CAPÍTULO 42: THE WEDDING SONG
N/A: ¡Hola, Feliz Halloween! ¡Qué día más propicio para la boda del Rey Goblin! ¿No creen? ¡Halloween! ¡Qué emoción, después de 41 capítulos al fin llegó el momento esperado por todos!
En verdad espero que les guste como he plasmado esta importante ceremonia.
Como siempre, gracias a todas, Krissel, Dodgmalaley, Megumisakura; Lain; y Moonlighgirl. Son simplemente adorables, tanto que temo que nuestro soberano las quiera convertir en goblins en un día como el de hoy… ¿Trick o treat? XD
CAPÍTULO 42: THE WEDDING SONG. (LA CANCIÓN DE BODAS.)
Disclamer: La canción "The Wedding Song" es de ese sexy, talentoso hombre llamado David Bowie. Labyrinth, como siempre, pertenece a sus dueños. Asi que yo me quedo con mis propios personajes y todos en paz.
-¡Muy buenos días, Lady Sarah!- la despertó la alegre voz de Twig corriendo las cortinas de la ventana permitiendo entrar el sol. -¡Ya es hora de tomar un buen desayuno junto a Su Majestad para seguidamente tomar un buen baño y empezar a preparar a la novia! El almuerzo tendrá que tomarlo sola o con Lady Alin o la joven Lucia, si gustan.- Sarah se desperezó y se sentó en el lecho. Hoy era el gran día. ¿Por qué sentía que no podía bajar los pies de la cama? ¿Nervios? Todos. ¿Miedos? Todos. Pero, ella había hecho una promesa. "¡Vamos, pies!"
-Buenos días, Twig.- le sonrió.
-My Lady,- la miró con aprecio -hoy es uno de los días más felices para todo Labyrinth.
-¿Sólo porque yo me caso?- bromeó tratando de despabilarse.
-¡Sólo porque Su Majestad y usted se casan, sí! ¡Labyrinth está tan orgulloso de ustedes! ¡Y todo el Underground!- rió. -Ahora, ¿qué le gustaría usar durante el desayuno? ¿Algo que a él le dé en qué pensar hasta la noche de bodas o algo que lo desanime hasta entonces?
-Tú eres bastante diablilla, Twig.- rió Sarah.
-¡Por supuesto que sí!- espetó con satisfacción. -¡Soy un goblin, My Lady!
-¿Él pasará por mí?
-Como todas las mañanas, My Lady.- le sonrió ahora acordonando el corset para pasar el vestido sobre su cabeza. Esa prenda no lo había usado tratando de mantenerla como un recurso más contra la tal 'condesa.' "Ahora, eso no tiene sentido así que… ya que yo estoy tan nerviosa con respecto a lo que ocurrirá este día, ¿no es justo darle al 'Rey Goblin,'" se dijo con una sonrisa recordando cómo pidió su mano esa mañana y el apasionado beso con el que se habían despedido en la puerta de su habitación; "algo en qué pensar a lo largo del mismo?" Claro que, después ella tendría que pagar las consecuencias de esa larga espera, pero, ¿no lo pagaría igual? Por lo menos, era mejor sentirse culpable al respecto. Volvió a reír. -¿My Lady?- le cuestionó Twig con curiosidad.
-No te preocupes, creo que… me estoy volviendo medio goblin.- volvió a reír y la mujer sonrió viéndola por el espejo.
Jareth, vestido de pantalón beige, camisa blanca y chaleco oliva, se calzó las botas y los guantes. Brisky lo miraba con una sonrisa a flor de labios. Su señor era el más elegante de todos. Y cuando se vistiera para la ceremonia, todas suspirarían por la fortuna de Lady Sarah. Esa mañana Twig lo había apabullado con preguntas con respecto a cómo había ido todo en el Aboveground, y él se vio en la necesidad de comentar lo poco que sabía.
-Un excelente día, ¿verdad, Su Majestad?-
-Uno de los mejores.- Jareth le miró con picardía y le respondió ahora con un sólo guante en mano.
-¿Uno de los mejores?- cuestionó Brisky sin comprender. -Pero…, Su Majestad, ¿por qué este no es el mejor de todos?
-Porque… este es el comienzo de muchos otros. Y este, sólo puede completarse una vez que ella…- "Me ame." -Bueno, sólo entonces será el mejor.- dijo ante el confundido goblin, que aunque habituado a que Su Majestad a veces hablara como si él pudiera leerle sus pensamientos, su habilidad de acertar se limitaba al conocimiento de su soberano tras largos años de eficiente servicio. -Pero, sí, hasta ahora, es el mejor por venir.- le sonrió. -¿Twig te comentó algo?- tenía la esperanza de que ya hubiera visto a Sarah y le hubiere confesado alguna cosa.
-No la he visto desde que ustedes llegaron, My Lord. Ella en estos momentos está tan atareada como yo.
-Tienes razón. ¿Mi tío?
-Está aguardándolo en el pasillo.
-¿Por qué no entró?
-Creo que estaba hablando con Lord Gontran y Lady Alin.
-Entiendo. ¿Podrías hacerlo pasar, por favor?
-Por supuesto, My Lord.- Segundos más tarde, Erwin ingresó a la alcoba del monarca.
-Buenos días, mi muchacho. ¿Hermosa mañana, no es así?
-Buenos días, tío. Para mí recién está saliendo el sol,- mostró una amplia sonrisa enfrentándolo -así que será hermosa ni bien salga por esta puerta y se abra otra.- Erwin rió cruzando sus brazos.
-Bien dicho, mi muchacho.
-¿Está todo listo?
-Cada pequeña cosa que me encomendaste. Pero, aún sigo pensando que deberías haberlo hecho personalmente.- Jareth suspiró.
-No, tío. Así es mejor. Ser… imparcial. De todas formas, ellos aún deben desconfiar y se hará el anuncio frente a todos, excepto frente a quien me interesa sorprender.
-De acuerdo.- sonrió pensando en que él tenía razón.
Cuando Jareth se topó con la mujer de sus sueños vestida de color amarillo imperio con algunos sinuosos detalles en blanco, casi pierde el aliento. El vestido era simple, pero, bello y ella lo hacía resplandecer. Sus hombros quedaban absolutamente libres, y sus pechos cubiertos únicamente por un plisado sobre otro en forma de pequeño abanico. Debajo de este, apenas terminaba la línea del busto, una cinta del mismo género estrechaba su contorno ayudada por un delicado medallón de diamantes. Esta terminaba mucho antes de llegar a las últimas costillas, de donde aferraba la tela con frunces, cayendo el resto libremente hasta tocar el piso haciéndola más esbelta. Su cabello había sido levemente rizado por delante y hacia afuera para despejar su rostro sin necesidad de hebillas ni apliques; algo mucho menos complejo que en su primer Ballroom, pero, de ese estilo.
-Buenos días, mi…- se quedó callado.
