Advertencia: Es de categoría "M" (es mi 1er fics en el que si pondre lemon -w-) es un SasuHina pero habrán otras parejas :V Espero q les historia esta basada en el época de 1900 x ahí.

"Hablan"

"Piensan"

...Recuerdan...


Te dejo en Libertad

Capítulo I

_Kimono Azul_

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Hinata quedo paralizada mirando el inmenso dormitorio. Ella no recordaba que una recamara pudiera ser tan grande y estar tan amueblada. Su habitación personal no era así. Ni la de nadie que conociera. En Japón únicamente las alcobas consistían en cuatro paredes reducidas, con un futón y armario con espejo.

"Hasta en esto es tan diferente…" La joven suspiro hondamente y paso a cerrar la puerta de su recamara tras de ella.

No negaba la habitación fuera bonita, pero era demasiado ostentosa para su gusto. Nadie necesitaba una recamara tan grande y con tantos muebles después de todo. Esto parecía un living, o una sala de estar.

La asiática se descalzo de sus zapatos, los cuales dejo en una esquina atrás de la puerta, hecho una mirada donde ella tendría que pasar al menos un mes antes de terminar con todo sus planes y obligaciones, y poder volver al fin a Japón. Al lugar donde realmente pertenecía. A su casa.

Miro hacia la pared que debía ser una tonalidad de ocre amarilla.

Contaba con tres ventanas que eran demasiado grandes y de una cortina de bordado marrón oscuro que daba el aspecto seco y formal que toda la mansión tenia. Hinata difícilmente podría abrir sola las persianas, pero se negaba rotundamente a dejar que las personas que trabajan en la ascienda tuvieran que tomarse esas molestias por ella. Ya suficiente había tenido con el hecho de que las personas aquí parecían temerle y hacían prácticamente todo para no desatar la ira en ella.

Si esas personas supieran que ella no era de castigar ni tomar represalias contra nadie, tal vez la situación seria más cómoda. Pero… ¿Cómo podía hacer Hinata para explicárselos? Su inglés era excesivamente básico para ello. Podía terminar confundiéndolos y agravando la situación.

"Se veían tan asustados con mi llegada… ¿Pensaran que realmente iba a venderlos? ¿Eso es lo que esperaban de mí? ¿Eso es lo que se dice de mí?"

Sacudió con suavidad la cabeza, sacando esos pensamientos de ella. No era el momento de empezar a llenarse de ideas negativas ni preguntas que harían turbarla durante todo lo que resta de la tarde y la noche. Hoy, y solamente por hoy, se permitiría no pensar demasiado las cosas y relajarse. La visita de los Namikaze ya la había puesto demasiado incomoda y molesta con ese tal Menma como muy pocas veces lo estuvo con otras personas.

Hablar tan abiertamente sobre la venta de gente, la ponía enferma.

La joven desato su ceñido rodete, depositando la peineta de orquídea en la mesita de noche, y paso a adentrarse a lo que era el cuarto de baño. Necesitaba refrescarse y sabía de sobra que un baño en la tina era más que suficiente.

Encendió el agua y paso con suavidad su blanca y pequeña mano por las aceras de cerámico. Le gustaba el frio de las baldosas. La cañería sonó lo suficientemente ruidosa como para provocar que Hinata se sonrojara y diera un brinco hacia atrás. La joven se llevó una mano al corazón y mordió con nerviosismo el labio inferior mientras su cabello lacio caía como una cascada sobre sus hombros.

Hinata esperaba desde lo más profundo de sus pensamientos que nadie en la rampa baja hubiese escuchado el ruidoso grifo. Ella era sin duda demasiado torpe.

El agua empezó a caer llenando la tina. La Hyuuga empezó a desvestirse.

En Japón habría tenido que acarrear unos cuantos baldes de agua desde el pozo. Las cañerías no eran unas de las cualidades de la ciudad donde ella venia y era más seguro bañarse y beber agua de las napas. Japón a pesar de ser tradicional y al menos en la parte sur donde ella vivía no tan conservador, también se estaba haciendo conocer entre China y toda Europa como una futura potencia empresarial.

Su primo Neji estaba metido de corbata entre esas empresas. Y era ese uno de los motivos porque él no iba venir a hacerse cargo de la hacienda. Él hubiese tenido que dejar muchos asuntos pendientes. Entre ellos a Tenten, quien no hubiese sido nada feliz de tener a su prometido fuera mientras ella lleva el ritual de purgación.

