?
-Porque tú ya no lo eres.- replicó Alin.
-¿Quién dijo?
-¡Jareth, por favor, cómprale su bendita caja con juguete!- pidió Gontran ya algo nervioso. Conrad sonrió de oreja a oreja.
-Qué sean dos. Lu también quiere.- aseguró aún sin preguntarle a la niña. Pero, como fey, él podía saberlo; la chica se sonrojó. -Es… para Anna.- se excusó ante el resto fingiendo seriedad, luego, sonrió cómplice a su compañera. -Ven, vamos a elegirlos mientras tanto.- la llevó de la mano hacia un cartel donde se exponían los mismos. -¡Jareth, éste y éste!- le indicó. Sarah se cubrió la boca tentada, pues, todo el mundo los estaba viendo y no por qué llamaran la atención por sus elegantes posturas y facciones.
-Hora de separarse, mis amigos.- sonrió Jareth viendo ya varias estrellas en el cielo. -¿Lucia, estarás bien o prefieres venir con nosotros?
-Estaré bien.- sonrió con recato.
-Bien, cuida bien a éste atolondrado, ¿de acuerdo?- le sonrió Jareth.
-De acuerdo.- rió.
-¡Oye, Lu, tú tienes que decir que no soy un atolondrado! ¡Hemos pasado por todas éstas difíciles pruebas juntos!- señaló las distintas distracciones del parque y ella rió.
-No son pruebas.- le hizo ver ella.
-¡Claro que son! ¡Recuerda qué compuestos bajamos de la montaña rusa y cómo bajó mi hermana!- la acusada lo atisbó.
-Escojamos un punto para reencontrarnos todos. ¿Bien?- propuso Gontran.
-¿Qué tal la torre con el reloj?- propuso Jareth. -Es lo suficientemente alta como para hallarla con facilidad, es luminosa y es… vinculante.- sonrió a Sarah.
-¡Sí, buena idea!- Conrad le dio una palmada en la espalda a su primo. -¿A alguna hora en especial?
-A las trece.- rió divertido el Rey Goblin.
-Pero…, van a ser las diez de la noche.- Lucia se aventuró a hablar.
-Jareth quiso decir a la una de la mañana, Lucia.- Sarah le sonrió con amabilidad. Y Alin suspiró satisfecha viendo hasta qué punto Sarah ya estaba conociendo a su primo.
-¡Oh! Ya veo.
-Entonces, hasta esa hora.- confirmó Gontran.
-¡Entendido, adiós!- clamó Conrad y nuevamente se llevó a la chica de la mano. -¡Ahora, vamos a buscar más diversión por nuestra cuenta! ¡Mira eso! ¡¿Qué es?! ¡¿Cómo se juega?!- indicó una casa de videojuegos llena de jóvenes y niños por donde pronto se perdieron.
-Pobre Lucia, si no es su bebé que la cansa, es Conrad.- dijo Jareth.
-Pero, ella está riendo. Apenas si lo hace y él la está haciendo reír aún sin querer.- le hizo notar Sarah.
-Una vez más, mi mascota, mi elección es meritoria.- la miró por debajo de sus pestañas rodeándola con sus brazos.
-Te dije que debías darle una oportunidad a tu primo.
-No lo decía por él.- le sonrió ya sobre sus labios.
-Oh.- ella trató de no sonreír, mientras, él la besaba con fugacidad.
-Nosotros iremos a la vuelta al mundo.- comentó Gontran. -¿Ustedes?- Jareth se quedó pensando unos segundos para luego asentir.
-Sí. Hasta allí los acompañaremos. ¿Te parece?- cuestionó a su novia.
-¿Por qué no?- opinó Sarah que no tenía ni idea qué planeaba su prometido.
Gontran y Alin se besaban con ternura en cada vuelta repitiéndose lo mucho que se amaban. Por su parte, Jareth, ni bien se sentó junto a su novia, pasó un brazo por detrás de sus hombros dejando caer su mano levemente por delante de ella quedando a centímetros de su busto.
-Jareth…- lo espió de reojo y él la miró con fingida inocencia. -Si no sacas tu mano de allí lo lamentarás.- El Rey Goblin rió.
-Se suponía que no debías notarlo, cosa preciosa.- ella lo observó con una falsa sonrisa.
-No te preocupes. Contigo voy aprendiendo rápido todos los trucos de un desvergonzado.- Jareth se llevó la otra mano al pecho.
-¡Me hieres!- dijo con dramatismo.