-Buenos días, My Lord.- rió ella divertida. ¡Ahora se daba cuenta de que le encantaba dejarlo sin palabras de vez en cuando! Él sólo pudo admirarla una vez más de pies a cabeza y tomarla entre sus brazos olvidando protocolo y demás para besarla apasionadamente.
-Buenos días, cosa preciosa. Dame sólo un motivo por el cual deba esperar a que ese fastidio de sacerdote nos case.
-¿Por qué… has esperado tanto que unas horas más no son demasiado?
-Con eso no me convences.- murmuró en su oído con hilaridad.
-Entonces, porque, ¿para qué he estado horas parada como una estatua para que tus goblins hicieran mi bonito vestido?
-Podría vértelo puesto más tarde.- sonrió con encanto.
-¿Y… cómo le explicarías a los miles de invitados?- él rió por lo bajo.
-Allí tienes un buen punto, aunque…, aún así podría buscar, no, me corrijo; tengo una buena excusa aquí en mis brazos.
-Yo tengo una buena excusa para lo contrario, aquí en mi mano.- palmeó con suavidad su mejilla. Él le dio otro beso riendo y la condujo con una mano en su cintura.
-Estás más que hermosa. Lástima que después del desayuno nos separen forzosamente para no vernos hasta que llegue la ceremonia. Espero que algún día vuelvas a usar este vestido,- señaló el que llevaba puesto y conjuró seguidamente un cristal en su mano libre -y este, y este otro…- le iba mostrando. Ella no pudo evitar reír.
-¡Jareth, es más fácil que digas que quieres que vuelva a usar todos! ¿Acaso todos te resultaron tan bonitos?
-Unos más que otros.- confesó con travesura. -Sólo que no los he podido disfrutar a pleno.- ella elevó una ceja.
-Oh. Yo pensé que eran para que yo los disfrutara.
-Bueno, sí…; también, pero…, algunos se verían muy lindos en el suelo de… nuestra recámara.
-Si tan sólo quieres tirar mi ropa al suelo, lo hubieres dicho. Mi guardarropa te espera cuando gustes.- dijo con maldad, por lo que se ganó que la arrinconara otra vez, esta vez ya a mitad de las escaleras, donde se besaron con ansias.
-Sabes bien a qué me refiero.- le dijo viéndola con dulzura, esperando que sus palabras no la amedrentaran.
-Ah…- fingió un suspiro. -Rey Goblin, creo que usted deberá tomar nuevamente clases con Sir Medardo. Sus modales dejan mucho que desear. ¿O quizás debamos llamar una vez más a Lady Brigitte?- él sonrió con atrevimiento.
-¡Eso ni pensarlo!- chilló risueño pensando en lo estricta que era aquella fey. -Y por otro lado…, aún no has visto ni la mitad de lo que Sir Medardo no consiguió enderezar de mi persona.
-¿Aún hay más? ¡Vaya, vaya, Su Majestad! Creo que tendré mucho trabajo por delante.
-Y yo te lo daré encantado, mi conejita.- clamó sobre sus labios que se detuvieron al oír la risita de Lucia y Conrad.
-¡Lo siento!- clamó este último con un brazo ocupado por la pequeña Anna y la otra mano entrelazada en la de Lucia. -Esta vez fue sin intención. Ustedes están en medio del camino hacia el comedor.- se hizo el estirado para después sonreír con maldad.
-Bueno, si no fuera porque tienes tus brazos ocupados te ayudaría a 'saltar' el obstáculo que significamos en tu sendero hacia abajo.- le respondió su primo con igual gesto.
-¡Oh, bueno…, verás, tanto Anna como Lu no pueden vivir sin mí! Están todo el día encima mío,- Lucia abrió la boca anonadada y sonrojada -y como soy todo un caballero no puedo negarme, tú sabrás si recuerdas algo de las clases de Sir Medardo.- gesticuló un lamentado suspiro. -¡Pobre hombre, el tiempo que ha empeñado en ti!- esta vez fue Jareth quién no pudo evitar que su mandíbula cayera y soltó una risotada junto a Sarah.
-¡¿Cómo te atreves, desvergonzado?! ¡Eres tú quién lo vuelve loco! ¡No sé cómo te ha venido soportando en estos nueve años desde que asumí por completo la corona!
-¡Ahí está la respuesta!- dijo ya al mismo nivel de altura que ellos. -Te soportó a ti por ser el rey, pero, a mí porque soy un remanso después de tolerarte.- rió mientras seguía descendiendo.
-Conrad, no debes decirle eso a tu primo, él es el rey.- se avergonzó Lucia.
-¡Él es un bribón antes que rey!- lo espió de reojo y este le siguió con la mirada prometiéndole entre risas venganza.
-Bueno, tal parece tu imagen se mantendrá pese a lo que hagas, Jareth. Quiero decir, Rey Goblin.
-Eso parece.- le dio el brazo para seguir el ejemplo de su primo. -¿Merlin durmió contigo?- inquirió, pues, a veces se pasaba de un cuarto a otro.
-Sí, pero, esta mañana quiso salir y Twig lo llevó con los niños. Últimamente pasa más tiempo allí que conmigo.- se lamentó.
-Bueno, al menos el Pulguiento tiene sensibilidad por algo más que las picazones.
-¡Jareth!- rió ella empujándole suavemente ya casi en la puerta del comedor. -¡No le digas así! Y ya no tiene ni una.
-Sí, porque se las quité todas. Pero, seguro no faltará mucho para que se le peguen otras.
-Mentiroso.- elevó su rostro falsamente ofendida.
-Mh… Mi 'Futura Reina Imparcial' de nuevo…- jocoso, la vio de reojo con la mirada entornada. -Tan fría, tan serena, tan lejana… Yo quiero derretir su hielo, remover sus aguas y acortar la distancia, My Lady.- Sarah volvió a dar un resignado suspiro.
-Como siempre, puras tonterías imposibles, 'Rey Goblin.'- Ella le imitó y ambos rieron cruzando la arcada.
El templo estaba repleto, desde los lugares reservados para los aristócratas, hasta detrás y a los lados de los bancos donde las diferentes criaturas de los distintos reinos se acercaron para ver la boda más comentada de todo el Underground aún sin haber comenzado. 'Dicen que ella le venció una vez. ¿Cómo puede ser si es una humana?' 'He oído que se trata de un capricho suyo.' 'Algunos creen que ella es una bruja que lo ha hechizado.' 'Dicen que él la ha obligado a cambio de perdonarle la vida a su hermano.' Ante cada comentario de estos, siempre había algún goblin u otro habitante de Labyrinth que se daba vuelta y miraba al 'dicen que' con advertencia de que sería mejor que cerrara la boca ante lo que desconocía. Y nadie quería meterse en problemas con un irracional y enfadado goblin, menos con toda una parva de ellos.
Gontran, vestido en traje negro y camisa blanca, como el resto de los caballeros, fue sorprendido junto a su esposa, por un rey.
