- Por una parte está lo del caso de mi madre. Que creo que no hace falta que te diga mucho.

- Ajá.

- Por otra parte, la muerte de Montgomeri.

- Ajá.

- Luego, nos pasamos a la bala.

- Continúa.

- Hay nuevo capitán.

- Vale. Qué más.

- Este viernes son las pruebas, y aunque sé que las voy a superar… están ahí. Quiero pasarlas.

- Muy bien.

- Reincorporación al trabajo. Supongo que aún me acordaré de hacer mi trabajo.

- Seguro que sí, sigue.

- Cuando me haya incorporado y algún pandillero me apunte con un arma… ¿saldré huyendo?

- Seguro que no. Qué más.

- ¿Aún más? Creo que te lo he dicho todo.

- Discrepo.

- ¿Discrepas en qué?

- En que no me lo has contado todo.

- ¿A sí? Señor psicólogo. ¿qué más le tengo que contar? – Le dijo más crispada.

- Todo lo que me has dicho es de tu trabajo, de tu vida laboral. Faltan las inquietudes de tu vida personal. – Instantáneamente Beckett se giró irritada por lo que le había dicho.

- ¿Vida personal? ¿Ahora me vienes con esas? – Volvió a resoplar más fuerte y se giró mirando la parte del techo donde colgarían sus inquietudes personales. – Tú no eres mi psicólogo. Ni tienes el derecho a la confidencialidad. Tú no estás aquí por mi cabeza.

- Ya te digo yo que sí. Tal vez no tenga el derecho a la confidencialidad pero soy tu confidente.

- ¿Qué? Que te crees ¿qué?

- Desde hace algún tiempo… poco a poco… me vas contando cosas más personales… y… y… cuando lo haces parece que te quitas un peso de encima y quisiera que esa carga tuya fuera más ligera. Si no se puede hacer más ligera, por lo menos te ayudaría a llevarla.

- ¿Qué?

- Que me cuentes lo que te agobia para intentar darte una solución.

- ¿Te crees que tienes solución para todo?

- No. Pero compartirlo también ayuda… Verás, en casa… con Alexis, con mi madre… tal vez no compartamos los mismos puntos de vista pero nos contamos nuestras preocupaciones, unas veces puedo ayudar a Alexis, otras veces las tiene que resolver ella sola aunque me duela no ayudarla, pero sabe que estoy ahí para ella, para lo que sea. Y lo mismo puede decirse para mi madre y para mí.

- Yo también tengo a mi padre y a Lanie.

- Y me tienes a mí.

- Pero…

- Por favor, Kate… en referencia al trabajo… Lo del caso de tu madre, ahora mismo no puedes hacer nada, eso lo tienes que dejar para más adelante. Tampoco podemos poner remedio a la muerte del capitán, tenemos que guardarle memoria, respetarle pero no podemos hacer más. El tema de la bala… ya estás recuperada, ya has pasado todo el riesgo. El nuevo capitán, eso lo tendrás que afrontar el lunes, hoy no es el día. Las pruebas físicas, tal como tú dices las vas a superar, he visto detectives más gordos y torpes y están trabajando. La reincorporación al trabajo, esto ha sido como unas vacaciones… o ir en bici, sabes hacerlo, en cuanto te pongan un expediente encima de la mesa sabrás que hacer con él. Y si algún pandillero te apunta con un arma, tú le vas a apuntar a él y tienes compañeros que te respaldan – Paró un momento, le agarró sus manos y continuó – Kate, por favor. Ahora mismo. Sin pensar ¿Qué te agobia?

- Estar en casa.

- ¿Querrías salir?

- No.

- ¿Por qué?

- Porque me agobia salir.

- ¿Por qué?

- Porque… porque… son los mismos sitios, los mismos… son los mismos parques, son… las mismas personas.

- Entiendo lo de los sitios y parques pero… ¿qué quieres decir con personas? ¿conoces a "las mismas personas"? ¿conoces a todos los que se pasean?

- No.

- ¿Entonces?

- Entonces… yo… ellas… ellas están… están disfrutando.

- ¿Y eso es malo?

- Sí, porque… porque yo no puedo hacerlo, al menos como ellas lo hacen. ¿Es tan malo desear que los demás lo pasen tan mal como uno mismo?

- No.

- ¿No?

- No, porque lo que quieres es querer disfrutar como los demás. Despreocuparte como parece que ellos están.

- Yo…

- Escucha, esas personas ¿Crees que son siempre así?, ¿Crees que ellos no tendrán otras preocupaciones? La hipoteca, la enfermedad de la niña, el posible despido de su trabajo, en fin, otras preocupaciones.

- Supongo que también las tendrán.

- ¿Entonces? ¿Por qué parecen felices? Jugando con sus hijos, paseando con el perro, o simplemente dejar pasar el tiempo.

- Porque, porque… no sé, porque quizás ellos pueden hacerlo o saben distraerse.

- Bien, y… ¿por qué no intentas hacerlo también?

- Ya lo he intentado. Cada vez me agobio más.

- Lo que me estás diciendo parece que sean las palabras de un trabajador que necesita vacaciones.

- Pues yo estoy en ellas y sólo quiero que se acaben para volver al trabajo.

- Discrepo.

- ¿Discrepas, señor psicólogo?

- Sí. Porque creo que necesitas unas vacaciones de verdad. Tal como tú dices, dejar esta casa, estas calles y parques. Dejar a esta misma gente para ver otras caras.

- Pero… Aún estoy convaleciente.

- Si tienes fuerzas para volver al trabajo también las tienes para unas vacaciones.

- Aún me estoy medicando.

- Te las llevas.

- Y… dónde iría. Con sólo pensar en salir, yo… me agobio.

- ¿Me dejas que te prepare las vacaciones?

- ¿Cómo?

- Te he dicho que quería ayudarte, así que prepararte las vacaciones sería una labor que haría con mucho gusto. Y te digo que sé preparar unas - vacaciones para divertirse. ¿Me crees?

- Te creo pero no quiero que me prepares nada.

- Venga vamos. Me has dado la excusa perfecta – Castle le soltó las manos y se acercó más a ella acomodándose en el sillón.

- ¿Qué excusa?

- Hace tiempo quería planteártelo pero no sabía cómo.

- El qué.

- El regalarte algo y que además no sintieras que te estoy comprando.

- … No te entiendo.

- Verás, sabes que tú eres mi musa, mi inspiración. Mis libros están basados en ti.

- Te sigo.

- Pero tú y yo no tenemos un contrato en firme.

- Ahora no te sigo.

- He ganado mucho dinero gracias a ti y quiero compensarte como es debido. Quería hacerte un regalo pero que además no sintieras que eso te obliga a seguir haciendo lo mismo conmigo.

- Yo no necesito regalos tuyos.

- Pero yo necesito hacértelo a ti. Como nota de agradecimiento.

- Pues con la nota es suficiente.

- Mira, tengo que hacerte una pequeña confesión: cuando las ventas van muy bien me hago algunos caprichos.

- ¿Sólo cuando las ventas van bien?

- Bueno, de vez en cuando alguno más, pero cuando saco un libro y va bien me hago o hago regalos… ¿cómo lo diría? ¿especiales? No son simples - caprichos, me tomo tiempo para prepararlos porque quiero que sean significativos, a veces cuestan 30 dólares, otras veces una burrada. En estos regalos da igual lo que me gaste, son para mí y para la gente a la que quiero.

- ¿Por qué debería aceptarlo?