"Tú lo que quieres es que me dé un cólico" no es algo que me imagino diciendo a Kate!

Bueeeeno. También me han salido otras acciones menos propias de ellos... pero es que tampoco nos han dado muchas imágenes de ellos fuera del trabajo.

Sólo espero que lo disfrutes tanto como yo escribiéndolo.

Un saludo


Así que ese año quería volver a escribir un libro, pero tenía que ser bueno, ya no me quedaba margen de error. No podía permitirme otro fracaso, ya que en unos meses nacería Alexis. En ese tiempo, tenía la idea de mi próxima novela, sabía cómo quería que se desarrollase pero cada capítulo que escribía era horrible. Como cuando una película con un buen guión se la cargan con una mala puesta en escena. Estaba completamente bloqueado.

Dentro de esa desesperación lo único que me sacaba del ahogo era pensar en mi futura niña. Tengo que decirte que Meredith también tuvo paciencia conmigo, dentro de lo que se puede decir de Meredith… creo que en ese momento empezamos a ver lo que luego no pudimos salvar y nos separaría. Un día, y prácticamente sin pensar, empecé a escribir una historia para distraerme, también la escribí para mi niña, una historia infantil. La acabé unas semanas más tarde de nacer Alexis. Cambié algunos detalles de un personaje para que fuese lo más parecido a ella: pelirroja, tranquila en su cuna… Es increíble cómo puedes intuir el carácter que va a tener una personita con sólo unas semanas.

Eso es más orgullo de padre que la realidad.

No. Perdona – Levantando el dedo - Tú no eres madre, no lo entiendes. Eso lo ves cuando tienes a tu niña en brazos. Además, las matronas también saben bastante de esto. Una vez, en el colegio los padres nos contamos la primera impresión que nos dieron las matronas y si se habían equivocado ahora que nuestros hijos estaban crecidos. Excepto un niño, al resto nos acertaron con el carácter de nuestro niño o niña.

¿Vuelves a lo del libro?

Claro. Todavía me quedaba mucho para finalizar la novela. Cada vez que la leía me parecían los capítulos peores. Así que intenté probar suerte con el cuento infantil. Se lo presenté a mi editor y me dijo que no quería cuentos infantiles ya que era una editorial para público adulto, no tenían sección infantil. Ya que mi contrato era para novelas adultas, le pedí permiso para presentarlo en otras editoriales. Me dijo que sí. Así que volví a recorrerme todas las editoriales para ver si me lo publicaban, necesitaba el dinero. Ya casi a la desesperada, me fui a ver a otras editoriales de habla inglesa. Me fui a Gran Bretaña.

¿Fuiste a la vieja Europa? – Castle la miró reprochándole el parón - Ups. Perdón no quería interrumpir. Sigue.

En la otra parte del charco me dijeron más de lo mismo. La historia era pasable pero no tenía el formato adecuado para el público infantil. Me tuve que convencer que yo era… yo soy un escritor para adultos, soy un novelista de misterio. No llegaría a nada con los cuentos por mucho cariño que le hubiese puesto. De paso me llevé mi novela para seguir desarrollándola, a ver si con el cambio de aires conseguía algo más.

¿Lo conseguiste?

No.

Pues no parece que tuvieras muchas expectativas.

No. No las tenía. Me paseé por muchas ciudades, y si tenían editoriales mejor: Londres, Manchester, Birmingham, Ipswich, Dublín, Glasgow, Edimburgo. Ya convencido que no servía como escritor infantil me dispuse para regresar.

¿Qué pasó Rick? Me está empezando a gustar este cuento, esta historia – Quería desquiciar a Castle.

¿Cuento? ¡Kate es mi vida! No es una historia inventada.

Prosigue – Le animó con una sonrisa.

Bien. ¿Te acuerdas que te dije que escribí prácticamente mi primera novela en el Old Haunt?

Sí.

Pues para no perder la costumbre, también iba a tabernas y cafeterías de la vieja patria.

Ei, ei, ei, ei. Creo que ya sé por dónde vas. ¿La conociste en una cafetería? Sé que Rowling escribió o… desarrolló su novela en una cafetería.