-¿Sobrino?- indagó el imponente morocho. Gontran dio vuelta su rostro y sus ojos se abrieron desmesuradamente llamando la atención de una delicada Alin vestida en un suave rosado.
-¡Su Majestad!- se inclinó el nombrado de inmediato. Alin algo más lerda en reaccionar, lo imitó.
-Gontran, espero que sólo sea por mantener las apariencias. Sabes que tu padre fue mi más preciado hermano.
-De todas formas, tío, llevas una corona en tu cabeza.- este sonrió gravemente.
-No hace falta que me lo recuerdes, ella se hace sentir por sí sola. Esta es tu bella esposa, supongo.- estiró su mano para recibir la de la joven fey.
-Sí. Ella es mi amada esposa. Alin, él es mi tío, el rey Kaden.- Kaden llevó la mano con respetuoso cariño a sus labios.
-Es un honor, Lady Alin.
-Es un placer conocerle, Su Majestad.- volvió a inclinarse.
-Ahora entiendo por qué te arriesgaste tanto.- sonrió viendo al hombre. Y suspiró. -Quisiera que nuestras familias lo aceptaran de una vez por todas. Toda esta tontería de disputas por un antiguo rencor es… agotadora.
-Quizás…, si fueras tú quién te casaras con una dama de la familia de Su Majestad…
-Bueno, lo he pensado. De hecho…, sé que Su Majestad no se trata mucho con el resto de sus parientes, pero, trataré de encontrar una esposa o…- lo miró con curiosidad. -¿Cómo… te verías como rey?
-¿Qué? ¡Oh, no, tío, por favor! Eso nos pondría en la mira del odio y… ya hemos sufrido bastante.
-Lo sé, pero…, no quiero dejarle el trono al buitre de tu primo. Mi hermana era una mujer muy débil, pero, su esposo era un miserable y lamentablemente su hijo también.
-Entonces…, te buscaremos esposa.- le sonrió llevando protectoramente a Alin a su cuerpo. -Sí. Esta misma noche nos pondremos en campaña.- Kaden rió por lo bajo por no llamar la atención.
-Bueno, esas no eran mis intenciones, pero…, si insistes, lo aceptaré. Ahora, volveré a mi lugar, ha sido un gusto volver a verte. My Lady,- volvió a tomar la mano de Alin -es una pena que mi sobrino se haya adelantado. Con gusto también habría sacrificado todo por usted.- Alin se sonrojó levemente. ¿Qué acaso toda su familia, bueno, al menos la parte más noble de ella, era así?
-Es… muy amable de su parte, Su Majestad.- dijo con cortesía. Cuando el monarca volvió a su sitio, advirtió cómo todos le abrían paso con una mezcla de temor y respeto. -Él es un hombre muy solitario.- dijo la muchacha con pena.
-Lo sé, mi amor. Alguna vez estuvo cerca de la felicidad y… todo se derrumbó gracias a Lady Lilith.
-¿Esa… mala mujer?- cambió la última palabra por esas dos. -¿Qué le ven todos a esa arpía? ¿Tú también caíste en sus garras?
-No, cariño. Eso es una maldición a todo aquel que porta una corona y gobierna un reino.
-Entonces, me alegro que no seas rey. ¡Y esta noche no me apartaré de ti, estás muy atractivo y esas… pequeñas busconas no te pondrán un dedo encima!- Gontran no pudo evitar reír y abrazarla.
-Mi amor, sabes que ninguna está a tu altura. Yo ya he pasado por las correrías y… casi te pierdo en un principio, aún sin conocerte y no quiero ni pensar lo que sería de mí ahora si eso sucediera. Te amo, mi princesa.- ella suspiró enamorada.
-Yo también te amo.- De repente, buscó apoyo en él tras un mareo.
-¡¿Alin, estás bien?!
-¡Oh, sí! Sólo es un pequeño malestar.- le sonrió tratando de verse fuerte. -Seguro empeoró por esas copas en el Aboveground.
-Pero…- iba a replicar que el alcohol de los mortales era más liviano en comparación a los de su reino, pero, algo en su mente captó la insinuación de que 'sólo empeoró.' -¿Desde cuándo te sientes mal?
-No te preocupes, amor. Ya pasará. Sólo es una indigestión. Seguro no sea nada.
-Alin,- dijo con severidad -ni bien termine todo este asunto de la boda, iremos a ver al doctor. Le pediré al doctor de Jareth que te revise.
-Pero…
-¡Nada de peros! No debes ocultarme cuando te sientes mal. ¡Y hemos hecho dos viajes al Aboveground contigo en esas condiciones!- sermoneó.
-Es que… en esos días me sentía bien.- se excusó tal cual lo haría una niña.
-De acuerdo, de acuerdo. No pongas esa cara.- le pidió con ternura. -Sólo… cuando algo así suceda, quiero que me digas. Yo prometí cuidarte aún antes de saber que nos casaríamos, ¿recuerdas?- ella agitó su cabeza y lo abrazó.
-¡Te amo mucho!- dijo efusiva.
-Y yo.- le correspondió.
En eso, los asientos posteriores a ellos terminaron de llenarse con los familiares de Jareth, del otro lado, los invitados.
-¡Es una vergüenza!- clamó una mujer mayor ubicada detrás de ellos, bastante desgastada por ser fey. -¡Toda su familia lo son!
-Por favor, tía Anca.- comentó una sonrojada fey de unos veinte años humanos cuyo largo cabello era blanco, casi perlado.
-¡No tienen respeto por nada, no respetan el protocolo, ni el buen nombre! ¡La culpa la tiene Su Alteza! ¡Permitir que su hija se una a ese… embustero y ahora su hijo con esto!- Gontran tomó la mano de Alin; Conrad, menos político, entrecerró los ojos y aspiró con fuerza.
-¡Tía Anca, por favor, basta!
-¡No te atrevas a defenderles, Luna! ¡No entiendo cómo Su Majestad los consiente! ¡En mis tiempos…!- calló cuando el último joven, a quién había hecho referencia, giró parándose hecho un torbellino de furia.
-¡En sus tiempos todavía comían con las manos y se limpiaban los mocos con las mangas! ¡Eso sin contar que en vez de hacer comidas más decentes daban vuelta un caldero con quién-sabe-qué como viejas brujas! ¡¿Dónde dejó el suyo esta noche, Lady Anca?!- Todos quedaron atónitos viendo al enfadado Conrad. Ni siquiera Alin o Gontran le reconocían. Algunos jóvenes de su familia ocultaron sus sonrisas, ciertamente, más de uno estaba harto de los prejuicios de sus mayores y, especialmente, no simpatizaban mucho con la 'metódica tía Anca.'
-¡¿Cómo te atreves, mocoso irrespetuoso?! ¡Soy una mujer mayor y soy…!
