-¿Males menores? La veo.

-Creo que el darle vueltas a la conversación que hemos terminado hace un momento, el agobio de estar con tiempo libre y no trabajar. Tengo pareja de reyes ¿y tú? Y que ya esté pensando en volver y aún me parece que ese día está lejos… creo que me está pasando factura.

-Dobles parejas. No sé, quizás tengas razón. Yo gano.

-¿Y si jugamos y no hablamos?

-Ok.

Al cabo de media hora más habían llegado a la última baza.

-Eii nena. Pon todo lo que te queda sobre la mesa que te voy a ganar.

-Por esta vez.

-¿Qué habíamos dicho? Que si ganaba, yo pedía la cena y tú pagabas. ¿Verdad?

-¿Cómo puedes hacerle eso a una convaleciente?

-Ja. ¿Ahora me sales con que estás convaleciente? ¿No me habías dicho que ya aguantas 1 hora corriendo?

-Más bien a trote lento.

-Puessss… si es así, deja que te cocine algo.

-¡No!... ¿Tú cocinar?

-¿Qué te crees? Cuando te crías con una artista que se trae a casa los aperitivos de las presentaciones acabas por aprender a cocinar. Hace mucho que ya me cansé de los bocaditos de falso caviar, los bocaditos de ensaladilla rusa, los tomatitos cherry con huevo sobre un pan reseco… o reblandecido.

-¿Comíais de sobras?

-Ehhh. Sí pero no. Sí, porque eran sobras. No, porque mi madre no tenía necesidad de sobras, simplemente no quería cocinar. O eran bocaditos o era verdura cruda, una verdura muy verde y muy cruda. Le costaba arremangarse para cocinar, la manicura, ya sabes. - Beckett intentaba mantenerse seria pero le era difícil – Así que cuando ya crecí algo me convencí que si quería tener una dieta más o menos sana era cuestión de comprarla o de hacérsela. Así que como ella me daba el dinero justo para la semana y no podía comprarla, empecé a guisármela. Luego, cuando llegó Alexis, y menos mal que ya había practicado porque la dieta de un niño tiene que ser muy variada y completa, su madre no paraba en casa, fui yo quien se dedicó a la cocina. Así, y por obligación, soy un… excelente cocinero – Kate gesticuló incrédula – y voy a demostrártelo.

-Castle se levantó de un salto del sofá dirigiéndose a la nevera.

-¡Castle! ¡No!. – Beckett intentó seguirlo para interceptarle el paso, pero como estaba con las piernas cruzadas sobre el sofá, tardó más tiempo que el que debía para pararle.

-No, qué. – Agarrando el asa de la nevera.

-¡No abras la nevera! – Por fin se levantó del sofá y se dirigió a él.

-¿Por qué? ¿Hay algo que no pueda ver?

-Antes que Kate pudiera replicarle, Castle abre la puerta de la nevera hecha un vistazo dentro y se queda paralizado. Kate se había quedado a un par de metros de él. Castle mira dentro como buscando algo, se agacha al cajón inferior lo abre y busca dentro. Da un paso hacia atrás, gira la cabeza y mira el interior desde otra perspectiva. Kate miraba a Castle y al interior de la nevera, a veces, incluso le seguía el movimiento intentando averiguar qué era lo que estaba mirando con tanta fascinación. Tras un par de minutos mirando el interior, y más sorprendido que otra cosa, finalmente contesta.

-Creo que ya sé porqué no querías que mirara la nevera. No es que haya algo que no pueda ver. Es que no hay NADA que pueda ver. Menos que la otra vez. ¿Se puede saber para qué la tienes? ¿De adorno?, ¿Para gastar electricidad? Esta… está… completamente vacía.

-Ahh… vacía del todo… nop. En el congelador hay cubitos de hielo y helado.

-Ya, vale, y he encontrado esto ¿sopa de guisantes con "algo" encima?

-Creo que eso es tomate triturado… o lo era. – De la impresión, se le resbala de las manos y cae en el suelo desparramando un pegote del interior al suelo.

Kate mira primero a Castle y luego baja la vista al recipiente del suelo con la masa verdosa salpicada en el suelo. Sin levantar la vista y medio asqueada, da media vuelta y vuelve a su posición yogui encima del sofá dejando el mejunje en medio de la sala. No tenía ninguna intención de recogerlo, no lo había tirado ella.

-¿Estás haciendo un experimento biológico con tu nevera? – Castle comienza a examinar la cocina para encontrar algo - ¿"Tiempo de putrefacción de los alimentos en condiciones de temperatura y presión constantes"?

-Nop… y no me toques mis cosas - Castle encuentra un paño para limpiar lo que se le ha caído y limpia el suelo. Se acerca el paño a la nariz, lo huele y le da repulsión sólo de acercárselo.

-Vale que cuando trabajas no tengas mucho tiempo, pero llevas varias semanas sin hacer nada. – Está rebuscando algo entre los armarios de la cocina - Me dices que estás aburrida y… ¿no se te ocurre pasar el tiempo haciendo de cocinillas? ¿algo del tipo de ama de casa?

