Esclavo de esclavo.
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Un torrente de recuerdos le cayeron de golpe en la cabeza cuando la cuchilla le pasó por el frente. Escuchó los huesos de su espalda crujir por el movimiento tan repentino pero lo que más le aterró fue el crujir de su corazón.
¿Su corazón?
¿Terror?
Algún día me encargaré de destruir personalmente a la verdadera Morgiana.
Y Morgiana se arrepentiría toda su vida de ser ella. Se arrepentiría de las lágrimas y de las palabras, de las miradas a su cuerpo, las palabras de Goltas, los consejos de Masrur, las risas de Alíbabá y las enseñanzas de Aladdín. Toda esclavitud era aciaga. Toda cadena que le ataba a cientos de necesidades inventadas y sentimientos que le ataban a Hakuryuu se habían disuelto como arena en el aire.
Tú sólo sabes comportarte como tu amo Alíbabá.
Y la sonrisa de Judal, la guerra, los gritos de Alíbabá, las lágrimas de Hakuryuu y los recuerdos hicieron que sus sentidos se entumecieran, el dolor se expandió por todo su torrente sanguíneo haciendo que sus órganos ardieran y el corazón se le agrietara…
¿Por qué…?
¿Por qué entre todas las personas del mundo, era Hakuryuu quien que la encadenaba a su existencia?
¿Por qué de entre cualquier cosa en el mundo, tenía que ser precisamente el arma de Hakuryuu la que intentara cortar su cabeza?
¿Por qué?
La esclavitud y el servilismo hicieron mella en su cuerpo, y recordó cada una de las vivencias, las confesiones y los besos… El beso, porque Hakuryuu la amaba ¡Hakuryuu en verdad la amaba! Morgiana hizo fe ciega a aquéllas palabras dichas en el atardecer de Actia y se aferró tanto, tanto con tanto fervor y dedicación a esas palabras aunque no lo demostró abiertamente que un día sin quererlo se dio cuenta de que de nuevo había sido esclavizada, aunque ésta esclavitud jamás le importó, porque creyó en las palabras, creyó en que finalmente un chico podía encontrarla atractiva, a ella, a una simple esclava.
A una sencilla esclava con tobillos destrozados y vivencias tan oscuras como las del propio Hakuryuu.
Pero él logró notarla, de entre todas las personas en el mundo la notó a ella, y todo pareció llenarse de rukh rosa y bendiciones.
Se dio cuenta únicamente cuando la derrota no sólo de su corazón o su consciencia fue inminente, sino cuando ser esclava de su propia condición y nombre le llevó a darse cuenta de que se enfrentaba con un enemigo mucho más oscuro que Judar y el Hakuryuu que la amenazaba: el amor.
Cualquier esclavitud era aciaga, y el amor que se convertía en esclavitud por dolor a que desapareciera, era aciago también.
