- Lo has llamado amuleto. Has dicho que lo sacas por superstición, Pero… Realmente lo sacas para recordarte que también te tienes que poner límites.
- En parte. Pero sí es por superstición porque cuando no lo he hecho siempre he perdido dinero. Y cuando la he sacado la noche se me ha dado bastante bien. No es que haya ganado siempre pero sí he llegado a tener ganancias sustanciales, de la otra manera no.
- Eso es porque cuando la tienes recuerdas lo que pasó y juegas con más cabeza o… si lo haces por corazonada como en la ruleta, lo haces más sereno que cuando no la tienes.
- Tal vez… Según ese punto de vista es posible… Je, ahora tú eres la psicóloga.
- Síp – Dibujando una sonrisa en sus labios.
- Pues eso. Esa ficha se mira, se toca, pero no se juega. Es un amuleto. Y ten cuidado que no te la roben.
- De acuerdo.
- Y… ¿cómo lo hacemos? ¿Juntos o por separado?
- El qué.
- Si vamos por las mesas a jugar juntos o nos separamos y nos vamos viendo por las salas cómo va cada uno con sus fichas.
- Humm. Creo que por separado mejor. Si coincidimos o me aburro ya te buscaré.
- ¿Aburrirte tú? Creo que no. Vas a disfrutar más que en el parvulario.
- JA.
- Entonces… por ver quien pierde antes – Levantando la copa de whisky para hacer un brindis.
- Por ver quien pierde antes – Beckett chocó su copa de champagne con la de Castle.
Después de un par de horas sin ver a Beckett por las salas, Castle se preguntó por dónde andaría, tenía curiosidad de ver el montón de fichas que le quedaba a ella.
- Buenas noches – Se dirigió a un empleado de seguridad – Estoy buscando a mi pareja, la he perdido, se trata de una chica de pelo castaño y largo recogido en un moño, un poco más bajita que yo, con un vestido violeta claro, por delante va bastante tapada pero tiene casi toda la espalda al aire. Si me ayuda a encontrarla – entregándole un billete de 100 dólares – se lo agradecería. Tiene que estar en alguna sala del casino.
- Veré que puedo hacer. Si espera en esta mesita vendré en unos minutos. ¡Lucy! Sírvale al caballero una copa – Saca un pequeño walkie y empieza a hablar mientras se aleja.
- Gracias. Un martini, por favor.
Después de 5 minutos vuelve el empleado de seguridad.
- Si me acompaña le indicaré dónde está la dama.
-Gracias.
Se levantó y siguió al empleado de seguridad hasta la sala de póquer de apuestas elevadas. Le indicó la mesa y la pudo ver sentada en una de ellas con 4 caballeros más. Todos ellos iban tan elegantemente vestidos como Castle. Se sentó en un reservado de descanso situado al lado de la barra del bar. Desde ahí podía ver la mesa de juego y podía observar a Beckett y a sus compañeros de juego. Después de 10 minutos se dispuso a interrumpir en la partida. Conforme se acercaba a la mesa se decía a sí mismo jocosamente:
- Ésta no sabe dónde se ha sentado.
- Castle aparta una silla y se sienta con ellos a la mesa de póquer.
- Buenas noches. ¿Admiten a uno más? – Los jugadores miran al nuevo miembro y le dan la bienvenida.
- Por supuesto, Siempre que traiga dinero para perder.
- ¡Cast…! ¡Rick! ¿Qué haces aquí? – Castle se acomodó en la silla y tras unos segundos le respondió.
- Estaba buscándote.
- ¿Se conocen?
- Sí. Hemos venido juntos – Contestó Castle.
- Pues la dama nos ha contado que no ha venido con su pareja.
- Es que él no es mi pareja. Sólo hemos venido juntos el fin de semana – Beckett vio que Castle se quedó extrañado con esa respuesta y enseguida comenzó a sonreír y mirarla de una manera que ella conocía muy bien. "Algo" se le estaba pasando a Castle por la cabeza y seguro que la molestaría oírlo, pero… no era capaz de intuir ese algo.
- ¿Con qué se abre la mano? – Preguntó Castle.
- Con 1000.
- Disculpe, ¿podría indicarnos su nombre? Haríamos esta partida menos formal.
- Claro. Me llamo Rick. Richard Castle. Pero podéis llamarme Rick.
- Yo soy Beau Killmessan – Beau era quien le preguntó su nombre.
- Thomas Karlenton.
- Perry Wilkes.
- Henry McDouglas.
- Tanto gusto – contestó a todos.
Comenzaron a repartir cartas y a apostar mientras entablaron una conversación cortés.
- Dígame Rick – preguntó Thomas – Su nombre me resulta familiar, ¿nos conocemos de antes o de algo?
- Creo que no. Soy novelista y tengo que publicitar mi nombre. Quizás haya oído hablar de mí de algún libro, alguna revista o el avance de una película, Ola de Calor, está basada en una novela mía, aunque tengo que decirles que todavía no se ha estrenado.
- De algún libro o revista… Mi mujer es la que más lee. Quizás le haya visto algún libro de usted. ¿Qué ha escrito?
- Pues he llevado una saga de novela negra con el personaje de Derrick Storm y ahora he empezado a escribir otra saga con el personaje de Nikki Heat.