Hinata termino de desprender el obi de su kimono y con suavidad retiro los metros de tela envuelta hasta quedar en un conjunto de una bata de seda blanca y fina.

Giro con su mirada buscando un perchero. No había. La Hyuuga se sintió mortificada al recordarse que efectivamente, en occidente no iban a tener un perchero especial para kimonos o yukatas. Aquí no usaban sus mismas ropas. Envolviendo con delicadeza sus prendas, se decidió llevarlas y dejarlas en la cómoda hasta que empezara a desempacar apropiadamente.

De todas formas aquí debería conseguirse por un tiempo ropa que la hiciera ver más normal. Hinata bufo en sus pensamientos ante el concepto erróneo de normalidad. Nadie debería juzgar a otros por su cultura. Ella no era una mujer 'excéntrica' por vestir kimonos. Y las mujeres de oriente no eran refinadas por ponerse sombreros ridículos con plumas.

La Hyuuga volvió sobre sus pasos y deposito con cariño la prenda de vestir en la cama. El kimono de bordados de peces dorados y flores había sido un regalo de su mentora, Yuhi Kurenai. Hinata había esperado que le diera suerte durante su primer día en la capital de Carolina del Norte. Desgraciadamente, las miradas que recibió y la visita sorpresa de los gemelos le indicaron que no tuvo el efecto deseado.

Se acuclillo para buscar en su bolso un apropiado kimono azul que le daba mayor comodidad al caminar debido al pequeño tajo de la pierna izquierda. No había usado mucho esta prenda siendo que tenía un par de años de haberla comprado. Ella no recordaba muy bien por qué no era de usarlo siendo que… En ese momento golpearon con suavidad la puerta de la recamara.

Hinata parpadeo confundida.

"Maestra, disculpe mi intromisión ¿Se encuentra bien?" Fue la pregunta que vino del otro lado de la puerta. Era una voz femenina y de una joven probablemente de su misma edad. Realmente que había gente joven en esa mansión. "Hemos escuchado ruidos y por eso yo-"

"E-estoy bien" Se apresuró a contestar mientras realizaba un improvisado rodete y caminaba rápidamente hasta la puerta la cual abrió entremedio revelando mitad de su figura. La mirada gris casi blanca de ella, se topó con una verdolaga y algo dura. "Disculpe. Debí haber preguntado si los grifos andaban bien primero. Quería asearme, n-no molestar."

La rubia de cuatro coletas y que vestía un arquetipo vestido de telas viejas hasta el suelo y un pañuelo blanco atado en la cintura, tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder entender el acento extranjero de Hinata.

"¿Asearse?" Repitió no muy segura de haber escuchado bien. Hinata asintió con la cabeza provocando que mechones de su cabello callera como cortina negra sobre sus redondeados pómulos "¿Quiere que le prepare la ducha Maestra Hy-?

Nuevamente la asiática le interrumpió esta vez sonriendo suavemente y mostrando sus nacárenos dientes blancos.

"No hay necesidad. Yo p-puedo hacerme cargo de cosas tan mundanas. Pero por favor…" Hinata dio espacio para que la rubia entre a la habitación. Ella estaba segura que nuevamente su maquillaje la estaba salvando de mostrar el rubor en sus mejillas. "Si no es molestia, podría indicarme donde están las toallas. Y-yo, se lo agradecería mucho."

Realizo una leve inclinación de cabeza en dirección a la criada quien pestañeo bastante aturdida del recibimiento de la nueva dueña de la mansión. La rubia estaba enterada que era una mujer rara, pero no al límite de agachar la cabeza como una gallina y de portar una bata a esas horas de la tarde.

La rubia sacudió disimuladamente la cabeza por el pensamiento que tuvo. Si su nueva ama leyera la mente, seguramente que se hubiese ganado como mínimo un par de azotes.

"C-claro. Están en el segundo cajón de esta mesada ¿Quiere que seleccione las que va usar Maestra Hyuuga?" Cuestiono la rubia agachándose en uno de los primeros armarios de donde saco unas toallas blancas "Si no son de su agrado la tela puedo conseguirle mejores paños."

"No es necesario. Con esto estaré bien." Hinata agarro con suavidad una de las grandes toallas, la cual abrazo para ocultar un tanto más su abultado busto. Era por ello que se ponía varios metros de tela con sus kimonos para que su silueta curvilínea no fuera tan evidente. "Usted ha sido de mucha ayuda, yo realmente n-nunca las hubiese encontrado" Insistió mirando con aprecio a la rubia "Muchas gracias"

Nuevamente la criada quedo congelada del repentino elogio. Pero sonrió con más tranquilidad. Al menos la hija de Hiashi era una persona agradecida y no un cerdo arrogante sin corazón. La rubia se sintió realmente mal por la comparación que había hecho con Hinata y las gallinas.