-¡Una vieja bruja! ¡Si vuelve a hablar de mi familia o de alguien más de la manera en que recién estaba haciendo, le aseguro que soy capaz de bailar el 'bunga-bun goblin'- se refirió a un baile nacional, pero, mas bien popular. -desnudo, aquí mismo en medio del templo con tal de que le dé un infarto!- La mujer se cubrió la boca totalmente espantada viendo cómo el muchacho meneaba las caderas con maldad imitando los tambores con su voz diciendo: 'bunga-bun, bunga-bunga-bunga-bun.' Los más jóvenes y algunos no tan jóvenes no pudieron evitar carcajear o sonreír. Anca olvidaba un importante detalle de esta familia de búhos a la cual pertenecía, que eran amantes de fastidiar y que muchos sólo seguían las normas por qué otros como ellas no aceptaban los cambios. Lucia, con su bebé en brazos se cubrió el rostro para no reír a grandes voces. Gontran y Alin no ocultaron sus risotadas. Al menos, la caradurez de Conrad tenía cierta utilidad. Alin pensó que era una suerte que su padre o los novios todavía no estuvieran presentes. Miró a su hermano. Especialmente su padre; volvió a reír.
-¡¿A dónde vas?!- clamó Lady Anca cuando la joven a su lado comenzó a alejarse de ella. -¡Regresa aquí de inmediato!
-¡Me iré a otro asiento! ¡Estoy cansada de ser la dama de compañía de una mujer tan egoísta!- clamó y se dirigió hacia el banco de adelante.
Alertado e hilarante por el bullicio del joven fey que se atrevía a desafiar las reglas, Kaden observó desde su lugar en la otra hilera de bancos paralelos al de su sobrino y quedó impactado por la casi plateada cascada que abandonó a la responsable de todo el asunto.
Gontran amablemente se hizo a un lado junto con los suyos para hacerle lugar a la joven fey, donde de inmediato le dieron la bienvenida.
-Gracias.- sonrió agradecida. -Mi nombre es Luna. Creo que soy prima lejana de ustedes o algo como eso. Ya perdí la cuenta.
-Es un gusto. Yo soy Alin, él es mi esposo, Gontran, y el… bailarín es Conrad, mi hermano.- rió. -A su lado, Lucia, una amiga.
-Hola.- le respondieron los dos más jóvenes con sus manos. "Muy mortal," sonrió Gontran al verles.
-Hola.- les respondió. -Seguramente su hermano será acosado por los más atrevidos del clan.- sonrió. -Tal parece logró un gran impacto.
-Sí. Él es toda una colisión.- rió Gontran abrazando a su esposa con complicidad.
-¡Por favor, Brisky, este cuello me aprieta!- el soberano protestaba pidiendo ayuda con el blanco jabot de su camisa de seda ya acomodada dentro de sus pantalones negros acompañados con sus clásicas botas. Las blancas mangas con volados sobresalían de la chaqueta.
-¡Pero…, My Lord! ¡Ya se lo había probado varias veces y nunca lo sintió incómodo!- el fey suspiró.
-Lo sé. Sólo…- Erwin rió por lo bajo con los brazos entrelazados sobre su blanca camisa y su chaleco celeste, la única prenda que diferenciaba al resto de los presentes entre sí.
-Déjame a mí, Brisky. Hazme un favor y trae mi chaqueta que la dejé en mi alcoba.
-Sí, Su Alteza.- se retiró educadamente dándoles intimidad. Erwin fue hacia Jareth, el cual dio la espalda al espejo para verle. Erwin comenzó a deshacer el cuello.
-Yo no sé si alguna vez te lo haya dicho, pero…,- volvió a cerrar la camisa con jabot incluido sin que quedara tan ajustado, pero, bien disimulado -estoy muy orgulloso de ti, mi hijo, mi rey.- prendió el broche de diamantes y zafiros que imitaba a su clásico colgante y se repetía en los puños de la chaqueta. -Como fey, como hombre, y como rey.- acomodó las solapas del frac de shantung azul noche tras cerrarlo sobre la faja plateada. Jareth sonrió con afecto a este hombre que era como su padre, su mentor y su modelo.
-Nunca lo hubiera logrado sin ti, tío Erwin.- aferró sus brazos con sus manos. -Y… lo único que lamento, es no haber caído antes bajo tus firmes y sabios cuidados.
-Tonterías.- sonrió este. -Quizás te hubieras convertido en un muchacho como Conrad.- elevó los ojos y ambos rieron, sabiendo en el fondo, que el chico tenía más de lo que mostraba. Si ellos supieran… -Ahora,- le entregó los blancos guantes -cerciórate de no olvidar nada y en cuanto Brisky llegue te irás con él al templo. Yo esperaré a la flamante novia.- sonrió con sorna. -La veré en su bonito atuendo antes que tú. ¡Qué lástima!- Jareth rió. Sin duda alguna, él era un padre para él. Pensar que en sus primeros años le tenía cierta aprehensión. Bueno, a todos en general, excepto a sus amados goblins.
-No importa. Yo tendré todo el tiempo del mundo para verla.- respondió con picardía y, en eso, Brisky se hizo presente con la prenda de Erwin.
-Aquí tiene, Su Alteza.
-Gracias, Brisky. Su Majestad ya está listo para experimentar el calvario de aguardar a la novia, que, casi siempre se retrasa.
-Muy bien, My Lord. Si me permite, daré aviso a su guardia.
-Sí, Brisky. Y gracias.
-¿My Lady, está lista para ponerse el vestido?- Twig le cuestionó cuando ella se paró delante del tocador con su bata puesta. Su cabello ya estaba peinado en un batido en el frente, dejando caer unos mechones a los lados, acompañado por una tiara de diamantes y perlas que rodeaba a un chignon en lo alto sobre el cabello suelto; trabajo de otra goblin más hábil en el tema de los peinados que Twig.
-Lista. Y nerviosa.- dijo.
-Es normal.- sonrió con bondad. -Si no lo estuviera sería lo extraño.- suspiró. -¡Si habré sudado cuando me casé!
-¿Qué estará haciendo?- cuestionó con un suspiro Sarah pensando a su vez en Jareth.
-Él ya está camino al templo, My Lady.- le indicó una pequeña goblin trepada al balcón de su ventana.
-¡Ay, entonces, debemos apurarnos!- exclamó ella y el resto de las goblins rieron divertidas.
-En lo absoluto, Lady Sarah.- dijo Twig. -Una novia nunca debe llegar puntual a su boda. Así que, podemos continuar con calma para que usted esté perfecta.
-De acuerdo.- se mordió los labios. -¿Twig, qué si me olvido de decir mis votos?
-Eso no sucederá, My Lady. Pero, si a usted la deja más tranquila repetirlos mientras se viste…, no hay problema. Pero, si sólo se pondrá más nerviosa, le recomiendo que, entonces, no los diga ahora.