-Eso quisiera.- murmuró y él se largó a reír apoderándose de sus labios antes de que ella pudiera quejarse, entre tanto, la iluminada rueda comenzó a girar. -¡Oh, mira!- tras un momento de permanecer entre sus brazos exclamó al ver pasar un búho. -¡Un pariente tuyo!- él estudió al ave en cuestión y sonrió.
-No es.
-¿Cómo puedes saberlo?
-Somos inconfundibles.- dijo envanecido y ella elevó los ojos al cielo.
-Sí, seguro que en su forma animalística se sienten pavos reales.- Jareth la miró y rió por lo bajo. Era hora de otro beso…
-¡Yo gané, yo gané!- Conrad clamaba a los gritos con los brazos hacia arriba en señal de victoria delante del videojuego de carreras, en tanto, Lucia sentada a su lado, no sabía dónde meterse, pues, todos los estaban viendo.
-Co-Conrad…- iba a decirle que un muchacho no debe gritarle de esa manera a una chica aunque le haya ganado, pero, prefirió callarse.
-¿Qué?- le sonrió con satisfacción, lo cual casi la hacer reír.
-¿Quieres… ir allí?- señaló, en cambio, una calesita.
-¡Oh, no lo había visto!- rió y nuevamente la llevó hacia allí. -Ven, ven, subamos a éstos.- escogió unas motos que subían y bajaban y tenían botones para encender luces y sonidos; a las cuales la ayudó a subir con facilidad sin advertir que la muchacha se puso roja cuando él puso sus manos en su cintura.
Cuando las otras dos parejas descendieron de la vuelta al mundo, distinguieron a sus compañeros en el tiovivo, y rieron. Tal parecía que la estaban pasando bien. Conrad parecía un niño desaforado tocando todos los botones habidos y por haber y Lucia se reía tapándose la cara de tanto en tanto ante las curiosas miradas.
-Qué suerte que nos separamos.- suspiró Gontran aliviado.
-Sí, pero, la que pasa vergüenza ahora es Lucia.- sonrió Jareth. -Ahora, sí, cada quién con su camino.- guiñó un ojo a Gontran.
-De acuerdo. Te propongo un viaje romántico por el túnel del amor.- le sugirió éste a su esposa.
-Sabes que no hace falta insistir demasiado.- rió ella aferrándose a su brazo. Él sonrió ampliamente.
-Hasta luego…- la llevó hacia donde había visto dicho entretenimiento.
-¿Sarah, qué te gustaría hacer ahora?- ella observó a su alrededor.
-Mh…- vio a lo lejos algo interesante. -Te hago un desafío, Señor del Laberinto.- le señaló el juego y él sonrió.
-¡Es muy fácil! ¿Qué apuestas?
-Si gano…- se puso a pensar muy bien lo que le convenía. -Si gano te comportarás en la práctica de mañana.
-¡Qué aburrida! Pero, bien. Si yo gano…- la miró de arriba a abajo y murmuró en su oído algo por lo que ella abrió los ojos con desmesura.
-¡No!- clamó alarmada.
-¿Por qué no?
-¡Porque no quiero!- se puso colorada.
-Y yo no quiero portarme bien en el ensayo. ¿Hice yo tal escándalo?- se encogió de hombros con naturalidad.
-¡Es distinto!
-No es.
-Sí es.
-No es.
-¡Sí es!
-Que no.
-¡QUE SÍ! ¡¿Además…?!- miró a su alrededor nerviosa y bajó la voz. -¿Cuál es la prisa?
-De acuerdo. Sin ver. Sin tocar. ¿Qué ofreces, entonces?- "¡Diablos! ¿Qué puedo ofrecerle sin tener que darle el gusto? Piensa, piensa…" -Para ésta noche, mi mascota.- le sonrió él seguro de que no hallaría algo que lo tentara lo suficiente como lo que él había pedido. Sarah frustrada se cubrió el rostro y suspiró.
-¡Oh…! ¡De acuerdo! Si ganas, sólo una vez, nada más…- él sonrió triunfante, en tanto, ella se ruborizó más -Sólo una mano, por encima de la ropa y sólo… un lugar.
-Aburrido.- suspiró. -Pero…, está bien. Tenemos un trato si escojo el cuándo.- puso su brazo sobre sus hombros yendo hacia el laberinto de cristales.
-Mh… Bien. Y no vale que uses ningún poder, si lo haces, entonces, se rompe el trato.- le advirtió. "Tengo que ganarle, tengo que ganarle. ¡Lo hice una vez en su propio laberinto y aquí es el Aboveground!"
