- Claro.
Castle ya tenía las reservas realizadas y entraron directamente al comedor. Les sirvieron una ensalada de rape y un marinado de ahumados para cada uno, además un centollo y una docena de ostras.
- Rick ¿No crees que te has pasado pidiendo?
- No, ya verás que con buena conversación esto entra sin darte cuenta. Aún queda bastante noche.
- Je, bueno. Hablando de conversación, ¿realmente si te pregunto algo me dirás la verdad?
- Sí.
- ¿Por qué ahora?
- Porque te prometí que sería un compañero ideal.
- Pero para ser un compañero ideal no es necesario que me contestes a todo y sin mentir. Es más, simplemente puedes negarte a contestar y aún así no lo estarías incumpliendo.
- Bueno. Piensa que es parte del regalo especial. Piensa que me estoy descubriendo a ti, por completo y sin trabas. Te dejo de par en par las puertas de mi vida para que entres a fisgonear cualquier cosa de mí. – Castle vio que la expresión apacible de Beckett se trastornaba ligeramente.
- No tienes que hacer eso.
- Pero quiero hacerlo. Sólo depende de ti el aceptar esta parte del regalo. Sólo tienes que preguntar.
- ¿Cualquier cosa?
- Claro. Inténtalo. ¿Quieres conocer mis antecedentes en el estado de Nevada? – Castle buscó un tema con el que Beckett se encontraba más cómoda.
- Nop. Eso ya lo sé - sonrió - Lo leí en tu expediente cuando te detuve: Escándalo público, te pillaron con más bien poca ropa y acompañado de una señorita de dudosa reputación.
- No es lo que parece.
- Sí. Eso dicen todos.
- Ese día había ganado las apuestas de béisbol, las de carreras de caballos, la ruleta y las de baloncesto y esa señorita no era una… Era una… vamos, que la conocí donde se realizan las apuestas y como los dos apostamos a lo mismo y ganamos fuimos a celebrarlo y… al final,… ese día hacía mucho calor… no es lo que parece.
- Ya. Eso dicen todos. No quería preguntarte sobre los detalles de tus macabros antecedentes penales.
- ¿Y bien?
- Es que todavía no me creo que no vayas a mentirme en nada.
- Sólo tienes una manera de averiguarlo. Pregunta algo.
- Veamos – Kate se piensa unos segundos qué pregunta podría hacerle – Algo que no hayas contado a nadie y que no tenga pinta de obsceno… es complicado… - se calla unos segundos más pensando – Realmente es muy difícil… ¡Ah! Ya sé. Para empezar estaría bien: ¿Cómo conseguiste el regalo de Alexis? El libreto de Harry Potter.
- Empiezas fuerte. ¿Realmente quieres saberlo?
- Me interesa. Me demostrarías que no me mientes a la vez que me darías pistas de qué haces para hacer estos "regalos especiales"
- Veras… Es un secreto.
- Cuéntamelo. Ya va siendo hora que yo conozca algún asunto privado de Richard Castle. Acabas de decirme que puedo entrar en tu vida a fisgonear.
- Bueno, pero… ¿Y si te digo que no me creerías la verdad?
- Inténtalo.
- Es que si te digo una mentira. Una mentirijilla pequeñita, creo que sería más creíble.
- No. Quiero la verdad.
- De acuerdo. Pero tienes que prometerme que esto no saldrá de aquí.
- Prometido.
- Ya sabes. Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.
- Ja, ja. Muy bien, prometido. Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas.
- Veamos… Si te digo que al ser ella una escritora como yo y que además es mujer... pude sacar mi encanto más irresistible y después de varios intentos y razonamientos le saqué el manuscrito ¿me creerías?
- No.
- Piensa un poco. Tengo una buena psicología femenina. Sé como adular a las damas… y no me mires así que no siempre me he acostado con ellas. Es algo innato, de alguna manera u otra sé engatusarlas, embaucarlas… convencerlas. Por eso mis libros se venden tan bien. Más del 55% de mis lectores son mujeres. Además, tú misma eres un ejemplo ¿cómo crees que he conseguido traerte hasta aquí?