-Sí. Mejor no. Sólo…- se quitó la bata quedando en un corsé cintura de avispa, bikini y medias, en color blanco. Cuando lo había sugerido a cambio de las acostumbradas ropas del Underground, le había parecido una buena idea, pues, en un comienzo, las antiguas prendas íntimas de aquí le habían parecido hasta ridículas; pero, ahora… daría cualquier cosa por los cerrados corsés y unos calzones hasta las rodillas -vistámonos.
-Nosotras estamos vestidas, My Lady. Es usted la única que falta.- comentó una de las goblins y largaron tontas risitas.
-Y aún así usted está hermosa, Lady Sarah. Su Majestad estará más que satisfecho.
-¡Por favor, Twig, no lo digas así!- se sonrojó ubicándose en el centro del majestuoso vestido que sostenían sobre su cabeza con cuidado de no estropear su tocado. Twig observó con orgullo su reacción, ante las complacidas sonrisas del resto, como si quisiera publicar su virtud. -¡Cielos!- clamó una vez puesto el níveo vestido de raso. -¡Temo que no podré salir por esa puerta! ¡¿Para qué lo hice hacer tan… frondoso?!- se refería a la doble falda de tul que se abría en el posterior, desde donde, a partir de un perfecto moño en la espalda baja, cuatro pliegues surgían uno sobre otros, de menor a mayor y ensanchándose hacia el suelo, formando una magnifica cola que se desplegaba como un etéreo abanico. Tanto el tul, como la tela de raso tenían sus dobladillos adornados con encajes bordados en hilos de plata, pequeños cristales, diamantes y zafiros. La parte superior era un strapless que por frente tenía su cuerpo bordado a mano al igual que los encajes, pero, sin zafiros, y se adhería a la silueta marcando la cintura hasta alcanzar el nacimiento de las curvas de sus caderas. Por detrás, daba la sensación de un corsé entreabierto dejando ver el detalle del bordado ampliándose de la cintura hacia arriba en forma de 'V'. Las mangas nacían un poco más arriba de la altura de su busto, hechas con volados de tul acampanado, en una leve imitación de la cola con moño incluido, y al igual que este, broches prendidos, iguales a los que Su Majestad usaría en su cuello. Alrededor suyo las mujeres la admiraban satisfechas. ¡Una joven, bella y justa Reina que haría feliz a su Rey!
-My Lady, trate de calmarse, por supuesto que podrá salir por esa puerta.- sonrió afable. -Nosotras le ayudaremos con su falda hasta el carruaje. Ahora, veamos, tiene usted puesto los zarcillos de diamantes y zafiro, su colgante…- Sarah llevó la mano al búho con cariño. -Sólo falta esto.- le alcanzó los mitones largos de tul bordados delicadamente con hilos de plata. La joven se los puso con ayuda de su fiel criada y finalmente aspiró profundamente.
-Estoy temblando de pies a cabeza y dudo que se me pase al terminar la ceremonia.
-Todo saldrá bien, Lady Sarah.- volvió a reiterar Twig y el resto consintió moviendo sus cabezas con entusiasmo. -Ahora, si usted ya está lista, iré por Sir Erwin.
-Sí. Creo que… es mejor enfrentar todo de una vez en vez de permanecer más tiempo aquí pensando. ¡¿Por qué el tiempo pasa tan rápido?!- hizo reír a las otras ante sus palabras sin sentido.
-Ya regreso, My Lady.- le advirtió Twig con una sonrisa.
-No te preocupes, Sarah.- sonrió Erwin ya sentado junto a ella en el carruaje. -Estás hermosísima y todo estará más que perfecto.
-Todo el mundo dice eso, pero…, yo no puedo dejar de sentir pánico. Me… pregunto si mi madre sentirá así cada vez que debe subir a escena; porque si es así, no entiendo por qué seguir una carrera que te consuma los nervios.
-Bueno…, supongo que eso tendrá sus beneficios, como esto.- sonrió palmeándole la mano. -Cuando yo me casé, apenas podía respirar y si hubiera sido por mí, me hubiere presentado en el templo una hora antes de lo acordado.
-Es… todo.- confesó entre un suspiro. -La ceremonia, la fiesta junto a los demás monarcas, tener que hablar con quienes fueron sus… amantes…; el… futuro.
-La ceremonia sólo es eso, la han practicado una y otra vez sin problemas. Los demás monarcas…, bueno, no dudo que Jareth será el fey más envidiado y por ende, tú la mujer más odiada.- le dedicó una complaciente sonrisa. -Con respecto a quienes fueron sus amantes…, te has deshecho de la más temible de todas ellas, ¿por qué habrían de inquietarte las otras? El futuro…, bueno, eso es algo diferente, pero, depende de ambos. Yo no veo nada malo en su futuro, no desde donde estoy parado.- acarició su mejilla como alguna vez había hecho en la misma situación con Alin. -Sarah, no pienses tanto, sólo… vive, cada día, cada momento con la alegría y la esperanza de saber que vencerás, al igual que aquella vez en su laberinto.- Sarah sonrió con lágrimas asomadas en los ojos.
-Tío Erwin…, tengo miedo por tenerlo casi todo en mis manos. Tengo miedo de tanto y tengo miedo de perderlo todo. Tengo miedo de no estar a la altura de lo que se espera, tengo…
-Demasiada juventud.- sonrió con cariño y añoranza. -Quién no daría volver a la inseguridad de la madrugada cuando ya la noche es el refugio donde ya no necesitas luz para ver… Este es el momento de descubrir, Sarah. No temas. Esto, es como cada puerta que abrías, cada esquina que doblabas sin saber qué hallarías.- Sarah recordó ciertas palabras que el Rey Goblin le había dicho en el parque de diversiones. "'Quiero ir allí arriba, ahora no. Mejor allá y luego, mejor no.' ¿No te cansas de correr ese laberinto tuyo sin salidas ni distracciones?" Respiró hondo. "Tienes razón, mi 'Rey Goblin.' Nunca antes me atreví a ver qué hay detrás de las puertas, nunca antes me atreví a detenerme a descansar; sólo seguí y seguí en línea recta sin detenerme, como al principio en tu laberinto."
-Es verdad, tío Erwin.- le sonrió y él le correspondió comprensivo.
-Pero…, nadie puede culparte por querer huir.- Sarah quedó sorprendida, preguntándose en cuántas cosas más este hombre había influido en su sobrino. Lo que fuera, no podía ser malo. Erwin era un gran hombre. Sí. Se dio coraje a sí misma con esta idea. Segundos después, se concentró en la mano enguantada que reconfortaba la suya dándole valor.
-¿Tío Erwin, puedo… preguntarte algo con respecto al… uso de guantes?
-¡Claro!
-He notado que todos ustedes los usan y no se los sacan para nada. Incluso Jareth, Conrad y Gontran sólo lo hicieron en el Aboveground.