-Muy bien, sin poderes.- prometió muy confiado. "Tengo que ganarle, tengo que ganarle. Soy el Amo del Laberinto, ¿qué tan difícil puede ser uno hecho por un mero humano? Y el premio bien vale la pena."
-¿Caballero, no quiere medir su fuerza?- cuestionó el empleado señalándole la enorme maza al hombre alto de cabello castaño, a su lado, una preciosidad de cabellos casi rubios.
-¿Y…, para qué?- cuestionó con sus ojos pardos entrecerrados.
-Pues, puede intentar ganar un encantador muñeco de peluche para la dama. Aquel es el premio mayor.- señaló un águila de felpa.
-¡Ay, lo quiero, lo quiero!- Alin juntó sus manos reiteradamente como una chiquilla.
-Aquí cae otro.- se escucharon las carcajadas de un grupo de rústicos hombres bebiendo cerveza tras el fracaso de varios de ellos. -Nadie va a poder superarte, Billy. Tú fuiste el único en pasar la mitad del medidor.- se dirigió a un enorme sujeto pasado de anabólicos.
-¡Oye, cariño, si quieres yo tengo un muñeco para ti!- habló el nombrado y hubo más risas. Gontran los observó de reojo con una mirada asesina. -¡Uh…! ¡Cuidado que su novio se enfada!- Alin sujetó su mano para que no fuera a pelearse. Él volvió la atención a su esposa.
-¿Dime, amor, tú lo quieres?
-Sí, pero…, no quiero que te metas con esos sujetos.
-Si lo quieres, lo tendrás. No hay necesidad de que le ponga la mano a esos… mequetrefes. Oye, muchacho, dame eso.- le señaló el pesado martillo. El joven lo tomó con esfuerzo y se lo acercó. Alin se corrió a un lado para darle espacio.
-¡Ja, ja, ja, ja! ¡Él muchacho va a intentarlo!
-¡Sólo pasarás vergüenza delante de tu noviecita! ¡Muñeca, si te defrauda puedes venir con el buen Billy!- continuaban molestando. Gontran vio de reojo que ella estuviera segura y apretó los dientes deseando usar el martillo en el tal dichoso Billy. Entonces, elevó la masa por el aire con una sola mano como si se tratara de una simple vara y la precipitó sobre el centro del aparato. El indicador voló hacia lo más alto haciendo sonar una sirena y encendiendo luces, dándolo por ganador bajo el aplauso de algunos curiosos que acertaron a pasar por allí. El empleado quedó alelado junto con el desagradable grupo de individuos que pareció olvidar que las botellas debían estar derechas para que no perdieran su contenido. Cuando giró, lo hizo con una gran sonrisa y Alin colgada de su cuello besándolo. Gontran entregó el martillo al delgado muchacho que casi se cae al sostenerlo y miró con burla al grupete.
-Ahora, el premio para MI ESPOSA, por favor.
-¡S-sí, señor!- el joven sonrió atónito y fue en busca del muñeco. -¡Aquí tiene, señor!- dijo con entusiasmo. -¡Usted es genial, señor! ¡Nadie lo ha hecho antes y llevo tres años trabajando aquí!
-Bueno, muchacho. Cuando una mujer desea algo, tienes que dárselo, no sólo…- espió otra vez al grupo con maldad -jactarte de ello.
-¡Lo recordaré, señor!- el muchacho cabeceó totalmente fascinado, viéndolos partir. -¡Wow…! ¡¿Oye, Billy, no quieres volver a intentar?!- el hombre, aún sin palabras sólo pudo negar con la cabeza. ¡Y con una sola mano! ¡¿Cómo un sujeto como ese no iba a tener semejante belleza a su lado?!
Conrad y Lucia estaban muy concentrados en pegarle con los martillos de goma a las marmotas que aparecían por los orificios del juego.
-¡Pégale! ¡Pégale, Lu! ¡Bien!- reía y ella cada tanto daba algún que otro gritito de alegría o de sorpresa. -¡Estúpido roedor!- clamó cuando el partido terminó. Miró a su lado y notó que la chica se había dirigido como hipnotizada hacia una máquina que contenía diversos juguetes de peluche. Casi sin darse cuenta, ella acercó la nariz al vidrio con una dulce sonrisa en sus labios frente a un pulpo púrpura. -¿Quieres ese?- le cuestionó el reflejo del joven fey cruzado de brazos a sólo pasos tras de ella. Lucia dio vuelta su rostro para verle.
-Es que… pensé que a Anna le gustaría… Yo… nunca pude comprarle nada así…- se lamentó volviendo a ver el suave muñeco.