-Ehhh… Nop. Soy ama de casa pero no dedico mucho tiempo a la cocina. Me he acostumbrado a la comida preparada. No me mires los armarios y dime qué quieres.

-¿Siempre pides comida? – Sigue buscando en los armarios - ¿Dónde demonios está la lejía?

-Ya te dije que suelo pedirla, a veces saco un bote de la despensa. La lejía está en el armario de arriba a la izquierda… no Castle, ese no… ahí.

-No, no, no, no. No quiero ni imaginarme tu despensa. ¿desde cuando no comes una comida casera en condiciones? – Abre el armario que le ha dicho Beckett.

-Ehhh… ummmm… deja que pienseeee…

-¿La lejía la tienes con las galletas? – Mira el paquete de galletas escudriñando las letras – Y caducadas desde hace 5 meses. Bien, suficiente.

-Suficiente ¿qué?

-Castle arremangado hasta los codos comienza a restregar el paño con el jabón y la lejía, Kate puede oírle desde sus espaldas.

-Ya es mala suerte que una madre no quiera cocinar, que no estoy diciendo que no sepa. Ya es mala suerte que mi primera esposa no quisiera ir por casa más que para cambiarse los zapatos y darle un achuchón a Alexis pero nada de preocuparse de su alimentación. Y Gina… ni se ofreció a cocinar un huevo.

-¡Eiii, para! ¡No me quieras meter en tu familia!

-¿Eh? Tranquila… lo sé… no quiero meterte en mi… pero… – girándose en el fregadero - ¿acaso he tenido que conocer a todas las mujeres que no quieren meter un pie en la cocina? Y mira que todas vosotras sois distintas, no os parecéis en nada, pero en esto – señalando lo que era el tomate triturado – sois clavaditas. Todas. Las cuatro.

-¿Y Kyra?

-¿Kyra? Ella no cuenta… Pasábamos casi todo el día en la universidad. En esa época yo también estaba metido casi todo el día en la cafetería y el comedor del campus. No dio lugar… Aunque creo que tampoco era de las que se prodigan mucho tiempo con los pucheros – Castle extiende el paño para ver si quedaba alguna mancha, lo huele y vuelve a darle más detergente.

-Puess… lo siento, si es lo que quieres oír.

-No, no, no. No es eso. ¿No os dais cuenta? Perdón, ¿no te das cuenta que…? además de… spa, además de… meditación, además de… fiestas, además de… ejercicio ¿el comer una comida saludable también es bueno para la salud? ¿Y si es en compañía mejor?

-¿Estás seguro que no me estás queriendo meter en tu familia? Ooo… ¿contarme algún problema tuyo? ¿De tu infancia acaso?

-¿Qué? NO… no, no, no, no, no, no, no. Hoy la pedimos por encargo, y mañana te hago la cena. – Aclara el paño de jabón y le añade un poco de lejía.

-¿Qué? ¿Mañana?, Para, para, para. ¿No deberías quedarte en tu casa cocinando para tu familia ya que no saben hacerlo sin tí?

-Mi madre está de viaje un mes con mi futuro padrastro ¿Te acuerdas de Joseph de Temptation Lane? – Beckett asiente con la cabeza como si Castle la estuviera viendo - Mi hija está estudiando más que Stephen Hopkins y con dos sandwich dobles y un litro de café le sobra - Vuelve a asentir - Así que tengo tiempo de sobra para hacerte la cena. Otra cosa es que no quieras que aparezca por aquí o tengas a algún invitado… inesperado - Castle huele el trapo y le da el último aclarado.

-No quiero que te molestes, y si lo del invitado lo dices por Josh… él… no está.

-Para mí no es molestia ninguna. – Estrujando el trapo más fuerte de lo que necesitaba - ¿Puedo saber por qué…? ... ¿cuándo vendrá de su viaje? – y espolsándolo enérgicamente para luego dejarlo arreglado sobre el banco.

-Creo que el lunes que vieneee… no. Al otro. Para cuando me incorpore al cuerpo.

-Bien, pues mañana vengo.

-Castle cogió su gabardina del sillón y se fue hacia la puerta. Antes de salir por la puerta, Beckett le gritó:

-¡Yo no te he dicho que puedas venir!

-Aunque no quieras, vendré. ¡Ah! Y si invitas a alguien: Lanie, Expósito, Ryan, tu padre… avísame y traigo comida para todos - Portazo.

-Beckett no sabía si reirse o no, Castle se había alterado por un asunto aparentemente tonto aunque intuía que había algo más, pero ya se había ido y lo tendría allí al día siguiente con algún tipo de comida casera. Descolgó el teléfono, abrió las páginas amarillas y buscando los restaurantes tailandeses que sirven comida a domicilio oyó:

NNNNYYYNRRRYYYGGG!

Intrigada se levantó del sofá a abrir la puerta, era Castle apoyado en el marco de la puerta con la gabardina en la mano.

-¿Había ganado yo la apuesta del póquer, verdad? – Kate se empezó a reir.

-Sí, creo que sí.

-¿Entonces escojo la cena? ¿Tailandés?

-Anda, pasa.