Mientras esperaban a que la cena estuviese hecha Beckett buscó las cartas de póquer y las fichas que Castle le había regalado dejándolas preparadas en la mesita de la sala.

Cenaron tranquilamente, no hablaron demasiado. Hablaron de cosas sin importancia, a ratos recordaban lo que había sido la cena del domingo pasado con toda la "familia" reunida. Ambos se habían sentido como pocas veces en los últimos años.

Castle había sido un perfecto anfitrión, ya se conocía todos los rincones de la cocina y el comedor y con el beneplácito de Beckett se había encargado de atender a "los invitados" y no permitió que ella se ocupase de nada de la cena.

Alexis, que le encantaba ayudar a su padre, estaba emocionada que sucediera esta cena. A pesar que tenía que estudiar no quería perderse esta reunión, iba a ser su noche de descanso. Estaba emocionada no sólo por la compañía de los mayores, sino que al fin encontraba a su padre en su salsa después de tanto tiempo. No estaba acostumbrada a que pasara tanto tiempo sin que organizase una fiesta, una reunión o algo para divertirse y para divertir a los demás. De paso, vio que realmente Beckett se encontraba recuperada, la veía reírse como nunca la había visto. Le gustaba pensar que a partir de ese momento su padre podría convencerla para estrechar más su relación. Ya que él había organizado la cena en su casa, tendría la excusa perfecta para invitarla a casa. Aunque también pensaba que estas posibilidades eran más propias de su edad y de sus deseos que lo que realmente sucedería. Eso el tiempo lo diría; pero no demasiado tarde, pensaba esperanzada.

Ryan con Jenny, se pasaron la noche agobiando a Expósito para que de alguna manera les dijese si tenía pensado casarse con Lanie o si al menos se lo había propuesto. Intentaron que hiciera una escena para pedírselo a Lanie, o hacerle confesar delante de todos. Lanie de momento no tenía pensado en dar ese paso, así que salía defendiendo a su chico.

- Él sólo me pedirá matrimonio cuando yo le diga que lo haga.

La conversación giró en si ellos eran más o menos dominantes o sumisos ante sus parejas, no pudieron rechistar mucho ya que siendo ellos dos solos ante Lanie y Jenny tenían poco que hacer. Cuando pidieron ayuda a los demás las chicas tenían a Beckett a su favor. Ella les replicó que siendo su jefa, los tiene más que "dominados" en el trabajo. Y al pedir ayuda a Castle se dieron de bruces ya que reconoció abiertamente que su naturaleza era la de sumiso y que además le encantaba serlo. Así que Expósito y Ryan perdieron un aliado en esa batalla.

Lanie con sus impertinencias, había dicho esta vez delante de todo el mundo lo que a Beckett le decía en el tanatorio: que Castle la trataba como una reina, que todos ellos sabían lo que sentían el uno por el otro y que sólo le faltaba a ella darse cuenta de todo. De no ser tan cabezona y de lanzarse ya de una vez, a lo que Beckett respondió que no trasladase su relación con Expósito a los demás, que estaba demasiado colada por Expósito como para conocer sus sentimientos.

- Sí querida, auto-convéncete. Pero aquí todos sabemos de qué va esto.

Beckett quería fulminar a su amiga por todo lo que le estaba diciendo. En toda la noche no paró de abochornarla. Claro, que cuando los dardos mordientes de Lanie no se lanzaban contra ella iban en contra de cualquiera que estuviera sentado a la mesa. Castle se divertía mirando las caras que ponía Beckett, le gustaba pensar que una parte de esas puyas de Lanie era cierta, o bien que Kate las admitiese de una vez. Pero lo que más le divertía era que Lanie era capaz de avergonzarla y sacarla de quicio; bastante más de lo que él era capaz de hacerlo.

Jim por su parte, tranquilo, disfrutó de la cena, hacía años que no veía a su hija tan radiante. Estaba feliz por la compañía, por la comida, por la conversación, en alguna ocasión se unió a Lanie contando alguna historia de la infancia de Kate.

- Esto me lo apunto. Saldrá en el próximo Nikki Heat. – Amenazó Castle.

- Ni se te ocurra. Como hagas eso, nosotros hemos acabado.

- ¿Cómo puedes decir acabado si ni siquiera hemos empezado? – Replicó pícaramente.

- ¡Huaahh, nena! – Replicó Lanie – Él también las sabe echar. ¿Cómo puedes resistirte a un bomboncito como él? Ya que tienes a tu padre en la mesa, no seas tan mojigata y pídele a Jim que te dé permiso para salir con él.

- ¿Mojigata? No necesito pedir permiso a nadie para salir con… ¿otra vez Lanie? ¿No te cansas? - Lanie negó con la cabeza y con una mueca - ¿Cuántos tequilas llevas ya?

Kate no sabía dónde meterse, ya era suficiente manejar a su amiga en el tanatorio, manejar a Castle en el trabajo, pero tener a los dos de aliados enfrente de la mesa era algo que podía superarla y para colmo su padre estaba desvelando historias de su infancia que prefería tenerlas ocultas. La mucha o poca autoridad que tenía sobre los siete de la mesa se estaba esfumando a la nada. Pero no le importó demasiado porque se lo estaba pasando demasiado bien como para tomar en serio todo lo que le decían.

En toda la velada no pararon las risas, tan sólo un momento cuando recordaron que se encontraban en esa situación porque Beckett había recibido un disparo en el funeral del capitán Montgomeri. Se prometieron repetir esa cena en algún otro momento pero sin ningún antecedente de ese tipo.

Cuando acabaron con el último bocado de las berenjenas, Beckett apagó las velas de la mesa del comedor mientras Castle recogía la mesa llevando los platos y vasos al fregadero junto con las sartenes y la tabla de cortar que habían dejado antes de sentarse a cenar.

- Deja, ya lo hago yo – le pidió Beckett.

Castle se apartó del silo y comenzó a recoger los preparativos de la cena: el medio pimiento que había sobrado, la botella de agua, el pan… Recordando lo que le había dicho Beckett antes de la cena, comenzó a recoger también todas las cosas que había llevado en esos días atrás. Quería dejarle la cocina, los armarios, todo, tal cual los tenía hace 10 días.

Conforme recogía los bártulos no podía evitar mirar hacia la puerta de salida, luego volvía a meter la mirada dentro de algún armario o la nevera para encontrar alguna cosa más, de reojo intentaba vigilar a Beckett para comprobar la actitud que tenía.

Ella se mostraba tranquila, impasible, estaba en sus pensamientos sin fijarse demasiado en lo que hacía Castle. La primera en acabar fue ella, aclaró el esparto, escurrió los trapos y lo colocó todo en su lugar. Se dirigió al sofá junto a la mesita.

Beckett, recostada sobre el lateral y apoyando la cabeza sobre su puño observaba en silencio a Castle, cómo iba de aquí para allá por la cocina. Lo veía abrir todos los armarios, uno detrás de otro, abría los cajones para encontrar alguna cosa que se le había olvidado, volvía a repasar la nevera, el congelador. Finalmente, cuando Castle ya había registrado toda la cocina y el comedor unas 5 veces se dispuso a abandonar la casa.

- Bueno – Girándose hacia Beckett.

- Bueno – Le contestó desde el sofá.

- Creo que ya lo he recogido todo. – Secándose las manos y dejándolo de nuevo en su percha - Voy a irme.

- Entonces… ¿te vas?

- Sí, ¿No es eso lo que me has pedido?

- Exactamente… no.