-Mh…- pareció estudiar el aparato. -Déjame probar suerte. ¿Debo hacer que esa pinza lo tome y luego?
-Debes llevarlo hasta allí.- le indicó el agujero por donde debía caer el muñeco para poder obtenerlo. -Pero, es muy difícil, el tiempo es corto y tiene esos otros muñecos encima. No te preocupes.
-Lu,- la miró tan de cerca que ella echó la cabeza hacia atrás -para mí no hay imposibles. Y…, ahora también quiero que Anna lo tenga.- aseguró poniendo la ficha para jugar. La primera vez sólo pudo hacerse de un llavero con un oso panda. Lucia no podía creer que pudiere sacar algo tan rápidamente, pues, no sólo era difícil sino casi imposible obtener algo de dichas máquinas. La segunda, un unicornio y la tercera la vencida… -¡Taratatá tatá!- cantó sacando el pulpo por donde se deslizaban los premios y lo hizo bailotear delante del rostro de ella. -¡¿Qué tal, eh?!
-¡Oh, Conrad! ¡Eres… un genio! ¡Asombroso!- su contento era más que genuino.
-Nah… No es nada.- se miró las uñas y se las frotó en su pecho. -Ahora, repartamos el botín, tú te quedas con el unicornio porque eres una niña y a los unicornios les gustan las niñas.- al tomarlo, ella sonrió con cierta pena, a los unicornios les atraían las doncellas, ella… -¡Oye, oye!- la reprendió obligándola a verle con un dedo en la barbilla. -Tú eres una niña y una fina damita muy especial, yo soy como un unicornio, más o menos, soy un fey, así que si yo lo digo es porque es. Que no se te olvide.- apretó su nariz con su dedo como si se tratase de un timbre; ella sonrió después de la inicial sorpresa. -Yo me quedo con éste.- miró al panda colgando de su dedo. -Lo pondré en la cabecera de mi cama. Y éste, será nuestro regalo para Anna.- hizo bailar otra vez al pulpo.
-¿Nuestro?- cuestionó confundida.
-¡Claro! Tuyo y mío. ¿De quién más? ¡¿Oh, qué es eso?! ¡Yo no lo probé!- otra vez la llevó de la mano a las corridas hacia otro puesto, ésta vez era un vendedor de maíz inflado. Lucia aferraba con fuerza a su unicornio.
-¡Ja, ja, ja! ¡¿Por qué esa cara, Rey Goblin?!- se mofó Sarah esperándolo afuera del laberinto.
-Ja, ja, ja. ¿Por qué la alegría, cosita? Si no es hoy será otro día.- le sonrió con descaro.
-Pero, no hoy, 'Rey Goblin.'
-¿Quién sabe?- rodeó su cintura sonriéndole con provocación.
-¿Qué ya no te acuerdas lo que te pasó ayer?
-Sí, recuerdo eso,- tocó levemente la mejilla donde había recibido el golpe aquella vez. -pero, más recuerdo…- miró su mano derecha junto a un suspiro -¡Qué hermosa memoria!- Sarah entrecerró los ojos.
-¿Sabías que eres odioso?
-¿Sabías que eres quisquillosa? Siempre buscas algo para pelear.
-¿Yo? ¿No será porque tú empiezas con cosas como esas?
-Yo soy generoso.- le recordó él y antes de que ella refutara agregó: -Recuerda quién ganó la apuesta anterior…- canturreó y ella suspiró vencida.
-De acuerdo. Haya paz, entonces.
-Hecho.- volvió a tentarla acariciando sus labios con los suyos, y tras un apasionado beso se pusieron a caminar por la kermés. En uno de los puestos, había que volcar unos muñecos de madera con unas pelotas. Jareth vio el premio y rió. -Mira, se parece a ti.- señaló la enorme coneja rosa de peluche.
-¿Por qué se parece a mí?
-Por lo bonita, nerviosa y…- la miró otra vez de esa manera que hacía acelerar su corazón -apetitosa.- hizo una media sonrisa. Ella elevó sus ojos al cielo, luego, estudió a la coneja. Era preciosa. ¡Hasta tenía un vestidito! -¿La deseas?- le cuestionó.
-Mh… ¿Qué si digo que sí?
-Dalo por hecho.- le sonrió.
-¿Harás… trampa?- murmuró preocupada.
-Cosa preciosa, yo no necesito de eso. ¿Acaso has visto a algún otro fey jugar con los cristales como yo?
-No, realmente.- contestó.
