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Otra moneda terminó rodando debajo del sofá y ante su huida, los dos primos bufaron.
- La suerte nos está queriendo decir algo. – reflexionó Hinata, viendo el punto por donde se había dado a la fuga su quinta moneda.
- Sí, que tenemos que atraparla antes de que caiga al suelo.
- Eso no, Neji. Tenemos que contarle sin rodeos. Será mejor antes de que suceda.
Neji dirigió los ojos albinos al techo, antes de volver a enfocarlos en su prima.
- ¿Piedra, papel o tijera?
- ¡No! Ya basta, ¿sí? Es Hanabi, no una casa embrujada a la que pretendemos entrar.
- Embrujada se portará ella cuando se lo contemos.
Hinata enarcó las cejas. Entre impresionada por la actitud de su primo y un poco indecisa.
- Lo haremos juntos, así podremos calmarla en caso de que se lo tome mal. - no quería reconocer que la situación no le producía ni el más mínimo asomo de iniciativa, si tanto insistía en hacerlo, era porque sabía es lo correcto. A veces, se cansaba de ella misma y su molesta costumbre de hacer el bien.
- Por favor, Hinata, por supuesto que se lo tomará mal. Yo lo tomaría mal, pero no tengo tan mala suerte como para estar en el puesto de Hanabi. La forma más inteligente con la que podemos darle cara a este asunto, es insinuárselo hasta que ella de con la cuestión por sí sola, así tendrá tiempo de pensarlo. Tal vez, nos libremos de la etapa de negación y pasemos a la aceptación sin contratiempos.
La chica se ahorró la opinión que tenía sobre ese plan, no le parecía muy justo –obvio, hablábamos de Hinata- para Hanabi. Aunque podía entender el punto de vista de su primo, su pequeña hermanita podía ser bastante irascible cuando se lo proponía; y al tratarse de Kiba, era un campo inexplorado que, como avanzaban las cosas, parecía lograba intensificar su carácter. Pero, por eso mismo, quería decírselo; entre Neji y ella podrían hacer ver las cosas mejor.
- Será mañana, ¿sí? Cuando llegue de su práctica. Lo haremos juntos y seremos tolerantes con ella.
Neji soltó un largo suspiro.
- ¿Por qué no? Será una buena velada. – cedió el mayor, carente de emoción por la primicia.
Ella sonrió, en el preciso momento en que su padre ingresaba a la habitación y se acercaba.
- ¿Cómo están, hijos? – claro, desde el extraño acontecimiento del anuncio de la unión matrimonial, Hiashi había adoptado la costumbre de llamarlos "hijos" con tanta normalidad como si lo fuera usado toda la vida. Ya los tres se habían adaptado y no se extrañaban.
Poco querían saber del exacto motivo por el que la matrona Inuzuka conseguía ese cambio positivo en el siempre-cara-de-culo Hiashi; lo único que estaba en la comprensión de los tres primos era el simple hecho que -al parecer- la influencia femenina había ablandado un poco el corazón reforzado, tras la muerte de la madre de Hinata y Hanabi, por sólido y helado cemento. Desde su aparición, el hombre se mostraba menos tenso y más en paz con el mundo, algo que agradecían internamente sus hijas y sobrino.
- Bien. – contestaron al unísono.
- ¿Cómo estuvo tu día? - preguntó Hinata, mientras su padre depositaba un casto beso en su coronilla –por cierto, también estaba más reacio a demostrar afecto y tener contacto físico-.
- Como siempre, nada importante qué contar. – contestó él, dirigiéndose a apretar el hombro de Neji en señal de saludo -. ¿Ustedes?
- Hemos estado dedicándonos al juego de azar. – Neji miró significativamente a Hinata, quien sólo río divertida.
- Se oye bien, pero recuerden, todo en exceso es malo. - comentó antes de que entrara esta vez una Hanabi visiblemente agotada.
Arrastrando su equipo de tenis por todo el salón, lo dejó tirado a medio camino y se quedó de pie tambaleante, un poco encogida de hombros y desganada.
- Hola, papá. – y se acercó a darle un beso en la mejilla, poniéndose de puntitas -. Hola, hermana, Neji.
Contestaron al saludo; con dulzura, Hinata; y con estoicidad, Neji.
- ¿Cómo te fue en la práctica? – se le adelantó Hiashi, cuando Hinata estaba a punto de hablar.
- Muy bien, tuvimos un encuentro bastante parejo, pudieron darme pelea antes de ceder. – y la chica sonrió con arrogancia, muy satisfecha de sí misma.
Hiashi palmeó su hombro, devolviéndole una sonrisa paternal.
- Prometo ir para tu próximo torneo. – le dijo, comenzando a marcharse hacia las escaleras, sabían todos, a su oficina. Ya estaba a mitad de los escalones, cuando giro la cabeza y retrocedió algunos escalones -. Por cierto, ¿ya te lo dijeron? Kiba se alojará en la habitación contigua a la tuya, mañana vendrán unos trabajadores a trasladar las cosas de esa habitación al ático.
E inocente del caos que había desatado, continúo su camino hacia el piso superior.
Neji y Hinata manifestaron expresiones de horror y angustia. Ambos viendo las muecas de sorpresa que portaban cada uno, antes de mirar a Hanabi.
La chica veía las escaleras, como si esperara ver regresar a su padre y decirle que era una broma lo dicho hacia sólo unos segundos. Cuando pasó el tiempo, y no sucedió, procedió a buscar respuestas en Hinata y Neji. Encontró en sus muecas contorsionadas, unas palabras que los primos temían y esperaban no tener que pronunciar. Sus facciones se endurecieron tanto que parecía estar bajo un hechizo que la volvió de piedra, y fue toda una sorpresa cuando gesticuló muy claramente:
- Lo mataré y así nadie ocupará ese cuarto.
Los mayores intercambiaron miradas, sabedores de que aquello sólo era el filtro en que se colaba la mera posibilidad de que Kiba estaría a sólo unos pasos de la habitación de Hanabi. Lo peor se alargaría hasta dentro de dos días, en el que el chico Inuzuka ocuparía la habitación, y oficialmente, viviría en la mansión Hyuga.
- ¿Piedra, papel o tijera para saber quién se encargará de que no lo mate? - ofreció Hinata.
Y procedieron a cantar la típica canción, mientras que bajo los ojos de Hanabi se construían planes homicidas que poner en ejecución lo antes posible.
N.A: Ya falta poco para que haga su aparición Kiba (: Gracias por leer.
*Cambio y Fuera*