Tendría que arreglar eso después.

"No ha sido nada. Cualquier necesidad que tenga, puede llamarme."

Cuando la rubia ya había salido de la recamara tras preguntarle a la asiática si quería algún té o bocadillos, le sorprendió la franca y cuerda contestación que todas las personas, sean burgueses o nobles, deberían tener;

"Más tarde pasare por la cocina. S-si tengo hambre picare algo entre comidas. Pero no se preocupe" Hinata volvió a sonreír y esta vez se permitió salir completamente de su recamara al ver el pasillo vacío "Por cierto. Aún n-no le he preguntado su nombre, ¿Cómo se llama?"

"¿Eh…?" La criada se pellizco la pierna ¿Le estaban preguntando a ella su nombre? ¿Ella realmente que le estaban preguntando? Al ver los expectantes ojos grises de la Hyuuga la rubia supo que sí. Le estaban preguntando su nombre y probablemente su posición, aunque Hinata no dijo nada de rangos en la mansión. "Mi nombre es Temari, Maestra. Soy la encargada de asear los baños,"

La rubia se mordió la lengua al casi decir su apellido. Si había hecho algo mal no quería que sus dos hermanos pagaran las represalias también. Mucho menos el menor quien ya la había pasado bastante mal con la visita de la semana pasada de los gemelos Namikaze.

Principalmente del señorito Menma, quien era un patán imbécil.

"¿T-Temari? ¡Qué nombre precioso!"

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Cuando Temari volvió a bajar al comedor, recibiendo la mirada confusa y expectante de todos ellos. Sasuke no hubiese esperado que la gruñona hermana mayor de su compañero de arriado, Gaara, con quien cosechaban en el campo, estuviera sonriendo e indicara que la maestra no iba a exigir ningún gran banquete por su llegada ni vendrían nobles de ninguna parte.

Esto tranquilizo enormemente a todos. Se habian puesto a limpiar hasta la más mísera marca de polvo creyendo que tendrían una gran reunión de gente etiquetada y despreciable. En la que ellos deberían estar sirviendo y escuchándolos hablar de cosas ajustadas y de trabajos que en si ninguno de ellos realizaba. Hasta él mismo debía admitir que estaba enormemente complacido de esa noticia.

"¿…y es verdad que viste una bata de muchos colores?" Cuestiono Kim, otra de las muchas encargas de la colada y la limpieza diurna.

"Yo no diría que son batas Kim. Son demasiado delicadas para ser batas. Parece seda o algo así." Reprocho Temari pasando de lado al Uchiha "Solo cuida tu lengua frente a ella. Ya te has ganado muchas palizas por ser una abre bocas con el anterior maestro. Trata de esta vez no ganártelas con la hija, aunque…" La rubia dudo unos segundos. Suspirando, dijo algo que nadie llego a escucharla. "Aunque dudo que ella fuera a darnos alguna clase de represalia."

La morena que iba junto a la rubia de coletas bajo la cabeza asintiendo a lo que decían. Más, el silencio en Kim no duro demasiado, dos pasos más adelante ya estaba preguntando si era cierto que la mujer usaba zapatos de madera.

Sasuke estuvo tentado de sacarse el moño y el chaleco de este estúpido uniforme ajustado que debería de estar portando su hermano mayor. Él quería volver para la arriada, cabalgar algún potro del prado y pasar por el mercado del camino a su pueblo para comprar algunas flores para su madre. Sin embargo tenía que aguantar.

Aunque no sabía cuánto. La Hyuuga se había adentrado a bañar, y él era el encargado de darle el recorrido por la mansión. Aunque ella le había rechazado muy amablemente, más para venir de un noble, el que la escoltaran por la inmensa morada "Que molestia…" mascullo entre dientes el Uchiha empezando a subir las escaleras a dos zancos.

Iba a esperarla afuera de la recamara y punto. Luego de ello el mismo diría que tiene otras actividades que atender (cosa que no era cierto) y se iría antes de que oscurezca. Siendo que Itachi le había indicado que como mayordomo tenía que al menos quedarse las primeras noche en el cuartucho de debajo de la casa principal. Por si la nueva maestra necesitaba algo.

Pero lo que Itachi sabia y la misma Mikoto, su madre, eran plenamente conscientes y era por ello que no habian querido que él tomara temporalmente el lugar de su hermano. Es que Sasuke aborrecía esta casa, y a cada uno de los señores que se hacían llamar maestros.