-Entonces, dame mi amuleto de la suerte.- la besó y se acercó al puesto con ella de la mano. Pronto, el puestero le dio cinco pelotas, y le explicó las sencillas normas del juego.
-Muy bien, muchacho.- dijo risueño sin quitarse el cigarro de sus labios. -Si consigues derribar tres de éstos te llevas el premio consuelo.- señaló varios muñecos pequeños que podían pasar por espantajos. -Si consigues derribar cuatro, éste otro,- mostró un mono hecho con poca gracia. El sujeto rió por lo bajo. -Y si le das a cinco, entonces, el premio mayor.- Jareth lo observó con sorna.
-Yo siempre obtengo el premio mayor, 'viejo.'- Sarah se mordió los labios. Ser el Rey Goblin era más fuerte que él, y ahora había agregado algunos modismos de los jóvenes humanos. ¡Genial! Suspiró. Él sopesó las esferas de goma en su mano. Sí…; no era lo mismo que sus cristales, pero, no había gran secreto en el moverlas o arrojarlas, allí no ayudaba la magia, sino, la práctica. Llevó un brazo hacia atrás para impulsarla; a Sarah eso le trajo memorias de cuando estuvieron por primera vez en el Escher Room y pensaba que a él también, ya que silbaba alegremente la canción 'Within you.' En su vida pensó que esa melodía podía sonar tan burlona, aunque no fuera dirigida hacia ella. Cinco minutos después, al hombre se le cayó el cigarro de su boca abierta. -Bueno… Ahora, quiero mi premio.- sonrió con desparpajo al sujeto y lanzó una traviesa mirada a Sarah. "¡Glup! ¿Qué se vendrá ahora?," ella pensó. Jareth volvió a dirigirse al hombre que todavía no comprendía cómo lo había hecho pese a las trampas puestas en los distintos balones. El Rey Goblin se puso los puños en la cintura. -¡Ya mismo, 'viejo,' yo no tengo todo el día!- clamó con su acostumbrada soberbia haciendo que el hombre reaccionara con premisa.
-¡S-sí, Señor! ¡Aquí tiene!
-Gracias.- dijo satisfecho tomando el peluche. -Ahora, mi amor, aquí tienes.- Sarah sonrió con contento y dulzura, era su primer muñeco de su primer novio. Un momento culminante para una chica… La emoción fue más fuerte que ella y sujetando a la coneja con un brazo, con el otro se colgó de su cuello para besarlo.
-¡Gracias! ¡Lo amo, Rey Goblin!- él se tensó y sus miradas se cruzaron. Sarah se puso roja y bajó la suya. -El… muñeco, quise… decir.- "¡Pronto, cambia el tema! ¡Pronto!"
-Eso pensé.- dijo él intentando esconder sus emociones. Sarah se mordió los labios.
-Bueno…, si… nos queda tiempo…
-Tenemos todo el tiempo del mundo.- la miró directo a los ojos por lo que ella respiró hondo.
-¿Entonces…, te… gustaría ir allí arriba conmigo?- señaló los pequeños teleféricos que recorrían el parque. Él elevó sus ojos para ver lo que ella indicó y sonrió.
-Me gusta. Allí no hay salida.- la espió de reojo.
-Eh… ¡Mejor vamos a algo menos peligroso como… ese simpático trencito!- señaló la locomotora con rostro que acarreaba niños en sus vagones.
-¡De ninguna manera, cosita! ¡Tanto tú como yo NUNCA damos la espalda a un desafío! - la sujetó de la mano y la obligó a avanzar hacia la estación de los teleféricos. -¡Peligro es nuestro segundo nombre!- sonrió viéndola tironear para el otro lado. -¡Vamos, vamos, Sarah mía! Pareces una encaprichada chiquilla de cinco años.
-¡No quiero viajar allí contigo, 'Rey Goblin'!
-¡Ah, cosa preciosa! Realmente, puedo llegar a terminar exhausto de estar a la altura de tus expectativas sobre mí. 'Quiero ir allí arriba, ahora no. Mejor allá y luego, mejor no.' ¿No te cansas de correr ese laberinto tuyo sin salidas ni distracciones?- ella dejó de forcejear cuando la gente comenzó a observarles. -Le tiene miedo a las alturas.- sonrió Jareth a una familia que se había quedado viéndolos con curiosidad y sonriendo quedamente siguieron camino.
-¡Yo no le temo a las alturas!- ella le aseguró entre dientes cuando los curiosos se apartaron.
