Cuando entré a la casa, pude escuchar el débil tintineo de la porcelana. Una rápida mirada al reloj de mi abuelo en el vestíbulo, y me entero que son cerca de las once. En los sábados, eso significa café y bollos con persevantes de frutilla. Caminé por el pasillo entrando al comedor, donde mis padres estaban bebiendo café sentados en un tenso silencio.

-¿Ves?.- dice Papá, las arrugas en su frente desvaneciéndose cuando me ve.- Te dije que no había nada de qué preocuparse, Cece. Blaine es un excelente conductor.

-Sé que lo es, pero ha estado nevando fuerte ahí afuera.- dice Mamá, mirándome y sonriendo tensamente.- Estoy feliz de que hayas vuelto, querido, se suponía que se pondría peor a lo largo del día. Debemos estar a tres pies de nieve, si es que puedes creerlo.

Papá murmulla un poco.

-No puedo recordar la última vez que se puso así.- Él se acerca por un pequeño bowl con perservantes, esparciendo un poco con libertad en su bollo.- Podría establecer algunos registros.

Estan actuando muy normal. Como si nada hubiera cambiado. Como si todo no hubiera cambiado. Enterré mis uñas en las palmas con fuerza, tratando de encontrar la forma de enfrentarlos.

Si los enfrento, creo, y lo niegan, entonces será su palabra contra la de Kurt. Necesito una prueba.

-Acabo de darme cuenta que le compramos a Blaine un auto nuevo.- Mamá dobla el la servilleta con cierto estilo, antes de acercarse a su taza de café otra vez.- Imagina si hubiera estado conduciendo en ese viejo coche familiar cuando la tormenta comenzó.

-No estuve conduciendo durante la peor parte.- le aseguré, sintiendo una oleada de adrenalina, añadiendo.- Me quedé en la casa de Kurt hasta que amainó un poco.

-Probablemente una buena idea.- asintió. La taza de café a medio camino de sus labios cuando se congeló, y miró a mi padre. Él tenía esa misma expresión de horror, y entonces lo sé, lo sé.

Y luego salí corriendo.

-¡Blaine!.- mi padre estaba fuera de su silla corriendo detrás de mi, pero estaba subiendo las escaleras de dos tiempos, y llegué arriba. Llegué a la cima de la escalera antes de que él este a mitad de camino, y caminé por el pasillo hasta su habitación.-Blaine, ¿Qué estas-

Crucé su habitación, empujando la puerta y cerrándola, poniéndole seguro detrás de mi. Papá llegó en pocos segundos después, forcejeando la cerradura antes de golpear bulliciosamente.- ¡Blaine Anderson, abre esta puerta ahora mismo!

Mi tiempo es limitado. Hay una llave maestra en el mueble de la cocina, y una vez que lo recuerde, no podré buscar más. Mis ojos viajan a través de la habitación de mis padres mientras golpea la puerta.

Tiene que estar en alguna parte.

Fui al ático la primavera pasada cuando estábamos buscando las decoraciones de Pascua. Y no tenemos áreas de almacenamiento en el sótano. Si lo tienen, lo escondieron en la casa, así que debe estar en esta habitación.

Miré primero bajo la cama, luego en los muebles y los closets. Saqué cada cajón de sus armarios. Nada, nada, nada. Aguantando una maldición, puedo escuchar a mi padre correr escaleras abajo. Tengo quizás otro minuto hasta que llegue aquí. Mis ojos caen en el set de su televisión de pantalla plana, que esta apoyada sobre el cofre de mi abuela. Los pasos de mi papá se pueden escuchar por las escaleras mientras quito la TV y la dejo en el suelo, sacando el peso del mueble.

Hay una cerradura, y mi padre se avecina hasta la puerta con mi mamá tras de él. Y me doy cuenta de nada. Porque es un cofre lleno de recuerdos con el engaño frente a mi, y no sé por dónde empezar.