Se apoyó contra la pared justo al lado de la puerta para escuchar algún ruido.

Cuando fue evidente que la asiática había salido del cuarto de baño, Sasuke espero escuchar algún grito o algo llamando a alguna muchacha para que fuera a ayudarla a vestir. Sin embargo Hinata no llamo a nadie. Tampoco estaba haciendo ningún sonido brusco como abrir cajones o quejarse de nada.

Ni siquiera llegaba a él los típicos olores a colonias sumamente pesadas que las mujeres burguesas se ponían en el cuello. Lo único que captaba los finos y buenos oídos del moreno es el sonido de la tela deslizándose sobre un cuerpo, probablemente desnudo. Era un sonido sedante y tranquilizador, como el sonido de una hoja al caer del árbol.

Sin embargo cualquier calma empezó a disminuir tras varios minutos de retardo.

Sasuke termino por perder la paciencia y llamo a la puerta.

"¿Se encuentra bien?" Empezó el Uchiha. Él odiaba el tener que preguntar cómo estaba alguien que no le importaba, pero las normas eran las normas. Y era realmente mejor no meterse con esta clase de señores. O terminarían muy mal.

"…" Hinata quedo congelada en la habitación con las manos tratando de acomodar una tira trasera del kimono azul. Ahora recordaba porque es que no se colocaba este traje. Y era debido a que siempre necesitaba ayuda para acomodar el pliegue entre el obi y la tela que quedaba en sus caderas.

De haber sido Temari le hubiese hecho pasar de inmediato y pedido ayuda pero... Reconoció la voz del joven como la de Sasuke Uchiha. El joven que se había presentado como el hermano del mayordomo. "E-estoy bien. Saldré enseguida" La voz de Hinata era ahogada y estaba segura que quien estuviera fuera de la recamara no debió siquiera ser capaz de escucharla.

"¿Se encuentra bien, maestra?" Volvió a preguntar Sasuke. Quien claramente no la había odio. Pero esta vez el tono de la pregunta era ronco y sin ningún disimulo por esconder su grado de asco al pronuncia el honorifico ridículo de 'maestro'

Él estaba empezando a perder la paciencia y sabía que si aquello ocurría el probablemente actuaria de una manera brusca y seria reprendido.

No es que él temiera a las reprensiones, pero su hermano mayor estaba enfermo y su madre… Nunca se perdonaría si le pasaba algo a su progenitora ¡Jamás!

La puerta de la habitación se abrió repentinamente mostrando por la escasa luz del atardecer y una lámpara a gasoil del costado de la cama a una mujer de rodete ceñido y brilloso debido al agua, y una piel blanca y de mejillas envueltas en rubor.

Hinata no se había llegado a poner maquillaje. Aunque dudaba que aquí en la mansión tuviera que engañar a alguien sobre el tema de sus subida de colores.

"Disculpe" Hablo repentinamente ella "Pero ¿Podría, por favor sostener esta tela del costado, mientras yo acomodó esta parte?" Inquirió señalando un pliegue un tanto desordenado de una tela azul de terciopelo. El Uchiha obedeció no sin dejar de mirarla con una ceja arqueada. Inmediatamente Hinata pudo acomodar perfectamente su Obi blanco y desarrugo cualquier pliegue. "Muchas gracias"

La asiática hizo una leve inclinación de cabeza hacia el Uchiha quien de por si le llevaba dos cabezas de altura.

Sasuke resoplo y sin darse cuenta soltó un "Como sea…"

Hinata sonrió ante la contestación. "E-Esa respuesta me agrada más"

Cuando pasaron por la cocina y la Hyuuga estuvo dispuesta a prepararse un té para llevar al escritorio, Sasuke supo que no iba a poder irse esta noche. La mujer estaba asustando con su comportamiento inusual a todos los encargados de la cocina.

¿Acaso aparte de excéntrica era una mujer inapropiada? Lo cierto era que nunca esperaron ver a la primogénita de Hiashi Hyuuga buscando un cerillo para encender el horno y colocar una pava a hervir.

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Era inquietante ver a una mujer sentada en el escritorio que por lo general serbia al antiguo maestro para hacer sus diligencias. Ella portaba unas pequeñas gafas que la hacían parecer sin duda alguien lista y astuta, pero eran sus manos tan pulcras, menudas, y de apariencia suaves con aquel grueso libro que obviamente astuta no era. La asiática se encontraba leyendo para su curiosidad un tomo de leyes y derechos a la par de otros varios libros del mismo tema. Entre uno de ellos había un cuaderno que trajo ella con escritos que debían de ser de su tierra natal ya que él no entendió nada de la caligrafía.

