A la salida del aeropuerto.

- Vamos Kate, ya tengo el taxi.

- ¿Taxi? me esperaba que alquilases un coche. Un coche tipo Ferrari… para andar por la ciudad.

- ¿Y eso?

- Viniendo en el avión estuve pensando en el viaje que hicimos a Los Ángeles y pensé qué cosas podías tener preparadas para Las Vegas. Creo que lo que quieres es rodearme de lujo o regalarme cosas que no puedo comprar o tener fácilmente. Ya hemos venido en primera, así que imaginaba que ahora alquilarías un Ferrari o una limusina.

- Deja de pensar tanto Kate. Lo de primera es porque es mucho más cómodo, en regular se te acaban durmiendo las piernas. Déjame las sorpresas para mí y disfruta de lo que hagamos. – Castle mete las maletas en el maletero del coche.

- Entonces… ¿la sorpresa no es invitarme a un fin de semana de lujos?

- Ehhh. Sí pero no. Por favor Kate, no me hagas un interrogatorio. Aunque eso sí, si hay algo que quieras ver o hacer aquí en Las Vegas dímelo e intentaré conseguirlo – El taxi arranca en dirección al hotel.

- Me gusta saber lo que voy a hacer. Simplemente.

- Pues en este caso no, relájate y no estés tanto a la defensiva.

- Al escuchar "estar a la defensiva", Beckett se tensó más.

- Castle… No quiero discutir.

- Ni yo tampoco Kate. ¿No puedes dejarte llevar? Ya te dije que me portaría bien, pero también necesito un poco de colaboración por tu parte.

… - Kate lo miraba indecisa - ¿Te vas a portar bien?

- Sí, te lo prometí. No voy a meterme en ningún lío, no voy a provocarte, no voy a mentirte, voy a ser el perfecto acompañante.

- Aún me cuesta creerte. Dices… ¿no vas a provocarme?

- No.

- ¿No vas a mentirme?

- No.

- Entonces… ¿podría preguntarte cualquier cosa y me responderías la verdad?

- Sí, así es.

- Je. Creo que sí puede ser divertido el viaje – Sonrió maliciosamente.

- Kate… me estás empezando a preocupar. Además, si tú te metes en un lío yo no podré ayudarte mucho, tengo antecedentes en este estado.

- De eso ya hablaremos más tarde. Definitivamente sí va a ser divertido.

- El taxista siguió con su trayecto, cuando estaban entrando a la ciudad Castle preguntó:

- Kate, ¿has estado alguna vez en Las Vegas?

- Sí

- ¿Cuando?

- Cuando me gradué. Vine con mis compañeros a celebrarlo.

- ¡Oh! Dios. Eso tienes que contármelo.

- No. YO no estoy obligada a decirte nada que no quiera.

- Vamos… Tienes que contármelo, seguro que… jo, jo, jo. Te imagino… ja, ja, ja – Castle estaba dejando volar su imaginación de las fechorías que podía haber hecho Beckett – ¿Qué no irías a…? ja, ja, ja.

- Castle…

- Sí, sí. Perdón, Kate. Soy un chico bueno, chico bueno, un angelito… ja, ja, ja - Pensando aún en la celebración de graduación de Beckett - No diré nada pero lo que no puedes hacer es que deje de imaginar… Esto va a ser más difícil de lo que había pensado.

- De acuerdo. ¿Puedo preguntarte algo?

- Claro. Todo lo que quieras.

- ¿Por qué ahora me llamas Kate y no Beckett?

- Bueeeeno, Beckett es más formal. Me parece bien cuando estamos en la comisaría y por inercia ya me estoy acostumbrando a llamarte así… pero… aquí sólo somos dos que están de vacaciones. No hace falta tanto formalismo ¿Te parece bien?

- ¿Entonces yo tendría que llamarte Richard o Castle?

- Richard también es bastante formal. Me gusta para las firmas de libros, y cuando alguien quiere echarme la bronca también lo usa. Estamos de vacaciones ¿no? llámame Rick.