¿Mi anuario de mi año junior en Dalton? ¿Mis fotografías con los agujeros de chinches en ellos? ¿Mi banderín de McKinley? ¿La sudadera de Hummel Tires and Lube?. Mi cabeza esta girando en torno a ello. Me volteé a mis padres, quienes están mirándome, congelados en su lugar.

-¿Dónde esta?.- pregunté debidamente.

Papá baja la vista, pero Mamá sigue pretendiendo que nada esta mal.

-¿Qué cosa, querido?

-Ya sabes qué. Devuélvanmelo.

-Blaine, realmente no-

-Dije que me lo den.

-Hablemos como gente racional.- Papá dijo, aún sin mirarme en los ojos.

-¿Racional?.- volví a ponerme de pie, mis ojos en llamas.- ¿Qué es racional, Papá, borrar mi pasado? ¿Alejar a la gente que amo de tener contacto conmigo?

-Yo no-

-¡Dámelo!.- estoy gritando ahora, y yo nunca le había gritado a mi padre. Nunca.- ¡No tienes derecho!

Siseó un largo suspiro antes de caminar a su vestidor.

-Harold, no.- mi madre gime, pero él continúa, abriendo el vestidor y sacando una caja. Y luego esta abriendo un compartimento secreto debajo, sosteniendo algo para mi, y reconocería esas enredaderas de hojas grabadas en plata. Fue arrebatado de él, mi visión se nublaba y las lágrimas se derramaban por la sensación desconocida. No lloro, yo nunca lloro.

Es cierto, todo lo que Kurt me dijo. Todo es cierto. Mis padres – las personas en las que siempre confié más- me estaban mintiendo desde que desperté del coma. Volteé el anillo en mi palma, leyendo la inscripción Siempre tuyo, Kurt en el interior.

-Blaine.- Mamá murmura.- Por favor trata de entender.

No recuerdo este anillo. No recuerdo como decidimos cambiarlos o cuanto tiempo le tomó a Kurt diseñarlo, o si hicimos algo especial para regalarlos al otro. Es como si el anillo hubiera caído del cielo, y estoy temblando con la necesidad de saber.

-¿Por qué?.- solté.

Papá cae con fuerza en la cama, pasando su palma por la parte trasera de su cuello.- No es una decisión a la que llegamos con claridad.

Dejé caer mi cabeza para mirarlo.

-¿Un montón de pensamientos incluidos, huh?

-Los doctores no sabían cuando despertarías.- dijo desesperanzado.- Y luego lo hiciste, y todo pasó tan rápido-

-Tenía amigos. Tenía a Kurt. Me los quitaste.

-Creíamos que necesitabas.

-¿Quién eres para decidir lo que necesito?. Podía tener su apoyo. Estuve cerca de morir, y-

-¡Exacto!.- Mamá soltó.- ¡Casi moriste, Blaine!. ¿Siquiera te detuviste a pensar en eso? ¿Siquiera te preguntaste qué nos hubiera pasado si perdíamos a nuestro único hijo?

Apreté el anillo en mi mano, tratando de contenerme.

-Estas actuando como si debería sentirme culpable por lo que pasó.

-¡Es posible que así sea!

-Cecelia.- Papá la reprende quitamente.- No lo hagas.

-¡No sabemos! ¡Nadie sabía!. La policía nunca detuvo a tus atacantes, Blaine. Aún están ahí afuera. Y quiénes sean…- Puso su puño sobre su mejilla con fuerza.- Era alguien a quien conocías.

Mi corazón casi se sale.

-¿Qué?

Esta negando con la cabeza, sus ojos brillantes en lágrimas, así que mi Padre habló.

-Fuiste mayormente herido que Kurt.- murmuró, sus hombros caídos.- Él podía recordar qué pasó en el ataque, dijo que estaban caminando. No había nada que quitara su atención de ti más que de Kurt.