-Muéstrame.- se inclinó camorrista con una pícara sonrisa cuando ella se sonrojó al ver a dónde había ido la bicolor mirada. Jareth dejó el escote para regresar a sus ojos. -Que… no tienes miedo, quise… decir.- la imitó.
-¡Yo no tengo miedo!- continuó porfiada.
-¡Bien!- le sonrió para continuar camino aún con su mano atrapada. Sarah no estaba muy segura de si lo que acababa de hacer era muy inteligente, pero, no podía pasar por cobarde. ¡No delante de él!
-¡Oh, Jareth, Sarah!- Alin clamó al verles llegar detrás de ellos. -¡Qué casualidad, nosotros también decidimos subir a éste antes de irnos!
-¡Qué bueno!- sonrió Sarah a sabiendas que en uno de los carros entrarían los cuatro con muñecos y todo. -¡Será divertido ir todos juntos!
-No. No lo es. Éste es un paseo romántico y no pienso molestar al buen Gontran cuando puede disfrutar tanta diversión con su mujer. Sarah, cosita, no seas egoísta.- la miró sobrador y ella entrecerró sus ojos vengativa.
-Por mí…- iba a replicar el otro fey, pero, ante una observación de advertencia cambió la dirección de las palabras -Sarah, ¿lo harías por mí?- simuló una sonrisa de súplica. La chica suspiró rendida.
-No quiero subir.- murmuró y Jareth rió por lo bajo, en tanto, Gontran sonrió con jocosidad. Seguro que ya anduvieron discutiendo; esos dos no podían estar demasiado tiempo juntos y tampoco el uno sin el otro.
-No te preocupes, mi mascota.- la trajo hacia sí con una mano en su hombro. -Yo cuidaré de que no te pase nada.
-¡¿Qué cosa horrible es esa que tienes, hermana?!- apareció Conrad de la mano de Lucia y en la otra llevaba una bolsa con varios muñecos más de los que ya tenían. A su vez, Lucia tenía el unicornio con ella y una bolsa más pequeña con golosinas.
-Es una águila y Gontran la ganó para mí con su fuerza.- explicó orgullosa.
-¿Qué no te alcanza con el pajarraco feo que ya tienes que le pediste otro?- rió.
-¿Conrad, sabes qué? Creo que… hay un par de juegos que he visto por aquí que me gustaría 'practicar contigo.'- Gontran señaló su propia frente. -Mira aquí, chico astuto.- le sonrió con perversidad. El joven fey se concentró en la mente de su cuñado. Sus ojos se desorbitaron. Ciertamente no deseaba ser golpeado con una masa para que su cabeza quedara estancada en un techo, ni tampoco que lo usara de ahorcado en el tren fantasma, ni nada de lo que se le ocurriera a esa diabólica mente.
-¡Je, je!- forzó una risa. -Muy lindo el bicharraco, hermanita. El de peluche, digo.- sonrió y Gontran lo miró con una mirada torva. Entonces, advirtió que Sarah también tenía lo suyo. -¡¿Y a ti?! ¡¿Te consiguieron una doble, eh?!
-Sería agradable.- sonrió comprometida. El Rey Goblin amplió su sonrisa trayéndola más hacia a sí para besar su mejilla.
-Pero, yo siempre iría tras la original.- le aseguró con afición. Ella sólo se limitó a exhalar otro suspiro.
-No lo dudo.- decidió cambiar de tema. -A ustedes dos no les ha ido mal.- reparó en la bolsa que sostenía Conrad.
-Lu y yo estuvimos de suerte.
-¡Qué hermoso unicornio, Lucia!- notó Alin con dulzura.
-¡Es cierto! ¿Dónde lo obtuviste?- Sarah cuestionó amistosamente a la más joven. Lucia se sonrojó y bajó la mirada.
-Co-Conrad me… lo regaló.- explicó apenas con una voz audible. -Y… esos son para Anna.- señaló la bolsa. El fey sonreía con orgullo.
-¿Tantos?- cuestionó Jareth extrañado ante la exageración, aunque, siendo su primo debía considerarlo normal.
-Sí.- clamó Conrad. -Se los gané a ese tonto aparatejo y me peleé con un chiquillo que pretendía quitarme mi panda.- Orgulloso les mostró el llavero que ahora colgaba junto al bolsillo de su bermuda. El resto estudió el objeto, al muchacho, al objeto y de nuevo al joven.
-¿Te peleaste con un niño por… eso?- Jareth le cuestionó incrédulo.
-¡Por supuesto… que sí!- confirmó hinchado. Lucia a su lado se ruborizó más y no supo por qué sintió la necesidad de aclarar.
