- Pero… antes… me has dicho que no querías que volviese más.

- Sí, te he dicho que quería que se acabara esto de las cenas. No te he echado de casa – Beckett vio que por la mente de Castle se le pasaban un millar de ideas, parecía que estaba resolviendo una compleja ecuación aritmética.

- Yo… yo creía… creía que querías acabar con la cena.

- Sí, pero no es necesario que sea tan pronto. Otras veces te has quedado más tiempo ¿no?

- Sí.

Kate esperó a que Castle resolviese esa ecuación matemática que tenía en la cabeza antes de volverle a preguntar.

- ¿Entonces?

- Entonces… qué.

- ¿Te quedas un rato?

- Me quedo un rato.

Castle que ya tenía en sus manos las bolsas las volvió a dejar cerca de la puerta y se dirigió al sofá. Beckett todavía no había dejado de observarle desde que empezó a recoger los bártulos en la cocina. Él se sentó en el otro lateral del sofá y esperó a que Beckett empezara la conversación.

- ¿Jugamos? – Preguntó ella de repente.

- ¿Perdón? ¿Qué has dicho? – Gesticuló como no entendiendo la pregunta.

- ¿Jugamos? – Repitió Beckett más despacio, alto y claro.

Beckett vio que a Castle se le vino de pronto a la mente una ecuación de quinto grado por resolver. Había bajado la mirada a sus manos, la cabeza la movía como si estuviese resolviendo esa ecuación. Subió la mirada de nuevo y la observó, ¿era su imaginación? ¿Ella le había propuesto de una manera bastante poco sugerente algo que no esperaba para esa noche? ¿Era real? pero seguía viendo el mismo rostro impasible que cuando estaba fregando, en la misma posición recostada apoyada sobre su puño y la misma mirada tranquila con la que lo había estado mirando toda la noche. Tras unos segundos de cálculo matemático, resolvió a contestarle:

- ¿A qué jugamos?

Beckett, seguía sin quitarle la mirada y Castle ya había vuelto a la actitud de antes. Beckett respiró profundo mientras pensaba unos segundos sobre la pregunta, se quitó la mano de la sien y se adelantó despacio en el sofá hincando los codos en el respaldo, tal como había cogido costumbre desde la recuperación. Se reclinó hacia delante sin perder los ojos de Castle. Él seguía en su posición en el otro lado del sofá, mirando lo que hacía ella. Vio que Beckett se reclinaba hacia delante en su asiento dejando asomar el encaje de la ropa interior. Al cabo de unos segundos ella se recostó de nuevo en el respaldo preguntando:

- ¿Póquer?

Castle desvió la vista a la mano derecha de Beckett y vio que sostenía el mazo de cartas de póquer. Apoyada de nuevo en el respaldo sacó el mazo de su cajetín y comenzó a barajar.

Castle, que ahora no tenía la mirada de ella centrada en él consiguió cerrar los ojos, pensó en el lance que le había propuesto, al final inclinándose sobre la mesita repartió las fichas a partes iguales y le preguntó.

- ¿Te parece si se abre con una de 20? – Tras unos segundos Beckett le contestó asintiendo levemente con la cabeza.

- Bien.

Jugaron unas manos en silencio, había vuelto ese silencio que les había acompañado parte de la velada, antes en la cena y ahora en la partida. No era especialmente incómodo para ninguno de los dos pero ambos preferían hablar y no sabían qué tema sacar. Prácticamente se habían puesto al día durante esas 10 noches.

Castle fue el que rompió ese silencio.

- ¿Cómo te encuentras hoy?

Beckett levantó la vista de su mano. Castle le sonreía levemente, de la misma manera que lo había hecho al llamar a la puerta con las bolsas de comida.

- Bien, ya te he dicho antes que voy a incorporarme este lunes. Me encuentro bien.

- Vale. Y… realmente ¿cómo te encuentras hoy? – Le preguntó más serio.