-Significando que te conocían.- completó Mamá con furia.- Incluso si te odiaban más o si les gustaba más Kurt. Cualquier forma, era alguien a quien conocías.

-No puedes estar segura de eso.

-Es más o menos así, creo.- Papá dice.

-Pudo haber sido alguien que conociste en Dalton.- la voz de Mamá comenzando a temblar.- Pudo haber sido alguien del equipo de fútbol del hermanastro de Kurt. Pudo haber sido alguien de tu Club Glee.

-¿Y es por ellos que sacaron a todos de mi vida? ¿Porque creyeron que los atacantes podrían venir por mi a terminar lo que empezaron?

Papá hizo un pequeño sonido, cubriendo sus labios con la punta de sus dedos.

-Eres todo lo que tenemos.- susurró.- Primero el ataque en el baile de tu escuela, luego esto… ¿Qué hay después, Blaine? ¿Cómo se suponía que viviríamos por nosotros mismos si algo peor te pasaba?

-Así que me tuvieron aquí.- contraataqué con fuerza, tratando de ignorar el sabor a la bilis en mi garganta.- Me metieron en su casa de mascota, sin contacto con el resto del mundo.

-Solo hasta la universidad.- dijo suplicante.- Solo hasta que puedas dejar Ohio. No movería mi práctica, y habíamos supuesto que repetirías tu año senior y luego ir dondequiera que quisieras. A San Francisco, Nueva York, o Boston. Una de esas grandes ciudades donde todo esto es inaceptable. Solo te necesitábamos volar bajo el radar hasta entonces.

-¿Te refieres a un gaydar?.-pregunté con resentimiento.

-No queremos que seas alguien más que tú.- insistió.- Pero necesitábamos mantenerte seguro.

-Entiendo la necesidad de protegerme… pero esto fue demasiado lejos.- les dije tensamente.- No solo desalojaron a mis amigos de mi vida. Me hicieron pensar que mis memorias eran alucinaciones. Me hiciste creer que estaba loco. Me drogaste, por el amor de Dios.

-Le pedí que lo hiciera.- Mamá dijo incomoda.- Vi algo en la TV acerca del litio, y-

-Nunca le di litio, Cece.

Ambos miramos a Papá en shock.

-No es cierto.- protesté.- Esas píldoras que trajiste a casa me hicieron sentir cansado y mareado.

-Eso por ello que estaba dándote Benadryl.- admitió.- No iba a prescribirte algo tan fuerte y potencialmente peligroso en medicación para mantenerte alejado de tus recuerdos. Esa era una línea que no iba a cruzar.- Encogió uno de sus hombros.- Benadryl hace que tu cerebro un poco borroso, así que dudas de lo que recuerdas. Y usualmente luego solo te duermes.

Miré al anillo en mi mano, luego hacia todas mis cosas en ese antiguo cofre.

-Así que, ¿Cuándo planeaban decirme la verdad? ¿Cuándo estuviera listo para irme a la universidad?.- los ojos de Papá estaban en sus rodillas, y Mamá parecía estar estudiando el patrón del cubrecama. Asentí amargamente.- Sí, ¿Nunca habían planeado contarme, verdad?

-La Universidad podría ser un nuevo comienzo para ti.- Mamá sonrió, como si fuera una brillante sugestión.- Podrías empezar de nuevo, conocer a alguien especial-

Conocí a alguien especial!.- le recordé furiosamente.- Y lo alejaste de mi. Me alejaste de él, también. ¿Siquiera lo consideraste? ¿Siquiera consideraste que él me necesitaría tanto como yo a él?.- ambos me miraron, en silencio y derrotados. La rabia crecía con fuerza dentro de mi. Me giré hacia el cofre, tomando la mayor cantidad de cosas que podía.- No me quedaré aquí.- murmuré.

-No irás devuelta ahí.- Mamá dijo alarmada.- Blaine, hay una tormenta.

La esquivé, mis brazos cerrados mientras caminaba por el pasillo. Ambos apresurándose tras de mi.