-Yo… le di otro a cambio.
-Y no debiste hacerlo, era para Anna.- frunció el ceño. -Y no me permitiste reclamárselo.
-Es que… era un niño.- quiso hacerle ver.
-Uno muy ofensivo.
-Pero…, tenía como ocho años y… le dijiste cara de sapo y…
-¡Él empezó!- se justificó.
-¡Cielos!- clamó Gontran sin poder dar crédito a sus ojos.
-Hermano…, de veras me preocupas.
-¿También te peleas así con mis niños?- le cuestionó Jareth.
-Si ellos me provocan…- elevó su hombro. Sarah se llevó una mano a la boca. ¡Cómo quisiera soltarse a las francas risotadas!
-¿Y…, para qué son todas esas golosinas? ¿Para Anna?- Sarah intentó desviar la conversación al ver que los otros tres seguían con sus inquietas miradas sobre el fey.
-No.- sonrió Lucia. -Anna es muy pequeñita aún. Conrad las compró para comerlas en el paseo en el teleférico y para que el cocinero de su cas…- la mano le cubrió la boca.
-Lu, no seas chismosa.- le sonrió al resto. -Son para ella. Pero, gracias por estropear la sorpresa.
-Sí, seguro.- Gontran sacudió la cabeza. -Ven, amor, ya casi es nuestro turno.- se adelantó con su esposa.
-¿Lista, mi chiquitita?- indagó Jareth a Sarah con una mano en su cintura.
-Es… un reto, ¿verdad?
-Por supuesto.- contestó con ganas de reír. La ayudó a pasar primero y se sentó a su lado con su brazo sobre sus hombros, mientras, el empleado cerraba la puerta para seguidamente volver a enfrentar a sus siguientes viajeros, Conrad y Lucia. -Una… hermosa vista.- comentó él viéndola con una mueca en los labios.
-¿Le sorprende a alguien que puede volar cuanto quiera?- cuestionó evitando verlo. Apenas él hizo un movimiento para acercarse y, de súbito, la coneja quedó entre ambos. Jareth dio un respingo antes de que la oreja del muñeco se le metiera en un ojo.
-¡Oye!- se quejó molesto. -¿Qué necesidad de poner a 'Sarah 2' en el medio?
-Se me cansó el brazo por tenerla y no es 'Sarah 2.'
-Bueno…, conejita, si no te corres…- la tomó de imprevisto y la puso contra la ventana, pasándose inmediatamente junto a Sarah.
-¡Oye!- protestó ella. -¡¿Qué haces?!
-Todavía nada.- sonrió con ella en brazos. -Si quieres, pregúntame, luego.- la besó pese a sus protestas. La mano de Sarah, danzando primero en el aire ante el atropello, se auxilió apoyándose en el vidrio con cierta desesperación al sentirse caer sobre el asiento. La misma, segundos después, se reunió con los pálidos mechones de la nuca. El dulce sabor de sus labios era tan intoxicante como su esencia… Sus latidos iban a mil por hora y podía sentir los de él tan rápidos como los de ella. Se preguntaba si sentiría lo mismo. Aquellos labios rememoraron la piel de su oreja, de su cuello, se posaron a la altura de sus clavículas y descubrieron sus pectorales mayores… Sarah apenas podía imaginar tantas diversas emociones juntas y tan sólo se dejaba arrastrar a ese suplicio a la cual él la sometía… -Sólo una vez…,- murmuró sobre su escote -sólo una mano…,- ahora en su hombro -por encima de la ropa y sólo…- siguió murmurando camino a su cuello -un lugar…- dijo finalmente en su oído. Los ojos de Sarah se desorbitaron cuando advirtió que la mano que estaba en su cintura comenzó a ascender. ¿O sea…, que incluso había planeado qué tocar…? Sus pensamientos se perdieron y sus latidos se detuvieron por un segundo cuando la cálida mano se posó entre sus pechos, donde sus latidos se oían con más fuerza. -Esto es lo que más ansío acariciar, mi cosa preciosa…;- la miró a centímetros de su rostro. -antes, durante y después.- Sarah apenas podía respirar. Él le sonrió para volver a apoderarse de su boca. "Sí, mi amor. Te amaré y… te enseñaré a amarme con el tiempo. Te lo prometo."
Gontran y Alin se sonrieron al notar que los ocupantes del teleférico siguiente al de ellos descendieron componiéndose un poco con el mayor disimulo posible, pese a que nada pudieran hacer con sus labios inflamados. Ahora, era Jareth quién cargaba a 'Sarah 2.'
