NNNNYYYNRRRYYYGGG!
-Hola ¿Puedo pasar?
-Claro. Como para impedírtelo.
-Eiii. ¿Eso me ha sonado a burla? Significa que estás mejor – En un instante la había ojeado de arriba abajo - ¿Cómo te encuentras hoy?
-Castle, me preguntas siempre lo mismo ¿Acaso no sabes ya la respuesta?
-Pero quiero escucharlo de tu boca... ¿Has salido a dar una vuelta?
-Sí. Esta mañana con mi padre, ya he dado una vuelta completa a Central Park y no me he cansado nada.
-Eso suena genial. ¿Para cuando dos?
-¿Dos?, ¿Dos vueltas? ¿Quieres matarme?
-Eso nunca. Entonces… ¿te apetece quedarte en casa o te gustaría bajar a dar una vuelta?
-…. – Kate lo miraba indecisa.
-Venga, vamos. Aunque sea al parquecito ese que hay a dos manzanas de aquí.
-Yo…
-Hay un puesto de helados al lado… Llevas mucho tiempo en el hospital y en casa. Ahora que no te cansas con tu padre… ¿no te apetece escaparte conmigo?... ¿Abajo?... ¿Te he dicho que hay helados?... ¿Tomar el sol tranquilamente en un banco del parque?... ¿Comiéndote un helado? – Castle veía que cada vez la tenía más convencida. Sólo le quedaba un poquito más. Acercándose a Kate con una gran sonrisa añadió – Además, los médicos dicen que un paseo tranquilo después de comer es muy beneficioso para hacer una buena digestión.
-¡Ja, Castle!. Ya no sabes qué excusa poner para sacarme de casa, ¿verdad?
-Cierto.
-Está bien. Hoy me apetece. Pero no te acostumbres que no voy a aceptar siempre.
-Eso… ya lo veremos.
-Kate cogió las llaves del perchero de la entrada, cogió su móvil y cerró la puerta tras de sí. Ese día sí le apetecía andar. Ese día, se había dado cuenta que su recuperación iba a ser más rápida que lo que esperaba, había pasado unas semanas que apenas podía levantarse del sillón a en dos días, andar y pasear sin fatigarse. Ese día se convenció que su recuperación completa era posible y que lo de las semanas anteriores había sido sólo un acopio de fuerzas para cuando su cuerpo empezara a pedir más.
NNNNYYYNRRRYYYGGG!
-¡Castle! ¿qué haces aquí a estas horas? Creí que ya no te vería más. Te creía desaparecido.
-Ehhh. No, no me he desaparecido. Disculpas por no llamar. Un momento: ¿Tarde? Son las siete, no es tan tarde… Yyyyy... ¿Qué me he desaparecido? ¿Qué quieres decir?
-En el hospital no me dejaste ni a sol ni a sombra, cuando salí de allí vienes a verme casi todos los días. Aunque sea una hora. Me insistes en que pasee contigo todos los días para recuperarme y de pronto, de buenas a primeras, desapareces 9 días y ni avisas.
-Vaya. No sabía que llevaras la cuenta tan bien ¿Eso es preocupación por mi o es un reproche por no venir a verte? ¿Tanto me echas me menos?
-Kate se quedó parada, no se esperaba esa respuesta aunque también era cierto que a ella le sonó a lo que Castle le dijo, se apresuró a contestarle sin pensar demasiado.
-Eso es aburrimiento. Ya me he leído todos los libros de casa, estoy empezando a jugar al solitario con las cartas. Así que llevo la cuenta de cualquier cosa insignificante.
-Insignificante ¿eh? Eso ha dolido.
-Como otras tantas veces, Castle sabía cómo responder a Beckett para que se quedara sin una contestación coherente.
-No… Yo… Ehh… Pasa. ¿Qué quieres?
-Nada en especial. Comentarte algo que… Sólo quería verte, preguntar cómo estás. ¿Cómo te encuentras hoy?
-Pasaron a la sala, Castle dejó su gabardina plegada en el respaldo de un sillón y se sentó con ella en el sofá, esperó unos momentos a que Beckett se acomodase y empezara a hablar.