Beckett dejó un momento la mano de cartas sobre la mesa, ahora era ella la que parecía que tenía una ecuación en la cabeza, Beckett bufó suavemente, levantó la cabeza y como si el techo de su apartamento fuera la pizarra de la oficina, estaba exponiendo todos los datos imaginariamente en ese techo. Se colocó las manos detrás de la cabeza y frunció los labios como cuando no le salían las cosas. Estaba exponiendo los acontecimientos de ese día como si fuera la resolución de un asesinato, la ventana de tiempo era las 24 horas de ese día pero venía enlazado de días anteriores y se enlazarían con los posteriores por lo que la pizarra de su cabeza era tan grande como el techo del apartamento. Cerró los ojos para visualizar esa pizarra mejor y una vez conectados los hechos y reordenado las ideas prosiguió.

- Físicamente, mucho mejor.

- Lo sé. Me has dicho que ya no te fatigas al correr.

- Sí… prácticamente.

- ¿Pero de aquí? – Señalándose la cabeza. – Te noto más rara de lo normal.

- ¿Qué quieres decir? – Empezando a irritarse.

- No sé… estás… cambiante, poco centrada… Eh… distinta.

- ¿Cambiante?

- Sí… por ejemplo… hoy mismo. Me recibes con una sonrisa, luego pasas a decirme que no quieres seguir con las cenas y que me vaya de la casa, hace un momento me pides que me quede como las otras noches y luego… a veces te cambia el humor y sin avisar - Beckett lo miraba intentado entender pero cada vez más crispada - Igual te veo más normal, como decaída, como malhumorada como… como… como… como ahora mismo te estás poniendo… - dijo en un tono de clemencia - pero no he conseguido verte serena del todo… no te he visto bien del todo, todavía no.

- El domingo me encontré bien.

- El domingo no cuenta. Fue un paréntesis para todos.

- Yo… yo…

- ¿Qué te pasa por la cabeza? ¿Puedo ayudarte? Quiero ayudarte.

- Tú… tú… tú no deberías meterte tanto en mi cabeza.

- Sí quiero. Quiero que te encuentres mejor, quiero que puedas lograr que todos los días sean el domingo, pero para eso tienes que contarme lo que pasa.

Beckett tenía ahora esa ecuación de quinto grado en la cabeza y no hallaba la solución. Él veía que quería contarle lo que pasaba por su mente pero que se resistía a hacerlo. Sabía que la estaba presionando y cada vez estaba más nerviosa. Si la seguía presionando le podía tirar de casa, y Beckett no necesitaba mucho para tomar esa solución y escapársele de nuevo. Así que decidió darle unos minutos para que se tranquilizase un poco, cogió la mano de cartas y la obligó a que retomara la partida.

Después de que Beckett perdiera 7 manos seguidas, Castle lo intentó de nuevo:

- ¿Puedo preguntarte algo?

- ¿Sobre mi cabeza?

- Sí.

- Entonces no.

- ¿Sigues sin dormir bien?

- ¿Qué?

- Me dijiste que no dormías bien por las noches ¿sigues así?

- Sí.

- ¿Igual? ¿Más? ¿Menos?

- Más.

- ¿Más?

- Ahora me desvelo casi toda la noche.

- ¿Te pasa todos los días?

- ¿Y a ti qué te importa?

- Me importa ¿Te pasa todos los días?

- Sí.

- ¿Sabes de qué?

- Creo que sí.

- ¿Me lo cuentas? – Castle dejó su mano de cartas en la mesa para prestarle más atención.

Beckett volvió a mirar al techo repasando todos los acontecimientos.

- No.

- Por favor.

- No sabría empezar.

- Empieza por una parte y acabas por el final.

- ¿Qué? - mirándole de reojo – creo que no es tan sencillo, todo se mezcla mucho.

- Pues cuéntamelo por partes, sin mezclar.

Beckett volvió a resoplar suavemente, se notaba que no sabía por dónde empezar ni si quería contárselo. Al final prosiguió.