- ¡Richard! – Aún resonaban en la cabeza de Beckett las palabras "engatusarlas" y "embaucarlas".
- ¿Qué? Me has pedido la verdad. Si quieres puedo intentar suavizar la verdad. Sólo tengo que encontrar el equilibrio entre verdad y complacencia.
- ¡Castle!
- ¿Qué? ¡Es verdad! Y bien… ¿Te crees que la pude convencer con mi encanto? – Kate se quedó mirándolo intentando saber si le mentía o no. En esta ocasión Castle no tenía ningún gesto que lo delatase.
- No sé. Quizás. Pero tratándose del manuscrito sería mucho más complicado que lo que me estás intentando decir.
- OK. Lo que te acabo de contar es la mentirijilla.
- De acuerdo. Mentirijilla poco creíble ¿Y la verdad?
- La verdad es que yo soy coautor intelectual, la ayudé a definir la idea original de Harry Potter. Ella la transcribió, la transformó, ella es el autor material del cuento infantil que es hoy en día, la que firma los libros. Pero en la idea básica… yo también participé. Me dio el libreto original como recuerdo de lo que hice yo por ella.
- Esto sí que no me lo creo. ¿Tú coautor intelectual de Harry Potter? ¿No se te ocurre otra cosa mejor? Esfuérzate en contarme otra cosa más creíble… ¿Sabes que ella es de Gran Bretaña y tú de USA?
- Ya te he dicho que la verdad no te la creerías. Pero puedo intentar explicártelo.
- Ahora sí debes sacar todo tu encanto porque no me lo creo.
- Muy bien, verás. Aunque para esto tengo que ponerte en antecedentes. Se juntan varias cosas que todo relacionado dio lugar a esto.
- Te escucho. Tengo todo el fin de semana por delante.
- Espero que no sea necesario tanto. Es largo pero voy a hacerte un resumen. Hay que remontarse allá por el 92. En esa época, yo no era muy famoso, había tenido un par de éxitos muy buenos pero por novato dilapidé pronto el dinero, confié que siempre tendría éxito. Luego escribí un par de libros que no dieron el resultado que esperaba y por ese año casi se me habían acabado las reservas.
- Vamos, que estabas arruinado.
- Me faltaba muy poco para números rojos.
- Por otra parte, en aquel año ya empecé a ir con Meredith y la sorpresa fue mayor cuando me dijo que estaba embarazada. Esto sí fue una losa, feliz por una parte y asustado por otra: bebé más miseria sin poderlo mantener.
- ¿Esto tiene que ver con Harry Potter?
- Sí. Es para que te sitúes. A la desesperada, viendo lo que se me venía terminé sacando otro libro, y fue otro fracaso. Conseguí dinero para pasar un tiempo pero la editorial ya se estaba cansando que Richard Castle no fuera lo rentable que esperaba. Así que con eso y los pocos trabajos de columnista que me sacaba podía pasar un tiempo más.
- ¿Escribiste en un periódico? ¿Cual?
- No llegaba a la categoría de periódico. No sé si será para enorgullecerse pero me sacó de apuros durante una temporada.
- Vale, bien. Bebé a la vista, más ruina económica.
- Y bloqueo literario. Después de esos fracasos, me empecé a plantear si debía seguir o buscar un trabajo más estable para mi niña.
- ¿Te planteaste hacer un trabajo serio? Por Alexis lo que fuera ¿no? – Kate tanteó si podía empezar a hacerle algún comentario mordaz del tipo que él solía hacerle a ella.
- ¿Trabajo serio? Ser novelista es algo serio ¿OK?… - meditó un par de segundos - más o menos serio, aunque te niegues a considerarlo. He dicho trabajo estable ¿Continúo?
- Sí, continúa.