-Bien, físicamente mejor. En estos días ya puedo hacer carrera continua, creo que en un par se semanas podré pedir la incorporación al cuerpo. Tan sólo tengo que pasar las pruebas físicas.
-Hum.
-¿Hum, qué?
-El detalle que has dicho.
-Cual.
-"Físicamente mejor"… ¿no estás bien de aquí? – Señalándose la cabeza.
-Dios. Pareces el psicólogo. Ya le he dicho, y ahora te lo repito a ti, que soy consciente que me han disparado, soy consciente que fueron a por mí, soy consciente que no todos los maleantes de ahí fuera van a ir así a por mí, soy consciente que "eso" ocurrió en el funeral del capitán y que aunque tenga un sentimiento de culpa porque él murió protegiéndonos no es mi culpa el que acabara así, yo… - Beckett dejó de hablar unos segundos y prosiguió algo más calmada – Bueno, eso es lo que le dije al psicólogo. La verdad es… la que tú ya conoces, y sí tengo un sentimiento de culpa porque de no haber insistido tanto, él… seguiría vivo… seguiría con su mujer… su familia…
-Kate, para, no sigas. Me parece bien que le hayas dicho eso al psicólogo. Pero también tienes que dejar que eso no te machaque. Deja que tus amigos seamos su psicólogo, te ayudaremos ¿vale? – Unos segundos después continuó - Si hablamos de sentimientos de culpa yo soy el primero que los tengo.
-¿Tú? ¿Qué hiciste tú? Quisiste pararme, alejarme de todo.
-¿Acaso no te acuerdas? Me apartaste de tu lado por haberlo hecho.
-El qué.
-El entrometerme en tu vida. El fisgonear en el caso de tu madre y el animarte a reabrirlo. Si no fuera por mí, tú no habrías hecho nada desde el principio y no habríamos llegado a esto.
-Eso no es del todo cierto. Sí es verdad lo que acabas de decir, pero… ¿te acuerdas de la conversación de Raglan en la cafetería?
-Hum… Cómo olvidarlo.
-Él vino a mí porque quería limpiar su conciencia. Quería contarme lo que pasó con mi madre. En ese momento estalló todo y fue desde entonces cuando realmente nos ha perseguido todo esto.
-Sí pero… él quería contártelo porque mataste al primer asesino en comisaría y eso ocurrió porque yo pasé las pruebas al forense que Lanie consultó.
-Mira Castle, Raglan estaba muriéndose y quería limpiar su alma, irse de este mundo en paz. Con forense, o sin él, con pruebas o sin asesino estoy convencida que habría venido a buscarme de cualquier forma. Y además, el que está detrás de todo esto sabía de las intenciones de Raglan, es por eso que lo mató. – Beckett tomó aire pesadamente un par de veces, apoyó los codos en sus rodillas, frunció el ceño un poco más y puntualizó - Ese… esa persona que está detrás de todo esto no sólo nos tenía vigilados a nosotros, creo que nosotros sólo somos una pieza más en su puzzle, pero no somos la pieza definitiva.
Beckett calló, se recostó en el sofá. Se tapó la cara con las manos y las dejó detrás de la cabeza. Castle notaba que estaba volviendo a pensar, a hilar, a recordar todos los acontecimientos: el cementerio, la ventana-pizarra de su piso, Lockwood, sus manos manchadas de sangre de Coonan, el archivo que él le entregó con las pruebas del caso de su madre y seguro que pensaba en aquel día que le dieron la noticia, hacía ya 12 años.
-Parece que lo has meditado muy bien.
-He tenido mucho tiempo para hacerlo.
-De todos modos, no me quito este sentimiento de culpa por todo esto.
-Yo tampoco.
Se callaron unos minutos, ella mirando al techo con los brazos detrás de la cabeza, él mirando en varios puntos pero sin fijarse realmente en ninguno, no podía centrarse. Cuando ya estaba a punto de levantarse para irse se fijó en unas cartas que había encima de la mesa. Realmente Beckett estaba jugando al solitario cuando él llegó. Cogió las cartas, hizo un par de mezclas, finalmente se lo propuso.
-¿Jugamos?