-Bueno, sólo es una… mera formalidad. Es algo tonto si quieres verlo, es sólo por el hecho de no tocar a otras mujeres que no sea tu esposa sin ellos. Algo así como… evitar el contacto de piel con piel con quién no es tu esposa.- Ella lo miró sin entender muy bien. Él siempre usó la palabra esposa, no mujer ni amante, ni pareja. 'Esposa.'
-¿Pero…, entonces, las otras…?- él entrecerró sus ojos tratando de interpretar el rumbo de sus pensamientos, y se llegó a sonrojar un poco, no era fácil hablar de estas cuestiones con mujeres, menos con una muchachita que podía ser su hija.
-Con guantes.- fue todo lo que dijo algo cortante para que no quisiera cuestionar más nada al respecto. Sarah comprendió su mensaje y sonrió. ¿Entonces, nadie sintió sus manos sobre su piel? -Ya casi llegamos.- le indicó asomándose por la ventanilla. Afuera del templo había una multitud a la espera de ver a la novia, ya que dentro no había sitio, por lo que las puertas permanecerían abiertas para que todos pudieran ver las nupcias. -Vaya multitud.- rió. -Tal parece, aún sin ser una diva de teatro como tu madre tienes tus fanáticos. ¿Hay algo más que podrías desear?
-S-sí.- descendió su mirada con tristeza. Erwin la estudió con cuidado.
-¿Y… qué sería eso?
-Sólo… que mis amigos… estuvieran completamente libres y pudieran estar presentes… Él…- suspiró. -Olvídalo, tío Erwin.- Los caballos se detuvieron y la puerta del carruaje se abrió. Sir Erwin descendió ante las ansiosas miradas esperando ver a la futura reina.
-Bueno, cómo sea, yo te aconsejaría que una vez traspasadas esas puertas, dirigieras tu mirada hacia el fondo, a la derecha.- sonrió para sí entregándole el ramo de blancos jazmines; lavandas lilas y de rosadas flores de durazno, un último detalle que Twig sugirió días anteriores de la boda y a ella le pareció encantador. -Muy bien, mi niña…- extendió su mano para ayudarle a salir del vehículo. -Este será tu primer paso como mujer para convertirte en reina.- Sarah tomó aquella mano enguantada y viendo aquella mirada de confianza se atrevió a avanzar. Todos quedaron boquiabiertos al ver al Príncipe Erwin escoltar del brazo a la preciosa joven de andar altivo y seguro. "Futura Reina Imparcial… Futura Reina Imparcial… Futura Reina Imparcial…," repetía su mantra para no pensar en las miradas que se posaban sobre su persona. De pronto, una niñita goblin se escapó de la mano de sus padres y pasó la valla que conformaba la guardia real y se paró frente a la próxima reina que la observó desde su erguida pose, sin descender su cabeza, al igual que el príncipe. Todos quedaron mudos y tiesos. Uno de los guardias goblins ya iba rumbo a la niña para que no impidiera el paso de la novia. La pequeña estiró su manita con una formidable rosa blanca de largo tallo ante los congelados espectadores. Sarah, la venidera reina, sonrió con benevolencia y se inclinó tomando la rosa que agregó a su ramo.
-Gracias.- su voz fue dulce y los labios de la niña mostraron una plena e inocente sonrisa para luego correr hacia el guardia que venía por ella y tomar su mano.
-¡Ella me dijo grazias! ¡Ella zondíe bonito!- clamó la pequeña con gran contento. Su madre llevó una mano a sus labios emocionada. Y a nadie le quedó dudas de que este reino se gobernaría por la compasión de una reina, y la justa mano de un rey. Erwin trató de ocultar su optimista sonrisa y continuó con su guía hacia la entrada del templo. Una vez llegados frente a la entrada, las puertas se abrieron de par en par, mientras, la música de "As The World Falls Down" comenzaba a sonar. Sarah se asombró, pues, durante los ensayos, no había sido esa la melodía que el pianista había ejecutado.
-Sorpresa numero uno.- sonrió Erwin, y cruzaron el dintel.
-¡Sarah!- se oyeron unas voces hacia la derecha.
-¡My Lady!
-¡Sawah!- la nombrada giró su cabeza con disimulo y tuvo que esforzarse en no llorar al ver a sus amigos bien ataviados para la ceremonia junto con todos el resto que hasta entonces, habían estado prisioneros. Estudió la situación rápidamente, alrededor de ellos no había guardia alguno… ¿Acaso sería? Observó a su compañero que la espió de reojo.
-Sorpresa numero dos.- Sarah apretó los labios para no sonreír tan abiertamente. Ahora, viendo hacia el frente, advirtió la rubia cabellera, ahora con sus largos mechones atados en una cola de caballo con un moño azul en la nuca, tratando de espiar por encima de su hombro. Sarah casi ríe, eso no correspondía hasta que el sacerdote le diera la señal de que podía voltearse para ir al encuentro de la novia.
-Su Majestad… Su Majestad…- decía el religioso entre dientes para que nadie advirtiera que estaba tratando de llamarle la atención. El joven lo observó un segundo con candidez. -Todavía no es…- Ahora, el 'Rey Goblin' sonrió con jocosidad y volteó a ver a su novia causando la complicidad de casi todos los presentes. El religioso miró a la bóveda. -¿Por qué no lo preví?- bajó su cabeza con un resignado suspiro. Jareth apenas se acordó de respirar, ella era un sueño, un ángel, su chiquitita; su Sarah. Su porte, su figura, su sonrisa, sus ojos… No había nada de ella que no lo afectara.
"Ya no hay más mañanas ni noches que contar; hoy, hoy serás mi esposa, mi reina, mi luz de sol, mi latir y mi vida."
Sarah pudo advertir el gesto de Su Eminencia y tuvo que luchar por no reír. Adelante una rica mirada bicolor se posaba en ella y unos labios dejaban ver su media sonrisa. "Hoy ya no importa. Yo… no puedo evitar esto. No puedo evitar sentirme como me siento al verte, si pudiera… si supiera cómo decirte… Si me lo dijeras…" Ella pudo distinguir algunos hombres viéndola con deseo, y algunos, con sus esposas a su lado, recibir un pellizco de las mismas. 'Los demás monarcas…, bueno, no dudo que Jareth será el fey más envidiado y por ende, tú la mujer más odiada.' Algunas mujeres la miraban con desdén y celos. 'Sus amantes…, te has deshecho de la más temible de todas ellas, ¿por qué habrían de inquietarte las otras?' Ella se concentró en el frente, su prometido; su rey; su villano y su héroe; su futuro. 'El futuro…, bueno, eso es algo diferente, pero, depende de ambos. Yo no veo nada malo en su futuro, no desde donde estoy parado.' "Aún así, me angustia pensar que todo esto se acabe… No sé si soportaría…" La mano de Erwin se estrechó más afectuosamente sobre la suya. 'Sarah, no pienses tanto, sólo… vive, cada día, cada momento con la alegría y la esperanza de saber que vencerás…'
Jareth se adelantó con una sonrisa hacia ellos, antes de tiempo, una vez más. El religioso apretó el puente de su nariz tratando de aliviar el principio de su jaqueca. Cuando lo tuvieron frente a sí, la pareja se inclinó ante su soberano. Cuando se enderezaron, Erwin rió por lo bajo.
