- Ése sería tu cliente potencial. Como sabes, aquí en Las Vegas ser… dama de compañía, aunque sea de lujo es un delito. No se le puede dar sus honorarios así como así. Por eso una manera de hacer el negocio es dejarse ganar o perder ante "la dama" mientras se juega al póquer, todo completamente legal.

- Oh. Dios. No sé dónde esconderme… Pero… les había ganado mucha pasta… un servicio no puede costar tanto.

- Eso es porque para ellos eres una dama de alto nivel. El haberte saltado la seguridad del hotel ya les decía mucho y si además les gustabas pues mejor. Igual que para ti apenas ves diferencia en gastarte 1 dólar o 10, para mí no hay diferencia en gastarme 10 que 100, para ellos no hay diferencia gastarse 1000 que 10000. Si algo que ven les gusta, lo compran al precio que sea.

- Dios, Dios, Dios, Dios, Dios… - Tenía la mirada perdida en algunas de las botellas alineadas en las repisas del fondo de la barra - Has dicho seguridad… ¿por qué no me han detenido por el delito?

- Primero porque no te han pillado con las manos en la masa, no había acabado la partida ni te habías ido con ninguno de ellos. Luego, afortunadamente para ti, estás registrada y han sabido al instante quién eres. Los de seguridad trabajan prácticamente con la base de datos de la policía, así que al introducir tu nombre y como eres poli habrá salido tu ficha y habrán visto que eres legal. Esos sí se habrán reído de lo lindo contigo. O eras una loca por entrar en la mesa o eras una idiota porque das la apariencia de otro tipo de profesional.

- ¿Y no podría estar haciendo un trabajo encubierto para arrestar a esos tipos?

- No te excuses, sabes que si eso fuese cierto tendrías que haber pedido permiso o dar conocimiento a la dirección y seguridad del hotel. Ja, ja, ja, ja, ja.

- ¿Encima te ríes?

- Esos tipos te han puesto un valor muy alto… Vales mucho Kate. Ja, ja, ja, ja. Y da gracias que ha ocurrido dentro del hotel. Si ocurre fuera, o en un hotel en el que no estés registrada primero te detienen y luego te interrogan.

- ¿Qué dices?

- ¿Recuerdas que al principio de la noche hablamos de mis antecedentes en el estado de Nevada? – Kate afirma – pues te podía haber pasado lo mismo.

- Pero lo mío no es real. No es lo que parece.

- Sí, eso dicen todas – Le repitió la misma frase que le contestó Kate en el restaurante – Ja, ja, ja, ¿Nos vamos de aquí? ¿Subimos a las habitaciones?

- Sí, por favor. Tengo que refrescarme la cara… Entonces… se lo han imaginado esos 4 y los de seguridad.

- Y el barman y quizás alguna señorita de la sala.

- ¿El barman?

- Probablemente haya sido el que ha dado aviso a los de seguridad.

- ¿Ese también opina?

- No, ese avisa. Habrá visto tantas cosas entre estas paredes que ni juzga ni condena. Sólo avisa si hay algo raro. Luego, si hay algo en realidad, ya se encargan los de seguridad en despejar la zona. Así que si no han entrado a llevarte, para el barman y las señoritas de zona eres una mujer respetable.

- Vámonos. ¿Alguna cosa más? ¿Alguna metedura de pata más?

- Oh, sí. La última. Es que has estado fina esta noche. Si lo haces a conciencia no te salen todas las frases igual.

- Cual. Ya no soy capaz de recordar nada – Se dirigían tranquilamente hacia los ascensores después de dejar las fichas.

- Después de eso ha sido cuando me han preguntado cómo una funcionaria normal podía sentarse a la mesa de apuestas altas. Te faltó tiempo para decir… ¿cómo era?... "Eso es porque tengo un buen amigo escritor que me ha invitado a un fin de semana completo en Las Vegas". Traducción…

- Que mi cliente me ha pagado el fin de semana y estoy trabajando a tiempo completo.

- Ja, ja, ja, ja. Lo estás pillando, además dijiste… "Fin de semana completo"… ¿sabes lo que es hacer un completo?