Ajá. Eso sí fue una casualidad. Así que ya puedes imaginarte a dos novelistas atascados con su inventiva, cada uno con su mamotreto de novela sin saber cómo continuar. Bueno, lo mío era un mamotreto, lo de ella más liviano.

¿Ella estaba atascada?

Algo menos que yo, pero sí. La idea la tuvo sobre el 90 y estábamos en el 94, eso ya es mucho tiempo para presentar algo más que unos capítulos. Ella ya tenía parte hecha y la idea general del resto de libros bastante desarrollada pero faltaba perfilarla, pulir detalles. Así que imagínate, ella en una parte de la cafetería, yo en otra. Y al levantar la vista nos fijamos que éramos del mismo ramo. No me acuerdo exactamente pero al final acabamos charlando. Ella una escritora de cuentos infantiles atascada y yo un escritor de novelas de misterio atascado. Nos propusimos leer los escritos del otro y volver a vernos en 2 días – Tomó una pausa y una ostra – Tengo que decirte que eso no se debe hacer por si te plagian, pero vista la necesidad… De paso le di mi cuento infantil para que lo leyera por si a ella le servía de algo. Estaba claro que yo no iba a sacar nada.

No me lo creo – Le dijo con una medio sonrisa mientras tragaba unos bocados de la ensalada.

Créetelo. A los dos días nos volvimos a ver. Empezamos a hablar de los manuscritos del otro. Yo le di mi punto de vista y ella me dio el suyo. Después nos volvimos a ver durante 3 días más. Fueron unos días más que productivos. Hablar con otra persona del negocio pero con otro punto de vista completamente distinto me sirvió para volver a rescribir, reordenar ideas y plantearlo de otra manera. A ella le pasó lo mismo, y además utilizó un par de nombres de mi historia – Inmediatamente Kate levantó la vista de su plato a su acompañante.

Ella estaba a punto de devorar la porción del marinado de caballa con vinagreta verde de alcaparra y cebollino y se quedó con el bocado a mitad morder al oír lo de los nombres. Terminó de partir el trozo con los dientes, se lo acomodó en una parte de la boca y tapándosela con la mano preguntó sin poder esperar a masticar y tragarse la porción.

Cuales – Castle satisfecho esperó unos segundos para dar más suspense a la respuesta.

Ron, Ronald y Hermione.

¡Anda ya! – Farfulló entre dientes - Ja, ja, ja – Ya había conseguido tragar el bocado completo - ¿Me quieres decir que dos de los protagonistas los bautizaste tú?

Sí.

Saca más de tu encanto que no me lo creo.

Créetelo. Mujer, no cuesta tanto.

Ya – Sarcásticamente - ¿Me puedes decir de dónde vienen esos nombres?

Claro. Ronald porque cuando creé a mi personaje me estaba comiendo una hamburguesa del McDonald's. Ya sabes. Ronald McDonald's.

Oh! Dios. – Casi atragantándose con una ostra - ¿No se te ocurre nada mejor? Eso es destrozar la leyenda.

Es cierto. Ya te contaré en otro momento cómo surgen otras ideas geniales.

¿Y para Hermione? Me da miedo preguntar.

De mis peces.

¿Qué? ¿Peces?

Cuando creé al personaje de Hermione de mi historia quería inspirarlo en mi niña, pero no sabía que nombre ponerle, tenía que ser especial. Así, después de nacer, un día levanté la vista y paré a mirar la pecera de casa. Mirar peces relaja mucho.

Sigue.

Yo tenía a todos los peces bautizados: Démeter, Zeus, Eolo, Ilitía, Pan, Eros, Apolo, Hera, Eos, Perséfone, Hermes, Aquiles y su hijo Pirro, Heracles y su primo Euristeo, Helena, Ulises, Menelao, Perseo... En fin, me encanta la literatura clásica: La Odisea, dioses griegos, las guerras de Troya, la Ilíada. Es genial.

¿Bautizas a los peces con nombres de héroes y dioses?