- ¿Derrick Storm…? ¿Nikki Heat…? Creo que me suena este segundo nombre, ¿es el libro ese en el que en la portada sale una tía desnuda con una pistola en la mano? – Beckett intentaba disimular mirando fijamente las cartas de su mano.
- El mismo.
- Lo ha leído mi mujer pero… con sólo la portada ya te quedas con el libro, está bien buena esa tía – Beckett se estaba acordando de las primeras charlas con Castle, pensaba sobre el paralelismo de la modelo de la portada y ella, pensando en cómo le dijo que podía arruinarle la reputación de policía. Castle ya le explicó la diferencia entre ella Kate Beckett y ella como Nikki Heat, pero… no podía evitar pensar que esa modelo era ella, ya que Nikki estaba basada en ella. Y el que alguien la estuviese calificando de "esa tía" porque está "bien buena" aunque fuese una modelo desconocida desnuda en una portada de un libro… aún le costaba separar los hechos.
- Es sólo la portada, de hecho no conozco a la modelo. La verdad es que el diseñador y mi publicista hacen un magnífico trabajo. ¿Y usted? ¿A que se dedica? – Kate agradeció mentalmente que Rick cambiara de conversación porque cuando le preguntaban por sus novelas le gustaba recrearse en las explicaciones.
- A un negocio menos divertido que el suyo. Soy ferretero.
- ¿Ferretero? Pues debe vender muchas tuercas para jugar en esta mesa.
- Sí. Tengo más de una ferretería. Ja, ja, ja.
- ¿Y ustedes? – Volvió a preguntar Castle.
- Constructor – Dijo Beau
- Arquitecto – Continuó Perry
- Yo me dedico a las finanzas – Henry
- La dama nos ha contado que es funcionaria, que se dedica al servicio público, atención al ciudadano. ¿Es esto correcto Rick? – Preguntó Beau.
- … - Castle miró sorprendido a Beckett con esa mirada de estar pensando en cosas alternativas a la conversación y contestó – Sí, la dama tiene razón, se dedica a la atención al ciudadano – Castle se dio cuenta que Beckett había percatado que él estaba pensando en otra cosa diferente a lo que parecía la conversación, pero… ¿sabía ella de qué se trataba?
- Kate, ¿cómo te ha ido por el casino? ¿has ganado mucho? – Preguntó Castle.
- He jugado en varias mesas y como en un casino la banca siempre gana he estado perdiendo lo normal. Luego he encontrado a estos caballeros tan encantadores y me he sentado con ellos y me ha cambiado la suerte. Les he ganado unas cuantas partidas.
- ¿A sí? – Rick había vuelto a sonreír y mirar a Kate de esa manera que a ella la mortificaba. Kate no entendía la broma que llevaba en el interior de su cabeza. Rick estaba hablando de una manera natural sin risas ni enfados exagerados, como si no pasara nada, pero en su cabeza sí pasaba… Luego le tendría que pedir explicaciones.
- Quizás usted nos pueda desvelar cómo una simple funcionaria se pueda sentar a esta mesa con tanto dinero, a pesar que usted no sea su pareja tal vez conozca el secreto. Yo tengo la excusa que vendo millones de tuercas pero… ella no nos lo ha querido decir.
- Eso es porque tengo un buen amigo escritor que me ha invitado a un fin de semana completo en Las Vegas – Beckett veía que Castle, a pesar de su cara inalterable cada vez se divertía más. Y eso la desconcertaba porque no le veía la gracia a las respuestas que estaba dando.
- ¿Entonces usted la ha invitado el fin de semana completo? – Preguntó Henry
- Sí. Un fin de semana completo – Castle repitió las palabras de Beckett y pensó que con el tipo de respuestas que ella estaba dando no se daba cuenta de lo otro.
- ¿Y después del fin de semana? ¿Se quedarán más días? – Insistió Henry
- Nos volvemos los dos a que es de donde hemos salido – Siguió Beckett.
- Una lástima – contestó Henry - ¿No hay posibilidad de ver a alguno de ustedes solos por aquí?
- No – Contestó Castle – Hemos venido juntos para pasar el fin de semana y nos iremos juntos – Beckett notó que Castle dijo esto de una manera un poco tajante pues era una conversación amable. Quizás lo dijo así para que no les molestasen ya que él había preparado más sorpresas para el sábado y el domingo y no querría que esos compañeros de mesa les invitasen o les recomendasen alguna actividad no programada.
- Está claro – Dijo Beau.
- ¿Te parece si nos vamos? – Dirigiéndose a Kate - Se está haciendo algo tarde y me gustaría que apostásemos también a otros juegos. Disculpen caballeros por no quedarme más tiempo.
- No se preocupe Mr. Castle. – Comentó uno de los jugadores.
- Adelántate ya te encontraré.
- Muy bien Kate.
Castle se levantó de la silla se despidió de los compañeros de mesa y se fue a la barra del bar de la entrada, se imaginaba que en menos de 15 minutos Kate pasaría por allí. Pidió un whisky con hierbas amargas y esperó unos minutos para pedirle una bebida a Kate.
De reojo Rick percibió una sombra lila claro que se acercaba a la puerta de salida. De un rápido vistazo a su reloj comprobó que había tardado 12 minutos.