Beckett se paró en medio del pasillo de los ascensores, ahora sí estaba poniéndose colorada de vergüenza, de rabia y de estupidez. Castle que estaba a su lado la rodeó con un brazo y la estrechó contra su costado cariñosamente, de la misma manera que hacía para consolar a Alexis cuando se enrabietaba por algún asunto que le daba más importancia del que debía darle en realidad. Castle Continuó:

- Es por eso que cuando el último tipo insistió si había alguna posibilidad de ver a alguno de nosotros a solas por aquí, fue cuando le dije que no. Que nos habíamos venido juntos y nos iríamos juntos. No quería darles ninguna posibilidad que te abordaran. Captaron la idea y por eso enseguida te pedí que nos fuéramos a apostar a otro sitio. Como me dijiste que no, que me adelantase, fue por eso que te esperé en la entrada. Sabía que no ibas a aguantar mucho en la mesa. Esos tíos, aunque no les importa gastarse el dinero, tampoco lo quieren derrochar. Quisieron recuperar lo que habían invertido por tus posibles atenciones.

Beckett, aún con la cabeza gacha y envuelta por el tierno brazo de Castle abrió su bolso de mano y rebuscó algo mientras le decía a Castle:

- ¿Puedes hacerme un favor?

- Claro – Beckett ya había encontrado lo que buscaba, sacó 4 cartoncillos pequeños de papel con unas letras pequeñas impresas.

- ¿Puedes deshacerte de las invitaciones para cuando visite alguna de las ciudades de esos tipos? – Le ofreció lo que eran las tarjetas de presentación de los 4 compañeros de mesa que había tenido.

- Con mucho gusto. Ja, ja, ja, ja. Habrán pensado que eres muy diligente – Se las quitó de la mano y las tiró en la papelera del pasillo.

Entraron en el ascensor y apretaron el botón de acceso al piso de las suites. Mientras subían Beckett dijo de manera casi inapreciable:

- Gracias por ser mi ángel de la guarda.

- Siempre… Tú tranquila, no es para tanto… Esos sólo son cuatro tíos a los que no volveremos a ver en la vida – Castle intentaba aguantarse la risa pero ya le era muy difícil ocultarlo.

- ¿Vas a seguir mucho rato así? ¿No vas a dejar de reírte de mí?

- Es que… ni siquiera he empezado a hacer ningún chiste.

- Pues guárdatelos. Creo que he aguantado bastante bien todo lo que me has dicho y algunas palabras tuyas… ¿orgullosa y cínica?... y… ¿marcar tu territorio?… y… ¿realmente te has atrevido a llamarme "hembra" a la cara?... y… - respiró profundamente - No me he enfadado.

- Tienes razón – Se estaba mordiendo la lengua para contener la risa, incluso uno de sus ojos empezó a humedecérsele, le quedaba muy poco para empezar a llorar - Pero… es que… cualquier cosa que te diga, va a sonar fatal.

- ¿Si? – Salieron del ascensor dirigiéndose a las habitaciones.

- Son las 11:30. Es un poco tarde y estamos cansados – se pararon en la puerta de la suite de Kate - ¿Nos vamos a la cama? Jo, jo, jo, jo. – Kate tampoco pudo reprimir una sonrisa.

- Sí, es un poco tarde, aunque no tanto. Aún tengo tiempo para llamar a N.Y. para decir que estamos bien.

- Ei. 11:30 hora local. En N.Y. son las 2:30.

- ¿Es tan tarde? Ya llamaré mañana.

- Pues mañana tendrás que llamar temprano, porque probablemente no haya cobertura donde vamos luego.

- Vale. ¿Qué hay para mañana?

- Ehhh… Es una sorpresa.

- OK. Es una sorpresa. ¿Me das alguna pista? ¿Algo que ponerme?

- Ropa cómoda, de botas y tirantes…

- Vale. ¿Algo más?

- No. Sólo ponte el despertador a las 4:30. Pasaré sobre esa hora a recogerte.

- ¿4:30? No ha salido ni el sol ¿Qué? ¿Esto son unas vacaciones para descansar? Que hoy ya hemos hecho un viaje de 5 horas de avión. ¿No deberíamos dormir?

- Hemos venido un par de días, y el domingo nos tendremos que ir pronto por el retraso de hora en la vuelta, así que hay que aprovechar. Recuerda 4:30. Hay que sacarle partido a la mañana. Son las 11:30 y han de ser suficientes 5 horas de descanso, igual por el camino puedas dormir un poco más.