¿Por qué no? Nunca se acaban los nombres en la tragedia griega. Total, se me ocurrió ponerle un nombre de una diosa o heroína griega. Así que allí mirando el acuario asomó aquel pececillo naranja tirando a rojo, del mismo color de pelo que mi pequeña. Apareció entre Dionisio y Beleforonte, ese pececillo era Hermione: hija de Menelao y Helena. Esposa de Pirro, hijo de Aquiles, renombrado como Neoptolemo y posterior esposa de su primo Orestes, hijo de Agamenón con quien se tenía que haber casado desde un principio porque se la prometieron a Orestes. ¿Quién quiere telenovelas si la tragedia griega es una completa? Amores, desamores, luchas, engaños, batallas, violaciones, aventuras, honor, usurpaciones, venganzas, asesinatos. Es complicado aprenderse los nombres pero una vez empiezas te deja enganchado.

Ya. Tú si que estás enganchado pero no sé a qué.

Kate, no me pongas el chiste fácil. Soy un chico bueno ¿recuerdas?

Céntrate Richard, estamos con Hermione la del libro, no el pez.

Pues eso, en mi cuento le puse a una niña Hermione y Rowling ya tenía hecho un personaje parecido a mi Hermione así que cambió un par de detalles y la rebautizamos como Hermione.

¡Oh Rick! – se tapaba la boca para ocultar el nuevo bocado que llevaba - Es demasiado surrealista para que inventes algo así. Me lo estoy empezando a creer.

Después de esos días me volví a NY. Con sus indicaciones y la charla que tuve con ella, volvió la inspiración a mis dedos y comenzaron a escribir rápidamente, ahora los capítulos salían como yo quería. Luego me enteré que un año más tarde Rowling presentó su libro y dos años más tarde, en el 97 fue cuando lo publicó en su país. Así que imagínate mi sorpresa cuando me enteré que ese libro y su saga se convirtió en un superventas. Más que lo que yo he hecho.

¿Volviste a hablar con ella?

Años más tarde. Pero antes tengo que decirte otra cosa. Alexis tuvo un pequeño trauma, su madre y yo nos habíamos separado. Ella necesitaba de un padre y una madre unidos. Tanto Meredith como yo la adorábamos pero aún era joven y no terminaba de admitir que unos padres que la quieren por separado no pueden estar juntos en la misma casa con ella. Me dolía no poder ayudarla durante ese tiempo. Ya empezaba a tener edad para leer Harry Potter así que le regalé el primer libro y comprobé que era lo que más la distraía. Para Alexis, al entrar en ese mundo de magia se disuadía de la realidad, por unas horas no pensaba en que su mamá y su papá no estaban juntos a pesar que ambos seguían queriéndola. Alexis dejaba de pensar que ella tenía la culpa de eso. Empezó por el primero y al final, aunque ya no le hacía falta, siguió siendo fiel a la autora.

La entiendo muy bien.

Sabiendo lo que significó los libros para Alexis, un día me propuse hacerle mi regalo especial. Volví a Gran Bretaña, localicé a Rowling le conté lo que quería hacer y el por qué. Así, en lugar de dedicarme el libro o hacer una pequeña historieta en la contraportada que era lo yo tenía planeado, ella me dio algo de mucho más valor, me regaló para Alexis el libro de notas del primer libro, el que le ayudé a perfilar aquella vez. Cuando nos encontramos en la cafetería yo le di el último empujoncito a la novela que estaba escribiendo para ser un best-seller y ella me lo dio a mí porque aquella novela en la que estaba atascado al final resultó otro número uno de ventas. Fue un intercambio muy lucrativo para los dos.

Ahora en serio. No sé que decirte.

Aún así no quise irme con el libro de notas y sin agradecer. Entonces hice una donación a su fundación.

Y Alexis… ¿no sabe nada de esto?

No.

¿No piensas contárselo?

Ehhh… quizás para cuando me dé algún nieto y tenga que contarle una bonita historia porque no estoy seguro que me crea. ¿Y tú? ¿Me has creído?