-¿Qué tal el paseo?- cuestionó Gontran, por lo que recibió un disimulado pellizco de su esposa, el cual resistió heroicamente.
-Regular.- Jareth aclaró su garganta. -Tú sabes, es mejor el volar por sí mismo.
-¡Yo no tengo duda alguna de eso!- casi ríe el fey morocho. Y Alin clavó su taco con táctica en su pie por lo que sólo dejó escapar aire de su boca entreabierta.
-Allí vienen mi hermano y Lucia, MI AMOR.- lo miró directo a los ojos.
-De acuerdo. Veamos.- sonrió con maldad.
-¡Gontran!- lo reprendió pellizcándolo ahora a la altura de sus costillas, por lo que éste chilló con un leve '¡auch!' y una contracción. Conrad bajó con una mano en el hombro de Lucia, la cual no parecía estar incómoda al respecto. Ambos tenían en sus bocas algo masticable.
-¿Qué estás comiendo ahora?- Jareth indagó curioso.
-Goma de mascar. No se come.- aclaró por lo que su compañerita le había explicado.
-¿Cómo que no se come? ¿Para qué lo masticas, entonces?- ésta vez fue Gontran quién pecó de curioso dando un paso hacia su cuñado.
-Magia mortal. Mira.- le pidió e hizo unos extraños movimientos en el interior de su boca cerrada. Entonces, algo comenzó a crecer y crecer hasta que… ¡PLAF! Justo frente a la cara de su cuñado. Gontran cerró sus ojos y se pasó una mano sobre su rostro para quitarse lo que fuera que la explosión le hubiere arrojado. Conrad forzó una sonrisa. -Eh… Lu me enseñó.- la trajo hacia él.
-Creo que tendrás que ir con Lucia a cuestas para salvar el pellejo, mi buen Conrad.- le advirtió.
-¡Oh, vamos, no seas así!- rió Alin. -Déjalos tranquilos. Han pasado un buen rato y eso es lo que importa. No te ha hecho nada,- revisó su rostro -no es momento para que comiences a ser tan meticuloso.- Por detrás de ella, Conrad le sonrió de nuevo y huyó para el lado de Sarah y su primo con Lucia en su brazo.
-Bueno, chicos, temo que es hora de irnos. Vamos a la salida y busquemos un lugar apartado.
-¿Vas a poder con todos y todo, Jareth?- inquirió preocupada Alin.
-¿Primita, con quién crees que estás hablando?- sonrió jactancioso y todos partieron rumbo a las puertas principales. Seguramente encontrarían algún rincón solitario. -¿Se quedarán verdad?
-¡Oh, no, lo siento, Jareth! Pero, tenemos todo nuestro vestuario en casa para la boda.- explicó Alin.
-Puedo hacerlo traer.- replicó él. -Quédense.- insistió. Alin observó a su primo y luego a su prometida. ¿Por qué tanta reincidencia? Bueno, recordaba lo ansioso que Gontran se había puesto los últimos días y a su vez, ella más susceptible a sus intentos de obtener un previo a la noche de bodas. ¡Incluso su noche de bodas fue de lo más inverosímil! Apretó los labios.
-Mh… De acuerdo. ¿Verdad, amor? Mañana podemos traer el resto de las cosas.- lo miró confidente. Gontran dio una rápida mirada a los otros por encima de la cabeza de su amada y consintió.
-No hay problema. Conrad podría irse a casa y venir el día de la ceremonia.- sonrió con maldad.
-¡Oye!- se quejó. -¡Yo no quiero irme ahora! Además, papá vendrá mañana, y por lo tanto, no tiene sentido.- Jareth rió ante sus protestas.
-De acuerdo. Entonces, nadie se va, y todos son bienvenidos.- trajo a Sarah hacia sí. -¿Verdad, mi chiquitita?
-Sí.- sonrió con timidez. 'Esto es lo que más ansío acariciar, mi cosa preciosa…; antes, durante y después.' Con sólo recordar sus palabras su cuerpo y su alma reaccionaban de forma extraña. "Mañana, sólo un día," se recordó.
N/A: Gracias por sus reviews y palabras y compañía a: Moonlightgirl; Dogmalaley; Krissel y Lain. Espero que les haya gustado este capi. Lo he publicado con mucha ilusión, pues, yo me divertí mucho pensándolo y haciéndolo. Era casi como estar allí. ; ) Les mando un gran abrazo. Y, no se me duerman, que aún queda más, pero, será la próxima semana.
AmaterazuHime.
