TOC-TOC-TOC-TOC.
Castle estaba frente a la habitación de Beckett y no oía nada.
TOC-TOC-TOC-TOC Unos segundos más y TOC-TOC-TOC-TOC.
- ¡Voy!, ¡Pesao! – Beckett abrió unos centímetros la puerta, miró hacia fuera con un ojo ya que el otro todavía no lo había abierto desde que se acostó unas horas antes.
- Jo, jo, jo. Que mala cara tienes.
- ¿Qué? – Llevándose una mano a la cara para apartarse unas greñas desaliñadas.
- Que si por las mañanas siempre tienes esa mala cara. Estás horrible.
- ¡Olvídame! – Estaba cerrando la puerta.
- ¡Ei! No tan rápido – puso un pie en el hueco de la puerta - Tienes que vestirte.
- Castle. Todavía no ha sonado el despertador. ¿Puedes dejarme dormir?
- Para mi reloj ya son las 4:30. ¿Te vistes?
- No. Quiero dormir – ya ni se preocupó en cerrar la puerta. Se dirigía a la cama cuando la alarma del móvil sonó en la mesita.
- ¿Ves? Para tu móvil también son las 4:30. Ahora vístete. Tenemos que irnos.
- Quiero dormir. ¿Por qué tanta prisa? – Metiéndose en la cama.
- Porque donde vamos está un poco lejos y hay que aprovechar la mañana. Decías que querías llamar a N.Y. Hazlo y así te despejarás. Luego vístete.
- Es muy temprano.
- Piensa que allí son las 7:30. Todo el mundo está trabajando o se dirige al trabajo.
- Olvídame - Tapándose la cara con la sábana.
- No. Y no seas perezosa. Ya veo que te has preparado la ropa – Señalando un diván con ropa informal – Sólo tienes que ponértela y salir. No es necesario ni que te maquilles. Aunque estaría bien que te peinases un poco
La oyó resoplar y murmurar algo imposible de entender bajo la sábana.
- No voy a irme hasta que te levantes.
- ¿Y el desayuno? Vete a por él y déjame un rato más.
- Ya lo traigo.
- ¿Qué? – Se destapó y vio que Castle entraba por la puerta con un vaso de usar y tirar en una mano y en la otra una bolsa de papel.
- Como sería una molestia el hacerte madrugar sin saber a dónde te llevo, te he traído algo que conoces muy bien y te sienta genial: café cargado al estilo de N.Y. a tu gusto, y esto son unos croissants de mantequilla con mermelada de fresa y membrillo. No encontré los bollos que te comes, pero esto esta muy bueno. Ahora vístete.
- Tú… ¿Castle, a qué hora te has levantado? – Hincando los codos en el colchón para incorporarse ligeramente en la cama.
- Un poco antes que tú… y ya parece que te estés despejando. Recuerda, llámame Rick.
- ¿A dónde vamos? – Sentándose ya sobre la cama cruzando las piernas.
- Déjate llevar sin preguntar. Haz esas llamadas, vístete y puedes terminar de desayunar por el camino. Te espero fuera – Castle dejó el desayuno en la mesita de lo que sería la sala de estar de la suite y se marchó.
Al cabo de unos minutos Beckett salió de la habitación con el café en la mano. En el pasillo no vio a Castle por lo que llamó en la puerta de enfrente.
- ¡Kate! – Se giró y vio que Castle salía del ascensor.
- ¿Qué haces? ¿Dónde estabas?
- Estaba comprobando si ya había venido nuestro transporte. ¿Vamos? – Beckett entró con Castle en el ascensor y vio como pulsaba el botón del ático.
- ¿Arriba?
- Sí. Al último piso. Ahora ya pareces tú, no ese fantasma de hace unos minutos. Y buenos días – La obsequió con una de sus mejores sonrisas - ¿Has llamado a N.Y?
- Sí. A mi padre y como siempre Lanie me quería hacer el interrogatorio en tercer grado pero ya me lo hará en el tanatorio, ella se encargará de hablar con los chicos. ¿Acaso quieres ver la salida del sol desde la terraza?
- Hum… No es mala idea. Pero no. Sígueme, nos esperan.
- ¿Quién?
- El transporte, ya te lo he dicho – Castle abre la puerta de acceso a una de las terrazas.
- Un… helicóptero. ¿A dónde me llevas? ¿Es por esto que no querías que bebiese nada de alcohol?
- Relájate. Yyyyyy, no quería que bebieses por esto y por lo que viene a continuación – Dirigiéndose ahora al piloto – Buenos días. Cuando quiera despegamos.
- Súbanse y abróchense los cinturones. Pónganse los cascos e intenten acomodarse, tenemos algo más de una hora de camino.
- Gracias. ¿Kate? ¿Te ayudo? Te noto un poco seria esta mañana.
- Ya he subido antes a un helicóptero. No me ayudes, gracias… ¿Me dices seria? Aún no me he quitado las legañas y me estás metiendo a un helicóptero. ¿Qué quieres que piense?
- Que vas a hacer una bonita excursión por el aire. Y para disfrutarla no tienes que estar tan seria. Si aún tienes sueño puedes intentar dormir un poco.
El rotor comenzó a girar cada vez más deprisa hasta que alcanzó la velocidad de elevación. Con un pequeño alabeo de las aspas, el helicóptero dio un suave tirón y despegó del suelo.
Mientras ascendían y empezaban a moverse en horizontal el piloto les avisó que harían una pequeña vuelta por los aires de Las Vegas. Pudieron ver parte de la ciudad de noche. Todo el strip se elevaba de una manera artificial en la llanura del desierto. Estaban los hoteles y todas las fachadas de las calles revestidas con todos esos motivos luminosos imaginables, ya fuesen paneles publicitarios o adornos adaptados a las formas de las fachadas o los decorados de las entradas de los hoteles con las animaciones a pleno funcionamiento y en medio de todo ese enjambre estaba ese gran cañón de luz de la pirámide del Luxor, parecía un faro hacia las estrellas indicando cómo llegar a la tierra.
Las Vegas con todas esas lámparas parpadeantes aparentaba una gran luciérnaga titilante en medio de la noche, en medio del negro desierto. Tras unos minutos el piloto viró el helicóptero dirección al este, dejaron atrás las destellantes luces de la ciudad, luego las tenues luces de las urbanizaciones y luego se abrió paso la penumbra.
El ruido del helicóptero seguía siendo atronador a pesar que estaba atenuado por los cascos. Pero al igual que el efecto de una mecedora, el movimiento del helicóptero y el bienestar del café caliente como si no llevara cafeína había hecho caer a Beckett en un sueño ligero cuando la cabina se oscureció.
La oscuridad de la noche pasó poco a poco a la claridad del alba. Los primeros rayos de sol despertaron a Beckett, se dio cuenta que se había quedado ligeramente dormida cuando volvió a ser completamente de noche en la cabina, al adentrarse en el desierto.
Cuando se despertó vio al sol que emergía justo enfrente de ellos. Miró a su alrededor y comprobó que todo era desierto. Se extendía una llanura con atalayas de piedra y alguna que otra montaña al fondo. Todo era piedra, arena y pequeños matojos que intentaban sobrevivir en esa llanura reseca. Miró a su izquierda y allí estaba Castle distrayéndose con un juego de su móvil. Cuando él se dio cuenta que estaba de nuevo despierta le sonrió gentilmente dándole los buenos días. Ella le devolvió el saludo.
10 minutos más tarde el piloto les habló por el intercomunicador.
- Estamos a punto de llegar. Vamos a realizar la operación de aterrizaje.