-Entiendo su prisa, Su Majestad.- le dijo risueño en un murmullo. -Ya estaba pensando en seguir de largo y casarme con ella.- Jareth sonrió a su tío.
-Sobre mi cadáver.- contestó sin quitar la mirada de su prometida. -Mi amor… ¿estás lista?- le ofreció el brazo que ella aceptó con una sonrisa.
-Lo estoy ahora. Con ganas de huir,- observó a Erwin agradecida, antes de que este fuera a ubicarse junto a sus hijos -pero, sin intención de hacerlo.
-Tú sabes,- murmuró para que sólo ella le oyera -si dices corramos, si dices escondámonos, lo haremos.- comenzó a hablar entre dientes para que no lo notasen. -Pero…, ahora, sólo te llevaría corriendo hacia el altar.- le sonrió iniciando la marcha.
-Mejor no preguntaré dónde me esconderías.- imitó su técnica de habla y lo espió de reojo. Él hizo lo mismo con maldad y optó por una mejor manera de comunicarse.
"En mi cuarto, por supuesto." Sarah apretó los labios.
"Querrás decir 'mi' cuarto."
"Todavía no eres mi esposa. Será tuyo ni bien le demos la espalda al exasperante sacerdote."
"Egoísta."
"Caprichosa."
"Mal educado."
"Engreída."- se detuvieron frente al altar.
"¡¿Yo?!"
"Sí, tú." La disputa terminó con el carraspeo del sacerdote.
-Hoy,- se oyó la voz firme de Su Eminencia -estamos aquí reunidos para celebrar la unión de dos seres que han decidido emprender este largo sendero juntos.- Jareth aferró la mano de ella con fuerza y le sonrió. Sarah le correspondió. -Su Majestad Jareth y Lady Sarah, nos han demostrado que la guerra puede convertirse en amor.- esta vez fue el religioso quién sonrió y la pareja rió por lo bajo. -Ustedes saben a qué me refiero. Un día ellos estuvieron enfrentados, un día ella ganó. Y llegó otro día dónde volvieron a combatirse, y esta vez fue él quien venció. Hasta que comprendieron que no se trataba de tirar uno hacia un lado y el otro hacia el contrario…- hizo una pausa viendo a los presentes. Observó al rey Kaden cabecear en asentimiento junto con algún que otro pariente, y a algunos de los miembros de la familia del novio. -Y entonces, decidieron jalar hacia el mismo rumbo…,- sonrió con diversión -rumbo que tuvo como resultado que hoy se encuentren aquí, ante el altar.- la pareja volvió a sonreír. El corazón de Jareth no cabía en su pecho de tanta dicha. -Ustedes, mis hijos, deberían seguir el ejemplo de estos dos jóvenes corazones que aprendieron a tolerar sus diferencias y a compartir sus sueños, y decidieron ahora compartir sus vidas…, entre otras cosas.- se oyeron las risitas en todo el salón. Las mejillas de los novios se sonrojaron. -Ahora, pediremos a los dioses que nos escuchen…- siguió con el culto. Casi una hora después… -Ahora, hijos míos…- indicó los almohadones frente a los novios, los cuales se arrodillaron tomados de la mano -ha llegado el momento tan esperado por todos, y especialmente por ustedes, el momento de hacer los sagrados votos del matrimonio. Su Majestad, tome las manos de Lady Sarah entre las suyas.- él, quitándose los guantes, obedeció gustosamente quedando ahora algo enfrentados. Sus manos, su calidez, su suavidad y firmeza… El sacerdote elevó una copa al cielo y habló en una lengua totalmente desconocida para Sarah; después, se la ofreció a Jareth. Este bebió un trago y le ofreció el recipiente a su novia que lo imitó, entregándoselo finalmente al sacerdote. -Esta es la copa que nunca se vaciará, así como no se vaciará este sacramento.- Ahora, sostenía frente a ellos, un resplandeciente cristal. -Hijo mío, este es el testimonio de sus votos ante los Altos Poderes del Todo. ¿Su Majestad, desea prestar su promesa?
-Sí, lo deseo.- Jareth metió la mano dentro de la esfera, de donde sacó un anillo de oro con un diamante en forma de alas. -Estas son alas plateadas. Estos son ojos dorados.- tomó la mano de la joven. -Éstas son nubes flotando. Ángel para la vida.- deslizó el anillo en su dedo anular sin dejar de verla. -El cielo está sonriendo hacia abajo, la chica del cielo en un vestido de bodas.- "Mi cosa preciosa venida del Aboveground, era yo quién sonreía desde lo alto cada vez que te veía correr en aquel parque." -Voy a ser tan bueno, sólo como un buen muchacho sería. Voy a cambiar mis modos. Ángel para la vida.- "Tú pusiste mi mundo de cabeza, a veces, eso me enfadaba; ahora entiendo, que tú eres mi ángel y haré lo que sea por hacerte feliz." Sarah sonrió enfrentando sus ojos.
-Hija mía,- la atención de la joven fue atraída por la voz del sacerdote -éste es el testimonio de sus votos ante los Altos Poderes del Todo. ¿Lady Sarah, desea prestar su promesa?
-Sí, lo deseo.- Ahora, ella puso su mano dentro del cristal. -Éstas son alas plateadas.- dijo con un anillo similar, pero, más grande. -Estos son ojos dorados.- tomó su mano entre la suya. -Éstas son nubes flotando. Ángel para la vida.- colocó el anillo en su dedo y sonrió pensando en el 'secreto' que los guantes guardaban y sólo conocía y conocería ella. -Soñando sola, y siento que alguien me escucha.- "Me sentía tan abandonada hasta que acudiste a mi llamado aquella noche…" -Pensé que nunca volaría tan alto. Estoy sonriendo.- "Este es mi gran sueño y soy feliz a tu lado." -Creo en la magia. Ángel para la vida.- "Yo… creo en ti. Tú eres mi ángel, de luz y de sombra." Él la miró con aprecio.
-Si alguno de los presentes conoce algún motivo por lo que este vínculo no deba concretarse, que hable ahora o calle para siempre.- Jareth cerró sus ojos. "Por favor, por favor, que nadie intente separarnos. Por favor…"
-Sir Hoggle, a mí no me pareció que ella estuviere siendo forzada. Y Su Majestad no deja de ser un noble caballero.- comentó Sir Didymus.
-¡Esa rata no tiene nada de noble! ¡Y si no lo parece es porque él debe haberle hecho un hechizo!- se cruzó de brazos. -¡Soy un cobarde,- se señaló el pecho con su pulgar -pero, es ahora o nunca!
-Sawah, amiga.- Ludo se puso delante con su enorme cuerpo.