La mujer claramente sabía leer en inglés y escribir en un idioma legible y no con dibujitos de palitos como en ese cuaderno que presentía, vería muchas veces más. Hinata recurriría con demasiada frecuencia a dicho cuaderno donde tomaba notas.

La asiática estornudo debido al polvo de una de las hojas.

"Sumimasen" Se disculpó Hinata sabiendo que lo tenía a Sasuke tras de ella. Al darse cuenta que había hablado nuevamente en su lengua natal y que el Uchiha había vuelto arquear una ceja, ella tuvo que voltearse y aclarar por segunda vez lo que había dicho. Ya le había ocurrido cuando le mostraron la biblioteca y ella exclamo 'sugoi' "Q-quise decir lo ciento. Debí cubrirme la boca al estornudar." Eso último fue un reproche para sí misma. Sumimasen, solo significa disculpe, pero Sasuke lo tomo como que toda la oración que ella había dicho significaba el simple sumimasen.

"¿Quiere un poco de té de manzanilla para aclarar la garganta?" Cuestiono él viéndola ya a la joven quien se estaba por servir su tercera taza.

Hinata parpadeo confundida no entendiendo pero al asociar un par de palabras en la oración rápidamente comprendió que le estaban ofreciendo servirle el té. A lo que se negó, de nuevo.

"No gracias. P-puedo encargarme de esto joven Sasuke ¿Usted está seguro que no gusta sentarse o tomar una taza de té conmigo?" Ella volvió a asentir sabiendo que había pronunciado mitad de la oración mal. Pero al menos fue entendida por el Uchiha "Sabe que puede irse cuando guste."

"No" Contesto secamente Sasuke. Ella asintió y no dijo nada al ver que él no había dicho el 'gracias' al final de la oración.

Tampoco era que esperaba un gracias, pero si él lo hubiese dicho, ella hubiera intentado empezar una conversación con él. Tal vez, para otra ocasión si pudiera entablar una plática con el Uchiha…

Hinata volvió a adentrarse en la lectura buscando algún acta que le sirviera de apoyo para dejar testificado que los esclavos de su padre no podían volver a ser vendidos ni comprados. Pero hasta ahora, y en el primer libro que estaba a punto de terminar de ojear, no había encontrado nada. Había gastado tres horas en una búsqueda inútil con la guía básica de normas de la capital Carolina del Norte.

Solo había conseguido un acuerdo marital que permitía a un esclavo acceder a privilegios de ciudadanos… ¿Pero eso de que le servía?

Pasado nuevamente unos minutos y ella sabiendo que Sasuke debía de estarse cansando de estar de pie, y aún ella no entendiendo porque él no se retiraba (como ya muchos criados habian venido a informarles y ella les deseo una buena noche) paso a solicitarle que se sentara.

"S-si no gusta el té puede obviarlo. Pero insisto, por favor. Tome asiento. Sus pies han de estarlo necesitando y me atormenta que se fatigue por mi culpa."

El moreno titubeo, pero al ver y sentir que realmente debían de ser los últimos que quedaban en toda la residencia, y principalmente en la rampa superior, el obedeció para su comodidad sentándose en uno de los sillones de la esquina. Desabotono el maldito moño que ya lo estaba asfixiando, paso a mirar por la ventana a la noche oscura que se cernía sobre ellos.

Una de las criadas ya había venido a indicarle a Sasuke que su habitación en la planta de abajo estaba preparada por lo que él ya asumió de pasada que realmente iba a tener que quedarse.

Bufo.

Seguramente su madre estaría con el corazón en vilo temiendo que ya hubiese hecho alguna estupidez al nuevo maestro.

"Enseguida terminare de leer esto. Gracias por la compañía" Dedico unas cuantas palabras Hinata en la dirección del Uchiha. Sin embargo la mirada casi blanca de la joven seguía allí, posada en el libro leyendo a toda velocidad.

"¿Qué está mal en esta mujer?" Pensó el Sasuke no comprendiendo porque la asiática se estaba interesando tanto en las leyes de esta región, cuando era claro, en una carta que ella envío hace dos meces desde Tokio, que no se quedaría a vivir aquí.

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Continuara...


Notas de autora (Osea de Mua):

Hola amigos!

Wow! Esta idea del fics fue bien recibida.

Nos leemos~