- Bien Rick - Matizó de una forma un poco forzada el nombre de Rick - ¿A que hotel vamos?

- Ahhh… Ya lo verás, de hecho ya lo estoy viendo. Llegamos en un minuto.

- ¿Qué hotel es? ¿Imperial Palace? ¿Mirage? ¿El rosado Flamingo?

- Nop. Ya hemos llegado.

- El… ¿Venetian?

- Sip.

- ¿No tenías otro más caro donde elegir?

- No lo he elegido sólo por ser uno de los más caros. Lo he elegido porque ha ganado varias veces el premio al mejor hotel de Las Vegas, tiene un gran casino, el servicio de habitaciones es de lujo y unas camas estupendas.

- ¿Camas? ¿Castle?

- Eh, eh, eh, eh. ¿Qué te he dicho yo? – En tono de reproche - No imagines más de lo que debes. Yo voy a portarme. Lo que te he dicho es verdad. Las camas son estupendas, ni duras ni blandas, muy buenas para descansar del viaje. Son enormes, parecen una cama elástica. El servicio de habitaciones se comporta muy bien y tiene un casino con más de 200 juegos. ¿Lo ves? Nada indecente ni grosero – Saliendo del coche pasan un grupo de universitarios armando jaleo – Y respecto al posible alboroto en el hotel. He pedido unas suites que estén alejadas de la zona universitaria y gamberril. Por lo que me acabas de decir, sabes cuánto jaleo pueden armar en una noche.

- Un par de botones salían a por las maletas y Castle le ofrece el brazo para acompañarla al interior - Así que relájate y empieza a llamarme Rick.

- OK. Rick. ¿Qué me has preparado primero?

- Paso uno: registrarnos. Paso dos: deshacer la maleta en la suite. Paso tres: arreglarse para cenar, es tarde y en el avión no nos dieron mucho ¿Te trajiste el vestido? – Kate afirma con la cabeza – Paso cuatro: nos vemos en el vestíbulo en 30 minutos.

- Después de media hora…

- Rick. ¿Cómo puede ser que una suite sea el doble de grande que mi apartamento? ¿Tanto espacio necesita una persona?

- Kate se acercaba con un vestido de media pierna y color lila claro ajustado al talle, de escote cerrado al cuello y una gran abertura en la espalda. Tres trencillas asimétricas nacían desde la parte posterior de la tirilla del cuello cruzando la espalda hasta enganchar la tela en tres puntos del ribete del costadillo. El pelo lo tenía recogido en un moño desenfadado con enganches de baquetas de madera, de esta forma dejaba ver el cuello limpio dando una sensación de más altura. El bolso de mano, al igual que los zapatos de aguja combinaban en tonos añiles.

- Fiuuuuu. Estás preciosa Kate. Voy a ser la envidia del restaurante.

- Ehhhh, bien - esperaba la contestación sobre la suite no sobre su apariencia - y… gracias. Tú también estás muy elegante.

- ¿Vamos?

- ¿Al restaurante del hotel? – Salían ya del hotel en dirección al restaurante.

- No. En este hotel se está muy bien, pero tampoco tiene la mejor cocina que digamos. Aquí al lado hay una marisquería, el Aqua Knox creo que te gustará. Está especializada en mariscos y pescado, pide lo que quieras: centollo, cangrejo, ostras, cigalas, gamba rayada, caviar… lo que quieras, está todo fresco.

- Pero ¿Hay que matarlo o nos lo sirven cocinado? – Castle se giró extrañado - Ja, ja, broma... Tú lo que quieres es que me dé un cólico.

- Nooo… ¿Desde cuando hace que no comes una mariscada de verdad?

- Hum… Hace mucho tiempo, en un pueblecito de la costa con mis padres. No era un restaurante de lujo pero los pescadores de la zona les llevaban lo que habían recogido del día. Fue una comida genial, al resto de sitios que he ido creo que parte del género era congelado.

- Pues aquí, no es un restaurante pequeñito al lado de la costa pero está tan fresco como si lo descargasen directamente. Espero que esté a la altura de aquel restaurante. ¿Pasamos?