-Discutamos como adultos.- Papá llamó mientras me volteaba a descender las escaleras.- No quieres estar en la calle en condiciones como estas, en el estado en que estas ahora.

Cuando llegué al vestíbulo, me volteé y los miré a ambos. Estaban ambos de pie en las escaleras, luciendo aterrorizados.

-No puedo estar aquí ahora.- les dije.- Solo recuerdo unas partes, piezas de mi vida con Kurt, pero justo ahora él luce menos extraño que ustedes dos.- me volteé a la puerta de enfrente. No me siguieron, por lo que estaba agradecido. Recosté mis tesoros recuperados gentilmente en el asiento del pasajero para luego sentarme en el asiento del conductor.

La nieve caía con fuerza a medida que salía al camino. Por un momento, pienso en Kurt y su largo camino hasta Lima. La preocupación comienza a revolver mi estómago mientras me pregunto si esta a salvo. Pero lo alejé, tanto como había alejado mis alucinaciones de años anteriores. Por ahora, necesitaba enfocarme en mi.

Comencé a manejar sin idea alguna de dónde iba. Se estaba comenzando a dificultar la visión por el parabrisas, y sé que necesitaba encontrar un lugar donde esperar a que la tormenta pasara. La inspiración me golpea, y manejo hacia el norte, manteniéndome en los caminos limpios. El apartamento esta normalmente a unos 25 minutos manejado desde mi casa, pero había pasado cerca de una hora antes de que había llegado. Aparqué entre dos autos cubiertos de nieve en el lote, y cargué mis viejas cosas en una bolsa de compras que encontré en el maletero. Con algo de interés, me doy cuenta mientras tomo mi viejo diario contra mi pecho. Podrían haber ciertas respuestas dentro.

El código de seguridad en la entrada del edificio no había cambiado, y pronto estoy quedándome de pie en el cálido vestíbulo, sacando la nieve de mis hombros y presionando el botón del elevador. El apartamento de Rob esta en el piso de arriba, en uno de los rincones del edificio. Puedo pensar aquí, y saber que haré después.

Puse la llave en la cerradura y caminé hasta la mitad del pasillo del apartamento cuando me doy cuenta que hay algo mal; las luces están encendidas, y puedo oír el agua correr. Me congelé, cerrando la puerta detrás de mi. Rob trabaja en Wall Street, y solo usa el apartamento un par de semanas al año. ¿Por qué podría estar aquí?.

-¿Hola?.- llamé inquieto.

El agua se detiene, y un par de pasos se aproximan. Mi aliento queda atrapado en mi garganta cuando aparece.

-Hola.- Kurt dice débilmente.

-¿Qué estas… Cómo…- balbuceé con voz ronca.

Sus ojos están delineados de rojo; había estado llorando.

-Comencé a manejar a Lima, pero la tormenta se puso peor. Pensé que podría quedarme aquí mientras pasaba.

-¿Cómo entraste?

-La llave.

Boqueé hacia él.

-¿Solíamos venir aquí juntos?

-Un par de veces por semana.- asintió.- Finalmente decidiste darme una llave. Tu primo dijo que estaría bien con eso.- Esta girando sus dedos nerviosamente.- ¿Debería irme?

-No, tú- me haces sentir como en un hogar, quise decir.- Puedes quedarte.


¡Hola Klainers!. Lamento la tardanza, pero todo tiene su explicación.

Como les había comentado, este es mi último año del colegio, del que ya salí recién el viernes, y estas dos últimas semanas que me quedan, tengo que estudiar para una prueba que debo dar los dos primeros días de Diciembre para así poder entrar a la Universidad. Lamento, nuevamente, estarme demorando tanto, pero la inspiración para Zethouts no llega, porque no quiero escribir estresada y publicar algo que no me guste y decepcionarlos. Espero me comprendan. Luego de esos días de Diciembre volveré al 100%.

~Carolice