-¡Quítate tonta bestia!- protestó el enano. -¡Debo pasar y detener…!- sintió que alguien lo cazó de una oreja. -Oh-oh.
-¿Detener qué, Hogbrain?- dijo una amenazante voz y el enano giró como pudo para verle.
-¡Su Alteza! ¡Qué linda sorpresa!
-Seguro. Siempre lo soy.- sonrió Sir Erwin. -Ahora, Hogfoot…- se inclinó para igualar su altura, al igual que Jareth aquella vez en el túnel.
-Es Hoggle.- dijo con cierto pavor.
-Sí. Si tú llegas a abrir tu boca para que estos dos jóvenes se conviertan en dos seres desdichados por el resto de sus vidas,- hizo una pausa -te arrojaré directo al Bog of Eternal Stench. Y… si eso no es suficientemente bueno para ti, entonces,- estudió las posibilidades a su alrededor y sonrió con perversión -te daré como obsequio al rey Kaden. ¿Qué te parece, Hegdewart?- Hoggle abrió sus ojos desmesuradamente sin dejar de temblar.
-¡No, Su Alteza! ¡Yo… nunca haría algo así! ¡¿Yo…?!- fingió una risita. Y se halló con la entrecerrada mirada de Sir Erwin.
-¿Seguro?
-¡Sí, Su Alteza!
-Y no olvides quién te ha perdonado la vida.
-Sí, Su Alteza.- se avergonzó. "Bueno…, eso es cierto… Esa rata al menos fue… misericordiosa. Si hubiere sido ese Kaden…" Sintió un escalofrío de sólo pensarlo.
-Bueno…, supongo que ahora puedo regresar a mi sitio.- el fey sonrió con maldad y desapareció tras un ¡POP!
-Entonces…, en nombre de Los Poderes, de este y otros mundos,- hizo una pausa sonriendo afable -yo los declaro marido y mujer, dando por terminado estos esponsales con mi bendición.- todos agacharon sus cabezas, las desnudas manos del religioso se apoyaron en las coronillas de los novios transmitiéndoles una energía enriquecedora. Jareth pudo oír en su interior dos voces conocidas, dos voces sin cuerpos que resonaban como el eco.
"-¿Cómo pudo ese muchacho tan horrible e ignorante conseguir una esposa tan linda?- cuestionó la más grave con un fingido suspiro.
-¡Deja de hablar así de él! ¡¿Qué no te alcanzó la última paliza que te di?!- espetó el registro femenino.
-Pensé que había quedado como vencedor después de que…
-¡Cállate!- Fue soberbia y luego suspiró. -Ellos se ven tan dulces…" Jareth sonrió; Ella siempre lo defendía y no dejaba que Él tuviera la última palabra.
-Sus Majestades…- indicó con sus manos que se pusieran de pie. Ellos seguían tomados de las manos. -Lo que Los Poderes unen, nada lo separa. No sean ambiciosos.- Sarah comenzó a recordar más de un mes atrás, las palabras del fey a su lado, del villano de aquel entonces. "Pido tan poco." -Ustedes son sus propios reinos, déjense gobernar;- "Sólo déjame gobernarte, y tendrás todo lo que quieras." -témanse; ámense; hagan lo que se dicen y sean esclavos de sus palabras.- "Sólo témeme, ámame, haz como digo, y yo seré tu esclavo." Sarah cerró sus ojos y dejó escapar una lágrima que de inmediato secó. ¿Acaso esa vez… lo que él le había propuesto, lo que él le estaba ofreciendo, era exactamente esto? -Ahora, sí, Su Majestad…, puede besar a la novia.- Jareth sonrió de oreja a oreja con un satisfecho suspiro. Sarah sonrió con sus mejillas sonrosadas. Casados. Ya estaban casados. El Rey Goblin posó su brazo alrededor de su cintura y acercándose lentamente con una traviesa mueca en sus labios, la trajo hacia a sí y la besó sin pudor haciendo reír a los más jóvenes de espíritu. -Yo estoy demasiado viejo como para contradecirlo, Su Majestad.- replicó el sacerdote fatigado. Gontran espió a su tío, jamás lo había visto tan sonriente en toda su vida. ¿Qué habría hecho con Lady Lilith, la mujer que le robó la felicidad? ¿Estaría la Marquesa Elicia presente? Esperaba que no.
Los flamantes esposos comenzaron su sendero hacia la salida, tomados del brazo, a las voces de '¡Larga vida a los Reyes de Labyrinth! ¡Larga vida a los Reyes del Underground!' y una lluvia de pétalos cayendo sobre ellos. Al alcanzar el exterior, un grupo de conocidos seres se inclinaron en señal de respeto.
-Yo… Nosotros… rogamos su perdón, Su Majestad.- dijo el enano.
-Hoghead, ya lo has recibido, ¿no es así? Ahora, espantajos, muévanse directo hacia el Ballroom o los volveré a encerrar esta vez en el Bog of Eternal Stench.
-¡S-sí, Su Majestad!- dijo el enano temeroso de que cumpliera su palabra y se apresuraron camino al castillo.
-¿Jareth, por qué tienes que tratarles así?- le reclamó ella con voz suave.
-¿Cosita, recién eres mi esposa y ya me estás llamando al orden?- elevó una ceja queriendo mantener su hilaridad a raya.
-Sí, 'Rey Goblin.'- ella le vio con su cabeza en alto.
-¿Pues…, qué tal si los encierro a todos en un oubliette junto con 'Pulguiento' en su mayor momento honorífico a su nombre?
-Él no es Pulguiento. Se llama Merlin.- insistió. -Y…- su voz se perdió al ver la fantástica carroza blanca que los aguardaba para llevarles a recorrer el pueblo. Lo miró a él incrédula, él sonrió con vanidad. -Es… una flor… gigante.- dijo sonriendo.
-Sí, lo es. Sólo la usamos en ocasiones especiales. Esta es una, la más especial de todas.- le dio un beso en los labios antes de desaparecer junto con ella para montar la carroza. Una vez arriba la ayudó a sentarse y se ubicó a su lado. Otro beso y sonrisas. -¿Lista para conocer a tus súbditos, mi Reina?
-Lista, mi Rey.- sus manos se elevaron para saludar a los invitados y ciudadanos, sus rostros resplandecían de felicidad.
N/A: Jeje, ¿pensaron que en un capítulo iba a dar absolutamente todos los detalles? Nah… Este sólo relataba la ceremonia. Ahora, el que sigue es la fiesta. F-I-E-S-T-A. XD
Lo siento, debe ser este 31 de octubre que está haciendo estragos en mi personalidad, eso sumado a tanto tiempo con ciertos feys y goblins… XD Pero, para no dejarlas con las ganas, les invito ir a mi profile y hacer click en mi página de deviantart, allí encontrarán una escena de beso entre nuestros protagonistas :), con algo debíamos festejar este acontecimiento, ¿no?
